{"id":39816,"date":"2016-10-05T23:04:22","date_gmt":"2016-10-06T04:04:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-1983-celebracion-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-en-la-basilica-de-san-juan-de-letran\/"},"modified":"2016-10-05T23:04:22","modified_gmt":"2016-10-06T04:04:22","slug":"2-de-junio-de-1983-celebracion-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-en-la-basilica-de-san-juan-de-letran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-1983-celebracion-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-en-la-basilica-de-san-juan-de-letran\/","title":{"rendered":"2 de junio de 1983, Celebraci\u00f3n del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo en la Bas\u00edlica de San Juan de Letr\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DEL SANT&Iacute;SIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves 2 de junio de<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 1983<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p>1. &laquo;Yo he recibido una tradici&oacute;n, que procede del Se&ntilde;or y que a mi vez os he trasmitido&raquo; (<i>1 Cor<\/i> 11, 231.<\/p>\n<p>El testimonio de Pablo, que acabamos de escuchar, es el testimonio de los otros Ap&oacute;stoles: transmitieron lo que hab&iacute;an recibido. Y como ellos, tambi&eacute;n sus sucesores han continuado transmitiendo fielmente lo que recibieron. De generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, de siglo en siglo, sin soluci&oacute;n de continuidad, hasta hoy.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, esta tarde, en la emocionante atm&oacute;sfera de la celebraci&oacute;n que re&uacute;ne en plegaria a los diversos miembros de la Iglesia en Roma, el Sucesor de Pedro, que os habla, se hace eco fiel de ese mismo testimonio: &laquo;Yo he recibido una tradici&oacute;n, que procede del Se&ntilde;or y que a mi vez os he transmitido&raquo;.<\/p>\n<p>Y lo que los Ap&oacute;stoles nos han transmitido es Cristo mismo y su mandamiento de repetir y entregar a todas las gentes lo que El, el Divino Maestro, dijo e hizo en la &uacute;ltima Cena: &laquo;Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros&raquo; (<i>1 Cor<\/i> 11, 24).<\/p>\n<p>2. Al insertarnos en una tradici&oacute;n que dura desde hace casi dos mil a&ntilde;os, tambi&eacute;n nosotros repetimos hoy el gesto de &laquo;partir el pan&raquo;. Lo repetimos en el 1950 aniversario de aquel momento inefable, en que Dios se hall&oacute; muy cerca del hombre, testimoniando en el don total de S&iacute; la dimensi&oacute;n &laquo;incre&iacute;ble&raquo; de un amor sin l&iacute;mites.<\/p>\n<p>&laquo;Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros&raquo;. &iquest;C&oacute;mo no experimentar en el esp&iacute;ritu una profunda vibraci&oacute;n pensando que, al pronunciar ese &laquo;vosotros&raquo;, Cristo quer&iacute;a referirse <i>tambi&eacute;n a cada uno de nosotros<\/i> y se entregaba a S&iacute; mismo a la muerte por cada uno de nosotros:<\/p>\n<p>&iquest;Y c&oacute;mo no sentirnos &iacute;ntimamente conmovidos, pensando que esa &laquo;ofrenda del propio cuerpo&raquo; por nosotros no es un hecho lejano, consignado en las p&aacute;ginas fr&iacute;as de la cr&oacute;nica hist&oacute;rica, sino un acontecimiento que revive <i>tambi&eacute;n ahora<\/i>, aunque de modo incruento, en el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre, colocados en la mesa del altar? Cristo vuelve a ofrecer, ahora, por nosotros su Cuerpo y su sangre, para que sobre la <i>miseria<\/i> de nuestra realidad de pecadores se vuelque una vez m&aacute;s la ola purificadora de la <i>misericordia<\/i> divina, y en la fragilidad de nuestra <i>carne mortal<\/i> sea echado el germen de la <i>vida inmortal<\/i>.<\/p>\n<p>3. &laquo;Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Se&ntilde;or; quien coma de este pan vivir&aacute; para siempre&raquo; (<i>Aclamaci&oacute;n antes del Evangelio<\/i>). &iquest;Quien no desea vivir eternamente? &iquest;Acaso no es &eacute;sta la aspiraci&oacute;n m&aacute;s profunda que late en el coraz&oacute;n de cada ser humano? Pero es aspiraci&oacute;n que desmiente de modo brutal e inapelable la experiencia cotidiana.<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute;? Se nos da la respuesta en la palabra de la Escritura: &laquo;EL pecado entr&oacute; en el mundo, y por el pecado la muerte&raquo; (<i>Rom<\/i> 5, 12), &iquest;No hay, pues, esperanza para nosotros? No hay esperanza desde que domina el pecado; pero puede renacer la esperanza una vez que el pecado sea vencido. Y esto es precisamente lo que sucedi&oacute; con la redenci&oacute;n de Cristo. En efecto, est&aacute; escrito: &laquo;Si por la transgresi&oacute;n de uno solo, esto es, por obra de uno solo, rein&oacute; la muerte, mucho m&aacute;s los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia reinar&aacute;n en la vida por obra de uno solo, Jesucristo&raquo; (<i>ib.