{"id":39815,"date":"2016-10-05T23:04:13","date_gmt":"2016-10-06T04:04:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1983-santa-misa-en-la-gruta-de-las-apariciones-de-lourdes-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria\/"},"modified":"2016-10-05T23:04:13","modified_gmt":"2016-10-06T04:04:13","slug":"15-de-agosto-de-1983-santa-misa-en-la-gruta-de-las-apariciones-de-lourdes-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1983-santa-misa-en-la-gruta-de-las-apariciones-de-lourdes-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 1983, Santa misa en la Gruta de las apariciones de Lourdes en la solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1983\/trav_lourdes.html\">PEREGRINACI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA A LOURDES<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA GRUTA DE LAS APARICIONES<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a<br \/>Lourdes<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\">, 15 de agosto de 1983<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>1. &laquo;Apareci&oacute; <i>una figura portentosa <\/i>en el cielo: una mujer vestida de sol&raquo; (Ap 12,1). <\/p>\n<p>Hoy hemos venido en peregrinaci&oacute;n hacia esta figura. Es la solemnidad de la Asunci&oacute;n Mar&iacute;a al cielo: he aqu&iacute; que el signo alcanza su plenitud. Una mujer vestida <i>del sol de la inescrutable divinidad. <\/i>El sol de la <i>impenetrable Trinidad. <\/i>&laquo;Llena de gracia&raquo;: est&aacute; llena del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, que se dan a Ella como &uacute;nico Dios, el Dios de la creaci&oacute;n y de la <i>revelaci&oacute;n, <\/i>el Dios de la Alianza y de la redenci&oacute;n, el Dios del principio y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad. El Dios-Amor. El Dios-Gracia. El Dios- Santidad. <\/p>\n<p>Una mujer vestida del sol. Realizamos hoy la peregrinaci&oacute;n hacia este signo. Es el <i>signo de la Asunci&oacute;n al cielo, <\/i>que se realiza sobre la tierra, y al mismo tiempo se <i>eleva <\/i>partiendo de la tierra. Desde esta tierra en la cual se ha insertado el misterio de la Inmaculada Concepci&oacute;n. Hoy se encuentran estos dos misterios: la Asunci&oacute;n al cielo y la Inmaculada Concepci&oacute;n. Hoy aparece claro que ambos <i>se complementan . <\/i><\/p>\n<p>Hoy, con ocasi&oacute;n de la fiesta de la Asunci&oacute;n de la Virgen al cielo, venimos en peregrinaci&oacute;n a Lourdes donde Mar&iacute;a dijo a Bernardita: &laquo;Yo soy la Inmaculada Concepci&oacute;n&raquo; (&laquo;Que soy era Immaculada Councepciou&raquo;). <\/p>\n<p>2. Hemos venido aqu&iacute; con motivo del Jubileo extraordinario del A&ntilde;o de la Redenci&oacute;n. Queremos vivir este <i>Jubileo junto a Mar&iacute;a. <\/i><\/p>\n<p>Lourdes es el lugar apto para una cercan&iacute;a as&iacute;. <\/p>\n<p>Aqu&iacute;, en otro tiempo, &laquo;la bella Se&ntilde;ora&raquo; hablaba con una sencilla jovencita de Lourdes, Bernardita Soubirous, recitaba con ella el rosario, le encargaba algunos mensajes. Viniendo en peregrinaci&oacute;n a Lourdes, queremos entrar de nuevo en el marco de esa extraordinaria cercan&iacute;a que, aqu&iacute;, no se ha interrumpido nunca, sino que se ha consolidado. <\/p>\n<p>Esta cercan&iacute;a de la Virgen constituye algo as&iacute; como el alma de este santuario. <\/p>\n<p>Hemos <i>venido <\/i>en peregrinaci&oacute;n a Lourdes para estar junto a Mar&iacute;a. Hemos venido en peregrinaci&oacute;n a Lourdes <i>para acercamos al misterio de la redenci&oacute;n. <\/i><\/p>\n<p>Nadie se ha inmerso como Mar&iacute;a en el coraz&oacute;n del