{"id":39759,"date":"2016-10-05T23:00:36","date_gmt":"2016-10-06T04:00:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-febrero-de-1981-santa-misa-en-davao-filipinas\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:36","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:36","slug":"20-de-febrero-de-1981-santa-misa-en-davao-filipinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-febrero-de-1981-santa-misa-en-davao-filipinas\/","title":{"rendered":"20 de febrero de 1981: Santa Misa en Davao (Filipinas)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA EN EL AEROPUERTO DE DAVAO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>Isla de Mindanao<br \/> Viernes 20 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas en nuestro Se&ntilde;or Jesucristo:<\/i><\/p>\n<p>1. El vibrante sonido de nuestras voces que llena el aire de esta pr&oacute;spera ciudad de Davao, situada en esta isla de Mindanao en creciente desarrollo, cuando cantamos las alabanzas de nuestro Dios por y en nuestro Se&ntilde;or Jes&uacute;s, nos recuerda la voz de nuestro Se&ntilde;or dirigida a los primeros Ap&oacute;stoles: &quot;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues; ense&ntilde;ad a todas las gentes, bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, ense&ntilde;&aacute;ndoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estar&eacute; con vosotros siempre hasta la consumaci&oacute;n del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 18-20). Jes&uacute;s, que hab&iacute;a sido enviado por el Padre, a su vez enviaba a sus Ap&oacute;stoles: &quot;Como me envi&oacute; mi Padre, as&iacute; os env&iacute;o yo&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 21). Desde entonces no ha habido interrupci&oacute;n en el enviar y en el partir: &quot;Ellos se fueron, predicando por todas partes&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 20). Desde entonces tambi&eacute;n, ha habido una incesante respuesta eclesial o comunitaria de los que creen y son bautizados. Los Hechos de los Ap&oacute;stoles nos dicen: &quot;Ellos recibieron la gracia y se bautizaron&#8230; Eran asiduos a la ense&ntilde;anza de los ap&oacute;stoles, en la comuni&oacute;n, en la fracci&oacute;n del pan y en las oraciones&quot;<i> (Act<\/i> 2, 41-42). En lo anterior podemos ya percibir la naturaleza comunitaria de la Iglesia que ha de estar formada por todas las naciones reunidas en unidad. Los creyentes han de estar ligados mutuamente por la fe y la comuni&oacute;n, por la fracci&oacute;n del pan y por la oraci&oacute;n com&uacute;n.<i> Los que creen forman una Iglesia, una comunidad.<\/i><\/p>\n<p>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas: No puedo describiros cu&aacute;n grande es mi alegr&iacute;a por estar con vosotros hoy en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Como elegido por la providencia de Dios para ser el Vicario de Cristo en la tierra y el Sucesor de San Pedro en la Sede Apost&oacute;lica de Roma, estoy celebrando con vosotros, a miles de millas de Roma, el Sacrificio de la Misa, el memorial de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Estamos proclamando juntos el misterio de la fe: &quot;Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci&oacute;n: &iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&quot;.<\/p>\n<p>Este es, en verdad, un momento &uacute;nico de profunda plenitud. Pues estamos aqu&iacute; reunidos como Pastor y reba&ntilde;o, como Iglesia, como Cuerpo de Cristo, donde hay diversidad de servicios, pero un mismo Se&ntilde;or; donde hay diversidad de tareas, pero es el mismo Dios quien las inspira todas en cada uno; donde a cada uno le es dada la misma manifestaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu para el bien com&uacute;n (cf.