{"id":39747,"date":"2016-10-05T23:00:20","date_gmt":"2016-10-06T04:00:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-diocesis-de-terni-santa-misa-para-las-familias\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:20","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:20","slug":"19-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-diocesis-de-terni-santa-misa-para-las-familias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-diocesis-de-terni-santa-misa-para-las-familias\/","title":{"rendered":"19 de marzo de 1981: Visita pastoral a la di\u00f3cesis de Terni, Santa Misa para las familias"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_terni.html\"> VISITA PASTORAL A TERNI<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA PARA EL PUEBLO EN EL ESTADIO DE LA CIUDAD<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/p>\n<p> <\/font><\/b>Jueves 19 de marzo de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;Dichosos los que viven en tu casa (Se&ntilde;or), alab&aacute;ndote siempre (<i>Sal <\/i>83 [84], 5).<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p>Despu&eacute;s del encuentro matutino en el lugar del trabajo, nos reunimos ahora en este amplio estadio para participar <i>en la Eucarist&iacute;a.&nbsp;<\/i>Una vez m&aacute;s quiero manifestaros mi gratitud, porque el d&iacute;a en que la Iglesia venera a San Jos&eacute;, &quot;hombre justo&quot;, que trabaj&oacute; en Nazaret en el taller de carpintero, he podido encontrarme con vosotros esta ma&ntilde;ana dentro del recinto de una de las f&aacute;bricas, donde se halla el puesto de trabajo de tantos hombres residentes en Terni y en las localidades circunvecinas. Ese encuentro se centr&oacute; sobre el gran problema del trabajo humano, hacia el cual dirige nuestros pensamientos y corazones, de modo particular, el d&iacute;a de hoy.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; os saludo por segunda vez en un c&iacute;rculo m&aacute;s amplio:<i> acompa&ntilde;ados por vuestras familias,<\/i> por vuestras mujeres y por los hijos, por vuestros familiares, allegados, vecinos y conocidos, Jos&eacute; de Nazaret, &quot;hombre justo&quot;, cuya solemnidad nos permite mirar con ojos de fe la gran causa del trabajo humano, es, al mismo tiempo, cabeza de la casa, cabeza de la familia: de la Sagrada Familia, lo mismo que cada uno de vosotros, mis hermanos y hermanas, es marido y padre, esposa y madre, responsable de la familia y de la casa. Hay un <i>estrecho v&iacute;nculo entre el trabajo y la familia:<\/i> entre vuestro trabajo y vuestra familia. San Jos&eacute; es, por t&iacute;tulo particular, Patrono de este v&iacute;nculo. Y por esto esta bien: que, despu&eacute;s de nuestro encuentro matutino que nos ha visto reunidos en torno al puesto de trabajo, nos podamos encontrar aqu&iacute; para dedicar la Santa Misa de la solemnidad de San Jos&eacute; a las familias. A cada una y a todas las familias.<\/p>\n<p>Precisamente a estas familias deseo invitar de modo m&aacute;s cordial a la comunidad eucar&iacute;stica, que expresa nuestra <i>unidad familiar con Dios,<\/i> Padre de Jesucristo y Padre nuestro; y al mismo tiempo, manifiesta la unidad rec&iacute;proca de los hombres, sobre todo de los que constituyen una sola familia.<\/p>\n<p>2. La Eucarist&iacute;a manifiesta y realiza <i>la unidad familiar de toda la Iglesia<\/i>. Al participar en el sacrificio de Cristo, para alimentarse de su Cuerpo y de su Sangre, la Iglesia se re&uacute;ne como una familia en la mesa de la Palabra divina y en la mesa del Pan del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Hoy, en esta solemne asamblea eucar&iacute;stica, participa de modo particular, toda la Iglesia de Terni, Narni y Amelia.