misterio de la redenci&oacute;n. Nadie como Ella puede acercar a nosotros este misterio. Ella se encuentra en el centro mismo del misterio. Y nosotros deseamos que en el A&ntilde;o de Jubileo extraordinario lata m&aacute;s fuertemente en nuestro interior el coraz&oacute;n mismo del misterio de la redenci&oacute;n. <\/p>\n<p>Para esto precisamente hemos venido aqu&iacute;. <\/p>\n<p>Nos encontramos en Lourdes el d&iacute;a de la solemnidad de la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a al cielo, cuando la Iglesia proclama la gloria <i>de su nacimiento definitivo para el cielo. <\/i>Queremos participar en esta gloria, sobre todo mediante la liturgia. <\/p>\n<p>Y queremos al mismo tiempo \u2014mediante la gloria de su nacimiento para el cielo\u2014 venerar el momento feliz &#8230; <i>de su nacimiento en la tierra. <\/i>El A&ntilde;o de la Redenci&oacute;n 1983 lleva nuestros pensamientos y nuestros corazones hacia este momento feliz. <\/p>\n<p>3. Ante todo: el nacimiento para el cielo, la Asunci&oacute;n al cielo. Se puede decir que la liturgia nos presenta la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a al cielo bajo tres aspectos. <i>El primero <\/i>es <i>la Visitaci&oacute;n <\/i>en la casa de Zacar&iacute;as. <\/p>\n<p>Isabel dice: &laquo;&iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!&#8230;&nbsp; &iexcl;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do!, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&raquo; <i> (Lc <\/i>1, 42. 45). <\/p>\n<p>Mar&iacute;a crey&oacute; en las palabras que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or, y Mar&iacute;a acogi&oacute; al Verbo que en Ella se hizo carne y que es el fruto de sus entra&ntilde;as. <\/p>\n<p>La redenci&oacute;n del mundo se ha basado sobre la fe de Mar&iacute;a, ha estado vinculada a su &laquo;fiat&raquo; en el momento de la Anunciaci&oacute;n. Ha comenzado a realizarse por el hecho de que &laquo;el Verbo se hizo carne y habit&oacute; entre nosotros&raquo; (<i>Jn<\/i> 1, 14). <\/p>\n<p>Durante la visitaci&oacute;n de Mar&iacute;a en el umbral de la casa hospitalaria de Zacar&iacute;as y de Isabel, pronuncia una frase que se refiere al comienzo del misterio de la redenci&oacute;n. Dice: &laquo;Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;; su nombre es Santo&raquo; <i>(Lc <\/i>1, 49). <\/p>\n<p>Esta frase, tomada del contexto de la Visitaci&oacute;n, se inserta a trav&eacute;s de la liturgia de hoy, en el contexto de la Asunci&oacute;n. Todo el <i>Magnificat, <\/i>pronunciado durante la Visitaci&oacute;n, se convierte, a trav&eacute;s de la liturgia de hoy, en el <i>himno de la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a al cielo. <\/i> <\/p>\n<p>La Virgen de Nazaret pronunci&oacute; estas palabras cuando, por obra suya, el Hijo de Dios iba a nacer sobre la tierra. &iexcl;Con qu&eacute; fuerza las pronunciar&iacute;a de nuevo cuando, por obra de su Hijo, Ella misma iba a nacer para el cielo! <\/p>\n<p>4. La liturgia de esta solemne fiesta nos presenta el segundo aspecto de la Asunci&oacute;n en <i>las palabras <\/i>de San Pablo tomadas de su <i>Carta a los Corintios. <\/i><\/p>\n<p>La Asunci&oacute;n de la Madre de Cristo al cielo forma parte de la victoria sobre la muerte, de esa victoria cuyo comienzo se encuentra <i>en la resurrecci&oacute;n de Cristo: <\/i>&laquo;Cristo ha resucitado, primicia de<i> <\/i>todos los que han muerto&raquo; (<i>1 Cor <\/i>15, 20). <\/p>\n<p>La muerte es la herencia del hombre despu&eacute;s del pecado original: &laquo;Por Ad&aacute;n murieron todos&raquo; (<i>1 Cor <\/i>15,22). <\/p>\n<p>La redenci&oacute;n realizada