{"id":39709,"date":"2016-10-05T22:59:21","date_gmt":"2016-10-06T03:59:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-de-la-salud-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:21","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:21","slug":"15-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-de-la-salud-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-de-la-salud-2\/","title":{"rendered":"15 de noviembre de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de Santa Mar\u00eda de la Salud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA MAR&Iacute;A DE LA SALUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 15 de noviembre de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querid&iacute;simos feligreses: <\/i><\/p>\n<p>1. &quot;Dichoso el que sigue los caminos del Se&ntilde;or&quot;<i>&nbsp;(Sal<\/i>&nbsp;127, 1). Con estas palabras de la sagrada liturgia os expreso la alegr&iacute;a de hallarme hoy entre vosotros, romanos del barrio de Primavalle, y de poderos manifestar personalmente mi profundo cari&ntilde;o, cumpliendo as&iacute; una promesa que hice a una representaci&oacute;n vuestra, en diciembre del a&ntilde;o pasado, con ocasi&oacute;n de la bendici&oacute;n en el Vaticano de la imagen de la Virgen de vuestro centro deportivo: les dije que vendr&iacute;a a visitaros en vuestra sede parroquial.<\/p>\n<p>Deseo, pues, saludar ante todo al cardenal Poletti y al obispo auxiliar de este sector de la di&oacute;cesis de Roma, mons. Remigio Ragonesi; al p&aacute;rroco, p. Cosma di Mambro, el cual, juntamente con sus hermanos de la Tercera Orden Regular, dirige esta parroquia, que desde hace 30 a&ntilde;os se ha convertido en punto de referencia espiritual y social para la poblaci&oacute;n de esta zona.<\/p>\n<p>Dirijo tambi&eacute;n un saludo cordial a todos los que trabajan y se prodigan por el anuncio del Evangelio, por la salvaci&oacute;n y la santificaci&oacute;n de las almas, y por la ayuda caritativa a quienes tienen necesidad de pan y de consuelo. En particular saludo a las Religiosas Sacramentinas de B&eacute;rgamo, a las de la Precios&iacute;sima Sangre de Monza, a las del Amor de Dios, a las Peque&ntilde;as Operarias de los Sagrados Corazones y a las Hijas de la Sabidur&iacute;a, cuyos benem&eacute;ritos institutos se dedican entre vosotros a la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os del jard&iacute;n de infancia y de los muchachos de las escuelas elementales, o atienden y acogen a los pobres y peregrinos; saludo tambi&eacute;n a los representantes del consejo pastoral, a los catequistas, a los varios grupos de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica y de otras asociaciones eclesiales, entre los cuales est&aacute;n el grupo<i>&nbsp;C&aacute;ritas<\/i>&nbsp;parroquial y el del Compromiso Misionero, la coral &quot;Canto Sacro&quot;, el grupo de monaguillos, el de las ACLI, el de Cruzada contra la blasfemia, el de Cristianos en la escuela, el de la prensa &quot;J&oacute;venes de Europa&quot;, y tantos otros.<\/p>\n<p>Hago extensivo mi saludo tambi&eacute;n a toda la gran familia parroquial, con un recuerdo especial a los ni&ntilde;os, que son el consuelo y la esperanza de la familia, a los enfermos y a las personas ancianas que sufren por las m&uacute;ltiples dificultades en que se encuentran, a causa de la enfermedad o de la soledad. A todos estrecho junto a mi coraz&oacute;n en el nombre de Cristo y de la Virgen Sant&iacute;sima de la Salud, vuestra celestial Patrona.<\/p>\n<p>2. &quot;Dichoso el hombre que teme al Se&ntilde;or&quot; (<i>Sal<\/i>&nbsp;127, 4). En la liturgia de este XXXIII domingo &quot;per annum&quot;, que nos prepara al Adviento ya cercano, la Iglesia nos llama a un vigilante y din&aacute;mico uso de los talentos que el Se&ntilde;or ha confiado a cada uno de nosotros, y a ser generosos en la correspondencia a las gracias y a los dones que El nos destina. Por esto, no son dignos del Se&ntilde;or la comunidad o el individuo que por miedo de comprometerse, se cierran en s&iacute; mismos y se desentienden de las realidades de este mundo. Precisamente en el Evangelio de hoy tenemos la actitud t&iacute;pica del que no hace fructificar los dones recibidos: &quot;Se&ntilde;or, sab&iacute;a que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces;<i>&nbsp;tuve miedo<\/i>&nbsp;y fui a esconder tu talento bajo tierra&quot; <i>(Mt<\/i>&nbsp;25, 24-25). &iquest;Se puede decir de &eacute;l que es &quot;dichoso&quot;, porque &quot;ha tenido miedo del Se&ntilde;or&quot;?