{"id":39681,"date":"2016-10-05T22:57:55","date_gmt":"2016-10-06T03:57:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-enero-de-1980-misa-de-clausura-del-sinodo-particular-de-los-obispos-de-holanda\/"},"modified":"2016-10-05T22:57:55","modified_gmt":"2016-10-06T03:57:55","slug":"31-de-enero-de-1980-misa-de-clausura-del-sinodo-particular-de-los-obispos-de-holanda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-enero-de-1980-misa-de-clausura-del-sinodo-particular-de-los-obispos-de-holanda\/","title":{"rendered":"31 de enero de 1980, Misa de clausura del S\u00ednodo particular de los obispos de Holanda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE CLAUSURA DEL S&Iacute;NODO PARTICULAR DE LOS OBISPOS DE HOLANDA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Jueves 31 de enero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerables y queridos hermanos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. En este instante todos nosotros albergarnos un mismo deseo. Queremos dar gracias a Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, por este ministerio en que hemos participado a lo largo de m&aacute;s de dos semanas. En efecto, estos d&iacute;as, durante los cuales hemos trabajado en com&uacute;n en el marco del S&iacute;nodo particular de los Obispos de los Pa&iacute;ses Bajos, tan s&oacute;lo podemos contemplarlos dej&aacute;ndonos guiar por la verdad de estas palabras del Concilio Vaticano II en el primer cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>: &laquo;Y as&iacute; toda la Iglesia aparece como &quot;un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&quot;&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Partiendo de aqu&iacute;, nuestra gratitud se dirige a esta Unidad en tres Personas, en la que la unidad de la Iglesia, del Pueblo de Dios, encuentra su origen. Deseamos dar gracias porque hemos podido confesar esta Unidad, y servirla, a la vez, en cada d&iacute;a y cada hora de nuestro trabajo com&uacute;n. Al mismo tiempo damos gracias porque al buscar nuestra unidad rec&iacute;proca, hemos podido servir a la unidad de la Iglesia \u2014del Pueblo de Dios\u2014 al nivel de la provincia que constituye la Iglesia de vuestra patria, y a un nivel mucho m&aacute;s extenso. S&iacute;, venerables y queridos hermanos, estoy profundamente convencido de que nuestro trabajo ha servido tambi&eacute;n a la Iglesia de Cristo en toda su universalidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo dar las gracias muy cordialmente a todos y a cada uno de vosotros por este trabajo que hemos hecho juntos con tenacidad. En primer lugar quiero manifestar a los dos Presidentes delegados, Su Eminencia el cardenal Johannes Willebrands y Su Excelencia mons. Godfried Danneels, c&oacute;mo he apreciado en su justo valor su modo de dirigir los trabajos de esta Asamblea. A los obispos de los Pa&iacute;ses Bajos les expreso mi profunda gratitud por su disponibilidad generosa y su amor profundo hacia sus fieles y hacia la Iglesia universal. A los dos superiores religiosos quiero expresarles mi reconocimiento por la contribuci&oacute;n original que han aportado al S&iacute;nodo. Agradezco de todo coraz&oacute;n a los Eminent&iacute;simos cardenales Prefectos de las Congregaciones, mis colaboradores cercanos, su contribuci&oacute;n a estos trabajos, a los cuales han aportado la experiencia adquirida en su cargo. Al Secretario General, Su Excelencia mons. Jozef Tomko, a su asistente, Su Excelencia mons. Albert Descamps y al Secretario especial, el reverendo padre Joseph Lescrauwaet, les manifiesto mi profunda gratitud por los competentes servicios que han aportado unos y otros. No quisiera silenciar la dedicaci&oacute;n del personal de la Secretar&iacute;a del S&iacute;nodo, del servicio de prensa, as&iacute; como de todo el personal adjunto. S&eacute;ame permitido asimismo dirigir una palabra de agradecimiento a todos los representantes de los medios de comunicaci&oacute;n social que, respetando la reserva que ha debido rodear necesariamente las deliberaciones, se han