{"id":39745,"date":"2016-10-05T23:00:18","date_gmt":"2016-10-06T04:00:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-pedro-y-san-pablo\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:18","slug":"22-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-pedro-y-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-pedro-y-san-pablo\/","title":{"rendered":"22 de marzo de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL <br \/> A LA PARROQUIA ROMANA DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>III domingo de Cuaresma<br \/> 22 de marzo de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&quot;&#8230;Postr&eacute;monos por tierra, bendiciendo al Se&ntilde;or, creador nuestro. Porque El es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el reba&ntilde;o que El gu&iacute;a&quot; (<i>Sal<\/i> 94 [95], 6-7).<\/p>\n<p>Con estas palabras de la liturgia de hoy,<i> me dirijo<\/i> a vosotros, queridos hermanos y hermanas, feligreses de la comunidad parroquial, dedicada a los Santos Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo, en la EUR.<\/p>\n<p>Esta es la<i> invitaci&oacute;n<\/i> a adorar a Dios, que nos ha creado. Es la invitaci&oacute;n a una adoraci&oacute;n particular a Dios en este per&iacute;odo de redenci&oacute;n y de gracia que es la<i> Cuaresma.<\/i><\/p>\n<p>Efectivamente, la Cuaresma es el &quot;tiempo propicio&quot; (<i>2 Cor<\/i> 6, 2), en el cual el Se&ntilde;or se revela a quien se esfuerza por conocerlo y amarlo. Es el tiempo del &quot;memento&quot;, de acordarse de El de modo real. Es<i> met&aacute;noia<\/i>: dirigirse a El con toda el alma para servirlo y darle gracias. Esto significa adorar al Se&ntilde;or, y por este motivo la Iglesia no se cansa de repetir con el Salmista: &quot;Entremos a su presencia d&aacute;ndole gracias, vitore&aacute;ndolo al son de instrumentos&quot; (<i>Sal<\/i> 94 [95], 2), y tambi&eacute;n: &quot;Entrad, postr&eacute;monos por tierra, bendiciendo al Se&ntilde;or&quot; (<i>Sal<\/i> 94 [95], 6).<\/p>\n<p>La adoraci&oacute;n a Dios constituye la raz&oacute;n de ser de la Iglesia y de cada hombre, el cual no puede dar expresi&oacute;n cabal a su existencia, sin manifestar este acto amoroso, espont&aacute;neo y consciente a Dios, su Creador. Y este acto de adoraci&oacute;n se realiza sobre todo en la comunidad reunida para la celebraci&oacute;n del banquete del Se&ntilde;or, en la<i> fractio panis,<\/i> que tambi&eacute;n nosotros renovaremos dentro de poco.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Con estos sentimientos saludo a vuestra comunidad parroquial dedicada a los Santos Pedro y Pablo. Como es sabido, la parroquia es bastante joven, habiendo sido abierta la iglesia al culto en 1955, erigida en parroquia en diciembre de 1958 y elevada a la dignidad de bas&iacute;lica en 1965. Saludo al cardenal Vicario, que tambi&eacute;n aqu&iacute; se siente en familia, como en cada una de las parroquias de la di&oacute;cesis, al obispo auxiliar del sector Sur, mons. Clemente Riva, el cual acaba de desarrollar la semana preparatoria para este encuentro de los fieles de la EUR con el Papa; saludo de modo especial al p&aacute;rroco, padre Fausto Casa, juntamente con el grupo de franciscanos conventuales que le ayudan en la animaci&oacute;n cristiana de esta zona. S&eacute; que no cesan de prodigar las riquezas de su preparaci&oacute;n cultural y de su experiencia humana y religiosa. Gracias a su dedicaci&oacute;n y a la colaboraci&oacute;n de otros sacerdotes, asociados con diverso t&iacute;tulo a la actividad pastoral, la vida de la parroquia ha ido reforz&aacute;ndose progresivamente y ha madurado en frutos espirituales que permiten esperar no poco para el futuro, aun teniendo en cuenta los muchos problemas que plantea la tendencia, tan difundida en algunas familias, a aislarse y a privilegiar quiz&aacute; cierto tipo de individualismo.