{"id":39734,"date":"2016-10-05T23:00:00","date_gmt":"2016-10-06T04:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1981-santa-misa-en-sotto-il-monte-bergamo\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:00","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:00","slug":"26-de-abril-de-1981-santa-misa-en-sotto-il-monte-bergamo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1981-santa-misa-en-sotto-il-monte-bergamo\/","title":{"rendered":"26 de abril de 1981, Santa Misa en Sotto il Monte, B\u00e9rgamo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_bergamo.html\">VISITA PASTORAL A SOTTO IL MONTE Y B&Eacute;RGAMO<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN SOTTO IL MONTE<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL<\/i><\/b><\/font><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b> SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">II Domingo de Pascua, 26 de abril de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&iexcl;Car&iacute;simos hermanos e hijos!<\/p>\n<p>1. &quot;&iexcl;Hemos contemplado, oh Dios, las maravillas de tu amor!&quot;.<\/p>\n<p>Estas palabras de la liturgia se adaptan muy bien a este &quot;Domingo in Albis&quot;, en el que, conmemorando el centenario del nacimiento del Papa Juan XXIII en su mismo pueblo natal, contemplamos el maravilloso don que el Se&ntilde;or nos ha hecho con su vida y sus ense&ntilde;anzas.<\/p>\n<p>Con el alma llena de alegr&iacute;a y emoci&oacute;n me encuentro hoy aqu&iacute;, en Sotto il Monte, para esta solemne y tan significativa ceremonia, celebrada con vosotros, a quienes dirijo mi afectuoso saludo.<\/p>\n<p>Me ha impulsado a venir aqu&iacute; el deseo viv&iacute;simo de tributar a mi venerado predecesor un honor y un reconocimiento que les son debidos no s&oacute;lo por parte de la Iglesia, sino por parte de todos los hombres, que han gozado de su bondad y de su sabidur&iacute;a.<\/p>\n<p>Muchos de vosotros, habitantes de Sotto il Monte y de B&eacute;rgamo, han conocido al Papa Juan, lo han visto, se han encontrado con &eacute;l; han hablado con &eacute;l, han o&iacute;do su voz c&aacute;lida, cari&ntilde;osa y persuasiva, sensible a toda alegr&iacute;a y a todo sufrimiento humano. Y tambi&eacute;n yo lo recuerdo con viva emoci&oacute;n en la primera reuni&oacute;n del Concilio Vaticano II y sobre todo en el encuentro final de ella, cuando nos dirigi&oacute; su saludo que quer&iacute;a ser un hasta pronto y sin embargo era el &uacute;ltimo adi&oacute;s.<\/p>\n<p>Y de manera particular me agrada recordar el afecto que el Papa Juan sinti&oacute; siempre hacia mi patria, Polonia. El, el 17 de septiembre de 1912, con ocasi&oacute;n del Congreso Eucar&iacute;stico de Viena, visit&oacute; Cracovia y celebr&oacute; en la catedral, en el altar de la cruz milagrosa del Wavel, como le gustaba recordar con extremada exactitud de detalles; adem&aacute;s visit&oacute; muchas veces el santuario mariano de Jasna G&oacute;ra, descubriendo en los profundos sentimientos religiosos de mi pueblo alguna afinidad que le enternec&iacute;a y le confortaba.<\/p>\n<p>Era justo, por tanto, era un deber el que en una circunstancia tan singular y solemne, su sucesor en la C&aacute;tedra de Pedro viniera a su pueblo natal para meditar sobre su mensaje y respirar su espiritualidad.<\/p>\n<p>2. Como sab&eacute;is muy bien, el viernes 25 de noviembre de 1881 en la familia Roncalli nac&iacute;a Angelo Giuseppe, el cuarto de trece hijos, y aquella misma tarde la campana de la iglesia parroquial ta&ntilde;&iacute;a para anunciar el acontecimiento de su bautismo.