<\/p>\n<p>Deseo saludar cordialmente a esta Iglesia como a la familia del Pueblo de Dios con el obispo Santo Bartolomeo Quadri, que es su Pastor, con todo el presbiterio. Saludo a los miembros de los cabildos, a los educadores del seminario, a los p&aacute;rrocos y a sus colaboradores. Saludo tambi&eacute;n a los religiosos y religiosas de las &oacute;rdenes y congregaciones que desarrollan su trabajo en la zona, prestando su preciosa aportaci&oacute;n a la edificaci&oacute;n del Pueblo de Dios. Dirijo un deferente saludo a las autoridades civiles que han querido honrar esta celebraci&oacute;n con su presencia. Una palabra de saludo quiero reservar a la representaci&oacute;n de la parroquia de Castelnuovo di Conza, afectada por el terremoto, y con la cual los fieles de esta tierra se han unido laudablemente en hermandad de solidaridad. Saludo tambi&eacute;n con especial cordialidad a los laicos comprometidos en el apostolado, especialmente entre ellos a los que han aceptado insertarse activamente en las varias formas asociadas que trabajan a nivel, tanto diocesano como parroquial. Y saludo a los j&oacute;venes, que veo aqu&iacute; presentes en tan gran n&uacute;mero: que sepan conservar el coraz&oacute;n siempre abierto a los valores anunciados en el Evangelio, comprometi&eacute;ndose a construir sobre ellos Un futuro m&aacute;s digno del hombre. Finalmente, un saludo a todos los fieles de las comunidades diocesanas que, con el cotidiano cumplimiento de sus deberes familiares y sociales, dan testimonio ante los hermanos de la solidez de sus convicciones cristianas.<\/p>\n<p>Las Iglesias de Terni, Narni y Amelia pueden gloriarse de antiguas tradiciones de fe, selladas por la sangre de los m&aacute;rtires ilustres: Valent&iacute;n, Juvenal, Fermina, son nombres que conoc&eacute;is bien, que evocan el recuerdo de tiempos difieres, en los cuales la adhesi&oacute;n a Cristo frecuentemente comportaba el sacrificio de la misma vida. El ejemplo de imp&aacute;vida fortaleza que vuestros Santos Patronos os han dejado como patrimonio imperecedero, sea para cada uno de los hijos de esta tierra constante est&iacute;mulo para esa valiente coherencia de vida, sin la cual no es posible sentirse ni ser aut&eacute;nticamente cristianos. &iexcl;A ejemplo de esos antiguos cristianos que<i> murieron por la fe,<\/i> sabed vosotros, hoy,<i> vivir <\/i>de fe!<\/p>\n<p>3. La lectura del Evangelio seg&uacute;n Mateo nos invita a meditar sobre un momento particular de la vida de Jos&eacute; de Nazaret, un momento lleno de contenido divino y, al mismo tiempo, de profunda verdad humana. Leemos: &quot;El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: La madre de Jes&uacute;s estaba desposada con Jos&eacute; y, antes de vivir juntos, result&oacute; que ella esperaba un hijo, por obra del Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Mt<\/i> 1, 18). Cuando escuchamos estas palabras, nos vienen a la mente aquellas otras tan conocidas que rezamos cada d&iacute;a en la oraci&oacute;n de la ma&ntilde;ana, del mediod&iacute;a y de la tarde:<\/p>\n<p>&quot;El &Aacute;ngel del Se&ntilde;or anunci&oacute; a Mar&iacute;a, y<i> concibi&oacute; por obra del Esp&iacute;ritu Santo&#8217;<\/i><\/p>\n<p>Por obra del Esp&iacute;ritu Santo fue concebido el Hijo de Dios para hacerse hombre: Hijo de Mar&iacute;a; Este fue el misterio del Esp&iacute;ritu Santo y de Mar&iacute;a. EL misterio de la Virgen, que a las palabras de la anunciaci&oacute;n, contest&oacute;: &quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 38).