preocupado por mantener el contacto con el conjunto de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">A lo largo de todas estas jornadas he podido estar con vosotros y participar en la mayor parte de las asambleas de la ma&ntilde;ana y de la tarde. He podido ser testigo de la honestidad, la atenci&oacute;n y la objetividad con que hab&eacute;is abordado cada problema. Una atenci&oacute;n y un cuidado tales manifiestan hasta qu&eacute; punto os preocupan los problemas que hemos abordado juntos, y vuestro ardiente deseo de consagrar todas vuestras fuerzas a encontrarles soluci&oacute;n. Doy gracias de ello a Cristo y a vosotros tambi&eacute;n, venerables y queridos hermanos. Este clima tranquilo, concreto y sincero de intercambio de ideas sobre cada uno de los temas estudiados, ha puesto de manifiesto que el Esp&iacute;ritu de nuestro Se&ntilde;or y Maestro estaba con nosotros, y que hemos recibido tambi&eacute;n el auxilio de su Santa Madre, a quien cada d&iacute;a dirig&iacute;amos nuestra plegaria, de un modo particular en el rezo del &Aacute;ngelus.<\/p>\n<p align=\"left\">2. El problema estudiado por el S&iacute;nodo y que ha ocupado completamente las semanas de estas discusiones en Roma, se halla recogido en el t&iacute;tulo de su orden del d&iacute;a: &quot;El ejercicio de la acci&oacute;n pastoral de la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos en la situaci&oacute;n actual, de modo que la Iglesia aparezca ante todo como comuni&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Para abordar este importante tema hemos tenido que revisar todas las m&uacute;ltiples experiencias realizadas por la Iglesia que est&aacute; en los Pa&iacute;ses Bajos llev&aacute;ndolas al terreno de la respuesta dada \u2014hace algunos a&ntilde;os por el Episcopado del mundo entero, reunido durante cuatro a&ntilde;os en el Concilio Vaticano II\u2014 a la cuesti&oacute;n que &eacute;ste se plante&oacute; a s&iacute; mismo: &quot;Ecclesia, quid dicis de teipsa?&quot;. Esta respuesta cuidadosamente expresada por el Magisterio conciliar, se ha convertido para vosotros actualmente, venerables y queridos hermanos, en el punto de referencia sistem&aacute;tico, y a la vez en el fundamento que permite resolver cada uno de los problemas planteados diariamente a vuestra experiencia de Pastores y a vuestra conciencia de obispos.<\/p>\n<p align=\"left\">Una cosa ha quedado siempre clara en el curso de nuestras discusiones y de nuestras reflexiones: s&oacute;lo podemos desear \u2014y en realidad deseamos de todo coraz&oacute;n\u2014 una Iglesia que corresponda totalmente a las intenciones de Cristo, el Se&ntilde;or, tal como han sido expresadas y confirmadas por el Concilio. En efecto, creemos que el Concilio Vaticano II se ha convertido para nuestra &eacute;poca en el tema y el lugar privilegiados gracias a los cuales el Esp&iacute;ritu Santo, el Esp&iacute;ritu de Jesucristo, &quot;ha hablado&quot; a toda la Iglesia (cf. <i>Ap<\/i> 2, 7) y la ha guiado hacia la verdad plena (cf. <i>Jn<\/i> 16, 13), y por tanto tambi&eacute;n hacia la verdad de la existencia &quot;en el mundo contempor&aacute;neo&quot;, de la existencia tal como se nos manifiesta a trav&eacute;s de los &quot;signos de los tiempos&quot;. Al hablar a toda la Iglesia, el Esp&iacute;ritu de nuestro Se&ntilde;or y Redentor &quot;ha hablado&quot; a <i>cada una de las Iglesias<\/i> que permanecen en comuni&oacute;n con esta Iglesia una y universal. Por esta raz&oacute;n la preocupaci&oacute;n fundamental de todos los que hemos estado reunidos en el S&iacute;nodo, ha sido tambi&eacute;n el cuidado de hacer que la existencia de la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos, su existencia concreta, en todos los sectores de su vida, pudiera poseer y manifestar plenamente los signos de esta identidad que el Concilio Vaticano II ha expresado de nuevo, de acuerdo con toda la Tradici&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Tambi&eacute;n por esta raz&oacute;n este esfuerzo cotidiano del S&iacute;nodo, a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de