<\/p>\n<p>Y as&iacute; hoy nosotros conmemoramos no s&oacute;lo el nacimiento a la luz del sol del peque&ntilde;o &quot;Angelino&quot;, sino tambi&eacute;n el nacimiento espiritual a la vida de la gracia y de la fe de aquel que llegar&iacute;a a ser, como dijo Pablo VI, &quot;el Papa de la bondad, de la mansedumbre, de la pastoralidad de la Iglesia&quot;<i> (Insegnamenti di Paolo VI,<\/i> vol. I, p&aacute;g. 534); el Papa que supo amar a todos y que fue amado por todos por sus caracter&iacute;sticas de paternidad, de serenidad, de sensibilidad humana y sacerdotal. En efecto, el motivo de su &eacute;xito tan extraordinario en la estima y el afecto del mundo entero, entonces y hoy, ha sido su bondad: la humanidad tiene una gran necesidad de bondad, y por eso ha amado al Papa Juan y a&uacute;n hoy lo venera y lo invoca.<\/p>\n<p>Parece como si se le viera por estas calles, por estas colinas, entre estas casas, en este su paisaje, tan ardientemente querido y recordado con ternura hasta los &uacute;ltimos d&iacute;as de su vida, su &quot;querido nido de Sotto il Monte&quot;, a donde todos los a&ntilde;os, en cuanto le era posible, de sacerdote, de obispo, de cardenal, ven&iacute;a a refugiarse, para templar su esp&iacute;ritu &quot;in gratia et fide&quot;, como le hab&iacute;an educado sus padres y el padrino, t&iacute;o abuelo, Zaverio.<\/p>\n<p>3. Si nos preguntamos d&oacute;nde y c&oacute;mo el Papa Juan adquiri&oacute; tales dotes de bondad y de paternidad, unidas a u&ntilde;a fe cristiana siempre &iacute;ntegra y pura, es f&aacute;cil responder: en su familia.<\/p>\n<p>El mismo, durante su larga vida y en un n&uacute;mero grand&iacute;simo de escritos, privados y oficiales, recuerda, con emoci&oacute;n y reconocimiento, su patriarcal hogar dom&eacute;stico, los a&ntilde;os de su ni&ntilde;ez y de su adolescencia, transcurridos en un ambiente limpio y sereno, en el. cual el estilo era la gracia de Dios vivida con sencillez y coherencia, la regla de vida era el catecismo y la instrucci&oacute;n parroquial, el consuelo era la oraci&oacute;n, especialmente la Misa festiva y el Rosario vespertino, el empe&ntilde;o cotidiano era la caridad: &quot;&Eacute;ramos pobres \u2014escrib&iacute;a el Papa Juan\u2014 pero est&aacute;bamos contentos de nuestra condici&oacute;n, confiados en la ayuda de la Providencia. Cuando un mendigo se asomaba a la puerta de la cocina, donde unos veinte muchachos esperaban el plato de sopa, siempre hab&iacute;a un puesto de m&aacute;s. Mi .madre se apresuraba a hacer sentar al hu&eacute;sped a nuestro lado&quot; (<i>Diario del alma.<\/i> Ap&eacute;ndice).<\/p>\n<p>La catequesis familiar y parroquial fue su alimento espiritual; la fidelidad a las pr&aacute;cticas de piedad y a los ritos de la Iglesia fue su empe&ntilde;o constante, porque tuvo en sus padres el ejemplo, el est&iacute;mulo y su primera escuela de teolog&iacute;a.<\/p>\n<p>Con dulce afabilidad recordaba en un discurso: &quot;La querida imagen de la Virgen, bajo la advocaci&oacute;n de &#8216;Auxiliadora&#8217;, fue durante muchos a&ntilde;os familiar a nuestros ojos de ni&ntilde;o y de adolescente en la casa de nuestros padres&quot; (<i>Discorsi, Messaggi, Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII,<\/i> vol. IV, p&aacute;g. 307). Y en el discurso pronunciado en ocasi&oacute;n de sus ochenta a&ntilde;os, dijo: &quot;De estos recuerdos tom&oacute; comienzo y alimento de veneraci&oacute;n todo cuanto se refer&iacute;a a la vida religiosa, al santuario de nuestras familias, modestas, laboriosas, temer&raquo; sas de Dios y serenas&quot;<i> (ib.,<\/i> vol. IV, p&aacute;g. 23). &#8216;<\/p>\n<p>En la Nochebuena de 1959, &eacute;l, con viva nostalgia se remontaba a los tiempos lejanos y con sencillez y sabidur&iacute;a trazaba las l&iacute;neas de la doctrina cristiana sobre la familia: &quot;&iexcl;Qu&eacute; bien se viv&iacute;an las grandes realidades de la familia cristiana! Noviazgo en el reflejo de la luz de Dios, matrimonio sagrado e inviolable en el respeto de las cuatro notas caracter&iacute;sticas: fidelidad, castidad, amor mutuo y santo temor del Se&ntilde;or; esp&iacute;ritu de prudencia, de sacrificio en la educaci&oacute;n atenta de los hijos; y siempre, en toda circunstancia, amor hacia el pr&oacute;jimo, perd&oacute;n, esp&iacute;ritu para soportarse mutuamente, confianza, respeto hacia los dem&aacute;s. Es as&iacute; como se edifica una casa que no se derrumba&quot;<i> (ib.,<\/i> vol. II, p&aacute;g. 96).