{"id":39744,"date":"2016-10-05T23:00:14","date_gmt":"2016-10-06T04:00:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-marzo-de-1981-santa-misa-para-los-estudiantes-universitarios-como-preparacion-a-la-pascua\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:14","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:14","slug":"26-de-marzo-de-1981-santa-misa-para-los-estudiantes-universitarios-como-preparacion-a-la-pascua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-marzo-de-1981-santa-misa-para-los-estudiantes-universitarios-como-preparacion-a-la-pascua\/","title":{"rendered":"26 de marzo de 1981, Santa Misa para los estudiantes universitarios como preparaci\u00f3n a la Pascua"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS DE ROMA <br \/> COMO PREPARACI&Oacute;N A LA PASCUA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/i> <br \/> <\/b><i>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Jueves 26 de marzo de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. <i>&iexcl;Glor&iacute;a a Ti, Cristo, Verbo de Dios!<\/i><\/p>\n<p>El tiempo de Cuaresma es el per&iacute;odo de una catequesis intensa. Lo fue ya para los antiguos catec&uacute;menos. Y ha continuado siendo as&iacute;. Tambi&eacute;n nuestro encuentro cuaresmal, que ya se ha hecho costumbre, es expresi&oacute;n de esto. La catequesis debe presentar el misterio divino revelado en Jesucristo. El tiempo pascual lleva consigo una especial profundidad de este misterio, y es una singular condensaci&oacute;n del mismo. Por eso el coraz&oacute;n del cristiano debe corresponder con una sensibilidad particular ante ello.<\/p>\n<p>Esto se refiere a todos los que confiesan a Cristo, a todas las generaciones y vocaciones. De modo espec&iacute;fico se refiere tambi&eacute;n a<i> vuestro ambiente. <\/i>La universidad es un ambiente donde se cultiva la ciencia y donde se adquiere la instrucci&oacute;n superior. En este contexto es necesario crear nuevas condiciones y nuevas posibilidades para el <i>encuentro con el misterio de Cristo<\/i> y para poder vivir en intimidad con El. Es importante que la luz del conocimiento de Cristo no se ofusque, sino que encuentre siempre una fuerza proporcional en los entendimientos que se ocupan de la m&uacute;ltiple problem&aacute;tica de los estudios universitarios. M&aacute;s a&uacute;n, es importante que el conocimiento de la Palabra de Dios madure en estos entendimientos, seg&uacute;n la justa proporci&oacute;n, todav&iacute;a con m&aacute;s plenitud. Finalmente, es importante que nuestros corazones conserven esa sencillez, y las conciencias esa limpidez que son fruto de la Palabra de Dios, cuando esta Palabra obra en ellos sin encontrar obst&aacute;culo.<\/p>\n<p>Precisamente por esto nos encontramos hoy.<i> Saludo<\/i> cordialmente a<i> todos<\/i> los presentes, tanto a los profesores y hombres de ciencia, como a los estudiantes.<\/p>\n<p>Saludo a los que han venido ya otras veces a este encuentro. Y saludo tambi&eacute;n a los que han venido hoy por primera vez.<\/p>\n<p><i>&iexcl;Gloria a Ti, Cristo, Verbo de Dios! <\/i>Juntamente con vosotros rindo adoraci&oacute;n a Cristo-Verbo, que mediante mi ministerio quiere hablaros en la catequesis cuaresmal de hoy.<i> &iexcl;Gloria a Ti, Cristo, Verbo de Dios!<\/i><\/p>\n<p>2. Esta<i> catequesis se centra ante todo en el misterio de la creaci&oacute;n:<\/i> &quot;Venid, aclamemos al Se&ntilde;or&#8230; Entrad,&nbsp; postr&eacute;monos por tierra, bendiciendo<i> al Se&ntilde;or, creador nuestro.<\/i> Porque El es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el reba&ntilde;o que El gu&iacute;a&quot; (<i>Sal<\/i> 94 [95], 1 6-7).<\/p>\n<p><i>&iexcl;Venid, adoremos!