{"id":39780,"date":"2016-10-05T23:01:31","date_gmt":"2016-10-06T04:01:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-noviembre-de-1982-misa-en-santiago-de-compostela\/"},"modified":"2016-10-05T23:01:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:01:31","slug":"9-de-noviembre-de-1982-misa-en-santiago-de-compostela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-noviembre-de-1982-misa-en-santiago-de-compostela\/","title":{"rendered":"9 de noviembre de 1982, Misa en Santiago de Compostela"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DEL PEREGRINO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<\/b><\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Santiago de Compostela, 9 de noviembre de 1982<\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos en el Episcopado, <br \/>queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Llego hoy a la &uacute;ltima etapa de mi viaje por tierras de Espa&ntilde;a, precisamente en el lugar que los antiguos llamaban \u201cFinis terrae\u201d y que ahora es una ventana abierta hacia las nuevas tierras, tambi&eacute;n cristianas, que est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; del Atl&aacute;ntico.<\/p>\n<p align=\"left\">He pasado ya por diversas Iglesias locales, diseminadas por la espl&eacute;ndida geograf&iacute;a de este querido pa&iacute;s. He visitado tambi&eacute;n algunos santuarios, y en este momento me encuentro cerca de uno de los lugares sagrados m&aacute;s c&eacute;lebres en la historia, famoso en el mundo entero: la catedral bas&iacute;lica que encierra la tumba de Santiago, el Ap&oacute;stol que \u2014seg&uacute;n la tradici&oacute;n\u2014 fue el evangelizador de Espa&ntilde;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta hermosa ciudad, Compostela, ha sido durante siglos la meta de un camino, trazado sobre la tierra de Europa por las pisadas de los peregrinos que, para no extraviarse, miraban los signos estelares del firmamento. Peregrino soy yo tambi&eacute;n. Peregrino-mensajero que quiere recorrer el mundo, para cumplir el mandato que Cristo dio a sus Ap&oacute;stoles, cuando los envi&oacute; a evangelizar a todos los hombres y a todos los pueblos. Peregrino tra&iacute;do a Espa&ntilde;a por Teresa de Jes&uacute;s, he admirado los frutos de la tarea evangelizadora que tantos miles de disc&iacute;pulos de Cristo han realizado a lo largo de veinte siglos de historia cristiana. Peregrino que ha recorrido las benditas tierras hispanas, sembrando a manos llenas la palabra del Evangelio, la fe y la esperanza.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora estoy con vosotros, queridos hermanos y hermanas, venidos de todas las di&oacute;cesis de Galicia y de tantas partes de Espa&ntilde;a. En esta Misa del peregrino, el Obispo de Roma os saluda a todos con afecto eclesial: a vuestros prelados y a todos los participantes. Me alegra veros aqu&iacute; tan numerosos y saber que durante todo el A&ntilde;o Santo Compostelano, diversos millones de peregrinos \u2014m&aacute;s que en los precedentes A&ntilde;os Santos\u2014 han venido a Santiago en busca de perd&oacute;n y de encuentro con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Vamos a celebrar la Eucarist&iacute;a: el culmen y centro de nuestra vida cristiana, la meta a la que nos lleva la ruta de la penitencia, de la conversi&oacute;n, de la b&uacute;squeda incesante del Se&ntilde;or, actitud propia del cristiano, que siempre debe estar en camino hacia El.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Depositada en el mausoleo de vuestra catedral, guard&aacute;is la memoria de un amigo de Jes&uacute;s, de uno de los disc&iacute;pulos predilectos del Se&ntilde;or, el primero de los Ap&oacute;stoles que con su sangre dio testimonio del Evangelio: Santiago el Mayor, el hijo de Zebedeo.<\/p>\n<p align=\"left\">Los representantes del Sinedrio pretendieron imponer la ley del silencio a Pedro y a los Ap&oacute;stoles que \u201catestiguaban con gran poder la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, y gozaban todos ellos de gran favor\u201d (<i>Act.