{"id":39733,"date":"2016-10-05T22:59:59","date_gmt":"2016-10-06T03:59:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1981-santa-misa-en-bergamo\/"},"modified":"2016-10-05T22:59:59","modified_gmt":"2016-10-06T03:59:59","slug":"26-de-abril-de-1981-santa-misa-en-bergamo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1981-santa-misa-en-bergamo\/","title":{"rendered":"26 de abril de 1981, Santa Misa en B\u00e9rgamo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_bergamo.html\">VISITA PASTORAL A SOTTO IL MONTE Y B&Eacute;RGAMO<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN <\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b> B&Eacute;RGAMO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL<\/i><\/b><\/font><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b> SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">II Domingo de Pascua, 26 de abril de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;Entr&oacute; Jes&uacute;s, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros&quot;<i> (Jn<\/i> 20, 19).<\/p>\n<p>La experiencia que vivieron los Ap&oacute;stoles &quot;al anochecer de aquel d&iacute;a, el primero de la semana&quot; (ib.), experiencia que se repiti&oacute; ocho d&iacute;as despu&eacute;s en el mismo Cen&aacute;culo, tambi&eacute;n nosotros la revivimos, de modo misterioso pero real, esta tarde: en nuestra asamblea lit&uacute;rgica, recogida en torno al altar para celebrar la Eucarist&iacute;a,<i> Cristo renueva su presencia de resucitado y repite su augurio: &iexcl;Paz a vosotros!<\/i><\/p>\n<p>Con este mismo augurio me dirijo tambi&eacute;n yo a todos, querid&iacute;simos hermanos y hermanas de la antigua y gloriosa Iglesia que est&aacute; en B&eacute;rgamo. Me dirijo ante todo a usted, venerado hermano monse&ntilde;or Giulio Oggioni, que, al suceder al querido mons. Clemente Gaddi, prosigue su trabajo, como celoso pastor en la gu&iacute;a de esta escogida porci&oacute;n del reba&ntilde;o de Cristo. Mi saludo y mi augurio de gozo y de paz pascual van despu&eacute;s a todos los obispos aqu&iacute; presentes y a todos los fieles de Lombard&iacute;a, con un pensamiento particular a la archidi&oacute;cesis de Mil&aacute;n, a la que me ligan entre otras cosas el afecto y la devoci&oacute;n a San Carlos y a la que me llevar&aacute;, si Dios quiere, el pr&oacute;ximo Congreso Eucar&iacute;stico Nacional, que se est&aacute; preparando all&iacute; para el 1983; y con un especial recuerdo para Brescia, di&oacute;cesis de origen del Papa Pablo VI, que continu&oacute; la obra emprendida por Juan XXIII y que tambi&eacute;n pretendo honrar con una visita a su tierra natal el pr&oacute;ximo a&ntilde;o.<\/p>\n<p>Dirijo un respetuoso saludo a todas las autoridades civiles y renuevo, adem&aacute;s, mi saludo afectuoso a los sacerdotes y a los religiosos, con quienes he tenido ya ocasi&oacute;n de encontrarme; lo extiendo a los miembros de las diversas asociaciones laicales que trabajan en la di&oacute;cesis de B&eacute;rgamo y, entre ellos, sobre todo a los j&oacute;venes: como su obispo, as&iacute; tambi&eacute;n el Papa pone su confianza en cada uno de los laicos cristianos, deseando que toda la comunidad adquiera una conciencia cada vez m&aacute;s viva de las responsabilidades que nacen del bautismo y sepa dar un testimonio coherente y valeroso en cada momento de su vida.<\/p>\n<p>2. &iexcl;Paz a vosotros! Con este saludo vengo aqu&iacute;, queridos hermanos y hermanas, en el domingo que tradicionalmente llamamos &quot;in Albis&quot;, y que concluye la octava de Pascua.<\/p>\n<p>Vengo para entrar, en cierto sentido, en el cen&aacute;culo. El cen&aacute;culo es la casa en la que naci&oacute; la Iglesia. He venido, pues, para visitar ante todo una casa. Es la<i> casa familiar, de la que sali&oacute; un gran Papa y siervo de Dios, Juan XXIII.