{"id":39762,"date":"2016-10-05T23:00:41","date_gmt":"2016-10-06T04:00:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-febrero-de-1981-beatificacion-de-lorenzo-ruiz-y-quince-companeros-martires-manila-filipinas\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:41","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:41","slug":"18-de-febrero-de-1981-beatificacion-de-lorenzo-ruiz-y-quince-companeros-martires-manila-filipinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-febrero-de-1981-beatificacion-de-lorenzo-ruiz-y-quince-companeros-martires-manila-filipinas\/","title":{"rendered":"18 de febrero de 1981: Beatificaci\u00f3n de Lorenzo Ruiz y quince compa\u00f1eros m\u00e1rtires, Manila (Filipinas)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>BEATIFICACI&Oacute;N DE LORENZO RUIZ <br \/> Y COMPA&Ntilde;EROS M&Aacute;RTIRES<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font> <br \/> <\/b>Parque de la Luneta de Manila<br \/> Mi&eacute;rcoles 18 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;La ciudad de Manila y todas las Filipinas est&aacute;n llenas de alegr&iacute;a en este d&iacute;a mientras cantan<i> un himno de gloria a Jesucristo.<\/i> Porque, seg&uacute;n la promesa de su Evangelio, Cristo est&aacute; reconociendo verdaderamente, en presencia de su Padre en el cielo, a aquellos m&aacute;rtires fieles que le reconocieron delante de los hombres (cf.<i> Mt<\/i> 10, 32). Y a causa de la cercan&iacute;a del &quot;Luneta Park&quot; a la antigua Manila &quot;ultra muros&quot;, el himno de gloria a Dios que acaba de ser cantado por innumerables voces es un eco del &quot;Te Deum&quot; cantado en la iglesia de Santo Domingo la tarde del 27 de diciembre de 1637, cuando lleg&oacute; la noticia del martirio en Nagasaki de un grupo de seis cristianos. Entre ellos estaba el cabeza de la misi&oacute;n; p. Antonio Gonz&aacute;lez, un dominico espa&ntilde;ol de Le&oacute;n, y Lorenzo Ruiz, un hombre casado, con familia, nacido en Manila &quot;extra muros&quot;, en el suburbio de Binondo (cf.<i> Positio super martyrio,<\/i> Roma 1979, p&aacute;gs. 478-479).<\/p>\n<p>Estos testigos, por su parte, hab&iacute;an cantado tambi&eacute;n salmos al Se&ntilde;or de la misericordia y el poder, tanto mientras estaban en la prisi&oacute;n como durante su ejecuci&oacute;n mediante la horca y el foso, que dur&oacute; tres d&iacute;as. El canto de estos &quot;nombrados&quot; m&aacute;rtires \u2014para usar una definici&oacute;n acu&ntilde;ada por mi predecesor Benedicto XIV\u2014 fue seguido en Manila, entonces como ahora, con el canto de acci&oacute;n de gracias por los m&aacute;rtires ahora &quot;consumados&quot; y &quot;glorificados&quot;.<i> Te martyrum candidatus laudat exercitus<\/i>: ellos pertenec&iacute;an sin duda a una multitud vestida de blanco, cuyos miembros inclu&iacute;an a los de la blanca legi&oacute;n de la Orden de Predicadores.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Nuestro himno es al mismo tiempo <i>un himno de fe que vence al mundo <\/i>(cf.<i> 1 Jn<\/i> 5, 4). La predicaci&oacute;n de esta fe ilumina como el sol a todos los que desean alcanzar el conocimiento de la verdad. Realmente, aunque hay diferentes lenguas en el mundo, el poder de la tradici&oacute;n cristiana es el mismo. Y as&iacute;, como explica San Ireneo, las Iglesias fundadas en Alemania o en Espa&ntilde;a creen y ense&ntilde;an no diferentemente de las Iglesias fundadas en el Este o en las partes centrales del mundo (cf.