{"id":39727,"date":"2016-10-05T22:59:51","date_gmt":"2016-10-06T03:59:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1981-solemnidad-de-pentecostes\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:51","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:51","slug":"7-de-junio-de-1981-solemnidad-de-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1981-solemnidad-de-pentecostes\/","title":{"rendered":"7 de junio de 1981, Solemnidad de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\">SANTA MISA DE LA&nbsp;SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pedro <br \/> Domingo 7 de junio de 1981<\/i><\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.<i> Credo in Spiritum Sanctum Dominum et vivificantem!<\/i><\/p>\n<p>En este solemne d&iacute;a de Pentecost&eacute;s la Iglesia Romana se alegra por la presencia de tantos hermanos y hermanas en la fe, por la presencia de los peregrinos que han venido desde distintas partes del mundo, y tambi&eacute;n por la presencia de los habitantes que de modo estable residen en la Ciudad Eterna.<\/p>\n<p>La Iglesia se alegra de modo particular por<i> vuestra presencia, amados hermanos<\/i> cardenales y obispos, que est&aacute;is al servicio del Pueblo de Dios en las diversas naciones: vosotros que, por invitaci&oacute;n m&iacute;a. hab&eacute;is acudido hoy a esta Sede y ahora concelebr&aacute;is la Sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a junto a la confesi&oacute;n de San Pedro.<\/p>\n<p>Nosotros deseamos confesar con un gran grito de nuestra voz y de nuestro coraz&oacute;n la verdad que hace XVI siglos<i> el Concilio Constantinopolitano I<\/i> formul&oacute; y expres&oacute; con las palabras bien conocidas.<\/p>\n<p>Deseamos expresarla ahora como fue expresada entonces:<\/p>\n<p>&laquo;Credo&#8230; in Spiritum Sanctum Dominum et vivificatorem, ex Patre procedentem, cum Patre et Filio adorandum et conglorificandum, qui locutus est per prophetas&raquo;.<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, nuestros pensamientos y nuestros corazones rebosantes de gratitud hacia el mismo Esp&iacute;ritu de Verdad, se dirigen simult&aacute;neamente a<i> esa sede,<\/i> que tuvo la suerte de hospedar aquel venerable Concilio \u2014el I Constantinopolitano, que fue el I Concilio Ecum&eacute;nico despu&eacute;s del de Nicea\u2014, donde tambi&eacute;n en la fiesta de hoy nuestro venerable hermano<i> Dimitrios I,<\/i> Patriarca de Constantinopla, da gracias a la Eterna Luz por haber iluminado, hace XVI siglos, las mentes de nuestros predecesores en el Episcopado con el esplendor de esa Verdad, que a lo largo de much&iacute;simas generaciones ha mantenido en la unidad de la fe, entonces profesada, a la gran familia de los confesores de Cristo.<\/p>\n<p>Y aunque en los diversos tiempos y lugares la misma unidad de la Iglesia haya sufrido escisiones, la fe profesada por nuestros santos predecesores en el<i> Credo<\/i> niceno-constantinopolitano<i> es testimonio de la unidad originaria y nos llama de nuevo<\/i>&nbsp;a la reconstrucci&oacute;n de la plena unidad.<\/p>\n<p>Por eso, todos saludamos hoy con particular alegr&iacute;a a los venerables Delegados del Patriarcado Ecum&eacute;nico de Constantinopla, presididos por el Eminent&iacute;simo Metropolita Damaskinos, as&iacute; como a los dem&aacute;s venerables Representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales, que nos honran con su presencia. De una alegr&iacute;a igual nos llena el hecho de que nuestra Delegaci&oacute;n, presidida por el cardenal Maximilien de Furstenberg. enviada por el Obispo de Roma a la sede del Patriarcado de Constantinopla, pueda participar en la esplendida<i> Liturgia<\/i> conmemorativa del hist&oacute;rico acontecimiento, mediante la cual ambas Iglesias hermanas, la de Roma y la de Constantinopla, desean venerar la Majestad de Dios por la obra que desarroll&oacute; el Concilio de hace 1600 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>2. &iquest;Puede haber un d&iacute;a m&aacute;s adecuado que el de Pentecost&eacute;s para tal celebraci&oacute;n?