{"id":39777,"date":"2016-10-05T23:01:05","date_gmt":"2016-10-06T04:01:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-1981-santa-misa-para-la-xiv-jornada-mundial-de-la-paz\/"},"modified":"2016-10-05T23:01:05","modified_gmt":"2016-10-06T04:01:05","slug":"1-de-enero-de-1981-santa-misa-para-la-xiv-jornada-mundial-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-1981-santa-misa-para-la-xiv-jornada-mundial-de-la-paz\/","title":{"rendered":"1 de enero de 1981, Santa Misa para la XIV Jornada Mundial de la Paz"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS<br \/> XIV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Jueves 1 de enero de 1981<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &quot;&#8230;al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer&#8230;&quot;. Son palabras de San Pablo, tomadas de la liturgia de hoy<i> (G&aacute;l<\/i> 4, 4).<\/p>\n<p><i>&quot;La plenitud de los tiempos&#8230;&quot;.<\/i><\/p>\n<p>Estas palabras tienen hoy una particular elocuencia, puesto que nos es dado pronunciar por primera vez la nueva fecha, esto es, el nombre del nuevo a&ntilde;o solar: 1981. As&iacute; sucede cada a&ntilde;o el primer d&iacute;a de enero. Pasan los a&ntilde;os, cambian las fechas, transcurre el tiempo. Con el tiempo pasa tambi&eacute;n toda la naturaleza, naciendo, desarroll&aacute;ndose, muriendo. Y pasa tambi&eacute;n<i> el hombre<\/i>; pero &eacute;l pasa conscientemente. Tiene<i> la conciencia de su pasar, la conciencia del tiempo.<\/i> Con el metro del tiempo mide la historia del mundo y, sobre todo, la propia historia. No s&oacute;lo los a&ntilde;os, los decenios, los siglos, los milenios, sino tambi&eacute;n los d&iacute;as, las horas, los minutos, los segundos.<\/p>\n<p>La liturgia de hoy nos dice con las palabras de San Pablo que el tiempo, que es el metro del pasar de los seres humanos en el mundo, est&aacute; sometido tambi&eacute;n a otra medida, es decir,<i> a la medida de la plenitud, que proviene de Dios:<\/i> la plenitud del tiempo. Efectivamente, en el tiempo \u2014en el tiempo humano, terreno\u2014, Dios lleva a cumplimiento su proyecto eterno de amor. Mediante el amor de Dios,<i> el tiempo <\/i>est&aacute; sometido a la<i> eternidad<\/i> y al<i> Verbo.<\/i><\/p>\n<p>El Verbo se hizo carne&#8230; en el tiempo.<\/p>\n<p>Los a&ntilde;os que pasan, que terminan el 31 de diciembre y comienzan de nuevo el 1 de enero, pasan en realidad confront&aacute;ndose con esa plenitud, que proviene de Dios. Pasan frente a la eternidad y al Verbo. Cada a&ntilde;o del calendario humano lleva, juntamente con el tiempo, una peque&ntilde;a parte del &quot;Kair&oacute;s&quot; divino. Cada uno comienza, dura y transcurre en relaci&oacute;n<i> a esa plenitud del tiempo que viene de Dios.<\/i><\/p>\n<p>Es preciso darse cuenta de esto, de modo particular hoy, que es el primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Qu&eacute; fuerte y espl&eacute;ndidamente se capta esta realidad, cuando nos damos cuenta de que este primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo<i> es,<\/i> al mismo tiempo,<i> el d&iacute;a de la octava de Navidad.<\/i> El a&ntilde;o nuevo nace en el esplendor del misterio en el que se ha revelado la &quot;plenitud del tiempo&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Dios envi&oacute; a su Hijo, nacido de mujer&quot;.<\/p>\n<p>Y&nbsp;precisamente hacia esa Mujer, hacia la Madre del Hijo de Dios, hacia la Theotokos se dirigen hoy, al comienzo del a&ntilde;o nuevo, de modo especial, el pensamiento y el coraz&oacute;n de la Iglesia. Mar&iacute;a est&aacute; presente durante toda la octava; sin embargo, la Iglesia desea venerarla particularmente hoy, con un d&iacute;a dedicado totalmente a Ella:<i> la solemnidad de Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios.