{"id":39763,"date":"2016-10-05T23:00:42","date_gmt":"2016-10-06T04:00:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-los-religiosos-en-la-catedral-de-manila-filipinas\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:42","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:42","slug":"17-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-los-religiosos-en-la-catedral-de-manila-filipinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-febrero-de-1981-santa-misa-para-los-religiosos-en-la-catedral-de-manila-filipinas\/","title":{"rendered":"17 de febrero de 1981: Santa Misa para los religiosos en la Catedral de Manila (Filipinas)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LOS RELIGIOSOS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><b> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><font size=\"4\"><br \/> <\/font><br \/> Catedral de Manila<br \/> Marte 17 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Muy amados en Cristo:<\/i><\/p>\n<p>1. En estas fechas hace cuatrocientos a&ntilde;os llegaba a Manila el obispo Domingo de Salazar. Lo hab&iacute;a enviado el Papa Gregorio XIII para ser el primer obispo de esta di&oacute;cesis apenas creada, y vino a vuestro pa&iacute;s a proseguir la obra de evangelizaci&oacute;n y seguir construyendo sobre la base de lo realizado por los misioneros que le hab&iacute;an precedido.<\/p>\n<p>Al celebrar hoy la Eucarist&iacute;a en la catedral de Manila, me siento en cercan&iacute;a espiritual con el obispo de Salazar y el Papa Gregorio. El mismo amor al Evangelio y al pueblo filipino que a ellos impulsaba, me ha movido a m&iacute;, al actual Obispo de Roma, a venir a vuestra amada tierra a proclamar el mensaje de Cristo y confirmaros en la fe. Es &eacute;ste un momento de gran alegr&iacute;a para m&iacute; al celebrar la Eucarist&iacute;a con vosotros en la catedral de Manila, al unir nuestros corazones y nuestras voces en la proclamaci&oacute;n de las grandezas de Dios y .en la alabanza y glor&iacute;a al Padre y al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo. Lo hacemos evocando el gran esfuerzo de renovaci&oacute;n hecho por esta Iglesia local de Manila el a&ntilde;o 1979 y pidiendo a Dios lleve a cumplimiento el gran trabajo comenzado en el S&iacute;nodo archidiocesano.<\/p>\n<p>Estos d&iacute;as tendr&eacute; el honor especial de beatificar a Lorenzo Ruiz, uno de vuestros compatriotas, padre de familia y laico de fe intr&eacute;pida. Entre todos los acontecimientos con que hab&eacute;is conmemorado<i> el IV centenario de la Iglesia en Manila, la beatificaci&oacute;n de Lorenzo Ruiz<\/i> y sus quince compa&ntilde;eros m&aacute;rtires ocupa el lugar principal. Sea tambi&eacute;n para todos vosotros \u2014obispos, sacerdotes, religiosos y laicos\u2014 un est&iacute;mulo a procurar la santidad que se funda en Cristo Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>2.&nbsp;En este momento deseo dirigir un mensaje especial a todos los religiosos \u2014sacerdotes y hermanos\u2014 que est&aacute;n aqu&iacute; presentes, y a trav&eacute;s de ellos a todos los religiosos de Filipinas. Permitidme comenzar, hermanos m&iacute;os, manifestando mi gratitud al Se&ntilde;or por vuestra presencia en esta Iglesia y vuestra colaboraci&oacute;n en la misi&oacute;n que la Iglesia tiene de proclamar el Evangelio de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo.<\/p>\n<p>En el pasaje de San Juan que acabamos de escuchar, se nos recuerda la <i>esencia de la vida religiosa.<\/i> &quot;No me hab&eacute;is elegido vosotros a m&iacute;, sino que yo os eleg&iacute; a vosotros, y os he destinado para que vay&aacute;is y deis fruto&quot; (<i>Jn <\/i>15, 16). Por , iniciativa del Salvador y por vuestra respuesta libre a El,<i> Cristo se ha convertido en el objeto de vuestra vida y en el centro de todos vuestros pensamientos.