<\/p>\n<p>Y as&iacute; sucedi&oacute;: &quot;El Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&quot;<i> <\/i> (<i>Jn 1, <\/i> 14). Y sobre todo vino a habitar en el seno de la Virgen que \u2014permaneciendo virgen\u2014 se convirti&oacute; en madre: &quot;result&oacute; que esperaba un hijo, por obra del Esp&iacute;ritu Santo&quot;<i> (Mt<\/i> 1, 18).<\/p>\n<p><i>Este fue el misterio de Mar&iacute;a. Jos&eacute; no conoc&iacute;a este misterio.<\/i>&nbsp;No sab&iacute;a que en Aquella de quien era esposo, aun cuando, de acuerdo con la ley jud&iacute;a no la hab&iacute;a recibido a&uacute;n en su casa, se hab&iacute;a cumplido la<i> promesa de la fe<\/i> hecha a Abraham, de la que habla San Pablo en la segunda lectura de hoy. Esto es, que en Ella, en Mar&iacute;a, de la estirpe de David, se hab&iacute;a cumplido la profec&iacute;a que en otro tiempo hab&iacute;a dirigido el Profeta Nat&aacute;n a David. La profec&iacute;a y la promesa de la fe, cuya realizaci&oacute;n esperaba todo el pueblo, el Israel de la elecci&oacute;n divina, y toda la humanidad.<\/p>\n<p>Este fue el misterio de Mar&iacute;a. Jos&eacute; no conoc&iacute;a este misterio. Ella no se lo pod&iacute;a transmitir, porque era misterio superior a las capacidades del entendimiento humano y a las posibilidades de la lengua humana. No era posible transmitirlo con medio humano alguno. Se pod&iacute;a<i> solamente aceptarlo de Dios, y creer.<\/i> Tal como crey&oacute; Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Jos&eacute; no conoc&iacute;a este misterio y por esto sufr&iacute;a much&iacute;simo interiormente. Leemos: &quot;Jos&eacute;, su esposo, que era bueno y no quer&iacute;a denunciarla, decidi&oacute; repudiarla en secreto&quot;<i> (Mt<\/i> 1, 19).<\/p>\n<p>Pero lleg&oacute; cierta noche en la que tambi&eacute;n Jos&eacute;<i> crey&oacute;.<\/i> Le fue dirigida la palabra de Dios y se hizo claro para &eacute;l el misterio de Mar&iacute;a, de su Esposa y C&oacute;nyuge. Crey&oacute;, pues, que en Ella se hab&iacute;a cumplido la promesa de la fe hecha a Abraham y la profec&iacute;a que hab&iacute;a escuchado el Rey David. (Ambos, Jos&eacute; y Mar&iacute;a, eran de la estirpe de David).<\/p>\n<p>&quot;Jos&eacute;, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a Mar&iacute;a, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Esp&iacute;ritu Santo. Dar&aacute; a luz un hijo y t&uacute; le pondr&aacute;s por nombre Jes&uacute;s, porque El salvar&aacute; a su pueblo de los pecados&quot;<i> (Mt<\/i> 1, 20-21).<\/p>\n<p>&quot;Cuando Jos&eacute; se despert&oacute; del sue&ntilde;o \u2014concluye el Evangelista\u2014 hizo lo que le hab&iacute;a mandado el &aacute;ngel del Se&ntilde;or&quot; <i>(Mt<\/i> 1, 24).<\/p>\n<p>4. Nosotros, reunidos aqu&iacute;, escuchamos estas palabras y veneramos a Jos&eacute;; hombre justo. A Jos&eacute; que am&oacute; m&aacute;s profundamente a Mar&iacute;a, de la casa de David, porque acept&oacute; todo su misterio. Veneramos a Jos&eacute;, en quien se reflej&oacute; m&aacute;s plenamente que en todos los padres terrenos<i> la paternidad de Dios mismo. <\/i> Veneramos a Jos&eacute;, que construy&oacute; la casa familiar en la tierra al Verbo Eterno, as&iacute; como Mar&iacute;a le hab&iacute;a dado el cuerpo humano. &quot;El Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 14).<\/p>\n<p>Desde este gran misterio de la fe dirigimos nuestros pensamientos a nuestras casas, a tantas parejas y familias, &iexcl;Jos&eacute; de Nazaret es una revelaci&oacute;n particular<i> de la dignidad de la paternidad humana!<\/i> Jos&eacute; de Nazaret, el carpintero, el hombre del trabajo. Pensad en esto vosotros, precisamente vosotros, hombres del trabajo de Terni, Narni y Amelia, y de toda Italia y de toda Europa y de todo el mundo. La familia se apoya sobre la dignidad de la paternidad humana, sobre la responsabilidad del hombre, marido y padre, as&iacute; como tambi&eacute;n sobre su trabajo. Jos&eacute; de Nazaret es un testimonio de ello.