{"id":39769,"date":"2016-10-05T23:00:53","date_gmt":"2016-10-06T04:00:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1981-solemnidad-de-la-presentacion-del-senor-en-el-templo\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:53","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:53","slug":"2-de-febrero-de-1981-solemnidad-de-la-presentacion-del-senor-en-el-templo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1981-solemnidad-de-la-presentacion-del-senor-en-el-templo\/","title":{"rendered":"2 de febrero de 1981, Solemnidad de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or en el Templo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> FESTIVIDAD DE LA PRESENTACI&Oacute;N DE JES&Uacute;S EN EL TEMPLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/p>\n<p> <\/b><i>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Lunes 2 de febrero de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or:<\/i><\/p>\n<p>1. Constituye para m&iacute; una profunda alegr&iacute;a encontrarme hoy, en esta bas&iacute;lica, con vosotros, religiosos y religiosas, que represent&aacute;is de manera privilegiada esa gran riqueza espiritual, que es, para el crecimiento y el dinamismo de la Iglesia de Dios, la<i> vida consagrada.<\/i> Saludo tambi&eacute;n a los representantes de las bas&iacute;licas patriarcales, de las colegiatas de Roma, de las iglesias nacionales en la Urbe, al colegio de los p&aacute;rrocos urbanos,<b> <\/b> a los seminarios romanos, a los colegios eclesi&aacute;sticos,<b> <\/b> a las archicofrad&iacute;as y<b> a<\/b> todos los fieles.<\/p>\n<p>Este encuentro tiene lugar en un rito que, dentro de la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II, ha asumido un lugar y un significado particulares: estamos reunidos para celebrar la fiesta a la que se ha restituido \u2014como afirm&oacute; mi predecesor Pablo VI\u2014 la denominaci&oacute;n de &quot;Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or&quot;, y que &quot;debe ser considerada, para poder asimilar su ampl&iacute;simo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebraci&oacute;n de un misterio de la salvaci&oacute;n realizado por Cristo, al cual la Virgen estuvo &iacute;ntimamente unida como Madre del Siervo doliente de Yav&eacute;, como ejecutora de una misi&oacute;n referida al antiguo Israel y como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza, por el sufrimiento y por la persecuci&oacute;n&quot;<i> (<a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\">Marialis cultus<\/a>,<\/i> 7).<\/p>\n<p>2. La liturgia de hoy representa y actualiza de nuevo un &quot;misterio&quot; de la vida de Cristo: en el templo, centro religioso de la naci&oacute;n jud&iacute;a, en el cual se sacrificaban continuamente animales para ser ofrecidos a Dios, entra por primera vez, humilde y modesto, Aquel que. seg&uacute;n la profec&iacute;a de Malaqu&iacute;as, deber&aacute; sentarse &quot;para fundir y purificar&quot; <i>(Mal<\/i> 3, 3), en particular a las personas consagradas al culto y al servicio de Dios. Hace su primera entrada en el templo Aquel que &quot;ten&iacute;a que parecerse en todo a sus hermanos, para ser compasivo y pont&iacute;fice fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar as&iacute; los pecados del pueblo&quot; (<i>Heb<\/i> 2, 17).<\/p>\n<p>El Salmista, previendo esta venida, exclama lleno de entusiasmo, dirigi&eacute;ndose al templo mismo: &quot;&iexcl;Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria! &iquest;Qui&eacute;n es ese Rey de la gloria? El Se&ntilde;or, h&eacute;roe valeroso; el Se&ntilde;or, h&eacute;roe de la guerra&#8230; El Se&ntilde;or de los Ej&eacute;rcitos: El es el Rey de la gloria&quot; (<i>Sal<\/i> 23 [24], 7-10).<\/p>\n<p>Pero el &quot;Rey de la glor&iacute;a&quot; es, ahora, un peque&ntilde;o reci&eacute;n nacido de 40 d&iacute;as, que es llevado al templo para ser ofrecido a Dios, seg&uacute;n la prescripci&oacute;n de la ley de Mois&eacute;s.<\/p>\n<p>&iquest;Qui&eacute;n es, en realidad, este reci&eacute;n nacido? La respuesta a esta pregunta, fundamental para la historia del mundo y de la humanidad, la da prof&eacute;ticamente el anciano Sime&oacute;n, quien, estrechando al Ni&ntilde;o entre los brazos, ve e intuye en El &quot;la salvaci&oacute;n&quot; de Dios, la &quot;luz para alumbrar a las naciones&quot;, la &quot;gloria&quot; del pueblo de Israel, la &quot;ruina y la resurrecci&oacute;n de muchos en Israel&quot;, el &quot;signo de contradicci&oacute;n&quot;. Todo esto es ese Ni&ntilde;o, que, aun siendo &quot;Rey de la gloria&quot;, &quot;Se&ntilde;or del templo&quot;, entra all&iacute; por vez primera, en silencio, en ocultamiento y en fragilidad de naturaleza humana.