<i> 1 Cor<\/i> 12, 4-7). Veo en vuestros caracter&iacute;sticos rostros filipinos, llenos de admiraci&oacute;n, los rostros de los hijos de nuestro Padre com&uacute;n, hermanos y hermanas en nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Pero tambi&eacute;n veo en vuestros rostros el dolor ligado a la memoria de los que han sufrido y muerto durante las recientes inundaciones que asolaron seis provincias de esta isla. A todos manifiesto la expresi&oacute;n de mi sentimiento por la p&eacute;rdida de vuestros seres queridos, mis oraciones por los muertos, por los heridos y por los que han perdido el hogar, y mi aliento para que afront&eacute;is la gravosa tarea futura de reconstruir, con la ayuda de Dios, vuestros hogares y vuestras vidas. Veo en todos nosotros, reunidos aqu&iacute; en el nombre de nuestro Se&ntilde;or, la &uacute;nica familia de Dios, el nuevo Pueblo de Dios, construyendo juntos \u2014cada uno seg&uacute;n su respectiva misi&oacute;n, pero siempre en solidaridad eclesial\u2014 el Cuerpo de Cristo en la alegr&iacute;a y en el dolor.<\/p>\n<p>2. Esta asamblea eucar&iacute;stica formada por nosotros, procedentes del Oeste, y por vosotros, de Davao y Mindanao, representantes del &uacute;nico pa&iacute;s cat&oacute;lico del Este, es una s&iacute;ntesis del deseo de nuestro Se&ntilde;or, del mandamiento de nuestro Se&ntilde;or, y de nuestra propia respuesta. Nuestro Se&ntilde;or quiso reunir a todas las naciones en un &uacute;nico reba&ntilde;o bajo un &uacute;nico Pastor. Su mandamiento fue hacer disc&iacute;pulos de todas las naciones, del Este y del Oeste, y nuestra respuesta es esta vasta multitud de personas de diversas lenguas y colores, de diversas culturas y condici&oacute;n,<i> unidos en comuni&oacute;n eclesial para compartir la Palabra de Dios y el Pan de la vida eterna.<\/i> Aqu&iacute;, alrededor de vuestro arzobispo y de la mesa de la Palabra de Dios y del Sacrificio eucar&iacute;stico, form&aacute;is vuestra Iglesia local, vuestra comunidad &nbsp;eclesial local. Est&aacute;is ensamblados en la unidad de una sola fe y de un solo culto, y en esos lazos de amor que es el signo distintivo de los verdaderos disc&iacute;pulos de Cristo: &quot;En esto conocer&aacute;n todos que sois mis disc&iacute;pulos: si ten&eacute;is amor unos para con otros&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 35).<\/p>\n<p>Esta comunidad eclesial a nivel diocesano, con el obispo, como signo y centro de unidad, se nutre constantemente de la fiel observancia de la Palabra de Dios y de un aut&eacute;ntico culto siguiendo las relaciones b&aacute;sicas entre la fe y el culto: &quot;Lex orandi, lex credendi&quot;. Ella se fortalece tambi&eacute;n por los lazos de amor entre sus miembros, y por la participaci&oacute;n consciente de todos seg&uacute;n los dones que cada uno ha recibido para la construcci&oacute;n de la Iglesia local.<\/p>\n<p>3. La misma vida eclesial a nivel diocesano se refleja a nivel parroquial. La misma variedad de dones y ministerios contribuye a la &uacute;nica misi&oacute;n de construir el Cuerpo de Cristo. Prevalece la misma conciencia de ser un miembro de una comunidad eclesial. A nivel parroquial se experimenta d&iacute;a tras d&iacute;a un verdadero sentido de comuni&oacute;n y participaci&oacute;n eclesiales.<i> Es en las peque&ntilde;as comunidades eclesiales donde los miembros se conocen entre si m&aacute;s personalmente, donde se practica con m&aacute;s facilidad el verdadero amor y el inter&eacute;s fraterno.<\/i> La aflicci&oacute;n y la necesidad de un hermano o una hermana que uno conoce y ve diariamente, mueve el coraz&oacute;n humano al amor y a la compasi&oacute;n. Por el contrario, estamos menos inclinados a amar y compadecer a quien no conocemos o no vemos. &quot;Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve&quot; (1<i> Jn<\/i> 4, 20).