<i>&nbsp;&iexcl;Ciertamente, no!<\/i>&nbsp;Lo dan a entender las mismas palabras de Cristo. Efectivamente, el Se&ntilde;or de la par&aacute;bola reprueba el comportamiento de ese siervo. Es un siervo &quot;negligente y holgaz&aacute;n&quot;, que no ha utilizado en absoluto su dinero, no lo ha explotado, sino que sin m&aacute;s lo ha desperdiciado. Y he aqu&iacute; lo que dice el Se&ntilde;or: &quot;Quitadle el talento y d&aacute;dselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dar&aacute; y le sobrar&aacute;; pero al que no tiene se le quitar&aacute; hasta lo que tiene&quot;<i>&nbsp;(Mt<\/i>&nbsp;25, 28-29). Esta par&aacute;bola de los talentos nos ense&ntilde;a<i>&nbsp;a distinguir el aut&eacute;ntico temor de Dios del falso.<\/i>&nbsp;El verdadero temor de Dios no es miedo, sino m&aacute;s bien don del Esp&iacute;ritu, por el cual se teme ofenderle, entristecerle y no hacer lo suficiente para ser fieles a su voluntad; mientras que el falso temor de Dios se funda sobre la desconfianza en El y sobre el mezquino c&aacute;lculo humano. Tiene verdadero temor de Dios el que &quot;sigue los caminos del Se&ntilde;or&quot;<i>&nbsp;(Sal<\/i>&nbsp;127, 1), tal como se manifest&oacute; en el comportamiento del primero y del segundo siervo, alabados ambos por el Se&ntilde;or con las palabras: &quot;Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te dar&eacute; un cargo importante&quot;<i>&nbsp;(Mt<\/i>&nbsp;25, 21 y 23).<\/p>\n<p>3.&nbsp;Pero, &iquest;cu&aacute;l es el significado de estos<i>&nbsp;talentos evang&eacute;licos<\/i>? Como es sabido, tienen un sentido anal&oacute;gico y, por esto, pueden prestarse a varias aplicaciones. La par&aacute;bola responde, ante todo, a las instancias del Reino: se enga&ntilde;an los que creen cumplir su deber con relaci&oacute;n a Dios, d&aacute;ndole lo que juzgan lo &quot;suyo&quot;, como dice el siervo holgaz&aacute;n &quot;aqu&iacute; tienes lo tuyo&quot;<i>&nbsp;(Mt<\/i>&nbsp;25, 25), es decir, sin pensar que se trata de una relaci&oacute;n existencia! en la que el hombre debe corresponder con la entrega total de s&iacute; mismo, sin soluciones de comodidad o de miedo. Efectivamente, la par&aacute;bola, insertada como est&aacute; en el contexto de la parus&iacute;a, hace pensar en la plenitud del Reino, como premio de una vigilancia que es espera operante y valiente, en vista de la cual no nos podemos contentar de conservar el tesoro, mucho menos cuando dejar infructuosos los dones de los diversos talentos es culpa que merece &quot;llanto y rechinar de dientes&quot;<i>&nbsp;(Mt <\/i>25, 30). Todo esto comporta para cada uno de los cristianos el compromiso de corresponder a las gracias divinas en orden a la perseverancia final, y exige tambi&eacute;n la voluntad de construir un mundo nuevo. Por ejemplo, en este barrio de Primavalle se trata de actuar para transformar cada vez m&aacute;s la parroquia en un centro de promoci&oacute;n espiritual, en una verdadera comunidad de creyentes que alaban al Se&ntilde;or y que, en su nombre, se aman mutuamente, sol&iacute;citos siempre los unos por las necesidades de los otros. Este esfuerzo mira a contribuir a la soluci&oacute;n de los m&aacute;s graves problemas sociales que agobian a los habitantes de esta zona, como los problemas de la vivienda, de la desocupaci&oacute;n, de la carencia de medios de transporte y de escuelas superiores, la tutela de los ciudadanos frente al fen&oacute;meno insistente de la violencia, de la droga y de las malas costumbres, que amenazan frecuentemente a los m&aacute;s d&eacute;biles, inexpertos e inocentes.<\/p>\n<p>4.&nbsp;Estos fen&oacute;menos negativos amenazan sobre todo la santidad e integridad de la familia. El pasaje del libro de los Proverbios y el Salmo responsorial, que hemos le&iacute;do hace poco, son muy instructivos a este respecto. En ellos se describe a la mujer ideal, en el seno de la familia, y se exaltan sus m&eacute;ritos y la alegr&iacute;a con que ella sabe colmar su hogar. Sus cualidades principales son: la laboriosidad, el inter&eacute;s por los pobres, la prudencia, la bondad y la donaci&oacute;n total al marido y a los hijos. De este modo ella, empleando sabiamente su talento, realiza con plenitud su vocaci&oacute;n de mujer en el &aacute;mbito de su familia y en el m&aacute;s amplio de la Iglesia y de la sociedad. En cualquier parte, gracias a la mujer que hace fructificar su talento de fe y de caridad operante, la familia, de la que ella es sabia custodia e inspiradora, y &quot;en la que distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabidur&iacute;a y a armonizar los derechos de las personas con las dem&aacute;s exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad&quot;<i>&nbsp;(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i>&nbsp;52).