por Cristo ha <i>destruido esta herencia: <\/i>&laquo;Por Cristo todos volver&aacute;n a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; despu&eacute;s, cuando El vuelva, todos los cristianos&raquo; (<i>1 Cor <\/i>15, 22-23). <\/p>\n<p>Y &iquest;qui&eacute;n, m&aacute;s que su Madre, pertenece a Cristo? &iquest;Qui&eacute;n, m&aacute;s que Ella, ha sido rescatado por El? &iquest;Quien ha cooperado a la propia redenci&oacute;n de forma m&aacute;s &iacute;ntima que Ella a trav&eacute;s de su &laquo;Fiat&raquo; en la Anunciaci&oacute;n y de su &laquo;Fiat&raquo; al pie de la cruz? <\/p>\n<p>As&iacute;, pues, la victoria sobre la muerte experimentada por la Madre del Redentor, es decir, su <i>Asunci&oacute;n al cielo, <\/i>encuentra su fuente en el coraz&oacute;n mismo de la redenci&oacute;n realizada con la cruz en el Calvario, <i>en la potencia misma de la redenci&oacute;n revelada <\/i>en la resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p>Este es el segundo aspecto de la Asunci&oacute;n que nos presenta la liturgia de hoy. <\/p>\n<p>5. El tercer aspecto aparece en las palabras del Salmo responsorial, expresan el lenguaje po&eacute;tico de este Salmo: toda radiante de gloria entra la hija del Rey; su vestido est&aacute; tejido de oro, entra para ocupar su puesto <i>al lado del trono del Rey: <\/i>&laquo;&iexcl;Tu trono subsistir&aacute; por siempre jam&aacute;s! &iexcl;Cetro de equidad es el cetro de tu reino!&raquo; <i>(Sal <\/i>44, 45. 7). <\/p>\n<p>Con la redenci&oacute;n se renueva el reino de Dios que comenz&oacute; con la creaci&oacute;n misma y fue destruido despu&eacute;s por el pecado en el coraz&oacute;n de los hombres. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a, Madre del Redentor, es la primera en <i>participar de este reino de gloria y de uni&oacute;n con Dios <\/i>en la eternidad. <\/p>\n<p>Su nacimiento para el cielo es el comienzo definitivo de la gloria que los hijas y las hijas de esta tierra alcanzar&aacute;n en Dios mismo, en virtud de la redenci&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p>Efectivamente, la redenci&oacute;n es el fundamento <i>de la transformaci&oacute;n de la historia del cosmos en el reino de Dios. <\/i><\/p>\n<p>Mar&iacute;a es la primera de los redimidos. Y en ella tambi&eacute;n ha comenzado ya la transformaci&oacute;n de la historia del cosmos en el reino de Dios. <\/p>\n<p>Esto es lo que expresa el misterio de la Asunci&oacute;n al cielo: el nacimiento para el cielo con su alma y su cuerpo. <\/p>\n<p>6. En la Asunci&oacute;n de la Madre de Dios al cielo \u2014su nacimiento para el cielo\u2014, deseamos venerar tambi&eacute;n el <i>momento feliz de su nacimiento en tierra. <\/i><\/p>\n<p>Muchos se preguntan: &iquest;Cu&aacute;ndo naci&oacute; Mar&iacute;a? &iquest; Cu&aacute;ndo vino al mundo? Esta pregunta muchos se la hacen especialmente ahora, al acercarse el segundo milenio del nacimiento de Cristo. El nacimiento de la Madre <i>precede <\/i>evidentemente en el tiempo al nacimiento del Hijo. As&iacute;, pues, &iquest;no seria oportuno celebrar antes el segundo milenio del nacimiento de Mar&iacute;a? <\/p>\n<p>La Iglesia, cuando celebra los aniversarios p&uacute;blicos y jubileos, hace referencia a la historia y a los datos hist&oacute;ricos (respetando las aportaciones precisas de la ciencia). Sin embargo, el ritmo justo de los aniversarios y de los jubileos los determina la <i>historia de la salvaci&oacute;n. <\/i>A nosotros nos interesa ante todo referirnos en el tiempo a los acontecimientos relacionados con la salvaci&oacute;n y no s&oacute;lo fijarnos, con precisi&oacute;n hist&oacute;rica, en