{"id":39723,"date":"2016-10-05T22:59:34","date_gmt":"2016-10-06T03:59:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1981-proclamacion-de-cinco-nuevos-beatos\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:34","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:34","slug":"4-de-octubre-de-1981-proclamacion-de-cinco-nuevos-beatos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1981-proclamacion-de-cinco-nuevos-beatos\/","title":{"rendered":"4 de octubre de 1981, Proclamaci\u00f3n de cinco nuevos beatos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">BEATIFICACI&Oacute;N DE LOS SIERVOS DE DIOS <br \/> ALAIN SE SOLMINIHAC, LUIS SCROSOPPI, RICARDO PAMPURI, <br \/> CLAUDINA TH&Eacute;VENET Y MAR&Iacute;A REPETTO&nbsp; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 4 de octubre de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Hermanos y hermanas querid&iacute;simos:<\/i><\/p>\n<p>1. &iexcl; Hoy es un d&iacute;a de sincero j&uacute;bilo y de ferviente alegr&iacute;a para el Pueblo de Dios! Toda la Iglesia se arrodilla para venerar a tres de sus hijos y a dos de sus hijas, que realizaron de manera heroica en su vida terrena, d&iacute;a tras d&iacute;a, las exigencias del mensaje del Evangelio. &iexcl;La Iglesia, santificada por la sangre de su Esposo, Cristo, se ha convertido en madre de Santos y de Santas! Y en este d&iacute;a tiene el &iacute;ntimo orgullo de presentar al mundo contempor&aacute;neo <i>cinco nuevos Beatos,<\/i> testigos de su perenne, inagotable, juvenil vitalidad, y portadores de ese<i> mensaje de alegr&iacute;a,<\/i>&nbsp;que es t&iacute;pico del anuncio<i> <\/i>del<i> <\/i>Evangelio.<\/p>\n<p>Y en el signo de esta<i> alegr&iacute;a cristiana<\/i> escucharemos el mensaje que los nuevos cinco Beatos nos entregan hoy, para que lo sepamos hacer nuestro, realiz&aacute;ndolo en nuestra vida y lo transmitamos, as&iacute;, en su autenticidad a la sociedad de hoy<i>, <\/i>que<i> <\/i> est&aacute; en continua b&uacute;squeda<i> <\/i>del<i> <\/i>Absoluto.<\/p>\n<p>2. ALAIN DE SOLMINIHAC, nacido de antigua familia del P&eacute;rigord cuyo lema era &quot;Fe y valor&quot;,<i> <\/i>so&ntilde;&oacute;<i> <\/i>primero en los Caballeros de Malta. Pero en 1613, a la edad<i> <\/i> de veinte a&ntilde;os, decidi&oacute; entrar en la abad&iacute;a<i> <\/i>de<i> <\/i>Chancelade, cerca de P&eacute;rigueux,<i> <\/i>de<i> <\/i>los Can&oacute;nigos Regulares<i> <\/i> de San Agust&iacute;n. Tras la ordenaci&oacute;n, prosigui&oacute; estudios de teolog&iacute;a y espiritualidad en Par&iacute;s. En la Epifan&iacute;a de 1623 recibi&oacute; la bendici&oacute;n abacial y emprendi&oacute; valientemente la restauraci&oacute;n material y espiritual de la abad&iacute;a. Era la &eacute;poca de la puesta en pr&aacute;ctica del Concilio de Trento. Su ejemplo tuvo gran resonancia en la regi&oacute;n y fuera de<i> <\/i> ella<i>. <\/i> En este momento quisiera hacer notar que este gu&iacute;a de vida evang&eacute;lica puede iluminar singularmente a los institutos religiosos de nuestro tiempo. Alcanzados &eacute;stos inevitablemente por las mutaciones socio-culturales de hoy, deben afrontar el reto de no hacerse ins&iacute;pidos o incluso diluirse, renovando la fidelidad a la &quot;v&iacute;a estrecha&quot; ense&ntilde;ada por Jesucristo y caracterizada para siempre por la opci&oacute;n consciente y permanente de la pobreza, castidad y obediencia consagradas. La experiencia de Alain de Solminihac recuerda oportunamente a todos los religiosos el valor y la fecundidad de su oblaci&oacute;n radical, sostenida por la observancia de la regla, la mortificaci&oacute;n y la vida en comunidad. Pido al nuevo Beato que les contagie su fervor asc&eacute;tico.