{"id":39824,"date":"2016-10-05T23:04:47","date_gmt":"2016-10-06T04:04:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-marzo-de-1983-santa-misa-en-managua-nicaragua\/"},"modified":"2016-10-05T23:04:47","modified_gmt":"2016-10-06T04:04:47","slug":"4-de-marzo-de-1983-santa-misa-en-managua-nicaragua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-marzo-de-1983-santa-misa-en-managua-nicaragua\/","title":{"rendered":"4 de marzo de 1983, Santa Misa en Managua, Nicaragua"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST<font face=\"Times New Roman\">&Oacute;LICO A CENTRO AM&Eacute;RICA<\/font><\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><b> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">SANTA MISA EN MANAGUA<\/font><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><b><i> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><i><font color=\"#663300\">Managua, viernes 4 de marzo de 1983<\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\"><i> Queridos hermanos en el Episcopado, <br \/>amados hermanos y hermanas: <\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">1. Nos hallamos aqu&iacute; reunidos junto al altar del Se&ntilde;or. &iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a encontrarme entre vosotros, mis queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos &#x2015;congregados en torno a vuestros Pastores&#x2015; de esta amada tierra de Nicaragua, tan probada, tan heroica ante las calamidades naturales que la han azotado; tan vigorosa y activa para responder a los desaf&iacute;os de la historia y procurar edificar una sociedad a la medida de las necesidades materiales y de la dimensi&oacute;n trascendente del hombre! <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Saludo en primer lugar, con sincero afecto y estima, al Pastor y arzobispo de esta ciudad de Managua, a los otros obispos, a todos y cada uno de vosotros, ancianos y j&oacute;venes, ricos y pobres, obreros y empresarios, porque en todos vosotros est&aacute; presente Jesucristo, \u201cprimog&eacute;nito entre muchos hermanos\u201d (<i>Rm<\/i> 8, 29);&nbsp; de El \u201chab&eacute;is sido revestidos\u201d en vuestro bautismo (cf. <i>Gal<\/i> 3, 27);&nbsp; as&iacute; \u201ctodos vosotros sois uno en Cristo Jes&uacute;s\u201d (cf. <i>Gal<\/i> 3, 28).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">2. Los textos b&iacute;blicos que acaban de ser proclamados en esta Eucarist&iacute;a nos hablan de la unidad. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Se trata, ante todo, de la unidad de la Iglesia, del Pueblo de Dios, del \u201creba&ntilde;o\u201d del &uacute;nico Pastor. Pero tambi&eacute;n, como ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II, de la \u201cunidad de todo el g&eacute;nero humano\u201d, de la cual, como de la \u201cintima uni&oacute;n\u201d de todo hombre \u201ccon Dios\u201d, la Iglesia una es \u201ccomo un sacramento o signo\u201d (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/i>, 1).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">La triste herencia de la divisi&oacute;n entre los hombres, provocada por el pecado de soberbia (cf. <i>Gen<\/i> 4, 4. 9), perdura a lo largo de los siglos. Las consecuencias son las guerras, opresiones, persecuciones de unos por otros, odios, conflictos de toda clase. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Jesucristo, en cambio, vino para restablecer la unidad perdida, para que hubiera \u201cun solo reba&ntilde;o\u201d y \u201cun solo pastor\u201d \u201d(<i>Gv<\/i> 10, 16);&nbsp; un pastor cuya voz \u201cconocen\u201d las ovejas, mientras no conocen la de los extra&ntilde;os (<i>Gv<\/i> 10, 4-5);&nbsp; El, que es la &uacute;nica \u201cpuerta\u201d, por la cual hay que entrar (<i>Gv<\/i> 10, 1).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">La unidad es hasta tal punto motivo del ministerio de Jes&uacute;s, que &eacute;l vino a morir \u201cpara reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos\u201d (<i>Gv<\/i> 11, 52).&nbsp; As&iacute; nos lo ense&ntilde;a el Evangelista San Juan, quien nos muestra a Jes&uacute;s orando al Padre por la unidad de la comunidad que confiaba a sus ap&oacute;stoles (<i>Gv<\/i> 17, 11-12).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Jesucristo, con su muerte y resurrecci&oacute;n, y con el don de su Esp&iacute;ritu, ha restablecido la unidad entre los hombres, la ha dado a su Iglesia y ha hecho de &eacute;sta, seg&uacute;n dice el Concilio, \u201ccomo un sacramento o signo de la uni&oacute;n intima con Dios y la unidad de todo el g&eacute;nero humano\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/i>, 1).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">3. La Iglesia es la familia de Dios (cf. <i>Puebla<\/i>, 238-249).