<\/p>\n<p>Estamos reunidos \u2014vosotros f&iacute;sicamente y yo espiritualmente&raquo;<a title=\"\" name=\"_ednref*\" href=\"#_edn*\">[*]<\/a>, \u2014bajo la b&oacute;veda de esta bas&iacute;lica, y toda nuestra conciencia est&aacute; compenetrada por el recuerdo del<i> Cen&aacute;culo jerosolimitano,<\/i> en el que el d&iacute;a mismo de Pentecost&eacute;s &quot;estaban todos juntos&quot; (<i>Act<\/i> 2, 1) los que constitu&iacute;an la Iglesia naciente. Se encontraban<i> en el mismo lugar en que<\/i> \u2014cincuenta d&iacute;as antes\u2014<i> la tarde del d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n hab&iacute;a venido<\/i> entre ellos Jes&uacute;s&#8230;, &quot;Vino&#8230;, y poni&eacute;ndose en medio de ellos les dijo: &iexcl;&#8217;La paz sea con vosotros&#8217;! Y diciendo esto, les mostr&oacute; las manos y el costado&quot;<i> (Jn<\/i> 20, 19-20). En aquel momento no pod&iacute;an tener ya ninguna duda, &quot;y los disc&iacute;pulos \u2014escribe el evangelista\u2014 se alegraron viendo al Se&ntilde;or&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 20), al Se&ntilde;or resucitado. Entonces Jes&uacute;s &quot;D&iacute;joles otra vez: &iexcl;&#8217;La paz sea con vosotros&#8217;! Como me envi&oacute; mi Padre, as&iacute; os env&iacute;o yo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 21). Dijo, en definitiva, palabras ya conocidas, y no obstante nuevas: nuevas por la novedad de todo el misterio pascual, nuevas por la novedad del Se&ntilde;or resucitado, que las pronunciaba:<i> &quot;as&iacute; os env&iacute;o<\/i> yo&#8230;&quot;.<\/p>\n<p>Y&nbsp;sobre todo eran nuevas por lo que, a continuaci&oacute;n, afirm&oacute; Cristo, el cual &quot;Diciendo esto, sopl&oacute; y les dijo: Recibid el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 22).<\/p>\n<p>As&iacute; pues, ya entonces recibieron el Esp&iacute;ritu Santo. Ya entonces se inici&oacute; Pentecost&eacute;s, aquel Pentecost&eacute;s que, cincuenta d&iacute;as despu&eacute;s, habr&iacute;a llegado a su plena manifestaci&oacute;n; y esto fue necesario para que pudiera madurar en ellos y revelarse hacia fuera lo que hab&iacute;a sucedido, cuando oyeron: &quot;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo&#8230;&quot;,<i> a fin de que pudiera nacer la Iglesia.&nbsp;<\/i>Nacer&nbsp;quiere decir salir al mundo y, por este hecho, hacerse visible entre los hombres. Precisamente en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s la Iglesia sali&oacute; al mundo y se hizo visible en medio de los hombres.<\/p>\n<p>Y&nbsp;esto se realiz&oacute; con la fuerza de aquella tarde pascual, la tarde del mismo d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n (cf.<i> Jn<\/i> 20, 19); esto sucedi&oacute; con la fuerza de la pasi&oacute;n y de la muerte del Se&ntilde;or, el cual sin embargo, ya en la vigilia de esta pasi&oacute;n, hab&iacute;a dicho claramente: &quot;&#8230;si no me fuere, el Abogado (<i>Paracletos)<\/i> no vendr&aacute; a vosotros; pero, si me fuere, os lo enviar&eacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 16, 7). Se hab&iacute;a ido, pues, a trav&eacute;s de la cruz y volvi&oacute; mediante la resurrecci&oacute;n, pero no ya para quedarse, sino<i> para soplar sobre los Ap&oacute;stoles y para decirles:<\/i> &iexcl;&quot;Recibid&quot;! &iexcl;&quot;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo&quot;!<\/p>\n<p>&iexcl;Oh, qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or!<i> El les dio el Esp&iacute;ritu Santo,<\/i> que es Se&ntilde;or y da la vida&#8230;, y con el Padre y el Hijo recibe la misma adoraci&oacute;n y gloria&#8230; El, igual en la Divinidad. Jes&uacute;s les dio el Esp&iacute;ritu Santo, diciendo: &quot;recibid&quot;.<i> Pero, m&aacute;s a&uacute;n, &iquest;no ha dado quiz&aacute;s, no ha confiado a ellos mismos al Esp&iacute;ritu Santo?<\/i> &iquest;Puede el hombre &quot;recibir&quot; al Dios vivo y poseerlo como &quot;propio&quot;?