{"id":39690,"date":"2016-10-05T22:58:12","date_gmt":"2016-10-06T03:58:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-1980-solemnidad-de-la-santa-madre-de-dios\/"},"modified":"2016-10-05T22:58:12","modified_gmt":"2016-10-06T03:58:12","slug":"1-de-enero-de-1980-solemnidad-de-la-santa-madre-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-1980-solemnidad-de-la-santa-madre-de-dios\/","title":{"rendered":"1 de enero de 1980, Solemnidad de la Santa Madre de Dios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LA SANTA MADRE DE DIOS<br \/> JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Martes 1 de enero de 1980 <\/font><\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Hoy ha aparecido sobre el horizonte de la historia de la humanidad una nueva fecha: 1980. Ha aparecido apenas hace pocas horas y nos acompa&ntilde;ar&aacute; todos los d&iacute;as que se suceder&aacute;n durante este a&ntilde;o, hasta el 31 de diciembre pr&oacute;ximo, Saludamos a este primer d&iacute;a y a todo el a&ntilde;o nuevo en todos los lugares de la tierra. Lo saludamos aqu&iacute;, en la bas&iacute;lica de San Pedro, en el coraz&oacute;n de la Iglesia, con toda la riqueza del contenido lit&uacute;rgico, que lleva consigo este primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy es tambi&eacute;n el &uacute;ltimo d&iacute;a de la octava de Navidad. La gran fiesta de la Encarnaci&oacute;n del Verbo Eterno contin&uacute;a estando presente en este d&iacute;a y en cierto sentido resuena en &eacute;l con sus &uacute;ltimos ecos. El nacimiento del hombre encuentra siempre su resonancia m&aacute;s profunda en la madre, y por esto este &uacute;ltimo d&iacute;a de la octava de Navidad, que es a la vez el primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo, est&aacute; dedicado a la Madre del Hijo de Dios. En este d&iacute;a veneramos su Maternidad divina, as&iacute; como la venera toda la Iglesia en Oriente y en Occidente, alegr&aacute;ndose con la certeza de esta verdad, especialmente desde los tiempos del Concilio de &Eacute;feso, en el 431.<\/p>\n<p align=\"left\">Y queremos adem&aacute;s dedicar este primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo, que para la Iglesia es una fiesta tan grande, a la gran causa de la paz en la tierra. As&iacute; permanecemos fieles a la verdad del Nacimiento de Dios, porque, efectivamente, a &eacute;l pertenece el primer mensaje de paz en la historia de la Iglesia, pronunciado en Bel&eacute;n: &quot;Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 14). En la estela de &eacute;l se sit&uacute;a tambi&eacute;n el mensaje de hoy para la celebraci&oacute;n de la Jornada mundial de la Paz, que la Iglesia dirige a todos los hombres de buena voluntad, para demostrar que <i>la verdad es fundamento y fuerza de la paz en el mundo<\/i>. Junto con este mensaje de paz van tambi&eacute;n los fervientes deseos, que la Iglesia ofrece a cada hombre, a cada uno y a todos sin excepci&oacute;n, con las palabras de la primera lectura b&iacute;blica de la liturgia de hoy.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Que Yav&eacute; te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer su faz sobre ti y te otorgue su gracia. Que vuelva a ti su rostro y te de la paz&quot; (<i>N&uacute;m<\/i> 6, 24-26).<\/p>\n<p align=\"left\">2. La verdad, a la que nos remitimos en el <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19791208_xiii-world-day-for-peace_sp.html\">mensaje de este a&ntilde;o<\/a> para el primero de enero, es <i>ante todo una verdad sobre el hombre<\/i>. El hombre vive siempre en una comunidad, m&aacute;s a&uacute;n pertenece a diversas comunidades y sociedades. Es hijo e hija de su naci&oacute;n, heredero de su cultura y representante de sus aspiraciones. De varios modos depende de sistemas econ&oacute;mico-sociales y pol&iacute;ticos. A veces nos da la impresi&oacute;n de que est&aacute; implicado en ellos tan profundamente, que parece casi imposible verlo y llegar a &eacute;l personalmente; tantos son los condicionamientos y los determinismos de su existencia terrestre.<\/p>\n<p align=\"left\">Y sin embargo es necesario hacerlo, es necesario intentarlo incesantemente. <i>Es necesario volver constantemente a las verdades fundamentales sobre el hombre<\/i>, si queremos servir a la gran causa de la paz en la tierra. La liturgia de hoy alude precisamente a esta verdad fundamental sobre el hombre, especialmente mediante la lectura fuerte y concisa de la Carta a los G&aacute;latas. Cada uno de los hombres nace de una mujer, as&iacute; como de la Mujer naci&oacute; tambi&eacute;n el Hijo de Dios, el hombre Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;Y el hombre nace para vivir!