<\/p>\n<p>4. Su fe, que tiene origen en la familia, iluminada y confirmada por el estudio serio y met&oacute;dico realizado en el seminario en el surco de la Sagrada Escritura, del Magisterio de la Iglesia, de la patr&iacute;stica y de la teolog&iacute;a cualificada y aprobada, acompa&ntilde;ada luego, a lo largo de los a&ntilde;os, por la lectura y la meditaci&oacute;n de los grandes maestros de la asc&eacute;tica y de la m&iacute;stica, permaneci&oacute; de tal manera siempre &iacute;ntegra y profunda, sin sufrir los vaivenes del modernismo, sin desviarse nunca del recto camino de la verdad. En 1910 anotaba en el &quot;Diario del alma&quot;: &quot;Doy gracias de rodillas al Se&ntilde;or por haberme mantenido inc&oacute;lume entre tanta ebullici&oacute;n y agitaci&oacute;n de lengua y de cerebro&#8230; Debo recordar siempre que la Iglesia contiene en s&iacute; la juventud eterna de la verdad y de Cristo que es de todos los tiempos&#8230; El primer tesoro de mi alma es la fe, la santa fe sencilla e ingenua de mis padres y de mis buenos viejos&quot;.<\/p>\n<p>De esta fe genuina y transparente, que le inspir&oacute; la familia, brot&oacute; tambi&eacute;n su total y confiado abandono en la Providencia, expresado en el lema inspirador de su vida: &quot;Oboedientia et pax&quot;; naci&oacute; la visi&oacute;n sobrenatural y escatol&oacute;gica de la existencia y de toda la historia, por la que &eacute;l camina en la luz de los &quot;nov&iacute;simos&quot; y de la &quot;teolog&iacute;a del m&aacute;s all&aacute;&quot;. Esta fe, &iacute;ntimamente saboreada<i> como<\/i> verdad absoluta y como significado de la existencia humana, se expres&oacute; con suavidad y confianza en las pr&aacute;cticas de piedad que alimentan la vida cristiana: las muchas y bellas devociones que a lo largo de los siglos han florecido sobre la f&eacute;rtil cepa del dogma: la uni&oacute;n con Cristo eucar&iacute;stico y crucificado, con el Sagrado Coraz&oacute;n; la devoci&oacute;n a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, a los &Aacute;ngeles, a los Santos; el constante recuerdo de las almas del purgatorio; y, naturalmente, las visitas al Sant&iacute;simo Sacramento, la confesi&oacute;n frecuent&eacute;, el rezo del Rosario, los retiros y los ejercicios espirituales, la meditaci&oacute;n, las peregrinaciones.<\/p>\n<p>Es una fe justa y rectamente tradicional, pero que no queda est&aacute;tica, congelada o indebidamente conservadora frente a los cambios exigentes y arrolladores de los tiempos y de las situaciones; al contrario, es maravillosamente juvenil, intr&eacute;pida, abierta, clarividente, hasta el punto de idear y comenzar el Concilio Vaticano II y de barruntar, con aguda inteligencia, toda la problem&aacute;tica que acompa&ntilde;a a la &eacute;poca moderna, como bien demuestran las Enc&iacute;clicas &quot;<a href=\"\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\">Mater et Magistra<\/a>&quot; y &quot;<a href=\"\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a>&quot;.<\/p>\n<p>5. &iexcl;El Papa Juan fue realmente un hombre enviado por Dios! Inmensamente rica y valiosa es la herencia que &eacute;l nos ha dejado. Pero en esta su tierra natal, donde en la familia tuvo los primeros g&eacute;rmenes de la fe que luego se desarroll&oacute; de una manera tan sorprendente y fecunda, yo deseo recordar y acoger de manera particular cuanto &eacute;l no? dice con respecto a la familia.<\/p>\n<p>El ya hab&iacute;a puesto en guardia sobre los peligros que se ciernen sobre ella; &quot;Este santuario \u2014dec&iacute;a con el llanto en el coraz&oacute;n\u2014 est&aacute; amenazado por muchas insidias. Una propaganda a veces incontrolada se sirve de los poderosos medios de la prensa, del espect&aacute;culo y de la diversi&oacute;n para difundir, sobre todo en la juventud, los g&eacute;rmenes nefastos de la corrupci&oacute;n. Es necesario que la familia se defienda&#8230; aprovechando tambi&eacute;n, cuando es necesario, la tutela de la ley civil (<i>Discorsi<\/i>&#8230;, vol. I, p&aacute;g. 172, 1 de marzo de 1959). Por tanto, su ense&ntilde;anza permanece v&aacute;lida y perenne, porque es la voz de la verdad y<sup>:<\/sup>-es jo que en lo &iacute;ntimo desea y espera el &aacute;nimo de cada persona. Me gusta sintetizar esa ense&ntilde;anza en los cinco &quot;puntos firmes&quot; siguientes.