<\/p>\n<p>Entonces Cristo entreg&oacute; los Ap&oacute;stoles, aquellos que eran el comienzo del nuevo Pueblo de Dios y el fundament&oacute; de su Iglesia, al Esp&iacute;ritu Santo, al Esp&iacute;ritu que el Padre deb&iacute;a mandar en su nombre (cf.<i> Jn<\/i> 14, 26), al Esp&iacute;ritu de verdad<i> <\/i> (<i>Jn<\/i> 14, 17; 15, 26; 16, 13), al Esp&iacute;ritu, por medio del cual el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (cf.<i> Rom<\/i> 5, 5);<i> los entreg&oacute; al Esp&iacute;ritu para que a su vez lo recibieran como el Don;<\/i> Don obtenido del Padre por obra del Mes&iacute;as, del Siervo doliente de Yav&eacute;, del cual habla la profec&iacute;a de Isa&iacute;as.<\/p>\n<p>Y, por esto, &eacute;l &quot;les mostr&oacute; las manos y el costado&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 20), es decir, las se&ntilde;ales del sacrificio cruento, y despu&eacute;s a&ntilde;adi&oacute; a&uacute;n: &quot;A quienes perdonareis los pecados, les ser&aacute;n perdonados; a quienes se los retuviereis, les ser&aacute;n retenidos&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 23).<\/p>\n<p>Con estas palabras<i> &eacute;l confirm&oacute; el Don:<\/i> el Don del Consolador, el Don dado a la Iglesia para el hombre, el cual lleva en s&iacute; la herencia del pecado. Para cada hombre y para todos los hombres.<\/p>\n<p>Es el Don de lo alto, dado a la Iglesia que ha sido enviada a todo el mundo.<\/p>\n<p>En el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s los Ap&oacute;stoles, y junto con ellos la primitiva Iglesia,<i> saldr&aacute;n<\/i> de ese<i> cen&aacute;culo<\/i> pascual, y en seguida se encontrar&aacute;n <i>en medio del mundo sometido al pecado y a la muerte,<\/i> y se encontrar&aacute;n all&iacute; con el testimonio de la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>3.<i> Credo in Spiritum Sanctum Dominum et vivificantem&#8230;<\/i><\/p>\n<p>Al recordar el Concilio Ecum&eacute;nico Constantinopolitano I, profesamos hoy<i> la misma fe<\/i> en Aquel que es Se&ntilde;or y da la vida, que con el Padre y el Hijo recibe la misma adoraci&oacute;n y gloria; e, identificando esta venerada bas&iacute;lica de San Pedro en Roma con el humilde Cen&aacute;culo jerosolimitano,<i> &iexcl;nosotros recibimos el mismo Don!<\/i> &quot;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 22). Recibimos el mismo Don, es decir, entregamos <i>nosotros mismos, la Iglesia al mismo Esp&iacute;ritu Santo, al cual de una vez para siempre fue entregada<\/i> ya la tarde del d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n y despu&eacute;s en la ma&ntilde;ana de la fiesta de Pentecost&eacute;s. Es m&aacute;s,<i> permanecemos en esa entrega<\/i> al Esp&iacute;ritu Santo, que Cristo entonces hizo &quot;mostr&aacute;ndoles las manos y el costado&quot; (cf.<i> Jn<\/i> 20, 20), las se&ntilde;ales de su pasi&oacute;n, antes de decirles: &quot;Como me envi&oacute; mi Padre, as&iacute; os env&iacute;o yo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 21).<\/p>\n<p>Nosotros continuamos en esta entrega al Esp&iacute;ritu Santo, que constituy&oacute; la Iglesia y continuamente la constituye sobre los mismos fundamentos. Permanecemos, pues, en esta entrega al Esp&iacute;ritu Santo, mediante el cual somos la Iglesia, y mediante el cual somos enviados, como fueron enviados desde el Cen&aacute;culo los primeros ap&oacute;stoles y la naciente Iglesia jerosolimitana, cuando, despu&eacute;s de un viento impetuoso, tras la aparici&oacute;n de las lenguas de fuego sobre cada uno de ellos (cf.<i> Act<\/i> 2, 2-3), salieron entre la numerosa muchedumbre, que hab&iacute;a llegado a Jerusal&eacute;n para las fiestas, y<i> hablaron en diversas lenguas<\/i> &quot;seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu les otorgaba expresarse&quot;<i> <\/i> (<i>Act<\/i> 2, 4); y los hombres que hablaban en distintas lenguas, les escuchaban como a quienes anunciaban &quot;en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios&quot; (<i>Act <\/i>2, 11)<i>.