<\/i> Este a&ntilde;o coincide con el centenario de su nacimiento en Sotto il Monte. Por este motivo he acogido con gozo la invitaci&oacute;n de la Iglesia en B&eacute;rgamo a visitar este a&ntilde;o el lugar de nacimiento de Angelo Giuseppe Roncalli, y la tierra a la que estuvo vinculado por raz&oacute;n de su proveniencia: vuestra tierra bergamasca.<\/p>\n<p>Ya esta ma&ntilde;ana en Sotto il Monte he dado las gracias a Dios por este hombre, que en el bautismo recibi&oacute; el nombre de Angelo Giuseppe, y que despu&eacute;s de la elecci&oacute;n a la Sede Romana de San Pedro tom&oacute; el nombre de Juan. As&iacute;, pues, la Iglesia y el mundo lo conocen como el<i> hombre &quot;cuyo nombre era Juan&quot;.<\/i> Con este nombre fue conocido y amado. Con este nombre se le recuerda y se le invoca: Papa Juan.<\/p>\n<p>Un hombre de maravillosa sencillez y de humildad evang&eacute;lica, que en el curso de poco menos de cinco a&ntilde;os de su ministerio pastoral en la C&aacute;tedra de Pedro dio comienzo casi a una nueva &eacute;poca de la Iglesia. Anciano ya de ochenta a&ntilde;os, manifest&oacute; la juventud de la Esposa de Cristo, juventud que no conoce ocaso. Un hombre enamorado de la tradici&oacute;n dio comienzo a una nueva vida en la Iglesia y en la cristiandad. Hizo todo esto en plena consonancia con lo que &eacute;l mismo fue, y, al mismo tiempo, como si nada procediese de &eacute;l.<i> &iquest;Como si estuviese guiado por una luz superior <\/i>y conducido por una confianza incondicionada y filial hacia Aquel que lo &quot;ci&ntilde;&oacute; y gui&oacute;&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 21, 18), tal vez all&iacute; donde &eacute;l mismo no quer&iacute;a? No. Ciertamente no. Todo ello se desarroll&oacute; en la m&aacute;s profunda armon&iacute;a entre la voluntad de Aquel que lo gui&oacute; y de aquel que se dej&oacute; guiar, y que, a su vez, gui&oacute; a la Iglesia. Y la Iglesia sab&iacute;a y sent&iacute;a que &eacute;sta era la figura de Pedro, que aquel que, como Sucesor de Pedro, llevaba el nombre de Juan, era verdaderamente Pedro de nuestros tiempos, a quien el Se&ntilde;or mismo conduce. Aquel que el<i> Esp&iacute;ritu Santo<\/i> gu&iacute;a. Y la Iglesia tuvo confianza en el Papa Juan, en aquel que a su vez ten&iacute;a confianza ilimitada.<\/p>\n<p>Cuando, despu&eacute;s de un breve pontificado, estaba<i> a punto de dejar<\/i> este mundo todos lo sent&iacute;an y saludaban con l&aacute;grimas; y sin embargo sab&iacute;an que en ello estaba la mano del Se&ntilde;or; que se marchaba porque ya hab&iacute;a cumplido su misi&oacute;n y su &quot;parte&quot; en la obra de Cristo en el curso del siglo XX.<i> Se marchaba, <\/i>pues, el<i> Papa Juan<\/i> humildemente, como humildemente hab&iacute;a subido a la Sede de Pedro. Se marchaba aunque el Concilio hab&iacute;a apenas comenzado, aunque los trabajos sobre la reforma del derecho can&oacute;nico (que hab&iacute;a ideado tambi&eacute;n &eacute;l) se est&aacute;n desarrollando todav&iacute;a. Y sin embargo \u2014al visitar, en el centenario de su nacimiento, la casa de la que sali&oacute; y la tierra que le vio nacer\u2014 debemos reconocer que el Papa que sali&oacute; de aqu&iacute;, de este nido, se asemejaba de modo particular a aquel<i> amo de casa<\/i> de que habla el Evangelio que del tesoro del Reino de Dios saca &quot;lo nuevo y lo a&ntilde;ejo&quot;<i> (Mt<\/i> 13, 52). Y venimos precisamente para dar gracias por ello al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo en el centenario de su nacimiento. Cu&aacute;n necesarios, cu&aacute;n indispensables son en la historia de la Iglesia tales &quot;amos de casa&quot; que \u2014guiados por el Esp&iacute;ritu de Verdad\u2014 saben manifestar de nuevo todos los tesoros del Reino de Dios: &quot;lo a&ntilde;ejo y lo nuevo&quot;.