{"id":39698,"date":"2016-10-05T22:59:12","date_gmt":"2016-10-06T03:59:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-diciembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-gaspar-del-bufalo\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:12","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:12","slug":"6-de-diciembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-gaspar-del-bufalo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-diciembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-gaspar-del-bufalo\/","title":{"rendered":"6 de diciembre de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Gaspar del B\u00fafalo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN GASPAR DEL B&Uacute;FALO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> II Domingo de Adviento, 6 de diciembre de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan&quot; (<i>Sal<\/i> 84, [85], 11).<\/p>\n<p>Adviento quiere decir &quot;venida&quot; y quiere decir tambi&eacute;n &quot;encuentro&quot;. Dios, que viene, se acerca al hombre, para que el hombre se encuentre con El y sea fiel a este encuentro. Para que permanezca en &eacute;l, hasta el fin.<\/p>\n<p>Este importante pensamiento, proclamado por la liturgia del II domingo de Adviento, quiero meditarlo juntamente con vosotros, queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Gaspar del B&uacute;falo, figura ejemplar de sacerdote romano. El fund&oacute;, el 15 de agosto de 1815, despu&eacute;s de la tempestad napole&oacute;nica, la congregaci&oacute;n de los Misioneros de la Precios&iacute;sima Sangre, y sus hijos, llamados desde el a&ntilde;o 1956 a trabajar en esta zona del barrio Appio-Tusculano, atienden cuidadosamente a vuestras almas y a vuestra formaci&oacute;n cristiana.<\/p>\n<p>Con esfuerzo intenso y generoso, siguiendo el esp&iacute;ritu del Santo fundador, han anunciado la fe mediante el ministerio de la palabra, de los sacramentos y de su presencia sacerdotal, y han logrado construir, con la ayuda de los buenos, tambi&eacute;n esta iglesia, espaciosa y funcional, que es un verdadero monumento de arquitectura sacra. Alrededor de ella ha surgido un complejo de locales adecuados a las necesidades de una acci&oacute;n pastoral que, partiendo, de este centro, pueda irradiarse hacia el barrio, para realizar una verdadera comunidad eclesial. Quiero dar aqu&iacute; testimonio p&uacute;blico del celo de los Religiosos de la Precios&iacute;sima Sangre y agradecerles la obra realizada entre vosotros.<\/p>\n<p>Saludo cordialmente al cardenal Vicario, al obispo auxiliar de zona, mons. Giulio Salimei, al p&aacute;rroco y a sus colaboradores, que han preparado dignamente este encuentro. Saludo a todos los grupos de la parroquia, que cuenta con cerca de 35.000 habitantes: a los catequistas, al grupo juvenil, al coro de ni&ntilde;os, a los escouts y a los grupos de caridad, de reflexi&oacute;n sobre la Palabra de Dios, al de monaguillos, al de asistencia social y a los de actividades culturales. No quisiera olvidar ninguno; a todos y a cada uno dirijo mi recuerdo afectuoso-en el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>En particular dirijo mi pensamiento lleno de buenos deseos a las dos comunidades religiosas de las Hermanas Adoratrices de la Sangre de Cristo, las cuales se dedican en esta parroquia a la escuela, a la asistencia, a la catequesis y a la juventud.<\/p>\n<p>Y ahora quiero abrazar espiritualmente a toda la familia parroquial, con una referencia especial a los ni&ntilde;os, a los j&oacute;venes y, sobre todo, a los enfermos, llamados a ofrecer la aportaci&oacute;n de sus sufrimientos por las necesidades espirituales de la parroquia, m&aacute;s a&uacute;n, de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>2. En la liturgia de hoy, como de costumbre, habla primero Isa&iacute;as, Profeta del gran adviento. Su mensaje es hoy gozoso, lleno de confianza: &quot;Consolad, consolad a mi pueblo&#8230; Hablad al coraz&oacute;n de Jerusal&eacute;n, gritadle: que se ha cumplido su servicio, y est&aacute; pagado su crimen&#8230; S&uacute;bete a lo alto de un monte, heraldo de Si&oacute;n&#8230; Alza con fuerza la voz, no temas, di&#8230;: Aqu&iacute; est&aacute; vuestro Dios. Mirad: Dios, el Se&ntilde;or, llega con fuerza&#8230; Mirad: le acompa&ntilde;a el salario&#8230; Como un pastor apacienta su reba&ntilde;o, su mano los re&uacute;ne&quot;<i> (Is<\/i> 40, 1-2. 