<\/i><\/p>\n<p>A ella, pues, a la Maternidad admirable de la Virgen de Nazaret, ligada a la &quot;plenitud de los tiempos&quot;, nos dirigimos mediante este comienzo del a&ntilde;o, que coincide con el d&iacute;a de hoy.<\/p>\n<p>Y&nbsp;recordamos que es el comienzo del a&ntilde;o del Se&ntilde;or 1981, durante el cual resonar&aacute;n con eco lejano en los siglos las fechas conmemorativas de los dos importantes Concilios de los primeros tiempos de la Iglesia, que permaneci&oacute; una y &uacute;nica, a pesar de las primeras grandes herej&iacute;as que surgieron. Efectivamente, en el a&ntilde;o 381 tuvo lugar el <i>primer Concilio de Constantinopla,<\/i> que, despu&eacute;s del Concilio de Nicea, fue el segundo Concilio Ecum&eacute;nico de la Iglesia y al cual debemos el &quot;Credo&quot; que se recita constantemente en la liturgia. Una herencia particular de aquel Concilio es la doctrina<i> sobre el Esp&iacute;ritu Santo<\/i> proclamada as&iacute; en la liturgia latina: Credo in Spiritum Sanctum Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit -\u2014(la formulaci&oacute;n de la teolog&iacute;a oriental, en cambio, dice: qui a Patre per Filium procedit)\u2014. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur qui locutus est per prophetas.<\/p>\n<p>Y, luego,<i> el a&ntilde;o 431<\/i> (hace 1550 a&ntilde;os), se celebr&oacute; el<i> Concilio de Efeso,<\/i> que confirm&oacute;, con inmensa alegr&iacute;a de los participantes, la fe de la Iglesia en la Maternidad Divina de Mar&iacute;a. Aquel que &quot;naci&oacute; de Mar&iacute;a Virgen&quot;, como hombre, es, al mismo tiempo, el verdadero Hijo de Dios, &quot;de la misma naturaleza que el Padre&quot;. Aquella, de la cual &quot;fue concebido por obra del Esp&iacute;ritu Santo&quot; y que lo trajo al mundo la noche de Bel&eacute;n, es verdadera Madre de Dios:<i> Theotokos.<\/i><\/p>\n<p>Basta recitar con atenci&oacute;n las palabras de nuestro Credo, para darse cuenta de cu&aacute;n profundamente estos dos Concilios, que recordaremos en el curso del a&ntilde;o 1981, est&aacute;n org&aacute;nicamente ligados el uno al otro<i> con la profundidad del misterio divino y humano.<\/i> Sobre este misterio se construye la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>3.&nbsp;El primer d&iacute;a del a&ntilde;o deseamos leer de nuevo en la profundidad de ese misterio el mensaje de la paz, que, de una vez para siempre, se revel&oacute; en la noche de Bel&eacute;n:<i> &iexcl;Paz a los hombres de buena voluntad! &iexcl;Paz en la tierra!,<\/i> he aqu&iacute; lo que el misterio del nacimiento de Dios quiere decirnos cada a&ntilde;o y lo que la Iglesia pone de relieve tambi&eacute;n hoy, primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo.<\/p>\n<p>&quot;Dios envi&oacute; a su Hijo, nacido de mujer&#8230;&quot; para que nosotros podamos recibir la filiaci&oacute;n adoptiva.<\/p>\n<p>&quot;Como sois hijos, Dios envi&oacute; a vuestros corazones al Esp&iacute;ritu de su Hijo, que clama: &iexcl;Abb&aacute;! (Padre). As&iacute; que ya no eres esclavo, sino hijo&#8230;&quot; (<i>G&aacute;l<\/i> 4, 6-7).