{"id":39764,"date":"2016-10-05T23:00:44","date_gmt":"2016-10-06T04:00:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-febrero-de-1981-santa-misa-en-el-estadio-de-karachi-pakistan\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:44","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:44","slug":"16-de-febrero-de-1981-santa-misa-en-el-estadio-de-karachi-pakistan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-febrero-de-1981-santa-misa-en-el-estadio-de-karachi-pakistan\/","title":{"rendered":"16 de febrero de 1981: Santa Misa en el estadio de Karachi (Pakist\u00e1n)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1981\/trav_far-east.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN EL ESTADIO NACIONAL DE KARACHI, PAKIST&Aacute;N<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO <br \/> <\/font><br \/> <\/b>Lunes 16 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Eminencias y hermanos m&iacute;os en el Episcopado, <br \/> queridos hermanos y hermanas en Cristo, <br \/> amado pueblo de Pakist&aacute;n:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;Me siento feliz de estar hoy entre vosotros, contento de pasar unas pocas horas aqu&iacute;, en Pakist&aacute;n, esta tierra de culturas tan antiguas y tradiciones tan nobles. De modo especial estoy agradecido por esta oportunidad de celebrar la Eucarist&iacute;a con la comunidad cat&oacute;lica reunida aqu&iacute;, con los sacerdotes, los religiosos y los seglares. Y a trav&eacute;s de vosotros quiero transmitir mis saludos y asegurar mis plegarias a todos los cristianos de vuestro amado pa&iacute;s. Vengo a vosotros como servidor de Jesucristo y como peregrino de la fe, como quien ha sido llamado a proclamar el Evangelio y a confirmar a sus hermanos y hermanas en la fe.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Al encontrarme en medio de vosotros me vienen a la memoria las palabras de Jes&uacute;s recogidas por el Evangelista San Mateo: &quot;Todo escriba instruido en la doctrina del reino de los cielos es como el amo de casa, que de su tesoro saca lo nuevo y lo antiguo&quot;<i> (Mt <\/i>13, 52). La Iglesia en Pakist&aacute;n, como el escriba del Evangelio, es capaz de sacar del tesoro de su herencia ambas cosas:<i> lo nuevo y lo antiguo.<\/i> Pose&eacute;is las tradiciones del pasado que os ligan al Ap&oacute;stol Tom&aacute;s, y por tanto a la Iglesia apost&oacute;lica del siglo primero. De tiempos m&aacute;s recientes pose&eacute;is la fuerza de una joven Iglesia misionera, que ha echado ahora profundas ra&iacute;ces en los corazones de los hombres de este pa&iacute;s. Apreciad y guardad siempre los tesoros de vuestra herencia espiritual, ambas<sup> <\/sup>cosas: lo nuevo y lo antiguo y, como el escriba del Evangelio, sacadlos en el momento oportuno para promover el Reino de Dios.<\/p>\n<p>3.&nbsp;Las lecturas de la Liturgia de la Palabra de hoy nos invitan a reflexionar sobre<i> el profundo misterio de la Eucarist&iacute;a.&nbsp;En&nbsp;la primera lectura se nos recuerda: &quot;que no s&oacute;lo de pan vive el hombre, sino de cuanto procede de la boca de Yav&eacute;&quot; (Dt<\/i> 8, 3). Nuestro personal convencimiento de la verdad de estas palabras nos impulsa a reunirnos de modo peri&oacute;dico para celebrar el Sacrificio eucar&iacute;stico.