<\/p>\n<p>En 1636 la fama de celo y santidad del abad de Chancelade hizo que el Papa Urbano VIII le nombrara obispo de Cahors. Admirador ferviente de la pastoral conciliar del santo arzobispo de Mil&aacute;n, Carlos Borromeo, mons. de Solminihac tom&oacute; tambi&eacute;n &eacute;l la decisi&oacute;n de dar a su di&oacute;cesis la fisonom&iacute;a y vitalidad demandadas por el Concilio de Trento. Sus veintid&oacute;s a&ntilde;os de episcopado en el Quercy fueron un despliegue incesante de actividades importantes y eficaces: convocaci&oacute;n del S&iacute;nodo diocesano, instauraci&oacute;n de un consejo episcopal semanal, visita sistem&aacute;tica a las ochocientas parroquias de la di&oacute;cesis, a cada una de las cuales acudir&aacute; nueve veces, creaci&oacute;n de un seminario que confi&oacute; a los pa&uacute;les, multiplicaci&oacute;n de las misiones parroquiales, desarrollo del culto eucar&iacute;stico en un tiempo en que el jansenismo comenzaba a extenderse, promoci&oacute;n o fundaci&oacute;n de obras caritativas para ancianos y hu&eacute;rfanos, enfermos y v&iacute;ctimas de la peste. Tres a&ntilde;os antes de la muerte, &eacute;l mismo predicaba el Jubileo de 1656 con dos objetivos: convertir a su pueblo y sensibilizarlo sobre la misi&oacute;n particular del Obispo de Roma, custodio de la comuni&oacute;n entre las Iglesias. En una palabra, la frase del Salmo 69 &quot;Me consume el celo de tu casa&quot;, podr&iacute;a resumir perfectamente la vida pastoral de este obispo del siglo XVII. La figura eminente de Alain de Solminihac bien se merec&iacute;a que la pusiera en el candelero la Iglesia a quien hab&iacute;a servido tan ardientemente. Ojal&aacute; los obispos de Francia y de todos los pa&iacute;ses encuentren en la vida del Beato Alain de Solminihac, valent&iacute;a para evangelizar sin miedo el mundo contempor&aacute;neo.<\/p>\n<p>3. LUIS SCROSOPPI, de Udine, ordenado sacerdote en , 1827, se entrega a un apostolado incansable, animado e impulsado por la caridad de Cristo. Instituye la &quot;Casa de las abandonadas&quot; o &quot;Instituto de la Providencia&quot;, para la formaci&oacute;n humana y cristiana de las muchachas; abre la &quot;Casa provvedimento&quot; para las ex-alumnas sin trabajo; da comienzo a la Obra en favor de las sordomudas, y funda las religiosas de la Providencia bajo la protecci&oacute;n de San Cayetano. El padre Luis ingresa en la congregaci&oacute;n del Oratorio y la convierte en un din&aacute;mico centro de irradiaci&oacute;n de vida espiritual.<\/p>\n<p>En su vida, gastada totalmente por las almas, tuvo tres grandes amores: Jes&uacute;s; la Iglesia y el Papa; los &quot;peque&ntilde;os&quot;.<\/p>\n<p>Desde muy joven, elige a Cristo como Maestro y lo ama, contempl&aacute;ndolo pobre y humilde en Bel&eacute;n; trabajador en Nazaret; paciente y v&iacute;ctima en Getseman&iacute; y en el G&oacute;lgota; presente en la Eucarist&iacute;a. &quot;Quiero serle fiel \u2014escribe\u2014 unido perfectamente a El en el camino del cielo y llegar a ser una copia suya&quot;.