{"id":39716,"date":"2016-10-05T22:59:27","date_gmt":"2016-10-06T03:59:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-octubre-de-1981-inauguracion-del-ano-academico-de-los-centros-de-estudios-eclesiasticos-de-roma-2\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:27","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:27","slug":"23-de-octubre-de-1981-inauguracion-del-ano-academico-de-los-centros-de-estudios-eclesiasticos-de-roma-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-octubre-de-1981-inauguracion-del-ano-academico-de-los-centros-de-estudios-eclesiasticos-de-roma-2\/","title":{"rendered":"23 de octubre de 1981, Inauguraci\u00f3n del a\u00f1o acad\u00e9mico de los Centros de estudios eclesi\u00e1sticos de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LA INAUGURACI&Oacute;N DEL A&Ntilde;O ACAD&Eacute;MICO <br \/>DE LOS CENTROS DE ESTUDIOS ECLESI&Aacute;STICOS DE ROMA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Viernes 23 de octubre de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;Yo soy la vid verdadera&#8230; Permaneced en m&iacute;&quot;<i> (Jn<\/i> 15, 1. 4).<\/p>\n<p>Con estas palabras la Iglesia Romana saluda hoy a vuestra comunidad acad&eacute;mica, profesores y estudiantes de los Ateneos eclesi&aacute;sticos de Roma, que comenz&aacute;is el nuevo a&ntilde;o de trabajo. Estas palabras, tan conocidas, resuenan en esta liturgia de la Santa Misa de inauguraci&oacute;n. Cristo se las dirigi&oacute; a sus Ap&oacute;stoles el Jueves Santo. &iquest;Qu&eacute; quiso expresar entonces?<\/p>\n<p>Vali&eacute;ndose de una imagen, a la que el Antiguo Testamento hab&iacute;a recurrido muchas veces para indicar al Pueblo elegido y para lamentar los frutos no buenos que hab&iacute;a producido \u2014&iquest;qui&eacute;n no recuerda el texto de Isa&iacute;as: &quot;C&oacute;mo esperando que diese uvas, dio agrazones&quot; (5, 4)?\u2014, Jes&uacute;s se presenta a S&iacute; mismo como la &quot;verdadera vid&quot; que ha correspondido a los cuidados y a las esperanzas del Padre. Como vid lozana, Jes&uacute;s tiene sarmientos: est&aacute;n constituidos por aquellos que, mediante la fe y el amor, est&aacute;n vitalmente injertados en El. Con ellos se establece una circulaci&oacute;n de savia vital , que, si, por una parte,<i> es indispensable<\/i> para dar frutos (&quot;sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&quot;,<i> Jn<\/i> 15, 5), por otra,<i> comporta la exigencia<\/i> de manifestarse en frutos fecundos: todo sarmiento que no da fruto es echado fuera y quemado (cf.<i> Jn<\/i> 15, 6).<\/p>\n<p>De aqu&iacute;, el imperativo: &quot; Permaneced en m&iacute; y yo en vosotros&#8230; El que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l, &eacute;se da mucho fruto&quot;<i> (Jn<\/i> 15, 4-5). Jes&uacute;s mismo se preocupa de aclarar en qu&eacute; consiste este &quot;permanecer en El&quot;: consiste en el amor; pero un amor que no se agota en sentimentalismo, sino que se traduce en el testimonio concreto de cumplir los mandamientos.<\/p>\n<p>2. Este es, pues, en s&iacute;ntesis el contenido del denso pasaje evang&eacute;lico propuesto para esta liturgia. Pero se impone una segunda pregunta: si este sentido es v&aacute;lido para todos, <i>&iquest;qu&eacute; quiere expresar la Iglesia Romana<\/i> cuando al principio del nuevo a&ntilde;o acad&eacute;mico os saluda a vosotros, profesores y alumnos de los Ateneos eclesi&aacute;sticos, con las mismas palabras que Jesucristo dirigi&oacute; al c&iacute;rculo de sus disc&iacute;pulos m&aacute;s &iacute;ntimos?