{"id":39758,"date":"2016-10-05T23:00:35","date_gmt":"2016-10-06T04:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-los-agricultores-legazpi-filipinas\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:35","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:35","slug":"21-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-los-agricultores-legazpi-filipinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-los-agricultores-legazpi-filipinas\/","title":{"rendered":"21 de febrero de 1981: Santa Misa para los agricultores, Legazpi (Filipinas)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA PARA LOS AGRICULTORES<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>Parque Pe&ntilde;aranda, Legazpi<br \/> S&aacute;bado 21 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;Las lecturas de la liturgia de este d&iacute;a adquieren una significaci&oacute;n especial y una claridad viva al ser escuchadas en el marco de vuestro hermoso May&oacute;n. El cono casi perfecto del May&oacute;n acent&uacute;a el veredicto pronunciado por Dios al contemplar la perfecci&oacute;n de la obra que hab&iacute;a creado.<\/p>\n<p>Pero el May&oacute;n no nos recuerda s&oacute;lo la belleza de la creaci&oacute;n. Su forma asemeja a la de unas manos en actitud de acci&oacute;n de gracias y de disponibilidad: acci&oacute;n de gracias por el don de la tierra hecho a todos y disponibilidad a la hora de verter en ella el esfuerzo humano del trabajo.<\/p>\n<p>He esperado ansiosamente el poder encontrarme con vosotros para transmitiros este doble mensaje:<i> la tierra, don de Dios a todos los hombres y el misterio maravilloso del trabajo.<\/i><\/p>\n<p>2.&nbsp;&iquest;Por qu&eacute; a vosotros, mis queridos campesinos? Porque vosotros sois algo importante y ten&eacute;is un lugar especial en el plan de Dios sobre el mundo: suministr&aacute;is el alimento al resto de los hombres. La vuestra es una tarea que exige el aprecio y la estima agradecida de todos; una tarea que comporta el reconocimiento de la dignidad de los que la realizan. Por ello ten&eacute;is el derecho de esperar del Papa, que es vuestro padre y hermano y siervo en Cristo, una palabra de &aacute;nimo y esperanza, de gu&iacute;a y apoyo.<\/p>\n<p>Pero mi deseo de encontraros no se debe s&oacute;lo a esto. Quer&iacute;a proclamar, adem&aacute;s los importantes valores de que dan testimonio vuestras vidas. El mundo rural posee ciertamente envidiables riquezas humanas y religiosas: un amor por la familia y la paz profundamente enraizado, sentido religioso y estima de la amistad, confianza y apertura a Dios, devoci&oacute;n a la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a a la que vosotros invoc&aacute;is bajo el t&iacute;tulo de Nuestra Se&ntilde;ora de Pe&ntilde;afrancia.<\/p>\n<p>&iquest;No celebr&aacute;is estos valores cuando cant&aacute;is: kung ang hanap mo ay ligaya sa buhay, sa libis ng nayon doon manirahan: Taga-bukid man ay may gintong kalooban, kayamanan at dangal ng kabukiran (si busc&aacute;is felicidad en la vida, vivid con los campesinos, pues aunque son campesinos tienen coraz&oacute;n de oro, que es el tesoro y orgullo del campo)?<\/p>\n<p>El Papa desea expresaros un merecido tributo de reconocimiento pues la sociedad est&aacute; en deuda con vosotros. Gracias, mis queridos campesinos, por vuestra preciosa contribuci&oacute;n al bienestar social de la humanidad. La sociedad os debe mucho.<\/p>\n<p>3. Vuestra contribuci&oacute;n particular a la sociedad se fundamenta en la conciencia viva y profunda que ten&eacute;is de que <i>la tierra es un don de Dios, un don <\/i>que El otorga a todos los seres humanos a los que desea ver unidos en una sola familia en la que se traten como hermanos y hermanas (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 24). &iquest;Acaso no est&aacute; acentuado este don en el primer cap&iacute;tulo del G&eacute;nesis?: Dijo tambi&eacute;n Dios: &quot;Ah&iacute; os doy cuantas hierbas de semilla hay sobre la haz de la tierra toda, y cuantos &aacute;rboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan de alimento&quot;<i> (G&eacute;n <\/i>1, 29). La tierra es del hombre porque Dios la encomend&oacute; al hombre que, con su trabajo, la domina y hace que produzca fruto (cf.<i> G&eacute;n<\/i> 1, 28).<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; consecuencias se deducen de esto? No es voluntad de Dios \u2014no est&aacute; de acuerdo con su plan\u2014 el que este don sea usado de forma que sus beneficios sirvan para el provecho de unos pocos, mientras que los otros, la gran mayor&iacute;a, son excluidos. Y cuando esta gran mayor&iacute;a est&aacute; excluida de hecho de la participaci&oacute;n de los beneficios de la tierra y condenada, en consecuencia, a un estado de necesidad, pobreza y existencia precaria, nos encontramos ante un problema muy serio.