{"id":39765,"date":"2016-10-05T23:00:47","date_gmt":"2016-10-06T04:00:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-febrero-de-1981-concelebracion-eucaristica-en-el-50-aniversario-de-radio-vaticano\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:47","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:47","slug":"12-de-febrero-de-1981-concelebracion-eucaristica-en-el-50-aniversario-de-radio-vaticano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-febrero-de-1981-concelebracion-eucaristica-en-el-50-aniversario-de-radio-vaticano\/","title":{"rendered":"12 de febrero de 1981, Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el 50 aniversario de Radio Vaticano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL 50 ANIVERSARIO <br \/> DE LA FUNDACI&Oacute;N DE RADIO VATICANO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Capilla Sixtina<br \/>Jueves 12 de febrero de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;Hace 50 a&ntilde;os, en este mismo d&iacute;a, mi venerado predecesor P&iacute;o XI dirig&iacute;a por primera vez un radiomensaje al mundo, inaugurando as&iacute; la que, con leg&iacute;timo orgullo, llam&aacute;is. Radio del Papa. Hab&eacute;is deseado \u2014en continuidad ideal con aquel acontecimiento\u2014 que este 50 aniversario os viese reunidos en torno al Pastor visible de la Iglesia universal, para participar en la gratitud y en el gozo de la Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p>Y para que en esta Eucarist&iacute;a tomasen parte tambi&eacute;n los innumerables radioyentes, a los que prest&aacute;is vuestro servicio cotidiano y que constituyen la gran riqueza de la Radio Vaticano, sobre todo aquellos que sufren por su fidelidad a Cristo, y los enfermos, los ancianos, hab&eacute;is pedido que esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica tuviese lugar y fuera transmitida a la misma hora en la que cada d&iacute;a se transmite por Radio la Santa Misa desde vuestra capilla.<\/p>\n<p>Este deseo corresponde a la vocaci&oacute;n fundamental de Radio Vaticano. Cada uno de vosotros sabe que la obra de la evangelizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la radio exige una incansable b&uacute;squeda de mediaci&oacute;n cultural, de lenguaje eficaz, de expresiones creativas. Pero en cada uno de vosotros est&aacute; la certeza, corroborada por los testimonios de tantos oyentes, que la primera y fundamental tarea de Radio Vaticano, de este precioso e irrenunciable servicio a la Iglesia, es la de difundir la ense&ntilde;anza y la voz misma del Vicario de Cristo, de permitirle, como ya dec&iacute;a P&iacute;o XI, &quot;ampliar su conversaci&oacute;n a todo el mundo&quot;.<\/p>\n<p>Al cumplir esta misi&oacute;n suya esencial. Radio Vaticano contribuye a reforzar la unidad de la Iglesia, permitiendo a los fieles de todas las partes de la tierra api&ntilde;arse casi f&iacute;sicamente en torno al Papa, &quot;sobre todo, relacionando instant&aacute;neamente con la Sede de Pedro y entre s&iacute; a esas Iglesias locales que se hallan en precarias condiciones de libertad religiosa&quot;, como dije con ocasi&oacute;n de <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1980\/february\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800205_radio-vaticana.html\">mi visita a vuestra sede<\/a> el 5 de febrero del a&ntilde;o pasado.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Vosotros sab&eacute;is bien que las ondas portadoras de vuestros mensajes superan distancias geogr&aacute;ficas y fronteras de toda naturaleza, pero tambi&eacute;n sois conscientes de que, por encima de la misma informaci&oacute;n tan preciosa para los que no tienen otras fuentes, y juntamente con la catequesis, indispensable para tantos que no tienen otros recursos, est&aacute; la comuni&oacute;n eclesial, a la que serv&iacute;s aportando algo que no es vuestro, sino que se os est&aacute; dando continuamente.