{"id":39843,"date":"2016-10-05T23:11:27","date_gmt":"2016-10-06T04:11:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-1984-misa-en-san-juan-de-puerto-rico\/"},"modified":"2016-10-05T23:11:27","modified_gmt":"2016-10-06T04:11:27","slug":"12-de-octubre-de-1984-misa-en-san-juan-de-puerto-rico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-1984-misa-en-san-juan-de-puerto-rico\/","title":{"rendered":"12 de octubre de 1984, Misa en San Juan de Puerto Rico"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE AP<font face=\"Times New Roman\">OST&Oacute;LICO<\/font> A ZARAGOZA, <br \/>SANTO DOMINGO Y PUERTO RICO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <b><i><a><\/a> <font color=\"#663300\" size=\"4\">&nbsp;<\/font><\/i><\/b><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL<\/font><\/i><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">&Iacute;A<\/font><\/i><\/b><\/font><b><i><a><\/a><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN&nbsp;PABLO II <\/font><\/i><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Plaza de Las Am&eacute;ricas de San Juan de Puerto Rico<br \/>&nbsp;Viernes 12 de octubre de 1984<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> \u201c<i>Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer<\/i>\u201d (<i>Ga<\/i> 4, 6). <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Queridos hijos e hijas de Puerto Rico: el obispo de Roma y Sucesor de Pedro profesa hoy junto a vosotros la fe que expresan las palabras del Ap&oacute;stol San Pablo, tomadas de la Carta a los G&aacute;latas: Dios envi&oacute; a su Hijo nacido de mujer.<\/p>\n<p align=\"left\"> Apoy&aacute;ndome en la verdad salvadora contenida en esas palabras, <i>saludo cordialmente y doy la bienvenida<\/i> a toda la <i>comunidad del Pueblo de Dios<\/i> que vive en Puerto Rico, as&iacute; como <i>a todos los miembros de la sociedad<\/i> de esta isla de \u201cBorinquen bella\u201d, a la que Col&oacute;n dio el nombre de San Juan Bautista. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Que gozo produce en mi &aacute;nimo constatar que en esta tierra rodeada por el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico, sus gentes han acogido a Cristo, dan testimonio de El y le proclaman como el Hijo de Dios y Salvador, como la Cabeza de la Iglesia y del objeto de su fe!<\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso doy gracias a Dios por este encuentro, en el que todos nos sentimos unidos en Cristo, alegres por su presencia entre nosotros, reconoci&eacute;ndole como ra&iacute;z de nuestra hermandad en El. <\/p>\n<p align=\"left\"> En esta perspectiva de intenso significado eclesial, doy mi cordial saludo a los Pastores de la Iglesia en Puerto Rico; ante todo al Se&ntilde;or Cardenal Luis Aponte Mart&iacute;nez, arzobispo de San Juan, a los otros obispos presididos por Monse&ntilde;or Juan Fremiot Torres Oliver, a los sacerdotes, seminaristas, familias religiosas y pueblo fiel. Doy tambi&eacute;n la bienvenida a nuestros hermanos cristianos representantes de las otras Iglesias y comunidades cristianas de Puerto Rico. Un saludo que se extiende al Se&ntilde;or Secretario de Estado de los Estados Unidos, que ha venido a recibirme al aeropuerto, al Se&ntilde;or Gobernador, a las autoridades y a los representantes del pueblo puertorrique&ntilde;o en sus diversas expresiones pol&iacute;tico-sociales. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. \u201cAl llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo . . . <i>para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva<\/i>\u201d (<i>Ga<\/i> 4, 5).<\/p>\n<p align=\"left\"> Tal es el designio eterno de Dios. <i>El plan eterno de la Divina Providencia<\/i>. Dios as&iacute; lo ha querido, para que los hijos e hijas del g&eacute;nero humano alcancen en su Hijo <i>la dignidad de hijos e hijas de Dios<\/i>. Para ello, Aquel que es de la misma naturaleza que el Padre \u2014Dios verdadero de Dios verdadero, el Hijo eterno, el Verbo del Padre\u2014 <i>se hace hombre<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\"> Y para que esta adopci&oacute;n divina del hombre se realice constantemente, \u201cDios ha enviado a nuestros corazones el Esp&iacute;ritu de su Hijo que clama: Abb&aacute;, Padre\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 4, 6). <\/p>\n<p align=\"left\"> Gracias al poder santificador del Esp&iacute;ritu Santo: <i>la gracia santificante<\/i>, no s&oacute;lo somos llamados hijos de Dios, sino que lo somos de verdad (cf. <i>1Jn<\/i> 3,1), y podemos por ello llamar a Dios \u201cPadre\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Somos hijos en el Hijo. Y si hijos, tambi&eacute;n herederos por voluntad de Dios (<i>Ga<\/i> 4, 7). <\/p>\n<p align=\"left\"> En esta condici&oacute;n de hijos y en esta herencia se manifiesta <i>cu&aacute;n llena de amor est&aacute; la Divina Providencia<\/i> hacia los hijos e hijas del g&eacute;nero humano.