{"id":39757,"date":"2016-10-05T23:00:34","date_gmt":"2016-10-06T04:00:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-las-tribus-indigenas-baguio-filipinas\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:34","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:34","slug":"22-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-las-tribus-indigenas-baguio-filipinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-las-tribus-indigenas-baguio-filipinas\/","title":{"rendered":"22 de febrero de 1981: Santa Misa para las tribus ind\u00edgenas, Baguio (Filipinas)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA PARA LAS TRIBUS IND&Iacute;GENAS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>Parque Burnham, Baguio<br \/> Domingo 22 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:<\/i><\/p>\n<p>1. Es para m&iacute; una gran alegr&iacute;a celebrar la Santa Eucarist&iacute;a con vosotros, acudir a vosotros atravesando vuestras hermosas monta&ntilde;as con la Palabra de Dios y el Pan de vida, y unirme a vosotros para dar glor&iacute;a y alabanza, honor y acci&oacute;n de gracias a la Sant&iacute;sima Trinidad.<\/p>\n<p>La Liturgia de la Palabra de hoy habla de la dignidad especial otorgada a todo el que es &quot;de Cristo&quot; (<i>1 Cor<\/i> 3, 23). Se nos invita a meditar el profundo misterio que se nos ha otorgado por el bautismo, el misterio de c&oacute;mo,<i> por el agua y el Esp&iacute;ritu Santo, nos hemos convertido en el lugar de la presencia de Dios.<\/i> &quot;Sois templo de Dios&quot;, escribe San Pablo, &quot;el Esp&iacute;ritu de Dios habita en vosotros&quot; (1<i> Cor<\/i> 3, 16). Se trata, ciertamente, de un misterio de fe. Pues, permaneciendo miembros de un determinado pueblo y naci&oacute;n, herederos de una &uacute;nica cultura y teniendo un &uacute;nico linaje, por la abundante misericordia de Dios nos hemos convertido, al mismo tiempo, en &quot;conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el fundamento de los ap&oacute;stoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jes&uacute;s, en quien bien trabada se alza toda la edificaci&oacute;n par formar un templo santo en el Se&ntilde;or&quot; <i>(Ef<\/i> 2, 19-21).<\/p>\n<p>2. He deseado, de modo especial, que llegara esta oportunidad de encontrarme con la gente de las Provincias Monta&ntilde;osas, de encontrarme con vosotros, miembros de las tribus de isneg, kalinga, bontoc, ifugao, kankanay e ibaloy. Vosotros, los pueblos ind&iacute;genas de esta hermosa regi&oacute;n norte&ntilde;a de Luz&oacute;n, as&iacute; como los otros filipinos que viven en tribus, represent&aacute;is una rica diversidad de culturas que os han sido transmitidas por vuestros padres y abuelos, y que se remontan hasta generaciones antiqu&iacute;simas. Tened siempre un profundo aprecio por estos tesoros culturales para los que la divina Providencia os ha destinado como herederos. Que estos tesoros, que son vuestra herencia, sean siempre respetados tambi&eacute;n por los otros: que vuestra tierra, vuestras dignas tradiciones familiares y estructuras sociales sean protegidas, preservadas y enriquecidas.<\/p>\n<p>Hermanos y hermanas m&iacute;os en Cristo: Hab&eacute;is descubierto c&oacute;mo el Evangelio no constituye una amenaza para la supervivencia de vuestras culturas ni destruye vuestras aut&eacute;nticas tradiciones. Puesto que todo esto es algo verdaderamente humano, y contribuye al bienestar y la mejora de la persona humana, todo ello es reforzado por el Evangelio, realzado por la fe en Cristo. No pod&iacute;a ser de otro modo, puesto que Cristo es el modelo y origen de la nueva humanidad, el &quot;primog&eacute;nito de toda criatura&quot; (<i>Col <\/i>1, 15). Puedo aseguraros que, cuando hac&eacute;is frente a los problemas actuales que el crecimiento social y econ&oacute;mico comporta en vuestro pa&iacute;s,<i> la Iglesia est&aacute; a vuestro lado en el deseo de preservar vuestras propias culturas y de participar en las decisiones que afectan a vuestras vidas y las de vuestros hijos.<\/i> Pues la Iglesia no se disocia nunca de los problemas temporales de sus miembros. Est&aacute; cerca del pobre y del que sufre; ansia la justicia y la paz y se preocupa de las necesidades concretas de sus fieles. Pero en todo esto, la Iglesia no olvida la supremac&iacute;a de su misi&oacute;n espiritual recordando que su objetivo es el de guiar a todos los hombres y mujeres a la salvaci&oacute;n eterna en Cristo.<\/p>\n<p>3.