<\/p>\n<p><i>Todos sois disc&iacute;pulos de Cristo, <\/i>que escuchan sus palabras en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX. Pero sois una comunidad particular de disc&iacute;pulos de Cristo. Algunos de vosotros, disc&iacute;pulos de este &uacute;nico Maestro, son, al mismo tiempo maestros, docentes, profesores. Otros son estudiantes, en diversas etapas de los estudios y con diversos rumbos en la investigaci&oacute;n teol&oacute;gica y cient&iacute;fica.<\/p>\n<p>Y sois una comunidad caracterizada por la presencia de personas provenientes de todas las partes del mundo. Quiz&aacute; no haya otro centro de estudios, en el que la catolicidad de la Iglesia se transparente de manera tan clara. Se puede decir que cada naci&oacute;n de la tierra est&aacute; representada aqu&iacute; y frecuentemente en formas de convivencia comunitaria, que permiten a cada uno insertarse m&aacute;s f&aacute;cilmente en el nuevo ambiente, sin perder la propia identidad de donde proviene. Est&aacute;n representados, adem&aacute;s, entre vosotros todos los sectores del Pueblo de Dios: sacerdotes diocesanos y regulares, religiosas y laicos, almas de vida contemplativa y almas que se preparan a asumir tareas de apostolado activo.<\/p>\n<p>Ahora bien, la pregunta es:<i> &iquest;Qu&eacute; significa para vosotros,<\/i> para los unos y para los otros, &quot;permanecer en Cristo como el sarmiento permanece en la vid&quot;? &iquest;Qu&eacute; significa: &quot;dar fruto, como lo da el sarmiento en cuanto permanece en la vid&quot;? &iquest;Acaso no se trata de interpelar a toda vuestra existencia, que debe dejarse invadir cada vez m&aacute;s por la savia de la gracia que promana de Cristo, para poderse abrir a la revelaci&oacute;n de sus misterios? Vivir la uni&oacute;n con Cristo, mediante la fe que act&uacute;a por el amor, es la condici&oacute;n ineludible para progresar en el conocimiento de la verdad de Dios, que en el Verbo Encarnado ha salido al encuentro de nuestra hambre de respuestas seguras y satisfactorias. Est&aacute; escrito: &quot;Si permanec&eacute;is en mi palabra&#8230; conocer&eacute;is la verdad&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 31-32). Efectivamente, &quot;el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor&quot; (<i>1 Jn <\/i>4, 8).<\/p>\n<p>He aqu&iacute;, pues, el fruto que est&aacute;is llamados a dar mediante la cotidiana fatiga del estudio: el conocimiento cada vez m&aacute;s profundo del &quot;misterio tenido secreto en los tiempos eternos, pero manifestado ahora mediante el cual la mente humana, forme a la disposici&oacute;n de Dios&quot; <i>(Rom<\/i> 16, 25-26). &iquest;No consiste en esto la tarea de la teolog&iacute;a? En efecto, es un proceso cognoscitivo mediante el cual la mente humana, iluminada por la fe y estimulada por el amor, avanza en los campos inmensos, que la Revelaci&oacute;n divina le ha abierto delante de par en par.<\/p>\n<p>3. Es oportuno detenernos un momento aqu&iacute; para reflexionar. La inmensidad de Dios se nos ha entregado en la limitaci&oacute;n de la palabra humana, lo mismo que la Persona del Verbo, al encarnarse, se ha cerrado en la limitaci&oacute;n de una naturaleza humana. La teolog&iacute;a no debe olvidarlo. Su dedicaci&oacute;n al estudio de la palabra, de la imagen, de la proposici&oacute;n, contenidas en los Libros sagrados, no debe ser otra cosa que un camino hacia la Infinitud, que se nos ha comunicado en estos elementos.