<\/i><\/p>\n<p>La Iglesia comienza su cotidiana oraci&oacute;n lit&uacute;rgica, la Liturgia de las Horas, precisamente con estas palabras del Salmista. Ellas contienen una invitaci&oacute;n dirigida al entendimiento humano y juntamente a la voluntad y al coraz&oacute;n. Es la invocaci&oacute;n m&aacute;s fundamental: &iexcl;Sal fuera y ve al encuentro de Dios, que es el Creador! &iexcl;Tu Creador! Al encuentro de Dios a quien todo lo que existe debe su existencia. Al encuentro de Dios, el cual, como Creador, est&aacute; &quot;por encima&quot; de todo lo creado, por encima del cosmos, y, a la vez,<i> abraza y penetra<\/i> este cosmos hasta el fondo &uacute;ltimo, hasta la esencia de todas las cosas.<\/p>\n<p>&iexcl;Sal al encuentro de Dios, que es el Creador! Esta es la primera y fundamental invitaci&oacute;n<i> al entendimiento iluminado por la fe,<\/i> m&aacute;s a&uacute;n, es tambi&eacute;n la primera invitaci&oacute;n al entendimiento que<i> busca sinceramente la verdad<\/i> por los caminos de la ciencia y de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica. Se podr&iacute;a encontrar confirmaci&oacute;n de ello en las declaraciones de los hombres de ciencia en el curso de los siglos y tambi&eacute;n en nuestra &eacute;poca.<\/p>\n<p>Newton, por ejemplo, afirmaba textualmente que &quot;un Ser inteligente y potente&#8230; gobierna todas las cosas no como alma del mundo, sino como Se&ntilde;or del universo, y a causa de su dominio se le suele llamar Se&ntilde;or Dios,<i> Pantocr&aacute;tor&quot;. <\/i>Por su parte, Einstein, el cual sosten&iacute;a que &quot;la ciencia sin la religi&oacute;n est&aacute; coja, y la religi&oacute;n sin la ciencia es ciega&quot;, lleg&oacute; a decir: &quot;Deseo saber c&oacute;mo Dios ha creado el mundo. Yo no estoy interesado en este o en otro fen&oacute;meno, ni en el espectro de un elemento qu&iacute;mico. Quiero conocer el pensamiento de Dios; lo dem&aacute;s es un detalle&quot;.<\/p>\n<p>Pues bien, la catequesis de la liturgia de hoy est&aacute; centrada en el misterio de la creaci&oacute;n y, aunque esto est&eacute; expresado all&iacute; de modo conciso, se podr&iacute;a decir discreto, sin embargo, es necesario que <i>desarrollemos este punto <\/i>en<i> nuestra meditaci&oacute;n,<\/i> m&aacute;s a&uacute;n, que lo desarrollemos constantemente en nuestra vida interior consciente. En efecto, &eacute;sta es la primera verdad de la fe, el primer art&iacute;culo de nuestro Credo: &quot;Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra&quot;.<\/p>\n<p>Las criaturas dan testimonio del Creador. En la invitaci&oacute;n lit&uacute;rgica del Salmo \u2014de este Salmo de hoy y de los otros\u2014 se encierra la convicci&oacute;n justa de que cuanto el hombre m&aacute;s se deja arrebatar por la elocuencia de las criaturas, por su riqueza y belleza, tanto m&aacute;s crece en &eacute;l \u2014&iexcl;y debe crecer!\u2014 la<i> necesidad de adorar al Creador:<\/i> &quot;Entrad, postr&eacute;monos por tierra, bendiciendo al Se&ntilde;or&quot;. Estas palabras no son excesivas. Confirman los caminos perennes de la l&oacute;gica fundamental de la fe y, al mismo tiempo, de la l&oacute;gica fundamental del pensar en el mundo, en el cosmos, en el macro y micro-cosmos. Quiz&aacute; precisamente aqu&iacute; la fe se manifiesta y se vuelve a afirmar de modo particular como<i> rationabile obsequium.<\/i><\/p>\n<p>A&ntilde;ado tambi&eacute;n que la invitaci&oacute;n del Salmo en modo alguno est&aacute; en colisi&oacute;n con la &quot;<i>justa autonom&iacute;a de lo creado&quot;. <\/i>Este es un amplio problema al que aqu&iacute; s&oacute;lo quiero aludir. Sin embargo, al mismo tiempo, os ruego que volv&aacute;is a leer con atenci&oacute;n los respectivos pasajes de la ense&ntilde;anza del Concilio Vaticano II, contenidos en la Constituci&oacute;n<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> y pens&eacute;is en ellos. Os dejo esto como tarea para casa. No puede haber una s&oacute;lida catequesis sin las tareas, sin el trabajo personal de quienes participan en ella.