<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;Ante todo, la sacralidad de la familia, y por tanto tambi&eacute;n del amor y de la sexualidad: &quot;La familia es don de Dios \u2014dec&iacute;a\u2014, ella implica una vocaci&oacute;n que viene de lo alto, que no se improvisa&quot;<i> (Discorsi&#8230;,<\/i> vol. III, p&aacute;g. 67). &quot;En la familia se da la m&aacute;s admirable y estrecha cooperaci&oacute;n del hombre con Dios: las dos personas humanas, creadas a imagen y semejanza divina, est&aacute;n llamadas no s&oacute;lo a la gran tarea de continuar y prolongar la obra creadora, dando la vida f&iacute;sica a nuevos seres, a los que el Esp&iacute;ritu vivificador infunde el poderoso principio de la vida inmortal, sino tambi&eacute;n a la tarea m&aacute;s noble y que perfecciona la primera, de la educaci&oacute;n civil y cristiana de los hijos&quot;<i> (ib.. <\/i>vol. II, p&aacute;g. 519). Debido a esta caracter&iacute;stica esencial, Jes&uacute;s quiso que el matrimonio fuera un &quot;sacramento&quot;.<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;La moralidad de la familia. &quot;No nos dejemos enga&ntilde;ar, cegar, ilusionar \u2014amonestaba con cristiana y paternal sabidur&iacute;a\u2014, la cruz es siempre la &uacute;nica esperanza de salvaci&oacute;n; la Ley de Dios est&aacute; siempre ah&iacute;, con sus diez mandamientos, recordando al mundo que s&oacute;lo en ella est&aacute; la tutela de las conciencias y de las familias, que s&oacute;lo en su observancia est&aacute; el secreto de la paz y de la tranquilidad de conciencia. Quien se olvida de ello, aunque parezca huir de todo compromiso de seriedad, se construye antes o despu&eacute;s su tristeza y miseria&quot;<i> (idem,<\/i> vol. II, p&aacute;gs. 281-282). Y en otra ocasi&oacute;n a&ntilde;ad&iacute;a: &quot;El culto de la pureza es el honor y el tesoro m&aacute;s valioso de la familia cristiana&quot;<i> (ib.,<\/i> vol. IV, p&aacute;g. 897).<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;La responsabilidad de la familia. El Papa Juan conf&iacute;a en la obra educativa de los padres, sostenida por la gracia divina. Dirigi&eacute;ndose a las madres, dec&iacute;a: &quot;La voz de la madre cuando alienta, invita, suplica, permanece esculpida profundamente en el coraz&oacute;n de los suyos, y no se olvida ya. S&oacute;lo Dios conoce el bien suscitado por esta voz, y la utilidad que ella procura a la Iglesia y a la sociedad humana&quot;<i> (ib.,<\/i> vol. II, p&aacute;g. 67). Y a los padres a&ntilde;ad&iacute;a: &quot;En las familias donde el padre ora y tiene una fe gozosa y consciente, asiste a las instrucciones catequ&iacute;sticas y lleva a ellas a sus hijos, no habr&aacute; tormentas y desolaciones de una juventud rebelde y llena de desamor. Nuestra palabra quiere ser siempre de esperanza; pero estamos seguros de que, en algunas expresiones descorazonadoras de vida juvenil, la responsabilidad m&aacute;s grande hay que buscarla ante todo en esos padres y madres, especialmente en los padres de familia, que reh&uacute;yen de los precisos y graves deberes de su estado&quot;<i> (ib., <\/i>vol. IV, p&aacute;g. 272).<\/p>\n<p>\u2014&nbsp;La finalidad de la familia. Sobre este punto, el Papa Juan era claro y lineal: el fin para el que se nace es la santidad y la salvaci&oacute;n, y la familia es querida por Dios para tal fin. Hace veinte a&ntilde;os, en la carta-testamento, escrita en ocasi&oacute;n de sus ochenta a&ntilde;os, recordando uno a uno a sus queridos familiares, dec&iacute;a: &quot;esto es lo que m&aacute;s vale: asegurarse la vida eterna, confiando en la bondad del Se&ntilde;or que ve todo y a todo provee&quot; (3 de diciembre de 1961). Y comentando cada misterio del Rosario, dec&iacute;a que en el tercer misterio gozoso rezaba por los ni&ntilde;os de todas las razas humanas nacidos en las &uacute;ltimas veinticuatro horas<i> (ib.,<\/i> vol. IV, p&aacute;g. 241).