{"id":39712,"date":"2016-10-05T22:59:24","date_gmt":"2016-10-06T03:59:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-lorenzo-extramuros-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:24","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:24","slug":"1-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-lorenzo-extramuros-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-lorenzo-extramuros-2\/","title":{"rendered":"1 de noviembre de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Lorenzo Extramuros"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN LORENZO EXTRAMUROS<\/p>\n<p> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Solemnidad de Todos los Santos<br \/> Domingo 1 de noviembre de 1981 <\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;Estos son los que<i> vienen de la gran tribulaci&oacute;n:<\/i> han lavado y blanqueado sus mantos<i> en la sangre del Cordero&quot; (Ap<\/i> 7, 14).<\/p>\n<p>Es uno de los ancianos que est&aacute;n ante el trono del Alt&iacute;simo quien pronuncia estas palabras: las personas vestidas de blanco, a las que Juan ve con mirada prof&eacute;tica, son los<i> redimidos<\/i> y constituyen una &quot;muchedumbre inmensa&quot;, cuyo n&uacute;mero incalculable y cuya proveniencia es variad&iacute;sima. La sangre del Cordero que se ha inmolado por todos, ha ejercitado en cada &aacute;ngulo de la tierra su universal y eficac&iacute;sima virtud redentora, aportando gracia y salvaci&oacute;n a esa &quot;muchedumbre inmensa&quot;. Despu&eacute;s de haber pasado por las pruebas de esta vida y de ser purificados en la sangre de Cristo, ellos \u2014los redimidos\u2014 est&aacute;n a salvo en el Reino de Dios y lo alaban y bendicen por los siglos.<\/p>\n<p>Las palabras de la primera lectura de la liturgia de hoy expresan as&iacute;<i> la alegr&iacute;a escatol&oacute;gica de la salvaci&oacute;n <\/i>ya alcanzada, salvaci&oacute;n que es participada por personas &quot;de toda naci&oacute;n, razas, pueblos y lenguas&quot; (<i>Ap<\/i> 7, 9). Es la alegr&iacute;a de todos los santos, que est&aacute;n de pie &quot;delante del Cordero&quot; y gritan con voz potente: &quot;La salvaci&oacute;n es de nuestro Dios, que est&aacute; sentado en el trono, y del Cordero&quot;<i> <\/i> (<i>Ap<\/i> 7, 9-10).<\/p>\n<p><i>Por obra del Cordero,<\/i>&nbsp;que quita los pecados del mundo, todos ellos <i>participan de la santidad de Dios mismo.<\/i><\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Am&eacute;n! La bendici&oacute;n y la glor&iacute;a y la sabidur&iacute;a y la acci&oacute;n de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amen&quot;<i> (Ap<\/i> 7, 12).<\/p>\n<p>Al participar de la santidad de Dios mismo, todos aquellos a quienes la Iglesia recuerda hoy como &iacute;ntimamente asociados entre s&iacute; en la Comuni&oacute;n de los Santos<i> (Communio Sanctorum), participan al mismo tiempo de la gloria de Dios. Y gozan de su gloria.<\/i><\/p>\n<p>2. Entre ellos se encuentra el gran Santo a quien est&aacute; dedicada esta hist&oacute;rica bas&iacute;lica: Lorenzo, di&aacute;cono y m&aacute;rtir, del cual se glor&iacute;a la Iglesia Romana, igual que la Iglesia Jerosolimitana se glor&iacute;a de San Esteban, tambi&eacute;n di&aacute;cono y protom&aacute;rtir. Escribi&oacute; a este prop&oacute;sito San Le&oacute;n Magno: El Se&ntilde;or &quot;ha querido exaltar hasta tal punto su nombre glorioso en todo el mundo, que de Oriente a Occidente, con el fulgor viv&iacute;simo de la luz irradiada por los dos mayores di&aacute;conos, la misma gloria que le corresponde a Jerusal&eacute;n por Esteban, le corresponde tambi&eacute;n a Roma gracias a Lorenzo&quot; (<i>Homil&iacute;a <\/i>85, 4:<i> PL<\/i> 54, 486).<\/p>\n<p>Verdaderamente Lorenzo, igual que Esteban, pas&oacute;<i> &quot;por la gran tribulaci&oacute;n\u00bb<\/i> y lav&oacute; sus vestidos volvi&eacute;ndolos blancos<i> &quot;en la sangre del Cordero&quot;<\/i> (cf.