{"id":39689,"date":"2016-10-05T22:58:10","date_gmt":"2016-10-06T03:58:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1980-ordenacion-de-tres-nuevos-obispos-en-la-solemnidad-de-la-epifania\/"},"modified":"2016-10-05T22:58:10","modified_gmt":"2016-10-06T03:58:10","slug":"6-de-enero-de-1980-ordenacion-de-tres-nuevos-obispos-en-la-solemnidad-de-la-epifania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1980-ordenacion-de-tres-nuevos-obispos-en-la-solemnidad-de-la-epifania\/","title":{"rendered":"6 de enero de 1980, Ordenaci\u00f3n de tres nuevos obispos en la Solemnidad de la Epifan\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL<\/font><\/b><\/p>\n<p> Solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or<br \/> Domingo 6 de enero de 1980<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;&#8230; ofrecieron sus dones&#8230;&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">Con este gesto los tres Reyes Magos del Oriente <i>realizaron la finalidad de su viaje<\/i>. El les condujo por los caminos de esas tierras hacia las que tambi&eacute;n los acontecimientos actuales llevan frecuentemente nuestra atenci&oacute;n. Para los tres Reyes Magos la gu&iacute;a en estos caminos fue la estrella misteriosa &quot;que hab&iacute;an visto en Oriente&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 9), y que &quot;les preced&iacute;a, hasta que llegada encima del lugar en que estaba el Ni&ntilde;o, se detuvo&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 9). A este Ni&ntilde;o precisamente vinieron esos hombres &uacute;nicos, llamados de fuera del c&iacute;rculo del Pueblo elegido hacia <i>los caminos de la historia<\/i> de este Pueblo. La historia de Israel les hab&iacute;a dado la orden de detenerse en Jerusal&eacute;n y preguntar ante Herodes: &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el rey de los jud&iacute;os que acaba de nacer?&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 2). Efectivamente, los caminos de la historia de Israel hab&iacute;an sido marcados por Dios, y por esto era necesario buscarle <i>en los libros de los profetas<\/i>: esto es, de aquellos que hab&iacute;an hablado en nombre de Dios al Pueblo sobre su vocaci&oacute;n especial. Y la vocaci&oacute;n del Pueblo de la Alianza fue precisamente Aquel a quien conduc&iacute;a el camino de los Reyes Magos de Oriente. Apenas hubieron preguntado a Herodes, &eacute;ste no tuvo duda alguna de qui&eacute;n \u2014y de qu&eacute; rey\u2014se trataba, porque, como leemos, &quot;reuniendo a todos los pr&iacute;ncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les pregunt&oacute; d&oacute;nde hab&iacute;a de nacer el Mes&iacute;as&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, el camino de los Reyes Magos lleva al Mes&iacute;as, a Aquel a quien el Padre &quot;santific&oacute; y envi&oacute; al mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 10, 56). Su camino es tambi&eacute;n el camin&oacute; del Esp&iacute;ritu. Es sobre todo el camino en el <i> Esp&iacute;ritu Santo<\/i>. Al recorrer este camino \u2014no tanto en las v&iacute;as de las regiones del Oriente Medio, cuanto m&aacute;s bien a trav&eacute;s de los misteriosos caminos del alma\u2014 el hombre es conducido por la luz espiritual que proviene de Dios, representada en esa estrella, a la que segu&iacute;an los tres Reyes Magos.<\/p>\n<p align=\"left\">Los caminos del alma humana, que conducen hacia Dios, hacen ciertamente, que el hombre vuelva a encontrar en s&iacute; un tesoro interior. As&iacute; leemos tambi&eacute;n de los tres Reyes Magos, que al llegar a Bel&eacute;n &quot;abrieron sus cofres&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 11). El hombre toma conciencia de los dones enormes de naturaleza y de gracia con que Dios lo ha colmado, y entonces nace en &eacute;l la necesidad de ofrecerse, de devolver a Dios lo que ha recibido, de hacer ofrenda de ello como signo de la d&aacute;diva divina. Este don asume una triple forma, como en las manos de los tres Reyes Magos: &quot;abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 11).