{"id":39776,"date":"2016-10-05T23:01:03","date_gmt":"2016-10-06T04:01:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1981-santa-misa-y-ordenaciones-episcopales\/"},"modified":"2016-10-05T23:01:03","modified_gmt":"2016-10-06T04:01:03","slug":"6-de-enero-de-1981-santa-misa-y-ordenaciones-episcopales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1981-santa-misa-y-ordenaciones-episcopales\/","title":{"rendered":"6 de enero de 1981, Santa Misa y ordenaciones episcopales\u00a0"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\"> <font color=\"#663300\"> SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR&nbsp; <br \/> ORDENACI&Oacute;N DE 11 NUEVOS OBISPOS<\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Martes 6 de enero de 1981<\/i><\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;Lev&aacute;ntate, brilla, Jerusal&eacute;n, que llega tu luz; la gloria del Se&ntilde;or amanece sobre ti!&quot;<i> (Is<\/i> 60, 1). Con estas palabras del Profeta Isa&iacute;as la liturgia de hoy anuncia la celebraci&oacute;n de una gran fiesta:<i> la solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or,<\/i> que es la culminaci&oacute;n de la<i> fiesta de Navidad;<\/i> del nacimiento de Dios<\/p>\n<p>Las palabras del Profeta se dirigen a Jerusal&eacute;n, a la ciudad del Pueblo de Dios, a la ciudad de la elecci&oacute;n divina. En esta ciudad la Epifan&iacute;a deb&iacute;a alcanzar su c&eacute;nit en los d&iacute;as del misterio pascual del Redentor.<\/p>\n<p>Sin embargo, por el momento, el Redentor es todav&iacute;a un<i> ni&ntilde;o peque&ntilde;o.<\/i> Yace en una pobre gruta cerca de Bel&eacute;n, y la gruta sirve de refugio para los animales. All&iacute; encontr&oacute; el primer albergue para S&iacute; mismo sobre esta tierra. All&iacute; le rodearon el amor de la Madre y la solicitud de Jos&eacute; de Nazaret. Y all&iacute; tuvo lugar tambi&eacute;n<i> el comienzo de la Epifan&iacute;a:<\/i> de esa gran luz que deb&iacute;a penetrar los corazones, gui&aacute;ndolos por el camino de la fe hacia Dios, con el cual solamente por esta senda puede encontrarse el hombre: el hombre viviente con el Dios viviente.<\/p>\n<p>Hoy en este camino de la fe vemos a los tres nuevos hombres<i> que vienen de Oriente,<\/i> de fuera de Israel. Son hombres sabios y poderosos, que vienen a Bel&eacute;n conducidos por la estrella en el firmamento celeste y por la luz interna de la fe en la profundidad de sus corazones.<\/p>\n<p>2. En este d&iacute;a, tan solemne, tan elocuente, os present&aacute;is aqu&iacute;<i> vosotros,<\/i> venerados y queridos hijos, que por el acto de la ordenaci&oacute;n deb&eacute;is venir a ser hermanos nuestros en el Episcopado, en el servicio apost&oacute;lico de la Iglesia. <i> Os saludo<\/i> cordialmente en esta bas&iacute;lica, la cual se traslad&oacute; la luz de la Jerusal&eacute;n mesi&aacute;nica juntamente con la persona del Ap&oacute;stol Pedro, que vino aqu&iacute; guiado por el Esp&iacute;ritu Santo de acuerdo con la voluntad de Cristo.<\/p>\n<p>Aqu&iacute;, en este lugar, medito con vosotros las palabras de la liturgia de hoy, en las que se manifiestan la luz de la Epifan&iacute;a<i> y la misi&oacute;n nacida<\/i> en los corazones de los hombres<i> por la fe en Jesucristo.<\/i> Que esta luz resplandezca sobre vosotros de modo particular en el d&iacute;a de hoy, que brille continuamente en los caminos de vuestra vida y de vuestro ministerio. Que esta luz os gu&iacute;e \u2014como la estrella de los Magos\u2014 y os ayude a guiar a los dem&aacute;s de acuerdo con la sustancia de vuestra vocaci&oacute;n en el Episcopado.