{"id":39743,"date":"2016-10-05T23:00:13","date_gmt":"2016-10-06T04:00:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-sabas\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:13","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:13","slug":"29-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-sabas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-sabas\/","title":{"rendered":"29 de marzo de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Sabas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN SABAS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> IV domingo de Cuaresma<br \/> 29 de marzo de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;Deseo juntamente con vosotros saludar a Cristo Buen Pastor con las palabras del Salmo responsorial de la liturgia de hoy, que colma nuestros corazones de tanta confianza:<\/p>\n<p><i>&iexcl;El Se&ntilde;or es mi Pastor, nada me falta! (Sal<\/i>&nbsp;22 [23], 1).<\/p>\n<p>En el nombre de Cristo que es el Pastor Eterno de la Iglesia, Pastor de las almas, saludo a esta peque&ntilde;a parte de la Iglesia romana, que es la comunidad de San Sabas en el Aventino.<\/p>\n<p>Me encuentro entre vosotros en una circunstancia feliz: el 50 aniversario de la fundaci&oacute;n de la parroquia. Efectivamente, en 1931, P&iacute;o XI, de venerada memoria, decretaba su erecci&oacute;n y la confiaba a los padres jesuitas. Despu&eacute;s del largo y asiduo trabajo desarrollado por los sacerdotes salesianos en esta zona de Roma, a los cuales va tambi&eacute;n la expresi&oacute;n de nuestra gratitud, les sucedieron los Hijos de San Ignacio, &iexcl;y cu&aacute;nto bien han prodigado en este medio siglo de fatigas apost&oacute;licas! Por esto, recordando a tantas personas que trabajan por vosotros y con vosotros, os presento a todos mi saludo con grande y gozoso afecto.<\/p>\n<p>Ante todo quisiera saludar al cardenal Vicario y al obispo auxiliar, al p&aacute;rroco con su vicep&aacute;rrocos, a los hermanos coadjutores y a todos los padres y sacerdotes colaboradores. Extiendo tambi&eacute;n con particular cordialidad este saludo a todos los que participan m&aacute;s &iacute;ntimamente en la vida parroquial: a los religiosos y religiosas de las varias congregaciones, especialmente a las religiosas salesianas, al consejo pastoral, a la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica de adultos, a los catequistas, a las L&aacute;mparas Vivientes, al Apostolado de la Oraci&oacute;n, a las Comunidades juveniles, a los monaguillos, a los &quot;Muchachos nuevos&quot;, al grupo de esposos y de la &quot;Tercera Edad&quot;, a Caritas parroquial, a las Asociaciones deportivas y culturales. Pero, sobre todo, con esta visita pastoral quiero presentar mi saludo de padre, de pastor, de amigo, a todas las varias clases de personas que forman el tejido de vuestra comunidad parroquial: dirigentes, industriales, constructores, empresarios, profesores de universidad, diplom&aacute;ticos, profesionales, maestros, empleados, obreros, artesanos, comerciantes, artistas, con cada una de sus familias, con sus propias alegr&iacute;as y sus sufrimientos: a todos quiero llegar con mi amor, mi oraci&oacute;n y mi af&aacute;n apost&oacute;lico. Vuestra parroquia, que tiene verdaderamente la caracter&iacute;stica de la variedad y de la complejidad, sienta en este momento de manera intensa que est&aacute; presente siempre en el pensamiento y en el coraz&oacute;n del Papa, el cual en este alegre cincuentenario desea a todos la paz de Cristo.<\/p>\n<p>2.&nbsp;El Salmo responsorial del IV domingo de Cuaresma dirige nuestras almas hacia el misterio pascual, en el que Cristo se revela realmente como Pastor que ofrece la vida por las ovejas (cf.<i> Jn<\/i> 10, 11-15). La imagen que emerge del Salmo 22 es una preparaci&oacute;n en el Antiguo Testamento de la figura que Cristo mismo ha delineado con la par&aacute;bola del Buen Pastor. Evidentemente, el Salmo refleja una mentalidad oriental y se expresa con modalidades t&iacute;picas del contexto hist&oacute;rico jud&iacute;o y, por esto, requerir&iacute;a una esmerada ex&eacute;gesis. Sin embargo, su mensaje es f&aacute;cilmente comprensible: Jes&uacute;s, el Verbo Divino, se encarn&oacute; precisamente para conducir las almas hacia la verdad:<i> &quot;En verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Jes&uacute;s vino para alentarnos en el camino de la vida, para guiarnos en el camino justo de la salvaci&oacute;n, para prepararnos la mesa de la gracia, para darnos la alegr&iacute;a de la certeza. Jes&uacute;s est&aacute; con nosotros todos los d&iacute;as de nuestra existencia: la fe en El nos da seguridad y valent&iacute;a, aun