<\/p>\n<p>Por otra parte, la dimensi&oacute;n comunitaria de nuestra vocaci&oacute;n cristiana ha sido marcadamente acentuada por la renovaci&oacute;n lit&uacute;rgica del Concilio Vaticano II. Toda acci&oacute;n lit&uacute;rgica es en si misma un acto de todo el Cuerpo de Cristo, de la Cabeza y de los miembros. Todo sacramento y toda Misa celebrada es un acto de Cristo y de su Cuerpo. Toda buena obra realizada por un miembro beneficia a la totalidad de los miembros, y el pecado es no s&oacute;lo una ofensa contra Dios, sino una herida infligida al Cuerpo de Cristo. En esta perspectiva, nuestro primer acto comunitario al inicio de esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica es una confesi&oacute;n de nuestros pecados contra Dios y contra &eacute;l Cuerpo de Cristo: &quot;Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos&quot;; y en la &uacute;ltima parte de este acto penitencial comunitario decir mos: &quot;Por eso ruego a Santa Mar&iacute;a, siempre Virgen, a los &aacute;ngeles, a los santos y a vosotros hermanos, que interced&aacute;is por m&iacute; ante Dios nuestro Se&ntilde;or&quot;. De todo esto resulta bastante claro que no hay algo as&iacute; como un cristiano aislado. Somos cristianos porque pertenecemos a Cristo y a su Cuerpo. Un cristiano que no haya aprendido a ver y amar a Cristo en su pr&oacute;jimo no es plenamente cristiano. Un cristiano no puede ser como Ca&iacute;n, que rehus&oacute; ser el guardi&aacute;n de su hermano. Nosotros somos guardianes de nuestros hermanos, estamos unidos mutuamente por lazos de amor. Este amor es el mandamiento de Dios para todos los que creen en El. Para un cristiano vivir es amar y amar es vivir &quot;Magmahalan tayo tulad ng pagmahal sa atin nang Diyos!&quot; (&iexcl;Am&eacute;monos unos a otros como Dios nos ha amado!)\/<\/p>\n<p>4. Esta naturaleza eclesial o comunitaria de nuestra vocaci&oacute;n cristiana, que es m&aacute;s f&aacute;cilmente practicada en los niveles diocesano y parroquial, debe, sin embargo, estar orientada hacia la Iglesia universal.<i> Somos una Iglesia local s&oacute;lo en la medida en que formamos parte de la Iglesia universal<\/i> establecida por Cristo, nuestro Se&ntilde;or. Somos una parte leg&iacute;tima s&oacute;lo porque pertenecemos a la totalidad. Y nuestro Se&ntilde;or quiso y estableci&oacute; verdaderamente una Iglesia que se extendiera de un conf&iacute;n al otro de la tierra, para ser el nuevo Pueblo de Dios, el nuevo Israel. Cristo nuestro Se&ntilde;or quiso que su Iglesia fuese universal y adem&aacute;s que fuese una y la misma en todo el mundo. El quiso que todas las naciones fuesen una comunidad eclesial pastoreada por un &uacute;nico Pastor m&aacute;s all&aacute; de fronteras y barreras. El quiso que su Iglesia o comunidad eclesial predicase la misma doctrina, practicase el mismo culto, observase la misma ley de amor y Fuese pastoreada por un &uacute;nico guardi&aacute;n de las llaves, asistido por el Esp&iacute;ritu Santo. Es esta misma Iglesia la fuente de la verdad y del poder espiritual que asimila todas las culturas de todos los tiempos y lugares. Esta asimilaci&oacute;n no produce la destrucci&oacute;n de las culturas humanas y locales, sino su sublimaci&oacute;n. La verdad cristiana, en cambio, se encarna en cada cultura local purificando, elevando y dando solidez a sus valores.