<\/p>\n<p>Por esto, el momento de la oraci&oacute;n, de la Eucarist&iacute;a, es el momento m&aacute;s importante que puede vivir vuestra laboriosa jornada: es el momento en el cual, invisible, pero concretamente, os encontr&aacute;is en el centro de una comuni&oacute;n eclesial formada no por simples oyentes, sino por miembros vivos y que participan en el ininterrumpido misterio, que es la Iglesia de Cristo peregrina en el mundo.<\/p>\n<p>Este ocupar el centro, que es para vosotros don precioso y al mismo tiempo alt&iacute;sima responsabilidad, os hace intuir inmediatamente la raz&oacute;n profunda de vuestra uni&oacute;n con el Papa, de vuestra fidelidad al Papa, de vuestra necesidad de latir al un&iacute;sono con el coraz&oacute;n del Papa. Alimentados por la Eucarist&iacute;a, factor primario de unidad de la Iglesia, y fieles al Papa, &quot;principio y fundamento perpetuo y visible&quot;, signo y garante de la unidad de la Iglesia, podr&eacute;is desarrollar cada d&iacute;a, con humildad y confianza, vuestro ministerio, que es servicio de evangelizaci&oacute;n. Y si las limitaciones de los recursos materiales y vuestras mismas limitaciones humanas pueden, a veces, volver insegura vuestra serenidad, recordad que el mensaje que se os ha confiado es mayor que vosotros y que constituye tambi&eacute;n, y primeramente para vosotros, una fuente de vida y de fuerza.<\/p>\n<p>Humildad, reconocimiento y confianza: estos son los sentimientos que os invito a renovar en este cincuentenario de la fundaci&oacute;n de Radio Vaticano, y al mismo tiempo, os renuevo el mandato de evangelizar a todas las gentes, que Cristo el Se&ntilde;or no cesa de hacer resonar en nuestros corazones.<\/p>\n<p>3. Las lecturas b&iacute;blicas de esta liturgia nos invitan tambi&eacute;n oportunamente a este mismo tema.<\/p>\n<p>&quot;Euntes, docete omnes gentes: Id, pues, y ense&ntilde;ad a todas las naciones&quot;<i> (Mt <\/i>28, 19). En esta consigna suprema de Jes&uacute;s resucitado a sus disc&iacute;pulos se funda y se nutre todo el enorme inter&eacute;s desplegado por la Iglesia en el curso de la historia de estos dos milenios, para dar testimonio, con las palabras y con las obras, del Evangelio y de su fuerza de transformaci&oacute;n. Y me resulta grato entrever un &uacute;nico hilo conductor, precisamente el del mismo anuncio de Salvaci&oacute;n centrado en Cristo, que une juntamente el primer discurso de Pedro el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, referido en el cap&iacute;tulo segundo de los Hechos de los Ap&oacute;stoles, y los de sus sucesores en este siglo XX, los cuales se han servido del medio radiof&oacute;nico. El anuncio, dec&iacute;a, es el mismo; pero tambi&eacute;n es el mismo su destino universal, entonces significado por la prodigiosa capacidad con la que los representantes de todas las tierras conocidas en aquel tiempo, pudieron escuchar la palabra apost&oacute;lica en Jerusal&eacute;n, y realizada hoy, en c&iacute;rculo enormemente m&aacute;s amplio, por la posibilidad que tiene la radio de transmitir en las principales lenguas que se hablan y de llegar a todas las partes del mundo. Y quiera el Se&ntilde;or que sea tambi&eacute;n el mismo el resultado de conversi&oacute;n (cf.<i> Act <\/i>2, 41), es decir, de renovaci&oacute;n interior de los oyentes, con miras a un nuevo planteamiento de vida. Efectivamente si Radio Vaticano no se esforzase, al menos, por lograr estos &eacute;xitos misioneros, traicionar&iacute;a su propia identidad: esto es, la de ser un instrumento privilegiado de evangelizaci&oacute;n, que es, al mismo tiempo, anuncio, testimonio y aut&eacute;ntica promoci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p>La fe cristiana, en realidad, se basa y se injerta en la escucha. La primera lectura b&iacute;blica, tomada de la Carta de San Pablo a los Romanos, nos lo ha recordado en t&eacute;rminos expl&iacute;citos y t&iacute;picos: &quot;Fides ex auditu, auditus autem per verbum Christi&quot;<i> (Rom<\/i> 10, 17): la fe depende de escuchar