el momento en que acaecieron tales eventos. <\/p>\n<p>En este sentido, admitimos que el Jubileo de la Redenci&oacute;n, en este a&ntilde;o, conmemora \u2014despu&eacute;s de 1950 a&ntilde;os\u2014 el acontecimiento del Calvario, es decir, la muerte y la resurrecci&oacute;n de Cristo. Pero la <i>atenci&oacute;n de la Iglesia <\/i>se centra ante todo en el acontecimiento salv&iacute;fico (al m&aacute;rgen de la consideraci&oacute;n de la fecha) y no solamente en la fecha hist&oacute;rica. <\/p>\n<p>Al mismo tiempo, hacemos notar siempre que el Jubileo extraordinario de este a&ntilde;o <i> prepara a la Iglesia para el gran Jubileo del segundo milenio (el a&ntilde;o 2000). <\/i>Bajo este aspecto, nuestro A&ntilde;o de la Redenci&oacute;n asume tambi&eacute;n el car&aacute;cter de un adviento: de hecho, nos introduce en la espera del Jubileo de la venida del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p>Ahora bien, <i>el Adviento <\/i>es de un modo muy particular el tiempo de Mar&iacute;a. S&oacute;lo en Ella la espera de todo el g&eacute;nero humano, por lo que se refiere a la venida de Cristo, alcanza su punto culminante. Mar&iacute;a lleva esta espera a su plenitud: la plenitud del Adviento. <\/p>\n<p>Con el Jubileo de la Redenci&oacute;n, que celebramos este a&ntilde;o, deseamos <i>entrar en este Adviento. <\/i>Deseamos participar en la espera de Mar&iacute;a, la Virgen de Nazaret. Deseamos que, durante el Jubileo de este acontecimiento salv&iacute;fico, que tiene un car&aacute;cter de Adviento, est&eacute; presente <i>tambi&eacute;n la venida de Mar&iacute;a, <\/i>su nacimiento en la tierra. <\/p>\n<p>S&iacute;: la venida de Mar&iacute;a al mundo es el comienzo del Adviento salv&iacute;fico. <\/p>\n<p>Precisamente por esto realizamos la peregrinaci&oacute;n a Lourdes: no s&oacute;lo para venerar, en la solemnidad de la Asunci&oacute;n, el nacimiento de Mar&iacute;a al cielo, sino tambi&eacute;n para venerar el momento feliz de su nacimiento en la tierra. <\/p>\n<p>Hemos venido en peregrinaci&oacute;n a Lourdes, donde Mar&iacute;a (&laquo;la bella Se&ntilde;ora&raquo;) dijo a Bernardita: &laquo;Yo soy la Inmaculada Concepci&oacute;n&raquo; (&laquo;Que soy era Immaculada Councepciou&raquo;). <\/p>\n<p>Con estas palabras, Ella expresa <i>el misterio de <\/i>su <i>nacimiento en la tierra <\/i>como un acontecimiento salv&iacute;fico muy estrechamente vinculado a la redenci&oacute;n, y vinculado al Adviento. <\/p>\n<p>7. &iexcl;Bella Se&ntilde;ora! <\/p>\n<p>&iexcl;Mujer que est&aacute;s vestida de sol! <\/p>\n<p><i>Recibe <\/i>el homenaje de nuestra peregrinaci&oacute;n en este a&ntilde;o Adviento del Jubileo de la Redenci&oacute;n. <\/p>\n<p><i>Ay&uacute;danos, <\/i>con la luz desde este Jubileo, a penetrar en tu misterio. <\/p>\n<p>\u2014 El misterio de la Virgen Madre;<\/p>\n<p>\u2014 el misterio de la Reina esclava; <\/p>\n<p>\u2014 el misterio de tu potencia suplicante. <\/p>\n<p>Ay&uacute;danos a descubrir cada vez m&aacute;s plenamente, en este miste- rio, a Cristo, Redentor del mundo, Redentor del hombre. <\/p>\n<p>T&uacute; que est&aacute;s vestida de sol, el sol de la inescrutable Divinidad. El sol de la impenetrable Trinidad. <i>&laquo;Llena de gracia&raquo; hasta el v&eacute;rtice<\/i> <i>de la Asunci&oacute;n al cielo.