{"id":39770,"date":"2016-10-05T23:00:54","date_gmt":"2016-10-06T04:00:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-gala\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:54","slug":"25-de-enero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-gala","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-gala\/","title":{"rendered":"25 de enero de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de Santa Gala"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA GALA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> &nbsp;III domingo del tiempo ordinario, 25 de enero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;El Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n&quot;<i> (Sal<\/i> 26, [27], 1).<\/p>\n<p>Estas palabras del Salmo responsorial son, a la vez, confesi&oacute;n de fe y expresi&oacute;n de j&uacute;bilo: fe en el Se&ntilde;or y en lo que El representa de luminoso para nuestra vida; j&uacute;bilo por el hecho de que El es esta luz y esta salvaci&oacute;n, en la que podemos encontrar seguridad e impulso para nuestro camino cotidiano.<\/p>\n<p>Nos podemos preguntar: &iquest;de qu&eacute; modo es el Se&ntilde;or nuestra luz y nuestra salvaci&oacute;n? Cristo se convierte para nosotros en luz y salvaci&oacute;n a partir de nuestro bautismo, en el que se nos aplican los frutos infinitos de su bendita muerte en la cruz: entonces viene a ser &quot;para nosotros sabidur&iacute;a, justicia, santificaci&oacute;n y redenci&oacute;n&quot; (<i>1 Cor<\/i> 1, 30). Precisamente para los bautizados, conscientes de su identidad de salvados, valen con plenitud las palabras de la Carta a los Efesios: &quot;Fuisteis alg&uacute;n tiempo tinieblas, pero ahora sois luz en el Se&ntilde;or; andad, pues, como hijos de la luz. El fruto de la luz es todo bondad, justicia y verdad&quot; (<i>Ef<\/i> 5, 8-9).<\/p>\n<p>Pero la vida cristiana, queridos hermanos y hermanas, no es s&oacute;lo un hecho individual y privado. Tiene necesidad de desarrollarse a nivel comunitario e incluso p&uacute;blico, puesto que la salvaci&oacute;n del Se&ntilde;or &quot;est&aacute; preparada ante la faz de todos los pueblos; luz para iluminaci&oacute;n de las gentes&quot;<i> (Lc<\/i> 2, 31-32). Pues bien, la parroquia es la comunidad en la que el Se&ntilde;or se convierte en luz y salvaci&oacute;n de cada uno y de todos para un testimonio com&uacute;n ante la sociedad.<\/p>\n<p>Por tanto, quiero dirigir aqu&iacute; mi saludo cordial a todos vosotros de la parroquia de Santa Gala en la Garbatella, que sois parte viva de la gran familia diocesana de Roma. Juntamente con el cardenal Vicario y el obispo de la zona, Clemente Riva, saludo a los celosos pastores de vuestras almas: al p&aacute;rroco y a sus colaboradores. Tambi&eacute;n con ellos a los benem&eacute;ritos miembros de las familias religiosas, masculinas y femeninas, que residen y trabajan en la parroquia. De modo particular quiero mencionar a los miembros de todas las asociaciones cat&oacute;licas, comprometidos en la cura pastoral y en el crecimiento espiritual de toda la comunidad: las mujeres, los hombres, los j&oacute;venes. Sobre todo estos &uacute;ltimos, sepan cu&aacute;nto espera siempre el Papa de ellos: de su entusiasmo, de su generosidad, de su inteligencia. La parroquia de Santa Gala es muy numerosa; por lo tanto, hay lugar para el trabaj&oacute; de todos, especialmente de los que est&aacute;n m&aacute;s disponibles a conformarse de lleno con Cristo Se&ntilde;or, que es luz y salvaci&oacute;n para todos los hombres. Mientras me complazco, pues, por vuestras varias actividades, os animo tambi&eacute;n paternalmente a proseguir con gran fraternidad y perseverancia en su realizaci&oacute;n para beneficio com&uacute;n.<\/p>\n<p>2.