<\/p>\n<p>3. As&iacute;, pues, desde los umbrales de la casa rural en Sotto il Monte, desde las colinas de esta tierra vuestra bergamasca, desde la fuente bautismal y desde los altares de la Iglesia que en ella cumple su misi&oacute;n, se ve el<i> Cen&aacute;culo jerosolimitano<\/i> como<i> el lugar del encuentro de Cristo resucitado con la Iglesia de los tiempos que han venido y de los que vendr&aacute;n.<\/i><\/p>\n<p>El Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n es el primer lugar de la Iglesia sobre la tierra. Y es, en cierto sentido, el prototipo de la Iglesia en todo lugar y en toda &eacute;poca. Tambi&eacute;n en la nuestra. Cristo, que fue adonde estaban los Ap&oacute;stoles la primera tarde despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, viene siempre de nuevo a nosotros para repetir continuamente las palabras: &quot;Paz a vosotros. Como<i> el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n os env&iacute;o yo&#8230;<\/i> Recibid el Esp&iacute;ritu Santo; a quienes perdon&eacute;is los pecados les quedan perdonados; a quienes se los reteng&aacute;is, les quedan retenidos&#8230;&quot; <i>(Jn 20,<\/i> 21-23).<\/p>\n<p>&iquest;La verdad contenida precisamente en estas palabras no se ha convertido tal vez en la idea gu&iacute;a del Concilio Vaticano II ?, &iquest;del Concilio que ha dedicado sus trabajos al misterio de la Iglesia y a la misi&oacute;n del Pueblo de Dios, recibida de Cristo a trav&eacute;s de los Ap&oacute;stoles? &iquest;Misi&oacute;n de los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos? &quot;Como el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n os env&iacute;o yo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 21).<\/p>\n<p>De este Concilio \u2014cuya obra comenz&oacute; Juan XXIII guiado (como &eacute;l mismo confesaba) por la clara inspiraci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo\u2014 la Iglesia ha salido con fe renovada en el poder de las palabras de Cristo, dirigidas a los Ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo. Ha salido con una nueva certeza sobre la propia misi&oacute;n: la misi&oacute;n recibida del Se&ntilde;or y Salvador. Ha salido <i>hacia el porvenir.<\/i> De los umbrales de la casa de Sotto il Monte, de las colinas de vuestra tierra bergamasca se ve la Iglesia como cen&aacute;culo de todos los pueblos y continentes, abierta hacia el futuro.<\/p>\n<p>Es dif&iacute;cil someter aqu&iacute; a un an&aacute;lisis profundo la perspectiva de esta apertura. Pero es tambi&eacute;n dif&iacute;cil no mencionar al menos lo que, de modo particular, sali&oacute; del coraz&oacute;n del Papa Juan. Es el nuevo impulso hacia la<i> unidad de los cristianos<\/i> y una especial comprensi&oacute;n para la<i> misi&oacute;n de la Iglesia en relaci&oacute;n con el mundo contempor&aacute;neo. <\/i>&Eacute;stos temas han visto una profundizaci&oacute;n esencial en la mesa del Concilio. Si bien en este espacioso cen&aacute;culo de la Iglesia de nuestros tiempos, difundida en todo el globo terrestre, no faltan las dificultades, las tensiones, las crisis, que crean temores justificados, ser&iacute;a dif&iacute;cil no reconocer que gracias al Papa salido de vuestra tierra bergamasca, de Sotto il Monte, ha tenido origen una <i>obra providencial.<\/i> Se necesita tan s&oacute;lo que nosotros mantengamos fidelidad al Esp&iacute;ritu de Verdad, que ha guiado esta obra, que seamos honestos en comprender y realizar el Concilio, y &eacute;ste demostrar&aacute; que es precisamente &eacute;se el camino por el que la Iglesia de nuestros tiempos y del futuro debe caminar hacia el cumplimiento de su destino.