{"id":39772,"date":"2016-10-05T23:00:57","date_gmt":"2016-10-06T04:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-enero-de-1981-santa-misa-para-la-delegacion-del-sindicato-polaco-solidaridad\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:57","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:57","slug":"18-de-enero-de-1981-santa-misa-para-la-delegacion-del-sindicato-polaco-solidaridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-enero-de-1981-santa-misa-para-la-delegacion-del-sindicato-polaco-solidaridad\/","title":{"rendered":"18 de enero de 1981, Santa Misa para la delegaci\u00f3n del sindicato polaco \u00abSolidaridad\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA PARA LA DELEGACI&Oacute;N DE LOS SINDICATOS POLACOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Capilla del apartamento pontificio<br \/> Domingo 18 de enero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&quot;Aqu&iacute; estoy, Se&ntilde;or, para hacer tu voluntad&quot;. La Iglesia pone hoy estas palabras del Profeta en labios de Cristo, que se detiene en las riberas del Jord&aacute;n para dar comienzo a su misi&oacute;n de realizar la voluntad del Padre. La liturgia de hoy nos presenta una vez m&aacute;s la revelaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Jord&aacute;n. Pues apenas llega a la orilla de este r&iacute;o, donde Juan predicaba el bautismo de penitencia, invitaba a la conversi&oacute;n y bautizaba con agua, el mismo Juan lo se&ntilde;ala con la mano diciendo: &quot;Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo&quot;. Con estas palabras lo dijo todo, todo lo que se puede decir de Cristo hoy y ma&ntilde;ana; porque aquello era s&oacute;lo el comienzo, ya que Jes&uacute;s hab&iacute;a llegado al Jord&aacute;n como un desconocido. Como Cordero de Dios se iba a revelar al final de su misi&oacute;n, pero Juan ya lo proclam&oacute; tal se&ntilde;al&aacute;ndolo con la mano: &quot;Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo&quot;. Y precisamente entonces, cuando Jes&uacute;s llega al r&iacute;o para hacer la voluntad del Padre, se realiza la revelaci&oacute;n o, mejor, se confirma la revelaci&oacute;n del Ni&ntilde;o a quien no recibieron los &quot;suyos&quot;, a quien nadie reconoci&oacute;, a no ser su Madre, Jos&eacute;, los pastores, los Reyes Magos venidos de Oriente; nadie m&aacute;s; la revelaci&oacute;n del Ni&ntilde;o nacido en Bel&eacute;n como Mes&iacute;as que llega al Jord&aacute;n para hacer la voluntad del Padre. El Padre mismo le rinde testimonio entonces; sobre cuantos se hab&iacute;an congregado a orillas del Jord&aacute;n se oye una voz: &quot;Este es mi Hijo muy amado en quien tengo mis complacencias&quot;. Y el Esp&iacute;ritu Santo le rinde testimonio, el mismo Esp&iacute;ritu que Juan hab&iacute;a anunciado: &quot;El os bautizar&aacute; con Esp&iacute;ritu Santo&quot;, os inmergir&aacute; en el Esp&iacute;ritu Santo, en Dios vivo, como yo os bautizo con agua. En conexi&oacute;n con el tema principal de la liturgia del domingo pasado, la liturgia de hoy confirma la revelaci&oacute;n de Jesucristo en el Jord&aacute;n, y al mismo tiempo nos participa a nosotros esta revelaci&oacute;n de Jesucristo.<\/p>\n<p>Jesucristo ha venido para darnos fuerza; nos ha dado fuerza para que lleguemos a ser hijos de Dios. Hemos cantado estas palabras del Evangelio de Juan repitiendo tres veces &quot;Aleluya&quot;. Jesucristo viene para revelar el hombre al hombre, para indicarle su dignidad extraordinaria y su gran vocaci&oacute;n. De modo que seg&uacute;n la interpretaci&oacute;n de la liturgia de hoy, la revelaci&oacute;n de Jesucristo en el Jord&aacute;n es asimismo revelaci&oacute;n de la vocaci&oacute;n del hombre en Jesucristo. Estas son las ideas contenidas en la liturgia de la Palabra.