<\/p>\n<p>Teniendo presente el camino recorrido, dirijo mi pensamiento a los miembros de las diversas Asociaciones, en particular a las de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, las de la Orden Franciscana Seglar, las del Apostolado de la Oraci&oacute;n, la Asociaci&oacute;n de San Vicente y la de los Scouts. Mediante estas asociaciones, el laicado est&aacute; presente en la pastoral de la parroquia. Una palabra de saludo tambi&eacute;n a los religiosos y religiosas que tienen sus propios institutos en la zona y atienden a la formaci&oacute;n de los j&oacute;venes o a otras iniciativas ben&eacute;ficas, prestando as&iacute; una v&aacute;lida aportaci&oacute;n al esfuerzo com&uacute;n de promoci&oacute;n cristiana y social de los fieles.<\/p>\n<p>Finalmente, a todos, pero en especial a cuantos sufren a causa de la enfermedad, de la soledad y de la pobreza, la seguridad de mi afecto y de mi constante recuerdo en la oraci&oacute;n. Y ahora volvamos al comentario de las lecturas b&iacute;blicas que acabamos de escuchar.<\/p>\n<p>3. &quot;Golpear&aacute;s la pe&ntilde;a, y saldr&aacute; de ella agua&quot; (<i>Ex<\/i> 17, 6).<\/p>\n<p>El largo viaje de los israelitas por el desierto sirve de contexto inmediato al pasaje del &Eacute;xodo. Una de las dificultades mayores presentadas por un viaje en el desierto a un pueblo tan numeroso, que llevaba consigo reba&ntilde;os y ganado, fue ciertamente la falta de agua. Por esto es comprensible que, en los d&iacute;as en que el hambre y la sed se hac&iacute;an sentir de modo m&aacute;s agudo, los israelitas a&ntilde;oraran Egipto y murmuraran contra Mois&eacute;s. Dios, que hab&iacute;a manifestado de tantos modos su particular benevolencia para con aquel pueblo, exige ahora la fe, el abandono absoluto en El, la superaci&oacute;n de las propias seguridades humanas. Y precisamente en el momento en que el pueblo no puede contar ya con sus propios recursos, est&aacute; extenuado y abatido, y alrededor no hay m&aacute;s que la desnuda roca est&eacute;ril y &aacute;rida y sin vida, interviene Dios, se hace presente y hace brotar de esa roca agua abundante que da la vida. Precisamente de esa roca maciza podr&aacute;n sacar los israelitas agua en su viaje hacia la tierra prometida, lo mismo que del Coraz&oacute;n de Cristo, sediento en la cruz, brotar&aacute; el agua que salva a quienes han emprendido su camino de fe. Por esta semejanza, Pablo identifica la roca con Cristo mismo, nuevo Templo y manantial que da de beber en la vida eterna (cf.<i> 1 Cor <\/i>10, 4). He aqu&iacute; c&oacute;mo la potencia de Dios se manifiesta en el misterio del agua viva, que salta hasta la eternidad, porque es el agua regeneradora de la gracia y reveladora de la verdad.<\/p>\n<p>Como en el tiempo del &Eacute;xodo, tambi&eacute;n hoy los hombres notan la sed de esta agua salvadora y liberadora que proviene de Cristo, y la Iglesia, en respuesta, no se cansa de anunciarlo a todos los pueblos de todos los tiempos. Ella est&aacute; presente en el mundo, sobre todo &quot;para ayudar a los hombres a creer que Jes&uacute;s es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir as&iacute; el Cuerpo de Cristo. La Iglesia no ha dejado de dedicar sus energ&iacute;as a esta tarea&quot;<i> (<a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi tradendae<\/a>,<\/i> 1).