<i> Ap<\/i> 7, 14). La historia nos confirma lo glorioso que es el nombre de Lorenzo, como es glorioso su sepulcro, junto al cual estamos reunidos ahora y sobre el cual se levanta el altar papal. Su solicitud por los pobres, su generoso servicio a la Iglesia de Roma en el importante sector de la asistencia y de la caridad, la fidelidad al Papa Sixto II, fidelidad que le impulsaba hasta quererlo seguir en la prueba suprema del martirio y el heroico testimonio de su sangre, entregada a Cristo unos d&iacute;as despu&eacute;s, son cosas universalmente conocidas, muy por encima de los detalles de la m&aacute;s conocida tradici&oacute;n iconogr&aacute;fica.<\/p>\n<p>Realmente Lorenzo pas&oacute; por la &quot;gran tribulaci&oacute;n&quot; y sali&oacute; victorioso de ella, de manera que su memoria es bendita por los siglos. &iquest;Cu&aacute;ntas son las iglesias, las parroquias, las capillas, las localidades que en el mundo llevan su nombre? &iquest;Cu&aacute;ntas son las iglesias dedicadas a &eacute;l en Roma? Quiero limitarme &uacute;nicamente a esta bas&iacute;lica que, a distancia de tantos siglos y despu&eacute;s de varias transformaciones e incluso destrucciones (por desgracia), nos lleva de nuevo con el pensamiento a aquella primitiva bas&iacute;lica que el Emperador Constantino &quot;fecit&#8230; Beato Laurentio martyri<i> via Tiburtina,<\/i> in agrum Veranum&quot;<i> (Liber Pontificalis).<\/i><\/p>\n<p>He dicho &quot;destrucciones&quot;, porque no puedo olvidar los grav&iacute;simos da&ntilde;os sufridos por este templo, como por toda la zona que le rodea del &quot;Barrio San Lorenzo&quot;, en el bombardeo del 19 de julio de 1943. Todav&iacute;a est&aacute; vivo el recuerdo de esa jornada dram&aacute;tica, cuando la blanca figura de P&iacute;o XII, acompa&ntilde;ado por aquel que, despu&eacute;s de 20 a&ntilde;os, ser&iacute;a su sucesor con el nombre de Pablo VI, apareci&oacute; inmediatamente entre la poblaci&oacute;n aterrada y asustada, llevando consuelo, esperanza y socorro en medio de las ruinas a&uacute;n humeantes. Ni olvido que esta misma bas&iacute;lica, siempre entra&ntilde;able para los Romanos Pont&iacute;fices, guarda en su hipogeo los restos mortales del Siervo de Dios P&iacute;o IX.<\/p>\n<p>3. Y he aqu&iacute; que, en este d&iacute;a solemne que hoy vive toda la Iglesia, Lorenzo, archidi&aacute;cono y m&aacute;rtir, testigo heroico de Cristo crucificado y resucitado, parece hablarnos con las palabras de la primera lectura de San Juan: &quot;&iexcl;Mirad qu&eacute; amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos!&quot;<i> (I Jn<\/i> 3, 1).<\/p>\n<p>En el cumplimiento de la salvaci&oacute;n eterna, en la gloria del reino celeste, se vuelve a confirmar y se realiza con definitiva plenitud<i> lo que hemos aceptado mediante la fe: &quot;ahora somos hijos de Dios&quot; (1 Jn <\/i>3, 2).<\/p>\n<p>Somos ya hijos de Dios mediante la gracia santificante durante el tiempo de la vida terrena al amparo de la fe. Pero todav&iacute;a no se ha manifestado en plenitud lo que un d&iacute;a seremos. Cuando le veamos como es El, nosotros seremos semejantes a El, lo mismo que el Hijo es semejante al Padre.<\/p>\n<p>As&iacute; parece hablarnos en esta venerable bas&iacute;lica, en cercan&iacute;a directa con el Campo Verano, San Lorenzo, di&aacute;cono y m&aacute;rtir romano, y juntamente con &eacute;l, nos hablan hoy todos los santos.<\/p>\n<p>Y despu&eacute;s a&ntilde;adamos a estas palabras de San Juan un ferviente est&iacute;mulo para todos nosotros, que en esta tierra &quot;peregrinamos mediante la fe y la esperanza&quot;. Parecen decirnos entonces: &quot;Todo el que tiene esta esperanza en El, se hace puro como puro es El&quot; (<i>1 Jn<\/i> 3, 3).<\/p>\n<p>4. La solemnidad de Todos los Santos lleva consigo una llamada particular a la santidad.