9-11).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que este mensaje, tenemos la llamada a &quot;preparar&quot; y &quot;allanar&quot; el camino, la misma que har&aacute; suya, en las riberas del Jord&aacute;n, Juan Bautista, &uacute;ltimo Profeta de la venida del Se&ntilde;or. En s&iacute;ntesis, Isa&iacute;as afirma: El Se&ntilde;or viene&#8230; como Pastor; es preciso crear las condiciones necesarias para el encuentro con El. Es necesario prepararse.<\/p>\n<p>&quot;Mirad: Dios, el Se&ntilde;or, llega&quot;, se nos ha dicho, pero, al mismo tiempo, la voz grita: &quot;En el desierto preparadle un camino al Se&ntilde;or&#8230;, que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo &nbsp;torcido se enderece, y lo escabroso se iguale. Se revelar&aacute; la gloria del Se&ntilde;or&#8230;&quot;<i> (Is<\/i> 40, 3-5).<\/p>\n<p>Aceptemos, pues, con alegr&iacute;a tanto la buena noticia como los deberes que ella pone ante nosotros. Dios quiere estar con nosotros; viene como dominador, &quot;su brazo domina, pero, sobre todo, viene como Pastor, y como tal, &quot;apacienta el reba&ntilde;o, su mano los re&uacute;ne. Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres.&quot;<i> (Is <\/i>40, 11).<\/p>\n<p>Estamos aqu&iacute; para fortalecernos en nuestra alegr&iacute;a y en nuestra esperanza y, a la vez, para que podamos siempre de nuevo, llevados por la convicci&oacute;n acerca de la presencia de Dios en nuestros caminos, prepararle el sendero, removiendo de &eacute;l todo lo qu&eacute; hace dif&iacute;cil e incluso imposible el encuentro; para que podamos retornar siempre a El.<\/p>\n<p>3. Por esto, escuchemos con atenci&oacute;n las palabras de la segunda lectura de la liturgia de hoy, en la que nos habla el Ap&oacute;stol Pedro, es decir, uno que fue testigo de la primera venida. Su tema de adviento est&aacute; orientado, sobre todo, hacia los &uacute;ltimos tiempos, hacia &quot;el d&iacute;a del Se&ntilde;or&quot;; los que han experimentado la primera venida, justamente viven en espera de la segunda, conforme a la promesa del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Para la lectura de Pedro parece caracter&iacute;stica la &quot;dial&eacute;ctica&quot; de la eternidad y del tiempo, o mejor, la dial&eacute;ctica del &quot;tiempo de Dios&quot; y del &quot;tiempo del hombre&quot;. Como se sabe, en las comunidades cristianas de los primeros siglos, era fuerte la espera de la parus&iacute;a, esto es, de la segunda venida, del segundo adviento de Cristo. Algunos empezaban a dudar de la veracidad de esta promesa. El fragmento de la segunda Carta de San Pedro, que hemos escuchado hace poco, responde a estas dificultades: &quot;No perd&aacute;is de vista una cosa, querid&iacute;simos hermanos: para el Se&ntilde;or un d&iacute;a es como mil a&ntilde;os y mil a&ntilde;os como un d&iacute;a&quot; (2<i> Pe<\/i> 3, 8).<\/p>\n<p>Esto quiere decir: los hombres ten&eacute;is vuestra concepci&oacute;n del tiempo, la unidad de su medida, el calendario, el reloj; ten&eacute;is vuestros criterios, seg&uacute;n los cuales juzg&aacute;is que el tiempo se prolonga demasiado o corre poco veloz. Vosotros viv&iacute;s en el tiempo, lo viv&iacute;s a vuestro modo, y as&iacute; debe ser; pero no traslad&eacute;is esta concepci&oacute;n a Dios, porque ante El vuestros miles de a&ntilde;os son como un solo d&iacute;a; y un d&iacute;a es como vuestros mil a&ntilde;os. Por esto, no juzgu&eacute;is con vuestras categor&iacute;as y no dig&aacute;is que Dios se ha dado prisa o que tarda.