{"id":39771,"date":"2016-10-05T23:00:55","date_gmt":"2016-10-06T04:00:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-enero-de-1981-visita-al-colegio-internacional-san-pablo-apostol\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:55","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:55","slug":"24-de-enero-de-1981-visita-al-colegio-internacional-san-pablo-apostol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-enero-de-1981-visita-al-colegio-internacional-san-pablo-apostol\/","title":{"rendered":"24 de enero de 1981, Visita al Colegio internacional San Pablo Ap\u00f3stol"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA CONCELEBRADA EN EL COLEGIO DE SAN PABLO AP&Oacute;STOL<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font><br \/> <\/b>S&aacute;bado 24 de enero de 1981<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querid&iacute;simos sacerdotes:<\/i><\/p>\n<p>1. Es para m&iacute; una gran alegr&iacute;a poderme encontrar hoy con vosotros, en este Colegio dedicado a San Pablo Ap&oacute;stol, donde ten&eacute;is vuestra residencia, mientras frecuent&aacute;is la Universidad de &quot;Propaganda Fide&quot;, para desarrollar y completar vuestros estudios filos&oacute;ficos y teol&oacute;gicos y vuestra preparaci&oacute;n pastoral. En las visitas que estoy realizando a los diversos institutos y ateneos de la ciudad de Roma, no pod&iacute;a y no deb&iacute;a faltar, en la circunstancia tan singular de la fiesta del Colegio, este encuentro con vosotros, que ven&iacute;s de todas las partes del mundo y que tra&eacute;is aqu&iacute;, al centro de la cristiandad, las caracter&iacute;sticas y los anhelos de vuestros pueblos y de vuestras culturas.<\/p>\n<p>Por esto, recibid mi saludo cordial y afectuoso, que se dirige, ante todo, al cardenal Prefecto y al Secretario de la Sagrada Congregaci&oacute;n para la Evangelizaci&oacute;n de los Pueblos, a los superiores y responsables del Colegio, y se extiende adem&aacute;s a cada uno de vosotros personalmente, comprendiendo tambi&eacute;n a todos los que colaboran con diversas tareas para la buena marcha de la casa y de la vida en com&uacute;n. Es un saludo que quiere expresar satisfacci&oacute;n y aprecio por la buena voluntad que demostr&aacute;is en vuestro compromiso de estudio y de actualizaci&oacute;n, para un ministerio m&aacute;s eficaz, adaptado a las exigencias de la sociedad, y para una ayuda iluminada y concreta a las comunidades eclesiales de vuestras naciones y de vuestras di&oacute;cesis. Y es un saludo que trata tambi&eacute;n de manifestar mi agradecimiento por vuestra fidelidad a la Sede Apost&oacute;lica y por las oraciones que ofrec&eacute;is por mi persona y misi&oacute;n universal.<\/p>\n<p>2. Pero deseo que el encuentro de hoy en torno al altar, celebrando el Sacrificio eucar&iacute;stico, se convierta para todos vosotros en un est&iacute;mulo para una vida sacerdotal cada vez m&aacute;s santa y para un compromiso cada vez m&aacute;s responsable en vuestros estudios y en vuestros ideales. Precisamente las lecturas de la liturgia se prestan para algunas reflexiones de notable importancia a este fin.<\/p>\n<p>En la primera lectura hemos o&iacute;do lo que dice el Se&ntilde;or por medio del Profeta Isa&iacute;as: &quot;Como baja la lluvia y la nieve de lo alto del cielo, y no vuelven all&aacute; sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para comer, as&iacute; la palabra que sale de mi boca no vuelve a m&iacute; vac&iacute;a, sino que hace lo que yo quiero y cumple su misi&oacute;n&quot; (<i>Is<\/i> 55, 10-11). Se trata de expresiones bien conocidas, que han hecho reflexionar a los Padres y a los Doctores de la Iglesia, a los santos y a los m&iacute;sticos de todas las &eacute;pocas y que causan impresi&oacute;n tambi&eacute;n a nuestras almas, porque afirman la absoluta potencia y eficacia de la Revelaci&oacute;n de Dios: ning&uacute;n obst&aacute;culo o rechazo humano puede detenerla o apagarla. Nosotros sabemos que la &quot;Palabra de Dios&quot; se encarn&oacute; en la plenitud de los tiempos: &quot;En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios&#8230; Y el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 1. 