{"id":39760,"date":"2016-10-05T23:00:38","date_gmt":"2016-10-06T04:00:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-las-familias-cebu-filipinas\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:38","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:38","slug":"19-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-las-familias-cebu-filipinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-las-familias-cebu-filipinas\/","title":{"rendered":"19 de febrero de 1981: Santa Misa para las familias, Ceb\u00fa (Filipinas)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LAS FAMILIAS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> <\/font><\/i><br \/> <\/b><i>Aeropuerto de Lahung, Ceb&uacute;<br \/> Jueves 19 de febrero de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;Al encontrarme en esta importante ciudad conocida como la cuna del cristianismo en Filipinas, quiero expresar mi gran alegr&iacute;a y mi profunda acci&oacute;n de gracias al Se&ntilde;or de la historia. El pensamiento de que durante 450 a&ntilde;os la luz del Evangelio ha brillado con luminosa claridad en este pa&iacute;s y sobre sus habitantes es causa de una enorme alegr&iacute;a. Cuatro siglos y medio de fecunda interacci&oacute;n entre la cultura local y el mensaje cristiano han dado como resultado esta armoniosa mezcla llamada &quot;Cultura cristiano filipina&quot;. Cualquier cristiano que llega aqu&iacute; de diferentes partes del mundo se siente como en su casa, en medio de personas que comparten las mismas aspiraciones y la misma esperanza centrada en Jesucristo. &iexcl;Alabado sea el nombre de Jes&uacute;s por todo lo que su amor ha realizado!<\/p>\n<p><i>La providencia de Dios en Filipinas ha sido verdaderamente maravillosa.<\/i>&nbsp;La cristianizaci&oacute;n que tuvo lugar en el siglo XVI no fue algo meramente accidental. La gracia divina actuaba cuando las gentes de esta regi&oacute;n entablaron su primer contacto con la imagen del Santo Ni&ntilde;o. Es un hecho hist&oacute;rico importante, rico en significado religioso, el de aquel primero de enero de 1571, en que la ciudad real de Sugbu recibi&oacute; el nuevo nombre de &quot;Villa del Santo Ni&ntilde;o&quot;, coloc&aacute;ndose as&iacute; la primera ciudad de Filipinas bajo el patrocinio del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>2.&nbsp;La Divina Providencia ha hecho posible que nos reuni&eacute;ramos hoy aqu&iacute; para ofrecer<i> un sacrificio de alabanza y acci&oacute;n de gracias a nuestro Padre celestial<\/i> por los cuatro siglos y medio de cristianismo en este pa&iacute;s. La Iglesia entera da gracias a Dios, porque el pueblo que &quot;estaba lejos, ha sido acercado por la sangre de Cristo&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 13). Da gracias a Dios por los 450 a&ntilde;os en los que su nombre ha sido glorificado aqu&iacute;, en los que le ha sido ofrecido un culto verdadero, en los que la Bienaventurada Virgen Mar&iacute;a ha sido devota y amorosamente venerada, y en los que millones de personas han renacido en Cristo. Las inolvidables ceremonias que tuvieron lugar ayer en Manila en honor del protom&aacute;rtir filipino. Beato Lorenzo Ruiz, ilustran ampliamente que la fe cristiana ha echado profundas ra&iacute;ces en suelo filipino.<\/p>\n<p>De un modo particular la Iglesia da gracias a Dios de que la insignificante comunidad cristiana de Sugbu, bajo el patrocinio del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, se haya convertido ahora en una floreciente archidi&oacute;cesis de dos millones de personas, de las cuales casi todas son cat&oacute;licas y poseen un clero activo y celoso, tanto diocesano como religioso, religiosos y religiosas entregados y un n&uacute;mero alentador de seminaristas. Me es tambi&eacute;n profundamente grato saber que existen numerosas Instituciones, Organizaciones y Movimientos laicos cat&oacute;licos. Puede decirse que el crecimiento en la fe y la vida cristiana han sido hasta ahora una constante de la Iglesia en Ceb&uacute;, as&iacute; como en todo Filipinas. El pasado glorioso proporciona una gran esperanza para el futuro. La relaci&oacute;n armoniosa, bajo la gu&iacute;a del cardenal Julio Rosales, el arzobispo coadjutor y el obispo auxiliar, entre la jerarqu&iacute;a y el clero diocesano y religioso; el profundo compromiso evangelizador de sacerdotes, religiosos y laicos; la existencia de un s&oacute;lido sentido eclesial y la profunda religiosidad del pueblo; todos estos factores constituyen una gran fuerza espiritual para la construcci&oacute;n de una Iglesia din&aacute;mica en Ceb&uacute;.