{"id":39684,"date":"2016-10-05T22:58:00","date_gmt":"2016-10-06T03:58:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-enero-de-1980-santa-misa-en-el-colegio-capranica\/"},"modified":"2016-10-05T22:58:00","modified_gmt":"2016-10-06T03:58:00","slug":"21-de-enero-de-1980-santa-misa-en-el-colegio-capranica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-enero-de-1980-santa-misa-en-el-colegio-capranica\/","title":{"rendered":"21 de enero de 1980, Santa Misa en el Colegio Capr\u00e1nica"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA <br \/> EN EL COLEGIO CAPR&Aacute;NICA DE ROMA<\/font><\/b><\/p>\n<p> Lunes 21 de enero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Hijos querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Es para m&iacute; motivo de gozo sincero celebrar con vosotros esta Eucarist&iacute;a en la fiesta de la patrona de vuestro &quot;Almo Colegio&quot;, que se enorgullece del justo t&iacute;tulo de gloria de ser la primera instituci&oacute;n de este g&eacute;nero surgida en Roma. En efecto, a la clarividencia de su piadoso fundador, el cardenal Dom&eacute;nico Capr&aacute;nica, se debe el hecho de que casi un siglo antes del Concilio de Trento, hubiera en esta ciudad un lugar en el que se ofrec&iacute;a a los j&oacute;venes aspirantes al sacerdocio la ayuda necesaria para una buena preparaci&oacute;n al futuro ministerio.<\/p>\n<p align=\"left\">Enteras generaciones de eclesi&aacute;sticos formados con un profundo &quot;<i>sensus Ecclesiae<\/i>&quot; han salido de esta instituci&oacute;n a lo largo de m&aacute;s de cinco siglos de historia. S&eacute; que el &quot;Almo Colegio&quot; cuenta entre sus alumnos dos Papas, Benedicto XV y P&iacute;o XII, adem&aacute;s de numerosos cardenales y prelados y muchos sacerdotes celosos que han derramado tesoros de ciencia y bondad en la &quot;vi&ntilde;a del Se&ntilde;or&quot;. Hombres que han aprendido aqu&iacute; a amar a Cristo y a su Iglesia, que en esta comunidad se han ejercitado en la pr&aacute;ctica de virtudes humanas y cristianas; que se han preparado en ella a tomar su puesto activamente en distintas misiones, desde las m&aacute;s humildes a las prestigiosas, a las que el Se&ntilde;or les ha ido llamando.<\/p>\n<p align=\"left\">Hijos querid&iacute;simos: Sois los herederos de una tradici&oacute;n gloriosa, y est&aacute; bien que despert&eacute;is la conciencia de ello en vosotros tambi&eacute;n en esta circunstancia en torno a la mesa eucar&iacute;stica y bajo la mirada de Dios, para sentiros estimulados a estar a la altura de los nobles ejemplos de virtud que os dejaron quienes os han precedido entre estos muros venerandos. Su testimonio debe ser para cada uno de vosotros una llamada continua a comprometeros con generosidad y coherencia en el estudio y la disciplina, en la oraci&oacute;n y la fidelidad a vuestros deberes, de modo que os prepar&eacute;is a ser sacerdotes plenamente de Cristo para edificaci&oacute;n del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">2. A ello os estimula tambi&eacute;n el ejemplo de la jovencita a cuya intercesi&oacute;n est&aacute; confiado vuestro seminario. Con su trayectoria de virginidad y martirio, Santa In&eacute;s ha suscitado en el pueblo romano y en el mundo una ola de emoci&oacute;n y admiraci&oacute;n que el tiempo no ha conseguido extinguir. Impresionan en ella la madurez de juicio a pesar de su poca edad, la firmeza de decisi&oacute;n no obstante la impresionabilidad femenina, y la valent&iacute;a imp&aacute;vida en medio de las amenazas de los jueces y la crueldad de los tormentos.<\/p>\n<p align=\"left\">San Ambrosio manifestaba ya su asombro con las conocidas palabras que nos ha propuesto la liturgia en el Oficio de las lecturas: &quot;&iquest;Es que en aquel cuerpo tan peque&ntilde;o cab&iacute;a herida alguna&#8230;? A esta edad las ni&ntilde;as no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distra&iacute;damente se pican con la aguja se ponen a llorar como si se tratara de una herida. Pero In&eacute;s queda imp&aacute;vida entre las sangrientas manos del verdugo&quot; (<i>De virginibus<\/i>, I, 2, 7: PL 16, 190).