{"id":39700,"date":"2016-10-05T22:59:14","date_gmt":"2016-10-06T03:59:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-de-santa-francisca-romana-roma\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:14","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:14","slug":"29-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-de-santa-francisca-romana-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-de-santa-francisca-romana-roma\/","title":{"rendered":"29 de noviembre de 1981, Visita pastoral a la parroquia de Santa Francisca Romana (Roma)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SANTA MAR&Iacute;A ROMANA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/p>\n<p> <\/i><\/b><i>I domingo de Adviento, 29 de noviembre de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.<i>&nbsp;Regem venturum Dominum, venite adoremus!<\/i><\/p>\n<p>Con este domingo, llega a toda la Iglesia esta nueva llamada: la llamada del Adviento. La anuncia la liturgia, pero, al mismo tiempo, la advierte todo el Pueblo de Dios con su sentido de fe. El Adviento constituye no s&oacute;lo el primer per&iacute;odo del a&ntilde;o lit&uacute;rgico de la Iglesia, sino tambi&eacute;n la linfa misma de la vida de sus hijos e hijas.<\/p>\n<p><i>Regem venturum Dominum, venite adoremus!<\/i><\/p>\n<p>Y con esta llamada vengo yo hoy a<i> vuestra parroquia<\/i> para realizar en ella el principal ministerio apost&oacute;lico: el ministerio de la visita. Os doy las gracias por la cordial acogida, y sobre todo por vuestra presencia; ella, en efecto, me permite encontrarme con toda la comunidad del Pueblo de Dios que constitu&iacute;s vosotros, y con los varios grupos que existen en su &aacute;mbito.<\/p>\n<p>Ante todo, dirijo mi saludo cordial al cardenal Vicario y al obispo de zona, mons. Clemente Riva, los cuales han preparado muy bien este encuentro. Saludo igualmente con toda cordialidad al p&aacute;rroco y a los vicep&aacute;rrocos, de la Orden de los Hermanos Menores, que gastan sus energ&iacute;as en la cura pastoral de esta parroquia; y a ellos uno los presb&iacute;teros de otras parroquias que les ayudan. Hago extensivo el saludo cordialmente a los religiosos y religiosas que residen y trabajan en la circunscripci&oacute;n parroquial. Adem&aacute;s, me dirijo con afecto a todos los fieles, y de modo particular a los miembros de las diversas asociaciones, grupos y movimientos cat&oacute;licos, que dan testimonio activo de su fe. Deseo recordar especialmente a los benem&eacute;ritos catequistas. Pero mi saludo quiere comprender tambi&eacute;n a los enfermos, a quienes aseguro mi oraci&oacute;n, y luego a los queridos j&oacute;venes, que son la esperanza de todos nosotros.<\/p>\n<p>S&eacute; que la parroquia de Santa Francisca Romana en el barrio Ardeatino es de fundaci&oacute;n moderna, pero ligada a tradiciones y a monumentos antiguos. Parte del territorio habitado por los feligreses era, en la Edad Media, propiedad de la familia de la Santa Patrona, la cual vivi&oacute; inflamada en caridad hacia los m&aacute;s necesitados de la ciudad de Roma. Que este ejemplo constituya invitaci&oacute;n y est&iacute;mulo a una vida cristiana cada vez m&aacute;s comprometida en&raquo; favor del pr&oacute;jimo para la gloria de Dios.<\/p>\n<p>2.&nbsp;En la liturgia de este domingo la Iglesia presenta ante nosotros, en cierto sentido,<i> dos im&aacute;genes del Adviento.<\/i><\/p>\n<p>He aqu&iacute; ante todo a Isa&iacute;as, gran Profeta del &uacute;nico y sant&iacute;simo Dios, que da expresi&oacute;n al tema<i> de Dios que se aleja del hombre.