los diferentes sectores de la vida de la Iglesia en vuestra patria, ha tratado ante todo de tomar una conciencia m&aacute;s clara de cuanto constituye, por as&iacute; decirlo, la vida cotidiana de la Iglesia en sus diferentes aspectos. Luego, ha intentando establecer las orientaciones para el futuro. En efecto, la identidad de la Iglesia se manifiesta precisamente a trav&eacute;s de esta forma concreta de su existencia; se manifiesta a trav&eacute;s de su manera de vivir cada d&iacute;a, y a trav&eacute;s del modo de llevar a cabo su obra en los diferentes sectores de la vida y de la actividad.<\/p>\n<p align=\"left\">En el an&aacute;lisis que hemos realizado seg&uacute;n estas premisas, hemos abordado, venerables y queridos hermanos, todos los aspectos esenciales e importantes desde el punto de vista de la identidad de la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos en el momento presente y de cara al futuro. Pues est&aacute; fuera de duda que, en las actividades actuales de la Iglesia, se gesta al mismo tiempo el estilo futuro de su vida y de su apostolado.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; pues, hemos tomado como punto de partida de nuestras deliberaciones la realidad y las exigencias fundamentales de la comuni&oacute;n de la Iglesia, comuni&oacute;n a la vez local y universal, tanto referida a lo espiritual como a lo institucional, conscientes de que la comunidad de fe, de esperanza y de caridad une a todos los creyentes con Cristo y su Padre, y les une los unos a los otros. Con el deseo y la voluntad un&aacute;nimes de manifestar esta comuni&oacute;n, hemos reafirmado nuestro acuerdo en el contenido de la fe cat&oacute;lica seg&uacute;n la ense&ntilde;anza del Magisterio de la Iglesia, y hemos sacado las conclusiones que se imponen en lo referente a la funci&oacute;n del obispo como doctor de la fe y como Pastor, de cada obispo en su di&oacute;cesis y de todos los obispos juntos en el seno de la Conferencia Episcopal.<\/p>\n<p align=\"left\">El S&iacute;nodo ha adoptado tambi&eacute;n resoluciones referentes al sacerdocio ministerial, a la vida de los religiosos y de las religiosas, y a la participaci&oacute;n de los laicos en la misi&oacute;n evangelizadora de la Iglesia. Ha examinado el modo de promover la vida sacramental, y sobre todo la celebraci&oacute;n y la veneraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, fuente de vida y crecimiento, y el sacramento de la reconciliaci&oacute;n. Finalmente el S&iacute;nodo ha insistido en el valor de la liturgia celebrada seg&uacute;n las normas de la Iglesia, en la importancia del contenido doctrinal y de los m&eacute;todos pastorales en la catequesis, y en la promoci&oacute;n de un ecumenismo fiel a las orientaciones del Concilio.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Esta somera referencia al tema y a las conclusiones del S&iacute;nodo es suficiente para poner de relieve la riqueza de sus debates y la amplitud del an&aacute;lisis realizado sobre la labor pastoral de la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos. Nadie ignora la importancia de todos los asuntos abordados para el futuro desarrollo de los esfuerzos pastorales de todo el Pueblo de Dios. Pero s&eacute;ame permitido subrayar aqu&iacute; un punto particular que ha aparecido como centro de las dem&aacute;s cuestiones abordadas y que causar&aacute; un gran impacto en el futuro de la Iglesia. Me refiero aqu&iacute; al sacerdocio ministerial aut&eacute;ntico de los sacerdotes, tanto en su naturaleza como en sus relaciones con el obispo y en su referencia al compromiso de los laicos en la misi&oacute;n de la. Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">La edificaci&oacute;n de la comunidad eclesial y la puesta en pr&aacute;ctica de su misi&oacute;n se conf&iacute;an a toda la comunidad, pero, como dice la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i> (cf. n&uacute;ms. 30-38), esta responsabilidad se ejerce de acuerdo con el carisma y el lugar de cada uno en el Cuerpo de Cristo. Todas las vocaciones, todos los servicios, y todos los carismas est&aacute;n ordenados a manifestar en su variedad la riqueza de la Iglesia y a servir a su unidad. La Iglesia debe poder expresar la plenitud de su vida en la riqueza de sus vocaciones y carismas, tanto a trav&eacute;s del sacerdocio ministerial como del apostolado de los laicos, y tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la consagraci&oacute;n religiosa seg&uacute;n el esp&iacute;ritu y la finalidad espec&iacute;fica de cada instituto.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, cada uno de estos ministerios y de estos servicios, posee un car&aacute;cter espec&iacute;fico propio, y todos se complementan mutuamente sin confundirse.<\/p>\n<p align=\"left\">Con toda raz&oacute;n, queridos hermanos, hab&eacute;is insistido en la importancia y la necesidad de la participaci&oacute;n de los laicos en la tarea pastoral de la Iglesia. Tambi&eacute;n hab&eacute;is encomiado la colaboraci&oacute;n activa que os prestan los laicos en todas las di&oacute;cesis holandesas, y el hecho de que sobre todo est&aacute;n llamados a intensificarla m&aacute;s a&uacute;n, pues sin el trabajo de los laicos, la Iglesia dif&iacute;cilmente podr&iacute;a estar presente y actuar en el mundo de hoy (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 1). Sin embargo, en la atribuci&oacute;n de las tareas y en la distribuci&oacute;n de las responsabilidades, hay que salvaguardar, como vosotros hab&eacute;is subrayado, la distinci&oacute;n entre la contribuci&oacute;n de los laicos y las tareas encomendadas a los sacerdotes y a los di&aacute;conos. Esto demuestra la gran importancia de las conclusiones a que ha llegado este S&iacute;nodo en el campo de la colaboraci&oacute;n de los laicos en las tareas pastorales as&iacute; como tambi&eacute;n en lo referente a la formaci&oacute;n de los futuros sacerdotes.<\/p>\n<p align=\"left\">Un&aacute;nimes en profesar la distinci&oacute;n esencial entre el sacerdocio sacramental y el sacerdocio com&uacute;n de los fieles, as&iacute; como el car&aacute;cter permanente del sacerdocio sacramental, los obispos de los Pa&iacute;ses Bajos han expresado tambi&eacute;n su af&aacute;n y su voluntad de ser secundados por un clero c&eacute;libe y de hacer todo lo posible por promover las vocaciones al sacerdocio. Experimentan la misma inquietud en lo que concierne a la vocaci&oacute;n religiosa, a trav&eacute;s de la cual hombres y mujeres responden a la llamada de Dios en la vida consagrada. Os hab&eacute;is propuesto asegurar la formaci&oacute;n de los candidatos al sacerdocio en verdaderos seminarios, sea en seminarios que proporcionen &iacute;ntegramente la formaci&oacute;n, sea en otras instituciones que posean todas las caracter&iacute;sticas de un seminario, aunque una parte de la ense&ntilde;anza se imparta en Escuelas superiores de teolog&iacute;a reconocidas por la Santa Sede.<\/p>\n<p align=\"left\">Igualmente est&aacute;is decididos a subrayar la oportunidad de un compromiso en lo que respecta al diaconado, vista la tarea espec&iacute;fica y la importancia de este ministerio permanente tal como ha sido restaurado por el Concilio Vaticano II. Hab&eacute;is reafirmado luego la importancia de la contribuci&oacute;n propia del laicado en la Iglesia y est&aacute;is resueltos a hacer un llamamiento a la colaboraci&oacute;n de los laicos en las tareas pastorales que pueden serles confiadas seg&uacute;n las indicaciones de la Santa Sede.