{"id":39768,"date":"2016-10-05T23:00:51","date_gmt":"2016-10-06T04:00:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-febrero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-jose-cafasso\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:51","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:51","slug":"1-de-febrero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-jose-cafasso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-febrero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-jose-cafasso\/","title":{"rendered":"1 de febrero de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Jos\u00e9 Cafasso"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN JOS&Eacute; CAFASSO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 1 de febrero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;Dichosos vosotros&#8230;&quot;<i> (Mt<\/i> 5, 11). Con estas palabras, que acabamos de escuchar, deseo saludaros a todos los que est&aacute;is aqu&iacute; reunidos; deseo saludar a toda la parroquia de San Jos&eacute; Cafasso.<\/p>\n<p>&quot;Dichosos vosotros&#8230;&quot;. Son las palabras del &quot;serm&oacute;n de la monta&ntilde;a&quot;, con las que Jes&uacute;s trat&oacute; de delinear la esencia de su mensaje. Alguno las ha calificado como la &quot;carta magna&quot; del Reino de Cristo. Son palabras revolucionarias, porque proponen un radical trastrueque de los &quot;valores&quot;, en los que se inspira la mentalidad corriente: la de los tiempos de Jes&uacute;s no menos que la de nuestros tiempos. Efectivamente, la gente ha cre&iacute;do siempre mucho en el dinero, en el poder en sus varias formas, en los placeres sensuales, en la victoria sobre el otro a cualquier precio, en el &eacute;xito y en el reconocimiento mundano. Se trata de &quot;valores&quot; que se sit&uacute;an, como aparece claramente, dentro del horizonte limitado de las realidades terrenas.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s rompe este c&iacute;rculo limitado y limitante: impulsa la visual sobre realidades que escapan a la comprobaci&oacute;n de los sentidos, porque trascienden la materia y se colocan, m&aacute;s all&aacute; del tiempo, en el &aacute;mbito de lo eterno. El habla de &quot;reino de los cielos&quot;, de &quot;tierra prometida&quot;, de &quot;filiaci&oacute;n divina&quot;, de &quot;recompensa celeste&quot;, y en esta perspectiva afirma la preeminencia de la &quot;pobreza en esp&iacute;ritu&quot;, de la &quot;mansedumbre&quot;, de la &quot;pureza de coraz&oacute;n&quot;, del &quot;hambre de justicia&quot;, que se manifiesta no en la violencia, sino en soportar valientemente la &quot;persecuci&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p>Innumerables cristianos, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, han subido idealmente a esta monta&ntilde;a, para escuchar al Maestro Divino. As&iacute; las escuch&oacute; y puso en pr&aacute;ctica el patrono de vuestra parroquia, <i>San Jos&eacute; Cafasso,<\/i> cuya urna he visitado, no hace mucho, en <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1980\/april\/documents\/hf_jp-ii_spe_19800413_torino-consolata.html\">mi peregrinaci&oacute;n a Tur&iacute;n<\/a>. El, en tiempos no lejanos de los nuestros, tom&oacute; estas palabras como programa concreto de vida, inspirando en ellas su conducta, en la separaci&oacute;n de los bienes de la tierra, oyendo con mansedumbre y paciencia a los penitentes en el confesonario, en la asistencia delicada y amable a los necesitados, y especialmente a los encarcelados y a los condenados a muerte.<\/p>\n<p>Os repito estas palabras de las bienaventuranzas al comienzo de nuestro encuentro; y lo hago no s&oacute;lo por venerar a vuestro patrono, sino tambi&eacute;n<i> para que os compromet&aacute;is con ellas,<\/i> como individuos y como comunidad parroquial: leed de nuevo estas palabras, aprendedlas de memoria, tratad de &quot;medir&quot; con ellas vuestra vida. Esto es lo primero que os deseo.