<\/i> En su maravilloso texto, un verdadero poema teol&oacute;gico, que hemos escuchado hace poco, nos da una imagen penetrante de la situaci&oacute;n de su &eacute;poca y de su pueblo, el cual, despu&eacute;s de haber perdido el contacto vital con Dios, se encontr&oacute; en caminos impracticables:<\/p>\n<p>&quot;Se&ntilde;or, &iquest;por qu&eacute; nos extrav&iacute;as de tus caminos y endureces nuestro coraz&oacute;n para que no te tema?&quot;<i> (Is <\/i>63, 17).<\/p>\n<p>Pero precisamente al encontrarse en este alejamiento, el hombre llega a percibir muy dolorosamente que, sin la presencia de Dios en su vida, se convierte en presa de la propia culpa, y madura en &eacute;l la convicci&oacute;n de que s&oacute;lo Dios es quien lo arranca de la esclavitud, s&oacute;lo Dios salva, y de este modo siente en s&iacute; mismo, m&aacute;s ardiente a&uacute;n, el deseo de su venida: &quot;&iexcl;Ojal&aacute; rasgases el cielo y bajases!&quot;<i> (Is<\/i> 63, 19).<\/p>\n<p>Sin embargo, Isa&iacute;as no se detiene en el an&aacute;lisis devoto del estado de cosas y en la manifestaci&oacute;n de una llamada ferviente y dram&aacute;tica a Dios para que rasgue los cielos y venga de nuevo a estar con su pueblo. &iexcl;No se cura la enfermedad s&oacute;lo mediante su descripci&oacute;n y un vivo deseo de salir de ella! Es necesario encontrar sus causas. Hacer un diagn&oacute;stico. &iquest;Qu&eacute; es lo que provoca<i> este alejamiento de Dios<\/i>? La respuesta&nbsp; del Profeta es un&iacute;voca:<i> &iexcl;el pecado!<\/i><\/p>\n<p>&quot;Estabas airado y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas y seremos salvos. Todos &eacute;ramos impuros, nuestra justicia era un pa&ntilde;o manchado; todos nos marchit&aacute;bamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento&quot; <i>(Is<\/i> 64, 4-5).<\/p>\n<p>&iexcl;Juntamente con el pecado va<i> el olvido de Dios!<\/i><\/p>\n<p>&quot;Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas<i> al poder de nuestra culpa (Is <\/i>64, 6)<\/p>\n<p>El diagn&oacute;stico del Profeta es penetrante: Dios se aleja del hombre a causa de la culpa del hombre: la ausencia de Dios es resultado de que el hombre se haya alejado de El. Simult&aacute;neamente con esto, el hombre queda entregado al poder de su culpa.<\/p>\n<p>3. Sorprende que este<i> diagn&oacute;stico<\/i> del libro de Isa&iacute;as, que expresa la situaci&oacute;n del hombre que vivi&oacute; hace tantos siglos, es<i> v&aacute;lido tambi&eacute;n para hoy.<\/i> Muchos de nosotros, hombres del segundo milenio despu&eacute;s de Cristo, que est&aacute; para terminar, &iquest;acaso no estamos atormentados por un sentido semejante de lejan&iacute;a de Dios? Este sentido resulta mucho m&aacute;s dram&aacute;tico porque aparece no en el contexto de la Antigua, sino de la Nueva Alianza. &iquest;Acaso no es un drama de nuestro mundo de hoy, de la humanidad actual y del hombre, el hecho de que 20 siglos despu&eacute;s del cumplimiento del ardiente grito del Profeta \u2014cuando los cielos se han rasgado y Dios, revisti&eacute;ndose de un cuerpo humano, baj&oacute; y habit&oacute; entre su pueblo para renovar en cada uno de los hombres su imagen, grabada en el acto de la creaci&oacute;n, y para darle la dignidad de hijo suyo\u2014, que todav&iacute;a hoy, y quiz&aacute; m&aacute;s a&uacute;n que antes, el hombre se encuentre<i> en poder de su culpa,<\/i> y sufre dolorosamente las consecuencias de esta esclavitud? <\/p>\n<p>&iquest;En qu&eacute; medida el mundo y el hombre de hoy, su vida y actividad, sus instituciones saben expresar la verdad de que toda la realidad que nos rodea, y de modo especial el hombre, corona de la creaci&oacute;n, brotan del amor de Dios que lo abraza todo? &iquest;En qu&eacute; medida vosotros, ciudadanos d&eacute; Roma, fieles d&eacute; la Iglesia construida sobre el fundamento de los Ap&oacute;stoles