{"id":39753,"date":"2016-10-05T23:00:28","date_gmt":"2016-10-06T04:00:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-febrero-de-1981-conmemoracion-de-los-martires-nagasaki-japon\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:28","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:28","slug":"26-de-febrero-de-1981-conmemoracion-de-los-martires-nagasaki-japon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-febrero-de-1981-conmemoracion-de-los-martires-nagasaki-japon\/","title":{"rendered":"26 de febrero de 1981: Conmemoraci\u00f3n de los M\u00e1rtires, Nagasaki (Jap\u00f3n)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA CONMEMORATIVA DE LOS M&Aacute;RTIRES<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p> <i>Estadio Matsuyama, Nagasaki<br \/> Jueves 26 de febrero de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Amad&iacute;simos todos, especialmente los que acab&aacute;is de recibir el sacramento del bautismo y de la confirmaci&oacute;n.<\/p>\n<p>1. Despu&eacute;s de haber escuchado el pasaje del Evangelio de San Mateo, es f&aacute;cil para nosotros subir con Jes&uacute;s a la cima del cercano Nishizaka, a la que los primeros cristianos de Jap&oacute;n llamaron &quot;Colina Santa&quot; o &quot;Colina de los M&aacute;rtires&quot;. Nosotros podr&iacute;amos llamarle el monte de las bienaventuranzas de Nagasaki. Contemplamos la figura del Maestro que atrae hacia S&iacute; muchos disc&iacute;pulos de esta ciudad, la sede de la Iglesia Madre de Jap&oacute;n. Jes&uacute;s habla con amor especialmente a los muchos disc&iacute;pulos que all&iacute; se hab&iacute;an reunido alrededor de su cruz: los veintis&eacute;is santos protom&aacute;rtires, y los doscientos cinco m&aacute;rtires beatificados por P&iacute;o IX, y los m&aacute;s de cuatro mil compa&ntilde;eros suyos, cuyo martirio est&aacute; bien documentado (cf. J. Laures,<i> The Catholic Church in Japan, <\/i>Tokio, 1954, p&aacute;gs. 178-179). Esta gloriosa muchedumbre, como la de los primeros siglos de la Iglesia, ha recibido un reciente reconocimiento por parte de la Iglesia hace pocos d&iacute;as, en la ceremonia de <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1981\/documents\/hf_jp-ii_hom_19810218_beatificazione-ruiz.html\">beatificaci&oacute;n de otros diecis&eacute;is m&aacute;rtires realizada en Manila<\/a>. Estos m&aacute;rtires sufrieron en Nishizaka los a&ntilde;os 10, 11 y 14 de la Era Kwanei, correspondiente a los a&ntilde;os 1633, 1634 y 1637 del calendario cristiano, que fue el per&iacute;odo marcado por el Edicto Sakoku promulgado por el Shogun Tokugawa Iyemitsu.<\/p>\n<p><i>Los nuevos Beatos,<\/i>&nbsp;como todos los que han sufrido el martirio,<i> son proclamados &quot;bienaventurados<\/i>&quot; por<i> Jes&uacute;s,<\/i> pues han sufrido por amor de la justicia (cf. <i>Mt 5, l<\/i>0), una justicia que perfecciona la justicia meramente humana. Es la justicia que Cristo predic&oacute; en su serm&oacute;n de la monta&ntilde;a, que es un modelo de vida para los que desean imitar al Padre que est&aacute; en el cielo (cf.<i> Mt<\/i> 5, 7). Antes de que muriesen como personas justas a los ojos de Dios, estos m&aacute;rtires fueron pobres de esp&iacute;ritu, mansos, pacientes; tuvieron sed de justicia; fueron misericordiosos y puros de coraz&oacute;n, fueron constructores de la paz.<\/p>\n<p>2. En una palabra, estos m&aacute;rtires<i> fueron portadores y heraldos del doble mandamiento de! amor,<\/i> tal como fue declarado ppr Giordano Ansalone en su proceso: &quot;Yo vengo principalmente por esta raz&oacute;n, y es lo mismo que Cristo, mi Rey, desea; nuestro motivo es el amor que El y yo os tenemos, en conformidad con la ley de los cristianos, que est&aacute; totalmente basada en el amor&quot; (<i>Positio super Martyrio,<\/i> Roma, 1979, p&aacute;g. 334).