<\/p>\n<p>2.&nbsp;A la luz de las bienaventuranzas evang&eacute;licas me place renovaros<i> mi<\/i> saludo con ocasi&oacute;n de la visita de hoy, que he esperado con deseo intenso y a la cual me he preparado tambi&eacute;n mediante un encuentro especial con vuestros Pastores.<\/p>\n<p>Por esto, perm&iacute;taseme saludar, ante todo, al se&ntilde;or cardenal Vicario, a cuya solicitud est&aacute; confiada toda la familia diocesana; al auxiliar mons. Giulio Salimei, que coordina el trabajo apost&oacute;lico en esta zona y que ha realizado recientemente entre vosotros la visita pastoral; y tambi&eacute;n a<i> los Padres Oblatos de San Jos&eacute;,<\/i> &quot;Josefinos de Asti&quot;, padre Giorgio Spadoni, p&aacute;rroco, y a los dos coadjutores, padre Paladino y padre Ciavarro, los cuales, con incansable dedicaci&oacute;n se gastan en el servicio de la parroquia.<\/p>\n<p>Juntamente con ellos saludo<i> a los otros sacerdotes<\/i> que prestan su colaboraci&oacute;n los domingos, y saludo, adem&aacute;s, a las <i>religiosas del Instituto de la Caridad de Namur,<\/i> quienes, desde hace ya muchos a&ntilde;os est&aacute;n presentes en este barrio, donde desarrollan una acci&oacute;n de asistencia y de formaci&oacute;n tan humilde como preciosa, ayudadas ahora tambi&eacute;n por las <i>Misioneras de la Caridad<\/i> de madre Teresa.<\/p>\n<p>Finalmente, no puede faltar una palabra de saludo y de aprecio para todos <i>los laicos comprometidos<\/i> en las varias actividades de apostolado y de promoci&oacute;n humana. Entre ellos, mi pensamiento se dirige sobre todo al grupo de los<i> catequistas,<\/i> que en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha ampliado notablemente, permitiendo el planteamiento de una catequesis sistem&aacute;tica, que llega a buena parte de los muchachos. Aprovecho gustosamente la presente circunstancia para estimular este aspecto de la actividad pastoral, ya que toda esperanza de vida cristiana responsable tiene su presupuesto en una adecuada instrucci&oacute;n religiosa, que conduzca a la comprensi&oacute;n de los contenidos fundamentales de la Revelaci&oacute;n.<\/p>\n<p>3.&nbsp;&quot;Considerad vuestra llamada, hermanos&quot;, nos ha repetido oportunamente San Pablo (<i>1 Cor<\/i> 1, 26). Se trata de palabras que debemos escuchar como dirigidas a nosotros hoy, en esta asamblea lit&uacute;rgica. Nos invitan a reflexionar sobre una dimensi&oacute;n fundamental de nuestra existencia: nuestra vida forma parte del designio amoroso de Dios. San Pablo es expl&iacute;cito a este respecto. Por tres veces, en la lectura de hoy, afirma que &quot;Dios ha elegido&quot; a cada uno de nosotros, de manera que &quot;somos en Cristo Jes&uacute;s&quot;, el cual &quot;se ha convertido para nosotros en sabidur&iacute;a, justicia, santificaci&oacute;n y redenci&oacute;n&quot; (cf.<i> 1 Cor<\/i> 1, 27-30).<\/p>\n<p>Este es, en efecto, el maravilloso mensaje de la fe: en los or&iacute;genes de nuestra vida hay un acto de amor de Dios, una elecci&oacute;n eterna, libre y gratuita, mediante la cual. El, al llamarnos a la existencia, ha hecho de cada uno de nosotros su interlocutor: &quot;La raz&oacute;n m&aacute;s alta de la dignidad humana consiste en la vocaci&oacute;n del hombre a la uni&oacute;n con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al di&aacute;logo con Dios&quot; <i> (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> 19).