{"id":39699,"date":"2016-10-05T22:59:13","date_gmt":"2016-10-06T03:59:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1981-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:13","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:13","slug":"8-de-diciembre-de-1981-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1981-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-2\/","title":{"rendered":"8 de diciembre de 1981, Solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCI&Oacute;N<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><i><b> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica di Santa Mar&iacute;a la Mayor, Roma<br \/> &nbsp;Martes 8 de diciembre de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.<i>&nbsp;&quot;Para Dios nada hay imposible&#8230;&quot; (Lc<\/i>&nbsp;1, 37).<\/p>\n<p>La Iglesia, en la liturgia de hoy, recurre a estas palabras, queriendo honrar el misterio de la Inmaculada Concepci&oacute;n de Mar&iacute;a. Recurre a las palabras de la Anunciaci&oacute;n, a las palabras de Gabriel, cuyo nombre quiere decir: &quot;Mi potencia es Dios&quot;.<\/p>\n<p>&iquest;No es precisamente la omnipotencia de Dios, la potencia infinita de su amor y de su gracia, las que anuncia este singular mensajero? Y juntamente con &eacute;l las anuncia, de alguna manera, toda la Iglesia, en continua escucha de las palabras de su anuncio y repiti&eacute;ndolas muchas veces: &quot;Para Dios nada hay imposible&quot;.<\/p>\n<p>&Uacute;nicamente con esa omnipotencia que ama, &uacute;nicamente con<i> la infinita potencia del amor<\/i> se puede explicar el hecho de que Dios-Verbo, Dios-Hijo se hace hombre. S&oacute;lo con la omnipotencia que ama, s&oacute;lo con la inescrutable potencia del amor de Dios se puede explicar el hecho de que la Virgen \u2014hija de padres humanos y de generaciones humanas\u2014 se convierta en la Madre de Dios.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, este hecho era incomprensible<i> para Ella misma: <\/i>&quot;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso, pues no conozco var&oacute;n?&quot;<i> (Lc<\/i> 1, 34).<\/p>\n<p>Y&nbsp;probablemente era dif&iacute;cil que lo entendiera<i> el pueblo,<\/i> del cual era hija, el pueblo que, por otra parte, a trav&eacute;s de toda su historia, precisamente esperaba s&oacute;lo esto: la venida del Mes&iacute;as, y en esto ve&iacute;a la finalidad principal de su vocaci&oacute;n, de sus pruebas y sufrimientos.<\/p>\n<p>Y&nbsp;este hecho resulta dif&iacute;cil de ser comprendido por muchos hombres y naciones, aun en el caso de que acepten la existencia de Dios, aun cuando recurran a su bondad y misericordia.<\/p>\n<p>Pero, &iexcl;&quot;para Dios nada hay imposible&quot;!<\/p>\n<p>2.&nbsp;La Iglesia recuerda hoy estas palabras, porque es necesario que nosotros busquemos en ellas la respuesta al interrogante sobre el <i>misterio de la Inmaculada concepci&oacute;n.<\/i><\/p>\n<p>Puesto que la omnipotencia del Eterno Padre y la infinita potencia de amor que act&uacute;a con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo hacen que el Hijo de Dios se convierta en hombre en el seno de la Virgen de Nazaret, entonces la misma potencia<i> en previsi&oacute;n de los m&eacute;ritos del Redentor, <\/i>preserva a su Madre de la herencia del pecado original.<\/p>\n<p>La hace santa e inmaculada desde el primer instante de la concepci&oacute;n.<\/p>\n<p>La misma omnipotencia, la misma potencia del amor, la misma fuerza del Esp&iacute;ritu Santo hacen que Ella sola, entre todos los hijos e hijas de Ad&aacute;n, sea concebida y venga al mundo &quot;llena de gracia&quot;.<\/p>\n<p>As&iacute;, tambi&eacute;n en el momento de la Anunciaci&oacute;n la saludar&aacute; Gabriel: &quot;Al&eacute;grate, llena de gracia&quot;<i> <\/i> (<i>Lc<\/i> 1, 28).