<\/p>\n<p>En cambio, hoy os ruego que pens&eacute;is en<i> esta desproporci&oacute;n,<\/i> que efectivamente existe en zonas gigantescas de la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea: el hombre, cuanto mejor conoce el mundo, parece sentirse tanto menos obligado a &quot;doblar las rodillas&quot; y a &quot;postrarse&quot; ante el Creador. Es necesario, pues, preguntar: &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Acaso se piensa que el conocimiento mismo del mundo y el disfrutar de los efectos de este conocimiento convierte al hombre en due&ntilde;o de lo creado? &iquest;Pero no se deber&iacute;a pensar, m&aacute;s bien, que lo que el hombre conoce \u2014las riquezas sorprendentes del microcosmos y las dimensiones del macrocosmos\u2014 lo encuentra ya en el cosmos,<i> lo toma de &eacute;l, <\/i>por decirlo as&iacute;, &quot;preparado&quot;, ya hecho, y que lo que, bas&aacute;ndose en esto, &eacute;l mismo produce despu&eacute;s, lo debe a toda esa riqueza de las materias primas, que halla en el mundo creado?<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; el hombre no es capaz \u2014igual que los entendimientos m&aacute;s grandes\u2014 de caer en el asombro ante la trascendencia, ante el primado de esa Sabidur&iacute;a creadora, dado que para penetrar en los efectos de su actuar han sido necesarios los esfuerzos de innumerables entendimientos humanos en el curso de generaciones enteras y de siglos?&#8230; &iquest;Y cu&aacute;nto es todav&iacute;a el camino ante ellos? &iquest;Pero es posible que precisamente el hombre contempor&aacute;neo no piense que en toda la orientaci&oacute;n del desarrollo de su civilizaci&oacute;n y de su mentalidad (que se definen con m&uacute;ltiples nombres) pueda haber<i> una fundamental<\/i> &quot;injusticia&quot;: la &quot;injusticia&quot; en relaci&oacute;n con el Creador?<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Entrad, postr&eacute;monos por tierra, bendiciendo al Se&ntilde;or creador nuestro!&quot;.<\/p>\n<p>3. En la obra de la creaci&oacute;n ha sido grabado, injertado el Reino de Dios. Por esto, la catequesis de la liturgia de hoy se<i> centra tambi&eacute;n en el misterio del Reino.<\/i><\/p>\n<p>Este Reino, que comenz&oacute; en la historia de la creaci&oacute;n juntamente con el hombre, tiene una larga historia. En el &aacute;pice de esta historia se encuentra Cristo. &quot;El reino de Dios est&aacute; cercano&quot; (<i>Mc<\/i> 1, 15). El habla desde el principio sobre su ense&ntilde;anza mesi&aacute;nica, y anuncia con perseverancia, incansablemente, este Reino al pueblo elegido. Anuncia y, al mismo tiempo, es consciente de que en torno al problema de ese Reino ha crecido un equ&iacute;voco fundamental, y &eacute;ste contin&uacute;a permaneciendo y es necesaria la controversia para poder encontrar de nuevo<i> la verdad plena sobre el Reino de Dios.<\/i> Por esta verdad, en fin de cuentas, El da la vida.<\/p>\n<p>El pasaje del Evangelio de hoy, desde este punto de vista, es muy significativo y elocuente. Ante los signos que Jes&uacute;s realizaba, liberando a los hombres de la potencia de m&uacute;ltiples males, algunos comenzaron a difundir la opini&oacute;n de que lo que El hac&iacute;a proven&iacute;a de la potencia del esp&iacute;ritu maligno. &quot;Si echa los demonios es por arte de Belceb&uacute;, pr&iacute;ncipe de los demonios&quot;. &quot;Otros \u2014contin&uacute;a el Evangelista\u2014, para ponerlo a prueba, le ped&iacute;an un signo en el cielo&quot; (<i>Lc<\/i> 11, 15-16).<\/p>\n<p>Entonces, Cristo pronuncia estas palabras sobre el reino dividido y desgarrado, palabras misteriosas, pero, a la vez, penetrantes, que leemos en el Evangelio de hoy: &quot;Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si tambi&eacute;n Satan&aacute;s est&aacute; en guerra civil, &iquest;c&oacute;mo mantendr&aacute; su reino? Vosotros dec&iacute;s que yo echo los demonios con el poder de Belceb&uacute;; y vuestros hijos, &iquest;por arte de qui&eacute;n los echan? Por eso, ellos mismos ser&aacute;n vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros&quot; (Lc 11, 17-20).