<\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Dios envi&oacute; a su Hijo, \u201c<i>nacido de mujer<\/i>\u201d. El nombre de esa mujer era Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\"> Toda la Iglesia la saluda con las palabras del arc&aacute;ngel Gabriel: \u201cAl&eacute;grate, <i>llena de gracia<\/i>, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 28).<\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia en Puerto Rico venera a Mar&iacute;a como <i>Madre de la Divina Providencia<\/i>. En ello se manifiesta la profundidad de vuestra fe. En efecto, la Divina Providencia est&aacute; vinculada con <i>la Maternidad divina de Mar&iacute;a<\/i>. El Hijo de Dios \u2014eternamente de la misma naturaleza que el Padre\u2014 <i>mediante Mar&iacute;a<\/i> se hizo hombre semejante a nosotros en todo, menos en el pecado (cf <i>Hb<\/i> 4, 15), porque Ella \u2014en la obediencia m&aacute;s profunda a sus designios divinos\u2014 lo concibi&oacute; virginalmente y lo dio a luz como el <i>Hijo del hombre<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\"> De esta forma Mar&iacute;a es verdaderamente la Madre de la Divina Providencia, y vosotros <i>la proclam&aacute;is<\/i> con este t&iacute;tulo particular y <i>la vener&aacute;is <\/i>bajo esta hermosa advocaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> 4. S&eacute; bien que en esta tierra borinque&ntilde;a ha sido siempre muy profunda la devoci&oacute;n a la Madre de Cristo y de la Iglesia. A Ella el puertorrique&ntilde;o la siente de veras como la propia Madre del cielo.<\/p>\n<p align=\"left\"> Ese amor a Mar&iacute;a os viene desde los primeros misioneros, venidos de tierras de arraigada tradici&oacute;n mariana. Vuestros religiosos, sacerdotes y obispos \u2014ininterrumpidamente desde el primer Pastor de esta sede arzobispal, Alonso Manso, el primer Prelado que pis&oacute; tierra americana\u2014 os han inculcado esta devoci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ese profundo sentimiento de hermanos en la fe e hijos de una Madre com&uacute;n os ha ense&ntilde;ado la mutua comprensi&oacute;n, la hospitalidad, el amor a la convivencia en paz, la capacidad de entendimiento por encima de las diversas opciones sociales. Es algo que deb&eacute;is preservar en todo momento y circunstancias. <\/p>\n<p align=\"left\"> El amor providente del Padre os ha guiado siempre por los caminos de la historia <i>de la mano de Mar&iacute;a<\/i>. En momentos hist&oacute;ricos dif&iacute;ciles para la fe, el j&iacute;baro bueno de esta tierra llevaba, y lleva a&uacute;n, colgado de su cuello el rosario de la Virgen Mar&iacute;a. Era la identificaci&oacute;n de su fe. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y mi Predecesor Pablo VI proclam&oacute; Patrona de Puerto Rico a Nuestra Se&ntilde;ora de la Divina Providencia. <\/p>\n<p align=\"left\"> S&eacute; que ahora ten&eacute;is el prop&oacute;sito de edificar a Mar&iacute;a, Madre de la Divina Providencia, un santuario, donde vosotros y vuestros hijos aprend&aacute;is a caminar mejor hacia Jes&uacute;s por medio de Mar&iacute;a. Quiero alentar vuestro deseo y pido al Se&ntilde;or que os conceda poder realizarlo. Este santuario mariano deber&aacute; recordaros que vosotros sois las piedras vivas del templo espiritual y universal que es la Iglesia. Esa Iglesia que vive tambi&eacute;n en Latinoam&eacute;rica, en cuyo contexto est&aacute;is situados. <\/p>\n<p align=\"left\"> En la medida que viv&aacute;is vuestra fe, dar&eacute;is vigor y estabilidad a ese templo, llamado a acoger y proteger a todo hombre. Haber recibido el bautismo es una gran gracia. Pero ella constituye s&oacute;lo <i>el primer cap&iacute;tulo de una historia personal y colectiva <\/i>que es preciso escribir con constantes ejercicios de fe, capaces de mantener siempre viva la llama del amor y de la esperanza que Cristo encendi&oacute; al compartir nuestra vida. Nuestra respuesta a su encarnaci&oacute;n deber&aacute; ser la de seguir fielmente nosotros el programa de vida que El escogi&oacute;. Porque ser cristiano significa acatamiento de la voluntad salv&iacute;fica del Padre, imitaci&oacute;n de Cristo en su amor al hombre y trato frecuente con el Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pensad