{"id":39818,"date":"2016-10-05T23:04:31","date_gmt":"2016-10-06T04:04:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1983-primera-audiencia-general-del-ano-jubilar-extraordinario-de-la-redencion\/"},"modified":"2016-10-05T23:04:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:04:31","slug":"30-de-marzo-de-1983-primera-audiencia-general-del-ano-jubilar-extraordinario-de-la-redencion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1983-primera-audiencia-general-del-ano-jubilar-extraordinario-de-la-redencion\/","title":{"rendered":"30 de marzo de 1983, Primera audiencia general del A\u00f1o Jubilar extraordinario de la Redenci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">PRIMERA AUDIENCIA GENERAL <br \/>DEL A&Ntilde;O SANTO EXTRAORDINARIO DE LA REDENCI&Oacute;N <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>DURANTE LA LITURGIA DE LA PALABRA<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Mi&eacute;rcoles 30 de marzo de 1983 <\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"right\"><i>(Lectura: <br \/>Isa&iacute;as 50, 5-9; Salmo 68; <br \/>evangelio de san Mateo, cap&iacute;tulo 26, vers&iacute;culos 47-50) <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. A&ntilde;o Santo, Puerta <i>Santa<\/i>, Lugares <i>Santos<\/i>, Semana <i>Santa<\/i>&#8230;: esta atribuci&oacute;n tradicional de la &quot;santidad&quot; a realidades del espacio y del tiempo atestigua que en ellas el alma popular, o incluso la Iglesia, descubren y reconocen un v&iacute;nculo especial con Dios y, por lo tanto, un t&iacute;tulo de &quot;consagraci&oacute;n&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">A nosotros, cristianos, el valor sacro de estos d&iacute;as santos nos viene de la memoria de la pasi&oacute;n y muerte de Cristo, que en ellos celebramos, con una fe m&aacute;s viva, con una piedad m&aacute;s tierna y, a la vez, austera y consciente, con la propia identificaci&oacute;n lit&uacute;rgica y espiritual en ese misterio de la redenci&oacute;n expresado en el Credo de cada d&iacute;a: <i>Crucifixus etian pro nobis&#8230;, passus et sepultus est<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Estos son, pues, los d&iacute;as de la cruz, los d&iacute;as en que sube espont&aacute;neamente a los labios de los cristianos el antiguo himno lit&uacute;rgico, transmitido de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, y repetido por millones de creyentes en todos los tiempos, incluida la &eacute;poca del primer A&ntilde;o Santo, convocado por el Papa Bonifacio VIII el a&ntilde;o 1300: <i>Vexilla Regis prodeunt \/ fulget Crucis mysterium&#8230;<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">La cruz es la ense&ntilde;a de Cristo a la que nosotros veneramos y cantamos. M&aacute;s a&uacute;n, por su funci&oacute;n de instrumento de nuestra redenci&oacute;n estrechamente unido, seg&uacute;n el designio del Padre, con el que fue suspendido en ella como en un pat&iacute;bulo, nosotros la <i>adoramos<\/i> como por una extensi&oacute;n del culto que reservamos al Hombre-Dios. En realidad adorar la cruz (como, haremos lit&uacute;rgicamente el Viernes Santo) es adorar a Cristo mismo: <i>Adoramus Te, Christe, et benedicimus Tibi, quia per sanctam Crucem tuam redemisti mundum!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">2. En realidad la cruz pertenece a nuestra <i>condici&oacute;n existencial<\/i>, como nos demuestra la experiencia de cada d&iacute;a. M&aacute;s a&uacute;n, se dir&iacute;a que tiene sus ra&iacute;ces en la misma esencia de las cosas creadas.<\/p>\n<p align=\"left\">El hombre es consciente de los valores, pero tambi&eacute;n de los l&iacute;mites. De aqu&iacute; el problema del mal que, en determinadas condiciones de desconcierto f&iacute;sico, psicol&oacute;gico, espiritual, es dolor, sufrimiento, o incluso pecado. &iquest;Por qu&eacute; el mal, por qu&eacute; el dolor, por qu&eacute; esta cruz humana que parece coesencial con nuestra naturaleza, y sin embargo, en muchos casos, tan absurda?