{"id":39767,"date":"2016-10-05T23:00:50","date_gmt":"2016-10-06T04:00:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-febrero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-carlos-y-san-blas-ai-catinari\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:50","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:50","slug":"8-de-febrero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-carlos-y-san-blas-ai-catinari","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-febrero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-carlos-y-san-blas-ai-catinari\/","title":{"rendered":"8 de febrero de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Carlos y San Blas \u00abai Catinari\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> DE SAN CARLOS Y SAN BLAS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/p>\n<p> <\/b>Domingo 8 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;Vosotros sois la sal de la tierra&#8230; Vosotros sois la luz del mundo&quot;<i> (Mt <\/i>5, 13-14).<\/p>\n<p>Repito gustosamente las palabras de la per&iacute;copa evang&eacute;lica de este domingo, y con estas palabras deseo saludar a la parroquia de San Carlos y San Blas &quot;ai Catinari&quot;. &iquest;Por qu&eacute; con estas palabras? Porque las ha pronunciado Cristo ante sus disc&iacute;pulos, y la parroquia es precisamente<i> la comunidad de los disc&iacute;pulos de Cristo.<\/i> Con estas palabras Cristo defini&oacute; a sus disc&iacute;pulos y, al mismo tiempo, les asign&oacute;<i> una tarea,<\/i> explic&oacute; c&oacute;mo deben ser, puesto que se trata de sus disc&iacute;pulos.<\/p>\n<p>Enmarcado en esta perspectiva, mi saludo se dirige, ante todo, al se&ntilde;or cardenal Carlo Confalonieri, Decano del Sacro Colegio Cardenalicio, al se&ntilde;or cardenal Ugo Poletti quien, como mi primer colaborador en la pastoral diocesana, me acompa&ntilde;a siempre en las visitas dominicales a las diversas parroquias de la Urbe, y hoy ha venido con el nuevo obispo auxiliar mons. F&iacute;lippo Giannin. Deseo saludar tambi&eacute;n a los otros hermanos en el Episcopado, al p&aacute;rroco, p. Antonio Francesconi, que es a la vez superior de la comunidad local religiosa, formada por los hijos espirituales de San Antonio Mar&iacute;a Zacar&iacute;as, llamados com&uacute;nmente barnabitas.<\/p>\n<p>Como sab&eacute;is, &eacute;sta es una iglesia del centro hist&oacute;rico, y basta esta alusi&oacute;n ambiental para darnos cuenta r&aacute;pidamente de su perfil socio-religioso: al n&uacute;mero no muy elevado de sus fieles corresponden numerosas estructuras y entidades de car&aacute;cter p&uacute;blico y de importancia no s&oacute;lo local, sino incluso nacional; por otra parte, en relaci&oacute;n con la tipolog&iacute;a que la compone y con la &quot;movilidad&quot; de los habitantes, surgen problemas particulares en orden a la asistencia y la animaci&oacute;n pastoral. &iquest;C&oacute;mo recordar, pues, todas las instituciones y las personas que trabajan en la zona? Permitidme mencionar s&oacute;lo, entre otros, a los padres teatinos de la cercana bas&iacute;lica de San Andr&eacute;s &quot;della Valle&quot; y a los padres pallotinos, en cuya casa me hosped&eacute;, durante alg&uacute;n tiempo, en el lejano 1946. Entre las religiosas, recordar&eacute; solamente las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l, que trabajan en el Pontificio Instituto &quot;San Clemente&quot;. Finalmente recuerdo y saludo, por lo que se refiere a los grupos laicales, a la Obra O.A.S.I. en favor de los hermanos israelitas, al grupo neocatecumenal, erigido recientemente en San Salvador &quot;in Campo&quot;, al Centro italiano de solidaridad. Lo que me apremia declarar al fin de esta rese&ntilde;a, necesariamente incompleta, es que a todos y a cada uno de los sacerdotes, religiosos y laicos, comprendidos en el &aacute;mbito de esta insigne comunidad parroquial, mi visita quiere traerles una palabra de satisfacci&oacute;n, de &aacute;nimo y de est&iacute;mulo por su laudable y multiforme compromiso de testimonio eclesial.