<\/p>\n<p>Este di&aacute;logo, como es sabido, lo interrumpi&oacute; el hombre con el pecado. Dios, en su misericordia, ha querido abrirlo de nuevo, dirigi&eacute;ndose nuevamente a nosotros con la Palabra misma de su amor eterno, el Verbo consustancial, que, haci&eacute;ndose hombre y muriendo por nosotros, nos ha puesto de nuevo en comunicaci&oacute;n con el Padre. He aqu&iacute; por qu&eacute; San Pablo dice que estamos llamados &quot;en Cristo Jes&uacute;s&quot;: la esencia de la<i> vocaci&oacute;n cristiana<\/i> est&aacute; precisamente en este &quot;ser en Cristo&quot;. Esto es obra de Dios mismo, es don de su amor y de su gracia. Por esto, justamente concluye San Pablo que cada uno de nosotros puede &quot;gloriarse en el Se&ntilde;or&quot; (cf.<i> 1 Cor<\/i> 1, 31).<\/p>\n<p>Sin embargo, a la llamada de Dios debe corresponder,<i> por nuestra parte,<\/i> una respuesta adecuada. &iquest;Qu&eacute; respuesta? La que tiene su ra&iacute;z fundamental en el bautismo y que se hace consciente y responsable en el acto de fe personal, suscitado por la escucha de la Palabra, alimentado por la participaci&oacute;n en los sacramentos, testimoniado por una vida que se inspira en las bienaventuranzas de Cristo y se extiende al cumplimiento generoso de sus mandamientos, entre los cuales el m&aacute;s grande es el mandamiento del amor.<\/p>\n<p>4. En el &aacute;mbito de esta<i> vocaci&oacute;n com&uacute;n,<\/i> que Dios dirige a cada uno de los hombres, destacan las<i> vocaciones espec&iacute;ficas,<\/i> mediante las cuales Dios &quot;elige&quot; a cada una de las personas para una tarea particular. Como es obvio, &eacute;stas son vocaciones m&uacute;ltiples y complementarias entre s&iacute;, id&eacute;nticas por el fin de la comuni&oacute;n con Dios, pero diversas en cuanto a los caminos y a los medios necesarios para lograrlo.<\/p>\n<p>Pienso, por ejemplo,<i> desde el punto de vista de la profesi&oacute;n,<\/i> en la elecci&oacute;n de un cierto tipo de estudio y de especializaci&oacute;n, con la perspectiva de un determinado trabajo, del que se espera, ciertamente, una ganancia para s&iacute; mismos, pero tambi&eacute;n la posibilidad de prestar la aportaci&oacute;n personal a la construcci&oacute;n de un mundo mejor. Pienso, sobre todo, <i>desde el punto de vista del estado de vida,<\/i> en la elecci&oacute;n del matrimonio, en la de dar la vida a un nuevo ser humano o de adoptar una criatura que ha quedado sola en el mundo, etc. Y pienso, adem&aacute;s, en otras situaciones: por ejemplo, la del c&oacute;nyuge que queda viudo, la del c&oacute;nyuge abandonado, la del hu&eacute;rfano. Pienso en la condici&oacute;n de los enfermos, de los ancianos enfermos y solos, de los pobres: &quot;Dios ha elegido la flaqueza del mundo, nos recuerda San Pablo, para confundir a los fuertes&quot;. En el designio misterioso de Dios, la acci&oacute;n renovadora de la gracia pasa a trav&eacute;s de la debilidad humana: por esto, pasa, de modo particular, a trav&eacute;s de estas situaciones de sufrimiento y abandono.<\/p>\n<p>Quiero reservar una palabra aparte para la<i> vocaci&oacute;n sacerdotal y religiosa.<\/i> La Iglesia tiene necesidad de almas generosas que, consagr&aacute;ndose totalmente a Cristo y a su Reino, acepten gastar sus energ&iacute;as en servicio del Evangelio. Particularmente tiene necesidad de ellas nuestra<i> Iglesia de Roma,<\/i> que ha conocido en los &uacute;ltimos decenios un fort&iacute;simo incremento demogr&aacute;fico, al que, por desgracia, no ha acompa&ntilde;ado un proporcional aumento de sacerdotes y de religiosas. Es un problema grave que afecta a toda la comunidad, porque de la presencia de estas almas consagradas depende, sobre todo, la animaci&oacute;n cristiana de la ciudad. Como Obispo de Roma, hago una llamada a la oraci&oacute;n, al testimonio, a la ayuda de todos los fieles de la di&oacute;cesis: &iexcl;el florecimiento de las vocaciones depende del compromiso de cada uno! &iexcl;No lo olvidemos!