<\/p>\n<p>Aceptemos por tanto estas palabras de la liturgia de hoy, tomadas de la primera Carta de San Pedro: &quot;Alegraos de ello, aunque de momento teng&aacute;is que sufrir un poco, en pruebas diversas: as&iacute; la comprobaci&oacute;n de vuestra fe \u2014de m&aacute;s precio que el oro que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego\u2014 llegar&aacute; a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or&quot; (<i>1 Pe<\/i> 1, 6-7).<\/p>\n<p>Acojamos estas palabras \u2014<i>y acojamos la prueba de nuestra fe<\/i>\u2014 pidiendo al Se&ntilde;or resucitado que seamos capaces de ello como lo fue el Papa Juan.<\/p>\n<p>4.&nbsp;De los umbrales de la casa campesina de Sotto il Monte, de las colinas de vuestra tierra bergamasca, por obra de aquel hijo suyo que fue el Papa Juan \u2014Angelo Guiseppe Roncalli\u2014 se ven<i> las grandes perspectivas de la iglesia y del mundo.<\/i> Las perspectivas de la familia humana que vive en la paz construida sobre la verdad, sobre la libertad, sobre la justicia y sobre el amor, gracias al mensaje que sali&oacute; del cen&aacute;culo jerosolimitano. Se ve, pues, ese gran cen&aacute;culo de la Iglesia de nuestros tiempos, difundida en medio de las gentes y de los continentes, en medio de las naciones y de los pueblos&#8230;<i> la dimensi&oacute;n universal de la Iglesia.<\/i><\/p>\n<p>Pero se ve tambi&eacute;n la dimensi&oacute;n m&aacute;s peque&ntilde;a de la Iglesia: la<i> &quot;iglesia dom&eacute;stica&quot;.<\/i> El Papa Juan ha permanecido fiel a esa Iglesia hasta el fin de la vida, y constantemente volv&iacute;a a ella, primero en el sentido literal de la palabra, como sacerdote, obispo y cardenal patriarca de Venecia; despu&eacute;s como Papa, entonces ya s&oacute;lo con el recuerdo, con el pensamiento y con el coraz&oacute;n y mediante las visitas de sus seres queridos.<\/p>\n<p>Esta ma&ntilde;ana, <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1981\/documents\/hf_jp-ii_hom_19810426_sotto-il-monte.html\">al celebrar la liturgia eucar&iacute;stica en Sotto il Monte<\/a>, hemos recordado muchas palabras suyas sobre este tema. Hemos evocado<i> aquel clima <\/i>de su familia, que fue una verdadera &quot;iglesia dom&eacute;stica&quot;. Familia que vivi&oacute; de oraci&oacute;n y de trabajo, de Eucarist&iacute;a y de amor rec&iacute;proco, de sacrificio unido al esp&iacute;ritu de sencillez y de pobreza. &iquest;Esta casa de familia en Sotto il Monte no fue tal vez un peque&ntilde;o cen&aacute;culo, en el que Cristo resucitado ven&iacute;a para decir, deteni&eacute;ndose en medio de los familiares, &quot;Paz a vosotros&quot;? En efecto, precisamente all&iacute;, en aquel ambiente. Angelo Giuseppe sinti&oacute; por primera vez las palabras: &quot;Como el Padre me ha enviado, as&iacute; te env&iacute;o tambi&eacute;n yo. Recibe el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 20, 21-22). Las vocaciones sacerdotales nacen m&aacute;s f&aacute;cilmente en un clima as&iacute;.<\/p>\n<p>Cu&aacute;n a menudo tambi&eacute;n all&iacute;, en aquella casa. Cristo escuch&oacute; de aquella gente sencilla, que viv&iacute;a del trabajo de los campos, la misma profesi&oacute;n que, en otro tiempo, hab&iacute;a escuchado en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n de boca de Tom&aacute;s: &quot;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&quot;<i> (Jn<\/i> 20, 28). La conciencia de la presencia del Salvador y la ley divina inscrita en los corazones de los familiares fueron la fuente de la felicidad habitual de aquella noble gente, seg&uacute;n las mejores tradiciones del ambiente y de la sociedad a la que ellos pertenec&iacute;an.<\/p>\n<p>5.