<\/p>\n<p align=\"left\">Se trata de preguntas que atormentan desde siempre la mente y el coraz&oacute;n del hombre, y a las cuales, quiz&aacute;, se pueden dar respuestas parciales de orden te&oacute;rico, pero que contin&uacute;an plante&aacute;ndose de nuevo en la realidad de la vida, a veces de modo dram&aacute;tico, sobre todo cuando se trata del dolor de los inocentes, de los ni&ntilde;os, incluso de grupos humanos y de pueblos enteros subyugados por fuerzas prepotentes que parecen se&ntilde;alar en el mundo el triunfo de la maldad. &iquest;Qui&eacute;n de nosotros no siente una herida en el coraz&oacute;n ante tantos hechos dolorosos, ante tantas cruces?<\/p>\n<p align=\"left\">Es verdad que la experiencia universal ense&ntilde;a tambi&eacute;n los ben&eacute;ficos efectos que en muchos hombres produce el dolor, como generador de madurez, de sabidur&iacute;a, de bondad. de comprensi&oacute;n, de solidaridad, de tal manera que se ha podido hablar de la fecundidad del dolor. Pero esta constataci&oacute;n deja sin resolver el problema de fondo y no elimina la tentaci&oacute;n de Job, que se asoma tambi&eacute;n al esp&iacute;ritu del cristiano, cuando se siente impulsado a preguntar a Dios: &iquest;<i>Por qu&eacute;<\/i>? M&aacute;s a&uacute;n, para muchos el problema del mal y del dolor es una objeci&oacute;n contra la Providencia de Dios, e incluso a veces contra su existencia. La realidad de la cruz se convierte entonces en un esc&aacute;ndalo, porque se trata de una cruz sin Cristo: &iexcl;La m&aacute;s pesada e insoportable, a veces terrible hasta la tragedia!<\/p>\n<p align=\"left\">3. <i>La cruz con Cristo<\/i> es la gran revelaci&oacute;n del significado del dolor y del valor que tiene en la vida y en la historia. &Eacute;l que comprende la cruz, el que la abraza, comienza un camino muy distinto del camino del proceso y de la contestaci&oacute;n a Dios: encuentra, m&aacute;s bien, en la cruz el motivo de una nueva ascensi&oacute;n a &Eacute;l por la senda de Cristo, que es precisamente el <i>V&iacute;a Crucis<\/i>, el camino de la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">La cruz es la prueba de un amor infinito que, precisamente en esa hostia de expiaci&oacute;n y pacificaci&oacute;n ha colocado el principio de la restauraci&oacute;n universal y sobre todo de la redenci&oacute;n humana: redenci&oacute;n del pecado y, al menos en ra&iacute;z, del mal, del dolor y de la muerte.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero la cruz nos invita a <i>responder al amor con el amor<\/i>. A Dios, que nos am&oacute; primero, nosotros podemos darle, a nuestra vez, el signo de nuestra &iacute;ntima participaci&oacute;n en su designio de salvaci&oacute;n. No siempre logramos descubrir en este designio el porqu&eacute; de los dolores que marcan el camino de nuestra vida. Sin embargo, sostenidos por la fe, podemos llegar a la certeza de que se trata de un designio de amor, en el cual toda la inmensa gama de las cruces, grandes y peque&ntilde;as, tiende a fundirse en la &uacute;nica cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">La cruz es, pues, para nosotros una garant&iacute;a de vida, de resurrecci&oacute;n y de salvaci&oacute;n, porque contiene en s&iacute; y comunica a los creyentes la fuerza renovadora de la redenci&oacute;n de Cristo. Seg&uacute;n San Pablo, en ella es una realidad ya adquirida incluso la futura resurrecci&oacute;n y glorificaci&oacute;n celeste, que ser&aacute; en la eternidad la manifestaci&oacute;n gloriosa de la victoria que Cristo nos ha tra&iacute;do con su pasi&oacute;n y su muerte. Y nosotros, con la experiencia de nuestro dolor cotidiano, estamos llamados a participar en este misterio que es ciertamente de pasi&oacute;n, pero tambi&eacute;n de gloria. <\/p>\n<p align=\"left\">4. En estos d&iacute;as de Semana Santa y del A&ntilde;o Santo estamos invitados a mirar a Cristo que nos ha amado hasta morir en la cruz por nosotros. Estamos invitados a unirnos a la Iglesia, la cual, especialmente con la celebraci&oacute;n de los misterios conclusivos de la vida terrena de Cristo, quiere infundirnos una conciencia m&aacute;s viva del misterio de la redenci&oacute;n; y &eacute;sta es la raz&oacute;n fundamental del Jubileo.