&nbsp;El Evangelio de este domingo nos manifiesta c&oacute;mo Cristo se ha convertido hist&oacute;ricamente, al comienzo de su vida p&uacute;blica, en la luz y en la salvaci&oacute;n del pueblo al que ha sido enviado. Citando al Profeta Isa&iacute;as (9, 1), el Evangelista Mateo nos dice que este pueblo &quot;habitaba en tinieblas&#8230;, en tierra y sombras de muerte&quot;; pero finalmente &quot;vio una luz grande&quot;. Despu&eacute;s que la gloria del Se&ntilde;or hab&iacute;a envuelto de luz, ya en Bel&eacute;n, a los pastores en la noche (cf.<i> Lc<\/i> 2, 9), con ocasi&oacute;n del nacimiento de Jes&uacute;s, &eacute;sta es la primera vez que el Evangelio habla de una luz que se manifiesta a todos. Efectivamente, cuando Jes&uacute;s, despu&eacute;s de haber dejado Nazaret y haber sido bautizado en el Jord&aacute;n, va a Cafarna&uacute;n para dar comienzo a su ministerio p&uacute;blico, es como si se verificase un segundo nacimiento suyo, que consist&iacute;a en el abandono de la vida privada y oculta, para entregarse al compromiso total e irrevocable de una vida gastada por todos, hasta el supremo sacrificio de s&iacute;. Y Jes&uacute;s, en este momento, se encuentra en un ambiente de tinieblas. que cayeron nuevamente sobre Israel con motivo del encarcelamiento de Juan Bautista, el precursor.<\/p>\n<p>Pero Mateo nos dice tambi&eacute;n que Jes&uacute;s ilumin&oacute; enseguida eficazmente a algunos hombres, &quot;mientras caminaba junto al lago de Galilea&quot;, es decir, en las riberas del lago de Genesaret. Se trata de la llamada a los primeros disc&iacute;pulos, los hermanos Sim&oacute;n y Andr&eacute;s, y luego a los otros dos hermanos, Santiago y Juan, todos ellos trabajadores dedicados a la pesca. Ellos &quot;inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron&quot;. Ciertamente experimentaron la fascinaci&oacute;n de la luz secreta que emanaba de El, y sin demora la siguieron para iluminar con su fulgor el camino de su vida. Pero esa luz de Jes&uacute;s resplandece para todos. En efecto, El se hace conocer por sus paisanos de Galilea, como anota el Evangelista, &quot;ense&ntilde;ando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo&quot;. Como se ve, la suya es una luz que ilumina y tambi&eacute;n caldea, porque no se limita a esclarecer las mentes, sino que interviene tambi&eacute;n para redimir situaciones de necesidad material. &quot;Pas&oacute; haciendo el bien y curando&quot;<i> (Act<\/i> 10, 38).<\/p>\n<p>3.&nbsp;Una de las mayores conquistas de esta luz fue la de Saulo de Tarso, el Ap&oacute;stol Pablo, de cuya conversi&oacute;n hace memoria precisamente la liturgia de hoy, 25 de enero. Teniendo presente su propio caso personal, escribi&oacute; as&iacute; a los Corintios: &quot;Porque Dios, que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas, es el que ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para que demos a conocer la ciencia de la gloria de Dios en el rostro de Cristo&quot; (2<i> Cor<\/i> 4, 6;<i> cf. Act<\/i> 9,<i> <\/i>3). Dir&iacute;a que esta luz brilla particularmente sobre el rostro de Cristo crucificado, &quot;Se&ntilde;or de la gloria&quot; (<i>1 Cor<\/i> 2, 8), por quien el Ap&oacute;stol precisamente fue enviado a predicar el Evangelio de la cruz (cf.<i> ib.,<\/i> 1, 17; 2, 2). Esto nos dice lo que es una conversi&oacute;n: una iluminaci&oacute;n especial, que nos hace ver de modo nuevo a Dios, a nosotros mismos, y a nuestros hermanos. As&iacute;, de maneras diversas, Jesucristo se da a conocer a los distintos hombres y a las sociedades en el curso de los tiempos y en diversos lugares. Los que lo siguen, lo hacen porque han encontrado en El la luz y la salvaci&oacute;n: &quot;El Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p>Y tambi&eacute;n vosotros, queridos hermanos y hermanas, &iquest;segu&iacute;s a Cristo? &iquest;Lo hab&eacute;is conocido verdaderamente? &iquest;Sab&eacute;is y est&aacute;is convencidos a fondo de que El es la luz y la salvaci&oacute;n de nosotros y de