<\/p>\n<p>Deseo dirigir, despu&eacute;s, un afectuoso saludo a los fieles de la parroquia de Santa Mar&iacute;a de Constantinopla en Avelino, que est&aacute;n aqu&iacute; presentes con su p&aacute;rroco, los cuales han venido a Roma con ocasi&oacute;n de la declaraci&oacute;n de hermandad de la primera y segunda prefectura de la di&oacute;cesis romana con su parroquia. Y mediante ellos, env&iacute;o, con particular e intenso afecto, mi saludo, mis buenos deseos y la seguridad de mi recuerdo en la oraci&oacute;n, a cuantos sufren a causa del terremoto de hace algunos meses.<\/p>\n<p>2. &iquest;Por qu&eacute; el Se&ntilde;or Jes&uacute;s ha llamado a sus disc&iacute;pulos &quot;la sal de la tierra&quot;? El mismo nos da la respuesta si consideramos, por una parte, las circunstancias en las que pronuncia estas palabras y, por otra, el significado inmediato de la imagen de la sal. Como sab&eacute;is, la afirmaci&oacute;n de Jes&uacute;s se inserta en el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a, cuya lectura comenz&oacute; el domingo pasado con el texto de las ocho bienaventuranzas: Jes&uacute;s, rodeado de una gran muchedumbre,<i> est&aacute; ense&ntilde;ando a sus disc&iacute;pulos<\/i> (cf. <i>Mt<\/i> 5, 1), y precisamente a ellos, como de improviso, les dice no que &quot;deben ser&quot;, sino que &quot;son&quot; la sal de la tierra. En una palabra, se dir&iacute;a que El, sin excluir obviamente el concepto de deber, designa una<i> condici&oacute;n normal y estable del discipulado:<\/i> no se es verdadero disc&iacute;pulo suyo, si no se es sal de la tierra.<\/p>\n<p>Por otra parte, resulta f&aacute;cil la interpretaci&oacute;n de la imagen: la sal es la sustancia que se usa para dar sabor a las comidas y para preservarlas, adem&aacute;s, de la corrupci&oacute;n. El disc&iacute;pulo de Cristo, <i>pues,<\/i> es sal en la medida en que ofrece realmente a los otros hombres, m&aacute;s a&uacute;n, a toda la sociedad humana, algo que sirva como un<i> saludable fermento moral, <\/i>algo que d&eacute; sabor y que tonifique. Dejando a un lado la met&aacute;fora, este fermento s&oacute;lo puede ser la virtud o, m&aacute;s exactamente, el conjunto de las virtudes tan estupendamente indicadas en la serie precedente de las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>Se comprende, pues, c&oacute;mo estas palabras de Jes&uacute;s valen para todos sus disc&iacute;pulos. Por tanto, es necesario que cada uno de nosotros, queridos hermanos e hijos, las entienda como referidas a s&iacute; mismo. Cuando en mi saludo inicial he citado estas palabras program&aacute;ticas, pensaba precisamente en vosotros, y ahora, despu&eacute;s de la explicaci&oacute;n que de ellas he hecho, deb&eacute;is sentiros comprendidos en ellas<i> todos<\/i> los feligreses. No me refiero s&oacute;lo a los que llamamos &quot;comprometidos&quot;, sino a todos, a cada uno de vosotros, sin excepci&oacute;n. &iexcl;Porque todos sois disc&iacute;pulos de Cristo!