<\/p>\n<p>5. &quot;Vosotros sois en Cristo Jes&uacute;s&quot;, escribe el Ap&oacute;stol. Esta vez me dirijo no ya a cada uno en particular, sino a la comunidad, a toda la parroquia. Si alguno os preguntase a vosotros, parroquia de San Jos&eacute; Cafasso, &iquest;qui&eacute;nes sois?, &iquest;sab&eacute;is cu&aacute;l ser&iacute;a la respuesta que deber&iacute;ais dar? La que os sugiere San Pablo: &quot;Nosotros somos en Cristo Jes&uacute;s&quot; como comunidad de su Iglesia. Nuestro &quot;nosotros&quot; de cristianos es El, Cristo.<\/p>\n<p>Pero si,<i> como<\/i> parroquia est&aacute;is llamados a formar una sola cosa en Cristo, vosotros est&aacute;is obligados a testimoniar en la vida vuestra vocaci&oacute;n comunitaria. En otras palabras, vosotros deb&eacute;is comprometeros a crecer en Cristo no s&oacute;lo individualmente, sino tambi&eacute;n como parroquia. &iquest;Quer&eacute;is saber c&oacute;mo<i> se forma <\/i>y c&oacute;mo<i> se desarrolla<\/i> una comunidad parroquial? La comunidad se forma, ante todo, en torno a la Palabra de Dios. He aqu&iacute;, por esto, la importancia de la<i> catequesis,<\/i> mediante la cual se nos lleva a un conocimiento cada vez m&aacute;s profundo de las riquezas de verdad contenidas en la Escritura. Despu&eacute;s, la comunidad se desarrolla con la participaci&oacute;n en las<i> celebraciones lit&uacute;rgicas,<\/i> especialmente con la participaci&oacute;n en la Eucarist&iacute;a. S&eacute; que en vuestra parroquia la liturgia est&aacute; particularmente cuidada y me alegro de ello: es un signo de vitalidad, que anima a esperar mucho.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, la comunidad crece y se consolida gracias al<i> testimonio<\/i> de vida cristiana, que sus miembros saben ofrecer. A este respecto, es fundamental la actitud de valiente coherencia que los padres deben llevar a sus familias y los miembros de los varios grupos organizados sepan asumir ante aquellos que a&uacute;n se muestran refractarios al mensaje cristiano. Finalmente, un elemento particular de crecimiento comunitario est&aacute; constituido<i> por el compromiso de caridad <\/i> hacia las personas que, por una u otra raz&oacute;n, se hallan en necesidad: en vuestra parroquia no faltan los pobres, las personas enfermas, los ancianos; ten&eacute;is un instituto para la rehabilitaci&oacute;n de los minusv&aacute;lidos. Las ocasiones, pues, son numerosas y estimulantes. Representan tambi&eacute;n otras tantas &quot;llamadas&quot; con las que Dios pulsa a la puerta de vuestro coraz&oacute;n. Que El os conceda la generosidad necesaria para responder con valent&iacute;a y de manera adecuada.<\/p>\n<p>6. Al terminar ahora esta meditaci&oacute;n sobre el tema de la vocaci&oacute;n cristiana, sobre el cual nos ha invitado a detenernos la liturgia de hoy, quiero dirigiros <i>dos deseos.<\/i> El primero est&aacute; tomado del Profeta:<\/p>\n<p>&quot;Buscad al Se&ntilde;or los humildes, que cumpl&iacute;s sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderaci&oacute;n&quot; (<i>Sof<\/i> 2, 3).<\/p>\n<p>Si os compromet&eacute;is a buscarla, como dice el Profeta o, mejor a&uacute;n, como dice Cristo en el &quot;serm&oacute;n de la monta&ntilde;a&quot;, entonces podr&aacute; realizarse en vosotros el segundo deseo: &quot;Estad alegres y contentos, porque vuestra<i> recompensa<\/i> ser&aacute; grande<i> en el cielo&quot; <\/i> (<i>Mt<\/i> 5, 12).<\/p>\n<p>Aceptad, queridos hermanos y hermanas, estos dos deseos como un fruto particular de la visita que hoy os hace vuestro Obispo. Que ellos reaviven la participaci&oacute;n en esta Eucarist&iacute;a. Que ellos se conviertan en la fuente y en el camino de toda vuestra vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN JOS&Eacute; CAFASSO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 1 de febrero de 1981 &nbsp; 1. &quot;Dichosos vosotros&#8230;&quot; (Mt 5, 11). 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