<\/p>\n<p>Pues en este caso, la tierra no est&aacute; al servicio de la dignidad de las personas humanas &iexcl;personas humanas que han sido llamadas a la plenitud de la vida en Cristo Jes&uacute;s! Y esto es lo que sois vosotros y lo que hab&eacute;is de continuar siendo siempre a vuestros propios ojos y a los ojos de los otros, en la teor&iacute;a y en la pr&aacute;ctica. Por consiguiente, deb&eacute;is ser capaces de tomar conciencia de vuestras potencialidades humanas, potencialidades de &quot;ser m&aacute;s&quot;. Ten&eacute;is derecho a vivir y a ser tratados conforme a vuestra dignidad humana y, al mismo tiempo, ten&eacute;is el deber correspondiente de tratar a los otros del mismo modo. Ten&eacute;is derecho, adem&aacute;s, a obtener con vuestro trabajo en el campo los medios necesarios y suficientes para hacer frente a vuestras responsabilidades familiares y sociales en un modo que est&eacute; a la altura de vuestra dignidad humana y cristiana.<\/p>\n<p>4. En el Libro del G&eacute;nesis vemos que, &quot;Tom&oacute;, pues, Yav&eacute; Dios al hombre y le puso en el jard&iacute;n del Ed&eacute;n para que lo cultivase y guardase&quot;<i> (G&eacute;n<\/i> 2, 15). Y en la lectura de hoy hemos escuchado el mandamiento divino: henchid la tierra y sometedla; dominad sobre toda la creaci&oacute;n (cf.<i> G&eacute;n<\/i> 1, 28). &iquest;Cu&aacute;l es la ense&ntilde;anza de estos textos? El lenguaje claro de la Biblia nos dice que la voluntad de Dios es que el hombre entre en contacto con la naturaleza como <i> se&ntilde;or y guardi&aacute;n inteligente y noble<\/i> y no como un explotador desconsiderado. Este es el sentido de las palabras &quot;dominad&quot;, &quot;cultivad&quot; la tierra. Se trata del principio que marca la l&iacute;nea de acci&oacute;n obligatoria para todos aquellos que son responsables o se hallan interesados en el problema de la tierra: personas investidas de poderes p&uacute;blicos, t&eacute;cnicos, empresarios y trabajadores.<\/p>\n<p>Recordando aqu&iacute; lo que dije en otra ocasi&oacute;n, pero adapt&aacute;ndolo a vosotros y a vuestro pa&iacute;s, permitidme que os anime a cultivar la tierra de vuestra amada Filipinas. Sacad el mejor provecho de los bienes de la naturaleza; procurad que &eacute;stos produzcan m&aacute;s en favor del hombre, el hombre de hoy y el de ma&ntilde;ana. En el uso de este don de Dios que es la tierra hay que tener muy en cuenta a las futuras generaciones, actuando con la austeridad necesaria para que las condiciones de vida de las futuras generaciones no queden debilitadas o disminuidas, o lo que es peor a&uacute;n, para que estas condiciones no sean insoportables. La justicia y el sentido humano comportan tambi&eacute;n estas exigencias (cf. <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1980\/documents\/hf_jp-ii_hom_19800707_recife-brazil.html\"> Homil&iacute;a en Recife<\/a>, n&uacute;m. 7, 7 de julio, 1980;<i> L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 27 de julio de 1980, p&aacute;g. 3).<\/p>\n<p>5. Nuestra respuesta al don de Dios se realiza en el esfuerzo y en el trabajo humanos. Estos elementos caracterizan la lucha que el hombre mantiene en el espacio y en el tiempo para someter la naturaleza. Constituyen el objeto del mensaje que dirijo a vosotros, mis queridos trabajadores, tractoristas y conductores de jeeps.<\/p>\n<p><i>Siento una profunda alegr&iacute;a cuando me encuentro con trabajadores<\/i>&nbsp;como vosotros, pues me tra&eacute;is a la memoria aquellos a&ntilde;os de mi juventud en que tambi&eacute;n yo experiment&eacute; la grandeza y la dureza, las horas felices y los momentos de ansiedad, los logros y los fracasos que comporta la vida de un trabajador. He de daros las gracias de un modo especial por concederme la oportunidad de encontrarme con vosotros.<\/p>\n<p>Reflexionemos juntos sobre la<i> dignidad del trabajo,<\/i> la<i> nobleza del trabajo.<\/i> &iquest;Acaso tengo necesidad de hablaros de ello? Vosotros conoc&eacute;is la dignidad y la nobleza de vuestro trabajo, vosotros que trabaj&aacute;is para vivir, para mejorar vuestra vida, para proveer al sustento, la educaci&oacute;n y el bienestar de vuestros hijos. Vuestro trabajo es noble porque es un servicio en favor de vuestras familias y de esa comunidad m&aacute;s extensa que es la sociedad. El trabajo es un servicio en el cual el hombre crece en la medida en que se entrega a los otros.<\/p>\n<p>6.&nbsp;Por ello, uno de los objetivos fundamentales de todos \u2014gobernantes, jefes laborales y hombres de negocios\u2014 ha de ser &eacute;ste:<i> dar trabajo a todos.