<\/p>\n<p>Por tanto, la teolog&iacute;a deber&aacute; <i>fundarse<\/i> continuamente<i> en el conjunto de la Revelaci&oacute;n,<\/i> tratando de orientarse seg&uacute;n las l&iacute;neas de fondo que han guiado su desarrollo hacia el cumplimiento y la plenitud, que es Cristo. Esto no excluye que se pueda dedicar a un aspecto particular del mensaje revelado, sin tener una atenci&oacute;n ulterior, expl&iacute;cita, a todo el arco de su horizonte. La especializaci&oacute;n es una consecuencia de la finitud de nuestro entendimiento y es, por lo tanto, leg&iacute;tima incluso en la ciencia teol&oacute;gica. Pero ser&aacute; necesario conservar siempre viva la conciencia del hecho de que a la limitaci&oacute;n de las fuerzas humanas no corresponde (como en otras ciencias) la limitaci&oacute;n del objeto. La tensi&oacute;n, pues, del trabajo teol&oacute;gico no corre en la direcci&oacute;n de una cada vez m&aacute;s minuciosa fragmentaci&oacute;n, sino, al contrario, avanza en la direcci&oacute;n de la s&iacute;ntesis, que nos ha sido ofrecida de manera divinamente insuperable en la persona de Cristo.<\/p>\n<p>La investigaci&oacute;n teol&oacute;gica, en el prop&oacute;sito de escrutar el &quot;misterio de Dios&quot;, deber&aacute; mantenerse, adem&aacute;s, constantemente abierta a las<i> indicaciones que le vienen de los &quot;signos de los tiempos&quot;.<\/i> Esto no significa que deba preocuparse de ir servilmente al paso de las modas del momento. Significa, en cambio, que debe esforzarse para recoger con d&oacute;cil prontitud &quot;lo que el Esp&iacute;ritu dice a las Iglesias&quot; (<i>Ap<\/i> 2, 7) tambi&eacute;n en el curso de nuestra generaci&oacute;n, tratando de interpretar las indicaciones que, bajo su acci&oacute;n, surgen de las esperanzas de los pueblos, de los sufrimientos de los pobres, de los descubrimientos de la ciencia, de las propuestas de los santos.<\/p>\n<p>Tarea de una teolog&iacute;a madura es, finalmente, la de<i> leer el presente a la luz de la Tradici&oacute;n,<\/i> de la cual la Iglesia es depositar&iacute;a. La Tradici&oacute;n es vida: en ella se expresa la riqueza del misterio cristiano, manifestando poco a poco, en contacto con las cambiantes vicisitudes de la historia, las virtualidades impl&iacute;citas en los valores perennes de la Revelaci&oacute;n. El te&oacute;logo que desee ofrecer una respuesta aut&eacute;nticamente cristiana &aacute; las preguntas de sus contempor&aacute;neos, no podr&aacute; menos que sacarla de esta fuente.<\/p>\n<p>4. He hablado directamente de la teolog&iacute;a, pero no he intentado con esto quitar nada a la importancia de las otras disciplinas, que se cultivan oportunamente en vuestros Ateneos. Cada una de ellas tiene su preciso papel que desarrollar en la econom&iacute;a general de los estudios eclesi&aacute;sticos. M&aacute;s a&uacute;n, me resulta muy propicia la oportunidad para dirigir a cada uno una cordial exhortaci&oacute;n a proseguir con sol&iacute;cito empe&ntilde;o en el propio ramo del saber, ya que de la aportaci&oacute;n de todos la Iglesia podr&aacute; sacar el m&aacute;ximo beneficio para su acci&oacute;n de evangelizaci&oacute;n y de promoci&oacute;n, humana en el mundo.