<\/p>\n<p>&quot;Los obispos \u2014ha recordado el Concilio Vaticano II\u2014 como sucesores de los Ap&oacute;stoles, reciben del Se&ntilde;or, a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, la misi&oacute;n de ense&ntilde;ar a todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda criatura, a fin de que todos los hombres consigan la salvaci&oacute;n por medio de la fe, del bautismo y del cumplimiento de los mandamientos (cf.<i> Mt<\/i> 28, 18-20;<i> Mc<\/i> 16, 15-16;<i> Act <\/i>26. 17 ss.). Para cumplir esta misi&oacute;n, Cristo Se&ntilde;or prometi&oacute; a los Ap&oacute;stoles el Esp&iacute;ritu Santo, y lo envi&oacute; desde el cielo el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, para que, confortados con su virtud, fuesen sus testigos hasta los confines de la tierra ante las gentes, los pueblos y los reyes (cf.<i> Act<\/i> 1, 8; 2, 1 ss.; 9, 15). Este encargo que el Se&ntilde;or confi&oacute; a los Pastores de su pueblo es un verdadero servici&oacute;, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad &#8216;diacon&iacute;a&#8217;, o sea, ministerio (cf.<i> Act<\/i> 1, 17 y 25; 21, 19;<i> Rom<\/i> 11, 13;<i> 1 Tim<\/i> 1, 12)&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 24).<\/p>\n<p>3. Deb&eacute;is ser, queridos hermanos, confesores de la fe, testigos de la fe, maestros de la fe.<i> Deb&eacute;is ser los hombres de la fe.<\/i> Contemplad este maravilloso acontecimiento que la solemnidad de hoy presenta a los ojos de nuestra alma.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, despu&eacute;s de la venida del Esp&iacute;ritu Santo, se realiz&oacute; en la comunidad de la Iglesia primitiva un gran cambio. El protagonista de este cambio fue<i> Pablo de Tarso.<\/i> Escuchemos c&oacute;mo habla en la liturgia de hoy: &quot;Se me dio a conocer por revelaci&oacute;n el misterio&#8230;: que tambi&eacute;n los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y part&iacute;cipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio&quot; (<i>Ef<\/i> 3, 3. 6).<\/p>\n<p><i>Este misterio,<\/i>&nbsp;en virtud del cual Pablo, y luego los otros Ap&oacute;stoles, llevaron la luz del Evangelio m&aacute;s all&aacute; de las fronteras del Pueblo de la Antigua Alianza, este misterio<i> se anuncia ya hoy. <\/i>Ya en el momento del nacimiento del Mes&iacute;as: en su pesebre de Bel&eacute;n, en la coparticipaci&oacute;n de la promesa que El ha venido a realizar, son llamados con la luz de la estrella y con la luz de la fe tres hombres que provienen de fuera de Israel.<\/p>\n<p>Estos tres hombres hablan de todos aquellos que deben seguir la misma luz mesi&aacute;nica, tanto de Oriente como de Occidente, tanto del Norte como del Sur, para encontrar juntamente &quot;con Abraham, Isaac y Jacob&quot; la promesa del Dios viviente.<\/p>\n<p>Esta<i> promesa se realiza<\/i> hoy ante los ojos de los Magos, tal como se realiz&oacute; en la noche del nacimiento de Dios ante los ojos de los pastores, cerca de Bel&eacute;n.<\/p>\n<p>&iexcl;Oh, cu&aacute;nto nos dicen hoy las palabras del Profeta, que interpela a Jerusal&eacute;n: &quot;Levanta la vista en torno, mira&#8230; tu coraz&oacute;n se asombrar&aacute;, se ensanchar&aacute;&quot; (<i>Is<\/i> 60, 4-5).<\/p>\n<p>4.&nbsp;Queridos hijos y amados hermanos:<\/p>\n<p>Deb&eacute;is convertiros en testigos singulares de la alegr&iacute;a que siente hoy la Jerusal&eacute;n del Se&ntilde;or &iexcl;Deben<i> palpitar y dilatarse vuestros corazones<\/i> ante el misterio que contempl&aacute;is! &iexcl;Ante la luz a la que deb&eacute;is servir!