<\/i> 4,33); \u201cos hemos ordenado\u2014 les dijeron\u2014 que no ense&ntilde;&eacute;is sobre este nombre, y hab&eacute;is llenado Jerusal&eacute;n de vuestra doctrina y quer&eacute;is traer sobre nosotros la sangre de ese hombre\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>. 5, 28).<\/p>\n<p align=\"left\">Pero Pedro y los Ap&oacute;stoles respondieron: \u201cHay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucit&oacute; a Jes&uacute;s, a quien vosotros hab&eacute;is dado muerte suspendi&eacute;ndole de un madero. Pues a &eacute;se le ha levantado Dios a su diestra por Pr&iacute;ncipe y Salvador, para dar a Israel penitencia y la remisi&oacute;n de los pecados. Nosotros somos testigos de esto, y lo es tambi&eacute;n el Esp&iacute;ritu Santo, que Dios otorg&oacute; a los que le obedecen\u201d(<i>Ibid<\/i>. 5, 29-32).<\/p>\n<p align=\"left\">La misi&oacute;n de la Iglesia comenz&oacute; a realizarse precisamente gracias al hecho de que los Ap&oacute;stoles, llenos del Esp&iacute;ritu Santo recibido en el Cen&aacute;culo el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, obedecieron a Dios antes que a los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta obediencia la pagaron con el sufrimiento, con la sangre, con la muerte. La furia de los jerarcas del Sinedrio de Jerusal&eacute;n se estrell&oacute; con una decisi&oacute;n inquebrantable, la decisi&oacute;n que a Santiago el Mayor le llev&oacute; al martirio, cuando Herodes\u2014 como nos dicen los Hechos de los Ap&oacute;stoles\u2014 \u201cech&oacute; mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Y dio muerte a Santiago, hermano de Juan, por la espada\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">El fue el primero de los Ap&oacute;stoles que sufri&oacute; el martirio. El Ap&oacute;stol que desde hace siglos es venerado por toda Espa&ntilde;a, Europa y la Iglesia entera, aqu&iacute; en Compostela.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Santiago era hermano de Juan Evangelista. Y &eacute;stos fueron los dos disc&iacute;pulos a quienes\u2014 en uno de los di&aacute;logos m&aacute;s impresionantes que registra el Evangelio\u2014 Jes&uacute;s hizo aquella famosa pregunta: \u201c&iquest;Pod&eacute;is beber el c&aacute;liz que yo tengo que beber? Y ellos respondieron: Podemos\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">Era la palabra de la disponibilidad, de la valent&iacute;a; una actitud muy propia de los j&oacute;venes, pero no s&oacute;lo de ellos, sino de todos los cristianos, y en particular de quienes aceptan ser ap&oacute;stoles del Evangelio. La generosa respuesta de los dos disc&iacute;pulos fue aceptada por Jes&uacute;s. El les dijo: \u201cMi c&aacute;liz lo beber&eacute;is\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras se cumplieron en Santiago, hijo de Zebedeo, que con su sangre dio testimonio de la resurrecci&oacute;n de Cristo en Jerusal&eacute;n. Jes&uacute;s hab&iacute;a hecho la pregunta sobre el c&aacute;liz que hab&iacute;an de beber los dos hermanos, cuando la madre de ellos, seg&uacute;n hemos le&iacute;do en el Evangelio, se acerc&oacute; al Maestro, para pedirle un puesto de especial categor&iacute;a para ambos en el Reino. Pero Cristo, tras constatar su disponibilidad a beber el c&aacute;liz, les dijo: \u201cBeber&eacute;is mi c&aacute;liz; pero el sentarse a mi diestra o a mi siniestra no me toca a m&iacute; otorgarlo; es para aquellos para quienes est&aacute; dispuesto por mi Padre\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">La disputa para conseguir el primer puesto en el futuro reino de Cristo, que su comitiva se imaginaba de un modo demasiado humano, suscit&oacute; la indignaci&oacute;n de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles. Fue entonces cuando Jes&uacute;s aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n para explicar a todos que la vocaci&oacute;n a su reino no es una vocaci&oacute;n al