<\/i> Por Cristo precisamente hac&eacute;is la profesi&oacute;n de los consejos evang&eacute;licos; y es Cristo quien os sostendr&aacute; en la fidelidad a El y en el servicio amoroso a su Iglesia.<\/p>\n<p><i>La consagraci&oacute;n religiosa<\/i>&nbsp;es esencialmente un<i> acto de amor:<\/i> el amor de Cristo a vosotros y, en correspondencia, vuestro amor a El y a todos sus hermanos. Hoy se proclama este misterio en el Evangelio cuando Jes&uacute;s dice a sus disc&iacute;pulos: &quot;Como el Padre me am&oacute;, yo tambi&eacute;n os he amado; permaneced en mi amor&quot;<i> (Jn<\/i> 15, 9). Cristo quiere que permanezc&aacute;is en El, de El os aliment&eacute;is diariamente en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, y le entregu&eacute;is la vida en la oraci&oacute;n y negaci&oacute;n de vosotros mismos. Fiados de su palabra y confiando en su misericordia respond&eacute;is al amor de Cristo. Eleg&iacute;s seguirle m&aacute;s de cerca en castidad, pobreza y obediencia; y quer&eacute;is tomar parte m&aacute;s plenamente en la vida y santidad de la Iglesia. Quer&eacute;is amar como a hermanos y hermanas a todos cuantos Cristo ama.<\/p>\n<p>3.&nbsp;Hoy el mundo necesita ver vuestro amor a Cristo. Necesita el<i> testimonio p&uacute;blico de la vida religiosa.<\/i> Como ya dijo Pablo VI: &quot;El hombre moderno escucha m&aacute;s a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros es porque son testigos&quot;<i> (AAS<\/i> 66, 1974, 568). Si los no creyentes de este mundo han de llegar a creer en Cristo, necesitan vuestro testimonio fiel, testimonio que brota de vuestra confianza total en la abundante misericordia del Padre y de vuestra esperanza perseverante en el poder de la cruz y la resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, los ideales, valores y convicciones que subyacen en vuestra entrega a Cristo, deben traducirse al lenguaje de la vida diaria. En medio del Pueblo de Dios, en la comunidad eclesial local, vuestro testimonio p&uacute;blico forma parte de vuestra aportaci&oacute;n a la misi&oacute;n de la Iglesia. Como dice San Pablo: &quot;Sois una carta de Cristo&#8230; escrita no con tinta, sino con el Esp&iacute;ritu de Dios vivo; no en tablas de piedra sino en las tablas de carne que son vuestros corazones&quot; (2<i> Cor<\/i> 3, 3).<\/p>\n<p>4.&nbsp;Como hermanos y sacerdotes religiosos est&aacute;is ocupados en<i> gran variedad de actividades apost&oacute;licas:<\/i> proclamar la Palabra de Dios, administrar sacramentos, ense&ntilde;ar, catequizar, cuidar a enfermos, ayudar a pobres y hu&eacute;rfanos, practicar la caridad, servir por la oraci&oacute;n y el sacrificio, edificar las comunidades locales para que sean reflejo del Evangelio y formen el Reino de Dios. Cuando ejecut&eacute;is estas obras de servicio con perseverancia firme, recordad el consejo de San Pablo: &quot;Todo lo que hag&aacute;is, hacedlo de coraz&oacute;n, como obedeciendo al Se&ntilde;or y no a los hombres&quot; (<i>Col<\/i> 3, 23).<\/p>\n<p>Todas estas actividades apost&oacute;licas conservan su importancia hoy. Siguen siendo dimensiones vitales de la evangelizaci&oacute;n, constituyen un testimonio prof&eacute;tico del amor de Dios y contribuyen al progreso humano completo. Estoy seguro de que la comunidad en general, as&iacute; como la comunidad eclesial, estar&aacute;n agradecidas a los religiosos porque ayudan a la Iglesia a desempe&ntilde;ar sus tareas con estas expresiones varias de su acci&oacute;n pastoral.