<i> Adversus Haereses,<\/i> libro 1, 10, 1-3;<i> PG<\/i> 7, p&aacute;gs. 550-554).<\/p>\n<p>Por lo tanto, yo saludo con profundo afecto en Cristo Jes&uacute;s a las Iglesias europeas en Italia, Francia y Espa&ntilde;a, y a las Iglesias asi&aacute;ticas en Taiw&aacute;n, Macao, Filipinas y Jap&oacute;n, representadas aqu&iacute; o al menos espiritualmente unidas a esta ceremonia de la beatificaci&oacute;n de 16 m&aacute;rtires que pertenecen a ellas por nacimiento, trabajo apost&oacute;lico o martirio.<\/p>\n<p>3. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s con su sangre redimi&oacute; verdaderamente a sus siervos, los congreg&oacute; de toda raza, lengua, pueblo y naci&oacute;n, para hacer de ellos un sacerdocio real para nuestro Dios (cf.<i> Ap <\/i>5, 9-10). Los 16 bienaventurados m&aacute;rtires, por el ejercicio de su sacerdocio \u2014el del bautismo o el de las &oacute;rdenes sagradas\u2014 llevaron a cabo el m&aacute;s grande acto de culto y amor a Dios mediante el sacrificio de su sangre unido al propio Sacrificio de la cruz de Cristo. De esta manera imitaron a Cristo, sacerdote y v&iacute;ctima, en el modo m&aacute;s perfecto posible para una criatura humana (cf. <i>S.<\/i> <i>Th.<\/i> II-IIae, q. 124, a. 3). Era, al mismo tiempo, un acto del mayor amor posible hacia sus hermanos, por motivo de los cuales todos nosotros estamos llamados a sacrificarnos a nosotros mismos, siguiendo el ejemplo del Hijo de Dios, quien se sacrific&oacute; a S&iacute; mismo por nosotros (cf.<i> 1 Jn<\/i> 3, 16).<\/p>\n<p>4. Esto es lo que hizo Lorenzo Ruiz. Guiado por el Esp&iacute;ritu Santo hasta su meta inesperada despu&eacute;s de un viaje venturoso, &eacute;l dijo al tribunal que era cristiano, que deb&iacute;a morir por Dios y que dar&iacute;a su vida por El mil veces (cf.<i> Positio,<\/i> p&aacute;g. 417).<\/p>\n<p>Kahit maging sangiibo man \/ Ang buhay n&#8217;yaring katawan. \/ Pawa kong ipapapatay, Kung inyong pagpipilitang \/ Si Kristo&#8217;y, aking talikdan (Aun si este cuerpo tuviese mil vidas, todas me las dejar&iacute;a arrebatar si me forz&aacute;is a volver la espalda a Cristo).<\/p>\n<p>Aqu&iacute; tenemos un resumen de &eacute;l; aqu&iacute; tenemos una descripci&oacute;n de su fe y la raz&oacute;n de su muerte. En este momento fue cuando este joven padre de familia profes&oacute; y llev&oacute; a plenitud la catequesis cristiana que hab&iacute;a recibido en la escuela de los frailes dominicos de Binondo: una catequesis que no puede ser sino cristoc&eacute;ntrica, por raz&oacute;n tanto del misterio que contiene como del hecho de que es Cristo quien ense&ntilde;a a trav&eacute;s de los labios de su mensajero (cf.<i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\"> Catechesi tradendae<\/a>,<\/i> 5-6).<\/p>\n<p>Esta es la esencia cristiana del primer Beato de la naci&oacute;n filipina, ensalzado hoy como digna culminaci&oacute;n del IV centenario de la archidi&oacute;cesis de Manila.<\/p>\n<p>Igual que la joven Iglesia de Jerusal&eacute;n produjo su primer m&aacute;rtir por Cristo en la persona del di&aacute;cono Esteban, as&iacute; tambi&eacute;n la joven Iglesia en Manila, fundada en 1579, produjo su primer m&aacute;rtir en la persona de Lorenzo Ruiz. quien hab&iacute;a servido en la iglesia parroquial de San Gabriel en Binondo. La parroquia local y la familia, iglesia dom&eacute;stica, son sin duda el centro de la fe que es vivida, ense&ntilde;ada y testimoniada.