<\/p>\n<p>&iexcl;Palabras misteriosas y, a la vez, penetrantes! Exigir&iacute;an una ex&eacute;gesis m&aacute;s detallada. Pod&eacute;is aceptar tambi&eacute;n esto como una tarea para casa, en el curso de los encuentros de vuestros grupos b&iacute;blicos. S&eacute; que existen.<\/p>\n<p>Sin embargo, digamos inmediatamente lo que cuenta m&aacute;s. Cristo confirma la existencia<i> del esp&iacute;ritu maligno y de su reino,<\/i> que se deja guiar por un<i> programa propio.<\/i> Este programa exige una l&oacute;gica estricta de la acci&oacute;n, una l&oacute;gica tal, capaz de hacer que &quot;el reino del mal&quot; pueda mantenerse. M&aacute;s a&uacute;n, que pueda desarrollarse en los hombres a quienes se dirige. Satan&aacute;s no puede actuar contra su propio programa, el esp&iacute;ritu maligno no puede echar fuera al esp&iacute;ritu maligno. As&iacute; dice Cristo. Y deja que los oyentes saquen las conclusiones definitivas, terminando con esta frase: &quot;Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros&quot;.<\/p>\n<p>La controversia sobre el Reino de Dios termin&oacute; el Viernes Santo. El Domingo de Resurrecci&oacute;n fue confirmada la verdad de las palabras de Cristo, la verdad de que<i> ha llegado a nosotros el Reino de Dios,<\/i> la verdad de toda su misi&oacute;n mesi&aacute;nica. Sin embargo, la lucha entre el reino del mal, del esp&iacute;ritu maligno, y el Reino de Dios, no ha cesado, no ha terminado. Solamente ha entrado en una nueva etapa, m&aacute;s a&uacute;n, en la etapa definitiva. En esta etapa la lucha perdura en las generaciones siempre nuevas de la historia humana.<\/p>\n<p>&iquest;Acaso debemos demostrar expresamente que esta lucha contin&uacute;a tambi&eacute;n en <i> nuestros tiempos?<\/i> S&iacute;. Ciertamente contin&uacute;a. M&aacute;s a&uacute;n, se desarrolla a medida de la historia de la humanidad en cada uno de los pueblos y naciones. La lucha contin&uacute;a tambi&eacute;n en cada uno de nosotros. Y siguiendo esta historia, comprendida nuestra historia contempor&aacute;nea, podemos explicar tambi&eacute;n c&oacute;mo el reino del esp&iacute;ritu maligno no est&aacute; dividido, sino que busca una unidad de acci&oacute;n en el mundo por diversos caminos, trata de producir sus efectos en el hombre, en los ambientes, en las familias, en las sociedades. Como al principio, as&iacute; tambi&eacute;n ahora<i> pone en juego su programa sobre la libertad del hombre&#8230;, <\/i>sobre su libertad aparentemente ilimitada.<\/p>\n<p>Sin embargo, de esto no nos ocuparemos m&aacute;s. Dejemos tambi&eacute;n este problema para una ulterior meditaci&oacute;n de cada uno. En cambio \u2014dado que creemos que en Jesucristo ha llegado a nosotros el Reino de Dios (cf.<i> Lc<\/i> 11, 20)\u2014 pensemos<i> con qu&eacute; unidad debe caracterizarse<\/i> en cada uno de nosotros para poder perseverar, crecer y desarrollarse org&aacute;nicamente.<\/p>\n<p>Este es precisamente el tema central de la Cuaresma. Este per&iacute;odo existe para que nosotros penetremos muy a fondo en el programa del Reino de Dios, para que busquemos esta unidad que dicho Reino debe constituir en nosotros y entre nosotros, en cada cristiano y en la comunidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>4. En el Evangelio de hoy Cristo dice (y &eacute;stas son las &uacute;ltimas palabras del pasaje que hemos le&iacute;do): &quot;El que no est&aacute; conmigo, est&aacute; contra m&iacute;; el que no recoge conmigo (esto es, no acumula), desparrama&quot; (<i>Lc<\/i> 11, 23).<\/p>\n<p><i>Crear el Reino de Dios quiere decir estar con Cristo.