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, justamente busc&aacute;is modos adicionales de dar testimonio de Cristo y servir a su pueblo. Pues es claro que la Iglesia debe estar atenta a las necesidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. No puede permanecer indiferente ante los problemas que aqu&eacute;llos afrontan ni ante las injusticias que padecen. Os ofrezco mi aliento y la seguridad de mis oraciones cuando busc&aacute;is caminos nuevos para extender el Evangelio y promover los valores humanos. A la vez os pido que sig&aacute;is esta l&iacute;nea: todo esfuerzo apost&oacute;lico debe ir en armon&iacute;a con las ense&ntilde;anzas de la Iglesia, con los objetivos apost&oacute;licos de vuestros institutos respectivos y con el carisma originario de vuestros fundadores. Permitidme tambi&eacute;n recordaros mis palabras en Guadalupe: &quot;Sois sacerdotes y religiosos; no sois dirigentes sociales, l&iacute;deres pol&iacute;ticos o funcionarios de un poder temporal&#8230; No nos hagamos la ilusi&oacute;n de servir al Evangelio si tratamos de &#8216;diluir\u2019 nuestro carisma a trav&eacute;s de un inter&eacute;s exagerado hacia el amplio campo de los problemas temporales&quot; (<a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790127_messico-guadalupe-sac-relig.html\">En la bas&iacute;lica de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe<\/a>, 27 de enero: AAS 71, 1979, p&aacute;g. 193;<i> L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 11 de febrero de 1979, p&aacute;g. 4). Es importante que el pueblo os vea como &quot;ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios&quot;<i> (1 Cor<\/i> 4, 1).<\/p>\n<p>5. La fidelidad a Cristo en la vida religiosa exige<i> fidelidad triple: fidelidad al Evangelio, fidelidad a la Iglesia, fidelidad al carisma particular de vuestros institutos.<\/i><\/p>\n<p>En primer lugar deb&eacute;is ser<i> fieles al Evangelio.<\/i> Nos lo recuerda el Concilio Vaticano II que ense&ntilde;&oacute;: &quot;La norma &uacute;ltima de la vida religiosa es el seguimiento de Cristo tal como se propone en el Evangelio&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_perfectae-caritatis_sp.html\">Perfectae caritatis<\/a>,<\/i> 2). Por esta raz&oacute;n hac&eacute;is de la escucha de la Palabra de Dios, de su ponderaci&oacute;n en el coraz&oacute;n y de su puesta en pr&aacute;ctica, la primera prioridad vuestra. Que encontr&eacute;is tiempo cada d&iacute;a para meditar la Palabra de Dios con confianza en su poder de iluminar vuestra mente y dar vida en vosotros al esp&iacute;ritu de las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>En segundo lugar, a la vez que refuerza vuestra entrega a Cristo,<i> la consagraci&oacute;n religiosa os vincula inseparablemente a la vida y santidad de su Esposa, la Iglesia.&nbsp;<\/i>Y la expresi&oacute;n concreta de esto se da en la comunidad eclesial local. He aqu&iacute; la raz&oacute;n por la cual es tan importante para vosotros trabajar en estrecha colaboraci&oacute;n con el clero y el laicado de la Iglesia local, y aceptar de buen grado la autoridad y ministerio del obispo local, como el foco de su unidad.<\/p>\n<p>En relaci&oacute;n con esto quisiera indicar dos expresiones relevantes de esta entrega a la Iglesia local. La primera es la relaci&oacute;n de los sacerdotes religiosos con el clero diocesano. Los sacerdotes religiosos deben sentirse felices de tomar parte leal y desinteresadamente en el apostolado de la Iglesia local con los sacerdotes diocesanos, cuyas tareas est&aacute;n llamados a compartir no en casos de excepci&oacute;n, sino como base normal. La segunda es la relaci&oacute;n con la Conferencia nacional de los obispos. Siguiendo el esp&iacute;ritu del documento<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/ccscrlife\/documents\/rc_con_ccscrlife_doc_14051978_mutuae-relationes_sp.html\">Mutuae relationes<\/a>, <\/i>los superiores religiosos deben procurar, aceptar y cultivar el di&aacute;logo franco y filial con los Pastores que el Esp&iacute;ritu Santo ha puesto para gobernar a la Iglesia de Dios. En este sentido nunca se insistir&aacute; demasiado en la importancia de las relaciones entre la Conferencia Episcopal nacional, cuya tarea consiste en elaborar y fijar los planes pastorales del pa&iacute;s; y las asociaciones de superiores religiosos mayores que asumen la misi&oacute;n de impulsar la vida religiosa, cuidando de que siga siendo fiel a sus ra&iacute;ces m&aacute;s profundas y al carisma que las caracteriza.