<\/p>\n<p>&iexcl;Qu&eacute; grande es la fe de los Magos! &iexcl;Qu&eacute; seguros est&aacute;n de la luz que el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or encendi&oacute; en sus corazones! Con cu&aacute;nta tenacidad la siguen. Con cu&aacute;nta coherencia buscan al Mes&iacute;as reci&eacute;n nacido. Y cuando finalmente llegaron a la meta, &quot;&#8230;se llenaron de inmensa alegr&iacute;a. Entraron en la casa, vieron al Ni&ntilde;o con Mar&iacute;a, su Madre, y,<i> cayendo de rodillas, lo adoraron;<\/i> despu&eacute;s, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro. incienso y mirra&quot;<i> (Mt<\/i> 2, 10-11).<\/p>\n<p>La luz de la fe les permiti&oacute; escrutar todas las inc&oacute;gnitas. Los caminos inc&oacute;gnitos. las circunstancias inc&oacute;gnitas. Como cuando se hallaron ante el reci&eacute;n Nacido, un reci&eacute;n nacido humano que no ten&iacute;a casa. Ellos se dieron cuenta de la miseria del lugar. &iexcl;Qu&eacute; contraste con su posici&oacute;n de hombres instruidos y socialmente influyentes! Y, sin embargo, &quot;cayendo de rodillas, lo adoraron&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 2, 11).<\/p>\n<p>Si este Ni&ntilde;o, Cristo, hubiese podido hablar entonces, tal como habl&oacute; despu&eacute;s muchas veces, les deber&iacute;a haber dicho: &iexcl;Hombres, qu&eacute; grande es vuestra fe! Palabras semejantes a las que una vez, m&aacute;s tarde, escuch&oacute; la mujer cananea: &quot;&iexcl;Grande es tu fe!&quot; (cf.<i> Mt<\/i> 15, 28).<\/p>\n<p>5.&nbsp;Queridos hermanos: Dentro de poco, tambi&eacute;n vosotros os inclinar&eacute;is profundamente, y os<i> postrar&eacute;is,<\/i> y tendidos sobre el pavimento de esta bas&iacute;lica, preparar&eacute;is vuestros corazones para la nueva venida del Esp&iacute;ritu Santo, para recibir sus dones divinos. Son<i> los mismos dones <\/i>que iluminaron y robustecieron a los Magos en el camino de Bel&eacute;n, en el encuentro con el reci&eacute;n Nacido y, luego, en el camino de retorno y en toda su vida.<\/p>\n<p>A estos dones divinos ellos respondieron con un don: el oro, el incienso y la mirra, realidades que tienen tambi&eacute;n &nbsp;su significado simb&oacute;lico. Teniendo presente ese significado, ofreced hoy vuestros dones, a vosotros mismos en don, y estad dispuestos a ofrecer, durante toda vuestra vida el amor, la oraci&oacute;n, el sufrimiento.<\/p>\n<p>Y luego,<i> levantaos, dirig&iacute;os por el camino<\/i> por el que os conducir&aacute; el Se&ntilde;or, gui&aacute;ndoos por las sendas de vuestra misi&oacute;n y de vuestro ministerio.<\/p>\n<p>&iexcl;Levantaos, robusteceos en la fe! Como testigos del ministerio de Dios. Como siervos del Evangelio y dispensadores de la potencia de Cristo.<i> Y caminad a la luz de la Epifan&iacute;a,<\/i> guiando a los otros a la fe y fortificando en la fe a todos los que encontr&eacute;is.<\/p>\n<p>Que os acompa&ntilde;e siempre la sabidur&iacute;a, la humildad y la valent&iacute;a de los Magos de Oriente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR&nbsp; ORDENACI&Oacute;N DE 11 NUEVOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Martes 6 de enero de 1981 &nbsp; 1. &quot;Lev&aacute;ntate, brilla, Jerusal&eacute;n, que llega tu luz; la gloria del Se&ntilde;or amanece sobre ti!&quot; (Is 60, 1). 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