<\/p>\n<p>3. Hoy, 40 d&iacute;as despu&eacute;s de la solemnidad del misterio de la Navidad de Cristo, con la fiesta de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or, la liturgia intenta ya iluminar ante nosotros la perspectiva de la Vigilia pascual, en la que se bendecir&aacute; el<i> cirio,<\/i> s&iacute;mbolo de Cristo resucitado, vencedor del pecado y de la muerte.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hoy la Iglesia nos hace bendecir las<i> candelas,<\/i> que vosotros, querid&iacute;simos hermanos y hermanas, hab&eacute;is tra&iacute;do con vosotros en un<i> gesto de ofrenda, <\/i>cargado de un profundo significado interior. El<i> cirio,<\/i> que ten&eacute;is en vuestras manos, es ante todo el s&iacute;mbolo<i> de Cristo, <\/i>&quot;gloria de Israel y luz de los pueblos&quot;, y, adem&aacute;s, s&iacute;mbolo de su potencia y misi&oacute;n mesi&aacute;nica. Por esto compartimos con los otros esta<i> luz<\/i> y tratamos de transmitirla a todas las actitudes de nuestra vida.<\/p>\n<p>4. Este<i> cirio<\/i> representa tambi&eacute;n el don de la<i> fe,<\/i> infundida en vosotros en el santo bautismo, donde fuisteis ofrecidos y consagrados a la Sant&iacute;sima Trinidad. Pero este<i> cirio,<\/i> en vuestras manos de religiosos y religiosas, quiere significar, en particular, esa<i> opci&oacute;n incondicionada<\/i> que hab&eacute;is hecho por Cristo, luz de vuestra vida, con el don definitivo y total de vosotros mismos, consagr&aacute;ndoos a la vida religiosa, que es una forma m&aacute;s perfecta de la consagraci&oacute;n bautismal: &quot;Los miembros de cualquier instituto \u2014afirma el Concilio Vaticano II\u2014 recuerden ante todo que, por la profesi&oacute;n de los consejos evang&eacute;licos, respondieron a un llamamiento divino, de forma que, no s&oacute;lo muertos al pecado, sino tambi&eacute;n renunciando al mundo, vivan &uacute;nicamente para Dios. En efecto, entregaron su vida entera al servicio de Dios, lo cual constituye, sin duda, una peculiar consagraci&oacute;n, que radica &iacute;ntimamente en la consagraci&oacute;n del bautismo y la expresa con mayor plenitud&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_perfectae-caritatis_sp.html\">Perfectae caritatis<\/a>,<\/i> 5).<\/p>\n<p>Por tanto, est&aacute;is llamados a una particular<i> imitaci&oacute;n de Jes&uacute;s<\/i> ya un<i> testimonio vivido de las exigencias espirituales del Evangelio<\/i> en la sociedad contempor&aacute;nea. Y si el<i> cirio,<\/i> que ten&eacute;is en la mano, es tambi&eacute;n s&iacute;mbolo de<i> vuestra vida<\/i> ofrecida a Dios &eacute;sta debe consumarse toda entera para su gloria.<\/p>\n<p>5. Os conforta, ayuda e impulsa a esta imitaci&oacute;n y a este testimonio la ejemplar actitud interior de las personas, de las que habla el Evangelio de hoy: el amor silencioso y tierno de San Jos&eacute;; la fe fuerte y constante del anciano Sime&oacute;n; la fidelidad continua y orante de la anciana profetisa Ana; pero sobre todo la absoluta y total disponibilidad de la Virgen Sant&iacute;sima, protagonista, juntamente con el Hijo, de este misterio de salvaci&oacute;n, que orienta el episodio de la Presentaci&oacute;n en el templo hacia el acontecimiento salv&iacute;fico de la cruz. La Iglesia misma \u2014escribi&oacute; Pablo VI\u2014 &quot;ha percibido en el coraz&oacute;n de la Virgen que lleva al Ni&ntilde;o a Jerusal&eacute;n para presentarlo al Se&ntilde;or, una<i> voluntad de oblaci&oacute;n<\/i> que trascend&iacute;a el significado ordinario del rito&quot;<i> (<a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\">Marialis cultus<\/a>,<\/i> 20).<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n vosotros, hermanos y hermanas querid&iacute;simos, deb&eacute;is conservar siempre intacta esa &quot;voluntad de oblaci&oacute;n&quot;, con la que hab&eacute;is respondido generosamente a la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s para seguirle m&aacute;s de cerca, en el camino hacia el Calvario, mediante los<i> sagrados v&iacute;nculos<\/i> que os unen a El de manera singular en la<i> castidad, en la pobreza <\/i>y<i> en la obediencia:<\/i> estos votos constituyen una s&iacute;ntesis, en la que Cristo desea manifestarse a S&iacute; mismo, entablando \u2014a trav&eacute;s de vuestra respuesta\u2014, una lucha decisiva contra el esp&iacute;ritu de este mundo. La<i> castidad,<\/i> abrazada por el Reino de los cielos (cf. <i>Mt<\/i> 19, 12), hace libre de manera especial el coraz&oacute;n de la persona (cf. <i>1 Cor<\/i> 7, 32 ss.), de modo que la enciende cada vez m&aacute;s en la caridad hacia Dios y hacia los hermanos; la<i> pobreza,<\/i> abrazada voluntariamente para seguir a Cristo, hace part&iacute;cipes de esa pobreza de Cristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, a fin de enriquecernos con su pobreza (cf.