<\/p>\n<p>Y luego escuchamos: &quot;El Se&ntilde;or no tarda en cumplir&#8230;, sino que tiene mucha paciencia con vosotros porque no quiere que nadie perezca sino que todos se conviertan&quot; (<i>2 Pe<\/i> 3, 9).<\/p>\n<p>4.&nbsp;As&iacute;, pues, de modo inesperado se nos pone delante la imagen de Dios Pedagogo, de ese Pastor al que conocemos bien, que espera pacientemente a todos los que todav&iacute;a no han cogido la pala y no han comenzado a &quot;preparar&quot; y &quot;allanar&quot; sus caminos; que han permanecido sordos al grito gozoso: &quot;Mirad a vuestro Dios&#8230; Mirad: Dios, el Se&ntilde;or, viene&quot;.<\/p>\n<p>Este tiempo nuestro humano, vivido de modo humano, con su contenido y su sustancia, que nosotros realizamos, contin&uacute;a gracias a la paciencia de Dios. As&iacute;, lo que a alguno puede parecer como falta de cumplimiento de la promesa por parte de Dios es, en cambio, el misericordioso don que El hace al hombre.<\/p>\n<p>Sin embargo es cierto que &quot;el d&iacute;a del Se&ntilde;or&quot; vendr&aacute;, y vendr&aacute; inesperadamente; ser&aacute; una sorpresa para cada uno de los hombres. Por esto, el problema de la &quot;conversi&oacute;n&quot;, el problema del &quot;encuentro&quot;, y de &quot;estar con Dios&quot; es cuesti&oacute;n de cada d&iacute;a; porque cada d&iacute;a puede ser para cada hombre, para m&iacute;, &quot;el d&iacute;a del Se&ntilde;or&quot;. Debemos hacernos, pues, la pregunta de Pedro: &iquest;C&oacute;mo debemos ser nosotros en la santidad de la conducta, y en la piedad, esperando y acelerando la venida del d&iacute;a de Dios? (cf.<i> 2 Pe<\/i> 3, 11-12).<\/p>\n<p>5.&nbsp;La perspectiva escatol&oacute;gica de la Carta del Ap&oacute;stol: &quot;un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia&quot; (<i>2 Pe<\/i> 3, 13) habla del encuentro definitivo del Creador con la creaci&oacute;n en el reino del siglo venidero, para el cual debe madurar cada hombre mediante el adviento interior de la fe, esperanza y caridad.<\/p>\n<p>El testigo de esta verdad es Juan Bautista, que en la regi&oacute;n del Jord&aacute;n predica &quot;que se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados&quot; (<i>Mc<\/i> 1, 4). Se cumplen as&iacute; las palabras de la primera lectura del libro de Isa&iacute;as. Efectivamente, Juan predicaba: &quot;Detr&aacute;s de m&iacute; viene el que puede m&aacute;s que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero El os bautizar&aacute; con Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Mc<\/i> 1, 7-8).<\/p>\n<p>Juan distingue claramente el &quot;adviento de preparaci&oacute;n&quot; del &quot;adviento de encuentro&quot;. El adviento de encuentro es obra del Esp&iacute;ritu Santo, es el bautismo con el Esp&iacute;ritu Santo. Es Dios mismo que va al encuentro del hombre; quiere encontrarlo en el coraz&oacute;n mismo de su humanidad, confirmando as&iacute; esta humanidad como imagen eterna de Dios y, al mismo tiempo, haci&eacute;ndola &quot;nueva&quot;.<\/p>\n<p>Las palabras de Juan sobre el Mes&iacute;as, sobre Cristo: &quot;El os bautizar&aacute; con Esp&iacute;ritu Santo&quot; alcanzan la ra&iacute;z misma del encuentro del hombre con Dios viviente, encuentro que se realiza en Jesucristo y se inscribe en el proceso de la espera de los nuevos cielos y de la nueva tierra, en que habite la justicia: adviento del &quot;mundo futuro&quot;. En El, en Cristo, Dios ha asumido la figura concreta del Pastor anunciado por los Profetas, y al mismo tiempo se ha convertido en el Cordero que quita el pecado del mundo; por esto, se mezcl&oacute; con la muchedumbre que segu&iacute;a a Juan, para recibir de sus manos el bautismo de penitencia y hacerse solidario con cada hombre, para transmitirle luego, a su vez, el Esp&iacute;ritu Santo, esa potencia divina que nos hace capaces de liberarnos de los pecados y de cooperar a la preparaci&oacute;n y a la venida &quot;de los nuevos cielos y de la nueva tierra&quot;.