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">La guerra siempre se hace para matar. Es una destrucci&oacute;n de vidas concebidas en el seno de la madre. La guerra va contra la vida y contra el hombre. El primer d&iacute;a del a&ntilde;o, que con su contenido lit&uacute;rgico concentra nuestra atenci&oacute;n en la Maternidad de Mar&iacute;a, es ya por esto mismo un anuncio de paz. La Maternidad, efectivamente, revela el deseo y la presencia de la vida; manifiesta la santidad de la vida. En cambio, la guerra significa destrucci&oacute;n de la vida. La guerra en el futuro podr&iacute;a resultar una obra de destrucci&oacute;n absolutamente inimaginable de la vida humana.<\/p>\n<p align=\"left\">El primer d&iacute;a del a&ntilde;o nos recuerda que <i>el hombre nace a la vida en la dignidad<\/i> que le es propia. Y la primera dignidad es la que se deriva de su misma humanidad. Sobre esta base se apoya tambi&eacute;n esa dignidad que ha revelado y tra&iacute;do al hombre el Hijo de Mar&iacute;a: &quot;&#8230; al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para que recibi&eacute;semos la adopci&oacute;n. Y por ser hijos envi&oacute; Dios a nuestros corazones el Esp&iacute;ritu de su Hijo, que grita: &iexcl;Abba, Padre! De manera que ya no es siervo, sino hijo, y si hijo, heredero por la gracia de Dios&quot; (<i>G&aacute;l<\/i> 4, 4-7).<\/p>\n<p align=\"left\">La gran causa de la paz en el mundo est&aacute; delineada, en sus fundamentos mismos, mediante estas dos grandezas: el valor de la vida y la dignidad del hombre. A ellas debemos remitirnos incesantemente para servir a esta causa.<\/p>\n<p align=\"left\">3. El a&ntilde;o 1980, que comienza hoy, nos recordar&aacute; la <i>figura de San Benito<\/i>, a quien Pablo VI proclam&oacute; patrono de Europa. Este a&ntilde;o se cumplen quince siglos de su nacimiento. &iquest;Acaso ser&aacute; suficiente un simple recuerdo, tal como se conmemoran diversos aniversarios incluso importantes? Pienso que no basta; esta fecha y esta figura tienen una elocuencia tal, que no bastar&aacute; una conmemoraci&oacute;n ordinaria, sino que ser&aacute; necesario volver a leer e interpretar a su luz el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, &iquest;de qu&eacute; habla San Benito de Nursia? <i>Habla del comienzo de ese trabajo gigantesco<\/i>, del que naci&oacute; Europa. Efectivamente, en cierto sentido, Europa naci&oacute; despu&eacute;s del per&iacute;odo del gran imperio romano. Al nacer de sus estructuras culturales, ha sacado de nuevo, gracias al esp&iacute;ritu benedictino, de ese patrimonio y ha encarnado en la herencia de la cultura europea y universal todo lo que de otro modo se hubiera perdido. <i>El esp&iacute;ritu benedictino est&aacute; en ant&iacute;tesis con cualquier programa de destrucci&oacute;n<\/i>. Es un esp&iacute;ritu de recuperaci&oacute;n y de promoci&oacute;n, nacido de la conciencia del plan divino de salvaci&oacute;n y educado en la uni&oacute;n cotidiana de oraci&oacute;n y trabajo.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo San Benito, que vivi&oacute; al fin de la antig&uuml;edad, hace de salvaguardia de esa herencia que la antig&uuml;edad ha transmitido al hombre europeo y a la humanidad. Simult&aacute;neamente est&aacute; en el umbral de los tiempos nuevos. en los albores de esa Europa que nac&iacute;a entonces, del crisol de las migraciones de nuevos pueblos. <i>El abraza con su esp&iacute;ritu tambi&eacute;n a la Europa del futuro.<\/i> No solo en el silencio de las bibliotecas benedictinas y en los &quot;scriptoria&quot; nacen y se conservan las obras de la cultura espiritual, sino en torno a las abad&iacute;as se forman tambi&eacute;n los centros activos del trabajo, en especial el de los campos; as&iacute; se desarrollan el ingenio y la capacidad humana, que constituyen la levadura del gran proceso de la civilizaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Al recordar todo esto ya hoy, en el primer d&iacute;a del jubileo benedictino, debemos dirigirnos con un ardiente mensaje a todos los hombres y a todas las naciones, sobre todo a los que habitan en nuestro continente. Los temas que han impresionado a la opini&oacute;n p&uacute;blica europea en el curso de las &uacute;ltimas semanas del a&ntilde;o apenas finalizado, exigen de nosotros que se piense con solicitud en el futuro. Nos apremian a esta solicitud las noticias sobre tantos medios de destrucci&oacute;n, de la que podr&iacute;an ser v&iacute;ctima los frutos de esta rica civilizaci&oacute;n, elaborados con la fatiga de tantas generaciones comenzando desde los tiempos de San Benito. Pensamos en las ciudades y en los pueblos \u2014en Occidente y juntamente en Oriente\u2014 que con los medios de destrucci&oacute;n ya conocidos podr&iacute;an ser reducidos completamente a montones de ruinas. En tal caso, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a proteger en absoluto esos maravillosos nidos de la historia y centros de la vida y de la cultura de cada naci&oacute;n, que constituyen la fuente y el apoyo para pueblos enteros en su camino tal vez dif&iacute;cil hacia el futuro?