<\/p>\n<p>5.&nbsp;El ejemplo de Lorenzo Ruiz, hijo de padre chino y de madre tagala, nos recuerda que<i> la vida de todos y toda la vida de uno deben estar a disposici&oacute;n de Cristo<\/i> Cristianismo significa donaci&oacute;n diaria, como respuesta al don de Cristo, quien vino al mundo para que todos tengan vida y la tengan abundante (cf.<i> Jn<\/i> 10, 10). O, como tan acertadamente expresa el tema de mi visita a este pa&iacute;s:<i> Morir por la fe es un don para alguno; vivir la fe es una llamada para todos.<\/i> Asimismo, he venido desde la ciudad de los M&aacute;rtires Pedro y Pablo a esta capital para hablaros sobre el significado de nuestra existencia, sobre el valor del vivir y del morir por Cristo. Y esto es lo que deseo afirmar mediante este acto de beatificaci&oacute;n, deseado por m&iacute; mismo y por mi predecesor Pablo VI, y solicitado por las diversas Iglesias locales y por la Orden Dominicana.<\/p>\n<p>6.&nbsp;Pero la atractiva figura del primer m&aacute;rtir filipino no quedar&iacute;a plenamente ilustrada en su contexto hist&oacute;rico sin <i>encomiar el testimonio dado por sus quince compa&ntilde;eros,<\/i> quienes sufrieron el martirio en 1633, 1634 y 1637. Ellos forman el grupo guiado por dos hombres: Domingo Ib&aacute;&ntilde;ez de Erquicia, vicario provincial de la misi&oacute;n japonesa y natural de R&eacute;gil, en la di&oacute;cesis espa&ntilde;ola de San Sebasti&aacute;n; y Jacobo Kyu-hei Tomonaga, nativo de Kyudetsu, en la di&oacute;cesis de Nagasaki. Pertenec&iacute;an ambos a la provincia dominicana del Santo Rosario en las Filipinas, fundada en 1587 para la evangelizaci&oacute;n del Lejano Oriente. El grupo de compa&ntilde;eros de Lorenzo estaba formado por nueve sacerdotes, dos hermanos profesos, dos miembros de la Tercera Orden, un catequista y un gu&iacute;a-int&eacute;rprete. Nueve eran japoneses, cuatro eran espa&ntilde;oles, uno franc&eacute;s y otro italiano. Ten&iacute;an<i> un motivo para su testimonio evang&eacute;lico:<\/i> el motivo de San Pablo, bautizado por Anan&iacute;as<i> para llevar el nombre de Cristo a todas las naciones<\/i> (cf.<i> Act <\/i>9, 15): &quot;Hemos venido a Jap&oacute;n solamente para predicar la fe en Dios y para ense&ntilde;ar la salvaci&oacute;n a los peque&ntilde;os y a los inocentes y al resto del pueblo&quot;. As&iacute; resumi&oacute; el m&aacute;rtir Guillermo Courtet su misi&oacute;n ante los jueces en Nagasaki (cf.<i> Positio,<\/i> p&aacute;gs. 412, 414).<\/p>\n<p>7.&nbsp;Dentro de unos d&iacute;as tendr&eacute; el gusto de hablar a&uacute;n de estos intr&eacute;pidos ap&oacute;stoles en Nagasaki. junto a aquella sagrada colina llamada Nishizaka. donde sufrieron el martirio.<i> Por el lugar de su muerte todos ellos son japoneses.<\/i> Aquel archipi&eacute;lago fue el pa&iacute;s de su verdadero y definitivo nacimiento, el nacimiento que conduce a los hijos adoptivos de Dios a la luz eterna.<\/p>\n<p>8.