{"id":39773,"date":"2016-10-05T23:00:58","date_gmt":"2016-10-06T04:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-enero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-jose\/"},"modified":"2016-10-05T23:00:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:00:58","slug":"18-de-enero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-jose","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-enero-de-1981-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-jose\/","title":{"rendered":"18 de enero de 1981, Visita pastoral a la parroquia romana de San Jos\u00e9"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN JOS&Eacute;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> &nbsp;II domingo del Tiempo Ordinario, 18 de enero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>1 Cor<\/i> 1, 3).<\/p>\n<p>Con estas palabras, con las que el Ap&oacute;stol Pablo saludaba una vez a la Iglesia de Corinto,<i> saludo<\/i> hoy a<i> vuestra parroquia.<\/i> Es la primera parroquia que me es dado visitar en este a&ntilde;o, el a&ntilde;o del Se&ntilde;or 1981. Est&aacute; dedicada a San Jos&eacute; como Patrono, lo que constituye para m&iacute; otro motivo de alegr&iacute;a. Todav&iacute;a vivimos todos el clima espiritual del tiempo de Navidad, con el que se halla tan estrechamente ligada la figura de San Jos&eacute;. Y precisamente lo encontramos, la noche de Bel&eacute;n, junto a Mar&iacute;a y al Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido. Precisamente &eacute;l es el hombre providencial, a quien el<i> Padre Celestial<\/i> confi&oacute; un cuidado particular&iacute;simo de su Hijo en la tierra. El custodi&oacute; a Jes&uacute;s y a su Madre, cuando era preciso huir a Egipto. En su casa de Nazaret Jes&uacute;s pas&oacute; su vida oculta, trabajando desde su juventud junto al carpintero Jos&eacute;. Por esto, tambi&eacute;n toda la Iglesia tiene particular confianza y veneraci&oacute;n a San Jos&eacute;. Me alegro por el hecho de que vuestra parroquia lo ha elegido como Patrono propio y, con ocasi&oacute;n de la visita de hoy, deseo encomendarle a todos vosotros y a toda vuestra comunidad, repitiendo las palabras de Pablo: &quot;La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>1 Cor<\/i> 1, 3).<\/p>\n<p>2.&nbsp;Por esto, mi saludo se dirige a toda la comunidad parroquial. En particular me es grato saludar ante todo, al cardenal Vicario, encargado de toda la pastoral diocesana, y, luego, al obispo de la zona, mons. Remigio Ragonesi, al celoso p&aacute;rroco con sus colaboradores, pertenecientes a los Siervos de la Caridad de la benem&eacute;rita Obra Don Guanella. Juntamente con los Pastores, saludo tambi&eacute;n a los representantes de las varias familias religiosas, masculinas y femeninas, que trabajan en la parroquia. Quiero hacer tambi&eacute;n menci&oacute;n especial de los miembros de todas las Asociaciones cat&oacute;licas, que est&aacute;n vivamente comprometidos en el &aacute;mbito de esta comunidad en varias iniciativas pastorales. La parroquia de San Jos&eacute; &quot;al Trionfale&quot; cuenta m&aacute;s de 30.000 habitantes. Por esto sus problemas son muchos. Pero conf&iacute;o en la participaci&oacute;n responsable de todos para afrontar y resolver juntos las m&uacute;ltiples necesidades pastorales, con esp&iacute;ritu de comuni&oacute;n y de realizaci&oacute;n din&aacute;mica de la propia identidad cristiana basada en el bautismo. Me dirijo particularmente a los j&oacute;venes, para que orienten su entusiasmo y su inteligencia hacia los altos ideales de la vida eclesial. Tambi&eacute;n a los enfermos, a quienes aseguro mi afectuosa participaci&oacute;n en su estado de enfermedad, les pido que ofrezcan sus sufrimientos por el bien de todos y por un testimonio eficaz del Evangelio en &eacute;l mundo de hoy. Y conf&iacute;o a la generosa recompensa del Se&ntilde;or cuanto cada uno de vosotros realiza eficazmente como miembro del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.