<\/p>\n<p>Como seguidores de Cristo no despreciamos las cosas buenas de la tierra, pues sabemos que &eacute;stas han sido creadas por Dios, que es la fuente de todo bien. Tampoco tratamos de ignorar la necesidad de pan, la gran necesidad de alimento que tantos hombres sufren en todo el mundo, incluso en nuestras tierras. Pues, si tratamos de ignorar estas necesidades b&aacute;sicas de nuestros hermanos y hermanas a quienes podemos ver, &iquest;c&oacute;mo podemos decir que amamos a Dios, a quien no podemos ver? (cf. <i>1 Jn<\/i> 4, 20). Y sin embargo sigue siendo cierto que &quot;no s&oacute;lo de pan vive el hombre&quot;. La persona humana tiene una necesidad que es a&uacute;n m&aacute;s profunda, un hambre que es mayor que aquella que el pan puede saciar \u2014es<i> el hambre que posee el coraz&oacute;n humano de la inmensidad de Dios<\/i>\u2014. Es un hambre que s&oacute;lo puede ser saciada por Aquel que dijo: &quot;Si no com&eacute;is la carne del Hijo del hombre y no beb&eacute;is su sangre, no tendr&eacute;is vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitar&eacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 53-55).<\/p>\n<p>4.<i> Cristo<\/i> es el &uacute;nico que puede saciar el hambre m&aacute;s profunda del coraz&oacute;n humano, porque<i> s&oacute;lo El es la fuente de la vida.<\/i> Como escribi&oacute; San Pablo: &quot;Todo fue creado por El y para El. El es antes que todo y todo subsiste en El&quot; (<i>Col<\/i> 1, 16-17). En Cristo, la muerte ha perdido su poder, le ha sido arrebatado su aguij&oacute;n, la muerte ha sido derrotada. Esta verdad de nuestra fe puede parecer parad&oacute;jica, cuando a nuestro alrededor vemos todav&iacute;a hombres afligidos por la certeza de la muerte y confundidos por el tormento del dolor. Ciertamente el dolor y la muerte desconciertan al esp&iacute;ritu humano y siguen siendo un enigma para aquellos que no creen en Dios, pero por la fe sabemos que ser&aacute;n vencidos, que la victoria se ha logrado ya en la muerte y resurrecci&oacute;n de Jesucristo, nuestro redentor. Y esto es lo que conmemoramos cuando nos reunimos en nombre de la Sant&iacute;sima Trinidad, esto es lo que celebramos cada vez que venimos al Sacrificio eucar&iacute;stico: proclamamos la muerte del Se&ntilde;or hasta que venga en gloria (cf. <i>1 Cor<\/i> 11, 26): confesamos con voz un&aacute;nime que Jesucristo es Se&ntilde;or de vivos y muertos, v que El es el camino, la verdad y la vida (cf.<i> Jn<\/i> 14, 6), que Jesucristo es el pan vivo que ha sido entregado para la vida del mundo (cf.<i> Jn<\/i> 6, 51). La Eucarist&iacute;a es expresi&oacute;n del deseo de nuestro Salvador de estar siempre presente para cada coraz&oacute;n humano, ofreciendo continuamente a todos la participaci&oacute;n en su vida.<\/p>\n<p>5.&nbsp;&iexcl;Qu&eacute; don tan maravilloso tenemos en la Eucarist&iacute;a! &iexcl;Qu&eacute; inefable sacramento! A trav&eacute;s de nuestra participaci&oacute;n en el acto culminante de la vida y el culto de la Iglesia,<i> nos unimos a El que es el Redentor del mundo,<\/i> &quot;la imagen de Dios invisible, primog&eacute;nito de toda creatura&quot; (<i>Col<\/i> 1, 15). La segunda lectura de la liturgia de hoy habla de este gran misterio con estas palabras: &quot;El c&aacute;liz de bendici&oacute;n que bendecimos, &iquest;no es la comuni&oacute;n de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, &iquest;no es la comuni&oacute;n del cuerpo de Cristo?&quot; (<i>1 Cor<\/i> 10, 16).<\/p>\n<p>Este gran sacramento que nos confiere la participaci&oacute;n en la vida de Cristo nos une tambi&eacute;n los unos a los otros, a todos los dem&aacute;s miembros de la Iglesia, a todos los bautizados sin diferencia de edad o de continente. Aunque los que pertenecemos a la Iglesia nos hallemos dispersos por todo el mundo, aunque hablemos diferentes lenguas, tengamos diferentes entornos culturales y seamos ciudadanos de diferentes naciones, &quot;porque el pan es uno, somos muchos en un solo cuerpo, pues todos participamos de este &uacute;nico pan&quot; (<i>1 Cor<\/i> 10, 17)<\/p>\n<p>6.