<\/p>\n<p>3. Venimos hoy a este santuario romano de la Madre de Dios, rebosantes de especial veneraci&oacute;n a la Sant&iacute;sima Trinidad:<i> rebosantes de gratitud<\/i> hacia el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo,<i> por estas &quot;cosas grandes&quot;,<\/i> que la gracia del Alt&iacute;simo ha hecho desde el primer instante de la vida de la Virgen de Nazaret.<\/p>\n<p>Efectivamente, &eacute;ste es el a&ntilde;o en que, recordando<i> despu&eacute;s de 1600 a&ntilde;os<\/i> la obra del I Concilio de Constantinopla, recordamos tambi&eacute;n el <i>1550<\/i> aniversario del<i> Concilio de Efeso.<\/i><\/p>\n<p>Precisamente por esto<i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1981\/documents\/hf_jp-ii_hom_19810607_pentecoste.html\">en la solemnidad de Pentecost&eacute;s<\/a><\/i> se reunieron obispos de todo el globo terrestre junto a la tumba de San Pedro para venerar al Esp&iacute;ritu Santo, el Par&aacute;clito, en uni&oacute;n espiritual con la liturgia de acci&oacute;n de gracias, que ten&iacute;a lugar en Constantinopla.<\/p>\n<p>Luego, en la tarde del mismo d&iacute;a, <i>vinieron aqu&iacute;,<\/i> a la bas&iacute;lica mariana de Roma, para dar gracias por el misterio de la Encarnaci&oacute;n, que es la obra suprema del Esp&iacute;ritu Santo en la historia de la salvaci&oacute;n. De este modo fue venerado Aquel, que &quot;por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; de Mar&iacute;a la Virgen y se hizo hombre&quot;, y fue venerada Ella, la Virgen Madre, a quien la Iglesia desde los tiempos del Concilio de Efeso llama &quot;Madre de Dios&quot; (Theotokos). Al llamar as&iacute; a Mar&iacute;a, la Iglesia profesa su fe en la obra salv&iacute;fica m&aacute;s grande que en Ella y mediante Ella ha realizado el Esp&iacute;ritu Santo. &quot;&iexcl;Para Dios nada hay imposible!&quot;.<\/p>\n<p>4. No pude participar personalmente en esa solemnidad hist&oacute;rica. Pero hab&iacute;a trabajado con todo el coraz&oacute;n para su preparaci&oacute;n, d&aacute;ndome cuenta de que en ella se deb&iacute;a expresar no s&oacute;lo la fe de dos milenios, sino tambi&eacute;n ese<i> particular di&aacute;logo de amor y de consagraci&oacute;n <\/i>que la Iglesia de nuestra &eacute;poca lleva adelante con el Esp&iacute;ritu Santo mediante el Coraz&oacute;n de la Madre de Dios. Este di&aacute;logo se intensifica especialmente cuando la Iglesia, juntamente con la humanidad, atraviesa por duras experiencias y pruebas, y tambi&eacute;n cuando renace en ella la esperanza de renovaci&oacute;n y de paz.<\/p>\n<p>Efectivamente, en el curso de los dif&iacute;ciles a&ntilde;os de la &uacute;ltima guerra mundial, el Papa P&iacute;o XII consagr&oacute; todo el g&eacute;nero humano al<i> Coraz&oacute;n de la Inmaculada,<\/i> incluyendo, despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os, en esta consagraci&oacute;n a los pueblos particularmente queridos para la Madre de Dios: los de Rusia.<\/p>\n<p>En nuestros tiempos, juntamente con la obra del Concilio Vaticano II, ha renacido en la Iglesia<i> la esperanza de la renovaci&oacute;n.<\/i> Y mientras esta esperanza encuentra varias dificultades, mientras actualmente siente incesantemente<i> la amenaza a la paz,<\/i> ha parecido que se debe dirigir otra vez al Esp&iacute;ritu Santo, mediante el Coraz&oacute;n de la Madre de Dios, Aquella a la que el Papa Pablo VI llamaba frecuentemente &quot;Madre de la Iglesia&quot;.<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, precisamente el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, durante la solemnidad celebrada en esta bas&iacute;lica en presencia de obispos de todo el mundo, <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1981\/june\/documents\/hf_jp_ii_spe_19810607_costantinopoli-efeso.html\">se pronunci&oacute;<i> el acto de consagraci&oacute;n a la Inmaculada Madre de Dios<\/i><\/a><i>,<\/i> el cual es un testimonio del amor que la Iglesia alimenta hacia Mar&iacute;a, fijando la mirada en Ella como en la figura de la propia maternidad. Este acto es tambi&eacute;n un testimonio <i>de esperanza<\/i> que, a pesar de todas las amenazas, la Iglesia quiere anunciar a todos los pueblos: a los que m&aacute;s la esperan, juntamente con aquellos &quot;cuya consagraci&oacute;n la misma Madre de Dios parece esperar de modo particular&quot; (cf. <i>Celebrazioni Commemorative<\/i>&#8230;, p&aacute;gina 29).