<\/p>\n<p>Su amor a la Iglesia se manifiesta en la fidelidad completa a las leyes eclesi&aacute;sticas; en su apostolado, que no conoce pausas o vacilaciones; en la d&oacute;cil aceptaci&oacute;n del Magisterio.<\/p>\n<p>El padre Scrosoppi gast&oacute; literalmente toda su vida en el ejercicio de la caridad para con el pr&oacute;jimo, especialmente con los m&aacute;s peque&ntilde;os y los m&aacute;s abandonados. Distribuy&oacute; a los pobres sus numerosos bienes patrimoniales. &quot;Los pobres y los enfermos son nuestros due&ntilde;os y representan la persona misma de Jesucristo&quot;: son palabras suyas; pero son tambi&eacute;n, y mucho m&aacute;s, su vida.<\/p>\n<p>En la base de su m&uacute;ltiple actividad pastoral y caritativa hay una profunda interioridad; su jornada es una<i> continua oraci&oacute;n:<\/i> meditaci&oacute;n, visitas al Sant&iacute;simo Sacramento, rezo del Breviario, &quot;Via Crucis&quot; diario, Rosario y, finalmente, larga oraci&oacute;n nocturna; dando de este modo a los fieles, a los sacerdotes y a los religiosos un luminoso y eficaz ejemplo de<i> equilibrada s&iacute;ntesis entre vida contemplativa y vida activa.<\/i><\/p>\n<p>4. HERMINIO FELIPE PAMPURI, el d&eacute;cimo de once hijos, a los 24 a&ntilde;os es m&eacute;dico rural y a los 30 entra en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (Fatebenefratelli). Tres a&ntilde;os despu&eacute;s mor&iacute;a.<\/p>\n<p>Es una figura extraordinaria, cercana a nosotros en el tiempo, pero m&aacute;s cercana a&uacute;n a nuestros problemas y a nuestra sensibilidad. Nosotros admiramos en Herminio Felipe, que en la Orden se llam&oacute; fray Ricardo Pampuri, al joven laico cristiano, empe&ntilde;ado en dar testimonio dentro del ambiente estudiantil, como miembro activo del c&iacute;rculo universitario &quot;Severino Boecio&quot; y socio de la Conferencia de San Vicente de Pa&uacute;l; al m&eacute;dico din&aacute;mico, animado por una intensa y concreta caridad hacia los enfermos y los pobres, en los cuales entrev&eacute; el rostro de Cristo paciente. Realiz&oacute; literalmente las palabras que escribi&oacute; a su hermana religiosa, cuando era m&eacute;dico rural: &quot;Ruega para que la soberbia, el ego&iacute;smo y cualquier otra pasi&oacute;n no puedan impedirme ver siempre a Jes&uacute;s paciente en mis enfermos, cuidarle, confortarle. &iexcl;Con este pensamiento siempre vivo en la mente, qu&eacute; suave y qu&eacute; fecundo deber&iacute;a parecerme el ejercicio de mi profesi&oacute;n!&quot;.<\/p>\n<p>Lo admiramos tambi&eacute;n como religioso integ&eacute;rrimo de una benem&eacute;rita Orden que, seg&uacute;n el esp&iacute;ritu de su fundador, San Juan de Dios, ha hecho de la caridad hacia Dios y hacia los hermanos enfermos la propia misi&oacute;n espec&iacute;fica y el propio carisma originario. &quot;Quiero servirte, Dios m&iacute;o, en el futuro, con perseverancia y amor sumo: en mis superiores, en mis hermanos, en los enfermos tus predilectos: dame la gracia de servirles como te servir&iacute;a a ti&quot;: as&iacute; escrib&iacute;a en los prop&oacute;sitos de preparaci&oacute;n para la profesi&oacute;n religiosa.<\/p>\n<p>La vida breve, pero intensa, de fray Ricardo Pampuri es un est&iacute;mulo para todo el Pueblo de Dios, pero especialmente para los j&oacute;venes, para los m&eacute;dicos, para los religiosos.