&nbsp;En esta ocasi&oacute;n, considerando el lugar donde est&aacute;n siendo beatificados, quisiera detenerme en el hecho de que la ciudad de Manila, la isla de Luz&oacute;n y la isla de Formosa, que en aquel tiempo estaban sometidas a una sola autoridad civil, fueron el amplio y providencial punto de partida de los nueve sacerdotes que m&aacute;s tarde zarparon hacia Nagasaki. Hab&iacute;a un ministerio entre los chinos del suburbio de Binondo, entre la colonia japonesa de Manila, entre los pueblos de las regiones de Bata&aacute;n, Pangasin&uacute;n, Cagay&aacute;n y, m&aacute;s al norte, en Formosa. Algunos de ellos estaban asignados a la ense&ntilde;anza en el Colegio de Santo Tom&aacute;s en Manila, que en 1645 se convirti&oacute; en la actual Universidad Pontificia, la m&aacute;s antigua y la mayor Universidad Cat&oacute;lica en Extremo Oriente.<\/p>\n<p>Cuatro de los nuevos Beatos eran profesores en el Colegio, uno era adem&aacute;s el rector, y un quinto hab&iacute;a estudiado en &eacute;l. En el primer siglo de la evangelizaci&oacute;n del Extremo Oriente, comenzada por la predicaci&oacute;n de San Francisco Javier, las Islas Filipinas ten&iacute;an ya en esta instituci&oacute;n universitaria, un medio adicional para llevar a cabo la misi&oacute;n de evangelizaci&oacute;n (cf.<i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_constitutions\/documents\/hf_jp-ii_apc_15041979_sapientia-christiana.html\">Sapientia christiana<\/a>: AAS<\/i> 71, 1979, p&aacute;g. 478;<i> L&#8217;Oss&eacute;rvatore Romano,<\/i> Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 11 de noviembre de 1979). Un fecundo programa dirigido a impartir ense&ntilde;anzas teol&oacute;gicas y a propagar la fe, que a&uacute;n hoy es intensificado por la herencia cultural de Filipinas y vivificado por el esp&iacute;ritu cristiano, es un conveniente. instrumento para favorecer la difusi&oacute;n del Evangelio (cf.<i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_constitutions\/documents\/hf_jp-ii_apc_15041979_sapientia-christiana.html\">Sapientia christiana<\/a>,&nbsp; loc cit.,<\/i> p&aacute;g. 479). El poeta y h&eacute;roe nacional filipino, Jos&eacute; Rizal, habla de la armoniosa mezcla de fe y cultura en estos versos:<\/p>\n<p>Tal la educaci&oacute;n estrecha alianza, \/ con alma religi&oacute;n une sincera: \/ por ella educaci&oacute;n renombre alcanza; \/ y &iexcl;ay! del ser que ciego desechando \/ de santa religi&oacute;n sabias doctrinas, \/ de su puro raudal huye nefando (cf. Alianza &iacute;ntima entre la religi&oacute;n y la educaci&oacute;n, 19 de abril de 1876).&nbsp;<\/p>\n<p>Con mayor motivo, por lo tanto, es mi deber y el objeto de mi ministerio apost&oacute;lico confirmar a mis hermanos en la verdad (cf.<i> Lc<\/i> 22, 32), y repetir a los misioneros, a los estudiantes de las ciencias humanas y teol&oacute;gicas, as&iacute; como a todos los cat&oacute;licos de Asia Oriental, las palabras de Cristo: &quot;Ser&eacute;is mis testigos&#8230; hasta el extremo de la tierra&quot; <i> (Act<\/i> 1, 8).<\/p>\n<p>9. Esforc&eacute;monos<i> por imitar el compromiso de fe y la fidelidad al compromiso<\/i> de aquellos que, a lo largo de sus dif&iacute;ciles tareas misioneras, aceptaron con alegr&iacute;a y firmeza duros viajes, dificultades de clima, traici&oacute;n incluso de sus amigos, privaciones de toda clase y terribles torturas. Tan enamorados estaban ellos de la pasi&oacute;n de Cristo que pudieron gritar, como Miguel de Aozaraza contemplando las llagas de Cristo: &quot;&iexcl;Qu&eacute; preciosos claveles, qu&eacute; sanguinolentas rosas derramadas por tu amor, Dios m&iacute;o!&quot; (cf.<i> Positio.