<\/p>\n<p>4. Del agua que salta hasta la vida eterna habla<i> Cristo<\/i> a la Samaritana junto al pozo de Sicar. Cansado del camino se sienta sobre el brocal del pozo. Los disc&iacute;pulos hab&iacute;an ido solos a la ciudad para las compras. Jes&uacute;s pide a la Samaritana, que hab&iacute;a venido para sacar agua, que le d&eacute; de beber. Ella se admira de esto. &iquest;C&oacute;mo puede El, un jud&iacute;o, pedir algo a una samaritana? Desde hac&iacute;a siglos jud&iacute;os y samaritanos viv&iacute;an en una enemistad implacable. Pero Jes&uacute;s se muestra superior a este prejuicio, como tambi&eacute;n a la opini&oacute;n jud&iacute;a que consideraba como indecoroso para un maestro hablar p&uacute;blicamente con una mujer. Para El no cuenta la distinci&oacute;n de naci&oacute;n y de raza, ni tampoco la distinci&oacute;n entre hombre y mujer. Del agua natural, elemento material que Jes&uacute;s pide primeramente a la mujer, lleva la conversaci&oacute;n al plano de la revelaci&oacute;n, al agua verdaderamente viva. La expresi&oacute;n &quot;agua viva&quot; en el lenguaje de los Profetas indica los bienes de la salvaci&oacute;n del tiempo mesi&aacute;nico (cf.<i> Is<\/i> 12, 3; 49, 10; <i>Jer<\/i> 2. 13; 17, 13). Pero la mujer, no pudiendo comprender su lenguaje, piensa en un agua milagrosa que apague la sed del cuerpo, por lo que ya no ser&aacute; necesario sacar m&aacute;s. De este modo Jes&uacute;s ha despertado en ella el deseo de su don: &quot;Se&ntilde;or \u2014le dice la mujer\u2014, dame esa agua: as&iacute; no tendr&eacute; m&aacute;s sed, ni tendr&eacute; que venir aqu&iacute; a sacarla&quot;<i> (Jn <\/i>4, 14). Entonces Jes&uacute;s revela a la mujer que El es en persona la fuente misma el agua viva. Y demuestra c&oacute;mo el camino de la fe en El pasa a trav&eacute;s del reconocimiento de su misi&oacute;n divina, manifestando su conocimiento prof&eacute;tico, propio de un enviado de Dios. Ella ha tenido 5 maridos y vive ilegalmente con un sexto. La mujer comienza a reflexionar: un conocimiento tal de los corazones no es el de un hombre com&uacute;n, y prorrumpe en un emocionado acto de fe: &quot;Se&ntilde;or, veo que t&uacute; eres un profeta&quot;<i> <\/i> (<i>Jn<\/i><b> <\/b>4, 19). Y luego ir&aacute; a anunciar a los habitantes de su ciudad que ha encontrado al Mes&iacute;as y les invita a &quot;venir a ver a Jes&uacute;s&quot;<i> <\/i> (<i>Jn<\/i> 4, 29). En este estupendo pasaje evang&eacute;lico, que alcanza una cumbre sublime por su belleza formal y por su profundidad doctrinal, hay rasgos pedag&oacute;gicos interesantes para todo educador de la fe. La revelaci&oacute;n personal es obra de Jes&uacute;s, que la realiza partiendo de la situaci&oacute;n concreta para llegar a una revisi&oacute;n ideal de la vida: esa vida vista a la luz de la verdad, porque s&oacute;lo en la verdad puede efectuarse el encuentro con Cristo que personifica la misma verdad.<\/p>\n<p>5. Precisamente cuando la Samaritana se dirige a Jes&uacute;s con las palabras: &quot;Dame esa agua&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 15), entonces El no tarda en indicar el camino que lleva a ella. Es el<i> camino de la verdad interior,<\/i> el camino de la conversi&oacute;n y de las obras buenas. &quot;Anda, llama a tu marido&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 16), dice el Se&ntilde;or a la mujer: se trata de una invitaci&oacute;n a examinar la propia conciencia, a escrutar en lo &iacute;ntimo del coraz&oacute;n, a despertar en &eacute;l las esperanzas m&aacute;s profundas, &eacute;sas que se finge esconder bajo la r&eacute;plica evasiva. Hace descubrir a esta mujer la necesidad de ser salvada y de preguntarse por el camino que puede conducirla a la salvaci&oacute;n, haciendo con ella un verdadero y propio &quot;examen de conciencia&quot;, y ayud&aacute;ndola a<i> llamar por su nombre<\/i> a los