<\/i>&nbsp;Crear la unidad que debe constituir en nosotros y entre nosotros, quiere decir precisamente: recoger (&iexcl;acumular!) juntamente con El. He aqu&iacute; el programa fundamental del Reino de Dios, que Cristo en su enunciaci&oacute;n contrapone a la actividad del esp&iacute;ritu maligno en nosotros y entre nosotros. Esa actividad pone en juego su programa sobre la libertad del hombre, aparentemente ilimitada. Halaga al hombre con una libertad que no le es propia. Halaga a todos los ambientes, sociedades, generaciones. Halaga para manifestar, al fin, que esta libertad no es otra cosa que <i>adaptarse a una m&uacute;ltiple coacci&oacute;n:<\/i> a la coacci&oacute;n de los sentidos y de los instintos, a la coacci&oacute;n de la situaci&oacute;n, a la coacci&oacute;n de la informaci&oacute;n y de los varios medios de comunicaci&oacute;n, de los esquemas corrientes de pensar, de valorar, de comportarse,, en los que se hace callar la pregunta fundamental: esto es, si este comportamiento es bueno o malo, digno o indigno.<\/p>\n<p>Gradualmente el mismo programa prejuzga y sentencia sobre el bien y el mal, no seg&uacute;n el verdadero valor de las obras y de las cuestiones, sino seg&uacute;n las ventajas y las coyunturas, seg&uacute;n el &quot;imperativo&quot; del goce o del &eacute;xito inmediato.<\/p>\n<p>&iquest;Puede despertarse todav&iacute;a el hombre? &iquest;Puede decirse con claridad a s&iacute; mismo que esta &quot;libertad ilimitada&quot; se convierte, a fin de cuentas, en una esclavitud?<\/p>\n<p><i>Cristo no halaga<\/i>&nbsp;a sus oyentes, no halaga al hombre con la<i> apariencia de la libertad &quot;ilimitada&quot;.<\/i> Dice: &quot;Conocer&eacute;is la verdad, y la verdad os har&aacute; libres&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 32), y de este modo afirma que la libertad no le ha sido dada al hombre s&oacute;lo como un don, sino como una tarea. S&iacute;. Se le da a cada uno de nosotros como esa tarea en la que cada uno de vosotros y yo ha sido dado como tarea a s&iacute; mismo. Es la tarea a medida de la vida. Y no se trata de una propiedad de la que se pueda gozar de cualquier modo y que se pueda &quot;derrochar&quot;.<\/p>\n<p>Esta<i> tarea de la libertad<\/i> \u2014tarea maravillosa\u2014 se realiza seg&uacute;n el programa de Cristo y de su Reino<i> sobre el terreno de la verdad.<\/i> Ser libres quiere decir realizar los frutos de la verdad, actuar en la verdad. Ser libres quiere decir tambi&eacute;n saber rendirse, someterse a s&iacute; mismos a la verdad, y no: someter la verdad a s&iacute; mismos, a las propias veleidades, a los propios intereses, a las propias coyunturas. Ser libres \u2014seg&uacute;n el programa de Cristo y de su Reino\u2014 no<i> quiere decir goce, sino fatiga:<\/i> la fatiga de la libertad. A precio de esta fatiga el hombre &quot;no derrocha&quot;, sino que &quot;recoge&quot; y &quot;acumula&quot; con Cristo.<\/p>\n<p>A precio de esta fatiga el hombre obtiene tambi&eacute;n en s&iacute; mismo esa unidad que es propia del Reino de Dios. Y, al mismo precio, logran una unidad parecida los matrimonios, las familias, los ambientes, las sociedades. Es la unidad de la verdad con la libertad. Es la unidad de la libertad con la verdad. &iexcl;Mis queridos amigos! Esta unidad es vuestra tarea particular,<i> si no quer&eacute;is ceder,<\/i> si no quer&eacute;is rendiros a la unidad de ese otro programa, el que trata de realizar en el mundo, en la humanidad, en nuestra generaci&oacute;n, y en cada uno de nosotros, aquel a quien la Sagrada Escritura llama tambi&eacute;n &quot;padre de la mentira&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 44).<\/p>\n<p>Por esto la llamada de la Cuaresma \u2014llamada fundamental\u2014 es la llamada a &quot;recoger con Cristo&quot; (&quot;o a acumular con Cristo&quot;). No permit&aacute;is que se destruya esta unidad interior, que Cristo<i> elabora en la conciencia<\/i> de cada uno de vosotros,<i> mediante el Esp&iacute;ritu Santo:<\/i> la unidad, en la que la libertad crece por la verdad, y la verdad es el metro de la libertad.