14), y permanece presente en la historia humana por medio de la Iglesia: &quot;Yo estar&eacute; con vosotros siempre hasta la consumaci&oacute;n del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 28; 20). La &quot;Palabra de Dios&quot; es siempre eficaz, porque ante todo pone en crisis a la raz&oacute;n humana: las filosof&iacute;as simplemente racionales y temporales, las interpretaciones meramente humanistas e historicistas, quedan desquiciadas por la &quot;Palabra de Dios&quot;, que responde con suprema certeza y claridad a los interrogantes que se plantean al coraz&oacute;n del hombre, y lo ilumina acerca de su verdadero destino, sobrenatural y eterno, indic&aacute;ndole la conducta moral que debe practicar, como camino aut&eacute;ntico de serenidad y de esperanza. No s&oacute;lo esto: la &quot;Palabra de Dios&quot; da &quot;luz&quot; y &quot;vida&quot;, se hace vida de gracia, participaci&oacute;n en la misma vida divina, inserci&oacute;n en el misterioso, pero real, dinamismo de la redenci&oacute;n de la humanidad. Efectivamente, Jes&uacute;s se defini&oacute; &quot;luz del mundo&quot;: &quot;Yo he venido como luz al mundo, para que todo el que crea en mi no permanezca en tinieblas&quot; (<i>Jn<\/i> 12, 46), y vida de las almas.<\/p>\n<p>&iexcl;Fortalecidos con esta certeza que viene de Dios, es necesario tener la valent&iacute;a de su Palabra! &iexcl;Ning&uacute;n miedo a la verdad: la &quot;Palabra de Dios&quot; es siempre eficaz, no es inerte, jam&aacute;s es derrotada, no vuelve a Dios humillada o desilusionada! Y entonces, os digo con San Pablo: &quot;Andad como hijos de la luz&quot;<i> (Ef<\/i> 5, 8). Ciertamente la &quot;Palabra de Dios&quot; es desconcertante, porque dice el Se&ntilde;or: &quot;No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos&quot; (<i>Is<\/i> 55, 8); pone en crisis, porque es exigente, es tajante como espada de dos filos, no se basa en persuasivos discursos de sabidur&iacute;a humana, sino en la manifestaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu y de su potencia (cf.<i> 1 Cor 2,<\/i> 4-5). &quot;Nadie se enga&ntilde;e \u2014escrib&iacute;a San Pablo a los Corintios\u2014; si alguno entre vosotros cree que es sabio seg&uacute;n este siglo, h&aacute;gase necio para llegar a ser sabio. Porque la sabidur&iacute;a de este mundo es necedad ante Dios&#8230; Nadie, pues, se glor&iacute;e en los hombres&quot; (<i>1 Cor<\/i> 3, 18-19. 21). En efecto, hay una falsa sabidur&iacute;a que puede tentar y enga&ntilde;ar, confundiendo y convirtiendo en presuntuosos. Comentando la afirmaci&oacute;n: &quot;Demos a Dios un culto que le sea agradable, con temor y reverencia, porque mostr&oacute; Dios ser un fuego devorador&quot; (<i>Heb<\/i> 12, 28-29), el cardenal Newman, un apasionado de San Pablo, dec&iacute;a as&iacute;: &quot;El temor de Dios es el principio de la sabidur&iacute;a; hasta que no ve&aacute;is a Dios como un fuego consumidor, y no os acerqu&eacute;is a El con reverencia y santo temor, por ser pecadores, no podr&eacute;is decir que ten&eacute;is siquiera a la vista la puerta estrecha: El temor y el amor deben ir juntos; continuad temiendo, continuad amando hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a de vuestra vida. Esto es cierto; pero deb&eacute;is saber qu&eacute; quiere decir sembrar aqu&iacute; abajo con l&aacute;grimas, si quer&eacute;is cosechar con alegr&iacute;a en el m&aacute;s all&aacute;&quot;<i> (Parochial and Plain Sermons,<\/i> vol. I,<i> Serm. <\/i>24; cf. J. H. Newman,<i> La mente e i1 cuore di un grande,<\/i> Bari, 1962, p&aacute;gina 230).