{"id":39705,"date":"2016-10-05T22:59:17","date_gmt":"2016-10-06T03:59:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-noviembre-de-1981-santa-misa-en-el-santuario-de-san-juan-bautista-de-la-salle\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:17","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:17","slug":"21-de-noviembre-de-1981-santa-misa-en-el-santuario-de-san-juan-bautista-de-la-salle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-noviembre-de-1981-santa-misa-en-el-santuario-de-san-juan-bautista-de-la-salle\/","title":{"rendered":"21 de noviembre de 1981, Santa Misa en el Santuario de San Juan Bautista de La Salle"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL SANTUARIO DE <br \/>SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE, ROMA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>S&aacute;bado 21 de noviembre de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>1. Es para m&iacute; motivo de gran alegr&iacute;a poderme encontrar con vosotros, en torno al altar del Se&ntilde;or, para celebrar la liturgia eucar&iacute;stica en la clausura del a&ntilde;o jubilar con el que se ha recordado la fundaci&oacute;n de este instituto, acaecida hace 300 a&ntilde;os en Reims, Francia, por obra de San Juan Bautista de La Salle.<\/p>\n<p>Para ser m&aacute;s preciso, la fecha fijada, como bien sab&eacute;is, era el 16 del pasado mes de mayo; pero la Divina Providencia, en la que el fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas cre&iacute;a firmemente y a la que se confiaba con extrema confianza, decidi&oacute; de otra manera. Pero apenas ha sido posible, no he dejado de cumplir la promesa, y he venido para tomar parte en vuestra alegr&iacute;a y para expresar el aprecio y la gratitud de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>Inspir&aacute;ndoos en los ejemplos y en la doctrina de San Juan Bautista de La Salle, aut&eacute;ntico genio de educador cristiano, hab&eacute;is extendido nada menos que a 82 naciones sus ideales y sus ansias apost&oacute;licas. El, en ese gran siglo que fue para Francia el &quot;Seiscientos&quot;, intuy&oacute; que era necesario ense&ntilde;ar sobre todo el arte de vivir cristianamente, y se dedic&oacute; al ideal de las escuelas cristianas con la intenci&oacute;n de dar a todos una s&oacute;lida cultura a la luz del Evangelio.<\/p>\n<p>Las innovaciones y las obras que &eacute;l realiz&oacute; est&aacute;n ah&iacute; para significar la grandeza de ese hombre inteligente y clarividente; la profundidad de la doctrina y la heroicidad de sus virtudes demuestran su santidad. Vosotros hab&eacute;is recogido con esp&iacute;ritu ardiente su preciosa herencia; el d&iacute;a de su muerte, acaecida en Rouen el 7 de abril de 1719, los Hermanos eran 101 y ten&iacute;an escuelas en varias regiones de Francia y una tambi&eacute;n en Roma, con aprobaci&oacute;n pontificia; hoy casi 11.000 Hermanos ense&ntilde;an en todas las partes de la tierra.<\/p>\n<p>Todo esto es para vosotros y para la Iglesia motivo de alegr&iacute;a y gratitud al Se&ntilde;or quien, a pesar de las dificultades y adversidades, ha mantenido viva la llama que encendi&oacute; el fundador y ha permitido continuar su obra tan necesaria y benem&eacute;rita.<\/p>\n<p>2. Este encuentro, solemne y significativo, nos ofrece la ocasi&oacute;n de meditar sobre las ense&ntilde;anzas de San Juan Bautista de La Salle, partiendo de la escena descrita por el Evangelio que acaba de ser proclamado.