<\/i><\/p>\n<p>Permanecemos, pues, en esta entrega al Esp&iacute;ritu Santo, y tras casi dos mil a&ntilde;os no deseamos otra cosa sino permanecer en El, no separarnos de ninguna manera de El y no &quot;entristecerlo&quot; jam&aacute;s (cf. <i>Ef<\/i> 4, 30):<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;porque s&oacute;lo en El est&aacute; Cristo con nosotros;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;porque &uacute;nicamente con su ayuda podemos decir &quot;Jes&uacute;s es el Se&ntilde;or&quot; (<i>1 Cor<\/i> 12, 3);<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;porque solamente por el poder de su gracia podemos gritar &iexcl;&quot;Abba!. Padre&quot; (<i>Rom<\/i> 8, 15);<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;porque s&oacute;lo con su poder, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que es Se&ntilde;or y da la vida,<i> nosotros somos la Iglesia misma,<\/i> Iglesia en la que &quot;hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Esp&iacute;ritu. Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el Se&ntilde;or. Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios, que obra todas las cosas en todos. Y a cada uno se le otorga la manifestaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu para com&uacute;n utilidad&quot; (<i>1 Cor<\/i> 12, 4-7).<\/p>\n<p>As&iacute; pues estamos en el Esp&iacute;ritu Santo y en El deseamos permanecer:<\/p>\n<p><i>\u2014&nbsp;en El,<\/i>&nbsp;que es el Esp&iacute;ritu que da la vida y es una fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cf. <i>Jn<\/i> 4, 14; 7, 38-39);<\/p>\n<p><i>\u2014&nbsp;en El,<\/i>&nbsp;por medio del cual el Padre vuelve a dar la vida a los hombres muertos por el pecado, hasta que un d&iacute;a restituya en Cristo sus cuerpos mortales (cf.<i> Rom<\/i> 8, 10-11);<\/p>\n<p><i>\u2014&nbsp;en El,<\/i>&nbsp;en el Esp&iacute;ritu Santo, que habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles (cf.<i> 1 Cor <\/i>3,&nbsp;16; 6, 19), y en ellos reza y testifica su adopci&oacute;n filial (cf.<i> Gal <\/i>4,&nbsp;6;<i> Rom<\/i> 8. 15-16 y 26);<\/p>\n<p><i>\u2014&nbsp;en El,<\/i>&nbsp;que dota a la Iglesia con diversos dones jer&aacute;rquicos y carism&aacute;ticos, y con su ayuda la gu&iacute;a y la enriquece con frutos (cf.<i> Ef <\/i>4, 11-12;<i> 1 Cor<\/i> 12, 4;<i> Gal<\/i> 5, 22);<\/p>\n<p><i>\u2014 en El,<\/i>&nbsp;que con la fuerza del Evangelio hace rejuvenecer a la Iglesia y continuamente la renueva y la conduce a la uni&oacute;n perfecta con su Esposo (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 4).<\/p>\n<p>S&iacute;. En El: en el Esp&iacute;ritu Santo, en el Par&aacute;clito<i> deseamos permanecer, <\/i>as&iacute; como nos ha entregado a El \u2014al Esp&iacute;ritu del Padre\u2014 Cristo crucificado y resucitado. Nos ha entregado a El, d&aacute;ndolo a nosotros: a los Ap&oacute;stoles y a la Iglesia, cuando en el Cen&aacute;culo jerosolimitano dijo: &quot;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 22). Estas palabras comenzaron a ponerse en pr&aacute;ctica en presencia de todas las lenguas y naciones el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, d&iacute;a en que la Iglesia naci&oacute; en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n y sali&oacute; al mundo.<\/p>\n<p>4.<i> Credo in Spiritum Sanctum Dominum et vivificantem&#8230;<\/i><\/p>\n<p>Esta fe de los Ap&oacute;stoles y de los Padres, que el Concilio Constantinopolitano profes&oacute; solemnemente y ense&ntilde;&oacute; a profesar, en el a&ntilde;o 381, nosotros \u2014congregados en esta bas&iacute;lica romana de San Pedro y unidos espiritualmente con nuestros hermanos que celebran la liturgia jubilar en la catedral del Patriarcado Ecum&eacute;nico de Constantinopla\u2014 deseamos profesarla tambi&eacute;n ense&ntilde;&aacute;ndola,<i> en el a&ntilde;o 1981, con la misma pureza y fuerza,<\/i> con que la profes&oacute; y ense&ntilde;&oacute; a profesar aquel venerable Concilio hace XVI siglos.