<\/p>\n<p>La unidad de doctrina y culto proclamada y salvaguardada de la adulteraci&oacute;n por la Iglesia universal, est&aacute; perfectamente complementada por la ley del amor que une a todos los cristianos a Dios y entre s&iacute;, a todas las Iglesias locales con la Iglesia universal y entre ellas. As&iacute;, la Iglesia universal, a trav&eacute;s de las Iglesias locales y bajo el impulso del Esp&iacute;ritu que mora en ella, transforma gradualmente a todo el mundo en el Reino de Dios en la tierra, e incesantemente promueve una civilizaci&oacute;n del amor.<\/p>\n<p>5. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo quiere que vivamos nuestra fe en la construcci&oacute;n de la comunidad eclesial, para que su redenci&oacute;n pueda ser aplicada a los miembros individuales a trav&eacute;s del ministerio de la Iglesia. Al mismo tiempo nunca debemos cesar de resaltar que<i> cada miembro debe constantemente convertirse a Dios y conformarse con Cristo por el amor,<\/i> en orden a participar en esta tarea com&uacute;n de construir el Cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>Que no nos sea dif&iacute;cil permanecer fieles a la doctrina de la fe tal y como es propuesta por la Iglesia universal y fieles al aut&eacute;ntico culto; que incluso podamos hablar en lenguas e interpretarlas y tener el don de profec&iacute;a. Pero si dejamos de seguir el mandamiento de amar a Dios y al pr&oacute;jimo, no seremos considerados dignos de su recompensa eterna. Deliberadamente nuestro Se&ntilde;or resumi&oacute; todos los mandamientos de la antigua ley en un mandamiento de amor a Dios y al pr&oacute;jimo. No hacer mal u ofender a los dem&aacute;s es mucho menos y verdaderamente menor que amar a los dem&aacute;s. En nuestra comunidad de cristianos, la comprensi&oacute;n del amor de San Pablo es la verdadera comprensi&oacute;n del mandamiento del Se&ntilde;or de amarnos mutuamente. &quot;Si hablando lenguas de hombres y de &aacute;ngeles no tengo caridad, soy como bronce o c&iacute;mbalo que reti&ntilde;e. Y si teniendo el don de profec&iacute;a y conociendo todos los misterios y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, si no tengo caridad, no soy nada. Y si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha&quot; <i>(1 Cor<\/i> 13, 1-3).<\/p>\n<p>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: Si mi visita os hiciera amaros un poco m&aacute;s, si mi visita os orientase un poco m&aacute;s eclesial o comunitariamente y pensaseis en los dem&aacute;s con mayor amor; si mi visita os hiciera desear m&aacute;s servir que ser servidos, entonces m&iacute; visita, por la gracia de Dios, ser&iacute;a fruct&iacute;fera y valiosa.<\/p>\n<p>Finalmente, permitidme, amad&iacute;simos en nuestro Se&ntilde;or, recordar y proponer como regla de nuestra vida en las relaciones eclesiales la incomparable oraci&oacute;n del Doctor Ser&aacute;fico, San Francisco de As&iacute;s: &quot;Hazme, Se&ntilde;or, un instrumento de tu paz. Donde haya odio ponga yo amor, donde haya ofensa ponga, Se&ntilde;or, tu perd&oacute;n, y donde haya duda la verdadera fe en ti. &iexcl;Oh, Maestro!, que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido cuanto comprender, ser amado sino amar con toda mi alma. Hazme un instrumento de tu paz. Pues es perdonando como se es perdonado, dando a todos como se recibe, y muriendo como nacemos a la vida eterna. Hazme un instrumento de tu paz. Donde haya desesperaci&oacute;n en la vida que yo traiga la esperanza; donde haya oscuridad s&oacute;lo luz, y donde haya tristeza siempre alegr&iacute;a&quot;.<\/p>\n<p>Maraming salamat at Pagpalain nawa kayo nang Diyos!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE MISA EN EL AEROPUERTO DE DAVAO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Isla de Mindanao Viernes 20 de febrero de 1981 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en nuestro Se&ntilde;or Jesucristo: 1. 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