&nbsp;&iexcl;Queridos hermanos y hermanas! En la memoria del Papa Juan<i> encontramos hoy estas dos dimensiones de la Iglesia:<\/i> la grande, universal, en la que, durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida Angelo Giuseppe Roncalli fue llamado a suceder a San Pedro en la Sede Romana; y la peque&ntilde;a, &quot;dom&eacute;stica&quot;. La &quot;iglesia dom&eacute;stica&quot;, la familia cristiana, constituye un fundamento particular de la grande. Constituye tambi&eacute;n el fundamento de la vida de las naciones y de los pueblos, como lo ha testimoniado el reciente S&iacute;nodo de los Obispos y como, constantemente, lo testimonia la experiencia no corrompida por las malas costumbres de tantas sociedades y de tantas familias.<\/p>\n<p>Precisamente esa &quot;iglesia dom&eacute;stica&quot; pertenece a la herencia<i> del Papa Juan. <\/i>Es<i> la parte integral del mensaje<\/i> que constituye toda su vida, del mensaje de la verdad y del amor dirigido a toda la Iglesia y a todo el mundo, pero de modo particular dirigido a Italia: a esta tierra.<\/p>\n<p>Este mensaje hay que volverlo a leer <i>con la &oacute;ptica<\/i> de las palabras de la primera Carta de San Pedro: &quot;Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrecci&oacute;n de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os est&aacute; reservada en el cielo&#8230;&quot; (1, 3-4).<\/p>\n<p>Pero<i> hay que volver a leer al mismo tiempo<\/i> que este mensaje, el mensaje particular del Papa Juan, en el contexto de las amenazas, amenazas reales, que hieren el patrimonio humano y cristiano de la familia, desarraigando los principios fundamentales sobre los que est&aacute; construida, desde sus fundamentos, la m&aacute;s espl&eacute;ndida comunidad humana. Estos principios afectan, al mismo tiempo, a los valores esenciales, de los cuales no puede prescindir ning&uacute;n programa, no s&oacute;lo el cristiano, sino el simplemente humano.<\/p>\n<p>El<i> primero de estos valores<\/i> es<i> el amor fiel<\/i> de los mismos esposos, como fuente de su confianza rec&iacute;proca y tambi&eacute;n de la confianza de los hijos hacia ellos. Sobre esta confianza como sobre una roca se basa toda la sutil construcci&oacute;n interior de la familia, toda la &quot;arquitectura de las almas&quot;, que se irradia con una humanidad madura sobre las generaciones nuevas.<\/p>\n<p>El<i> segundo valor<\/i> fundamental es<i> el respeto a la vida<\/i> desde el momento de su concepci&oacute;n bajo el coraz&oacute;n de la madre.<\/p>\n<p>6. Es oportuno al respecto que la figura del Papa Juan, del &quot;Papa bueno&quot; de Angelo Giuseppe Roncalli, hijo de esta tierra bergamasca, se eleve ante toda la Iglesia y en particular ante esta naci&oacute;n, en la que vio la luz;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;se eleve con toda la verdad de su mensaje evang&eacute;lico, que es al mismo tiempo un mensaje tan humano; &eacute;l, tan lleno de solicitud por el bien de su patria, por el bien de toda naci&oacute;n&iexcl; y-de todo hombre,<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;se eleve ante nosotros y est&eacute; presente en medio de nosotros.<\/p>\n<p>Permitid, pues, que ante &eacute;l \u2014ante su figura\u2014 repita yo las palabras que pronunci&eacute; en el <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/angelus\/1981\/documents\/hf_jp-ii_ang_19810405.html\">V domingo de Cuaresma<\/a>:<\/p>\n<p>&laquo;Efectivamente, existe en nuestra &eacute;poca una<i> amenaza<\/i> creciente<i> al valor de la vida.<\/i> Esta amenaza que, sobre todo, se hace notar en las sociedades del progreso t&eacute;cnico, de la civilizaci&oacute;n material y del bienestar, plantea un interrogante a la misma<i> autenticidad humana<\/i> de &eacute;se-<i> progreso.<\/i> Quitar la vida humana significa siempre que el hombre ha perdido la confianza en el valor de su existencia; que ha destruido en s&iacute;, en su conocimiento, en su conciencia y voluntad, ese<i> valor primario y fundamental.