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; unas resoluciones que constituyen sin duda un buen signo para el futuro de la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos. El Papa est&aacute; convencido de que todos responder&aacute;n a esta llamada, confiriendo as&iacute; a esta Iglesia su plena dimensi&oacute;n de comunidad cristiana, que se manifiesta igualmente a trav&eacute;s de su obra misionera, ligada de este modo a toda su tradici&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">5. A lo largo de todo el trabajo que hemos realizado en el S&iacute;nodo \u2014y del que os espera despu&eacute;s de la clausura de &eacute;ste\u2014 nuestra defensa y nuestra fuerza, ha sido, es, y seguir&aacute; siendo la constante referencia &aacute; nuestra fe, a nuestra esperanza y a nuestro amor a Cristo, nuestro Maestro _y Se&ntilde;or, a Cristo Redentor del hombre, a Cristo que en su misterio pascual se ha convertido en el esposo de su Iglesia<\/p>\n<p align=\"left\">En el curso de nuestras reuniones en Roma, en nuestra reflexi&oacute;n cotidiana y en nuestros intercambios de ideas, hemos tratado de mantener nuestra fidelidad a El. Su verdad y su amor han sido fuente de luz para nuestras consideraciones, nuestras resoluciones y nuestras decisiones. Al hacer todo esto hemos tenido siempre una conciencia m&aacute;s clara de la necesidad de una gran valent&iacute;a y a la vez de una gran prudencia para nuestro servicio a la Iglesia. Esta valent&iacute;a y esta prudencia deben derivarse de nuestra confianza absoluta en este amor que El dona en todo lugar a su Iglesia, en esta fidelidad que El concede a todos los que tratan de mantenerle constantemente su fidelidad. Esta convicci&oacute;n nos obliga a mirar hacia el futuro con la esperanza evang&eacute;lica: &quot;Tened confianza, yo he vencido al mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 16, 33). De este modo. seremos capaces de realizar nuestra misi&oacute;n de obispos y de Pastores en relaci&oacute;n con la Iglesia que se encuentra en tierra holandesa, y a la vez en relaci&oacute;n con la Iglesia universal. Seremos capaces de servir al Pueblo de Dios tal como nos exige el Esp&iacute;ritu de Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Sobre &eacute;l edificamos tambi&eacute;n nuestra voluntad y a la vez nuestra esperanza de la unidad rec&iacute;proca, de la &quot;communio&quot; entre vosotros mismos, Obispos y Pastores de la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos, esa comuni&oacute;n que es indispensable para realizar este ministerio pastoral. El S&iacute;nodo ha sido para vosotros, queridos hermanos, un tiempo de uni&oacute;n feliz y de intercambio profundo de vuestras ideas; ha sido un tiempo de aut&eacute;ntico di&aacute;logo de salvaci&oacute;n. Este di&aacute;logo, como ense&ntilde;&oacute; Pablo VI, es y debe seguir siendo un intercambio de ideas en el que se manifiesten el respeto y el amor, orientado, al mismo tiempo, a la verdad, al bien del Evangelio y a la unidad de la Iglesia. En el momento en que este afortunado tiempo toca a su fin, s&oacute;lo nos resta pedir al Esp&iacute;ritu de verdad y al Se&ntilde;or de la mies que contin&uacute;en existiendo entre vosotros siempre el mismo estilo de di&aacute;logo y el mismo clima saludable de uni&oacute;n para el bien de toda la Iglesia, y en particular para el de las di&oacute;cesis en que el Esp&iacute;ritu Santo os ha constituido como obispos.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Ahora que los obispos holandeses se disponen a volver a sus di&oacute;cesis respectivas, mi pensamiento y mi afecto se dirigen hacia toda la Iglesia que est&aacute; en los Pa&iacute;ses Bajos, y hacia todos y cada uno de los que la constituyen. Sabed, queridos hermanos y hermanas, que el S&iacute;nodo os agradece todo aquello que hab&eacute;is hecho para contribuir al &eacute;xito de sus deliberaciones. En nombre del S&iacute;nodo os agradezco muy particularmente vuestras oraciones que nos han acompa&ntilde;ado durante este per&iacute;odo de gracia.<\/p>\n<p align=\"left\">He recibido numerosos ecos de iniciativas que dan testimonio de vuestra respuesta ferviente a la llamada que os dirig&iacute; en v&iacute;speras del S&iacute;nodo: para sus participantes ha significado un verdadero aliento y una inspiraci&oacute;n, el saber que la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos estaba unida a ellos a trav&eacute;s de la plegaria hecha en las parroquias y las escuelas, en las casas de religiosos, en los grupos de j&oacute;venes y en las residencias de ancianos.