<\/p>\n<p align=\"left\">Como cordero fr&aacute;gil y candoroso ofrecido en don a Dios, In&eacute;s dio el testimonio supremo de Cristo con el holocausto cruento de su vida joven. El rito antiguo que incluye en este d&iacute;a la bendici&oacute;n de dos corderos cuya lana se emplea en la confecci&oacute;n de los palios arzobispales, perpet&uacute;a el recuerdo de este ejemplo de valor invencible y pureza integra.<\/p>\n<p align=\"left\">3. La imagen de esta ni&ntilde;a heroica nos lleva espont&aacute;neamente con el pensamiento a las palabras de Jes&uacute;s en &eacute;l Evangelio: &quot;Yo te alabo, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los peque&ntilde;uelos. S&iacute;, Padre, porque as&iacute; te plugo&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 25-26). &quot;Yo te alabo, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra&quot;, en estas palabras solemnes se siente como el paso de un estremecimiento de j&uacute;bilo. Jes&uacute;s ve a lo lejos, ve a lo largo de los siglos la multitud de hombres y mujeres de toda edad y condici&oacute;n que se adherir&aacute;n con gozo a su mensaje. E In&eacute;s est&aacute; entre ellos.<\/p>\n<p align=\"left\">Una caracter&iacute;stica les ensambla: son peque&ntilde;os, es decir, sencillos, humildes. Y as&iacute; ha sido desde el principio: &quot;Los pobres son evangelizados&quot; (<i>Lc<\/i> 7, 22), dijo Jes&uacute;s a los mensajeros de Juan, y su primer &quot;bienaventurados&quot; lo ha reservado a ellos (<i>Mt<\/i> 5, 3). Es la gente humilde, rechazada y despreciada la que le entiende y corre tras El. Con esta gente Jes&uacute;s establece entendimiento inmediato; es gente convencida de no saber ni valer nada, convencida de necesitar ayuda y perd&oacute;n; por ello, cuando El habla de los misterios del Reino y cuando dice que ha venido a traer el perd&oacute;n de Dios y la salvaci&oacute;n, encuentra en ellos el coraz&oacute;n abierto para comprenderlo.<\/p>\n<p align=\"left\">No as&iacute; los &quot;sabios&quot; y los &quot;inteligentes&quot;; &eacute;stos se han formado su propia visi&oacute;n de Dios y del mundo, y no est&aacute;n dispuestos a cambiarla. Creen saber tocho acerca de Dios, creen poseer la respuesta decisiva y piensan que no tienen nada que aprender; por ello rechazan la &quot;Buena Nueva&quot; que de este mocho aparece extra&ntilde;a y en contraste con los principios de su &quot;<i>Weltanschauung<\/i>&quot;. Es un mensaje que propone ciertos cambios radicales parad&oacute;jicos que su &quot;buen sentido&quot; no puede aceptar.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; ocurr&iacute;a en tiempos de Jes&uacute;s y en los de Santa In&eacute;s; as&iacute; acontece hoy tambi&eacute;n e incluso hoy de modo particular. Vivimos en una cultura que todo lo somete a an&aacute;lisis cr&iacute;tico, y muchas veces lo hace absolutizando criterios parciales, incapaces por naturaleza de percibir ese mundo de realidades y valores que escapa al control de los sentidos. Cristo no pide al hombre que renuncie a su raz&oacute;n. Y, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a ped&iacute;rselo si ha sido El quien se la ha dado? Lo que le pide es no ceder ante la sugerencia ya vieja del tentador que sigue deslumbr&aacute;ndolo con la perspectiva enga&ntilde;osa de llegar a ser &quot;como Dios&quot; (cf. <i>G&eacute;n<\/i> 3, 5). Solamente quien acepta los propios l&iacute;mites intelectuales y morales y se reconoce necesitado de salvaci&oacute;n, puede abrirse a la fe y en la fe encontrar en Cristo a su Redentor.