<i> 2 Cor<\/i> 8, 9;<i> Mt <\/i>8, 20); la<i> obediencia,<\/i> mediante la cual se ofrece a Dios la completa consagraci&oacute;n de la propia voluntad como sacrificio de s&iacute; mismos, une a la voluntad salv&iacute;fica de Dios (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_perfectae-caritatis_sp.html\">Perfectae caritatis<\/a>,<\/i> 12-14).<\/p>\n<p>Pero precisamente por esta opci&oacute;n tan radical, os convert&iacute;s, como Cristo y como Mar&iacute;a, en un &quot;signo de contradicci&oacute;n&quot;, es decir, es un signo de divisi&oacute;n, de ruptura y de choque en relaci&oacute;n con el esp&iacute;ritu del mundo, que pone la finalidad y la felicidad del hombre en la riqueza, en el placer y en la autoafirmaci&oacute;n de la propia individualidad.<\/p>\n<p>6. Hoy, mientras mutuamente nos comunicamos y compartimos la &quot;luz&quot;, que brilla en los cirios, pensamos en todos los religiosos y religiosas esparcidos por el mundo, oramos intensamente por ellos, para que, dondequiera se encuentren, brillen verdaderamente con esa luz que es Cristo, y sean siempre un signo aut&eacute;ntico de su Evangelio y de su Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>&iexcl;Que todos los religiosos y religiosas sepan ofrecerse juntamente con Cristo, como una llama que se consume en el amor! &iexcl;Que vivan de El y para El, en la Iglesia y para la Iglesia! Y que Mar&iacute;a Sant&iacute;sima los lleve a esta cada vez mayor intimidad con su Hijo, precedi&eacute;ndolos en el camino de la oblaci&oacute;n y de la donaci&oacute;n. Sea siempre Mar&iacute;a vuestro ejemplo, vuestro modelo, vuestra fuerza, querid&iacute;simos hermanos y hermanas. &quot;Esta Mujer \u2014como he dicho en otra ocasi&oacute;n\u2014, por asociaci&oacute;n con su Hijo, se hace tambi&eacute;n signo de contradicci&oacute;n para el mundo y, a un tiempo, signo de esperanza&#8230; Esta Mujer, que concibi&oacute; espiritualmente antes de concebir f&iacute;sicamente&#8230;, esta Mujer, que se insert&oacute; &iacute;ntima e irrevocablemente en el misterio de la Iglesia ejerciendo la maternidad espiritual con todos los pueblos&#8230; Esta Mujer&#8230; es la expresi&oacute;n m&aacute;s grande de total consagraci&oacute;n a Jesucristo&quot; (<a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1979\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19791007_usa_washington_immacolata.html\">Homil&iacute;a a las religiosas durante la celebraci&oacute;n de Laudes en el santuario de la Inmaculada Concepci&oacute;n en Washington,<\/a> 7 de octubre de 1979;<i>&nbsp;L&#8217;Osservatore Romano,<\/i>&nbsp;Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 4 de noviembre de 1979, p&aacute;g. 9).<\/p>\n<p>Es mi deseo y mi bendici&oacute;n.<\/p>\n<p>Am&eacute;n. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FESTIVIDAD DE LA PRESENTACI&Oacute;N DE JES&Uacute;S EN EL TEMPLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Lunes 2 de febrero de 1981 &nbsp; Querid&iacute;simos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or: 1. Constituye para m&iacute; una profunda alegr&iacute;a encontrarme hoy, en esta bas&iacute;lica, con vosotros, religiosos y religiosas, que represent&aacute;is de manera &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1981-solemnidad-de-la-presentacion-del-senor-en-el-templo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de febrero de 1981, Solemnidad de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or en el Templo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39769","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39769","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39769"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39769\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39769"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39769"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39769"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}