<\/p>\n<p>Este<i> acto de consagraci&oacute;n<\/i> lo repetimos tambi&eacute;n hoy.<\/p>\n<p>5. La Providencia nos llama incesantemente a leer con perspicacia los &quot;signos de los tiempos&quot;. Y precisamente siguiendo los signos de los tiempos veneramos, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, el recuerdo de los dos grandes Concilios de la Iglesia perfectamente unida. Precisamente siguiendo los signos de los tiempos, renovamos junto a la tumba de San Pedro la fe en el Esp&iacute;ritu Santo, &quot;Se&ntilde;or y dador de vida&quot;, seg&uacute;n las palabras de nuestro com&uacute;n Credo. Precisamente siguiendo los signos de los tiempos, nos reunimos la tarde del mismo d&iacute;a en el santuario mariano de Roma.<\/p>\n<p>Los signos de los tiempos nos mandan<i> leer los planes divinos, <\/i> remont&aacute;ndonos a las palabras originarias y m&aacute;s antiguas.<\/p>\n<p>&iquest;Acaso no est&aacute;n entre esas palabras tambi&eacute;n las del libro del G&eacute;nesis, que nos ha recordado hoy la primera lectura: &quot;<i>Establezco hostilidades entre ti y la mujer,<\/i> entre tu estirpe y la suya; ella te herir&aacute; en la cabeza, cuando t&uacute; la hieras en el tal&oacute;n&#8230;&quot;<i> (G&eacute;n<\/i> 3, 15)?<\/p>\n<p>Los signos de los tiempos indican que estamos en la &oacute;rbita<i> de una gran lucha<\/i> entre el bien y el mal, entre la afirmaci&oacute;n y la negaci&oacute;n de Dios, de su presencia en el mundo y de la salvaci&oacute;n que en El tiene su comienzo y su fin.<\/p>\n<p>&iquest;Acaso no nos<i> indican<\/i> estos<i> signos a<\/i> la<i> Mujer,<\/i> juntamente con la cual debemos pasar el umbral del tiempo trazado por el siglo y por el milenio que van a cerrarse? &iquest;No debemos precisamente con Ella hacer frente a las tribulaciones de las que est&aacute; lleno nuestro tiempo? &iquest;No debemos precisamente en Ella volver a encontrar esa<i> fortaleza<\/i> y esa esperanza, que nacen del coraz&oacute;n mismo del Evangelio?<\/p>\n<p>6. &iexcl;&quot;Para Dios nada hay, imposible&quot;!<\/p>\n<p>Centremos nuestra atenci&oacute;n en el misterio de la Inmaculada Concepci&oacute;n.<\/p>\n<p>Meditemos, seg&uacute;n el magisterio del Concilio Vaticano II, la maravillosa presencia de Mar&iacute;a en el misterio de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n<p>Escuchando la Palabra de Dios vivo, la cual nos habla<i> desde lo profundo<\/i> del primer adviento, salgamos al encuentro de todo lo que el tiempo del hombre y del mundo nos puede traer. Caminemos, unidos, a la Mujer por excelencia, Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><i>(Al final del rito eucar&iacute;stico, el Papa entr&oacute; en la capilla dedicada a la Patrona de la Urbe, &quot;Salus Populi Romani&quot; y recit&oacute; la <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1981\/june\/documents\/hf_jp_ii_spe_19810607_costantinopoli-efeso.html#Acto_de_entrega\">plegaria de consagraci&oacute;n de la Iglesia a la Madre de los hombres y de los pueblos<\/a>, que hab&iacute;a preparado para pronunciarla solemnemente en esta bas&iacute;lica la tarde de Pentecost&eacute;s, con los obispos de todo el mundo reunidos para celebrar el 1600 aniversario del Concilio de Constantinopla y el 1550 del Concilio de Efeso)<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica di Santa Mar&iacute;a la Mayor, Roma &nbsp;Martes 8 de diciembre de 1981 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Para Dios nada hay imposible&#8230;&quot; (Lc&nbsp;1, 37). 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