<\/p>\n<p>Y ahora la segunda pregunta: &iquest;Por qu&eacute; el Se&ntilde;or Jes&uacute;s llam&oacute; a sus disc&iacute;pulos &quot;la luz del mundo&quot;? El mismo nos da la respuesta, bas&aacute;ndonos siempre en las circunstancias a que hemos aludido y en el valor peculiar de la imagen. Efectivamente, la imagen de la luz se presenta inmediatamente como<i> complementaria<\/i> e<i> integrante<\/i> respecto a la imagen &nbsp;de la sal: si la sal sugiere la idea de la penetraci&oacute;n en profundidad, la de la luz sugiere la idea de la difusi&oacute;n en el sentido de extensi&oacute;n y de. amplitud, porque \u2014dir&eacute; con las. palabras del gran poeta italiano y cristiano\u2014 &quot;La luz r&aacute;pida cae como lluvia de cosa en cosa, y suscita varios colores, dondequiera que se posa&quot; (A Manzoni,<i> La Pentecoste,<\/i> vs. 41-44).<\/p>\n<p>El cristiano,<i> pues,<\/i> para ser&quot; fiel disc&iacute;pulo de Cristo Maestro, debe iluminar con su ejemplo, con sus virtudes, con esas &quot;bellas obras&quot; (Kala Erga), de las que habla el texto evang&eacute;lico de hoy (<i>Mt<\/i> 5, 16), y las cuales puedan ser vistas por los hombres. Debe iluminar <i>precisamente porque<\/i> es seguidor de Aquel que es &quot;la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre&quot; <i>(Jn<\/i> 1, 9), y que se autodefine &quot;luz del mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12). El lunes pasado hemos celebrado la fiesta de &quot;La Candelaria&quot;, cuyo nombre exacto es el de &quot;Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or&quot;. Al llevar al Ni&ntilde;o al templo, fue saludado prof&eacute;ticamente por el anciano Sime&oacute;n como &quot;luz para alumbrar a las naciones&quot;<i> <\/i>(<i>Lc 2, <\/i>32). Ahora bien, &iquest;no nos dice nada esta &quot;persistencia de imagen&quot; en la &oacute;ptica de los evangelistas? Si Cristo es luz, el esfuerzo de la imitaci&oacute;n y la coherencia de nuestra profesi&oacute;n cristiana jam&aacute;s podr&aacute;n prescindir de un ideal y, al mismo tiempo, de la semejanza real con El.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n esta segunda imagen configura una<i> situaci&oacute;n normal y universal, v&aacute;lida<\/i> para la vida cristiana: se presenta y se impone como una obligaci&oacute;n de estado y debe tener, por tanto, una realizaci&oacute;n pr&aacute;ctica y detallada, de modo que en ella se encuentren los sacerdotes, las religiosas, los padres, los j&oacute;venes, los ancianos, los ni&ntilde;os y, sobre todo, los enfermos, los que est&aacute;n solos, los que sufren. Igual que todos est&aacute;n invitados a hacerse disc&iacute;pulos de Cristo, as&iacute; tambi&eacute;n todos pueden y deben hacerse, en sus obras concretas,<i> sal<\/i> y<i> luz <\/i>para los dem&aacute;s hombres.<\/p>\n<p>3. Y ahora escuchemos la confesi&oacute;n del<i> aut&eacute;ntico disc&iacute;pulo de Cristo.<\/i><\/p>\n<p>He aqu&iacute; que habla San Pablo con las palabras de su Carta a los Corintios. Lo vemos, mientras se presenta a sus destinatarios, y o&iacute;mos que lo ha hecho &quot;d&eacute;bil y temeroso&quot;<i> (1 Cor <\/i>2, 3). &iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>Esta actitud de &quot;debilidad y temor&quot; nace del hecho de que &eacute;l sabe que choca con la mentalidad corriente, la sabidur&iacute;a puramente humana y terrena, que s&oacute;lo se satisface con las cosas materiales y mundanas. &Eacute;l, en cambio, anuncia a Cristo y a Cristo crucificado, esto es, predica una sabidur&iacute;a que viene de lo alto. Para hacer esto, para ser aut&eacute;ntico disc&iacute;pulo de Cristo,<i> vive interiormente<\/i> todo el misterio de Cristo, toda la realidad de su cruz y de su resurrecci&oacute;n. Adem&aacute;s, es preciso notar que as&iacute; tambi&eacute;n la intensa vida interior se convierte, casi de modo natural, en lo que el Ap&oacute;stol llama<i> &quot;el testimonio de Dios&quot; (1 Cor<\/i> 2, 1). As&iacute;, pues, en la vida pr&aacute;ctica, un aut&eacute;ntico disc&iacute;pulo debe siempre ser tal en el sentido de la aceptaci&oacute;n interior del misterio de Cristo, que es algo totalmente &quot;original&quot;, no mezclado con la ciencia &quot;humana&quot; y con la &quot;sabidur&iacute;a&quot; de este mundo.