<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>El Episcopado<\/i>, que hoy, venerados y amad&iacute;simos hermanos, recibir&eacute;is de mis manos, es un sacramento en el que debe manifestarse de modo especial el clon. Efectivamente, el Episcopado es la plenitud del sacramento del orden, mediante el cual la Iglesia abre siempre ante Dios su tesoro m&aacute;s grande, y le ofrece de este tesoro los dones de todo el Pueblo de Dios. El tesoro mayor de la Iglesia es su Esposo: <i>Cristo<\/i>. Tanto el Cristo colocado sobre el heno de un pesebre, como tambi&eacute;n el Cristo que muere en la cruz. Es un tesoro inagotable. La Iglesia tiende continuamente la mano a este tesoro para tomar de El. Y tomando, no lo disminuye, sino que lo <i>aumenta<\/i>. Estos son los principios de la econom&iacute;a divina. La Iglesia, pues, tiende la mano al tesoro de la Navidad y de la Crucifixi&oacute;n, al tesoro de la Encarnaci&oacute;n y de la Redenci&oacute;n. Y tomando de &eacute;l, no empobrece ese tesoro, sino que lo multiplica.<\/p>\n<p align=\"left\">El <i>obispo es el administrador<\/i>, al mismo tiempo, de ese tomar y de ese multiplicar.<\/p>\n<p align=\"left\">Es &quot;dispensador de los misterios de Dios&quot; (<i>1 Cor<\/i> 4, 1). No es s&oacute;lo un mago que camina por las v&iacute;as impracticables del mundo hacia el umbral del misterio. Est&aacute; colocado en su mismo coraz&oacute;n. Su deber es abrir este misterio y sacar de &eacute;l. Cuanto m&aacute;s generosamente saca, tanto m&aacute;s multiplica.<\/p>\n<p align=\"left\">Recordad, querid&iacute;simos, que el Esp&iacute;ritu Santo os constituye hoy en medio de la Iglesia para que, sacando abundantemente del tesoro de la Navidad y de la Redenci&oacute;n, lo multipliqu&eacute;is con vuestra vida y vuestro ministerio.<\/p>\n<p align=\"left\">3. De este tesoro se saca siempre, oro, incienso y mirra. Vuestra vida debe revestirse de este triple don, ya que est&aacute;is llamados para ofrecer a Dios en Cristo y en la Iglesia vuestro amor, vuestra oraci&oacute;n y vuestro sufrimiento. Sin embargo, al ser constituidos en medio del Pueblo de Dios como Pastores y a la vez como siervos, vuestro don personal debe crecer en este Pueblo. &quot;Fecit eum Dominus crescere in plebem suam&quot;. Vuestra vocaci&oacute;n es el <i>don de todo el Pueblo<\/i>. Cada uno de vosotros debe ser el Pastor y el siervo de este amor, de la oraci&oacute;n y del sufrimiento, que se elevan de todos los corazones a Dios en Cristo, Estos dones no deben ser malgastados ni se deben perder. Al contrario, deben encontrar el camino de Bel&eacute;n como los dones en las manos de los Magos, que siguieron la estrella de Oriente. Cada obispo es el dispensador del misterio y el siervo del don que se prepara incesantemente en los corazones humanos. Este don proviene de las experiencias de la generaci&oacute;n a la que el mismo obispo pertenece. Proviene de la vida de centenares, millares y millones de hombres, sus hermanos y hermanas. El mismo, obispo, es el <i>siervo del don<\/i>, el <i>que lo custodia<\/i> y <i>lo multiplica<\/i>. Deb&eacute;is penetrar profundamente en toda la complejidad de la vida de los hombres contempor&aacute;neos, a fin de que lo que la constituye no se descomponga en sus obras, en los corazones, en las relaciones sociales, en las corrientes de civilizaci&oacute;n, sino que vuelva a encontrar constantemente su sentido como don. Es Cristo mismo, Pastor y Obispo de nuestras almas, de todo lo que es humano, quien quiere hacer de nosotros un sacrificio perenne agradable a Dios (cf. Plegaria Eucar&iacute;stica III), un don al Padre.<\/p>\n<p align=\"left\">El obispo es aquel que custodia el don, y el que despierta el don en los corazones, en las conciencias, en las experiencias dif&iacute;ciles de su &eacute;poca, en sus aspiraciones y en sus extrav&iacute;os, en su civilizaci&oacute;n, en la econom&iacute;a y en la cultura.