cuando a veces tengamos que caminar en un valle oscuro. &iexcl;Animo, pues, queridos hijos! Es la primera exhortaci&oacute;n que nos sugiere la liturgia de hoy. &iexcl;A pesar de las penas y de los contrastes de la vida, a pesar de las situaciones sociales y p&uacute;blicas que a veces pueden llegar a ser dram&aacute;ticas, no perd&aacute;is la confianza en Cristo Buen Pastor, Redentor de nuestras almas, Salvador de la humanidad 1<\/p>\n<p>3. Cristo es precisamente el Pastor Eterno de toda la humanidad, porque en El todos nosotros hemos sido elegidos por el Padre como sus hijos adoptivos. Y por medio de su obra redentora hemos sido unidos al Esp&iacute;ritu Santo, de manera que participamos as&iacute; tambi&eacute;n de la misi&oacute;n de Cristo &quot;Sacerdote, Profeta y Rey&quot; (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 31). Hacia estos pensamientos nos orienta Ja primera lectura del libro de Samuel, que narra la elecci&oacute;n y la unci&oacute;n del futuro Rey David por parte del Profeta.<\/p>\n<p>Del relato del episodio hist&oacute;rico resulta que en el Antiguo Testamento s&oacute;lo alguno era elegido por el Alt&iacute;simo para la realizaci&oacute;n de sus designios. En este caso, uno solo de los 7 hijos de Jes&eacute; fue elegido y consagrado Rey de Israel.<\/p>\n<p>En cambio, la revelaci&oacute;n de Cristo y la ense&ntilde;anza perenne de la Iglesia afirman que, en el Nuevo Testamento, la elecci&oacute;n es universal: toda la humanidad y, por esto, cada uno de los hombres, es llamado y elegido en Cristo para participar de la misma vida divina mediante la gracia. &iexcl;As&iacute;, pues, sent&iacute;os dichosos y estad agradecidos por haber no s&oacute;lo conocido estas realidades divinas, sino por haber recibido la &quot;unci&oacute;n&quot; y la &quot;consagraci&oacute;n&quot; mediante el bautismo y la confirmaci&oacute;n! &iexcl;Acordaos siempre de vuestra dignidad, de vuestra grandeza, de vuestra riqueza y comportaos de modo que tambi&eacute;n los dem&aacute;s puedan conocerla y vivirla!<\/p>\n<p>4. Sin embargo, el pensamiento sobre el que pone m&aacute;s fuertemente el acento la liturgia de hoy es que Cristo es el Pastor de nuestras almas en cuanto nos abre los ojos para ver la luz de Dios.<\/p>\n<p>El relato de la curaci&oacute;n del ciego de nacimiento, como nos lo presenta el Evangelista Juan, es ciertamente una de las p&aacute;ginas m&aacute;s espl&eacute;ndidas del Evangelio. Ser&iacute;a necesario detenerse largamente para analizar los valores literarios, para saborear la composici&oacute;n, de la escena, para profundizar en la sicolog&iacute;a de los diversos personajes, para seguir la din&aacute;mica de la acci&oacute;n, para descubrir su valor apolog&eacute;tico, para meditar su mensaje doctrinal. Lo podr&eacute;is hacer en vuestros encuentros de grupo, con comodidad y provecho; para este encuentro es suficiente una sola, pero fundamental, observaci&oacute;n: Jes&uacute;s realiz&oacute; el llamativo milagro de la curaci&oacute;n del ciego de nacimiento para demostrar su divinidad y la consiguiente necesidad de acoger su Persona y su mensaje.<\/p>\n<p>El ciego, una vez curado, no sabe todav&iacute;a qui&eacute;n es Jes&uacute;s pero lo intuye, y contra la incredulidad de los jud&iacute;os y el temor de sus mismos padres, afirma: &quot;Jam&aacute;s se oy&oacute; decir que nadie abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si &eacute;ste no viniera de Dios, no tendr&iacute;a ning&uacute;n poder&quot;. Cuando despu&eacute;s Jes&uacute;s le dice claramente que es el &quot;Hijo del hombre&quot;, esto es, el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios, el ciego curado no tiene duda alguna e inmediatamente hace su profesi&oacute;n de fe: &quot;Creo, Se&ntilde;or&quot;.<\/p>\n<p>He aqu&iacute;, pues, el significado, inmediato del milagro realizado por Jes&uacute;s: El es verdaderamente Dios, el cual como pudo dar enseguida la vista a un ciego, mucho m&aacute;s puede dar la vista al alma,&nbsp;puede abrir los ojos interiores para que conozcan las verdades supremas que se refieren a la naturaleza de Dios y al destino del hombre. Por esto, la curaci&oacute;n f&iacute;sica del ciego, que luego es causa de su fe, se convierte en un s&iacute;mbolo de la conversi&oacute;n espiritual. De este modo Jes&uacute;s vuelve a confirmar la verdad de las palabras que ya hab&iacute;a pronunciado: &quot;Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendr&aacute; luz de vida&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12). Cristo es Buen Pastor porque es la luz de nuestras almas. No podemos menos de creer en El, seguirle, amarle, escucharle.