pecados de su vida. Por esto el Se&ntilde;or le apremia: &quot;Tienes raz&oacute;n, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 17-18). De este modo la mujer no s&oacute;lo reconoce su situaci&oacute;n de pecado, sino que es ayudada a llamar por su nombre a los pecados de su vida. San Agust&iacute;n en un serm&oacute;n admirable expresa as&iacute; la lucha interior de esta mujer: &quot;Primeramente te rigieron los cinco sentidos corporales; cuando llegaste despu&eacute;s al uso de la raz&oacute;n, no llegaste a la sabidur&iacute;a, sino que ca&iacute;ste en el error; por esto, despu&eacute;s de los cinco maridos,<i> el que tienes ahora no es tu marido.<\/i> Y si no era un marido, &iquest;qu&eacute; era sino un ad&uacute;ltero?<i> Llama,<\/i> pues, pero no al ad&uacute;ltero, llama a<i> tu marido,<\/i> con el fin de que tu inteligencia pueda comprenderme y el error no te haga pensar algo falso de m&iacute;&#8230; Echa lejos, pues, al ad&uacute;ltero, que te pervierte y<i> anda a llamar a tu marido.<\/i> Ll&aacute;malo y vuelve ac&aacute; con &eacute;l, y me comprender&aacute;s&quot; (<i>In Jn. Evang. Tr.<\/i> 15, 22).<\/p>\n<p>En esta situaci&oacute;n, Jes&uacute;s, de improviso, se eleva m&aacute;s all&aacute; de la respuesta inmediata para anunciar la superaci&oacute;n del culto juzgado verdadero y una nueva forma de adoraci&oacute;n, que se fija en el coraz&oacute;n m&aacute;s que en los sacrificios, una adoraci&oacute;n provocada por el Esp&iacute;ritu, precisamente la adoraci&oacute;n &quot;en esp&iacute;ritu y verdad&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 24).<i> Adorar en esp&iacute;ritu <\/i>significa ponerse bajo el influjo de la acci&oacute;n de Dios, esto es, del don de vida obrado por el Esp&iacute;ritu y llama la atenci&oacute;n sobre la vida sobrenatural de la que gozan los cristianos y que es condici&oacute;n indispensable para ser &quot;verdaderos&quot; adoradores.<i> Adorar en verdad <\/i>significa ponerse en el orden de la revelaci&oacute;n del Verbo: esa revelaci&oacute;n para la cual se compromete la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu de verdad. El nuevo<i> lugar<\/i> de la adoraci&oacute;n es el templo espiritual, es decir, Cristo-verdad, bajo la iluminaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu de verdad. La condici&oacute;n requerida por Jes&uacute;s para un culto v&aacute;lido es la de sintonizar con su persona, reveladora de una fe que obra el Esp&iacute;ritu Santo. Los que sepan acoger el admirable &quot;don de Dios&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 10) que es el agua viva del Esp&iacute;ritu Santo, ser&aacute;n transformados, como la Samaritana, se convertir&aacute;n en verdaderos adoradores, encontrando el centro del culto en el Cuerpo de Cristo resucitado y transformado por la fuerza del Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>6. &iquest;Qu&eacute; efectos produjo en la Samaritana el<i> agua viva que salta hasta lo vida eterna?<\/i> Valorando el desarrollo ulterior de la situaci&oacute;n espiritual de la mujer, se puede responder que el fruto fue grande. Efectivamente, se encuentra en ella una aut&eacute;ntica<i> met&aacute;noia<\/i> que la lleva hasta a reconocer en Jes&uacute;s al Mes&iacute;as: &quot;Venid a ver \u2014dice a sus conciudadanos\u2014 un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: &iquest;ser&aacute; &eacute;ste el Mes&iacute;as? (<i>Jn<\/i> 4, 29). Y la pregunta supone en su pensamiento una respuesta afirmativa, porque une esta confesi&oacute;n con el hecho de llamar por su nombre a los pecados: me ha dicho todo lo que he hecho. Nota en s&iacute; una nueva fuerza, un nuevo entusiasmo que la lleva a anunciar a los dem&aacute;s la verdad y la gracia que ha recibido: venid a ver. En cierto sentido se convierte en mensajera de Cristo y de su Evangelio de salvaci&oacute;n, como Magdalena en la ma&ntilde;ana de Pascua.