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Un Redentor que le sale al encuentro en actitud de esposo. Tenemos bien presentes las estupendas expresiones del texto de Oseas que acabamos de escuchar: &quot;Ser&eacute; tu esposo para siempre, y te desposar&eacute; conmigo en justicia, en juicio, en misericordias y piedades, y yo ser&eacute; tu esposo en fidelidad, y t&uacute; reconocer&aacute;s a Yav&eacute;&quot; (<i>Os<\/i> 2, 21-22). Es la anticipaci&oacute;n del anuncio de la nueva alianza que Dios se apresta a concertar con su pueblo: un pacto de amor eterno no fundado ya en la fragilidad del hombre, sino en la justicia y fidelidad de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Son palabras dirigidas a la Iglesia, pero contienen tambi&eacute;n una verdad para cada alma. In&eacute;s las acogi&oacute; como invitaci&oacute;n personal a la entrega sin reservas, Acept&oacute; salir &quot;al desierto&quot; (<i>Os<\/i> 2, 16) con el esposo divino y sigui&oacute; caminando con El sin dejarse desviar ni por adulaciones ni por amenazas; puesta la prueba <i>&quot;et aetatem vicit et tyrannum; et titulum castitatis martyrio consecravit&quot;<\/i>. (San Jer&oacute;nimo, ep&iacute;stola 130 <i>ad Dmetriadem<\/i>, 5; PL 22, 1109).<\/p>\n<p align=\"left\">5. La opci&oacute;n de Santa In&eacute;s es asimismo la vuestra, queridos hijos. Tambi&eacute;n vosotros hab&eacute;is decidido amar a Cristo con &quot;coraz&oacute;n indiviso&quot; (cf. <i>1 Cor<\/i> 7, 54), conscientes de las riquezas de gracia que os reserva esta donaci&oacute;n total. Sin embargo, como j&oacute;venes perspicaces que sois, no se os ocultan las dificultades a que os expone esta opci&oacute;n. Sab&eacute;is que podr&aacute;n llegaros contradicciones e incomprensiones, oposiciones y hostilidades incluso, tanto m&aacute;s dolorosas cuanto m&aacute;s subrepticias y enga&ntilde;osas.<\/p>\n<p align=\"left\">Querid&iacute;simos: estas perplejidades son muy comprensibles. Pero, &iquest;no os parece que en las palabras de San Pablo presentadas en la segunda lectura se os da una respuesta capaz de confortar el coraz&oacute;n despavorido y titubeante? &quot;Eligi&oacute; Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios y eligi&oacute; Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; y lo plebeyo, el deshecho del mundo, lo que no es nada lo eligi&oacute; Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios&quot; (<i>1 Cor<\/i> 1, 27-29).<\/p>\n<p align=\"left\">Es una l&iacute;nea de conducta que Dios no ha desmentido nunca. &iquest;Acaso no es nueva prueba de ello toda la trayectoria de In&eacute;s que hoy estamos recordando? A trav&eacute;s de la debilidad e inexperiencia de una jovencilla fr&aacute;gil, Dios se ha mofado de la arrogancia de los potentes de este mundo, presentando un testimonio sorprendente de la fuerza victoriosa de la fe: <i>&quot;magna vis fidei, quae etiam ab illa testimonium invenit aetate&quot;<\/i> (San Ambrosio, <i>De virginibus<\/i> I, 2, 7: PL 16,190).<\/p>\n<p align=\"left\">La sugerencia est&aacute; clara, por tanto; no nos debemos mirar tanto a nosotros mismos cuanto a Dios, y en El debemos encontrar ese &quot;suplemento&quot; de energ&iacute;a que nos falta. &iquest;Acaso no es &eacute;sta la invitaci&oacute;n que hemos escuchado de labios de Cristo: &quot;Venid a m&iacute; todos los que est&aacute;is fatigados y cargados, que yo os aliviar&eacute;&quot; (<i>Mt<\/i> 11; 28)? Es El la luz capaz de iluminar las tinieblas en que se debate nuestra inteligencia limitada; El es la fuerza que puede dar vigor a nuestras flacas voluntades; El es el calor capaz de derretir el hielo de nuestros ego&iacute;smos y devolver el ardor a nuestros corazones cansados. Siguiendo a Santa In&eacute;s, que nos indica el camino, vayamos pues a Cristo para experimentar nosotros tambi&eacute;n que &quot;su yugo es suave y sucarga ligera&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 11, 50), y nuestro inquieto coraz&oacute;n, haci&eacute;ndose &quot;manso y humilde&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 29), encontrar&aacute; finalmente alivio y paz.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN EL COLEGIO CAPR&Aacute;NICA DE ROMA Lunes 21 de enero de 1980 &nbsp; Hijos querid&iacute;simos: 1. 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