el anuncio, y &eacute;ste, a su vez, concierne y casi encarna la misma palabra de Cristo. Como el mismo Ap&oacute;stol se expresa en otro lugar: &quot;no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jes&uacute;s, Se&ntilde;or&quot; (2<i> Cor<\/i> 4, 5), puesto que &quot;si a&uacute;n buscase agradar a los hombres, no ser&iacute;a siervo de Cristo&quot;<i> (G&aacute;l <\/i>1, 10). Precisamente la relaci&oacute;n palabra-escucha-fe est&aacute; en la l&iacute;nea m&aacute;s pura del misterio de la cruz salv&iacute;fica de Jes&uacute;s, porque nos dice que lo aparentemente m&aacute;s d&eacute;bil e inconsistente, como es precisamente la palabra, est&aacute; en disposici&oacute;n de producir, mediante la intervenci&oacute;n de la gracia divina, la realidad m&aacute;s potente, esto es, la fe que &quot;vence al mundo&quot; (<i>1 Jn<\/i> 5, 4).<\/p>\n<p>4. Pues bien, queridos hermanos y hermanas, sed de estos cristianos que sienten vibrar profundamente las exigencias inherentes al propio bautismo, y desarrollad vuestro servicio cotidiano no s&oacute;lo con la competencia que os es propia, sino tambi&eacute;n con ese esp&iacute;ritu apost&oacute;lico, a la vez celoso e inteligente, que se le pide al disc&iacute;pulo de Cristo, comprometido en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>Quiero dirigir un saludo particular tambi&eacute;n a todos aquellos que en este momento y en diversos pa&iacute;ses escuchan mi voz. Os habla el Obispo de Roma, el Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, unido paternalmente con todos los hijos de la Iglesia en el id&eacute;ntico v&iacute;nculo de la fe, de la caridad y de la esperanza. Os invito a todos a sentiros cada vez m&aacute;s parte de esta &uacute;nica y gran familia que es la comunidad eclesial, el Cuerpo de Cristo, en el que &quot;no hay ya jud&iacute;o o griego, no hay siervo o libre, no hay var&oacute;n o mujer, porque todos sois uno en Cristo Jes&uacute;s&quot; (cf. <i>G&aacute;l<\/i> 3, 28). Y si a alguno de vosotros &quot;os ha sido otorgado no s&oacute;lo creer en Cristo, sino tambi&eacute;n padecer por El&quot; <i>(Flp<\/i> 1, 29), sepa que estoy afectuosamente cercano a &eacute;l, con la certeza de que &quot;la Palabra de Dios no est&aacute; encadenada&quot; (2<i> Tim<\/i> 2, 9).<\/p>\n<p>Que el Se&ntilde;or asista a cada uno de nosotros &quot;todos los d&iacute;as&quot;<i> (Mt<\/i> 28, 20), nos robustezca con su potencia, fecunde el empe&ntilde;o y las fatigas de todos por su Evangelio.<\/p>\n<p>En particular mediante el calificado servicio vuestro de Radio Vaticano, adquieran cada vez mayor verdad las palabras del Salmo responsorial:<\/p>\n<p>&quot;El Se&ntilde;or da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia&quot;<i> (Sal <\/i>98 [97], 2).<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL 50 ANIVERSARIO DE LA FUNDACI&Oacute;N DE RADIO VATICANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Capilla SixtinaJueves 12 de febrero de 1981 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1.&nbsp;Hace 50 a&ntilde;os, en este mismo d&iacute;a, mi venerado predecesor P&iacute;o XI dirig&iacute;a por primera vez un radiomensaje al mundo, inaugurando as&iacute; la que, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-febrero-de-1981-concelebracion-eucaristica-en-el-50-aniversario-de-radio-vaticano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab12 de febrero de 1981, Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el 50 aniversario de Radio Vaticano\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39765","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39765","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39765"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39765\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39765"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39765"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39765"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}