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n a nosotros se nos dirige la invitaci&oacute;n a beber de esta agua viva de la verdad, a purificar nuestra vida, cambiar la mentalidad y a acudir a la escuela del Evangelio, donde el Se&ntilde;or, como hizo con la Samaritana, nos interpela, haci&eacute;ndonos descubrir las exigencias m&aacute;s profundas de la verdad y del esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>7. Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p>En el tercer domingo de Cuaresma la Iglesia nos invita a la particular adoraci&oacute;n de Dios, a rendir una adoraci&oacute;n particular al Padre<i> &quot;en esp&iacute;ritu y verdad&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Esta adoraci&oacute;n no puede ser solamente externa. La adoraci&oacute;n &quot;en esp&iacute;ritu y verdad&quot; debe afectar a nuestras conciencias. Y por esto oigamos una vez m&aacute;s el Salmo responsorial, cuando dice: &quot;Ojal&aacute; escuch&eacute;is hoy su voz: no endurezc&aacute;is el coraz&oacute;n&#8230;&quot; (<i>Sal<\/i> 94 [95], 8).<\/p>\n<p>Pensemos a qui&eacute;n de nosotros se<i> refieren estas palabras.<\/i> Pensemos en esos hermanos y hermanas, que est&aacute;n ausentes, pero a los cuales se refieren estas palabras, e imploremos para nosotros y para ellos el<i> encuentro con Cristo<\/i> semejante al encuentro de la Samaritana junto al pozo de Sicar.<\/p>\n<p>Y&nbsp;escuchemos tambi&eacute;n las palabras <i>del Ap&oacute;stol Pablo<\/i> en la Carta a los Romanos: &quot;Ya que hemos recibido la justificaci&oacute;n por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Por El hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos;<i> y<\/i> nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios&quot;<i> (Rom<\/i> 5, 1-2).<\/p>\n<p>Si a alguno de nosotros se refieren estas palabras \u2014y pienso que se refieren a muchos\u2014 entonces pidamos perseverar en la esperanza y en la observancia de la paz con Dios, tal como ense&ntilde;a el Ap&oacute;stol.<\/p>\n<p>Y&nbsp;finalmente escuchemos las<i> palabras de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo<\/i> que dice: &quot;Levantad los ojos y contemplad los campos que est&aacute;n ya dorados para la siega; el segador ya est&aacute; recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y as&iacute; se alegran lo mismo sembrador y segador&quot;<i> <\/i> (<i>Jn<\/i> 4, 35-36).<\/p>\n<p>Y&nbsp;pidamos, pid&aacute;mosle con toda el alma<i> esta cosecha,<\/i> lo mismo que pidi&oacute; la Samaritana tener agua viva, el agua para la vida eterna. Y, al contemplar &quot;los campos que ya est&aacute;n dorados para la siega&quot; (<i>Jn<\/i> 4, 35), pensemos que hay necesidad de segadores como antes fueron necesarios los sembradores. Y digamos a Cristo que nos ha redimido con su Sangre: Se&ntilde;or, &iexcl;aqu&iacute; estoy! Adm&iacute;teme como sembrador y segador de tu Reino. Se&ntilde;or, &iexcl;aqu&iacute; estoy! Env&iacute;a operarios a la mies. &quot;Env&iacute;a operarios a tu mies&quot; (cf.<i> Mt<\/i> 9, 37).<\/p>\n<p>Que mediante la Cuaresma se<i> renueven <\/i>nuestras conciencias y reviva el celo de los aut&eacute;nticos disc&iacute;pulos de Cristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II III domingo de Cuaresma 22 de marzo de 1981 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;&#8230;Postr&eacute;monos por tierra, bendiciendo al Se&ntilde;or, creador nuestro. 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