<\/i> p&aacute;g. 446)&#8230; Pidieron a Mar&iacute;a, como hizo Giordano Ansalone, que les permitiese recobrar la salud, de modo que pudiesen morir solamente como v&iacute;ctimas por Cristo (cf. <i>Positio,<\/i> p&aacute;g. 298).<\/p>\n<p>Encomiendo todo esto a Mar&iacute;a, quien, con su rosario, ayud&oacute; a nuestros m&aacute;rtires a imitar y proclamar a su Hijo; a ser intr&eacute;pidos guardianes de su palabra, como las valientes mujeres Magdalena de Nagasaki y Marina de Omura. Encomiendo el destino de Filipinas y de toda Asia a Mar&iacute;a, Reina del Rosario, quien con el t&iacute;tulo de &quot;La Naval&quot; es venerada como la protectora de la libertad de la fe cat&oacute;lica.<\/p>\n<p>10. Este es<i> el pleno significado de esta beatificaci&oacute;n:<\/i> alentar a todos los cristianos de Extremo Oriente y<i> propagar la Palabra del Se&ntilde;or<\/i> (cf.<i> 2 Tes<\/i> 3, 1). De un modo especial os digo esto a vosotros, filipinos, que form&aacute;is la &uacute;nica naci&oacute;n predominantemente cat&oacute;lica en la parte oriental del continente de Asia. Es &eacute;sta una invitaci&oacute;n que extiendo tambi&eacute;n a los dem&aacute;s cristianos de los pa&iacute;ses cercanos que bordean el Oc&eacute;ano Pac&iacute;fico como un s&iacute;mbolo de la larga b&uacute;squeda de Dios descrita por Santa Catalina de Siena: &quot;Un mar profundo, donde cuanto m&aacute;s me sumerjo, m&aacute;s encuentro, y cuanto m&aacute;s encuentro, m&aacute;s te busco. Eres insaciable, pues llen&aacute;ndose el alma en tu abismo, no se sacia, porque siempre queda hambre de ti, Trinidad eterna, deseando verte con luz en tu luz&quot;<i> (Di&aacute;logo,<\/i> cap. 167).<\/p>\n<p>Amad&iacute;simos: En medio de los esfuerzos necesarios para nuestras vidas cristianas, y para propagar la luz de Cristo a lo largo de Asia y en todo el mundo, miremos hoy a estos celosos m&aacute;rtires que nos dan una profunda seguridad y una fresca esperanza al decirnos: &quot;En todas estas cosas vencemos por aquel que nos am&oacute;&quot;<i> (Rom<\/i> 8, 37). Y &eacute;ste es el misterio que celebramos hoy: el amor de Jesucristo, que es la luz del mundo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>En esta ceremonia de la beatificaci&oacute;n del primer m&aacute;rtir filipino y de los otros quince hermanos que dieron su vida por la fe en Cristo, quiero recordar en su propia lengua los cuatro m&aacute;rtires espa&ntilde;oles Domingo Ib&aacute;&ntilde;ez de Erquicia, Lucas Alonso, Antonio Gonz&aacute;lez y Miguel de Aozaraza.<\/p>\n<p>Es un homenaje que gustosamente rindo en primer lugar a ellos, que, siguiendo las huellas de San Francisco Javier y la ense&ntilde;anza de su fundador Santo Domingo de Guzm&aacute;n. difundieron la fe cristiana en estas tierras y dieron el supremo testimonio de fidelidad a la Iglesia.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo es un debido tributo de agradecido recuerdo a Espa&ntilde;a, que a lo largo de tres siglos y medio llev&oacute; a cabo la evangelizaci&oacute;n de Filipinas, haciendo de ella la &uacute;nica naci&oacute;n de Oriente con gran mayor&iacute;a cat&oacute;lica. Me alegra poder proclamar esto en presencia de la Misi&oacute;n Extraordinaria Espa&ntilde;ola venida para asistir a la beatificaci&oacute;n y a la que, junto con los otros connacionales de los nuevos Beatos aqu&iacute; reunidos, dirijo mi cordial saludo y mi pensamiento complacido.