<\/p>\n<p>Toda la humanidad desea ardientemente la paz y ve la guerra como el peligro m&aacute;s grande en su existencia terrena. La Iglesia se halla totalmente presente en estos deseos y, al mismo tiempo, en los miedos y en las preocupaciones que agobian a todos los hombres, manifestando estos sentimientos, de modo particular, el primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es la paz? &iquest;Qu&eacute; puede ser la paz en la tierra, la paz<i> entre los hombres y los pueblos,<\/i> sino<i> el fruto de la fraternidad,<\/i> que se manifieste m&aacute;s fuerte que lo que divide y contrapone rec&iacute;procamente a los hombres? De esta fraternidad habla precisamente San Pablo, cuando escribe a los G&aacute;latas: &quot;Vosotros sois hijos&quot;. Y<i> si hijos<\/i> \u2014los hijos de Dios en Cristo\u2014 entonces, tambi&eacute;n <i>hermanos.<\/i><\/p>\n<p>Y a continuaci&oacute;n escribe: &quot;As&iacute; que ya no eres esclavo, sino hijo&quot;. En este contexto se inserta el tema del <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19801208_xiv-world-day-for-peace.html\">mensaje elegido para la Jornada de la Paz del primero de enero de 1981<\/a>. Dice:<i> &quot;Para servir a la paz, respeta la libertad&quot;.<\/i><\/p>\n<p>4. &iexcl;S&iacute;! Debemos apelar a la fraternidad, queridos hermanos y hermanas, si queremos superar los monstruosos<i> mecanismos<\/i> que, en la vida y en el desarrollo de las potencias del mundo contempor&aacute;neo,<i> trabajan en favor de la guerra.<\/i><\/p>\n<p>Es necesario que nosotros consideremos a la humanidad como una &uacute;nica gran familia, en la cual todas las clases de personas deben ser reconocidas y acogidas como hermanos. En los umbrales de un nuevo a&ntilde;o, dirijamos de modo especial maestro pensamiento y nuestra solicitud a aquellos, entre estos hermanos, que se hallan en particulares situaciones de necesidad y esperan que los ingentes recursos, destinados a construir instrumentos de rec&iacute;proca destrucci&oacute;n, sean empleados, en cambio, para las urgentes obras de socorro y de mejoramiento de las condiciones de vida.<\/p>\n<p>5. Como es sabido, el 1981 ha sido proclamado por la ONU &quot;A&ntilde;o Internacional de los minusv&aacute;lidos&quot;. Se trata de millones de personas que tienen enfermedades cong&eacute;nitas, enfermedades cr&oacute;nicas, o que est&aacute;n afectadas por varias formas de deficiencia mental o debilidades sensoriales; estas personas en el curso del a&ntilde;o interpelar&aacute;n de manera m&aacute;s aguda a nuestra conciencia humana y cristiana. Seg&uacute;n recientes estad&iacute;sticas, su n&uacute;mero asciende a m&aacute;s de 400 millones. Tambi&eacute;n ellos son hermanos nuestros. Es necesario que su dignidad humana y sus derechos inalienables reciban pleno y efectivo reconocimiento durante todo el arco de su existencia.<\/p>\n<p>En el pasado noviembre, durante la reuni&oacute;n de un grupo de trabajo, la Pontificia Academia de las Ciencias, en su constante obra al servicio de la humanidad mediante la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, ha profundizado en el estudio de una clase especial de minusv&aacute;lidos, los mentales. La debilidad mental, que afecta a casi al tres por ciento de la poblaci&oacute;n mundial, debe ser tenida en consideraci&oacute;n especial, porque constituye el m&aacute;s grave obst&aacute;culo para la realizaci&oacute;n del hombre. La relaci&oacute;n del mencionado grupo de trabajo ha puesto de relieve la posibilidad de cuidados preventivos de las causas de la debilidad mental, mediante oportunas terapias. La ciencia y la medicina ofrecen, pues, un mensaje de esperanza y, al mismo tiempo, de empe&ntilde;o para toda la humanidad. Si s&oacute;lo una parte del &quot;budget&quot; para la carrera de armamentos fuese destinado a este objetivo, se podr&iacute;an conseguir &eacute;xitos importantes y aliviar la suerte de numerosas personas que sufren.