<\/p>\n<p>Las palabras que Dios le dirige: &quot;Jos&eacute;, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a Mar&iacute;a, tu mujer&quot; (<i>Mt<\/i> 1, 20), &iquest;acas&oacute; no se dirigen a cada uno de vosotros ? &iexcl;Queridos hermanos, maridos y padres de familia! &quot;No teng&aacute;is miedo de llevar&#8230;&quot; &iexcl;<i>No abandon&eacute;is!<\/i> Fue dicho al principio: &quot;Por eso dejar&aacute; el hombre a su padre y a su madre, y se unir&aacute; a su mujer&quot;&#8217; (<i>Gen<\/i> 2, 24). Y Cristo a&ntilde;ade: &quot;Lo que Dios junt&oacute;, no lo separe el hombre&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 9). La unidad de la familia, su estabilidad es uno de los<i> bienes fundamentales del hombre<\/i> y<i> de la sociedad. <\/i>La unidad de la familia constituye la base de la indisolubilidad del matrimonio; si el hombre, si la sociedad buscan los caminos que privan al matrimonio de su indisolubilidad y a la familia de su cohesi&oacute;n y ce su estabilidad, entonces cortan como la ra&iacute;z misma de su fuerza moral y de su salud, se privan de uno de los bienes fundamentales, sobre los que est&aacute; construida la vida humana.<\/p>\n<p>Hermanos queridos: Esa voz que escuch&oacute; Jos&eacute; de Nazaret aquella noche decisiva de su vida, llegue siempre a vosotros, en particular cuando amenaza el peligro de la destrucci&oacute;n de la familia. &quot;No tengas miedo de perseverar&quot;. &quot;&iexcl;No abandones!&quot;. Comportaos como lo hizo ese hombre justo.<\/p>\n<p>5. Jos&eacute;, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a Mar&iacute;a y al que ha sido engendrado en ella (cf.<i> Mt<\/i> 1, 20). As&iacute; dice Dios-Padre al hombre con el que, en cierto modo, ha compartido su paternidad. Queridos hermanos: Dios comparte, en cierto sentido, su paternidad con cada uno de vosotros. No del modo misterioso y sobrenatural con que lo hizo con Jos&eacute; de Nazaret&#8230; Y, sin embargo, toda paternidad en la tierra, toda paternidad humana toma de El su origen, y en El encuentra su modelo. Vuestra paternidad humana, queridos hermanos, se une siempre con la maternidad. Y el que ha sido concebido en el seno de la mujer-madre os une a vosotros esposos, marido y mujer, con un v&iacute;nculo particular que Dios-Creador del hombre ha bendecido desde &quot;el, principio&quot;. Este es el v&iacute;nculo<i> de la paternidad y de la maternidad,<\/i> que se forma desde el momento en que el hombre, el marido, encuentra en la maternidad de la mujer la expresi&oacute;n y la confirmaci&oacute;n de su paternidad humana.<\/p>\n<p><i>La paternidad es responsabilidad por la vida:<\/i>&nbsp;por la vida, primero concebida en el seno de la mujer, luego dada a luz, para que se revele en ella un nuevo hombre, que es sangre de vuestra sangre y carne de vuestra carne. Dios que dice: &quot;no abandones a la mujer, tu esposa&quot;, dice al mismo tiempo: &quot;&iexcl;acoge la vida concebida en ella!&quot;. Como le dijo a Jos&eacute; de Nazaret, aunque Jos&eacute; no fuese el padre carnal de Aquel que fue concebido por obra del Esp&iacute;ritu Santo en Mar&iacute;a Virgen.<\/p>\n<p>Dios dice al hombre: &quot;&iexcl;Acoge la vida concebida por obra tuya! &iexcl;No permitas que se suprima!&quot;. Dios habla as&iacute; con la voz de sus mandamientos, con la voz de la Iglesia. Pero habla as&iacute; sobre todo con<i> la voz de la conciencia.<\/i> La voz de la conciencia humana. Esta voz es un&iacute;voca, a pesar de cuanto se haga para impedir que se la escuche y para sofocarla, esto es, para que el hombre no escuche y la mujer no escuche esta voz sencilla y clara de la conciencia.