<\/p>\n<p>Viviendo de este modo tendremos, ciertamente, el &quot;conocimiento&quot; de &eacute;l y tambi&eacute;n la capacidad de actuar seg&uacute;n &eacute;l. Pero es necesario que en relaci&oacute;n con los compromisos de naturaleza laical, nuestra fe no se funde en la sabidur&iacute;a humana, sino<i> en el poder de Dios <\/i> (1<i> Cor<\/i> 2, 5).<\/p>\n<p>4.&nbsp;La parroquia \u2014como he dicho al comienzo\u2014 es la comunidad de los disc&iacute;pulos de Cristo. &iquest;Qu&eacute; consecuencias pr&aacute;cticas nos conviene sacar de las lecturas lit&uacute;rgicas de hoy? Me parece que deben ser &eacute;stas: ante todo, la profundizaci&oacute;n en la fe y en la vida interior; en segundo lugar, un empe&ntilde;o serio en la actividad apost&oacute;lica: &quot;para que (los hombres) vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que est&aacute; en el cielo&quot;<i> <\/i> (<i>Mt<\/i> 5, 16); y finalmente, la disponibilidad en ayudar a los otros, como bien dice la<i> primera lectura<\/i> con las palabras de Isa&iacute;as: &quot;Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne. Entonces romper&aacute; tu luz como la aurora, enseguida te brotar&aacute; la carne sana; te abrir&aacute; camino la justicia, detr&aacute;s ir&aacute; la gloria del Se&ntilde;or. Entonces clamar&aacute;s al Se&ntilde;or y te responder&aacute;. Gritar&aacute;s y te dir&aacute;: Aqu&iacute; estoy&quot;<i> (Is<\/i> 58, 7-9).<\/p>\n<p>5.&nbsp;Permitid ahora que de la palabra divina de este domingo, palabra que hemos meditado juntos, saque las &uacute;ltimas conclusiones y, al mismo tiempo, formule mis votos tanto para vuestra comunidad cristiana, como para<i> cada uno de vosotros.<\/i> Ante todo, deseo que renov&eacute;is en vosotros la conciencia personal y comunitaria:<i> soy disc&iacute;pulo, quiero ser disc&iacute;pulo de Cristo.<\/i> Esta es una cosa maravillosa: &iexcl;Ser disc&iacute;pulo de Cristo! &iexcl;Seguir su llamada y su Evangelio! Os deseo que pod&aacute;is sentir esto m&aacute;s profundamente, y que la vida de cada uno de vosotros y de todos adquiera, gracias a esta conciencia, su pleno significado.<\/p>\n<p>En las palabras de Isa&iacute;as se contiene una promesa particular: el Se&ntilde;or escucha a los que le obedecen. El responde<i> &quot;Aqu&iacute; estoy&quot;<\/i> a los que se hallan ante El con la misma disponibilidad y dicen con su conducta el mismo &quot;aqu&iacute; estoy&quot;. Os deseo que vuestra relaci&oacute;n con Jesucristo nuestro Se&ntilde;or, Redentor y Maestro, se regule de este modo. Deseo que Cristo est&eacute; <i>con vosotros,<\/i> y que,<i> mediante vosotros <\/i>est&eacute;<i> con los dem&aacute;s<\/i>: y que se realice as&iacute; la vocaci&oacute;n de sus verdaderos disc&iacute;pulos, los cuales deben ser &quot;la sal de la tierra&quot; y &quot;la luz del mundo&quot;. As&iacute; sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN CARLOS Y SAN BLAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 8 de febrero de 1981 &nbsp; 1. &quot;Vosotros sois la sal de la tierra&#8230; Vosotros sois la luz del mundo&quot; (Mt 5, 13-14). 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