<\/p>\n<p>Al comienzo de este a&ntilde;o deseo confiar todas las personas minusv&aacute;lidas a la materna protecci&oacute;n de Mar&iacute;a. En la Pascua de 1971, 4.000 minusv&aacute;lidos mentales, divididos en peque&ntilde;os grupos acompa&ntilde;ados por familiares y educadores, fueron en peregrinaci&oacute;n a Lourdes y vivieron d&iacute;as de paz y de serenidad juntamente con los otros peregrinos. Deseo de coraz&oacute;n que, bajo la mirada materna de Mar&iacute;a, se multipliquen las experiencias de solidaridad humana y cristiana, en una fraternidad renovada que una a los d&eacute;biles y a los fuertes en el camino com&uacute;n de la vocaci&oacute;n divina de la persona humana.<\/p>\n<p>6. Al pensar, en los umbrales de este nuevo a&ntilde;o, sobre las m&aacute;s graves necesidades de la humanidad, quisiera llamar tambi&eacute;n la atenci&oacute;n sobre esa parte de la familia humana que se encuentra en extrema necesidad a causa de la situaci&oacute;n alimentaria. El hambre y la mal nutrici&oacute;n constituyen hoy, efectivamente, un problema dram&aacute;tico de supervivencia para millones de seres humanos, especialmente de ni&ntilde;os en amplias zonas de nuestro globo. Mi pensamiento se dirige particularmente a algunas extensas regiones de &Aacute;frica afectadas por la sequ&iacute;a, como el Sahel, y de Asia, damnificadas por calamidades naturales o que deben afrontar una considerable afluencia de refugiados.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n una relaci&oacute;n de la FAO, al menos 26 pa&iacute;ses africanos han tenido &uacute;ltimamente cosechas inferiores a las del pasado. En algunas partes de ese continente persiste el hambre y se registran carest&iacute;as peri&oacute;dicas, que causan no pocas v&iacute;ctimas. Seg&uacute;n los c&aacute;lculos de expertos, las reservas mundiales de cereales disminuir&aacute;n por tercer a&ntilde;o consecutivo si continua la tendencia actual. Hago votos de coraz&oacute;n a fin de que todos los responsables, todas las organizaciones y todos los hombres de buena voluntad den su aportaci&oacute;n para la realizaci&oacute;n de medidas que permitan un socorro m&aacute;s efectivo a los hermanos que se encuentran en la indigencia y, a la vez, se cree un sistema m&aacute;s eficaz de seguridad alimentaria. La palabra de Cristo &quot;Tuve hambre y me disteis de comer&quot;, es una llamada, urgente y particularmente actual, a nuestras responsabilidades.<\/p>\n<p>Son penetrantes las palabras de San Pablo de la liturgia de hoy. Es necesario qu&eacute; la vida de la gran familia humana en todo el mundo se transforme bajo el signo de la fraternidad universal de los hombres. Efectivamente, somos hijos de Dios: Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp&iacute;ritu de su Hijo que clama: Abb&aacute;, Padre. Por lo tanto: &iexcl;ninguno es esclavo, sino hijo!<\/p>\n<p>7. Durante el a&ntilde;o que acaba de terminar se ha recordado de modo particular la<i> figura de San Benito,<\/i> como Patrono de Europa, en relaci&oacute;n con el 1.500 aniversario de su nacimiento.<\/p>\n<p>Al meditar sobre el desarrollo de los acontecimientos m&aacute;s antiguos y sobre los contempor&aacute;neos, <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_31121980_egregiae-virtutis.html\">ha parecido justo proclamar Copatronos de Europa<\/a>, al final del a&ntilde;o,<i> a los Santos Cirilo y Metodio,<\/i> que representan otro gran componente en la misi&oacute;n cristiana y en la obra de la econom&iacute;a de la salvaci&oacute;n en nuestro continente. Es la parte ligada a la heredad de la Grecia antigua y del Patriarcado de Constantinopla, desde donde estos dos hermanos fueron enviados en misi&oacute;n a los pueblos de Europa Meridional y Oriental, precisamente a los eslavos. En efecto,<i> Europa se hizo cristiana<\/i> bajo la acci&oacute;n de estos dos componentes.