&nbsp;El misterio de la Eucarist&iacute;a est&aacute; tan &iacute;ntimamente unido al misterio de la Iglesia, que no podemos dejar de sentir tristeza por las divisiones que a&uacute;n afectan al &uacute;nico Cuerpo de Cristo \u2014divisiones entre cristianos\u2014. Nos entristece el no poder compartir a&uacute;n el &uacute;nico pan y el &uacute;nico c&aacute;liz. Que esta tristeza nos impulse a la acci&oacute;n. Cuando nosotros, que somos cat&oacute;licos, participamos de este sacramento de unidad, hemos de experimentar un profundo anhelo porque todas las Iglesias se unan; &iexcl;ojal&aacute; sintamos la urgencia de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s:<i> &quot;Ut unum sint:<\/i> que sean uno&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21), y que estemos m&aacute;s profundamente convencidos de la necesidad de la oraci&oacute;n y del trabajo por la unidad de todos los que han sido bautizados en Cristo!<\/p>\n<p>7.&nbsp;Nuestra participaci&oacute;n en el Sacrificio eucar&iacute;stico ha de hacer<i> aumentar nuestro deseo de que toda la familia humana llegue a la luz de la fe.<\/i> Debe impulsarnos a llevar el Evangelio de Jesucristo a todos aquellos que todav&iacute;a no lo conocen, porque la Eucarist&iacute;a es &quot;Pan para la vida del mundo&quot;, pan para todos los hombres y mujeres de la tierra. A este respecto me es muy grato observar c&oacute;mo el esp&iacute;ritu misionero es una dimensi&oacute;n vibrante de la Iglesia en Pakist&aacute;n, y os animo en vuestros esfuerzos para llevar el mensaje de salvaci&oacute;n, con un esp&iacute;ritu de di&aacute;logo y de respeto, a aquellos compatriotas vuestros que no conocen a Cristo. No hay un camino mejor para mostrar vuestro amor al Se&ntilde;or sacramentado, que este trabajo de evangelizaci&oacute;n, especialmente entre los pobres y los necesitados<\/p>\n<p>8.&nbsp;&quot;Este es el d&iacute;a que hizo Yav&eacute;. &iexcl;Alegr&eacute;monos y jubilemos en El!&quot; (<i>Sal <\/i> 118, 24). Hermanos y hermanas m&iacute;os en Cristo: Cada vez que nos reunimos <i>en la Eucarist&iacute;a, somos fortalecidos en la santidad y renovados en la alegr&iacute;a, <\/i> pues la alegr&iacute;a y la santidad son el resultado inevitable de estar m&aacute;s cerca de Dios. Cuando nos alimentamos con el pan vivo que ha bajado del d&eacute;lo, nos asemejamos m&aacute;s a nuestro Salvador resucitado, que es la fuente de nuestra alegr&iacute;a, una &quot;alegr&iacute;a que es para todo el pueblo&quot;<i> <\/i> (<i>Lc <\/i> 2, 10). Que la alegr&iacute;a y la santidad abunden siempre en vuestras vidas y florezcan en vuestros hogares. Y que la Eucarist&iacute;a sea para vosotros y para toda la Iglesia en Pakist&aacute;n el centro de vuestra vida, la fuente de vuestra alegr&iacute;a y de vuestra santidad, y el camino hacia la vida eterna en Cristo Jes&uacute;s nuestro Se&ntilde;or. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A EXTREMO ORIENTE SANTA MISA EN EL ESTADIO NACIONAL DE KARACHI, PAKIST&Aacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO Lunes 16 de febrero de 1981 &nbsp; Eminencias y hermanos m&iacute;os en el Episcopado, queridos hermanos y hermanas en Cristo, amado pueblo de Pakist&aacute;n: 1.&nbsp;Me siento feliz de estar hoy entre vosotros, contento de pasar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-febrero-de-1981-santa-misa-en-el-estadio-de-karachi-pakistan\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab16 de febrero de 1981: Santa Misa en el estadio de Karachi (Pakist\u00e1n)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39764","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39764","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39764"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39764\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39764"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39764"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39764"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}