<\/p>\n<p>5. De la meditaci&oacute;n de las lecturas de la liturgia de hoy debemos sacar ahora alguna conclusi&oacute;n pr&aacute;ctica, que pueda servir en el camino ulterior de vuestra vida personal y parroquial.<\/p>\n<p>Ante todo, tened siempre un profundo sentido de responsabilidad sobre vuestra fe cristiana. El relato evang&eacute;lico nos hace comprender cu&aacute;n preciosa es la vista de los ojos, pero cu&aacute;nto m&aacute;s preciosa es a&uacute;n la luz de la fe. Pero sabemos que esta fe exige firmeza y fortaleza, porque est&aacute; siempre insidiada. Frente a la luz que es Cristo, hay a veces una actitud de abierta hostilidad, o de rechazo y de indiferencia, o tambi&eacute;n de cr&iacute;tica injusta y parcial.<\/p>\n<p>Sent&iacute;os responsables de vuestra fe en la sociedad moderna en la que deb&eacute;is vivir, cada uno en su puesto de vida y de trabajo, cada uno en el &aacute;mbito de sus relaciones de familia y de profesi&oacute;n. Y por esto, profundizad cada vez m&aacute;s en ella, con una catequesis sana, completa, met&oacute;dica. A este prop&oacute;sito manifiesto mi viva satisfacci&oacute;n por la incansable y diligente obra de catequesis que se desarrolla en vuestra parroquia, para todas las edades y clases de personas. &iexcl;Corresponded al celo de vuestros Pastores! &iexcl;Conocer mejor la propia fe significa estimarla m&aacute;s, vivirla m&aacute;s intensamente, irradiarla con m&aacute;s eficaz testimonio!<\/p>\n<p>6.&nbsp;Una segunda consecuencia pr&aacute;ctica se puede sacar de la Carta de San Pablo a los cristianos de la ciudad de &Eacute;feso.<\/p>\n<p>&quot;En otro tiempo erais tinieblas \u2014escrib&iacute;a el Ap&oacute;stol\u2014, ahora sois luz en el Se&ntilde;or. Caminad como hijos de la luz&quot; (<i>Ef<\/i> 5,<i><b>&nbsp;<\/b><\/i>8).&nbsp;La exhortaci&oacute;n de San Pablo es siempre actual: &quot;Buscad lo que agrada al Se&ntilde;or&quot; (<i>Ef<\/i> 5, 10). &quot;No tom&eacute;is parte en las obras est&eacute;riles de las tinieblas&quot; <i> (Ef<\/i> 5, 11).<\/p>\n<p>&iexcl;Sed luz tambi&eacute;n vosotros en vuestra parroquia, en vuestra ciudad, en vuestra patria! Sed luz, con la frecuencia asidua y convencida a la Santa Misa dominical y festiva; sed luz eliminando escrupulosamente las palabras soeces, la blasfemia, la lectura de diarios y revistas pornogr&aacute;ficas, la visi&oacute;n de espect&aacute;culos negativos; sed luz con el ejemplo continuo de vuestra bondad y de vuestra fidelidad en todo lugar, pero especialmente en el ambiente privilegiado de la familia, recordando que &quot;toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz&quot;.<\/p>\n<p>7.&nbsp;Querid&iacute;simos:<\/p>\n<p>El IV domingo de Cuaresma eleva nuestros pensamientos y nuestros corazones hacia Cristo que, al ofrecer su vida por los Hombres en la pasi&oacute;n y en la cruz, se revela el &uacute;nico Buen Pastor que abraza a todos y a cada uno, se cuida del verdadero bien de cada hombre y de la humanidad aqu&iacute;, en la tierra, y, en definitiva, se cuida de nuestra salvaci&oacute;n eterna.<\/p>\n<p><i>&iexcl;Estemos dispuestos<\/i>&nbsp;para seguir a Cristo por los caminos que El nos indica, tambi&eacute;n mediante la ense&ntilde;anza de la Iglesia que El ha instituido!<\/p>\n<p>&iexcl;Estemos dispuestos a sacar fuerza de las fuentes de la gracia, que El nos abre en la Iglesia mediante los sacramentos de la fe: Penitencia y Eucarist&iacute;a!<\/p>\n<p>&iexcl;Y, finalmente, estemos dispuestos<i> a buscar en El<\/i> el apoyo en todas las dificultades de nuestra vida y de nuestra conciencia!<\/p>\n<p>&iexcl;No nos separemos nunca de El! &iexcl;El es la luz del mundo!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN SABAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II IV domingo de Cuaresma 29 de marzo de 1981 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: 1.&nbsp;Deseo juntamente con vosotros saludar a Cristo Buen Pastor con las palabras del Salmo responsorial de la liturgia de hoy, que colma nuestros corazones de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-sabas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de marzo de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Sabas\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39743","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39743","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39743"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39743\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39743"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39743"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39743"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}