<\/i><\/p>\n<p>Y al mismo tiempo&#8230;,<i> <\/i>para nosotros que vivimos en esta tierra, para nosotros, pobres hijos de Eva en el destierro, T&uacute; est&aacute;s vestida del sol de Cristo, despu&eacute;s de Bel&eacute;n y Nazaret, despu&eacute;s de Jerusal&eacute;n y el Calvario. <i>T&uacute; est&aacute;s vestida del sol de la redenci&oacute;n <\/i>del hombre y del mundo realizada mediante la cruz y resurrecci&oacute;n de tu Hijo;<\/p>\n<p>&iexcl;Haz que este sol <i>resplandezca <\/i>sin cesar para nosotros en la tierra! <\/p>\n<p>&iexcl;Haz que <i>no <\/i>se <i>oscurezca nunca <\/i>en el alma de los hombres! <\/p>\n<p>&iexcl;Haz que <i>ilumine <\/i>los caminos terrenos de la Iglesia, de la que T&uacute; eres la primera figura! <\/p>\n<p>&iexcl;Y <i>que la Iglesia, <\/i>fijando su mirada en Ti, Madre del Redentor, <i>aprenda continuamente <\/i>ella misma a <i>ser madre! <\/i><\/p>\n<p>&iexcl;Mira! He aqu&iacute; lo que dice el libro del Apocalipsis: &laquo;El drag&oacute;n estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz dispuesto de tragarse el ni&ntilde;o en cuanto naciera&raquo; <i>(Ap <\/i>12, 4). <\/p>\n<p>&iexcl;Oh Madre, que en la Asunci&oacute;n al cielo has experimentado la plenitud de la victoria sobre la muerte del alma y del cuerpo, <i>defiende a los hijos y a las hijas de esta tierra contra la muerte del alma! <\/i>&iexcl;Oh Madre de la Iglesia! <\/p>\n<p>Ante esta humanidad, que parece siempre fascinada por lo temporal, y cuando &laquo;la dominaci&oacute;n sobre el mundo&raquo; esconde la perspectiva del destino eterno del hombre en Dios, <i>&iexcl;s&eacute; T&uacute; misma un testimonio de Dios! <\/i><\/p>\n<p>T&uacute;, su Madre. &iquest;Qui&eacute;n puede resistir al testimonio de una madre? <\/p>\n<p>&iexcl;T&uacute; que has nacido para las fatigas de esta tierra: <i>concebida de forma inmaculada! <\/i><\/p>\n<p>&iexcl;T&uacute; que has nacido para la gloria del cielo: <i>asunta al cielo! <\/i><\/p>\n<p>&iexcl;T&uacute; que est&aacute;s <i>vestida del sol <\/i>de la insondable Divinidad, del sol de la impenetrable Trinidad, llena del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo! <\/p>\n<p>T&uacute;, a <i>quien la Trinidad <\/i>se <i>da como un s&oacute;lo Dios, <\/i>el Dios de la creaci&oacute;n. El Dios de la alianza y de la redenci&oacute;n. El Dios del comienzo y del fin. El Alfa y Omega. El Dios-Verdad. El Dios-Amor. El Dios-Gracia. El Dios-Santidad. El Dios que lo supera todo y lo abraza todo. El Dios que es &laquo;todo en todos&raquo;. <\/p>\n<p>T&uacute; que est&aacute;s vestida de sol. &iexcl;Hermana nuestra! &iexcl;Madre nuestra! &iexcl;S&eacute; el testimonio de Dios!&#8230;&nbsp; ante el mundo del milenio que termina, ante nosotros, hijos de Eva en el destierro, &iexcl;s&eacute; el testimonio de Dios! Am&eacute;n. <\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1983 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PEREGRINACI&Oacute;N APOST&Oacute;LICA A LOURDES SANTA MISA EN LA GRUTA DE LAS APARICIONES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;aLourdes, 15 de agosto de 1983 &nbsp; 1. &laquo;Apareci&oacute; una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida de sol&raquo; (Ap 12,1). Hoy hemos venido en peregrinaci&oacute;n hacia esta &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1983-santa-misa-en-la-gruta-de-las-apariciones-de-lourdes-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab15 de agosto de 1983, Santa misa en la Gruta de las apariciones de Lourdes en la solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39815","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39815","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39815"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39815\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39815"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39815"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39815"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}