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludamos en la cruz, signo e instrumento de Cristo Redentor, al fundamento de nuestra esperanza, porque reconocemos en ella la prueba experimental del amor omnipotente y misericordioso que Dios tiene por el hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">Nos dirigimos a la cruz y a Cristo crucificado en este &quot;tiempo de pasi&oacute;n&quot;: tiempo no s&oacute;lo lit&uacute;rgico, sino hist&oacute;rico, social y espiritual, en el que vemos agolparse sobre el mundo tantos dolores, tantas &quot;pasiones&quot; y, por desgracia &iexcl;tantas cruces sin Cristo!<\/p>\n<p align=\"left\">Pidamos al Redentor, en nombre de su cruz, que conceda a su Iglesia y a toda la humanidad la gracia del A&ntilde;o Santo, los dones de conversi&oacute;n y de santidad que tanto necesitamos.<\/p>\n<p align=\"left\">Esto quiere el A&ntilde;o Santo, esto nos pide Jes&uacute;s desde la cruz: una apertura mayor a su redenci&oacute;n con el arrepentimiento de los pecados y la aspiraci&oacute;n a la santidad.<\/p>\n<hr \/>\n<p align=\"left\"><b>Saludos<\/b><\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">En esta primera Audiencia general del Ano Santo, saludo con afecto a todos los presentes de lengua espa&ntilde;ola. <\/p>\n<p align=\"left\">Mi saludo va en primer lugar a las religiosas Siervas de Jes&uacute;s de la Caridad, a los miembros de las varias parroquias, y sobre todo a los estudiantes de diversos colegios de Espa&ntilde;a que son los m&aacute;s numerosos, as&iacute; como a los grupos procedentes de Am&eacute;rica Latina. <\/p>\n<p align=\"left\">El principio del Ano Santo y la celebraci&oacute;n de la Semana Santa que conmemora los misterios centrales de la Redenci&oacute;n, son para nosotros una fuerte llamada a buscar la gracia que nos salva, a unirnos con esp&iacute;ritu de fe al dolor redentor de Cristo que es tambi&eacute;n esperanza de resurrecci&oacute;n, a purificarnos de nuestros pecados y vivir cada d&iacute;a m&aacute;s intensamente el misterio de salvaci&oacute;n en Cristo. Esta es la finalidad del Ano Jubilar. <\/p>\n<p align=\"left\">A todos os aliento a seguir con valent&iacute;a y perseverancia ese camino, y a todos os doy mi Bendici&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1983 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRIMERA AUDIENCIA GENERAL DEL A&Ntilde;O SANTO EXTRAORDINARIO DE LA REDENCI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA LITURGIA DE LA PALABRA Mi&eacute;rcoles 30 de marzo de 1983 (Lectura: Isa&iacute;as 50, 5-9; Salmo 68; evangelio de san Mateo, cap&iacute;tulo 26, vers&iacute;culos 47-50) &nbsp; 1. A&ntilde;o Santo, Puerta Santa, Lugares Santos, Semana Santa&#8230;: esta atribuci&oacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-1983-primera-audiencia-general-del-ano-jubilar-extraordinario-de-la-redencion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab30 de marzo de 1983, Primera audiencia general del A\u00f1o Jubilar extraordinario de la Redenci\u00f3n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39818","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39818","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39818"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39818\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39818"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39818"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39818"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}