<\/p>\n<p align=\"left\">De un modo especial expreso tambi&eacute;n mi agradecimiento a los hermanos y hermanas de las Iglesias y Comunidades cristianas que se han unido a los cat&oacute;licos para implorar la luz del Esp&iacute;ritu sobre nuestros trabajos. Con emoci&oacute;n y agradecimiento quiero recordar aqu&iacute; que un grupo de Pastores protestantes envi&oacute; un telegrama al comienzo del S&iacute;nodo para prometernos sus oraciones. La uni&oacute;n espiritual manifestada de este nodo es una prueba de la bendici&oacute;n de Dios para una uni&oacute;n creciente entre todos aquellos que profesan la misma fe y la misma esperanza en Jesucristo. &iexcl;Que nuestra espera, nuestro deseo y nuestro compromiso correspondan a la voluntad del Se&ntilde;or! As&iacute; podremos promover un ecumenismo sin timidez porque ser&aacute; aut&eacute;ntico, un ecumenismo din&aacute;mico que suponga un crecimiento en la fe, un ecumenismo, en resumen, que sea plenamente fiel al Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora que comienza la puesta en pr&aacute;ctica de las decisiones de este S&iacute;nodo, encomiendo de nuevo a vuestras oraciones, queridos hermanos y hermanas de los Pa&iacute;ses Bajos, el camino que hay que recorrer, pues en el futuro la vida y la pastoral de la Iglesia holandesa depender&aacute;n m&aacute;s de la oraci&oacute;n que de las deliberaciones y las consultas. Reun&iacute;os en torno a vuestros obispos tanto en la oraci&oacute;n como en la acci&oacute;n. Ellos cuentan con vosotros m&aacute;s que nunca. La uni&oacute;n en la oraci&oacute;n y la conciencia de que &quot;todo bien y toda d&aacute;diva perfecta viene de arriba y desciende del Padre de las luces (<i>Sant<\/i> 1, 17) os ayudar&aacute;n a poner en pr&aacute;ctica esta renovaci&oacute;n y conversi&oacute;n que cada uno de nosotros debe realizar continuamente. La oraci&oacute;n ayuda a creer, a esperar y a amar, incluso aunque la debilidad humana nos coloque ante situaciones de tensi&oacute;n o nos depare dificultades. La plegaria ferviente de toda la comunidad cristiana, tanto en los Pa&iacute;ses Bajos como fuera de ellos, hace esperar que todos, sacerdotes y laicos, religiosos y religiosas, aceptar&aacute;n con esp&iacute;ritu de fe y con una convicci&oacute;n sincera las conclusiones del S&iacute;nodo. Se acerca el tiempo de la Cuaresma que nos prepara a la celebraci&oacute;n de la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s: no dudamos en pediros vuestra oraci&oacute;n y vuestros sacrificios para que la simiente del S&iacute;nodo caiga en tierra buena y d&eacute; fruto abundante (cf. <i>Mc<\/i> 4, 8).<\/p>\n<p align=\"left\">Con una confianza muy especial, quiero dirigirme a la juventud de la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos. Cuando se preparaba el S&iacute;nodo, un grupo de j&oacute;venes de vuestra capital se reuni&oacute; para orar alrededor de un cirio, s&iacute;mbolo de la luz que es Cristo, y me hicieron llegar despu&eacute;s este cirio como se&ntilde;al de su compromiso y su uni&oacute;n con el S&iacute;nodo. Queridos j&oacute;venes, &iexcl;que la luz de Cristo ilumine vuestro camino de cristianos y vuestras aspiraciones que ciertamente tienen su lugar en la Iglesia! Estad convencidos de que vuestra generosidad y vuestro sentido de la autenticidad ayudar&aacute;n a toda la comunidad a hacer las opciones que se imponen y a asumir las consecuencias que comportan la fe en Jesucristo y la pertenencia a la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Venerables y queridos hermanos: en el momento de nuestra despedida, os invito a colocar los frutos de este S&iacute;nodo y el porvenir la Iglesia que est&aacute; en los Pa&iacute;ses Bajos en las manos de Mar&iacute;a, Madre del Se&ntilde;or y Madre de la Iglesia. El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica <i>Lumen gentium<\/i> ha esclarecido las consecuencias espirituales que se derivan, para la Iglesia y para cada cristiano, de nuestra situaci&oacute;n respecto del Hijo de Dios encarnado y de su Madre Sant&iacute;sima. Por ser &quot;nacido de mujer&quot; (<i>G&aacute;l<\/i> 4. 4), Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo hizo de nosotros verdaderos &quot;hijos adoptivos&quot; (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 52). La bienaventurada Virgen posee un papel &uacute;nico en el misterio del Verbo encarnado y en el del Cuerpo m&iacute;stico porque acogi&oacute; al Verbo de Dios en su coraz&oacute;n y en su cuerpo a la vez. Ella se encuentra &iacute;ntimamente unida a la Iglesia, de la que es modelo en el orden de la fe, de la caridad y de la uni&oacute;n perfecta con Cristo. Como respuesta a nuestra devoci&oacute;n y a nuestra plegaria, Mar&iacute;a, que re&uacute;ne y refleja de un cierto modo en Ella misma las m&aacute;s altas aspiraciones de la fe, llama por este camino a los fieles hacia su Hijo y hacia el sacrificio de Este, as&iacute; como hacia el amor del Padre. &quot;Por eso, dice el Concilio, tambi&eacute;n la Iglesia, en su labor apost&oacute;lica, se fija con raz&oacute;n en Aquella que engendr&oacute; a Cristo, concebido del Esp&iacute;ritu Santo y nacido de la Virgen, para que tambi&eacute;n nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles&quot; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">ib., 65<\/a>). Con la Virgen, la Iglesia emprendi&oacute; su camino a lo largo de la historia de este mundo, hace dos mil a&ntilde;os, en el Cen&aacute;culo de Pentecost&eacute;s. Desde entonces, la Iglesia ha recorrido cada etapa de este camino con Ella, que es el signo luminoso de la esperanza y del consuelo del Pueblo de Dios (ib., <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">68<\/a>). Tambi&eacute;n debemos recorrer con Ella la etapa que comenzamos hoy a partir de este S&iacute;nodo. Hay tantos lugares en la tierra holandesa donde la Madre de Dios es venerada con un fervor particular por los fieles. Baste con evocar, entre tantos santuarios que dan testimonio de su piedad mariana, el nombre del santuario &quot;Ster der Zee&quot; en Maastricht, el de la &quot;Zoete Lieve Vrouw den Bosch&quot;, y el de &quot;Onze Lieve Vrouw ter Nood&quot; en Heiloo, tan queridos a vuestro coraz&oacute;n y al m&iacute;o. &iexcl;Que estos lugares sean siempre, ante todo, lugares de encuentro, desde donde Mar&iacute;a gu&iacute;e al Pueblo de Dios hacia una fe y una esperanza renovadas en la comuni&oacute;n del amor!<\/p>\n<p align=\"left\">A toda la Iglesia en los Pa&iacute;ses Bajos env&iacute;o, junto con todos los participantes del S&iacute;nodo particular, mis mejores deseos y mi bendici&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Que el Se&ntilde;or perfeccione en vosotros todo lo que ha iniciado durante estos d&iacute;as de oraci&oacute;n y reflexi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La unidad en la fe y en el amor permanezcan como signo caracter&iacute;stico del Pueblo de Dios en los Pa&iacute;ses Bajos.<\/p>\n<p align=\"left\">Alabado sea Jesucristo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE CLAUSURA DEL S&Iacute;NODO PARTICULAR DE LOS OBISPOS DE HOLANDA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Jueves 31 de enero de 1980 &nbsp; Venerables y queridos hermanos: 1. En este instante todos nosotros albergarnos un mismo deseo. Queremos dar gracias a Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, por este ministerio en que hemos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-enero-de-1980-misa-de-clausura-del-sinodo-particular-de-los-obispos-de-holanda\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de enero de 1980, Misa de clausura del S\u00ednodo particular de los obispos de Holanda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39681","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39681","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39681"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39681\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39681"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39681"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39681"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}