{"id":39822,"date":"2016-10-05T23:04:44","date_gmt":"2016-10-06T04:04:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-marzo-de-1983-santa-misa-en-el-metro-centro-de-san-salvador\/"},"modified":"2016-10-05T23:04:44","modified_gmt":"2016-10-06T04:04:44","slug":"6-de-marzo-de-1983-santa-misa-en-el-metro-centro-de-san-salvador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-marzo-de-1983-santa-misa-en-el-metro-centro-de-san-salvador\/","title":{"rendered":"6 de marzo de 1983, Santa Misa en el Metro Centro de San Salvador"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST<font face=\"Times New Roman\">&Oacute;LICO A AM&Eacute;RICA<\/font><\/font><\/span><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"> CENTRAL<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><b> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL METRO CENTRO DE EL SALVADOR<\/font><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><b><i> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><i>El<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> Salvador, 6 de marzo de 1983<\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\"><i> Amados hermanos en el Episcopado, <br \/>queridos hermanas y hermanas: <\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">1. Nos hallamos reunidos en este Metro Centro, para celebrar la Eucarist&iacute;a del d&iacute;a del Se&ntilde;or, en el III domingo de Cuaresma. A vosotros y a toda la Iglesia de Cristo que camina hacia el Padre en El Salvador &#x2015;en particular al Pastor de esta querida arquidi&oacute;cesis y a los otros hermanos obispos&#x2015;, os saludo con afecto. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Esta Iglesia que, unida a todos los hermanos en la fe de Am&eacute;rica Central y del mundo, se congrega con el Papa junto al altar del Se&ntilde;or, viene a buscar en El la ra&iacute;z de su uni&oacute;n, de su vida y esperanza, la fuente de la paz y la reconciliaci&oacute;n. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Porque el cristiano cree en el triunfo de la vida sobre la muerte. Por eso la Iglesia, comunidad pascual del Resucitado, proclama siempre al mundo: \u201cNo busqu&eacute;is entre los muertos al que vive\u201d (<i>Lc<\/i> 24, 5).&nbsp; Por eso halla en El, en Cristo, el secreto de su energ&iacute;a y esperanza. En El, que es \u201cPr&iacute;ncipe de la Paz\u201d (<i>Is<\/i> 9, 5),&nbsp; que ha derribado los muros de la enemistad y ha reconciliado mediante su cruz a los pueblos divididos (cf. <i>Ef<\/i> 2, 16).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">2. Herida la humanidad por el pecado, fue desgarrada nuestra unidad interior. Alej&aacute;ndose de la amistad de Dios, el coraz&oacute;n del hombre se volvi&oacute; zona de tormentas, campo de tensiones y de batallas. De ese coraz&oacute;n dividido vienen los males a la sociedad y al mundo. Este mundo, escenario para d desarrollo del hombre en el amor, padece la contaminaci&oacute;n del \u201cmisterio de la iniquidad\u201d (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 103; cf. <i>2 Ts<\/i> 2, 7).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, con definida vocaci&oacute;n de trascendencia, de b&uacute;squeda de Dios y de fraterna relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, atormentado y dividido en s&iacute; mismo, se aleja de sus semejantes. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Y sin embargo, no es el plan original de Dios que el hombre sea enemigo, lobo para el hombre, sino su hermano. El designio de Dios no revela la dial&eacute;ctica del enfrentamiento, sino la del amor que todo lo hace nuevo. Amor sacado de esa roca espiritual que es Cristo, como nos indica el texto de la ep&iacute;stola de esta Misa (cf. <i>1 Cor<\/i> 10, 4). &nbsp;<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">3. Si Dios nos hubiera abandonado a nuestras propias fuerzas, tan limitadas y volubles, no tendr&iacute;amos razones para esperar que la humanidad viva como familia, como hijos de un mismo Padre. Pero Dios se nos ha acercado definitivamente en Jes&uacute;s; en su cruz experimentamos la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio. La cruz, antes s&iacute;mbolo de afrenta y amarga derrota, se vuelve manantial de vida. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Desde la cruz mana a torrentes el amor de Dios que perdona y reconcilia. Con la sangre de Cristo podemos vencer al mal con el bien. El mal que penetra en los corazones y en las estructuras sociales. El mal de la divisi&oacute;n entre los hombres, que ha sembrado el mundo de sepulcros con las guerras, con esa terrible espiral del odio que arrasa, aniquila, en forma t&eacute;trica e insensata. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">&iexcl;Cu&aacute;ntos hogares destruidos! &iexcl;Cu&aacute;ntos refugiados, exiliados y desplazados! &iexcl;Cu&aacute;ntos ni&ntilde;os hu&eacute;rfanos! &iexcl;Cu&aacute;ntas vidas nobles, inocentes, tronchadas cruel y brutalmente! <i>Tambi&eacute;n de sacerdotes, religiosos, religiosas<\/i>, de fieles servidores de la Iglesia, e incluso de <i>un Pastor celoso y venerado, arzobispo de esta grey, monse&ntilde;or Oscar Arnulfo Romero<\/i>, quien trat&oacute;, as&iacute; como los otros hermanos en el Episcopado, de que cesara la violencia y se restableciera la paz. Al recordarlo, pido que su memoria sea siempre respetada y que ning&uacute;n inter&eacute;s ideol&oacute;gico pretenda instrumentalizar su sacrificio de Pastor entregado a su grey. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">La cruz derrumba el muro de separaci&oacute;n: el odio. El hombre busca con frecuencia argumentos para tranquilizar su conciencia, la cual lo acusa si obra mal. Y llega a veces a elevar el odio a un rango tal, que se le confunde con la nobleza de una causa; hasta identificarlo con un acto restaurador de amor. Cristo sana en su ra&iacute;z el coraz&oacute;n del hombre. Su amor nos purifica y abre los ojos para que distingamos entre lo que viene de Dios y lo que procede de nuestras pasiones. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">4. El perd&oacute;n de Cristo despunta como una nueva alborada, como un nuevo amanecer. Es la nueva tierra, \u201cbuena y espaciosa\u201d, hacia la que Dios nos llama, como hemos le&iacute;do antes en el libro del &Eacute;xodo (<i>Es<\/i> 3, 8).&nbsp; Esa tierra en la que debe desaparecer la opresi&oacute;n del odio y dejar el puesto a los sentimientos cristianos: \u201cRevest&igrave;os de sentimientos de tierna comprensi&oacute;n, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia; soportaos los unos a los otros y perdonaos mutuamente, si uno tiene contra el otro algo de qu&eacute; quejarse. Es el Se&ntilde;or el que os ha perdonado, haced lo mismo a vuestro turno\u201d (<i>Col<\/i> 3, 12-13).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">El amor redentor de Cristo no permite que nos encerremos en la prisi&oacute;n del ego&iacute;smo que <i>se niega al aut&eacute;ntico di&aacute;logo, desconoce los derechos de los dem&aacute;s y los clasifica en la categor&iacute;a de enemigos que hay que combatir<\/i>. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">He indicado en mi &uacute;ltimo Mensaje para la Jornada de la Paz, al invitar a superar los obst&aacute;culos que se oponen al di&aacute;logo: \u201cCon mayor raz&oacute;n hay que mencionar la <i>mentira t&aacute;ctica y deliberada<\/i> que abusa del lenguaje, recurre a las formas m&aacute;s sofisticadas de propaganda, enrarece el di&aacute;logo y exaspera la agresividad. Finalmente, cuando algunas partes son alimentadas con <i>ideolog&iacute;as<\/i> que, a pesar de sus declaraciones, se oponen a la dignidad de la persona humana, a sus justas aspiraciones, seg&uacute;n los sanos prop&oacute;sitos de la raz&oacute;n, de la ley natural y eterna &#x2015;ideolog&iacute;as que ven en la lucha el motor de la historia, en la fuerza la fuente del derecho, en la clasificaci&oacute;n del enemigo el a-b-c de la pol&iacute;tica&#x2015;, el di&aacute;logo resulta dif&iacute;cil y est&eacute;ril\u201d (<a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19821208_xvi-world-day-for-peace.html\"><i>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1983<\/i><\/a>).<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">El di&aacute;logo que nos pide la Iglesia no es una tregua t&aacute;ctica para fortalecer posiciones en orden a la prosecuci&oacute;n de la lucha, sino el esfuerzo sincero de <i>responder con la b&uacute;squeda de oportunas<\/i> soluciones a la angustia, el dolor, el cansancio, la fatiga de tantos y tantos que anhelan la paz. Tantos y tantos <i>que quieren vivir<\/i>, renacer de las cenizas, buscar el calor de la sonrisa de los ni&ntilde;os, lejos del terror y en un clima de convivencia democr&aacute;tica. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">5. La cadena terrible de reacciones, propia de la dial&eacute;ctica amigo-enemigo, se ilumina con la Palabra de Dios que exige amar incluso a los enemigos y perdonarlos. Urge pasar de la desconfianza y agresividad, al respeto, la concordia, en un clima que permita la ponderaci&oacute;n leal y objetiva de las situaciones y la b&uacute;squeda prudente de los remedios. El remedio es la reconciliaci&oacute;n, a la que exhort&eacute; en mi Carta dirigida al Episcopado de este pa&iacute;s (cf. Eiusdem, <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1982\/documents\/hf_jp-ii_let_19820806_vescovi-salvador.html\"> <i>Epistula ad Episcopos salvatorianos<\/i>, 6 de agosto de 1982<\/a>: <i> Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, V\/3 [1982] 179).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">El amor de Dios nunca desahucia mientras se peregrina en la historia. S&oacute;lo la dureza del hombre acosado por la lucha sin cuartel se reviste de determinismo y fatalismo: se cree entonces err&oacute;neamente que <i>nadie puede cambiar<\/i>, convertirse y que las situaciones deber&iacute;an m&aacute;s bien conducirse program&aacute;ticamente hacia un irremediable deterioro. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Es entonces el momento de escuchar la invitaci&oacute;n del Evangelio de este domingo: \u201cSi no os convert&iacute;s, todos perecer&eacute;is del mismo modo\u201d (<i>Lc<\/i> 13, 3. 5).&nbsp; S&iacute;, convertirse y cambiar de conducta, porque &#x2015;como hemos escuchado en el Salmo responsorial&#x2015; Yahv&eacute; \u201chace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos\u201d (<i>Sal<\/i> 103, 6).&nbsp; Por eso el cristiano sabe que todos los pecadores pueden ser rescatados; que el rico despreocupado, injusto, complacido en la ego&iacute;sta posesi&oacute;n de sus bienes <i>puede y debe cambiar de actitud<\/i>; que quien acude al terrorismo, <i>puede y debe cambiar<\/i>; que quien rumia rencores y odios, <i>puede y debe librarse de esta esclavitud<\/i>; que los conflictos <i>tienen modos de superaci&oacute;n<\/i>; que donde impera el lenguaje de las armas en pugna, <i>puede y debe reinar el amor<\/i>, factor irreemplazable de paz. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">6. Al hablar de conversi&oacute;n como camino hacia la paz, no abogo por una paz artificiosa que oculta los problemas e ignora los mecanismos desgastados que es preciso componer. Se trata de una paz en la verdad, en la justicia, en el reconocimiento integral de los derechos de la persona humana. <i> Es una paz para todos<\/i>, de todas las edades, condiciones, grupos, procedencias, opciones pol&iacute;ticas. <i>Nadie debe ser excluido del esfuerzo por la paz<\/i>. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Todos y cada uno en Am&eacute;rica Central, en esta noble naci&oacute;n que ostenta orgullosa el nombre de El Salvador; todos y cada uno en Guatemala y Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Panam&aacute;, Belice y Hait&iacute;; todos y cada uno, gobernantes y gobernados, habitantes de la ciudad, pueblos o caser&iacute;os; todos y cada uno, empresarios y obreros, maestros y alumnos, todos tienen el deber de ser artesanos de la paz. <i>Que haya paz entre vuestros pueblos. Que las fronteras no sean zonas le tensi&oacute;n, sino brazos abiertos de reconciliaci&oacute;n<\/i>. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">7. Es urgente sepultar la violencia que tantas v&iacute;ctimas ha cobrado en &eacute;sta y en otras naciones. &iquest;C&oacute;mo? Con una verdadera conversi&oacute;n a Jesucristo. Con una reconciliaci&oacute;n capaz de hermanar a cuantos hoy est&aacute;n separados por muros pol&iacute;ticos, sociales, econ&oacute;micos e ideol&oacute;gicos. Con mecanismos e instrumentos de <i>aut&eacute;ntica participaci&oacute;n en lo econ&oacute;mico y social<\/i>, con <i>el acceso a los bienes de la tierra para todos<\/i>, con la posibilidad de la <i>realizaci&oacute;n por el trabajo<\/i>; en una palabra, con la <i>aplicaci&oacute;n de la doctrina social de la Iglesia<\/i>. En este conjunto se inserta un valiente y generoso esfuerzo en favor de la justicia de la que jam&aacute;s se puede prescindir. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Y esto en un clima de renuncia a la violencia. El serm&oacute;n de la monta&ntilde;a es la carta magna del cristiano: \u201cBienaventurados los artesanos de la paz, porque ser&aacute;n llamados hijos de Dios\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 9).&nbsp; Eso deb&eacute;is ser todos vosotros: Artesanos de la paz y reconciliaci&oacute;n, pidi&eacute;ndola a Dios y trabajando por ella. Sea un est&iacute;mulo a ello el Ano Santo extraordinario de la Redenci&oacute;n, que estamos para iniciar, y el pr&oacute;ximo S&iacute;nodo de los Obispos. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">8. Queridos hermanos y hermanas: <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Contemplo en esta muchedumbre de fieles y en los de toda Am&eacute;rica Central unidos a nosotros, un inmenso caudal de energ&iacute;as para la reconciliaci&oacute;n y la paz. Est&aacute;is, con todo derecho, <i>sedientos de paz<\/i>. Surge de vuestros pechos y gargantas un clamor de esperanza. <i>&iexcl;Queremos la paz!<\/i> <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Cristo que se ofrece por el mundo, y hacia cuyo misterio de reconciliaci&oacute;n en la cruz debe conducirnos el tiempo de Cuaresma en que nos encontramos, es el Cordero de Dios que da la paz. Implorada con todas vuestras fuerzas a Cristo, Pr&iacute;ncipe de la paz, para vuestra querida patria, para toda Am&eacute;rica Central, para toda Am&eacute;rica Latina, para el mundo. La paz viene de Cristo y es aut&eacute;ntico abrazo de hermanos en la reconciliaci&oacute;n. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Que Mar&iacute;a, Reina de la paz y Madre com&uacute;n, estreche a todos sus hijos en un abrazo de concordia y esperanza. Am&eacute;n. <\/span><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1983 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A AM&Eacute;RICA CENTRAL SANTA MISA EN EL METRO CENTRO DE EL SALVADOR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II El Salvador, 6 de marzo de 1983 &nbsp; Amados hermanos en el Episcopado, queridos hermanas y hermanas: 1. 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