&nbsp; Como en una familia debe reinar la unidad en el orden, tambi&eacute;n en la Iglesia. En ella, ninguno tiene m&aacute;s derecho de ciudadan&iacute;a que otro: ni los jud&iacute;os, ni los griegos, ni los esclavos, ni los libres, ni los hombres, ni las mujeres, ni los pobres, ni los ricos, porque todos \u201csomos uno en Cristo Jes&uacute;s\u201d (cf. <i>Gal<\/i> 3, 28).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Esa unidad se funda en \u201cun solo Se&ntilde;or, una sola fe, un solo Dios y Padre que est&aacute; sobre todos, por todos y en todos\u201d, como dice el texto de la Carta a los Efesios que acabamos de escuchar (<i>Ef<\/i> 4, 5-6),&nbsp; y como sol&eacute;is cantar en vuestras celebraciones. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Hemos de apreciar la profundidad y solidez de los fundamentos de la unidad de que disfrutamos en la Iglesia universal, en la de toda Am&eacute;rica Central, y a la que debe tender indeclinablemente esta Iglesia local de Nicaragua. Precisamente por eso hemos de valorar tambi&eacute;n justamente los peligros que la amenazan, y la exigencia de mantener y profundizar esa unidad, don de Dios en Jesucristo. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Porque, como dec&iacute;a en mi carta a los obispos de Nicaragua del mes de agosto &uacute;ltimo (cf. JUAN PABLO II, <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1982\/documents\/hf_jp-ii_let_19820629_episcopato-nicaragua.html\"> <i>Epistula ad Episcopos Nicaraguenses<\/i>, 29 de junio de 1982<\/a>: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, V\/3 [1982] 172 ss.),&nbsp; este \u201cdon\u201d es quiz&aacute;s m&aacute;s precioso precisamente porque es \u201cfr&aacute;gil\u201d y est&aacute; \u201camenazado\u201d. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">4. En efecto, la unidad de la Iglesia es puesta en cuesti&oacute;n cuando a los poderosos factores que la constituyen y mantienen, la misma fe, la Palabra revelada, los sacramentos, <i>la obediencia a los obispos y al Papa<\/i>, el sentido de una vocaci&oacute;n y responsabilidad com&uacute;n en la tarea de Cristo en el mundo, se anteponen consideraciones terrenas, compromisos ideol&oacute;gicos inaceptables, opciones temporales, incluso concepciones de la Iglesia que suplantan la verdadera. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">S&iacute;, mis queridos hermanos centroamericanos y nicarag&uuml;enses: cuando el cristiano, sea cual fuere su condici&oacute;n, prefiere cualquier otra doctrina o ideolog&iacute;a a la ense&ntilde;anza de los Ap&oacute;stoles y de la Iglesia; cuando se hace de esas doctrinas el criterio de nuestra vocaci&oacute;n; cuando se intenta reinterpretar seg&uacute;n sus categor&iacute;as la catequesis, la ense&ntilde;anza religiosa, la predicaci&oacute;n; cuando se instalan \u201cmagisterios paralelos\u201d, como dije en mi alocuci&oacute;n inaugural de la Conferencia de Puebla (Eiusdem <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790128_messico-puebla-ecumen-meeting.html\"> <i>Allocutio ad Episcopos in urbe \u201cPuebla\u201d aperiens III Coetum Generalem Episcoporum Americae Latinae habita<\/i>, 28 de enero de 1979<\/a>: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, II [1979] 188 ss.), entonces se debilita la unidad de la Iglesia, se le hace m&aacute;s dif&iacute;cil el ejercicio de su misi&oacute;n de ser \u201csacramento de unidad\u201d para todos los hombres. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">La unidad de la Iglesia significa y exige de nosotros la superaci&oacute;n radical de todas estas tendencias de disociaci&oacute;n; significa y exige la revisi&oacute;n de nuestra escala de valores. Significa y exige que <i>sometamos nuestras concepciones doctrinales<\/i> y nuestros proyectos pastorales <i>al magisterio de la Iglesia<\/i>, representado por el Papa y los obispos. Esto se aplica tambi&eacute;n en el campo de la ense&ntilde;anza social de la Iglesia, elaborada por mis predecesores y por mi mismo. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Ning&uacute;n cristiano, y menos a&uacute;n cualquier persona con t&iacute;tulo de especial consagraci&oacute;n en la Iglesia, puede hacerse responsable de romper esa unidad, <i>actuando al margen o contra la voluntad de los obispos<\/i> \u201ca quienes el Esp&iacute;ritu Santo ha puesto para guiar la Iglesia de Dios\u201d (<i>At<\/i> 20, 28).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Ello es v&aacute;lido en toda situaci&oacute;n y pa&iacute;s, sin que cualquier proceso de desarrollo o elevaci&oacute;n social que se emprendan pueda leg&iacute;timamente comprometer la identidad y libertad religiosa de un pueblo, la dimensi&oacute;n trascendente de la persona humana y el car&aacute;cter sagrado de la misi&oacute;n de la Iglesia y de sus ministros. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">5. La unidad de la Iglesia es obra y don de Jesucristo. Se construye por referencia a El y en torno a El. Pero <i>Cristo ha confiado a los obispos un important&iacute;simo ministerio de unidad<\/i> en sus Iglesias locales (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/i>, 26).&nbsp; A ellos, en comuni&oacute;n con el Papa y nunca sin &eacute;l (cf. <i>Ivi<\/i> 22),&nbsp; toca promover la unidad de la Iglesia, y de tal modo, construir en esa unidad las comunidades, los grupos, las diversas tendencias y las categor&iacute;as de personas que existen en una Iglesia local y en la gran comunidad de la Iglesia universal. Yo os sostengo en ese esfuerzo unitario, que se reforzar&aacute; con vuestra pr&oacute;xima visita <i>ad Limina<\/i>. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Una prueba de la unidad de la Iglesia en un determinado lugar <i> es el respeto a las orientaciones pastorales dadas por los obispos a su clero y fieles<\/i>. Esa acci&oacute;n pastoral org&aacute;nica es una poderosa garant&iacute;a de la unidad eclesial. Un deber que grava especialmente sobre los sacerdotes, religiosos y dem&aacute;s agentes de la pastoral. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Pero el deber de construir y mantener la unidad es tambi&eacute;n <i> una responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia<\/i>, vinculados por un &uacute;nico bautismo, en la misma profesi&oacute;n de fe, en la obediencia al propio obispo y fieles al Sucesor de Pedro. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Queridos hermanos: tened bien presente que hay casos en los cuales la unidad s&oacute;lo se salva cuando cada uno es capaz de renunciar a ideas, planes y compromisos propios, incluso buenos &#x2015;&iexcl;cu&aacute;nto m&aacute;s cuando carecen de la necesaria referencia eclesial! &#x2015;p<i>or el bien superior de la comuni&oacute;n con el obispo, con el Papa, con toda la Iglesia<\/i>. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Una Iglesia dividida, en efecto, como ya dec&iacute;a en mi carta a vuestros obispos, no podr&aacute; cumplir su misi&oacute;n \u201cde sacramento, es decir, se&ntilde;al e instrumento de unidad en el pa&iacute;s\u201d. Por ello alertaba all&iacute; sobre \u201c<i>lo absurdo y peligroso que es imaginarse<\/i> como al lado &#x2015;por no decir contra &#x2015;de la Iglesia construida en torno al obispo, <i>otra Iglesia<\/i> concebida s&oacute;lo como \u201ccarism&aacute;tica\u201d y no institucional, \u201cnueva\u201d y no tradicional, alternativa y, como se preconiza &uacute;ltimamente, una \u201cIglesia popular\u201d. Quiero hoy reafirmar estas palabras, aqu&iacute; delante de vosotros. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">La Iglesia debe mantenerse unida para poder contrarrestar las diversas formas, directas o indirectas, de materialismo que su misi&oacute;n encuentra en el mundo. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Ha de estar unida para anunciar el verdadero mensaje del Evangelio &#x2015;seg&uacute;n las normas de la Tradici&oacute;n y del Magisterio &#x2015;y que est&eacute; libre de deformaciones debidas a cualquier ideolog&iacute;a humana o programa pol&iacute;tico. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">El Evangelio as&iacute; entendido conduce al esp&iacute;ritu de verdad y de libertad de los hijos de Dios, para que no se dejen ofuscar por propagandas antieducadoras o coyunturales, a la vez que educa al hombre para la vida eterna. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">6. La Eucarist&iacute;a que estamos celebrando es en s&iacute; misma signo y causa de unidad. Somos todos uno, siendo muchos, \u201clos que participamos de un solo pan\u201d (<i>1 Cor<\/i> 10, 17) que es el cuerpo de Cristo. En la plegaria eucar&iacute;stica que pronunciaremos dentro de unos instantes, pediremos al Padre que, por la participaci&oacute;n del cuerpo y de la sangre de Cristo, haga de nosotros \u201cun solo cuerpo y un solo esp&iacute;ritu\u201d (Prex eucharistica III).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Para lograr esto se requiere un compromiso serio y formal de respetar el car&aacute;cter fundamental de la Eucarist&iacute;a como signo de unidad y vinculo de caridad. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">La Eucarist&iacute;a, por ello, no se celebra sin el obispo &#x2015;o el ministro leg&iacute;timo, es decir, el sacerdote que es en su di&oacute;cesis el presidente nato de una celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica digna de tal nombre (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i>, 41).&nbsp; Ni se celebra adecuadamente cuando esta referencia eclesial se pierde o se pervierte porque no se respeta la estructura lit&uacute;rgica de la celebraci&oacute;n, tal como ha sido establecida por mis predecesores y por m&iacute; mismo. <i>La Eucarist&iacute;a que se pone al servicio de las propias ideas<\/i> y opiniones o para finalidades ajenas a ella misma, <i>no es ya una Eucarist&iacute;a de la Iglesia<\/i>. En lugar de unir, divide. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Que esta Eucarist&iacute;a que yo mismo, sucesor de San Pedro y \u201cfundamento de la unidad visible\u201d (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/i>, 18) presido, y en la que participan vuestros obispos en torno al Papa, os sirva de modelo y renovado impulso en vuestro comportamiento como cristianos. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Amados sacerdotes: renovad as&iacute; la unidad entre vosotros y con vuestros obispos, a fin de conservarla y acrecentarla en vuestras comunidades. Y vosotros, religiosos, estad siempre unidos a la persona y a las directrices de vuestros obispos. Sea el servicio de todos a la unidad, un verdadero servicio pastoral a la grey de Jesucristo y en su nombre. Y vosotros, obispos, estad muy cercanos a vuestros sacerdotes. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">7. En este contexto se debe insertar igualmente el verdadero ecumenismo, o sea el empe&ntilde;o por la unidad entre todos los cristianos y todas las comunidades cristianas. Una vez m&aacute;s os digo que esa unidad se puede fundar solamente en Jesucristo, en el &uacute;nico bautismo (cf. <i>Ef<\/i> 4, 5) y en la com&uacute;n profesi&oacute;n de fe. La tarea de reconstruir la plena comuni&oacute;n entre todos los cristianos no puede tener otra referencia y otros criterios y ha de usar siempre m&eacute;todos de leal colaboraci&oacute;n y b&uacute;squeda. No puede servir m&aacute;s que para dar testimonio de Jesucristo \u201cpara que el mundo crea\u201d (cf. <i>Gv<\/i> 17, 21).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Otra finalidad u otro uso del empe&ntilde;o ecum&eacute;nico no puede llevar m&aacute;s que a crear unidades ilusorias y, en &uacute;ltima instancia, a causar nuevas divisiones. &iexcl;Qu&eacute; penoso ser&iacute;a que lo que debe ayudar a reconstruir la unidad cristiana y constituye una de las prioridades pastorales de la Iglesia en este momento de la historia, se convierta, por miop&iacute;a de los hombres, en virtud de criterios errados, en fuente de nuevas y peores rupturas! <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">San Pablo nos exhorta por ello, en el pasaje reci&eacute;n le&iacute;do, a \u201cconservar la unidad del Esp&iacute;ritu en el v&iacute;nculo de la paz\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 3).&nbsp; Yo os repito esta exhortaci&oacute;n y os se&ntilde;alo una vez m&aacute;s las bases y la meta de esa unidad. \u201cUn solo Cuerpo y un solo Esp&iacute;ritu, como una es la esperanza a que hab&eacute;is sido llamados. Un solo Se&ntilde;or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que est&aacute; sobre todos, por todos y en todos\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 4-6).&nbsp; <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">8. Amados hermanos: Os he hablado de coraz&oacute;n a coraz&oacute;n. Os he encarecido y encomendado esta vocaci&oacute;n y misi&oacute;n de la unidad eclesial. Estoy cierto de que vosotros, pueblo de Nicaragua, que hab&eacute;is sido siempre fieles a la Iglesia, continuar&eacute;is si&eacute;ndolo tambi&eacute;n en el futuro. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">El Papa, la Iglesia, as&iacute; lo esperan de vosotros. Y esto pido a Dios para vosotros, con gran afecto y confianza. Que la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, <i> la Pur&iacute;sima<\/i>, como vosotros la llam&aacute;is con tan hermoso nombre, que ella que es la Patrona de Nicaragua, os ayude a ser siempre constantes a esta vocaci&oacute;n de unidad y fidelidad eclesial. As&iacute; sea. <\/span> <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1983 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A CENTRO AM&Eacute;RICA SANTA MISA EN MANAGUA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Managua, viernes 4 de marzo de 1983 &nbsp; Queridos hermanos en el Episcopado, amados hermanos y hermanas: 1. Nos hallamos aqu&iacute; reunidos junto al altar del Se&ntilde;or. &iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a encontrarme entre vosotros, mis queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-marzo-de-1983-santa-misa-en-managua-nicaragua\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de marzo de 1983, Santa Misa en Managua, Nicaragua\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39824","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39824","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39824"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39824\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39824"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39824"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39824"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}