poder sino al servicio, \u201cas&iacute; como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">En la Iglesia, la evangelizaci&oacute;n, el apostolado, el ministerio, el sacerdocio, el episcopado, el papado, son servicio. El Concilio Vaticano II, bajo cuya luz camina el Pueblo de Dios en esta recta final del siglo XX, nos ha explicado magn&iacute;ficamente, en varios de sus documentos, c&oacute;mo se sirve, c&oacute;mo se trabaja y c&oacute;mo se sufre por la causa del Evangelio. Se trata de servir al hombre de nuestro tiempo como le sirvi&oacute; Cristo, como le sirvieron los Ap&oacute;stoles. Santiago el Mayor cumpli&oacute; su vocaci&oacute;n de servicio en el reino instaurado por el Se&ntilde;or, dando, como el Divino Maestro, \u201cla vida en rescate por muchos\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Aqu&iacute;, en Compostela, tenemos el testimonio de ello. Un testimonio de fe que, a lo largo de los siglos, enteras generaciones de peregrinos han querido como \u201ctocar\u201d con sus propias manos o \u201cbesar\u201d con sus labios, viniendo para ello hasta la catedral de Santiago desde los pa&iacute;ses europeos y desde Oriente. Los Papas impulsaron por su parte este peregrinaje, que tambi&eacute;n ten&iacute;a como metas Roma y Jerusal&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">El sentido, el estilo peregrinante es algo profundamente enraizado en la visi&oacute;n cristiana de la vida y de la Iglesia. El camino de Santiago cre&oacute; una vigorosa corriente espiritual y cultural de fecundo intercambio entre los pueblos de Europa. Pero lo que realmente buscaban los peregrinos con su actitud humilde y penitente era ese testimonio de fe al que me he referido antes: la fe cristiana que parecen rezumar las piedras compostelanas con que est&aacute; construida la bas&iacute;lica del Santo. Esa fe cristiana y cat&oacute;lica que constituye la identidad del pueblo espa&ntilde;ol.<\/p>\n<p align=\"left\">Al final de mi visita pastoral a Espa&ntilde;a, aqu&iacute;, cerca del santuario del Ap&oacute;stol Santiago, os invito a reflexionar sobre nuestra fe, en un esfuerzo para conectar de nuevo con los or&iacute;genes apost&oacute;licos de vuestra tradici&oacute;n cristiana. En efecto, la Iglesia de Cristo, nacida en El, crece y madura hacia Cristo a trav&eacute;s de la fe transmitida por los Ap&oacute;stoles y sus sucesores. Y desde esa fe ha de afrontar las nuevas situaciones, problemas y objetivos de hoy. Viviendo la contemporaneidad eclesial en actitud de conversi&oacute;n, en servicio a la evangelizaci&oacute;n, ofreciendo a todos el di&aacute;logo de la salvaci&oacute;n, para consolidarse cada vez m&aacute;s en la verdad y en el amor.<\/p>\n<p align=\"left\">5. La fe es un tesoro que \u201cllevamos en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no parezca nuestra\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">La fe de la Iglesia tiene su origen y fundamento en el mensaje de Jes&uacute;s que los Ap&oacute;stoles extendieron por todo el mundo. Por la fe, que se manifiesta como anuncio, testimonio y doctrina, se transmite sin interrupci&oacute;n hist&oacute;rica la revelaci&oacute;n de Dios en Jesucristo a los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Los Ap&oacute;stoles, predicando el Evangelio, entablaron con los hombres de todos los pueblos un di&aacute;logo incesante que parece resonar con especiales acentos aqu&iacute;, junto al a testimonio\u201d del Ap&oacute;stol Santiago y de su martirio. De este incesante di&aacute;logo nos habla la Carta a los Corintios en el pasaje que hemos le&iacute;do hoy durante la proclamaci&oacute;n de la Palabra.