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Hoy llegan a Bel&eacute;n los tres Magos de Oriente. Llegan por el camino de la fe. &iquest;Acaso no puede decirse del Episcopado que es un <i> sacramento del camino?<\/i> &iexcl;Vosotros recib&iacute;s este sacramento para encontraros en el camino de tantos hombres a los que os env&iacute;a el Se&ntilde;or; para emprender junto con ellos esta v&iacute;a, caminando, como los Magos, detr&aacute;s de la estrella; y muchas veces para hacerles ver la estrella, que en alguna parte ha cesado de brillar, en alguna parte ha desaparecido&#8230;, para mostr&aacute;rsela de nuevo!<\/p>\n<p align=\"left\">Entr&aacute;is tambi&eacute;n vosotros, queridos hermanos, en este gran <i> camino de la Iglesia<\/i>, que ha sido trazado por la sucesi&oacute;n apost&oacute;lica a cada una de las sedes episcopales.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; decir de esa maravillosa, rica sucesi&oacute;n <i>en la sede de San Ambrosio<\/i>, y luego de <i>San Carlos de Mil&aacute;n?<\/i> Se remonta casi a los primeros decenios del cristianismo y abunda en obispos m&aacute;rtires&#8230; y, precisamente en nuestro siglo; ha dado a la Iglesia dosPapas: P&iacute;o XI y Pablo VI. Est&aacute; aqu&iacute; presente el cardenal Giovanni Colombo, que recibi&oacute; esta sede de Mil&aacute;n precisamente despu&eacute;s de Pablo VI, el entonces cardenal Giovanni Battista Montini, para trasmitirla hoy, cuando se agotan sus fuerzas, a su sucesor. La Iglesia de Mil&aacute;n saluda con alegr&iacute;a a este sucesor, digno hijo de San Ignacio, estimado rector del &quot;B&iacute;blico&quot; y despu&eacute;s de la Universidad Gregoriana de Roma. La Iglesia de Mil&aacute;n saluda con alegr&iacute;a y confianza al que debe ser su nuevo obispo y Pastor, al nuevo dispensador del don, de que he hablado, al nuevo testigo de la estrella, de esa estrella que lleva infaliblemente a Bel&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La Santa Sede saluda tambi&eacute;n con satisfacci&oacute;n a su benem&eacute;rito hijo, antiguo oficial de la Canciller&iacute;a&nbsp; Apost&oacute;lica. y entregado desde hace largos a&ntilde;os al servicio de la Secretar&iacute;a de Estado, como tambi&eacute;n celoso ministro de Dios en tantas obras de apostolado, que recibe hoy la ordenaci&oacute;n episcopal como arzobispo titular de Serta, para desarrollar las funciones de Delegado para las Representaciones Pontificias.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludamos finalmente al hijo de &Aacute;frica, al nuevo Pastor de la joven y querida Iglesia de Yagua en el Camer&uacute;n, que hasta hoy ha trabajado intensamente, en su di&oacute;cesis de origen, como rector del seminario regional mayor de Bambui y como generoso colaborador en distintas actividades pastorales; y en &eacute;l dirigimos nuestro recuerdo cordial a todo el continente africano.<\/p>\n<p align=\"left\">5. El Episcopado es el sacramento del camino. Es el sacramento de los numerosos caminos que recorre la Iglesia, siguiendo a la estrella de Bel&eacute;n, junto con cada uno de los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Entrad en estos caminos, venerados y queridos hermanos, llevad por ellos oro, incienso y mirra. Llevadlos con humildad y confianza. Llevadlos con valent&iacute;a y constancia. Mediante vuestro servicio se abra el tesoro inagotable a nuevos hombres, a nuevos ambientes, a nuevos tiempos, con la inefable riqueza del misterio que se ha revelado a los ojos de los tres Magos, que llegaron de Oriente, al umbral del establo de Bel&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA ORDENACI&Oacute;N EPISCOPAL Solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or Domingo 6 de enero de 1980 &nbsp; 1. &quot;&#8230; ofrecieron sus dones&#8230;&quot;. Con este gesto los tres Reyes Magos del Oriente realizaron la finalidad de su viaje. 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