<\/p>\n<p>5.&nbsp;Por esto, de la liturgia de hoy nace una doble llamada a<i>&nbsp;permanecer en Cristo,<\/i>&nbsp;como hemos escuchado en el canto del Aleluya: &quot;S&eacute; fiel hasta la muerte, dice el Se&ntilde;or, y te dar&eacute; la corona de la vida eterna&quot;, y a <i>vigilar,<\/i>&nbsp;seg&uacute;n la palabra de San Pablo a los Tesalonicenses. Tambi&eacute;n aqu&iacute; retorna el tema general del empleo generoso de los talentos, dados por Dios. El cristiano no es aquel que pierde el tiempo discutiendo sobre el d&iacute;a y la hora de la venida del Se&ntilde;or, sino m&aacute;s bien aquel que, instruido por las palabras de Jes&uacute;s, vive en comuni&oacute;n con El, vigilando constantemente. Esta espera, para ser aut&eacute;ntica, debe ser operante. Pablo insiste a los Tesalonicenses para que sean activos en el bien: el bien concreto, el de cada d&iacute;a. Se salvar&aacute;n los que son vigilantes y sobrios, no los que duermen. Una certeza gu&iacute;a la vida del cristiano y determina su conducta: &iexcl;el S&eacute;&ntilde;or vendr&aacute;! Y no hay que considerar su venida solamente en t&eacute;rminos escatol&oacute;gicos, es decir, la que tendr&aacute; lugar al fin del mundo, sino tambi&eacute;n la que se realiza en nuestro tiempo y en nuestras vicisitudes cotidianas. De aqu&iacute; nace tambi&eacute;n nuestra responsabilidad ante el mundo por su paz y su seguridad (cf.<i>&nbsp;1 Tes<\/i>&nbsp;5, 3); pero no por &quot;esa paz que reina entre los hombres, infiel, inestable, mudable e incierta&#8230;, sino por la paz que proviene de Jerusal&eacute;n&quot;, como explica San Agust&iacute;n<i> (Enarr. in Ps..<\/i> 127, 16), esto es, por la paz que garantiza el Se&ntilde;or. Contin&uacute;a el Santo obispo de Hipona: &quot;Esta es la paz que os predicamos, la que nosotros mismos amamos y deseamos que am&eacute;is. Es una paz que conseguir&aacute;n los que en la tierra han sido pac&iacute;ficos. Para estar all&iacute; en la paz, es necesario ser pac&iacute;ficos aqu&iacute;. Estos pac&iacute;ficos se sientan alrededor de la mesa del Se&ntilde;or&quot;<i> (ib., <\/i>16)<\/p>\n<p>6. Querid&iacute;simos feligreses de Primavalle: Con esta paz en el coraz&oacute;n tambi&eacute;n nosotros nos acercamos ahora al santo altar para tomar parte en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Pidamos al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que dentro de poco se har&aacute; presente entre nosotros bajo las especies del pan y del vino, que confirme en nuestros corazones los deseos expresados en esta liturgia de la Palabra, y que se pueden resumir en el empe&ntilde;o cotidiano para saber valorar cada vez mejor y siempre m&aacute;s la funci&oacute;n insustituible de la familia en la Iglesia y en la sociedad contempor&aacute;nea. Pidamos que la espera activa y confiada del d&iacute;a del Se&ntilde;or sea tal que gu&iacute;e la vida y determine la conducta. Y finalmente, pidamos un empleo sabio de los talentos recibidos de Dios con amorosa confianza en el Padre, sin dejarnos llevar por el miedo del tercer siervo, porque el miedo en el cristiano no debe subsistir, habi&eacute;ndose convertido &eacute;l, con el bautismo, en hijo de Dios y coheredero de Cristo.<\/p>\n<p>Que las palabras del Se&ntilde;or: &quot;Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor&#8230;, pasa al banquete de tu Se&ntilde;or&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 21 y 23), se cumplan y se realicen tambi&eacute;n para cada uno de vosotros.<\/p>\n<p>Conf&iacute;o estos deseos a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima de la Salud. Ella os ayudar&aacute; a descubrir y a poner en juego todos vuestros talentos. Os ayudar&aacute; a hacer el mejor uso de ellos. Ella, que es salud de los enfermos, no dejar&aacute; de salvar vuestras almas y de llevaros a Jes&uacute;s, fruto bendito de su seno. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA MAR&Iacute;A DE LA SALUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 15 de noviembre de 1981 &nbsp; Querid&iacute;simos feligreses: 1. &quot;Dichoso el que sigue los caminos del Se&ntilde;or&quot;&nbsp;(Sal&nbsp;127, 1). 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