<\/p>\n<p>Se trata de un episodio que, a primera vista, puede desconcertar. Por una parte, se nota el afecto de Mar&iacute;a y de los parientes hacia Jes&uacute;s, los cuales le quieren, le siguen, viven en ansias por El, a veces incluso quedan perplejos ante sus discursos y su conducta; por otra parte, se ve la adhesi&oacute;n de las turbas a Jes&uacute;s, anhelantes de escuchar con atenci&oacute;n su palabra. Y Jes&uacute;s, cuando le anuncian que su Madre y sus parientes desean verle, echando una mirada sobre la muchedumbre, dice: &quot;&iquest;Qui&eacute;n es mi madre y mis hermanos? Quien hiciere la voluntad de Dios, &eacute;se es mi hermano, mi hermana y mi madre&quot;<i> (Mc<\/i> 3, 31-35). Jes&uacute;s con palabra serena parece apartarse de los afectos humanos y terrenos, para afirmar un tipo de parentesco espiritual y sobrenatural que deriva del cumplimiento de la voluntad de Dios. Ciertamente, Jes&uacute;s con esa frase no quer&iacute;a eliminar el propio amor a su Madre y a sus parientes, ni mucho menos negar el valor de los afectos familiares. M&aacute;s a&uacute;n, precisamente el mensaje cristiano subraya continuamente la grandeza y la necesidad de los v&iacute;nculos familiares. Jes&uacute;s quer&iacute;a, en cierto modo, anticipar o explicar la doctrina fundamental de la vid y los sarmientos, esto es, de la misma vida divina que pasa entre Cristo Redentor y el hombre redimido por su &quot;gracia&quot;. Al cumplir la voluntad de Dios, somos elevados a la dignidad suprema de la intimidad con El. Este fue el est&iacute;mulo continuo de vuestro santo fundador, quien a la hora de morir dijo todav&iacute;a: &quot;Adoro en todas las cosas la voluntad de Dios para conmigo&quot;, y este ideal nos lo se&ntilde;ala ahora con toda su carga espiritual. Se trata de descubrir cu&aacute;l es en efecto la voluntad del Alt&iacute;simo. En general, se puede decir que ante todo hacer la voluntad de Dios significa acoger el mensaje de luz y de salvaci&oacute;n anunciado por Cristo, Redentor del hombre. Efectivamente, si Dios ha querido entrar en nuestra historia, asumiendo la naturaleza humana, es signo cierto de que desea y quiere ser conocido, amado y seguido en su presencia hist&oacute;rica y concreta. Y, puesto que Dios es &quot;Verdad&quot; por esencia, al revelarse en la historia siempre mudable y contrastante, deb&iacute;a necesariamente, por la l&oacute;gica intr&iacute;nseca de la verdad, garantizar la Revelaci&oacute;n y la consiguiente Redenci&oacute;n mediante la Iglesia, compuesta de hombres, pero asistida por El mismo de modo particular, a fin de que la verdad revelada se mantuviese &iacute;ntegra y segura en las vicisitudes de los tiempos. San Juan Bautista de La Salle comprendi&oacute; perfectamente esta exigencia primera de la voluntad de Dios que es la fe en Cristo y en la Iglesia. Por tanto, quiso las &quot;Escuelas Cristianas&quot; para la educaci&oacute;n y formaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y de los j&oacute;venes en el &quot;encuentro con Cristo&quot;; y en el testamento espiritual ped&iacute;a a Dios la gracia de que la familia que hab&iacute;a fundado &quot;estuviese siempre sinceramente sometida al Papa y a la Iglesia Romana&quot;. Se trata de una ense&ntilde;anza muy v&aacute;lida tambi&eacute;n en nuestra &eacute;poca, en la que es necesario educar para descubrir y valorar todo lo que hay de bueno en las corrientes del pensamiento moderno, sin ceder, sin embargo, en nada acerca de lo que es patrimonio de la &quot;Verdad&quot;.<\/p>\n<p>Juntamente con la fe en Cristo, es tambi&eacute;n voluntad de Dios la vida de &quot;gracia&quot;, es decir, la pr&aacute;ctica de la &quot;ley moral&quot;, expresi&oacute;n precisamente de la voluntad divina en relaci&oacute;n con el ser racional y volitivo, creado a su imagen. Por desgracia, existe hoy la tendencia a eliminar el sentido de la culpa y de la realidad del pecado. En cambio, nosotros sabemos que la &quot;ley moral&quot; existe y que la preocupaci&oacute;n fundamental del hombre debe ser la de amar sinceramente a Dios, cumpliendo su voluntad, que constituye