<\/p>\n<p>3. El tiempo de Navidad, que hemos vivido hace poco, ha renovado en nosotros<i> la conciencia<\/i> de que &quot;el Verbo se hizo , carne y habit&oacute;<i> entre nosotros&quot; (Jn<\/i> 1, 14). Esta conciencia no nos abandona jam&aacute;s; sin embargo, en este per&iacute;odo se hace particularmente viva y expresiva. Se convierte en el contenido de la liturgia, pero tambi&eacute;n en el contenido de la vida cristiana, familiar y social. Nos preparamos siempre para esa santa noche del nacimiento temporal de Dios mediante el Adviento, tal como lo proclama hoy el Salmo responsorial: &quot;Yo esperaba con ansia al Se&ntilde;or: El se inclin&oacute; y escuch&oacute; mi grito&quot; (<i>Sal <\/i>39<i> <\/i>[40], 2).<\/p>\n<p>Es admirable este<i> inclinarse del Se&ntilde;or sobre los hombres.<\/i> Haci&eacute;ndose hombre, y ante todo como Ni&ntilde;o indefenso, hace que m&aacute;s bien nos inclinemos sobre El, igual que Mar&iacute;a y Jos&eacute;, como los pastores, y luego los tres Magos de Oriente. Nos inclinamos con veneraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n con ternura. &iexcl;En el nacimiento terreno de su Hijo, Dios se &quot;adapta&quot; al hombre tanto, que incluso<i> se hace hombre!<\/i><\/p>\n<p>Y precisamente este hecho \u2014si seguimos el hilo del Salmo\u2014 nos &quot;puso en la boca un c&aacute;ntico nuevo, un himno a nuestro Dios&quot; (<i>Sal<\/i> 39 [40], 4). &iexcl;Qu&eacute; candor se trasluce en nuestros cantos navide&ntilde;os! &iexcl;C&oacute;mo expresan la cercan&iacute;a de Dios, que se ha hecho hombre y d&eacute;bil ni&ntilde;o! &iexcl;Que jam&aacute;s perdamos el sentido profundo de este misterio! Que lo mantengamos siempre vivo, tal como nos lo han transmitido los grandes santos, y aqu&iacute;, bajo el cielo italiano, de modo particular San Francisco de As&iacute;s. Esto es muy importante, queridos hermanos y hermanas: &iexcl;De ello depende<i> el modo de mirarnos a nosotros mismos y a cada uno de los hombres,<\/i> el modo de vivir nuestra humanidad!<\/p>\n<p>Lo expresa tambi&eacute;n el Profeta Isa&iacute;as cuando proclama hoy en la primera lectura: &quot;Mi Dios fue mi fuerza&quot;<i> (Is<\/i> 49, 3). Y en la segunda lectura San Pablo se dirige a los Corintios \u2014y al mismo tiempo indirectamente a nosotros\u2014 como a &quot;los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo que El llam&oacute;&quot;<i> (1 Cor<\/i> 1, 2).<\/p>\n<p>&iexcl;Pensemos en nosotros, a la luz de estas palabras! &iexcl;Cada uno de nosotros piense en s&iacute; de esta manera, y pensemos mutuamente as&iacute; los unos en los otros! En efecto, el reciente Concilio nos ha recordado la vocaci&oacute;n de todos a la santidad. &iexcl;Esta es precisamente nuestra vocaci&oacute;n en Jesucristo! Y es don esencial del nacimiento temporal de Dios. &iexcl;Al nacer como hombre, el Hijo de Dios confiesa<i> la dignidad del ser humano, <\/i>y a la vez<i> le hace<\/i> una nueva llamada, <i>la llamada a la santidad!<\/i><\/p>\n<p>4. &iquest;Qui&eacute;n es Jesucristo?<\/p>\n<p>El que naci&oacute; la noche de Bel&eacute;n. El que fue revelado a los pastores y a los Magos de Oriente. Pero el Evangelio de este domingo nos lleva una vez m&aacute;s a las riberas del Jord&aacute;n, donde, despu&eacute;s de 30 a&ntilde;os de su nacimiento, Juan Bautista prepara a los hombres para su venida. Y cuando ve a Jes&uacute;s, &quot;que ven&iacute;a hacia &eacute;l&quot;, dice: &quot;Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo&quot;<i> (Jn<\/i> 1, 29).<\/p>\n<p>Juan afirma que bautiza en el Jord&aacute;n &quot;con agua, para que \u2014Jes&uacute;s de Nazaret\u2014 sea manifestado a Israel&quot;<i> <\/i> (<i>Jn<\/i> 1, 31).<\/p>\n<p>Nos habituamos a las palabras: &quot;Cordero de Dios&quot;. Y, sin embargo, &eacute;stas son siempre palabras maravillosas, misteriosas,<i> palabras potentes.<\/i> &iexcl;C&oacute;mo pod&iacute;an comprenderlas los oyentes inmediatos de Juan, que conoc&iacute;an el sacrificio del cordero ligado a la noche del &eacute;xodo de Israel de la esclavitud de Egipto!<\/p>\n<p>&iexcl;El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!<\/p>\n<p>Los versos siguientes del Salmo responsorial de hoy explican m&aacute;s plenamente lo que se revel&oacute; en el Jord&aacute;n a trav&eacute;s de las palabras de Juan Bautista, y que ya hab&iacute;a comenzado la noche de Bel&eacute;n. El Salmo se dirige a Dios con las palabras del Salmista, pero indirectamente nos trae de nuevo la<i> palabra del Hijo eterno <\/i>hecho hombre: &quot;T&uacute; no quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio me abriste el o&iacute;do; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: Aqu&iacute; estoy \u2014como est&aacute; escrito en mi libro\u2014 para hacer tu voluntad. Dios m&iacute;o, lo quiero&quot;<i> <\/i> (<i>Sal<\/i> 39 [40], 7-9).