y miembros de la comunidad parroquial dedicada a Santa Francisca Romana, en qu&eacute; medida<i> nosotros presentes aqu&iacute; <\/i>en este encuentro de Adviento, y todos nuestros hermanos y hermanas &quot;santificados en Cristo Jes&uacute;s, llamados a ser santos&quot; (<i>1 Cor<\/i> 1, 2), en qu&eacute; medida somos portadores y reveladores de este amor? &iquest;No estamos en poder de nuestra iniquidad? Un andar a la deriva que aleja de Dios y crea el pecado y el vac&iacute;o. &iquest;No somos testigos y frecuentemente v&iacute;ctimas de un pecado creciente y de sus consecuencias? De este &quot;pecado del mundo&quot; que obliga a Dios a alejarse del hombre y de sus problemas, como son hoy la indiferencia y el odio.<\/p>\n<p>Todo esto que con una fuerza tan grande, jam&aacute;s registrada hasta ahora, amenaza al hombre, a su &quot;ser hombre&quot; e incluso a su existencia, &iquest;acaso no es una se&ntilde;al y una advertencia urgente de que &eacute;ste no es el camino? Y las palabras: paz, justicia, amor, hoy tan frecuente y celosamente pronunciadas y divulgadas, quiz&aacute; como nunca hasta ahora, y que con tanta fatiga se abren camino hacia su realizaci&oacute;n, &iquest;acaso no son otra versi&oacute;n, m&aacute;s o menos consciente, de las palabras del Profeta que hemos le&iacute;do hoy: &quot;Se&ntilde;or, por qu&eacute; nos extrav&iacute;as de tus caminos y endureces nuestro coraz&oacute;n para que no te tema&quot; (<i>Is <\/i>63, 17)?<\/p>\n<p>4.&nbsp;Vengo a vosotros, queridos hermanos y hermanas, no para dibujar ante vuestros ojos una visi&oacute;n catastr&oacute;fica del hombre y del mundo. Pero a todos nosotros, que hemos cre&iacute;do en el Amor, no nos puede faltar hoy la valent&iacute;a y la agudeza del &quot;diagn&oacute;stico&quot; del Profeta de hace tantos siglos acerca de la verdad humana sobre el hombre. Efectivamente, cuando &eacute;ste se encuentre con valent&iacute;a y humildad con esta su verdad humana, entonces se abrir&aacute; tambi&eacute;n la verdad divina sobre &eacute;l.<\/p>\n<p>En el primer domingo de Adviento \u2014en el per&iacute;odo en que la Iglesia nos mostrar&aacute; de nuevo toda la historia de la salvaci&oacute;n, y en el per&iacute;odo en que se realizar&aacute;n &quot;las grandezas de Dios&quot;<i> (Act<\/i> 2, 11)\u2014, vengo para que, juntamente con vosotros y en conformidad con esta primera imagen delineada por el Profeta, repetir y confesar ante Dios con una particular convicci&oacute;n interna y con fe: T&uacute; eres nuestro Padre&quot;<i> (Is<\/i> 63, 16).<\/p>\n<p>5.&nbsp;Encontramos<i> la segunda imagen del Adviento<\/i> en la primera Carta a los Corintios.<\/p>\n<p>La imagen, que pertenece a la Nueva Alianza, nace de la realidad de la venida de Cristo y, al mismo tiempo, se abre hacia su Adviento definitivo.<\/p>\n<p>El fondo de esa imagen constituye la fundamental profesi&oacute;n de la fe del Profeta: &quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, eres nuestro Padre&quot;, verdad que es el &aacute;pice de la Revelaci&oacute;n ya en el Antiguo Testamento; pero su plena dimensi&oacute;n y significado fueron revelados &quot; al hombre en Cristo, al realizarse1&nbsp;su Adviento hist&oacute;rico.<\/p>\n<p>Al escuchar las palabras de San Pablo, con las que &eacute;l da gracias a Dios Padre por los fieles de la Iglesia de Corinto, que recibieron la fe mediante su servicio apost&oacute;lico, no podemos menos de pensar, con profunda emoci&oacute;n y preocupaci&oacute;n, en el<i> mismo don que hay en nosotros.