<\/p>\n<p align=\"left\">Recientemente he recibido de algunos cient&iacute;ficos una previsi&oacute;n sint&eacute;tica de las consecuencias inmediatas y terribles de una guerra nuclear. He aqu&iacute; las principales:<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 La muerte, por acci&oacute;n directa o retardada de las explosiones, de una poblaci&oacute;n que podr&iacute;a oscilar entre 50 y 200 millones de personas.<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Una reducci&oacute;n dr&aacute;stica de recursos alimenticios, causada por la radioactividad residual en una amplia extensi&oacute;n de tierras utilizables para la agricultura.<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Mutaciones gen&eacute;ticas peligrosas, que sobrevendr&iacute;an a los seres humanos, a la fauna y a la flora.<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Alteraciones considerables en la franja de ozono de la atm&oacute;sfera, que expondr&iacute;an al hombre a inc&oacute;gnitas mayores, perjudiciales para su vida.<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 En una ciudad embestida por una explosi&oacute;n nuclear la destrucci&oacute;n de todos los servicios urbanos y el terror provocado por el desastre impedir&iacute;an ofrecer los socorros m&iacute;nimos a los habitantes, creando una obsesi&oacute;n terrible.<\/p>\n<p align=\"left\">Bastar&iacute;an s&oacute;lo 200 de las 50.000 bombas nucleares, que se estima hay ya, para destruir la mayor parte de las ciudades m&aacute;s grandes del mundo. Es urgente, dicen esos cient&iacute;ficos, que los pueblos no cierren los ojos sobre lo que puede representar para la humanidad una guerra at&oacute;mica.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Bastan estas pocas reflexiones para hacerse una pregunta: &iquest;podemos continuar por este camino? La respuesta es clara.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa trata el tema del peligro de la guerra y de la necesidad de salvaguardar la paz, con muchos hombres y en diversas ocasiones. El camino para tutelar la paz pasa a trav&eacute;s de los di&aacute;logos y negociaciones bilaterales o multilaterales. Sin embargo, en su base debemos encontrar y reconstruir un coeficiente principal,, sin el cual no dar&aacute;n frutos por s&iacute; mismos y no asegurar&aacute;n la paz. &iexcl;Es necesario encontrar y reconstruir la confianza rec&iacute;proca! Y &eacute;ste es un problema dif&iacute;cil. La confianza no se adquiere por medio de la fuerza. Ni tampoco se obtiene s&oacute;lo con declaraciones. La confianza es necesario merecerla con. gestos y hechos concretos.<\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Paz a los hombres <i>de buena voluntad&quot;<\/i>. Estas palabras pronunciadas en el momento mismo en que naci&oacute; Cristo, no cesan de ser la clave de la gran causa de la paz en el mundo. Es necesario que las recuerden sobre todo aquellos de quienes m&aacute;s depende la paz.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Hoy es d&iacute;a de la gran y universal oraci&oacute;n por la paz en el mundo. Nosotros unimos esta oraci&oacute;n al misterio de la Maternidad de la Madre de Dios, y la Maternidad es un mensaje incesante en favor de la vida humana, porque se pronuncia, aun sin palabras, contra todo lo que la destruye y amenaza. Nada se puede encontrar que est&eacute; en oposici&oacute;n mayor a la guerra y al homicidio, como precisamente la maternidad.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, elevemos nuestra gran oraci&oacute;n universal por la paz en la tierra inspir&aacute;ndonos <i>en el misterio de la Maternidad de Aquella<\/i>, que ha dado la vida humana al Hijo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Y. finalmente expresemos esta oraci&oacute;n sirvi&eacute;ndonos de las palabras de la liturgia, que contienen un deseo de verdad, de bien y de paz para todos los pueblos de la tierra: <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;El Se&ntilde;or tenga piedad y nos bendiga, \/ ilumine su rostro sobre nosotros: \/ conozca la tierra tus caminos, \/ todos los pueblos tu salvaci&oacute;n. \/ &iexcl;Oh Dios! que te alaben los pueblos, \/ que todos los pueblos te alaben. \/ Que canten de alegr&iacute;a las naciones, \/ porque riges el mundo con justicia, \/ riges los pueblos con rectitud, \/ y gobiernas las naciones de la tierra. \/ &iexcl;Oh Dios!, que te alaben los pueblos, \/ que todos los pueblos te alaben. \/ La tierra ha dado su fruto. \/ Que. Dios nos bendiga; que te teman \/ hasta los confines del orbe&quot; (<i>Sal<\/i> 67).<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1980 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA SANTA MADRE DE DIOS JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Martes 1 de enero de 1980 &nbsp; 1. Hoy ha aparecido sobre el horizonte de la historia de la humanidad una nueva fecha: 1980. 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