<\/p>\n<p align=\"left\">Dice San Pablo y parece decirlo aqu&iacute; Santiago: \u201cLlevamos siempre en el cuerpo el suplicio mortal de Cristo, para que la vida de Jes&uacute;s se manifieste en nuestro tiempo. Mientras vivimos, estamos siempre entregados a la muerte por amor de Jes&uacute;s, para que la vida de Jes&uacute;s se manifieste tambi&eacute;n en nuestra carne mortal\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">Los peregrinos parecen responder: \u201cCre&iacute;, por eso habl&eacute;&#8230; sabiendo que quien resucit&oacute; al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, tambi&eacute;n con Jes&uacute;s nos resucitar&aacute; y nos har&aacute; estar con vosotros . . . para que la gracia difundida en muchos, acreciente la acci&oacute;n de gracias para gloria de Dios\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; perdura en Compostela el testimonio apost&oacute;lico y se realiza el di&aacute;logo de las generaciones a trav&eacute;s del cual crece la fe, la fe aut&eacute;ntica de la Iglesia, la fe en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado para ofrecernos la salvaci&oacute;n. El, rico en misericordia, es el Redentor del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Una fe que se traduce en un estilo de vida seg&uacute;n el Evangelio, es decir, un estilo de vida que refleje las bienaventuranzas, que se manifieste en el amor como clave de la existencia humana y que potencie los valores de la persona, para comprometerla en la soluci&oacute;n de los problemas humanos de nuestro tiempo.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Es la fe de los peregrinos que ven&iacute;an y siguen viniendo aqu&iacute; de toda Espa&ntilde;a y desde m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras. La fe de las generaciones pasadas que \u201cayer\u201d vinieron a Compostela, y de la generaci&oacute;n actual que contin&uacute;a viniendo tambi&eacute;n \u201choy\u201d. Con esta fe se construye la Iglesia, una, santa, cat&oacute;lica y apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, junto al Ap&oacute;stol Santiago se construye en nosotros la Iglesia del Dios viviente. Esta Iglesia profesa su fe en Dios, anuncia a Dios, adora a Dios. As&iacute; lo proclamamos en el Santo responsorial de la liturgia que estamos celebrando:<\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEl Se&ntilde;or tenga piedad y nos bendiga, \/ ilumine su rostro sobre nosotros; \/ conozca la tierra tus caminos, \/ todos los pueblos tu salvaci&oacute;n. \/ &iexcl;Oh Dios!, que te alaben los pueblos, \/ que todos los pueblos te alaben\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">Mi peregrinaci&oacute;n por tierras de Espa&ntilde;a acaba aqu&iacute;, en Santiago de Compostela. He pasado por vuestra patria predicando a Cristo Crucificado y Resucitado, difundiendo su Evangelio, actuando como \u201ctestigo de esperanza\u201d, y he encontrado por todas partes apertura generosa, correspondencia entusiasta, afecto sincero, hospitalidad afable, capacidad creadora y afanes de renovaci&oacute;n cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">Por eso, en este momento deseo proclamar y celebrar con las palabras del Salmista la gloria y alabanza del Dios vivo, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\">Sea para la \u201cmayor gloria de Dios\u201d\u2014ad maiorem Dei gloriam\u2014 todo este servicio del Obispo de Roma peregrino. Con tal esp&iacute;ritu lo comenc&eacute; y os ruego que as&iacute; lo recib&aacute;is.<\/p>\n<p align=\"left\">En este lugar de Compostela, meta a la que han peregrinado durante siglos tantos hombres y pueblos, deseo, junto con vosotros, hijos e hijas de la Espa&ntilde;a cat&oacute;lica, invitar a todas las naciones de Europa y del mundo\u2014 a los pueblos y hombres de toda la tierra\u2014 a la adoraci&oacute;n y alabanza del Dios vivo, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\">\u201c&iexcl;Oh Dios!, que te alaben los pueblos, \/ que todos los pueblos te alaben\u201d. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1982 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A MISA DEL PEREGRINO HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II Santiago de Compostela, 9 de noviembre de 1982 &nbsp; Queridos hermanos en el Episcopado, queridos hermanos y hermanas: 1. 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