{"id":39819,"date":"2016-10-05T23:04:40","date_gmt":"2016-10-06T04:04:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-marzo-de-1983-encuentro-con-los-delegados-de-la-palabra-en-san-pedro-sula-honduras\/"},"modified":"2016-10-05T23:04:40","modified_gmt":"2016-10-06T04:04:40","slug":"8-de-marzo-de-1983-encuentro-con-los-delegados-de-la-palabra-en-san-pedro-sula-honduras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-marzo-de-1983-encuentro-con-los-delegados-de-la-palabra-en-san-pedro-sula-honduras\/","title":{"rendered":"8 de marzo de 1983, Encuentro con los delegados de la Palabra en San Pedro Sula, Honduras"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST<font face=\"Times New Roman\">&Oacute;LICO A <\/font><\/font><\/span><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">AM&Eacute;RICA CENTRAL<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><b> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">ENCUENTRO CON LOS DELEGADOS DE LA PALABRA<\/font><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><b><i> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><i><font color=\"#663300\"> <font face=\"Times New Roman\">San Pedro Sula (Honduras)<\/font>, 8 de marzo de 1983<\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span lang=\"es\"><i> Amados hermanos en el Episcopado, <br \/>queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">1. Llegue ante todo mi saludo cordial al obispo y pastor de la di&oacute;cesis, as&iacute; como a todos los miembros de esta familia eclesial diocesana, en especial a los obreros de San Pedro Sula y de todo el pa&iacute;s. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Es un verdadero gozo para m&iacute; orar juntos y partir el pan de la Palabra de Dios con vosotros, a quienes ha sido confiada la misi&oacute;n de predicar esa Palabra y de coordinar las celebraciones en las que ella es proclamada. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Al hacerlo, soy consciente de poner en pr&aacute;ctica, en esta querida naci&oacute;n de Honduras, el ministerio que el Se&ntilde;or confi&oacute; a Pedro (cf. <i>Lc<\/i> 22, 32) de \u201cconfirmar a sus hermanos\u201d, de manera particular mediante la predicaci&oacute;n de la Palabra de Dios. Por esto precisamente el Papa emprende sus viajes apost&oacute;licos: a fin de llevar a los hijos de la Iglesia en todas partes, y a todos los hombres de buena voluntad, la semilla de esa Palabra. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Ved pues c&oacute;mo al ejercer vuestro ministerio en el &aacute;mbito de vuestras respectivas comunidades cristianas, cooper&aacute;is con el Papa y los obispos que os han delegado, lo mismo que con los presb&iacute;teros, en la evangelizaci&oacute;n; y lo hac&eacute;is desde vuestro car&aacute;cter y condici&oacute;n de laicos. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">2. Quisiera que medit&aacute;ramos juntos unos momentos sobre la funci&oacute;n del predicador de la Palabra y del catequista, tal como el Se&ntilde;or la ha delineado en la par&aacute;bola que acabamos de o&iacute;r y en la explicaci&oacute;n que la acompa&ntilde;a en el mismo Evangelio. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Hay un \u201csembrador\u201d que \u201csiembra la Palabra\u201d (<i>Mc<\/i> 4, 14).&nbsp; El primer \u201csembrador\u201d es sin duda el mismo Jes&uacute;s, que ejerci&oacute; este ministerio a lo largo de su vida p&uacute;blica; ministerio que El mismo present&oacute; ante Pilato (cf. <i> Jn<\/i> 18, 37) &nbsp;como \u201cdar testimonio de la verdad\u201d; la verdad que es en primer t&eacute;rmino el mismo Jesucristo (cf. <i>Jn<\/i> 14, 7) y su Padre celestial (<i>Jn<\/i> 17, 3).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Esta Palabra as&iacute; predicada por El, si la recibimos bien, tiene poder para salvarnos; seg&uacute;n ense&ntilde;a el pasaje del Profeta Isa&iacute;as que tambi&eacute;n ha sido le&iacute;do (<i>Is<\/i> 55, 10-11),&nbsp; y del cual se hace eco el Nuevo Testamento (cf. <i>St<\/i> 1, 21).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Ahora bien, esta Palabra y este testimonio contin&uacute;an resonando en la tierra, despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or a los cielos, por obra de los Ap&oacute;stoles que El instituy&oacute; y mand&oacute; a predicar a \u201ctoda creatura\u201d (cf. <i>Mc<\/i> 16, 15);&nbsp; por obra de los Sucesores de los Ap&oacute;stoles y tambi&eacute;n de toda la Iglesia. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Esta es, en efecto, la gloria y la responsabilidad de la Iglesia: proclamar la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesucristo, a todos los hombres de los cuales es \u201cdeudora\u201d, como dec&iacute;a de s&iacute; mismo el Ap&oacute;stol Pablo (cf. <i>Rm<\/i> 1, 14).