<\/p>\n<p>Si me he detenido a hablar de modo particular de la teolog&iacute;a, es porque veo en ella como<i> el eje central,<\/i> en torno al cual gira en su conjunto el esfuerzo de investigaci&oacute;n que se desarrolla en la Iglesia. Efectivamente, hay disciplinas que predisponen y preparan para la teolog&iacute;a, como es el caso, por ejemplo, de la filosof&iacute;a, a la que compete, quedando siempre a salvo su autonom&iacute;a, asegurar los instrumentos racionales indispensables para toda investigaci&oacute;n teol&oacute;gica. Por lo dem&aacute;s, &iquest;no afirmaba Santo Tom&aacute;s que la metaf&iacute;sica &quot;tota ordinatur ad Dei cognitionem sicut ad ultimum finem, unde et scientia divina nominatur&quot; (<i>C. Gen.,<\/i> III. c. 25)?<\/p>\n<p>Hay tambi&eacute;n otras disciplinas que, al tener en la teolog&iacute;a su fundamento natural, constituyen un desarrollo y una derivaci&oacute;n de ella. Pienso, por ejemplo, en el derecho can&oacute;nico, al que compete ilustrar la dimensi&oacute;n institucional de la Iglesia, mostrando c&oacute;mo las estructuras jur&iacute;dicas brotan de toda la naturaleza del misterio cristiano. Y pienso tambi&eacute;n en la historia eclesi&aacute;stica, que no puede contentarse con exponer los meros aspectos pol&iacute;tico-sociales de la vida de la Iglesia, o reducirse a relatar las acciones u omisiones de los representantes de la jerarqu&iacute;a, sino que debe, en cambio, dar cuenta del camino realizado por todo el Pueblo de Dios en las v&iacute;as de la historia, poniendo de relieve la novedad que el fermento evang&eacute;lico ha sabido suscitar en las vicisitudes milenarias de la humanidad.<\/p>\n<p>5. Se trata de simples alusiones, pero creo que son suficientes para entrever el edificio armonioso que constituye el conjunto de las disciplinas, en las que se centran vuestros intereses. Un &quot;edificio&quot;. El pensamiento nos lleva espont&aacute;neamente a esa &quot;piedra angular&quot;, de la que nos ha hablado en su primera Carta el Ap&oacute;stol Pedro, el Fundador de esta Iglesia de Roma. Esa &quot;piedra viva, rechazada por los hombres, pero por Dios escogida, preciosa&quot;<i> (1 Pe<\/i> 2, 4).<\/p>\n<p><i>&iexcl;Jesucristo: verdadera vid!<\/i><\/p>\n<p><i>&iexcl;Jesucristo: piedra angular!<\/i><\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo cumplir&eacute;is vosotros, queridos profesores y estudiantes, en el curso de toda la vida y particularmente en el curso de este a&ntilde;o, la tarea de construir precisamente sobre esta piedra angular, que es Cristo?<\/p>\n<p>El mismo Ap&oacute;stol Pedro os sugiere la respuesta: comprometi&eacute;ndoos a formar &quot;un edificio espiritual, por medio de un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por Jesucristo&quot; (<i>1 Pe<\/i> 2, 5). En otras palabras: comprometi&eacute;ndoos a &quot;hacer Iglesia&quot; juntamente con los Pastores, que Cristo ha puesto entre vosotros.<\/p>\n<p>&quot;Hacer Iglesia&quot;: &iexcl;Esta es la consigna! Y esto en el doble sentido de vivir en comuni&oacute;n fraterna de pensamientos, de sentimientos, de trabajo, sostenidos por el mismo ideal y tendiendo juntos a la misma meta; y &quot;hacer Iglesia&quot; poni&eacute;ndoos vosotros mismos constantemente en el contexto de toda la comunidad eclesial, esto es, viendo en vuestra tarea un servicio que deb&eacute;is hacer a los hermanos, los cuales esperan de vosotros que los gui&eacute;is a una comprensi&oacute;n m&aacute;s amplia y profunda de la riqueza infinita de la Verdad divina.