todos? Este es un conocimiento que no se improvisa; es necesario que os ejercit&eacute;is en &eacute;l cada d&iacute;a, en las situaciones concretas en que est&aacute; colocado cada uno de vosotros. Se puede, al menos, intentar y llevar esta luz al propio ambiente de vida y de trabajo y dejar que ella ilumine todas las cosas para mirarlo todo a trav&eacute;s de esa luz. Esto vale de modo particular para los enfermos y para los que sufren, puesto que, si es verdad que el dolor hunde en la oscuridad, entonces m&aacute;s que nunca se confirma la verdad de la gozosa confesi&oacute;n del Salmista: &quot;Se&ntilde;or, T&uacute; eres mi l&aacute;mpara; Dios m&iacute;o, T&uacute; alumbras mis tinieblas&quot; (<i>Sal<\/i> 18 [17], 29). Pero esto vale para todos: efectivamente, Cristo es luz y salvaci&oacute;n de las familias, de los c&oacute;nyuges, de la juventud, de los ni&ntilde;os, y luego tambi&eacute;n de todos los que se ejercitan en varias profesiones: para los m&eacute;dicos, los empleados, los obreros; cada una de estas categor&iacute;as, aunque sea en modos diversos, ejercita un servicio para los otros y del conjunto resulta una sociedad bien ordenada y armoniosa. Mas para que todo esto se logre bien, sin roces o conflictos, es preciso que cada uno sepa decir al Se&ntilde;or con humildad y con deseo: &quot;L&aacute;mpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero&quot; <i>(Sal<\/i> 119 [118], 105). Esto es posible si juntamente, y a fondo, se vive la vida parroquial, donde cada uno recibe alimento de todos y todos concurren al crecimiento de cada uno.<\/p>\n<p>4. Volvamos una vez m&aacute;s al Salmo responsorial de la Misa, para hacer un an&aacute;lisis profundo de su contenido.<\/p>\n<p>Desde las primeras palabras aprendemos que la luz y la salvaci&oacute;n est&aacute;n en contraste con el temor y el terror.<\/p>\n<p>&quot;El Se&ntilde;or es la defensa de mi vida; &iquest;qui&eacute;n me har&aacute; temblar? El me proteger&aacute; en su tienda el d&iacute;a del peligro&quot;.<\/p>\n<p>Sin embargo, &iexcl;cu&aacute;nto temor pesa sobre los hombres de nuestro tiempo! Es una inquietud m&uacute;ltiple, caracterizada precisamente por el miedo al porvenir, de una posible autodestrucci&oacute;n de la humanidad, y luego tambi&eacute;n, m&aacute;s en general, por un cierto tipo de civilizaci&oacute;n materialista, que pone el primado de las cosas sobre las personas, y adem&aacute;s por el miedo de ser v&iacute;ctimas de violencias y opresiones que priven al hombre de su libertad interior y exterior. Pues bien, s&oacute;lo Cristo nos libera de todo esto y permite que nos consolemos espiritualmente, que encontremos la esperanza, que confiemos en nosotros mismos en la medida en que confiamos en El: &quot;Contempladlo y quedar&eacute;is radiantes&quot; (<i>Sal<\/i> 34 [33], 6).<\/p>\n<p>Juntamente con esto, como nos sugiere la segunda estrofa, nace el deseo de poder &quot;habitar en la casa del Se&ntilde;or&quot;<i> <\/i> (<i>Sal <\/i> 26 [27], 4).<\/p>\n<p>&quot;Una cosa pido al Se&ntilde;or, eso buscar&eacute;: habitar en la casa del Se&ntilde;or por todos los d&iacute;as de mi vida; gozar de la dulzura del Se&ntilde;or contemplando su templo&quot;.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; quiere decir esto? Significa ante todo la condici&oacute;n interior del alma en la gracia santificante, mediante la cual el Esp&iacute;ritu Santo habita en el hombre; y significa adem&aacute;s permanecer en la comunidad de la Iglesia y participar en su vida. En efecto, precisamente aqu&iacute; se ejercita en abundancia esa &quot;misericordia&quot;, de la que habla el Salmo y que ha sido el tema de mi &uacute;ltima <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0034\/_INDEX.HTM\">Carta Enc&iacute;clica<\/a>, aqu&iacute; cada uno puede repetir con el Salmista, seguro de ser escuchado: &quot;Acu&eacute;rdate de m&iacute; con misericordia, por tu bondad. Se&ntilde;or&quot;<i> <\/i> (<i>Sal<\/i> 25 [24], 7).