<\/p>\n<p>3.&nbsp;Queridos hermanos y hermanas en Cristo: La centenaria veneraci&oacute;n del Santo Ni&ntilde;o aqu&iacute; en Ceb&uacute; me impulsa a hablaros hoy de la familia. El mismo Ni&ntilde;o Jes&uacute;s naci&oacute; de la Virgen Mar&iacute;a y vivi&oacute; en una familia, y fue en la familia de Nazaret donde comenz&oacute; la misi&oacute;n que el Padre le hab&iacute;a confiado. &quot;Porque nos ha nacido un ni&ntilde;o, nos ha sido dado un hijo&quot; (<i>Is<\/i> 9, 6). Con El amaneci&oacute; una nueva era, en El el mundo fue recreado, en El fue ofrecida una nueva vida a la humanidad, una vida redimida por y en Cristo.<\/p>\n<p>A causa de los designios del Creador, que quiere que la vida tenga su origen en el amor de un hombre y una mujer unidos en alianza matrimonial, y por el hecho de haber elevado Cristo esta uni&oacute;n de los esposos a la dignidad de sacramento; hemos de ver la familia y su naturaleza y misi&oacute;n a la luz esplendorosa de nuestra fe cristiana. Se puede afirmar con leg&iacute;timo orgullo que cuanto la Iglesia ense&ntilde;a hoy sobre el matrimonio y la familia ha sido su ense&ntilde;anza constante en fidelidad a Cristo. La Iglesia cat&oacute;lica ha ense&ntilde;ado de modo consistente \u2014y lo repito aqu&iacute; con la convicci&oacute;n que procede de mi tarea como Pastor y Maestro supremo\u2014<i> que el matrimonio fue establecido por Dios;<\/i> que el matrimonio es una alianza de amor entre un hombre y una mujer; que el lazo que une a marido y mujer es indisoluble por voluntad divina; que el matrimonio entre cristianos es un sacramento que simboliza la uni&oacute;n de Cristo y su Iglesia; y que el matrimonio ha de estar abierto a la transmisi&oacute;n de la vida humana.<\/p>\n<p>4. Cuando Jes&uacute;s llevaba a cabo su actividad, curando y ense&ntilde;ando, se vio abordado por algunos fariseos que quer&iacute;an conocer su postura acerca del matrimonio. Jes&uacute;s respondi&oacute; clara y firmemente, reafirmando lo que hab&iacute;a dicho la Escritura: &quot;al principio de la creaci&oacute;n los hizo Dios var&oacute;n y hembra; por esto dejar&aacute; el hombre a su padre y a su madre, y se unir&aacute; a su mujer, y ser&aacute;n los dos una sola carne. De manera que no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios junt&oacute;, no lo separe el hombre&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 6-9). Haci&eacute;ndolos hombre y mujer estableci&oacute; Dios la complementariedad de los sexos y por eso un hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer en esta uni&oacute;n de amor que impregna todos los niveles de la existencia humana. Esta uni&oacute;n de amor permite al hombre y a la mujer crecer juntos y cuidar adecuadamente de sus hijos. La uni&oacute;n que hace de los dos uno no puede ser rota por ninguna autoridad humana; se halla permanentemente al servicio de los hijos y de los mismos esposos. Por eso el amor entre un hombre y una mujer en el matrimonio es un amor que es a la vez fiel y fecundo. Es un amor sagrado, que<i> simboliza sacramentalmente la uni&oacute;n de amor entre Cristo y la Iglesia,<\/i> como San Pablo escribi&oacute; a los Efesios: &quot;Gran misterio es &eacute;ste, pero yo lo aplico a Cristo y a la Iglesia&quot; (<i>Ef<\/i> 5, 32).<\/p>\n<p>5.&nbsp;Por estas razones la Iglesia no podr&aacute; nunca diluir o cambiar su ense&ntilde;anza sobre el matrimonio y la familia. Por estas razones la Iglesia condena toda clase de atentado para destruir <i>la unidad del matrimonio<\/i> a trav&eacute;s de la pr&aacute;ctica de la poligamia, y todo atentado para destruir el v&iacute;nculo matrimonial por medio del divorcio. Por estas razones tambi&eacute;n la Iglesia afirma claramente que el matrimonio ha de estar abierto a la transmisi&oacute;n de la vida humana. Dios quiso que la uni&oacute;n amorosa de marido y mujer fuera la fuente de la nueva vida. Quiso compartir, por as&iacute; decirlo, su poder creador con los maridos y las mujeres, dot&aacute;ndoles del poder de la procreaci&oacute;n. Dios quiere que este poder estupendo de procrear una nueva vida humana sea voluntaria y amorosamente aceptado por la pareja cuando ellos eligen libremente el matrimonio. La paternidad posee una dignidad en s&iacute; misma, garantizada por el mismo Dios. Yo, por mi parte, siento como un deber de mi tarea apost&oacute;lica el reafirmar tan clara y vigorosamente como sea posible lo que la Iglesia de Cristo ense&ntilde;a a este respecto, y reiterar en&eacute;rgicamente su condena de la contracepci&oacute;n artificial y del aborto.