<\/p>\n<p>Aprended a pensar, a hablar y a actuar seg&uacute;n los principios de la sencillez y de la claridad evang&eacute;lica: &quot;S&iacute;, s&iacute;; no, no&quot;. Aprended a llamar blanco a lo blanco, y negro a lo negro; mal al mal, y bien al bien. Aprended<i> a llamar pecado al pecado, <\/i> y no lo llam&eacute;is<i> liberaci&oacute;n y progreso,<\/i> aun cuando toda la moda y la propaganda fuesen contrarias a ello. Mediante esta sencillez y claridad se construye la unidad del Reino de Dios, y esta unidad es, al mismo tiempo, una madura unidad interior de cada hombre, es el fundamento de la unidad de los esposos y de las familias, es la fuerza de las sociedades: de las sociedades que acaso sienten ya, y sienten cada vez mejor, c&oacute;mo se trata de destruirlas y descomponerlas desde dentro, llamando mal al bien, y pecado a la manifestaci&oacute;n del progreso y de la liberaci&oacute;n.<\/p>\n<p>5. Cristo no pone en juego el programa de su Reino sobre las apariencias. Lo construye sobre la verdad. Y la liturgia de la Cuaresma, d&iacute;a tras d&iacute;a, con las palabras del Profeta \u2014&iexcl;qu&eacute; palabras tan ardientes!\u2014 nos recuerda<i> la verdad del pecado y la verdad de la conversi&oacute;n.<\/i><\/p>\n<p>As&iacute; hace tambi&eacute;n la liturgia de hoy, dando la palabra, primero al m&aacute;s tr&aacute;gico de los Profetas, Jerem&iacute;as, para a&ntilde;adir despu&eacute;s, con las palabras de Cristo, la invitaci&oacute;n a la penitencia:<\/p>\n<p>&quot;Convert&iacute;os al Se&ntilde;or, vuestro Dios, que es clemente y misericordioso&quot; (<i>Jl<\/i> 2, 13).<\/p>\n<p><i>El derecho de la conversi&oacute;n corresponde a la verdad sobre el hombre. <\/i>Corresponde tambi&eacute;n a la verdad interior del hombre. Lo que la Iglesia implora ardientemente (en particular durante la Cuaresma) es tambi&eacute;n que el hombre <i>no permita sofocar en s&iacute; esta verdad sobre s&iacute; mismo<\/i> y no se prive de la propia verdad interior. Que no se<i> deje arrancar esta verdad<\/i> bajo la apariencia &quot;de la libertad ilimitada&quot;. Que no pierda en s&iacute; el grito de la conciencia como voz de la Verdad, que lo supera, pero que, al mismo tiempo, decide de &eacute;l: que lo hace hombre y decide de su humanidad.<\/p>\n<p>La Iglesia ruega para que el hombre, cada uno de los hombres (en particular los j&oacute;venes, pero tambi&eacute;n todo hombre) no cambie la<i> apariencia<\/i> de la libertad y la apariencia de la liberaci&oacute;n<i> por la libertad verdadera y<\/i> por la liberaci&oacute;n construida sobre la verdad, por la liberaci&oacute;n en Jesucristo. La Iglesia ruega por esto cada d&iacute;a: &quot;Ojal&aacute; escuch&eacute;is hoy su voz: no endurezc&aacute;is vuestro coraz&oacute;n como en Merib&aacute;, como el d&iacute;a de Mas&aacute; en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque hab&iacute;an visto mis obras&quot; (<i>Sal<\/i> 94 [95], 8-9).<\/p>\n<p>S&iacute;. Que el hombre,<i> testigo de la creaci&oacute;n,<\/i> el hombre cristiano,<i> testigo de la cruz y de la resurrecci&oacute;n<\/i> (testigo, es decir, uno que ha visto y que mira), tenga el coraz&oacute;n abierto y la conciencia limpia. Tenga en s&iacute; esa libertad para la que Cristo lo ha liberado (cf.<i> G&aacute;l<\/i> 5,1).<\/p>\n<p>Y rezad por esto, queridos amigos, ante todo por vosotros mismos, cuando recib&aacute;is el sacramento de la Penitencia y os un&aacute;is, mediante la Eucarist&iacute;a, en la unidad del Reino de Dios.<\/p>\n<p>Rezad, con este fin, tambi&eacute;n por vuestros amigos, por vuestras escuelas, por los ambientes donde viv&iacute;s, por todos los hombres, que son vuestros hermanos y hermanas en la vocaci&oacute;n a la dignidad humana y a la salvaci&oacute;n eterna en Cristo crucificado y resucitado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS DE ROMA COMO PREPARACI&Oacute;N A LA PASCUA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Jueves 26 de marzo de 1981 &nbsp; 1. &iexcl;Glor&iacute;a a Ti, Cristo, Verbo de Dios! 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