<\/p>\n<p>Deseamos igualmente poner en pr&aacute;ctica, a la luz del mismo, las ense&ntilde;anzas del Concilio Vaticano II, el Concilio de nuestro tiempo, el cual ha manifestado tan generosamente la obra del Esp&iacute;ritu Santo, que es Se&ntilde;or y da la vida, en toda la misi&oacute;n de la Iglesia. Deseamos pues poner en pr&aacute;ctica este Concilio que se ha convertido en<i> la voz y tarea de nuestras generaciones,<\/i> y comprender m&aacute;s profundamente a&uacute;n la ense&ntilde;anza de los antiguos Concilios y, de manera particular, del que se desarroll&oacute; hace 1600 a&ntilde;os en Constantinopla.<\/p>\n<p>En esta luz \u2014fijando la mirada sobre el misterio del &uacute;nico Cuerpo que est&aacute; compuesto por diversos miembros\u2014 deseamos con nuevo fervor<i> que se realice esa unidad<\/i> a la que, en Cristo, est&aacute;n llamados todos los que \u2014seg&uacute;n las palabras de Pablo\u2014 han sido &quot;bautizados en un solo Esp&iacute;ritu, para constituir un solo cuerpo&quot; (<i>1 Cor<\/i> 12, 13); todos aquellos que han &quot;bebido del mismo Esp&iacute;ritu&quot; (<i>1 Cor<\/i> 12, 13). Lo deseamos especialmente, con nuevo fervor, en este d&iacute;a que nos recuerda los tiempos de la Iglesia indivisa. Y por ello gritamos: &quot;Oh luz beat&iacute;sima, \/ irrumpe en lo &iacute;ntimo \/ del coraz&oacute;n de tus fieles&quot; \/ (Secuencia), en este tiempo en el que la faz de la tierra se ha enriquecido tanto merced a la creatividad y al trabajo del hombre a trav&eacute;s de las realizaciones de la ciencia y de la t&eacute;cnica; en este tiempo en el que tan profundamente han sido explorados ya<i> el interior de la tierra y los espacios del universo c&oacute;smico; <\/i>en este tiempo en el que a la vez la humanidad se encuentra ante amenazas todav&iacute;a desconocidas por parte de las fuerzas que el mismo hombre ha desencadenado.<\/p>\n<p>Hoy nosotros, Pastores de la Iglesia, herederos de aquellos que recibieron el Esp&iacute;ritu Santo en el Cen&aacute;culo de Pentecost&eacute;s, debemos salir, al igual que ellos,<i> conscientes de la inmensidad del Don,<\/i> del que la familia humana participa en la Iglesia: nosotros debemos salir&#8230;<i> salir <\/i>continuamente<i> al mundo<\/i> y, encontr&aacute;ndonos en distintos lugares de la tierra, tenemos que repetir con mayor fervor a&uacute;n:<\/p>\n<p><i>&iexcl;Descienda tu Esp&iacute;ritu, y renueve la faz de la tierra!<\/i><\/p>\n<p>&iexcl;Descienda!&#8230;<\/p>\n<p>A trav&eacute;s de la historia de la humanidad, a trav&eacute;s de la historia del mundo visible, la Iglesia no cesa de confesar:<\/p>\n<p>&iexcl;Creo en el Esp&iacute;ritu!<\/p>\n<p>Creo en el Esp&iacute;ritu Santo, que es Se&ntilde;or y da la vida.<\/p>\n<p><i>Credo in Spiritum Sanctum Dominum et vivificantem.<\/i><\/p>\n<p>En este Esp&iacute;ritu nosotros permanecemos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr align=\"left\" width=\"35%\" \/>\n<p><a title=\"\" name=\"_edn*\" href=\"#_ednref*\">[*]<\/a> La homil&iacute;a fue difundida a trav&eacute;s de la radio, no pudiendo estar presente el Papa por su estado de salud.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE LA&nbsp;SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 7 de junio de 1981 &nbsp; 1. Credo in Spiritum Sanctum Dominum et vivificantem! En este solemne d&iacute;a de Pentecost&eacute;s la Iglesia Romana se alegra por la presencia de tantos hermanos y hermanas en la fe, por &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1981-solemnidad-de-pentecostes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de junio de 1981, Solemnidad de Pentecost\u00e9s\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39727","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39727","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39727"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39727\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39727"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39727"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39727"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}