<\/p>\n<p>Nos ha parecido, pues, que, particularmente al final del a&ntilde;o en el que se ha entablado el<i> di&aacute;logo<\/i> teol&oacute;gico definitivo<i> entre la Iglesia cat&oacute;lica<\/i> y<i> toda la ortodoxia,<\/i> tiene una gran elocuencia el haber puesto de relieve la misi&oacute;n de los Santos Cirilo y Metodio. Es la elocuencia de la reconciliaci&oacute;n y de la paz, que en todos los caminos de la humanidad debe demostrarse m&aacute;s potente que las fuerzas de la divisi&oacute;n y de la amenaza rec&iacute;proca.<\/p>\n<p>8. Termino citando una vez m&aacute;s las palabras de la liturgia de hoy:<\/p>\n<p>&quot;El Se&ntilde;or tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros: <i> conozca<\/i> la tierra<i> tus caminos,<\/i> todos los pueblos tu salvaci&oacute;n. El Se&ntilde;or tenga piedad y nos bendiga&quot; (Salmo responsorial).<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Al final de la Misa<\/b><\/p>\n<p>Antes de impartir la bendici&oacute;n, quiero expresar mi vivo aprecio y agradecimiento a los<i> &quot;Pueri cantores<\/i>&quot; procedentes de numerosos pa&iacute;ses, que han puesto una nota particular de alegr&iacute;a y entusiasmo en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica a trav&eacute;s de sus voces C&aacute;ndidas.<\/p>\n<p>A todos los miembros de la Federaci&oacute;n internacional de los<i> &quot;Pueri cantores&quot;<\/i> y a sus responsables y acompa&ntilde;antes, expreso mi gozo, afecto y gratitud por su bell&iacute;sima participaci&oacute;n en esta Misa del 1 de enero, celebrada por la paz.<\/p>\n<p>Queridos peque&ntilde;os cantores y todos los que educ&aacute;is sus bonitas voces y su amor al Se&ntilde;or: Proseguid con ardor la obra magn&iacute;fica que desarroll&aacute;is en las catedrales e iglesias de las ciudades y el campo. Ayudad cada vez mejor al Pueblo de Dios a crecer en la fe, abrirse a la esperanza y avanzar por los caminos de la caridad y la paz. &iexcl;Tambi&eacute;n vosotros constru&iacute;s la Iglesia!<\/p>\n<p>Al manifestar mi agradecimiento especial a los j&oacute;venes cantores aqu&iacute; presentes hoy, env&iacute;o por medio de ellos un saludo a sus padres, hermanos y hermanas y a todos sus amigos. Que la paz y el gozo de Jesucristo Nuestro Se&ntilde;or y Salvador est&eacute; siempre en vuestros corazones.<\/p>\n<p>Agradezco vivamente a los ni&ntilde;os cantores su participaci&oacute;n en este acto, en el que nos han alegrado con sus bonitas melod&iacute;as.<\/p>\n<p>Que el Se&ntilde;or os bendiga, queridos ni&ntilde;os, y os aliente en vuestra vida cristiana y en la hermosa tarea de alabanza al Creador. Muchas gracias.<\/p>\n<p>Mis queridos j&oacute;venes cantores: Os doy las gracias por vuestros cantos en esta bas&iacute;lica de San Pedro, por los de ahora, y tambi&eacute;n por vuestros cantos de a&ntilde;os pasados y, como esperamos, tambi&eacute;n de los futuros. Que vuestro servicio para gloria de Dios y elevaci&oacute;n del hombre se convierta en oraci&oacute;n tambi&eacute;n por vuestra parte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1981 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS XIV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Jueves 1 de enero de 1981 &nbsp; 1. &quot;&#8230;al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer&#8230;&quot;. 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