<\/i> Existe, sin embargo, otra raz&oacute;n m&aacute;s profunda para el derecho de todos al trabajo: que el hombre pueda encontrarse en condiciones de realizar enteramente su vocaci&oacute;n humana, a saber, llegar a ser en Cristo un co-creador con Dios. Por medio de un trabajo asumido y realizado libremente, el hombre llega a ser hombre en una forma m&aacute;s plena. El trabajo no es un castigo sino un honor. La dificultad y dureza del trabajo son s&oacute;lo consecuencia del pecado: &quot;Con el sudor de tu rostro comer&aacute;s el pan&quot; <i>(G&eacute;n<\/i> 3, 19), pero &eacute;ste conserva siempre su alta dignidad.<\/p>\n<p>No nos enga&ntilde;emos. La creaci&oacute;n de puestos de trabajo no puede tomarse a la ligera. Tampoco se le puede considerar como un aspecto secundario del orden y desarrollo econ&oacute;micos. Deber&iacute;a constituir un elemento central en los objetivos de la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica econ&oacute;micas.<\/p>\n<p>7.&nbsp;Pero la justicia no exige solamente empleo. Tambi&eacute;n es exigencia de la justicia el que los trabajadores reciban un salario suficiente para mantener a sus familias en un modo que est&eacute; de acuerdo con la dignidad humana.<\/p>\n<p>La justicia exige, adem&aacute;s, que las condiciones de trabajo sean lo m&aacute;s dignas posible y que la seguridad social sea perfeccionada de tal modo que haga posible que cada cual, fundado en una solidaridad creciente, sea capaz de hacer frente a los riesgos, situaciones dif&iacute;ciles y cargas sociales; que los jornales sean regulados en formas varias y complementar&iacute;as; que los trabajadores participen de forma real y justa en la riqueza que ellos contribuyen a producir en las empresas, profesiones y econom&iacute;a nacional.<\/p>\n<p>Pod&eacute;is estar seguros de que vuestro Papa est&aacute; a vuestro lado en estas cuestiones y en otras semejantes, pues lo que est&aacute; en juego es el hombre y su dignidad.<\/p>\n<p>Me gustar&iacute;a poder entretenerme con vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, en otras muchas reflexiones. Pero hemos de continuar el Santo Sacrificio de la Misa. Con todo, permitidme que, antes de seguir adelante, vuelva a hacer esta llamada: no olvid&eacute;is nunca la dignidad alt&iacute;sima que, como seres humanos y como cristianos, hab&eacute;is de imprimir a vuestro trabajo, incluso al m&aacute;s ordinario, a las tareas m&aacute;s insignificantes. No permit&aacute;is nunca que el trabajo os degrade; procurad, m&aacute;s bien, vivir en el trabajo vuestra dignidad real, conforme a la Palabra de Dios y a la doctrina de la Iglesia. S&iacute;, desde la fe, el trabajo corresponde a la voluntad de Dios Creador. Es parte del plan de Dios sobre el hombre y la plena realizaci&oacute;n de la persona humana. Por el trabajo, el hombre participa, en efecto, en la obra creadora de Dios. Desde la fe,<i> el trabajo ha sido ennoblecido de forma inconmensurable en Jesucristo, el Redentor del hombre.<\/i> En su trabajo como carpintero de Nazaret y en las otras muchas tareas que realiz&oacute;. El santific&oacute; el trabajo humano, confiriendo as&iacute; a los trabajadores una solidaridad especial consigo mismo y haci&eacute;ndoles part&iacute;cipes de su propia obra redentora de enaltecimiento de la humanidad, transformaci&oacute;n de la sociedad y conducci&oacute;n del mundo a la alabanza de su Padre del cielo. Todo esto demuestra tambi&eacute;n la necesidad de que el trabajo sea realizado en forma correcta y la obligaci&oacute;n que tienen los trabajadores de realizar sus tareas conscientemente y de acuerdo con las exigencias de la justicia y del amor.<\/p>\n<p>8. Queridos hermanos y hermanas en Cristo: El Papa os invita a orar con &eacute;l y con la Iglesia universal para que todos los campesinos y trabajadores del mundo vivan su dignidad, lleven a cabo sus tareas en forma digna y contribuyan a la edificaci&oacute;n del Reino de Cristo para glor&iacute;a de la Sant&iacute;sima Trinidad. Que Nuestra Se&ntilde;ora de Pe&ntilde;afrancia contin&uacute;e am&aacute;ndoos, consol&aacute;ndoos y protegi&eacute;ndoos a vosotros, a vuestras familias y a vuestro pa&iacute;s. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE MISA PARA LOS AGRICULTORES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Parque Pe&ntilde;aranda, Legazpi S&aacute;bado 21 de febrero de 1981 &nbsp; 1.&nbsp;Las lecturas de la liturgia de este d&iacute;a adquieren una significaci&oacute;n especial y una claridad viva al ser escuchadas en el marco de vuestro hermoso May&oacute;n. 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