<\/p>\n<p>Finalmente, estamos orientados hacia la esperanza &uacute;ltima, que da a toda la existencia del cristiano su plena dimensi&oacute;n.<\/p>\n<p>&quot;Espero gozar de la dicha del Se&ntilde;or en el pa&iacute;s de la vida. Espera en el Se&ntilde;or, s&eacute; valiente, ten &aacute;nimo, espera en el Se&ntilde;or&quot;.<\/p>\n<p>El cristiano es hombre de gran esperanza, y precisamente en ella se refleja esa luz y se realiza esa salvaci&oacute;n, que es Cristo. Efectivamente, El &quot;hace caminar a los humildes con rectitud, ense&ntilde;a su camino a los humildes&quot;<i> <\/i> (<i>Sal<\/i> 25 [24], 9).<\/p>\n<p>5. Queridos hermanos y hermanas, hoy concluye tambi&eacute;n la Semana de oraciones por la Unidad de los Cristianos. Estos d&iacute;as hemos orado por la uni&oacute;n de todas las denominaciones cristianas, que se han separado en el curso de los siglos. Sabemos que Cristo es &uacute;nico e &quot;indivisible&quot;, como proclama San Pablo en la primera Carta a los Corintios: &quot;&#8230;Os ruego en nombre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo: poneos de acuerdo y no and&eacute;is divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir&quot;<i> <\/i> (<i>1 Cor<\/i> 1, 10). Son palabras que se dirigen particularmente a nosotros el d&iacute;a en que termina este octavario de oraciones. Y debemos ponerlas en pr&aacute;ctica ante todo nosotros mismos. Pero es necesario que siempre todas las comunidades y parroquias rueguen juntamente con fervor en este esp&iacute;ritu, &iexcl;todas y cada una! Seg&uacute;n el Evangelio de Juan, la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s en la &uacute;ltima Cena tiene esta invocaci&oacute;n central: &quot;Que todos sean uno, como t&uacute;, Padre est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti, para que tambi&eacute;n ellos sean uno en nosotros y el mundo crea que t&uacute; me has enviado&quot; <i>&nbsp;<\/i>(<i>Jn<\/i> 17, 21). Debemos reconocer que los cristianos, en el curso del tiempo, no han hecho honor a este supremo deseo del Se&ntilde;or, y todav&iacute;a perduran las divisiones que Jes&uacute;s tem&iacute;a y que no dan buen testimonio ante el mundo. La intenci&oacute;n de las oraciones de la pasada semana se formul&oacute; con palabras del Ap&oacute;stol Pablo: &quot;Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Esp&iacute;ritu&#8230; Un solo cuerpo&quot; (cf. <i>1<\/i> <i> Cor<\/i> 12, 3b-13). As&iacute; se nos ha propuesto de nuevo el ideal que se debe perseguir incesantemente, en concreto, cada d&iacute;a: el de formar todos juntos el &uacute;nico Cuerpo de Cristo, que es, al mismo tiempo, uno y m&uacute;ltiple, variadamente compuesto y, sin embargo, arm&oacute;nicamente ordenado. Una cosa es cierta: la realizaci&oacute;n de esta obra puede manifestar mejor a todos la verdad de las palabras del Salmo de la liturgia de hoy: &quot;El Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p>S&oacute;lo en El puede volver a encontrar la Iglesia su propia unidad y, en cierto modo, permanecer indivisa, a pesar de todas las divisiones hist&oacute;ricas.<\/p>\n<p>Querid&iacute;simos, os deseo, ante todo, esto: que vuestra comunidad parroquial de Santa Gala realice en su propio interior una semejante comuni&oacute;n mutua, hecha de fraternidad y de compromiso din&aacute;mico, de manera que experimente la belleza de formar una sola familia para ofrecer un aut&eacute;ntico y eficaz testimonio cristiano. &iexcl;Am&eacute;n! <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA GALA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;III domingo del tiempo ordinario, 25 de enero de 1981 &nbsp; 1. &quot;El Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n&quot; (Sal 26, [27], 1). 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