<\/p>\n<p><i>Los hombres del trabajo,<\/i>&nbsp;los hombres del trabajo duro<i> conocen<\/i> esta<i> voz<\/i> sencilla de la conciencia. Lo que ellos sienten del modo m&aacute;s profundo es precisamente ese v&iacute;nculo que une el trabajo y la familia. El trabajo es para la familia, porque el trabajo es para el hombre (y no viceversa), y precisamente la familia y ante todo la familia es<i> el lugar espec&iacute;fico del hombre.<\/i> Es el ambiente donde es concebido, nace y madura; el ambiente en favor del cual asume la responsabilidad m&aacute;s seria, en el cual se realiza cotidianamente; el ambiente de su felicidad terrena y de la esperanza humana. Y por esto, hoy, d&iacute;a de San Jos&eacute;, conociendo los corazones de los hombres del trabajo, su honestidad y responsabilidad, manifiesto la convicci&oacute;n de que precisamente ellos asegurar&aacute;n y consolidar&aacute;n estos dos bienes fundamentales del hombre y de la sociedad:<i> la unidad de la familia y el respeto a la vida<\/i> concebida bajo el coraz&oacute;n de la madre.<\/p>\n<p>6. &quot;Dichoso el que habita en tu casa, Se&ntilde;or&quot; (cf.<i> Sal<\/i> 83 [84], 5).<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas: Os deseo la felicidad. Os deseo esa felicidad que brota de la conciencia pura. Os deseo esa felicidad que ofrece el hogar dom&eacute;stico.<i> Desde la casa de Nazaret<\/i> de Jos&eacute;, de Mar&iacute;a, de Jes&uacute;s, desde ese modesto puesto de trabajo, unido con ella, trazo con el pensamiento y el coraz&oacute;n como una l&iacute;nea continua hasta estos modernos centros del trabajo industrial, en los que vosotros os fatig&aacute;is, y la llevo m&aacute;s adelante: hasta<i> vuestras casas, a vuestras familias.<\/i> Que reine en ellas la felicidad que proviene de Dios. Sea ella m&aacute;s fuerte que todas las pruebas de la vida, de las que jam&aacute;s est&aacute; privado el hombre en la tierra. Y, sobre todo, que en vuestras casas, en vuestras familias madure el<i> hombre<\/i> seg&uacute;n la<i> medida <\/i> propia<i> de su dignidad.<\/i><\/p>\n<p>De la dignidad que le ha dado Jes&uacute;s de Nazaret&#8230; Jes&uacute;s, de quien la gente hablaba como del &quot;hijo del carpintero&quot; (<i>Mt<\/i> 13, 55). Mientras El era de la misma sustancia que el Padre, el Hijo de Dios que se encarn&oacute; y naci&oacute; como hombre de la Virgen Mar&iacute;a por obra del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Y crec&iacute;a en Nazaret al lado de Jos&eacute;. Bajo su mirada vigilante y sol&iacute;cita.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A TERNI MISA PARA EL PUEBLO EN EL ESTADIO DE LA CIUDAD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Jueves 19 de marzo de 1981 &nbsp; 1. &quot;Dichosos los que viven en tu casa (Se&ntilde;or), alab&aacute;ndote siempre (Sal 83 [84], 5). Queridos hermanos y hermanas: Despu&eacute;s del encuentro matutino en el lugar del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-marzo-de-1981-visita-pastoral-a-la-diocesis-de-terni-santa-misa-para-las-familias\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de marzo de 1981: Visita pastoral a la di\u00f3cesis de Terni, Santa Misa para las familias\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39747","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39747","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39747"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39747\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39747"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39747"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39747"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}