&nbsp; Por eso el Papa Pablo VI, recogiendo la rica mies dejada por el S&iacute;nodo de los Obispos de 1974, public&oacute; esa hermosa descripci&oacute;n de la misi&oacute;n evangelizadora de la Iglesia en el documento que empieza con las palabras <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii Nuntiandi<\/a><\/i>. Estoy seguro que lo conoc&eacute;is y lo estudi&aacute;is en vuestras reuniones de formaci&oacute;n. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">3. Pero, &iquest;qu&eacute; pasa cuando la escasez de presb&iacute;teros y di&aacute;conos no permite que ese ministerio de la evangelizaci&oacute;n de la Palabra llegue a todas partes? &iquest;La gente se ver&aacute; privada del pan de la Palabra, como se ve privada del Cuerpo de Cristo en la Eucarist&iacute;a? <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Es una gran cosa, muy conforme con la tradici&oacute;n de la Iglesia, que vuestros obispos hayan resuelto &#x2015;recogiendo y evaluando laudables iniciativas&#x2015; delegar especialmente a quienes, como vosotros, bien dispuestos, bien preparados y profundamente conscientes de la tarea que asumen, se ofrecen a responder a este llamado de servir a sus hermanos. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Sed pues coherentes con vosotros mismos y con el compromiso asumido. Y preparaos cada vez mejor para cumplir bien vuestro importante y delicado cometido eclesial. Es necesario dejarse penetrar por la ense&ntilde;anza del Evangelio y de la Iglesia, por la aut&eacute;ntica verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Mi Exhortaci&oacute;n <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi Tradendae<\/a><\/i> puede serviros tambi&eacute;n de gu&iacute;a en esta tarea. Porque os har&aacute; falta una actualizaci&oacute;n constante que perfeccione la preparaci&oacute;n, corrija eventuales fallos y os mantenga siempre fieles a la genuina doctrina de la Iglesia; y que a la vez os evite cualquier riesgo de caer en instrumentalizaciones pol&iacute;ticas o radicalizaciones, que pudieran comprometer el fruto de vuestra noble misi&oacute;n. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">No dej&eacute;is de indicar prudente y sabiamente las implicaciones y aplicaciones sociales de la Palabra que predic&aacute;is. Y para evitar peligros que puedan surgir, mantenemos siempre en estrecha comuni&oacute;n con vuestros obispos. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">\u201cEl sembrador siembra la Palabra\u201d, nos dice el Evangelio de Marcos. No lo hace en nombre propio, ni para crear una comunidad que no est&eacute; plenamente integrada en la Iglesia local de la que forma parte. Lo hace en nombre de la Iglesia, como colaborador del obispo y en lugar de los sacerdotes y di&aacute;conos, aunque sin poder asumir todas sus funciones. Lo hace tambi&eacute;n para ayudar a crear e incrementar la Iglesia en cada comunidad local, de manera que haya \u201cun solo rebano\u201d bajo \u201cun solo Pastor\u201d, Jesucristo (cf. <i>Jn<\/i> 10, 16).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Todo predicador ha de recordar siempre que la Palabra que predicamos no es nuestra. No nos predicamos a \u201cnosotros mismos\u201d, sino \u201ca Jesucristo\u201d y &eacute;ste \u201ccrucificado\u201d (cf. <i>1 Cor<\/i> 1, 23).&nbsp; El mismo Cristo, primer sembrador, y la Iglesia nos conf&iacute;an la Palabra que hemos de proclamar. La encontramos en la Sagrada Escritura le&iacute;da a la luz de la constante tradici&oacute;n de la Iglesia. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Sea pues la Biblia, la Palabra de Dios, vuestra lectura continua, vuestro estudio y vuestra oraci&oacute;n; en la liturgia y fuera de ella, como ha ense&ntilde;ado el &uacute;ltimo Concilio. Pero leedla siempre seg&uacute;n la correcta interpretaci&oacute;n hecha por las leg&iacute;timas autoridades de la Iglesia. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En virtud de la misi&oacute;n recibida, vosotros deb&eacute;is ayudar a los miembros de vuestras comunidades a aceptar y profundizar su conocimiento de la fe, su amor y adhesi&oacute;n a la Iglesia; y a la vez les hab&eacute;is de ense&ntilde;ar a practicar sus devociones tradicionales con verdadero sentido de lo que significan en el contexto de la vida cristiana. Sed pues conscientes de vuestra responsabilidad y alta misi&oacute;n. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">4. Los peligros que asaltan a los oyentes de la Palabra y que est&aacute;n descritos en la explicaci&oacute;n de la par&aacute;bola que comentamos, os acechan tambi&eacute;n a vosotros: el demonio que viene y se la lleva, la inconstancia y debilidad ante las exigencias de la Palabra, o la persecuci&oacute;n \u201ca causa de ella\u201d, \u201clas preocupaciones del mundo, la seducci&oacute;n de las riquezas y las dem&aacute;s concupiscencias\u201d (cf. <i>Mc<\/i> 4, 15-20). Para que pod&aacute;is ayudar a vuestros oyentes a superarlos, primero deb&eacute;is superarlos en vosotros. Esto constituye una tarea exigente, hecha de oraci&oacute;n, de recurso a los sacramentos, de reflexi&oacute;n profunda y perseverante, de amor a la cruz y a la Iglesia. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Vuestra predicaci&oacute;n vale mucho, sin duda. Es testimonio que dais a la verdad con vuestros labios. Pero a fin de que se&aacute;is testigos cre&iacute;bles, vuestra vida ha de ser coherente con vuestras palabras. Por ello vuestra conducta ha de reflejar fielmente lo que predic&aacute;is. En caso contrario, destruir&iacute;ais con una mano lo que constru&iacute;s con la otra. Esto significa que vuestra vida de familia, de padres, de esposos, de hijos, de ciudadanos; vuestra fidelidad al deber de solidaridad con los pobres y oprimidos; vuestra ejemplar caridad, vuestra honradez, son como <i>exigencias ineludibles de vuestra vocaci&oacute;n<\/i> de delegados de la Palabra. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Hemos o&iacute;do en la lectura del Profeta Isa&iacute;as que la Palabra de Dios, \u201ccomo la lluvia y la nieve de los cielos\u201d, no tornar&aacute; a &eacute;l vac&iacute;a, a sino que realizar&aacute;\u201d lo que a &eacute;l plugo y cumplir&aacute; \u201caquello a que ha sido enviada\u201d por Dios mismo (cf. <i>Is<\/i> 55, 11).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Es, la eficacia de la Palabra de Dios que, como dec&iacute;amos al principio, con una referencia a la Carta de Santiago (<i>St<\/i> 1, 21),&nbsp; \u201cpuede salvar vuestras almas\u201d. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Creamos firmemente en esta eficacia de la Palabra divina, que cre&oacute; el mundo (cf. <i>Gen<\/i> 1, 3 ss; <i>Jn<\/i> 1, 1-3) al principio&nbsp; y que, cuando vino la plenitud de los tiempos (cf. <i>Gal<\/i> 4, 4),&nbsp; se \u201chizo carne\u201d en el seno virginal de Mar&iacute;a (cf. <i>Jn<\/i> 1, 17),&nbsp; a fin de que todos recibi&eacute;ramos la plenitud de \u201cla gracia y la verdad\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 17),&nbsp; es decir, fu&eacute;ramos salvados por ella. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">5. Recordemos que esa eficacia se realiza sobre todo en la Eucarist&iacute;a, de la que la celebraci&oacute;n de la Palabra es parte integrante, porque a ella prepara y en ella encuentra su consumaci&oacute;n. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Vosotros, delegados de la Palabra, responsables de las celebraciones que la tienen por centro y catequistas, dejaos poseer y transformar por ella, recibiendo frecuentemente, cuando os sea posible, el Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or. No olvid&eacute;is que vuestro ministerio nunca puede perder de vista esta finalidad: la orientaci&oacute;n a la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a por los ministros debidamente ordenados. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Qui&eacute;n sabe si un d&iacute;a no surgir&aacute;n de entre vosotros mismos quienes, teniendo los requisitos establecidos por la Iglesia, se preparar&aacute;n para el ministerio sacerdotal, culminando as&iacute; la obra que hab&eacute;is comenzado \u201cen Cristo Jes&uacute;s\u201d (cf. <i>Fil<\/i> 1, 6).&nbsp; Porque la obra de la evangelizaci&oacute;n no se realiza plenamente sino cuando el pueblo cristiano, convocado y presidido por sus obispos y sacerdotes, celebra juntamente la muerte y la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 4).&nbsp; Entonces y s&oacute;lo entonces ese pueblo es verdadera y plenamente Iglesia. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">6. Queridos hermanos: La Virgen Sant&iacute;sima a guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz&oacute;n\u201d (cf. <i>Lc<\/i> 2, 19-21).&nbsp; Ella como nadie \u201coye la Palabra de Dios y la cumple\u201d (cf. <i>Lc<\/i> 8, 21; 11, 27-28),&nbsp; seg&uacute;n respondi&oacute; el mismo Se&ntilde;or a quien alababa su maternidad f&iacute;sica (cf. <i>Lc<\/i> 11, 27-28).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Imitad su ejemplo y poneos bajo su protecci&oacute;n, a fin de ser verdaderos delegados de la Palabra y catequistas, es decir, oyentes y cumplidores fieles de la misma, para poder predicarla fructuosamente a los dem&aacute;s. <\/span><\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que Ella os aliente en ese camino, como yo tambi&eacute;n os animo, a la vez que os bendigo de coraz&oacute;n. As&iacute; sea. <\/span><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1983 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A AM&Eacute;RICA CENTRAL ENCUENTRO CON LOS DELEGADOS DE LA PALABRA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II San Pedro Sula (Honduras), 8 de marzo de 1983 &nbsp; Amados hermanos en el Episcopado, queridos hermanos y hermanas: 1. 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