<\/p>\n<p>Y ahora, mis queridos hermanos y hermanas, demos comienzo a la liturgia eucar&iacute;stica, la liturgia del sacrificio y uni&oacute;n con Dios en el sacrificio del Cordero de Dios. Al disponerme a comenzar esta liturgia en vuestra presencia y con vuestra participaci&oacute;n, me viene al pensamiento Polonia entera, Polonia como gran campo de trabajo; campo de trabajo humano, de trabajo polaco, compuesto de muchos sectores de producci&oacute;n. Me refiero al trabajo f&iacute;sico y al mental, al trabajo en la f&aacute;brica y al trabajo de todas las personas, al trabajo profesional y al trabajo en la familia, al trabajo de los padres y tambi&eacute;n al de las madres. El trabajo que maneja la materia que el hombre transforma para satisfacer sus necesidades; pero tambi&eacute;n el trabajo sobre el mismo hombre, el que comienza en el coraz&oacute;n de la madre y junto a este coraz&oacute;n, y dura toda la vida familiar, y se realiza a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n escolar; todas las formas de trabajo. El enorme campo de trabajo que es nuestra patria, me viene al pensamiento ahora porque recibo hoy a estos peregrinos singulares venidos de Polonia. Con frecuencia recibo a peregrinos y, cuando llegan, aprovecho la ocasi&oacute;n para encontrarme con ellos en la Misa, si es posible. Hoy os recibo a vosotros, peregrinos representantes de &quot;Solidaridad&quot;, y a trav&eacute;s de vosotros veo todo el trabajo enorme que se est&aacute; desarrollando en nuestra patria.<\/p>\n<p>Veo a los obreros. Y pues debemos comenzar la liturgia eucar&iacute;stica, deseo reunir ante vosotros y con vosotros en torno a este altar, a todo el pueblo polaco y hacer la ofrenda del pan y del vino y de todo cuanto constituye el contenido de cada uno de vuestros d&iacute;as, de cada d&iacute;a de trabajo de Polonia, &quot;donde el sol nace y tramonta&quot;, como dice nuestro gran poeta contempor&aacute;neo en el t&iacute;tulo de su obra; de todo el gran trabajo polaco. Os ruego me ayud&eacute;is a ello vosotros que represent&aacute;is al mundo del trabajo, al pueblo trabajador. Os ruego ofrezc&aacute;is aqu&iacute; en el altar de la capilla del Papa, este trabajo polaco bajo los s&iacute;mbolos del pan y del vino. Nuestro sacrificio se transformar&aacute; en su sacrificio, en el de Jesucristo, el Cordero de Dios; ante nosotros aqu&iacute; reunidos se repetir&aacute; el misterio del Calvario, se repetir&aacute; tambi&eacute;n en cierto modo el misterio del Jord&aacute;n. Gracias a la voz interior de la fe, oiremos las palabras del Padre: &quot;Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias&quot;. El, el Hijo predilecto, Hijo de Dios, vendr&aacute; a nuestra comunidad para bautizarnos con el Esp&iacute;ritu Santo, para sumergirnos en el Esp&iacute;ritu Santo, para sumergirnos en la realidad divina, en el elemento divino. Y, &iquest;para qu&eacute;? Para darnos fuerza. Si ofrecemos en este altar todo el trabajo polaco, a trav&eacute;s del sacrificio de Cristo, a trav&eacute;s de la Eucarist&iacute;a volver&aacute; a nosotros y a cuantos representamos, a todos los trabajadores de la tierra polaca, la fuerza que procede de El; fuerza por la que el hombre se hace hijo de Dios y, como hijo adoptivo de Dios, recibe dignidad para toda la vida, para todo su trabajo, sublim&aacute;ndolo hasta el nivel de hijo de Dios.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas: Al ofrecer este sacrificio pediremos que vuestra solidaridad, la solidaridad de todos los trabajadores de Polonia, est&eacute; al servicio de esta gran causa. Esto es todo lo que os quer&iacute;a decir, todo lo que deseo pediros. Si puedo a&ntilde;adir algo antes de que oig&aacute;is el saludo final &quot;pod&eacute;is ir en paz&quot;, quisiera rogaros que llev&eacute;is con vosotros estas palabras de vuestro compatriota, del Sucesor de Pedro en la Sede Apost&oacute;lica, y se las transmit&aacute;is a los trabajadores de Polonia: Que su trabajo est&eacute; al servicio de la dignidad humana, que eleve al hombre, que eleve a las familias, que eleve a todo el pueblo. Se acerca la hora de vuestro retorno a la patria; por ello os pido: cuando os march&eacute;is de aqu&iacute;, llevad con vosotros esta noticia, esta Buena Noticia que comenz&oacute; en Bel&eacute;n, fue refrendada a orillas del Jord&aacute;n, se cumpli&oacute; en el misterio pascual y se actualiza de nuevo hoy en la Eucarist&iacute;a, para que el hombre se fortalezca con ella, para que repita mientras va caminando por la tierra: &quot;Aqu&iacute; estoy, Se&ntilde;or, para hacer tu voluntad&quot;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA PARA LA DELEGACI&Oacute;N DE LOS SINDICATOS POLACOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Capilla del apartamento pontificio Domingo 18 de enero de 1981 &nbsp; &quot;Aqu&iacute; estoy, Se&ntilde;or, para hacer tu voluntad&quot;. 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