<\/p>\n<p>6.&nbsp;S&iacute;, desde el momento de la concepci&oacute;n y a lo largo de los siguientes estadios,<i> toda vida humana es sagrada, <\/i>pues ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. La vida humana es preciosa porque es un don de Dios, cuyo amor no conoce l&iacute;mites; y cuando Dios da la vida es para siempre. Todo aquel que intente destruir la vida humana en el seno materno, no solamente viola la sacralidad de un ser humano que vive, crece y se desarrolla, oponi&eacute;ndose as&iacute; a Dios, sino que tambi&eacute;n ataca a toda la sociedad minando el respeto por toda vida humana. Quiero repetir aqu&iacute; lo que afirm&eacute; en la visita a mi tierra natal: &quot;Si se rompe el derecho del hombre a la vida en el momento en que comienza a ser concebido dentro del seno materno, se ataca indirectamente todo el orden moral que sirve para asegurar los bienes inviolables del hombre. La vida ocupa entre &eacute;stos el primer puesto. La Iglesia defiende el derecho a la vida, no s&oacute;lo en consideraci&oacute;n a la majestad del Creador que es el primer Dador de esta vida, sino tambi&eacute;n por respeto al bien esencial del hombre&quot; (<a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1979\/documents\/hf_jp-ii_hom_19790608_polonia-nowy-targ.html\">Homil&iacute;a de Juan Pablo II a los trabajadores en la explanada del aeropuerto polaco de Nowy Targ<\/a>, 8 de junio de 1979;<i> L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 17 de junio de 1979, p&aacute;g. 14).<\/p>\n<p>7. La Iglesia, al presentar ante vosotros los ideales del matrimonio cristiano y de la familia cristiana, y al insistir en que el amor del marido y de la mujer y el amor paterno han de estar marcados por la generosidad, no ignora que existen hoy numerosos factores que amenazan la vida familiar y ponen a prueba el coraz&oacute;n humano. La b&uacute;squeda ego&iacute;sta del placer, la permisividad sexual y el miedo a un compromiso permanente son fuerzas destructivas. La Iglesia, como buena madre, est&aacute; cercana a sus hijos en los momentos dif&iacute;ciles, est&aacute; cercana a las parejas que experimentan dificultades al seguir sus ense&ntilde;anzas. Con amor y comprensi&oacute;n hacia la debilidad humana, pero tambi&eacute;n siendo consciente<i> del poder de la gracia de Cristo<\/i> en los corazones de cada uno de los hombres, la Iglesia exhorta constantemente a sus hijos. Les exhorta a ser conscientes de la dignidad de su bautismo y del don de la gracia sacramental que les ha sido dada precisamente con el fin de hacerles capaces de reflejar el amor sacrificial de Cristo en sus vidas, de desarrollar su propio amor en una uni&oacute;n fiel e indisoluble, y de responder con generosidad al don de la paternidad. Como ha declarado el Concilio Vaticano II: &quot;El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acci&oacute;n salv&iacute;flca de la Iglesia para conducir eficazmente a los c&oacute;nyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misi&oacute;n de la paternidad y la maternidad&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 48). A todos vosotros, parejas cristianas \u2014esposos y padres\u2014 os ofrezco esta invitaci&oacute;n: &iexcl;Caminad con Cristo! El es quien os descubre la dignidad del compromiso que hab&eacute;is contra&iacute;do, El es quien confiere un valor inmenso a vuestro amor conyugal; es El, Jesucristo, quien puede llevar a cabo en vosotros mucho m&aacute;s de lo que vosotros pod&eacute;is pedir o imaginar (cf.<i> Ef <\/i>3, 21).<\/p>\n<p>8.