<\/p>\n<p>Asimismo me complazco en saludar a los miembros civiles y eclesi&aacute;sticos de la Delegaci&oacute;n venida de Francia y, m&aacute;s concretamente, de Montpellier. di&oacute;cesis de origen del padre Guillaume Courtet. Queridos amigos: Enorgulleceos de este hijo de vuestro pa&iacute;s que da tan alto testimonio de su vocaci&oacute;n religiosa, de pur&iacute;simo celo misionero y de amor a Cristo por encima de todo.<\/p>\n<p>En esta circunstancia solemne deseo saludar a los miembros de la Delegaci&oacute;n de Italia y a todos los italianos que participan en la ceremonia. Deseo manifestarles mi complacencia y la de toda la Iglesia por la presencia de uno de sus coterr&aacute;neos en el grupo de los nuevos Beatos m&aacute;rtires, el sacerdote dominico Giordano Ansalone. Que el nuevo Beato interceda ante Dios por los italianos, para que conscientes de su rica tradici&oacute;n cristiana que anim&oacute; y fecund&oacute; toda su historia, cultura y arte, den testimonio constante y ejemplar de vida modelada seg&uacute;n el mensaje de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Deseo expresar tambi&eacute;n mi alegr&iacute;a por la presencia de la Delegaci&oacute;n oficial de Jap&oacute;n. Permitidme decir en primer lugar que ans&iacute;o encontrarme en vuestro pa&iacute;s dentro de unos d&iacute;as; entonces rendir&eacute; homenaje especial a los m&aacute;rtires beatificados hoy aqu&iacute;. De los diecis&eacute;is, nueve eran japoneses. Este n&uacute;mero elevado es gran honra para vuestra naci&oacute;n y la Iglesia cat&oacute;lica que est&aacute; en lap&oacute;n. Que el testimonio heroico de los m&aacute;rtires sea para todos los creyentes fuente de inspiraci&oacute;n y esperanza.<\/p>\n<p>Y, en fin, mi saludo va a la Delegaci&oacute;n oficial filipina y al Excmo. Presidente Marcos. En esta ceremonia de beatificaci&oacute;n, la primera que tiene lugar fuera de Roma, y en el primer Beato filipino, Lorenzo Ruiz, ten&eacute;is motivos de j&uacute;bilo continuo. Y la Iglesia entera se regocija con vosotros uni&eacute;ndose en una sola voz para cantar las grandezas de Dios y las maravillas de su amor.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE BEATIFICACI&Oacute;N DE LORENZO RUIZ Y COMPA&Ntilde;EROS M&Aacute;RTIRES HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Parque de la Luneta de Manila Mi&eacute;rcoles 18 de febrero de 1981 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or: 1.&nbsp;La ciudad de Manila y todas las Filipinas est&aacute;n llenas de alegr&iacute;a en este d&iacute;a mientras &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-febrero-de-1981-beatificacion-de-lorenzo-ruiz-y-quince-companeros-martires-manila-filipinas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab18 de febrero de 1981: Beatificaci\u00f3n de Lorenzo Ruiz y quince compa\u00f1eros m\u00e1rtires, Manila (Filipinas)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39762","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39762","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39762"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39762\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39762"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39762"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39762"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}