<\/i>, v. 17).<\/p>\n<p>He aqu&iacute; por qu&eacute; dice Jes&uacute;s: &laquo;Quien coma de este pan vivir&aacute; para siempre&raquo;. Bajo las apariencias de ese pan est&aacute; presente El en persona, el vencedor del pecado y de la muerte, el Resucitado! Quien se alimenta de ese pan divino, adem&aacute;s de encontrar la fuerza para derrotar en s&iacute; mismo las sugestiones del mal a lo largo del camino de la vida, recibir&aacute; con &eacute;l tambi&eacute;n <i>la prenda de la victoria definitiva sobre la muerte<\/i> \u2014&laquo;el &uacute;ltimo enemigo destruido ser&aacute; la muerte&raquo; como dice el Ap&oacute;stol Pablo (<i>1 Cor <\/i>15, 26)\u2014, de tal manera que Dios pueda ser &laquo;todo en todos&raquo; (<i>ib.<\/i>, v. 28).<\/p>\n<p>4. &iexcl;C&oacute;mo se comprende, al reflexionar sobre el misterio, el amor celoso con que la Iglesia guarda este tesoro de valor inestimable! &iexcl;Y c&oacute;mo parece l&oacute;gico y natural que los cristianos, en el curso de su historia, hayan sentido la necesidad de manifestar, inclusa <i>exteriormente<\/i>, la alegr&iacute;a y la gratitud por la realidad de un don tan grande! Han tomado conciencia del hecho de que la celebraci&oacute;n de este misterio divino, no pod&iacute;a quedar encerrada dentro de los muros de un templo, por muy grande y art&iacute;stico que fuera, sino que hab&iacute;a que llevarlo <i>por los caminos del mundo,<\/i> porque Aquel a quien velan las fr&aacute;giles especies de la Hostia, ha venido a la tierra precisamente para ser la &laquo;vida del mundo&raquo; (<i>Jn<\/i> 6, 51).<\/p>\n<p>As&iacute; naci&oacute; la procesi&oacute;n del <i>Corpus Domini<\/i> que la Iglesia celebra, desde hace ya muchos siglos, con solemnidad y alegr&iacute;a totalmente especial. Tambi&eacute;n nosotros dentro de poco comenzaremos la procesi&oacute;n por las calles de nuestra ciudad. Iremos entre cantos y plegarias llevando con nosotros el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Se&ntilde;or. Pasaremos entre las casas, las escuelas, los talleres, los comercios; pasaremos por donde hierve la vida de los hombres, por donde se agitan sus pasiones, donde explotan sus conflictos, donde se consuman sus sufrimientos y florecen sus esperanzas. Iremos a testimoniar con humilde alegr&iacute;a que en esa peque&ntilde;a Hostia blanca est&aacute; la respuesta a los interrogantes m&aacute;s apremiantes, est&aacute; el consuelo al dolor m&aacute;s dilacerante, est&aacute;, en prenda, la satisfacci&oacute;n de la sed abrasadora de felicidad y de amor que cada uno lleva dentro de s&iacute;, en el secreto del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Recorreremos la ciudad, pasaremos entre la gente apremiada por los mil problemas de cada d&iacute;a, saldremos al encuentro de estos hermanos y hermanas nuestros y mostraremos a todos el sacramento de la presencia de Cristo:<\/p>\n<p>&laquo;He aqu&iacute; el pan de los &aacute;ngeles, \/ pan de los peregrinos, \/ verdadero pan de los hijos.&raquo;<\/p>\n<p>He aqu&iacute;: el pan que el hombre gana con el propio trabajo, pan sin el cual el hombre no puede vivir ni mantenerse con fuerzas, he aqu&iacute; que este pan se ha convertido en testimonio vivo y real de la presencia amorosa de Dios que nos salva. En este Pan el Omnipotente, el Eterno, el tres veces Santo, se ha hecho cercano a nosotros, se ha convertido en el &laquo;Dios con nosotros&raquo;, el Emmanuel. Comiendo de este Pan, cada uno puede tener la prenda de la vida inmortal.<\/p>\n<p>Nuestro deseo, m&aacute;s a&uacute;n, la oraci&oacute;n apasionada, es que en los corazones de todos los que nos encontremos pueda florecer el sentimiento maravillosamente expresado en la secuencia de la liturgia de hoy:<\/p>\n<p>&laquo;Buen Pastor, pan verdadero, \/ oh Jes&uacute;s, ten piedad de nosotros: \/ n&uacute;trenos y defi&eacute;ndenos, \/ ll&eacute;vanos a los bienes eternos \/ en la tierra de los vivientes.<\/p>\n<p>T&uacute; que todo lo sabes y puedes, \/ que nos alimentas en la tierra, \/ ll&eacute;vanos a tus hermanos \/ a la mesa del cielo \/ en la gloria de tus santos&raquo;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1983 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL SANT&Iacute;SIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 2 de junio de 1983 &nbsp; 1. &laquo;Yo he recibido una tradici&oacute;n, que procede del Se&ntilde;or y que a mi vez os he trasmitido&raquo; (1 Cor 11, 231. 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