<\/p>\n<p>Una viva conciencia eclesial ser&aacute;, por encima de todo, el criterio m&aacute;s seguro para salvaguardaros del peligro de construir sobre un fundamento diverso del que ha sido puesto por Dios. Efectivamente, no se puede ocultar \u2014y los hechos lo confirman\u2014 que por desgracia es posible encontrar no la &quot;piedra angular&quot;, sino &quot;una piedra de tropiezo y roca de esc&aacute;ndalo&quot; (<i>1 Pe<\/i> 2, 8) a causa de una actitud de desobediencia hacia la Palabra (cf.<i> ib.),<\/i> anunciada autorizadamente en la Iglesia.<\/p>\n<p>6.&nbsp;Estamos aqu&iacute;, esta tarde, reunidos en oraci&oacute;n para pedir a Dios que no suceda esto, sino que, en cambio, cada uno de vosotros pueda dar en Jesucristo un particular<i> fruto de ese conocimiento<\/i> que nace de la fe animada por el amor, contribuyendo as&iacute; a<i> construir la Iglesia.<\/i><\/p>\n<p>Vosotros que, mediante la gracia del bautismo os hab&eacute;is convertido ya en &quot;linaje escogido, sacerdocio real, naci&oacute;n santa, pueblo adquirido por Dios&quot;<i> (1 Pe<\/i> 2, 9), mediante toda esta labor cognoscitiva que os es propia, tanto como cient&iacute;ficos y profesores cuanto como estudiantes, est&aacute;is llamados a proclamar &quot;el poder del que os llam&oacute; de las tinieblas a su luz admirable&quot; (<i>1 Pe 2,<\/i> 9).<\/p>\n<p>Sed conscientes de que de &eacute;ste modo form&aacute;is parte del Pueblo de Dios y que esto es vuestra singular parcela y vuestra heredad en este mismo Pueblo de Dios. Sed conscientes de que cultivando esta parcela y esta heredad, ser&eacute;is los que han &quot;alcanzado misericordia&quot; (<i>1 Pe <\/i>2, 10).<\/p>\n<p>7.&nbsp;Como Obispo de esta Iglesia, que est&aacute; en Roma y que se alegra por la presencia de vuestra comunidad acad&eacute;mica, considero particular deber de mi ministerio en esta sede,<i> comenzar<\/i> este nuevo a&ntilde;o de trabajo<i> juntamente con vosotros<\/i> ante el altar de la bas&iacute;lica de San Pedro.<\/p>\n<p>Durante esta lit&uacute;rgica eucar&iacute;stica rezamos al Esp&iacute;ritu Santo con las siguientes palabras:<\/p>\n<p>&quot;Infunde en nosotros, Se&ntilde;or, el Esp&iacute;ritu de entendimiento, de verdad y de paz, a fin de que nos esforcemos en conocer lo que te agrada, para realizarlo en la unidad y en la concordia&quot; (Oraci&oacute;n colecta).<\/p>\n<p>&quot;Mira, oh Dios misericordioso, nuestras ofrendas y oraciones, y conc&eacute;denos comprender la verdad y el bien como resplandece a tus ojos, y testimoniarlo con libertad evang&eacute;lica&quot; (Oraci&oacute;n sobre las ofrendas).<\/p>\n<p>&quot;Padre santo, tu Esp&iacute;ritu que act&uacute;a en estos, misterios nos confirme en tu voluntad y nos haga ante todos testigos de tu Evangelio&quot; (Despu&eacute;s de la comuni&oacute;n).<\/p>\n<p>&quot;&#8230;Honor, pues para vosotros los creyentes&quot;<i> (1 Pe<\/i> 2, 7).<\/p>\n<p>&#8230;&quot;En esto ser&aacute; glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto&quot;<i> (Jn <\/i>15, 8).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LA INAUGURACI&Oacute;N DEL A&Ntilde;O ACAD&Eacute;MICO DE LOS CENTROS DE ESTUDIOS ECLESI&Aacute;STICOS DE ROMA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Viernes 23 de octubre de 1981 &nbsp; 1. &quot;Yo soy la vid verdadera&#8230; Permaneced en m&iacute;&quot; (Jn 15, 1. 4). 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