<\/p>\n<p>\u2014 La ejemplaridad de la familia cristiana. El Papa Juan exhortaba encarecidamente a padres e hijos cristianos a ser ejemplo de fe y de virtud en el mundo moderno, siguiendo el modelo de la Sagrada Familia: &quot;El secreto de la verdadera paz \u2014dec&iacute;a\u2014, del acuerdo mutuo y duradero, de la docilidad de los hijos, del florecer de una amable costumbre, est&aacute; en la imitaci&oacute;n continua y generosa de la dulzura, de la modestia de la Familia de Nazaret&quot;<i> (ib.,<\/i> vol. II, p&aacute;gs. 118-119). El Papa Juan est&aacute; seguro de que de estas familias ejemplares pueden surgir numerosas y escogidas vocaciones sacerdotales y religiosas, a pesar de las dificultades de los tiempos.<\/p>\n<p>Esta es en s&iacute;ntesis la doctrina del grande y amable Pont&iacute;fice sobre la familia, doctrina que suena como una condena abierta de la teor&iacute;a y de la praxis que van contra la instituci&oacute;n familiar.<\/p>\n<p>La figura sonriente y buena del Papa Juan, tan cercana al coraz&oacute;n de todos los italianos, ayude a hacer resurgir una vez m&aacute;s en el &aacute;nimo ese patrimonio de bondad y solidaridad, caracter&iacute;stico de un pueblo que quiere la vida y no la muerte del hombre, la promoci&oacute;n y no la destrucci&oacute;n de la familia.<\/p>\n<p>6. &iexcl;Querid&iacute;simos hermanos e hijos! El encontrarnos aqu&iacute;, hoy, en Sotto il Monte, con el Papa Juan para conmemorar el centenario de su nacimiento, es sin duda una gran alegr&iacute;a para todos y una suave consolaci&oacute;n; pero debe ser tambi&eacute;n un incentivo para tener siempre presente su ejemplo y para escuchar su palabra: &quot;Todo creyente \u2014escrib&iacute;a en la <i> <a href=\"\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem.html\">Pacem in terris<\/a><\/i>\u2014, debe ser una chispa de luz, un centro de amor, un fermento vivificador en la masa&quot; (n&uacute;m. 57).<\/p>\n<p>&iexcl;Este es el empe&ntilde;o que os dejo, en su nombre! Os lo dejo a vosotros, habitantes de Sotto il Monte y de toda la tierra de la provincia de B&eacute;rgamo, tan amada por &eacute;l, siguiendo las indicaciones del plan pastoral, &oacute;ptimamente proclamado por vuestro obispo.<\/p>\n<p>Se lo dejo a todos los fieles de la Iglesia, sacerdotes y laicos, y lo extiendo a todos los hombres de buena voluntad, que han sido atra&iacute;dos y conmovidos por la paterna figura del Papa Juan.<\/p>\n<p>Que sea valioso patrimonio de todos tambi&eacute;n la tierna devoci&oacute;n a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, que siempre marc&oacute; su vida. &quot;A ninguna otra cosa ella tiende m&aacute;s que a hacer m&aacute;s robusta, generosa y operante nuestra fe&quot;, son sus palabras. &quot;Mar&iacute;a nos ayudar&aacute; a todos nosotros, que somos peregrinos aqu&iacute; abajo: con su ayuda suprema superaremos las inevitables tristezas y adversidades y nos acostumbraremos a mirar al cielo, con serenidad y alegr&iacute;a&quot;<i> (ib.,<\/i> vol. II, p&aacute;g. 707).<\/p>\n<p>El Papa Juan nos acompa&ntilde;e con su ejemplo y su oraci&oacute;n por los caminos arduos de nuestra vida. El es un buen amigo: &iexcl;escuch&eacute;mosle! &iexcl;Su herencia es verdaderamente bendita!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SOTTO IL MONTE Y B&Eacute;RGAMO SANTA MISA EN SOTTO IL MONTE HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II II Domingo de Pascua, 26 de abril de 1981 &nbsp; &iexcl;Car&iacute;simos hermanos e hijos! 1. &quot;&iexcl;Hemos contemplado, oh Dios, las maravillas de tu amor!&quot;. 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