<\/p>\n<p>Por ser religiosos est&aacute;is en una situaci&oacute;n de prestar una aportaci&oacute;n especial en la promoci&oacute;n de la unidad de la Iglesia. Vuestra experiencia de vida comunitaria, oraci&oacute;n com&uacute;n, y servicio apost&oacute;lico asociado os prepara a esta tarea. Entregaos con nuevo vigor a la gran causa de la uni&oacute;n, tratando de derribar fronteras de desuni&oacute;n e impulsar el crecimiento de la armon&iacute;a y colaboraci&oacute;n mutuas, con esp&iacute;ritu de apertura y respeto.&nbsp; <\/p>\n<p>Y, finalmente, sed siempre fieles al carisma particular del instituto de cada uno. Para ilustrar este punto deseo mencionar dos acontecimientos de gran trascendencia para la Iglesia de Filipinas que se celebran este a&ntilde;o.<\/p>\n<p>En primer lugar el 300 aniversario de los hermanos de las Escuelas Cristianas de la Salle. La instrucci&oacute;n de la juventud en la fe cristiana y en otros temas sigue siendo indispensable a la misi&oacute;n de Cristo, como lo era cuando se fundo esta congregaci&oacute;n. Y la Iglesia en Filipinas ha recibido muchas bendiciones a trav&eacute;s de su vida consagrada y su servicio entregado.<\/p>\n<p>El segundo acontecimiento es la conmemoraci&oacute;n del 400 aniversario de la presencia de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s en Filipinas. Por sus esfuerzos misioneros, su actuaci&oacute;n en escuelas y parroquias y por la espiritualidad de San Ignacio, los sacerdotes y hermanos de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s han prestado una gran aportaci&oacute;n a Filipinas y al mundo entero.<\/p>\n<p>De igual modo todas las familias religiosas aqu&iacute; representadas hoy, contribuyen a la santidad y a la vida de la Iglesia, cada una seg&uacute;n su modo caracter&iacute;stico. Un &iacute;ndice de la eficiencia de vuestras aportaciones ha sido y sigue siendo la <i> fidelidad al esp&iacute;ritu de los fundadores, a sus intenciones evang&eacute;licas y al ejemplo de su santidad.<\/i> Que esta fidelidad a vuestros carismas respectivos se considere siempre parte integrante de vuestra fidelidad a Cristo.<\/p>\n<p>6. Para terminar perm&iacute;taseme decir una vez m&aacute;s que vuestra vida de consagraci&oacute;n y vuestra participaci&oacute;n en el Evangelio me llenan de gozo en mi funci&oacute;n de Pastor de la Iglesia universal. He venido aqu&iacute;, a esta catedral, a celebrar con vosotros y con toda la comunidad eclesial, la santidad de la Iglesia de Cristo y las maravillas de gracia que se han realizado en esta archidi&oacute;cesis durante los &uacute;ltimos cuatro siglos de evangelizaci&oacute;n. Mi oraci&oacute;n se eleva para que la conmemoraci&oacute;n de este aniversario os llene de &aacute;nimo para prestar vuestra colaboraci&oacute;n espec&iacute;fica de religiosos a la vida de esta Iglesia local y a la vida de la Iglesia de todo el pa&iacute;s. Oro para que los celosos religiosos contin&uacute;en sirviendo al Pueblo de Dios fielmente con la palabra y las obras, como en los cuatro siglos &uacute;ltimos. Y para que, por vuestro ejemplo generoso y alegre, los j&oacute;venes se animen a perpetuar las tradiciones en esta nueva era de gracia.<\/p>\n<p>Que la Virgen Mar&iacute;a. Madre y modelo de todo religioso, os ayude con su intercesi&oacute;n. Sea Ella vuestra gu&iacute;a constante en el camino de fe hacia el Padre celestial, y os ayude a alcanzar la meta m&aacute;s alta: ser uno en el amor con Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE SANTA MISA PARA LOS RELIGIOSOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Catedral de Manila Marte 17 de febrero de 1981 &nbsp; Muy amados en Cristo: 1. En estas fechas hace cuatrocientos a&ntilde;os llegaba a Manila el obispo Domingo de Salazar. 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