&nbsp;Permitidme que, en esta ocasi&oacute;n, os hable de la actividad misionera de la Iglesia y reflexione sobre sus fruct&iacute;feros resultados aqu&iacute;, en vuestra propia tierra. Cuando contemplo esta inmensa multitud, no puedo dejar de recordar a los animosos misioneros, hombres y mujeres, que han abandonado su propia tierra de origen para proclamar el Evangelio entre vosotros. Han aceptado muchos sacrificios personales y asumido muchas cargas para llevar adelante esta tarea, para traeros el Evangelio de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. &iexcl;Y sus esfuerzos no han sido vanos! Cuando el mensaje de Cristo os fue predicado, &quot;vosotros lo aceptasteis&quot;, como escribe San Pablo, &quot;no como palabra de hombre, sino como palabra de Dios, cual en verdad es y que obra eficazmente en vosotros, que cre&eacute;is&quot;<i> (1 Tes<\/i> 2, 13). &iexcl;Por esta obra maravillosa de gracia me alegro con vosotros! Y, en nombre del Se&ntilde;or Jesucristo y de su Iglesia, doy las gracias, a los misioneros por su fe y por sus esfuerzos continuados y labor perseverante.<\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;nto nos alienta ver la vitalidad de la Iglesia de Filipinas: ver, por ejemplo, la participaci&oacute;n activa de los laicos, la contribuci&oacute;n de los catequistas, asistentes sociales y tantos otros, el papel indispensable que desempe&ntilde;an las familias cristianas, promoviendo cada cual, seg&uacute;n su propia capacidad, el Reino de Dios. Se han establecido, adem&aacute;s, numerosas escuelas y universidades cat&oacute;licas, instituciones para la asistencia sanitaria para la atenci&oacute;n de otras necesidades y la fundaci&oacute;n de seminarios como los existentes aqu&iacute; en Baguio. Todo esto testifica la fertilidad de la Palabra de Dios y la profundidad de vuestra fe en el Se&ntilde;or. Me siento complacido, de una manera especial, por el modo en que muchos filipinos han respondido a la llamada de Cristo para servir a la Iglesia como sacerdotes y religiosos, no s&oacute;lo en su pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n en otras naciones. Es evidente que la actividad misionera de la Iglesia ha dado fruto abundante en vuestra tierra.<\/p>\n<p>4. Hermanos y hermanas m&iacute;os, atento al modo incondicional con que hab&eacute;is respondido al Evangelio desde que comenz&oacute; a ser proclamado entre vosotros y urgido por el mandato misionero que nos ha sido dado por Cristo, quiero expresaros mi especial deseo de<i> que los filipinos lleguen a ser los adelantados en la obra misionera de la Iglesia en Asia.<\/i> En este sentido deseo hacer m&iacute;as las palabras que el Papa Pablo VI os dirigi&oacute; con ocasi&oacute;n de su visita pastoral a Filipinas:<\/p>\n<p>&quot;En este momento no se puede menos de tener en cuenta la importante llamada del pueblo de las Islas Filipinas. Esta tiene una especial vocaci&oacute;n para ser la ciudad colocada sobre el monte, la l&aacute;mpara puesta en lo alto (cf. <i>Mt<\/i> 5, 14-16) que da su testimonio luminoso entre las antiguas y nobles culturas de Asia. Como individuos y como naci&oacute;n vosotros deb&eacute;is manifestar la luz de Cristo con el ejemplo de vuestras vidas&quot; (29 de noviembre de 1970;<i> L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 13 de diciembre de 1970, p&aacute;g. 5).<\/p>\n<p>Los ciudadanos de Filipinas son un caso &uacute;nico entre sus vecinos de esta parte del mundo. S&oacute;lo vuestra naci&oacute;n tiene mayor&iacute;a cristiana. Es m&aacute;s, constitu&iacute;s m&aacute;s de la mitad de todos los cat&oacute;licos de Asia. En vista de lo cual, yo os pregunto: &iquest;No os ha destinado el Se&ntilde;or de la historia a desempe&ntilde;ar un papel preeminente en el esfuerzo misionero de la Iglesia en esta regi&oacute;n? &iquest;No os ha preparado El para dar un refulgente testimonio en medio de las antiguas y nobles culturas de Asia? Las &uacute;ltimas palabras que Jes&uacute;s dijo a sus disc&iacute;pulos, &iquest;no tienen para vosotros una relevancia especial en este preciso momento de la historia: &quot;Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura&quot; <i>(Mc<\/i> 16, 15)? Mi sincero deseo y mi ferviente plegar&iacute;a es &eacute;sta: que vosotros, hermanos y hermanas m&iacute;os de las Filipinas, asum&aacute;is el papel que os corresponde en la vanguardia del esfuerzo misionero de la Iglesia, de un modo especial aqu&iacute;, en Asia. Por esta raz&oacute;n expreso mi satisfacci&oacute;n m&aacute;s profunda por la creaci&oacute;n, hace pocos a&ntilde;os, de la Sociedad misionera de Filipinas. Aplaudo asimismo la tarea evangelizadora desarrollada por Radio V&eacute;ritas. Que Dios derrame bendiciones abundantes sobre estas iniciativas. Y que cada uno de vosotros, convertido en morada de Dios por el bautismo, contribuya, seg&uacute;n el car&aacute;cter que le es propio, a la proclamaci&oacute;n del Evangelio. &iexcl;Proclamad de palabra y de obra que Jesucristo es &quot;el camino, la verdad y la vida&quot;<i> (Jn<\/i> 14, 6), que Jesucristo es Se&ntilde;or!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE MISA PARA LAS TRIBUS IND&Iacute;GENAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Parque Burnham, Baguio Domingo 22 de febrero de 1981 &nbsp; Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo: 1. 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