<\/p>\n<p>Es precisamente en esta perspectiva y con estos sentimientos de amor como los diecis&eacute;is nuevos Beatos se sintieron japoneses con los japoneses, cristianos con los cristianos, hermanos con sus hermanos.<i> El amor y la misi&oacute;n evang&eacute;lica que motivaron sus martirios les convocaron desde cinco nacionalidades:<\/i> su grupo estaba compuesto no s&oacute;lo de los nueve japoneses de la Isla de Kiusiu y de la antigua capital Kioto, sino tambi&eacute;n de cuatro espa&ntilde;oles, un franc&eacute;s, un italiano y un filipino. Guillaume Courtet y Lorenzo Ruiz fueron, en efecto, los primeros y los &uacute;nicos que vinieron desde Francia y Filipinas a morir como m&aacute;rtires. El mismo impulso de amor un&iacute;a la humildad y la grandeza, tanto en los treinta miembros de la familia de Santo Domingo, como en los otros tres laicos devotos.<\/p>\n<p>Escuchemos uno de sus testimonios: &quot;El don de Dios que m&aacute;s aprecio es el haberme enviado a este pa&iacute;s acompa&ntilde;ado con tantos de sus grandes siervos&quot; <i>(Positio,<\/i> p&aacute;g. 216). Asi escrib&iacute;a Lucas Alonso del Esp&iacute;ritu Santo, quien con Domingo Ib&aacute;&ntilde;ez de Erquicia predic&oacute; el Evangelio durante diez a&ntilde;os, en una gran parte de la Isla de Hondo. Igualmente admirable era Jacobo Kyuhei Tomonaga y Tom&aacute;s Hioji Rokuzayemon, misioneros de Formosa y de la Isla de Kiusiu. Admiramos tambi&eacute;n a Vicente Shiwozuka y a L&aacute;zaro de Kyoto, quienes, aunque exiliados como consecuencia del Edicto de 1614, en 1636 decidieron retornar a su pa&iacute;s natal para vivir hasta las &uacute;ltimas consecuencias, hasta la consumaci&oacute;n final, el bautismo que all&iacute; hab&iacute;an recibido. Pensamos en Magdalena de Nagasaki, la magn&iacute;fica colaboradora de los frailes agustinos y dominicos, y en Marina de Omura, que es venerada por las mujeres de Jap&oacute;n como abogada de la fortaleza con el t&iacute;tulo b&iacute;blico de &quot;mujer fuerte&quot;<i> (Positio,<\/i> p&aacute;g. 331).<\/p>\n<p>3.<i> El amor generoso y las celosas actividades de los m&aacute;rtires se explican todas por el poder del Esp&iacute;ritu Santo que obraba en ellos,<\/i> impuls&aacute;ndoles a la obediencia de los mandamientos del sagrado libro del Sir&aacute;cida (cf. 2, 1-18), que o&iacute;mos en la primera lectura de esta Misa. As&iacute; podemos entender plenamente la respuesta que los int&eacute;rpretes de la corte de Nagasaki dieron a los dos bugyo (jueces): &quot;Se&ntilde;ores, decirles a estas personas que renieguen de su fe es como dar medicina a un moribundo para reanimarle; en efecto, cobran nueva vida y responden con gran vigor&quot; (<i>Positio, p&aacute;g.<\/i> 414).<\/p>\n<p>4. La actitud que adoptaron como hijos de la Iglesia trabajando en una naci&oacute;n con una religi&oacute;n diferente, estaba inspirada por las palabras de San Pedro que leemos en la segunda lectura de esta Misa: desearon que sus hermanos pudieran atestiguar sus buenas obras &quot;y as&iacute; glorificar a Dios en el d&iacute;a de la visitaci&oacute;n&quot; (2<i> Pe<\/i> 2, 12). Este precepto apost&oacute;lico fue la actitud cl&aacute;sica de los antiguos m&aacute;rtires durante el Imperio Romano. No menos significativa fue la clase de vida que llevaron en el marco social y pol&iacute;tico de su tiempo, abrazando el Evangelio &quot;no s&oacute;lo en palabras, sino en poder y en el Esp&iacute;ritu Santo y muy persuasivamente&quot; (1<i> Tes<\/i> 1, 5). As&iacute;<i> llegaron a ser para todos un ejemplo de fidelidad a Cristo,<\/i> cuya venida aguardaban en la esperanza y el amor.<\/p>\n<p>Por otro lado, debemos tener presente que el Edicto promulgado por el Shogun Tokigawa Iyeyasu en 1614, a&ntilde;o 17 de la Era Keicho, establec&iacute;a: &quot;El Jap&oacute;n es una isla de origen divino&quot; (cf.