adem&aacute;s, realmente, la aut&eacute;ntica felicidad. Por, esto, la voluntad de Dios es vivir en &quot;gracia&quot;, lejos del pecado, y retornar a la &quot;gracia&quot; mediante el arrepentimiento y la confesi&oacute;n sacramental, si se hubiera perdido. Tambi&eacute;n &eacute;sta fue la intenci&oacute;n de San Juan Bautista de La Salle con la instituci&oacute;n de las Escuelas Cristianas: &quot;Estamos en este mundo &uacute;nicamente para salvarnos&quot;, escrib&iacute;a en sus &quot;Meditaciones sobre las principales fiestas del a&ntilde;o&quot;, e invitaba a pedir a la Virgen Sant&iacute;sima la gracia de poder evitar el mal.<\/p>\n<p>Finalmente, es sin duda voluntad de Dios el compromiso en la caridad. &quot;Si no tengo caridad \u2014escrib&iacute;a San Pablo\u2014, soy como bronce que resuena o c&iacute;mbalo que reti&ntilde;e&quot;. Y continuaba: &quot;Si teniendo tanta fe que trasladase los montes, si no tengo caridad, no soy nada&quot; <i>(1 Cor<\/i> 13, 1-2). Impulsado por este apasionado esp&iacute;ritu de caridad, San Juan Bautista de La Salle se dedic&oacute; a los muchachos, m&aacute;s pobres econ&oacute;mica, cultural y espiritualmente, e inculc&oacute; que bajo el vestido humilde y miserable se viese siempre a la persona de Cristo.<\/p>\n<p>El Santo fundador interpret&oacute; exactamente la afirmaci&oacute;n de Jes&uacute;s. Tambi&eacute;n os exhorto a vosotros a seguirlo siempre, en todo lugar, con amor, con fervor, con generosidad y alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>3. Querid&iacute;simos: Hoy, 21 de noviembre, fiesta de la Presentaci&oacute;n de Mar&iacute;a en el Templo, resulta espont&aacute;neo concluir esta homil&iacute;a recordando la tierna devoci&oacute;n que siempre cultiv&oacute; San Juan Bautista de La Salle hacia Mar&iacute;a Sant&iacute;sima y de la cual est&aacute;n llenas sus obras asc&eacute;ticas y pedag&oacute;gicas. Dec&iacute;a expl&iacute;citamente: &quot;Si tenemos una verdadera devoci&oacute;n a la Sant&iacute;sima Virgen, nada podr&aacute; faltarnos de cuanto sea necesario para nuestra salvaci&oacute;n&quot; (&quot;Meditaciones sobre las principales fiestas del a&ntilde;o&quot;), e insist&iacute;a particularmente sobre el rezo cotidiano del Rosario; deseaba que la jornada se concluyese con la oraci&oacute;n &quot;Mar&iacute;a, Mater gratiae&quot;, la &uacute;ltima que &eacute;l mismo rez&oacute; en el lecho de muerte.<\/p>\n<p>San Juan Bautista de La Salle os sirva de ejemplo y de gu&iacute;a en el compromiso por cumplir la voluntad de Dios y en el esfuerzo por adquirir una tierna y aut&eacute;ntica devoci&oacute;n a la Virgen, la cual no dejar&aacute; de conseguiros la perseverancia en el amor a Cristo y a los hermanos.<\/p>\n<p>Deseo a&ntilde;adir una palabra en la lengua de vuestro fundador, que es tambi&eacute;n la de algunos de vosotros. Todos, profesores, padres, alumnos, tened confianza en las capacidades de fe, del bien, del don de s&iacute; que duermen en el coraz&oacute;n de las j&oacute;venes generaciones, y es necesario despertar, reforzar y desarrollar de acuerdo con el amor exigente de Jesucristo, &quot;no como vasijas que se deben. llenar, sino como almas a las que hay que formar&quot;, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de San Juan Bautista de La Salle. Que este gran Santo os ilumine el camino y suscite nuevos hermanos para que por medio de vosotros y de ellos, la Iglesia de hoy prosiga con ardor su misi&oacute;n educadora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN EL SANTUARIO DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE, ROMA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 21 de noviembre de 1981 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. 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