<\/p>\n<p>As&iacute; habla, con las palabras del Salmo, el Hijo de Dios hecho hombre. Juan capta la misma verdad en el Jord&aacute;n, cuando, se&ntilde;al&aacute;ndolo, grita: &quot;Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo&quot;<i>&nbsp;(Jn<\/i>&nbsp;1, 29).<\/p>\n<p>5. Hermanos y hermanas: Hemos sido, pues, &quot;santificados en Cristo Jes&uacute;s&quot;. Y estamos<i> &quot;llamados a ser santos<\/i> con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo Se&ntilde;or nuestro&quot; (<i>1 Cor<\/i> 1, 2).<\/p>\n<p>Jesucristo es el Cordero de Dios, que dice de S&iacute; mismo: &quot;Dios m&iacute;o, quiero hacer tu voluntad, y llevo tu ley en las entra&ntilde;as&quot; (cf.<i> Sal<\/i> 39 [40], 9).<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es la santidad? Es precisamente <i> la alegr&iacute;a de hacer la voluntad de Dios.<\/i><\/p>\n<p>El hombre experimenta esta alegr&iacute;a por medio de una constante acci&oacute;n profunda sobre s&iacute; mismo, por medio de la fidelidad a la ley divina, a los mandamientos del Evangelio. E incluso con renuncias.<\/p>\n<p>El hombre participa de esta alegr&iacute;a siempre y exclusivamente por obra de Jesucristo, Cordero de Dios. &iexcl;Qu&eacute; elocuente es que escuchemos las palabras pronunciadas por Juan en el Jord&aacute;n, cuando debemos acercarnos a recibir a Cristo en nuestros corazones con la<i> comuni&oacute;n eucar&iacute;stica<\/i><i>!<\/i><\/p>\n<p>Viene a nosotros el que trae la alegr&iacute;a de hacer la voluntad de Dios. El que trae la santidad.<\/p>\n<p>La parroquia, como una peque&ntilde;a parte viva de la Iglesia, es la<i> comunidad en la que constantemente escuchamos<\/i> las palabras: &quot;Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo&quot;. Y continuamente sentimos<i> la llamada<\/i> a la santidad. La parroquia es una comunidad, cuya finalidad principal es hacer de esa com&uacute;n llamada a la santidad, que nos llega en Jesucristo, el camino de cada uno y de todos, el camino de toda nuestra vida y, a la vez, de cada d&iacute;a.<\/p>\n<p>6. Jesucristo nos trae la llamada a la santidad y continuamente nos da la fuerza de la santificaci&oacute;n. Continuamente nos da<font> &quot;<i>el poder de llegar a ser hijos de Dios<\/i>&quot;,<\/font> como lo proclama la liturgia de hoy en el canto del Aleluya.<\/p>\n<p>Esta potencia de santificaci&oacute;n del hombre, potencia continua e inagotable, es el don del Cordero de Dios. Juan, se&ntilde;al&aacute;ndolo en el Jord&aacute;n, dice:&#8217; &quot;Este es el Hijo de Dios&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 34), &quot;<i>Ese es el que ha de bautizar con Esp&iacute;ritu Santo<\/i>&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 33), es decir, nos sumerge en ese Esp&iacute;ritu al que Juan vio, mientras bautizaba, &quot;que bajaba del cielo como una paloma y se pos&oacute; sobre El&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 32). Este fue el signo mesi&aacute;nico. En este signo, El mismo, que est&aacute; lleno de poder y de Esp&iacute;ritu Santo, se ha revelado como <i>causa de nuestra santidad<\/i>: el Cordero de Dios, el autor de nuestra santidad.<\/p>\n<p>&iexcl;Dejemos que El act&uacute;e en nosotros con la potencia del Esp&iacute;ritu Santo!<\/p>\n<p>&iexcl;Dejemos que el nos gu&iacute;e por los caminos de la fe, de la esperanza, de la caridad, por el camino de la santidad!<\/p>\n<p>&iexcl;Dejemos que el Esp&iacute;ritu Santo \u2014Esp&iacute;ritu de Jesucristo\u2014<font> <i>renueve la faz de la tierra<\/i><\/font> a trav&eacute;s de cada uno de nosotros!<\/p>\n<p>De este modo, resuene en toda nuestra vida el canto de Navidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN JOS&Eacute; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JAN PABLO II &nbsp;II domingo del Tiempo Ordinario, 18 de enero de 1981 &nbsp; 1. &quot;La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (1 Cor 1, 3). 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