en este programa cuando entr&eacute;is en el futuro templo consagrado a Mar&iacute;a, Madre de la Divina Providencia, y que Ella os ayude a realizarlo para bien vuestro y de la entera comunidad puertorrique&ntilde;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. El Evangelio de esta Misa trae a nuestro recuerdo el acontecimiento que tuvo lugar <i>en Can&aacute; de Galilea<\/i>: las Bodas de Can&aacute;. Durante las mismas viene a faltar el vino. Entonces <i>Mar&iacute;a<\/i> se dirige a Jes&uacute;s con estas palabras: \u201cNo tienen vino\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> A trav&eacute;s de este suceso ordinario, la Iglesia quiere ense&ntilde;arnos que Mar&iacute;a es la Madre de la Divina Providencia, porque <i>cuida de nuestro acontecer humano<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ella, en efecto, como Madre de todos (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 61), como ejemplo y tipo de la Iglesia (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 63), vela sobre sus hijos. Y los alienta a esforzarse por edificar el mundo en el amor, en la comprensi&oacute;n y la justicia, para que la realidad temporal sea m&aacute;s digna del hombre (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, 93). <\/p>\n<p align=\"left\"> Ella sigue intercediendo por los hombres sus hijos, para que no olviden sus deberes temporales de fidelidad a Dios y al hombre (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 43), a la vez que contin&uacute;a alcanz&aacute;ndoles del Redentor \u201clos dones de la eterna salvaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 62). <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. <i>Jes&uacute;s responde<\/i> a las palabras de su Madre: \u201c&iquest;Qu&eacute; tengo yo contigo, mujer? Todav&iacute;a no ha llegado mi hora\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 4) . Sin embargo, <i>a pesar de la respuesta<\/i> (que parece negativa) la Madre de Jes&uacute;s dice a los sirvientes: \u201cHaced lo que &eacute;l os diga\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 2, 5). Y, en efecto, Jes&uacute;s ordena a los criados llenar las tinajas de agua, que se convierte en vino. Ante ello nota el evangelista: \u201cAs&iacute; en Can&aacute; de Galilea, <i>dio Jes&uacute;s comienzo a sus se&ntilde;ales<\/i>. Y manifest&oacute; su gloria, y creyeron en &eacute;l sus disc&iacute;pulos\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 2, 11). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>La Madre de la Divina Providencia<\/i> se revela tambi&eacute;n en las palabras: \u201cHaced lo que &eacute;l os diga\u201d. Aqu&iacute; se desvela la funci&oacute;n esencial de Mar&iacute;a, que es conducir a los hombres hacia la voluntad del Padre manifestada en Cristo. Conducir a sus hijos hacia el centro del misterio salvador del Redentor del hombre. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ella con su palabra, pero sobre todo con su ejemplo de obediencia perfecta al designio de la Providencia, sigue indicando a cada hombre y sociedad el camino a seguir: Haced lo que El os diga. Como si dijera: escuchad su palabra, porque El es el enviado del Padre (cf. <i>Mt<\/i> 3, 17); seguidle con fidelidad, porque El es el camino, la verdad y la vida (cf. <i>Mt<\/i> 5, 13-16); sed operadores de paz, de justicia, de misericordia, de limpieza de coraz&oacute;n (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 5, 1-2); ved en el hambriento, en el enfermo, en el forastero la presencia de Cristo que reclama ayuda (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 25, 31-46). <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Queridos hijos e hijas de Puerto Rico: La Madre de la Divina Providencia est&aacute; particularmente presente en medio de vuestra comunidad. Indicando a Cristo el Se&ntilde;or, <i>Ella repite<\/i> las palabras dichas en Can&aacute; de Galilea: \u201cHaced lo que &eacute;l os diga\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iquest;Qu&eacute; tiene que deciros hoy? <\/p>\n<p align=\"left\"> Uno de los terrenos a los que su solicitud maternal se dirige, es sin duda <i>el de la familia<\/i>. La estima profunda por la misma es uno de los elementos que componen vuestro patrimonio religioso-cultural. Ella transmite los valores culturales, &eacute;ticos, c&iacute;vicos, espirituales y religiosos que desarrollan a sus miembros y a la sociedad. En su seno, las diversas generaciones se ayudan a crecer y a armonizar sus derechos con las exigencias de los dem&aacute;s. Por ello debe ser un ambiente intensamente