&nbsp;En la comunidad cristiana todos tienen una responsabilidad hacia las familias. Los programas en favor de la familia y la dignidad del matrimonio son de gran importancia: programas para preparar a aquellos que se acercan al matrimonio, y programas para aquellos que est&aacute;n casados ya. Los padres tienen una misi&oacute;n irreemplazable respecto de sus hijos, no s&oacute;lo como los primeros educadores de la fe y como modelos de virtud, sino tambi&eacute;n como ejemplos de un amor conyugal fiel. En la comunidad de amor y confianza que debe ser cada familia, los padres y los hijos pueden ser<i> a la vez evangelizados e instrumentos de evangelizaci&oacute;n.<\/i> El respeto sincero a la vida y a la dignidad humana, la caridad desprendida y el sentido del deber y de la justicia, firmemente enraizados en el Evangelio, proceden de una familia en la que reinan unas sanas relaciones entre los hijos y los padres, y en la que cada miembro de la familia trata de ser un servidor para el otro. Una familia en la que la oraci&oacute;n, la ayuda amorosa y la formaci&oacute;n en la fe son objeto de una constante preocupaci&oacute;n, aportar&aacute; innumerables beneficios no s&oacute;lo para los mismos miembros de la familia, sino tambi&eacute;n para la Iglesia y la sociedad.<\/p>\n<p>9.&nbsp;Me alegra enormemente saber que <i>el Apostolado familiar<\/i> ha recibido un respaldo y una ayuda entusiasta en todo Filipinas. Alabo la determinaci&oacute;n de la Conferencia Episcopal Cat&oacute;lica de Filipinas de haber declarado la presente d&eacute;cada, de 1981 a 1990, &quot;La d&eacute;cada de la familia&quot; y de haber preparado un programa pastoral conjunto con esta finalidad. Recomiendo de todo coraz&oacute;n a las diferentes Organizaciones y Movimientos, que, en estrecha colaboraci&oacute;n con la jerarqu&iacute;a, dediquen sus celosos esfuerzos a la familia. Animo a todos los educadores cat&oacute;licos, y muy especialmente a los mismos padres, a dedicar gran atenci&oacute;n a una adecuada formaci&oacute;n de los j&oacute;venes en lo referente a la sexualidad humana, colocando en la perspectiva justa el designio del Creador desde el principio, el poder redentor de Cristo y la influencia de una aut&eacute;ntica vida sacramental. La delicada responsabilidad de la educaci&oacute;n sexual corresponde principalmente a las familias, en cuya atm&oacute;sfera de respeto amoroso se llegar&aacute; a una plena comprensi&oacute;n humana y cristiana del significado del amor y la vida.<\/p>\n<p>10. Y ahora, mis hermanos y hermanas en Cristo, mis amigos de Ceb&uacute; y de sus alrededores, tengo que dejaros. Estos han sido unos memorables momentos para m&iacute;: el estar con vosotros, el compartir con vosotros las ense&ntilde;anzas de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo sobre la familia cristiana, y el experimentar y compartir con vosotros vuestro amor en medio de la familia de Dios, la Iglesia. Que el Santo Ni&ntilde;o os bendiga. Que Mar&iacute;a, la Madre de Jes&uacute;s, y San Jos&eacute;, su Esposo, os asistan a vosotros y a todas las familias filipinas para que reflexion&eacute;is sobre la santidad, la alegr&iacute;a y el amor de la<i> Sagrada Familia de Nazaret.<\/i><\/p>\n<p>Pagpalain kayo nang Poong Maykapall (&iexcl;Que Dios Todopoderoso os bendiga!).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE SANTA MISA PARA LAS FAMILIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Aeropuerto de Lahung, Ceb&uacute; Jueves 19 de febrero de 1981 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 1.&nbsp;Al encontrarme en esta importante ciudad conocida como la cuna del cristianismo en Filipinas, quiero expresar mi gran alegr&iacute;a y mi &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-las-familias-cebu-filipinas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de febrero de 1981: Santa Misa para las familias, Ceb\u00fa (Filipinas)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39760","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39760","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39760"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39760\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39760"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39760"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39760"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}