<i> Positio,<\/i> p&aacute;g. 49). Los cristianos de entonces y<i> <\/i> de ahora pueden interpretar mejor esta afirmaci&oacute;n en la escuela de la Palabra encarnada, a trav&eacute;s de la cual fueron hechas todas las cosas; y que vino al mundo, como verdadera luz nacida del Padre, para iluminar a todos los hombres con la plenitud de la gracia y la verdad (cf.<i> Jn<\/i> 1, 1-18).<\/p>\n<p>5. Con qu&eacute; gran esperanza he deseado visitar Jap&oacute;n a causa de la reciente beatificaci&oacute;n: es un pa&iacute;s que durante m&aacute;s de un siglo ha disfrutado de la libertad religiosa concedida por el Emperador Meiji. He venido aqu&iacute; como Obispo de Roma, un siglo despu&eacute;s de la reapertura de las fronteras de Jap&oacute;n al mensaje cristiano.<i> He venido a Nagasaki como un peregrino.<\/i> Aqu&iacute; los fieles de hace cien a&ntilde;os, cuyos antepasados de los dos siglos previos hab&iacute;an mantenido secretamente la fe de los m&aacute;rtires, perseveraron gracias al poder conferido por el Evangelio. Por la gracia de Dios los cristianos hab&iacute;an meditado el Evangelio por medio de los misterios del Rosario, y conoc&iacute;an vagamente a un hombre llamado el Papa. Hoy &eacute;l viene a rendir homenaje a la tradici&oacute;n de los cristianos de Nagasaki y decir a sus descendientes personalmente que &eacute;l les ama en el coraz&oacute;n de Cristo Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>En la catedral de Urakami, dedicada a Mar&iacute;a Inmaculada, el sublime modelo de la Iglesia, he contemplado la nueva Iglesia japonesa, que se alza ante el mundo como un signo de la nueva Jerusal&eacute;n adornada con galas festivas (cf. <i>Ap<\/i> 21, 2-4), una Iglesia cuyos miembros llegan al n&uacute;mero de cuatrocientos mil, casi el mismo n&uacute;mero de cristianos de su primer siglo (1549-1640). Y con inmensa alegr&iacute;a doy la bienvenida, a la comuni&oacute;n de la Iglesia, a los nuevos cristianos a quienes Cristo mismo ha llamado en este d&iacute;a &quot;a su luz admirable&quot; (1<i> Pe<\/i> 2, 9).<\/p>\n<p>Este v&iacute;nculo entre el pasado y el presente es el fruto de la bendici&oacute;n de Dios, de la asistencia maternal de la Bienaventurada Virgen y de la intercesi&oacute;n de incontables testigos del Evangelio. Es la garant&iacute;a de un futuro a&uacute;n m&aacute;s glorioso, que podr&iacute;a compararse al sol el cual, en su diaria salida, ilumina y reanima el primero a este hermoso pa&iacute;s, a menudo blanco por la nieve o rojizo por el fruto del cerezo y el loto. La antigua religi&oacute;n de Shinto significa senda hacia la divinidad. Para nosotros los cristianos, ha sido ya trazado un sendero por Cristo mismo, que es &quot;Dios de Dios, luz de luz. Dios verdadero de Dios verdadero&quot;.<\/p>\n<p>Es El, Jesucristo, y su gracia la que bendecimos y glorificamos en estos nuevos m&aacute;rtires gloriosos de Nagasaki.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><i>Terminada la Misa, el Santo Padre se acerc&oacute; al micr&oacute;fono y refiri&eacute;ndose a la temperatura de seis grados bajo cero dijo:<\/i><\/p>\n<p>Hab&eacute;is sido valientes, heroicos. Ha sido una celebraci&oacute;n digna de Nagasaki; por este poco que hemos sufrido nos sentimos unidos a lo que padecieron los m&aacute;rtires de Nagasaki, hombres dignos de la fe de la Iglesia de los Ap&oacute;stoles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE MISA CONMEMORATIVA DE LOS M&Aacute;RTIRES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Estadio Matsuyama, Nagasaki Jueves 26 de febrero de 1981 &nbsp; Amad&iacute;simos todos, especialmente los que acab&aacute;is de recibir el sacramento del bautismo y de la confirmaci&oacute;n. 1. 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