<\/i> Juntamente con la fe hemos recibido en el bautismo toda la riqueza interior, las dotes espirituales y la garant&iacute;a de ser capaces de realizar lo que sin ese don es absolutamente inaccesible al hombre. Nuestra garant&iacute;a es Dios mismo, que permanece fiel a sus promesas, con tal de que el hombre no retire su fidelidad. Para nosotros es garant&iacute;a Cristo, que nos confirma hasta el fin para ser irreprensibles en el d&iacute;a de la segunda venida de nuestro Redentor (cf.<i> 1 Cor<\/i> 1, 8),<\/p>\n<p>No podemos pensar en este don sin un sentido de gratitud y de responsabilidad ante &eacute;l. Y por esto es necesario hacerse la pregunta: &iquest;Soy yo, quiero ser fiel a Dios para<i> hallarme irreprensible<\/i> en el encuentro definitivo con mi Redentor? He aqu&iacute; la pregunta m&aacute;s fundamental que me plantea este domingo, que me plantea mi Adviento de este a&ntilde;o. Teniendo asegurados por Dios todos los medios de la salvaci&oacute;n, debemos vigilar en la perspectiva del &uacute;ltimo Adviento, para no disipar las posibilidades puestas en nuestras manos y esperar con temor y temblor nuestra salvaci&oacute;n (cf.<i> Flp<\/i> 2, 1-2).&#8217;<\/p>\n<p>6. Tratemos de<i> sacar las conclusiones<\/i> de los textos de la liturgia de hoy.<\/p>\n<p>El modo justo<i> con que debemos vivir<\/i> el Adviento es el que se encierra en la segunda imagen.<\/p>\n<p><i>Pero<\/i>&nbsp;\u2014si, en conformidad con esta imagen, debemos de modo particular dar gracias a nuestro Dios por el don que nos ha sido dado en Cristo Jes&uacute;s\u2014,<i> al mismo tiempo<\/i> no puede ser para nosotros indiferente la imagen del Profeta, la imagen del &quot;alejamiento de Dios&quot;, causado por el pecado de la humanidad y por el olvido con relaci&oacute;n a El. Imagen que pertenece no s&oacute;lo al Antiguo Testamento, sino que tiene, a la vez, valor para hoy.<\/p>\n<p>Y&nbsp;por esto es necesario que viviendo el Adviento renazca<i> esa fe heroica,<\/i> que se manifiesta en las palabras del Profeta: &quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, eres nuestro Padre; tu nombre de siempre es &#8216;nuestro redentor&#8217;. Se&ntilde;or, &iquest;por qu&eacute; nos extrav&iacute;as de tus caminos y endureces nuestro coraz&oacute;n para que no te tema?&quot;<i> (Is<\/i> 63, 16-17).<\/p>\n<p>El hombre, cuando reconoce su debilidad, el error, cuando reconoce su pecado, debe a&ntilde;adir inmediatamente: &quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, eres nuestro Padre&quot;, y entonces su lamento: &quot;Se&ntilde;or, por qu&eacute; nos extrav&iacute;as de tus caminos&quot; es sincero, adquiere una fuerza de transformaci&oacute;n, se hace conversi&oacute;n. Toda reflexi&oacute;n sobre la miseria, la infidelidad, la desventura, el pecado del hombre, que profesa ante Dios: &quot;T&uacute; eres nuestro Padre&quot;, es creadora, no lleva a la depresi&oacute;n, a la desesperaci&oacute;n, sino al reconocimiento y a la aceptaci&oacute;n de Dios como Padre, por lo tanto, como amor que perdona y sana.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, con esta fe, que se manifiesta tambi&eacute;n mediante la confesi&oacute;n de los propios pecados va, por lo tanto, una ardiente esperanza: &quot;Jam&aacute;s o&iacute;do oy&oacute; ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en El&quot;<i>&nbsp;(Is<\/i>&nbsp;64, 3).<\/p>\n<p>Y&nbsp;de aqu&iacute; el grito; &quot;Vu&eacute;lvete por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad&quot;<i> (Is<\/i> 63, 17).<\/p>\n<p>7.&nbsp;&iquest;Cu&aacute;l debe ser, pues, nuestro Adviento? &iquest;Cu&aacute;l debe ser el Adviento de los hombres, del siglo XX, el Adviento vivido en esta parroquia?