<\/p>\n<p>Dirige a los j&oacute;venes contempor&aacute;neos la invitaci&oacute;n a vivir gozosa y valientemente la fe cristiana; en continua escucha de la Palabra de Dios, en generosa coherencia con las exigencias del mensaje de Cristo, en la donaci&oacute;n a los hermanos.<\/p>\n<p>A los m&eacute;dicos, sus colegas, les dirige una llamada para que desarrollen con esfuerzo su delicada arte, anim&aacute;ndola con ideales cristianos, humanos, profesionales, a fin de que sea una aut&eacute;ntica misi&oacute;n de servicio social, de caridad fraterna, de aut&eacute;ntica promoci&oacute;n humana.<\/p>\n<p>A los religiosos y religiosas, especialmente a los que, en humildad y ocultamiento, realizan su consagraci&oacute;n en las salas de los hospitales o de las cl&iacute;nicas, fray Ricardo les recomienda vivir el esp&iacute;ritu originario de su Instituto, en el amor a Dios a los hermanos necesitados.<\/p>\n<p>5. CLAUDINA THEVENET pas&oacute; toda su vida en Li&oacute;n. Su adolescencia fue turbada por la Revoluci&oacute;n francesa que sacudi&oacute; con gran violencia su ciudad natal. Una ma&ntilde;a&ntilde;a de enero de 1794, esta muchacha de 19 a&ntilde;os reconoci&oacute; a sus hermanos Luis y Francisco en el pelot&oacute;n de condenados a muerte; y tuvo el valor de acompa&ntilde;arlos hasta el lugar del suplicio y recoger sus &uacute;ltimas palabras: &quot;Glady: Perdona como nosotros perdonamos&quot;. Sin duda alguna este hecho fue elemento determinante de la vocaci&oacute;n de Claudina, que era muy compasiva con las miserias acumuladas por la tempestad revolucionaria. Sue&ntilde;a con ser mensajera de la misericordia y el perd&oacute;n de Dios en aquella sociedad destrozada, y dedicar la vida a la educaci&oacute;n de las j&oacute;venes, sobre todo de las m&aacute;s pobres cuya situaci&oacute;n supera toda imaginaci&oacute;n. Por ello y con la ayuda clarividente del padre Coindre, Claudina funda en 1816 una P&iacute;a Uni&oacute;n que ser&aacute; m&aacute;s tarde la congregaci&oacute;n de Jes&uacute;s-Mar&iacute;a. Para gozo grande de la Iglesia, las hijas de la madre Th&eacute;venet son hoy m&aacute;s de 2.000 y est&aacute;n presentes en todos los continentes viviendo realmente de su esp&iacute;ritu. Escuelas y colegios, hogares de muchachas y ancianos, pastoral catequ&eacute;tica y familiar, dispensarios y casas de oraci&oacute;n s&oacute;lo tienen un objetivo: el de dar a conocer a Jes&uacute;s y Mar&iacute;a, trabajando al mismo tiempo en la promoci&oacute;n social de los pobres.<\/p>\n<p>A ciento cincuenta a&ntilde;os de distancia, la vida de esta fundadora sigue interpelando a sus hijas y tambi&eacute;n a los cristianos. &iquest;Acaso no nos hallamos nosotros igualmente en una sociedad demasiado tentada y desfigurada por la violencia? &iquest;Es que no necesitamos dejarnos invadir por la misericordia infinita de Dios para prestar nuestra aportaci&oacute;n valiente a la &quot;civilizaci&oacute;n del amor&quot; de que hablaba Pablo VI, la &uacute;nica digna del hombre? Claudina Th&eacute;venet se nos presenta como modelo de amor y perd&oacute;n: &quot;Que la caridad sea como la pupila de vuestros ojos&quot;, sigue dici&eacute;ndonos ahora como gustaba repetir a sus religiosas. &quot;Estad dispuestas a sufrir todo de los dem&aacute;s y a no hacer sufrir a nadie&quot;.