evangelizado, para que est&eacute; impregnado de los valores cristianos y refleje el ejemplo de vida de la Sagrada Familia. <\/p>\n<p align=\"left\"> La apertura a otras sociedades debe pues serviros para enriquecer la vuestra. Pero <i>no permit&aacute;is<\/i> que concepciones ajenas a vuestra fe y peculiaridad como pueblo destruyan la familia, atacando la unidad y la indisolubilidad del matrimonio. &iexcl;Salvad el amor fiel y estable!, y superad la concepci&oacute;n divorcista de la sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Recordar tambi&eacute;n que \u2014como ense&ntilde;&oacute; el &uacute;ltimo Concilio\u2014 \u201cla vida, desde su concepci&oacute;n, debe ser salvaguardada con el m&aacute;ximo cuidado; el aborto y el infanticidio son cr&iacute;menes abominables\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 51). Ninguna ley humana puede, por ello, justificar moralmente el aborto provocado. Como tampoco son admisibles en el plano moral las actuaciones de las autoridades p&uacute;blicas que intentan limitar la libertad responsable de los padres al decidir sobre los hijos a procrear. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Otro campo al que hab&eacute;is de aplicar la ense&ntilde;anza del Maestro es <i>el de la juventud<\/i>. A su formaci&oacute;n en la fe habr&aacute; de dedicar la Iglesia en Puerto Rico una de sus solicitudes preferenciales, para que Cristo est&eacute; presente e inspire la conducta de los j&oacute;venes. <\/p>\n<p align=\"left\"> La juventud huye de la mediocridad, vive la esperanza y quiere encontrar su debido puesto en la sociedad de hoy. Por ello su voz debe ser escuchada y debe tener acceso a los bienes espirituales, culturales y materiales de nuestro mundo, para evitar que sea v&iacute;ctima de la frustraci&oacute;n, la evasi&oacute;n o la droga. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pero no olvid&eacute;is nunca que para llenar de ideales v&aacute;lidos el alma del joven hay que darle horizontes de s&oacute;lida educaci&oacute;n moral y cultural. Alabo y bendigo, pues, el esfuerzo que la Iglesia hace en Puerto Rico en favor de la juventud, tanto en la escuela o colegio como en la universidad. Y os aliento a proseguir ese camino, para que todos, de cualquier posici&oacute;n social sean, puedan recibir en los centros educativos de la Iglesia y fuera de ellos una educaci&oacute;n integral. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ojal&aacute; los padres encuentren plena libertad para elegir el tipo de escuela que prefieran para sus hijos, sin soportar por ello cargas econ&oacute;micas adicionales (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/ESL0020\/__P2L.HTM\">C&oacute;digo de Derecho Can&oacute;nico<\/a><\/i>, can. 797), y que las escuelas provean tambi&eacute;n a la educaci&oacute;n religiosa y moral de los j&oacute;venes, de acuerdo con la conciencia de sus padres (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 799). <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. <i>El sector de los laicos<\/i> es otro al que apunta la necesidad de aplicar lo que Cristo pide hoy a la Iglesia en Puerto Rico. <\/p>\n<p align=\"left\"> El Concilio Vaticano II perfil&oacute; claramente la figura y misi&oacute;n del laicado cristiano en la Iglesia y en el mundo. Es consolador saber que en este pa&iacute;s surgen grupos de j&oacute;venes y adultos que, conscientes de las exigencias del propio bautismo, quieren colaborar con generosidad en el servicio apost&oacute;lico a la comunidad eclesial, siendo ellos mismos los primeros en vivir &iacute;ntegramente su fe. <\/p>\n<p align=\"left\"> Quiero, por ello, alentar a los laicos en su dinamismo cristiano, exhort&aacute;ndolos a ejercer su misi&oacute;n en &iacute;ntimo contacto con los obispos y sacerdotes. Piensen los laicos cristianos que a ellos corresponde imbuir la realidad temporal de los valores del Evangelio (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\"> Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 7), y luchar desde dentro en la transformaci&oacute;n de la sociedad seg&uacute;n Dios. A ellos se abre un inmenso campo de acci&oacute;n, para contribuir con todas sus fuerzas a la mejora social en la dif&iacute;cil situaci&oacute;n econ&oacute;mica presente. A su tarea generosa queda abierta la necesaria obra de moralizaci&oacute;n de la vida p&uacute;blica, el esfuerzo para que el peso mayor de la situaci&oacute;n no caiga sobre los m&aacute;s pobres, la lucha contra lo que trastorna la convivencia social, contra la delincuencia, la droga, la corrupci&oacute;n, el