<\/p>\n<p>&quot;La espera de una nueva tierra \u2014ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II\u2014 no debe amortiguar, sino m&aacute;s bien avivar, la preocupaci&oacute;n de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar una vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios&quot;<i> (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 39).<\/p>\n<p>6. Escuchemos la Palabra de Dios con la convicci&oacute;n de que ella, cuando es escuchada por el hombre, tiene la potencia del &quot;Adviento&quot; y por lo tanto, la capacidad de transformar y renovar. Entonces digamos desde lo profundo del coraz&oacute;n las palabras del Salmista: &quot;Voy a escuchar lo que dice el Se&ntilde;or: Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvaci&oacute;n est&aacute; ya cerca de sus fieles y la gloria habitar&aacute; en nuestra tierra&quot; (<i>Sal<\/i> 84 [85], 9-10)J<\/p>\n<p>Digamos con alegr&iacute;a estas palabras, porque ellas infunden en nuestros corazones la nueva esperanza y la nueva fuerza, porque anuncian que la gloria de Dios habitar&aacute; en la tierra, que la salvaci&oacute;n, est&aacute; cerca de los que le buscan. Dios anuncia la paz, y hace posibles los tiempos de la fidelidad y de la justicia.<\/p>\n<p>&quot;La fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo. El Se&ntilde;or nos dar&aacute; la lluvia, y nuestra tierra dar&aacute; su fruto&quot; (vv. 12-13).<\/p>\n<p>7. Queridos hermanos y hermanas: Nuestro adviento transcurre en esta perspectiva, y en ella se realiza tambi&eacute;n nuestro encuentro, tan deseado. He querido estar entre vosotros, veros, miraros a los ojos y desearos, en la presencia de Cristo, piedra angular de nuestra construcci&oacute;n (cf.<i> Ef<\/i> 2, 20-22), que vuestra tierra, es decir, vuestra parroquia, vuestro barrio, den sus frutos. Y quiero tambi&eacute;n desear a cada uno de vosotros que la propia tierra, esto es, vosotros mismos, vuestras casas, vuestras familias, den su fruto.<\/p>\n<p>Dios ha dicho: &quot;Hablad al coraz&oacute;n de Jerusal&eacute;n&quot;<i> (Is<\/i> 40, 2). Yo quisiera hablar al coraz&oacute;n de cada uno y cada una de vosotros y, as&iacute;, a todos vuestros amigos, a todos los feligreses, para que acept&eacute;is con alegr&iacute;a tanto el mensaje de este do mingo de Adviento, como los deberes que &eacute;l pone ante nosotros.<\/p>\n<p>&iexcl;Preparad el camino al Se&ntilde;or! &iexcl;Enderezad sus senderos! Que esto se realice en el sacramento de la reconciliaci&oacute;n en la humilde y confiada confesi&oacute;n de Adviento, a fin de que ante el recuerdo de la primera venida de Cristo, que es Navidad, y a la vez en la perspectiva escatol&oacute;gica de su Adviento definitivo, el pecado quede eliminado y expiado, para que la Iglesia pueda proclamar a cada uno de vosotros que ha terminado la esclavitud, y que el Se&ntilde;or Dios viene con fuerza.<\/p>\n<p>Preparadle el camino en vuestros corazones, en vuestras casas, en vuestra comunidad parroquial.<\/p>\n<p>Que en cada uno de vosotros, y entre vosotros, se encuentren la misericordia y la verdad, que la justicia y la paz se besen.<\/p>\n<p>&iexcl;Que la gloria de Dios habite en esta tierra! Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN GASPAR DEL B&Uacute;FALO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II II Domingo de Adviento, 6 de diciembre de 1981 &nbsp; 1. &quot;La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan&quot; (Sal 84, [85], 11). Adviento quiere decir &quot;venida&quot; y quiere decir tambi&eacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-diciembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-gaspar-del-bufalo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de diciembre de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Gaspar del B\u00fafalo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39698","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39698"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39698\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}