<\/p>\n<p>Por otra parte, &iquest;acaso no contin&uacute;a siendo la nueva Beata un modelo de vida evang&eacute;lica y religiosa para aquellos y aquellas que se consagran a la educaci&oacute;n de la juventud en la Iglesia y siguiendo sus directrices? Las intuiciones y m&eacute;todos pedag&oacute;gicos de Claudina Th&eacute;venet siguen de actualidad; o sea, una educaci&oacute;n rebosante de atenciones maternas que procura preparar a las chicas a la vida con la adquisici&oacute;n de competencia profesional e inici&aacute;ndolas gradualmente en sus responsabilidades futuras de esposas y madres; y sobre todo, educaci&oacute;n profundamente cristiana porque &quot;no hay desgracia mayor \u2014sol&iacute;a repetir\u2014 que vivir y morir sin conocer a Dios&quot;.<\/p>\n<p>Claudina, que hizo de su vida religiosa un &quot;himno de gloria&quot; al Se&ntilde;or imitando a la Virgen Mar&iacute;a a quien veneraba profundamente, recuerda a los cristianos que vale la pena jug&aacute;rselo todo por Dios. A aquellos y aquellas a quienes el Se&ntilde;or invita a consagrarse m&aacute;s particularmente a su servicio, les confirma que es menester saber &quot;perder la Vida&quot; para que otros lleguen a amar y conocer a Dios; y con su ejemplo les confirma asimismo que el logro m&aacute;s bello de la vida es la santidad.<\/p>\n<p>6. MAR&Iacute;A REPETTO, ingresa a los 22 a&ntilde;os en G&eacute;nova en la congregaci&oacute;n de las religiosas de Nuestra Se&ntilde;ora del Refugio, en Monte Calvario. Durante las numerosas y graves epidemias de c&oacute;lera que se abaten sobre la ciudad, corre intr&eacute;pida a la cabecera de los enfermos. La fama de la &quot;monja santa&quot; crece cada d&iacute;a y, cuando asume la tarea de portera, contin&uacute;a dando los tesoros de su alta espiritualidad a cuantos acuden a ella pidiendo ayuda y consejo.<\/p>\n<p>Mar&iacute;a Repetto desde la juventud aprendi&oacute; y vivi&oacute; una gran verdad, que tambi&eacute;n nos ha transmitido a nosotros: Jes&uacute;s debe ser contemplado, amado y servido en los pobres, en todos los momentos de nuestra vida. Ella da todo lo que tiene: sus ahorros, sus cosas, su palabra, su tiempo, su sonrisa. &quot;Servir a los pobres de Jes&uacute;s&quot;, era el programa de su Instituto; programa que ella realiz&oacute; en los 50 a&ntilde;os de vida religiosa, sirviendo, ante todo, a Jes&uacute;s, creciendo en la perfecci&oacute;n del amor, record&aacute;ndose a s&iacute; misma: &quot;ante todo ser religiosa&quot;, y sirviendo a los pobres, porque Cristo vive en los pobres.<\/p>\n<p>San Francisco de Caporoso, llamado por los genoveses &quot;el padre santo&quot; enviaba a la &quot;monja santa&quot; personas de toda extracci&oacute;n social, necesitadas de ayuda y de consejos. El humilde fraile mendicante, canonizado en 1962, y la humilde religiosa portera que sube hoy al honor de los altares, fueron en el siglo pasado los dos polos de la vida religiosa de G&eacute;nova. Mar&iacute;a Repetto estaba siempre contenta y serena y se alegraba de tener el coraz&oacute;n m&aacute;s abierto que la puerta del convento, y de dar, dar siempre, dar todo. Y esta alegr&iacute;a de su donaci&oacute;n a Dios culmin&oacute; en su muerte: con la sonrisa en los labios, la Beata pronunci&oacute; sus &uacute;ltimas palabras, que son un himno de j&uacute;bilo a la Madre de Dios: &quot;Regina coeli, laetare, alleluia!