alcoholismo. Con ideales de insobornable sentido &eacute;tico y de amor al hombre imagen de Dios, podr&aacute; el laico cristiano cambiar los corazones <i>y elevar as&iacute; el tono moral de la sociedad<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;Hablando del empe&ntilde;o eclesial y humano de los laicos, quiero reservar una especial menci&oacute;n, agradecimiento y aliento a los <i>animadores o presidentes de asamblea<\/i>, que tanto bien hacen a las comunidades cristianas donde falta el sacerdote. Y lo mismo quiero decir a los <i>numerosos catequistas aqu&iacute; representados<\/i>, y que colaboran tan eficazmente en la obra de la evangelizaci&oacute;n. Estos tienen un eximio modelo en fray Ram&oacute;n Pan&eacute;, que catequiz&oacute; y conoci&oacute; a fondo la cultura de los ta&iacute;nos. Por ello, queridos catequistas y animadores de asamblea: en esta tierra de fecundas realizaciones catequ&iacute;sticas, proseguid vuestro empe&ntilde;o en favor de la fe de vuestro pueblo.<\/p>\n<p align=\"left\"> En este contexto de universalidad eclesial, no puedo menos de saludar a los muchos miembros de otras comunidades cristianas, presentes con nosotros, y que en Puerto Rico han encontrado una acogida cordial y su inserci&oacute;n social.<\/p>\n<p align=\"left\"> Como Pastor de toda la Iglesia, dirijo pues mi m&aacute;s afectuoso saludo a cuantos viven fuera de su patria. Entre ellos, a los haitianos, a los procedentes de varios pa&iacute;ses de Europa, a los miembros de los otros grupos ling&uuml;&iacute;sticos o nacionales y en particular a los numerosos fieles de Cuba. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ese nombre que acabo de pronunciar, Cuba, tan cercana geogr&aacute;ficamente, suscita en m&iacute; sentimientos de profundo afecto y cercan&iacute;a de la Iglesia a todos los hijos de ese noble pueblo: sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, laicos cristianos de la Perla del Caribe. <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. Reunidos en esta comunidad extraordinaria del Pueblo de Dios, despu&eacute;s de haber meditado la Palabra revelada que nos presenta la liturgia de hoy, <i> deseamos pronunciar todos, junto con la Madre de Dios<\/i>, este himno de alabanza a la Divina Providencia en el que Ella ha expresado el \u201cmagn&iacute;ficat\u201d de su alma: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cHa hecho en mi favor <i>maravillas<\/i> el Poderoso, santo en su nombre, y su misericordia alcanza <i>de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n<\/i> a los que lo temen\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 49s.). <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos hermanos y hermanas: Est&eacute; siempre vivo en vuestros corazones <i>el temor de Dios<\/i>. Este es el <i>principio de la sabidur&iacute;a<\/i> (cf. <i>Sal<\/i> 110 (111), 10). Y de la sabidur&iacute;a nace el <i>amor<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> No dej&eacute;is <i>de dar gracias a Dios<\/i>, porque \u201cenvi&oacute; a su Hijo, nacido de mujer . . ., para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> No dej&eacute;is <i>de agradecer la herencia de la fe en Cristo<\/i> y la gracia de la adopci&oacute;n divina. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>No dej&eacute;is de dar gracias por la Madre de la Divina Providencia<\/i>. Que sea Ella para todas las generaciones de esta tierra <i>la puerta de la salvaci&oacute;n<\/i>. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> &copy; Copyright 1984 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ZARAGOZA, SANTO DOMINGO Y PUERTO RICO &nbsp;HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN&nbsp;PABLO II Plaza de Las Am&eacute;ricas de San Juan de Puerto Rico&nbsp;Viernes 12 de octubre de 1984 &nbsp; &nbsp; \u201cAl llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer\u201d (Ga 4, 6). 1. Queridos hijos e hijas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-1984-misa-en-san-juan-de-puerto-rico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab12 de octubre de 1984, Misa en San Juan de Puerto Rico\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39843","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39843","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39843"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39843\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39843"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39843"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39843"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}