<\/i><\/p>\n<p>&raquo;Dios dice: &quot;No matar&aacute;s&quot;<i> (Ex<\/i> 20, 13). Y&nbsp;este mandamiento es al mismo tiempo el principio fundamental y la norma del c&oacute;digo de la moralidad inscrito en la conciencia de cada hombre.<\/p>\n<p>&raquo;Si se concede derecho de ciudadan&iacute;a al asesinato del hombre cuando todav&iacute;a est&aacute; en el seno de la madre, entonces, por esto mismo, se nos pone en el resbaladero de incalculables consecuencias de naturaleza moral. Si es l&iacute;cito quitar la vida a un ser humano, cuando es el m&aacute;s d&eacute;bil, totalmente dependiente de la madre, de los padres,, del &aacute;mbito de las conciencias humanas, entonces se asesina<i> no s&oacute;lo a un hombre inocente, sino tambi&eacute;n a las conciencias mismas.<\/i><\/p>\n<p>&raquo;Y&nbsp;no se sabe lo amplia y velozmente que se propaga el radio de esa destrucci&oacute;n de las conciencias, sobre las que se basa, ante todo, el sentido m&aacute;s humano de la cultura y del progreso del hombre.<\/p>\n<p>&raquo;Si aceptamos el derecho a quitar el don de la vida al hombre a&uacute;n no nacido, &iquest;lograremos defender despu&eacute;s el derecho del hombre a la vida en todas las dem&aacute;s situaciones? &iquest;Lograremos detener el proceso de destrucci&oacute;n de las conciencias humanas?&raquo;<i> (L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 12 de abril de 1981, p&aacute;g. 1).<\/p>\n<p>&iexcl;Papa Juan! He pronunciado estas palabras el domingo 5 de abril y las repito hoy aqu&iacute;, en tu tierra natal. Fueron <i>dictadas por el amor<\/i> hacia el hombre, por ese amor que tiene su fuente en la caridad con la que abraza al hombre Aquel que lo ha creado y Aquel que lo ha redimido: Cristo crucificado y resucitado. Fueron dictadas por el sentido de la especial<i> dignidad<\/i> que tiene todo hombre desde el instante de la concepci&oacute;n hasta la muerte. &iexcl;Papa Juan! Estas palabras fueron dictadas<i> por el amor y por el respeto<\/i> hacia esta naci&oacute;n de la que t&uacute; has sido hijo, as&iacute; como yo soy hijo de mi naci&oacute;n. Y como hijo de mi patria, Polonia, deseo intercambiar el amor que t&uacute; has tenido hacia ella, sirviendo yo a Italia, as&iacute; como, a causa de la misi&oacute;n que he heredado de ti en la Sede de San Pedro, deseo servir a toda la sociedad, a todas las naciones, a todos los . hombres, puesto que el hombre es &quot;el camino de la Iglesia&quot; (cf.<i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i> 14), as&iacute; como Cristo es para todo hombre en la Iglesia &quot;el camino, la verdad y la vida&quot;<i> (Jn<\/i> 14, 6).<\/p>\n<p>&iexcl;Queridos hermanos y hermanas! Por la memoria del Papa Juan debemos hacer todo lo que puede servir a tutelar la familia y la dignidad de la paternidad y de la maternidad responsable, la confianza rec&iacute;proca de las generaciones, debemos hacer todo lo posible para tutelar nuestra &quot;iglesia dom&eacute;stica&quot;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;en medio de la cual se revela Cristo resucitado, as&iacute; como se revel&oacute; a los Ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo,<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;donde El entra&#8230;<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;y dice: &quot;&iexcl;Paz a vosotros!&quot;.<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SOTTO IL MONTE Y B&Eacute;RGAMO SANTA MISA EN B&Eacute;RGAMO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II II Domingo de Pascua, 26 de abril de 1981 &nbsp; 1. &quot;Entr&oacute; Jes&uacute;s, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros&quot; (Jn 20, 19). 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