&quot;.<\/p>\n<p>7. Querid&iacute;simos:<\/p>\n<p>Hemos comenzado esta reflexi&oacute;n con el signo de la<i> alegr&iacute;a cristiana; <\/i> y<i> <\/i>en el signo del<i> gozo pascual,<\/i> fruto de la cruz de Jes&uacute;s, continuamos esta solemne celebraci&oacute;n, confortados por los admirables ejemplos de estos nuevos Beatos, que nos indican el camino que tambi&eacute;n nosotros debemos recorrer en nuestra peregrinaci&oacute;n terrena:<i> el camino del amor a Dios y a los hermanos,<\/i> especialmente a los que sufren en el esp&iacute;ritu y en el cuerpo.<\/p>\n<p>Los nuevos Beatos confiaron en el Se&ntilde;or, lo invocaron, seguros de su clemencia y misericordia; siguieron sus caminos; trataron de agradarle; se echaron en sus brazos (cf.<i> Sir 2, <\/i>7 s.). En la cumbre de sus pensamientos, por encima de todo, pusieron la<i> caridad,<\/i> convencidos de que ella es &quot;el v&iacute;nculo de la perfecci&oacute;n&quot; (cf.<i> Col<\/i> 3, 14). Haciendo propia la invitaci&oacute;n de Cristo, vendieron todo lo que ten&iacute;an y lo dieron en limosna; se hicieron bolsas que no envejecen, y han conseguido un tesoro inagotable en los cielos (cf. <i>Lc<\/i> 12, 32 s.), como dice el pasaje evang&eacute;lico que se ha le&iacute;do hace poco.<\/p>\n<p>Mientras nos inclinamos reverentes ante ellos, nos confiamos a su potente intercesi&oacute;n:<\/p>\n<p>&iexcl;Beato Alain de Solminihac, Beato Luis Scrosoppi, Beato Ricardo Pampuri, Beata Claudina Th&eacute;venet, Beata Mar&iacute;a Repetto, rogad a la Sant&iacute;sima Trinidad por vuestras patrias terrenas, para que vivan en serena concordia. &iexcl;Rogad por vuestras familias religiosas, para que den a la sociedad contempor&aacute;nea un gozoso testimonio de su donaci&oacute;n a Dios! &iexcl;Rogad por la Isglesia, peregrina en la tierra, para que sea siempre signo e instrumento de la &iacute;ntima uni&oacute;n con Dios y de la unidad de todo el g&eacute;nero humano!<\/p>\n<p>&iexcl;Rogad por todos los pueblos del mundo, para que realicen en sus relaciones la justicia y la paz!<\/p>\n<p>&iexcl;Oh nuevos Beatos y Beatas, rogad por nosotros!<\/p>\n<p>&iexcl;Am&eacute;n!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BEATIFICACI&Oacute;N DE LOS SIERVOS DE DIOS ALAIN SE SOLMINIHAC, LUIS SCROSOPPI, RICARDO PAMPURI, CLAUDINA TH&Eacute;VENET Y MAR&Iacute;A REPETTO&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Plaza de San Pedro Domingo 4 de octubre de 1981 &nbsp; Hermanos y hermanas querid&iacute;simos: 1. &iexcl; Hoy es un d&iacute;a de sincero j&uacute;bilo y de ferviente alegr&iacute;a para el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-1981-proclamacion-de-cinco-nuevos-beatos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de octubre de 1981, Proclamaci\u00f3n de cinco nuevos beatos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39723","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39723","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39723"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39723\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39723"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39723"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39723"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}