<i> Debemos recordar que se trata de una llamada universal,<\/i> es decir, v&aacute;lida para todos los seres humanos sin distinci&oacute;n de edad, de profesi&oacute;n, de raza o de lengua. Como los salvados, as&iacute; tambi&eacute;n los llamados. Acoged esta llamada todos vosotros que form&aacute;is la comunidad parroquial del Pueblo de Dios que se re&uacute;ne en la bas&iacute;lica de San Lorenzo. El d&iacute;a de la celebraci&oacute;n de los Santos y de la santidad, es justa y oportuna esta llamada que, con el saludo m&aacute;s cordial, deseo dirigir ahora a cada uno de vosotros.<\/p>\n<p>Est&aacute; presente conmigo el se&ntilde;or cardenal Vicario de Roma, que siempre me acompa&ntilde;a en estas visitas pastorales, y con &eacute;l est&aacute; tambi&eacute;n el obispo auxiliar del sector Norte. Unido a ellos, hermanos y colaboradores m&iacute;os en el Episcopado, reanudo esta llamada a la santidad, que brota de la &iacute;ntima significaci&oacute;n eclesial y espiritual de la festividad de hoy, y la repito de forma y en tono de viv&iacute;sima exhortaci&oacute;n a todos los fieles de la parroquia. Esta, con relaci&oacute;n a otras parroquias de la Urbe, no es muy numerosa, pero cu&aacute;ntos problemas tiene y debe afrontar por la prevalencia en ella de los obreros y por su t&iacute;pica situaci&oacute;n en las inmediatas cercan&iacute;as del centro hist&oacute;rico, englobando en su &aacute;mbito \u2014adem&aacute;s del cementerio del Verano\u2014 importantes estructuras estudiantiles, cl&iacute;nicas y civiles.<\/p>\n<p>Me dirijo, ante todo, al rvdo. p&aacute;rroco, a los vicep&aacute;rrocos y a todos los hermanos de la comunidad capuchina, que est&aacute;n entregados en un delicado y no f&aacute;cil trabajo: para ellos el camino de la santidad est&aacute; vinculado no ya a la segregaci&oacute;n del mundo, sino a un multiforme y muy exigente apostolado en favor de muchos fieles que se hallan, a veces, en situaciones precarias y est&aacute;n sometidos, en no pocos casos, a dispersiones y peligros. Yo les digo &iexcl;&aacute;nimo!, asegur&aacute;ndoles mi aprecio, mi recuerdo y mi plegaria de comuni&oacute;n para ayuda de su trabajo que, precisamente a causa de las dificultades aludidas, es m&aacute;s meritorio y genuinamente evang&eacute;lico.<\/p>\n<p>Y recomiendo, despu&eacute;s, a todos los feligreses que correspondan con generosa disponibilidad a estas atenciones de sus sacerdotes, reaccionando contra las insidiosas amenazas de descristianizaci&oacute;n y demostrando con su vida ser dignos de las tradiciones cristianas que se centran en el nombre glorioso del Santo titular de esta bas&iacute;lica. Efectivamente, la vocaci&oacute;n a la santidad quiere decir poner en pr&aacute;ctica, en la realizaci&oacute;n de la propia existencia, los ejemplos y las ense&ntilde;anzas de Jesucristo. As&iacute; han hecho los santos, as&iacute; debemos hacer todos nosotros.<\/p>\n<p>5. En la solemnidad de Todos los Santos, pues, vivamos particularmente<i> la presencia de Cristo,<\/i> que se ha convertido en la causa de la salvaci&oacute;n eterna para todos los que han acogido el mensaje de su Evangelio de la cruz y de la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>El mismo Cristo no deja de decirnos a nosotros que vivimos en este mundo:<i> &quot;Venid a m&iacute; todos los que est&aacute;is fatigados y cargados, que yo os aliviar&eacute;&quot; (Mt<\/i> 11, 28).<\/p>\n<p>Que nuestro encuentro de hoy en torno a Cristo, el cual renueva en la Eucarist&iacute;a su muerte y resurrecci&oacute;n, pueda convertirse para todos \u2014fatigados y oprimidos\u2014 en la fuente de la esperanza.<\/p>\n<p>Que todos podamos encontrar en El el alivio y la gracia de la salvaci&oacute;n eterna. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN LORENZO EXTRAMUROS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de Todos los Santos Domingo 1 de noviembre de 1981 &nbsp; 1. &quot;Estos son los que vienen de la gran tribulaci&oacute;n: han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero&quot; (Ap 7, 14). 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