<\/p>\n<p>Debe unir en s&iacute; un nuevo deseo de acercamiento de Dios a la humanidad, al hombre, y la prontitud para vigilar, es decir, la disposici&oacute;n personal a estar cerca de Dios. &quot;Pero, &iquest;c&oacute;mo podremos alegrarnos en el Se&ntilde;or \u2014pregunta San Agust&iacute;n\u2014 si El est&aacute; tan lejos de nosotros? &iquest;Lejos? No. El no est&aacute; lejos, a menos que t&uacute; mismo le obligues a alejarse de ti. Ama y lo sentir&aacute;s cercano. Ama y El vendr&aacute; a habitar en ti&quot;<i> (Serm. <\/i>21, 1-4;<i> CCL<\/i> 41, 278).<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, con esta conciencia, hacemos nuestras y decimos con el coraz&oacute;n las palabras del Salmo responsorial: &quot;Pastor de Israel, escucha&#8230; resplandece&#8230; Despierta tu poder y ven a salvarnos. Dios de los ej&eacute;rcitos, vu&eacute;lvete: mira desde el cielo, f&iacute;jate; ven a visitar tu vi&ntilde;a&#8230; Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que t&uacute; fortaleciste. No nos alejaremos de ti; danos vida, para que invoquemos tu nombre&quot;<i> (Sal <\/i>80 [79], 2. 3. 15. 18-19).<\/p>\n<p>Este deseo se hace tanto m&aacute;s vivo, cuanto m&aacute;s profundamente volvemos a sentir &quot;la amenaza&quot; unida con el alejamiento de Dios.<\/p>\n<p>Y<i> la vigilancia<\/i> no es otra cosa que el esfuerzo sistem&aacute;tico para quedar cercanos a Dios y no permitir su alejamiento. Significa<i> estar constantemente dispuestos al encuentro.<\/i><\/p>\n<p>8.&nbsp;Este programa del Adviento lo anuncia el Evangelio de hoy. Este pasaje es el ep&iacute;logo del discurso escatol&oacute;gico que Jes&uacute;s pronunci&oacute; al dejar el templo, algunos d&iacute;as antes de su pasi&oacute;n y resurrecci&oacute;n. En este breve texto se repite cuatro veces la palabra &quot;vigilar&quot; o &quot;velar&quot;, y una vez &quot;estad atentos&quot;. &iexcl;Qu&eacute; elocuente es la &uacute;ltima frase: &quot;Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: velad&quot; <i>(Mc<\/i> 13, 37)!<\/p>\n<p>Cristo, pues, nos dice a todos, reunidos hoy aqu&iacute; para celebrar la Eucarist&iacute;a, dice a cada uno: &quot;Vigilad&quot;, porque es desconocido el momento, pero es seguro que vendr&aacute;. Lo m&aacute;s importante es la fidelidad a la tarea confiada y al don que nos hace capaces de realizarla. <i>A cada uno se le ha confiado un deber<\/i> que le es propio, esa &quot;casa&quot; de la que debe tener cuidado. Esta casa es cada uno de los hombres, es su familia, el ambiente en que vive, trabaja, descansa. Es la parroquia, la ciudad, el pa&iacute;s, la Iglesia, el mundo, del cual cada uno es corresponsable ante Dios y ante los hombres. &iquest;Cu&aacute;l es mi solicitud por esta &quot;casa&quot;, que me ha sido confiada, para que reine en ella el orden querido por Dios, que corresponde a las aspiraciones y a los deseos m&aacute;s profundos del hombre? &iquest;Cu&aacute;l es mi aportaci&oacute;n a esta obra, que exige un constante poner orden, renovaci&oacute;n, fidelidad? He aqu&iacute; nuestras preguntas y los deberes del Adviento.<\/p>\n<p>9.&nbsp;&quot;Mu&eacute;stranos, Se&ntilde;or, tu misericordia y danos tu salvaci&oacute;n&quot; (Canto antes del Evangelio).<\/p>\n<p>Lo que en nosotros hay de d&eacute;bil grita a tu misericordia, porque es m&aacute;s fuerte el deseo de tu salvaci&oacute;n:<\/p>\n<p>&quot;Nosotros somos la arcilla, y t&uacute; el alfarero&quot;.<\/p>\n<p>&iexcl;No nos pongamos en poder de nuestra culpa, que nuestras culpas no nos arrebaten como el viento!<\/p>\n<p>Danos el Adviento feliz, &quot;porque T&uacute; eres nuestro Padre&quot;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SANTA MAR&Iacute;A ROMANA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II I domingo de Adviento, 29 de noviembre de 1981 &nbsp; 1.&nbsp;Regem venturum Dominum, venite adoremus! 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