<\/p>\n<p>3. En la segunda lectura, el c&eacute;lebre episodio de la conversi&oacute;n de San Pablo, contado por &eacute;l mismo a los jud&iacute;os de Jerusal&eacute;n, es igualmente denso de ense&ntilde;anzas para vuestra vida sacerdotal. En el camino de Damasco, ca&iacute;do en el polvo, San Pablo queda cegado por la luz fulgurante de aquel Jes&uacute;s a quien &eacute;l persegu&iacute;a en los cristianos; sigue su conversi&oacute;n inmediata y decisiva, evidente obra milagrosa de la gracia de Dios, porque Pablo deb&iacute;a ser el primer autorizado int&eacute;rprete del mensaje de Jes&uacute;s, divinamente inspirado. El Divino Maestro le manda levantarse y proseguir el camino; y desde ese momento, se puede decir que San Pablo se convierte en maestro y gu&iacute;a del conocimiento y del amor a Cristo.<\/p>\n<p>Pero sobre todo deben interesarnos y hacernos meditar las palabras del justo Anan&iacute;as: &quot;El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y o&iacute;do&quot;<i> (Act 22,<\/i> 14-15). Estas palabras se pueden aplicar tambi&eacute;n a cada sacerdote, ministro de Cristo. Tambi&eacute;n vosotros hab&eacute;is sido elegidos, m&aacute;s a&uacute;n, predestinados, por el Alt&iacute;simo para conocer la &quot;Palabra de Dios&quot;, para encontraros con Cristo, para participar de sus mismos poderes divinos, para anunciarlo y testimoniarlo ante todos los hombres. Como Pablo, convertido a la verdad, se lanz&oacute; con ardiente fervor a su misi&oacute;n de ap&oacute;stol y testigo, y ninguna dificultad logr&oacute; nunca detenerlo, haced as&iacute; tambi&eacute;n vosotros. El mundo tiene necesidad de almas fervorosas y decididas, humildes en el comportamiento, pero firmes en la doctrina; generosas en la caridad, pero seguras en el anuncio; serenas y animosas, como Pablo, que en medio de dificultades y contrastes de todo g&eacute;nero, sobreabundaba de alegr&iacute;a en cada una de sus tribulaciones, porque para &eacute;l vivir era Cristo y morir una ganancia (cf. 2<i> Cor<\/i> 7, 4;<i> Flp<\/i> 1, 21).<\/p>\n<p>El Evangelista San Marcos refiere las &uacute;ltimas palabras de Jes&uacute;s, categ&oacute;ricas e imperativas: &quot;Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creaci&oacute;n. El que crea y se bautice, se salvar&aacute;; el que se resista a creer, ser&aacute; condenado&quot; <i> (Mc<\/i> 16, 15-16). Ellas significan que es positiva voluntad de Dios que el mensaje evang&eacute;lico sea anunciado a todo el mundo, y que se crea en la &quot;Palabra de Dios&quot;. Ser sacerdotes es indudablemente una dignidad inmensa y excelsa; pero es tambi&eacute;n una responsabilidad grande. &iexcl;Tened siempre conciencia clara de vuestra grandeza y sed dignos de la confianza que Dios ha puesto en vosotros I<\/p>\n<p>Querid&iacute;simos, que os ilumine en vuestros estudios y os conforte en vuestros prop&oacute;sitos Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, a la que en estos d&iacute;as rezamos como &quot;Madre de la unidad de la Iglesia&quot;, y a la que siempre invocamos como &quot;Trono de la Sabidur&iacute;a&quot;, &quot;Causa de nuestra alegr&iacute;a&quot;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CONCELEBRADA EN EL COLEGIO DE SAN PABLO AP&Oacute;STOL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II S&aacute;bado 24 de enero de 1981 &nbsp; Querid&iacute;simos sacerdotes: 1. 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