{"id":39844,"date":"2016-10-05T23:11:29","date_gmt":"2016-10-06T04:11:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-octubre-de-1984-misa-para-la-evangelizacion-de-los-pueblos-en-santo-domingo\/"},"modified":"2016-10-05T23:11:29","modified_gmt":"2016-10-06T04:11:29","slug":"11-de-octubre-de-1984-misa-para-la-evangelizacion-de-los-pueblos-en-santo-domingo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-octubre-de-1984-misa-para-la-evangelizacion-de-los-pueblos-en-santo-domingo\/","title":{"rendered":"11 de octubre de 1984, Misa para la evangelizaci\u00f3n de los pueblos en Santo Domingo"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE AP<font face=\"Times New Roman\">OST&Oacute;LICO<\/font> A ZARAGOZA, <br \/>SANTO DOMINGO Y PUERTO RICO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">MISA PARA LA EVANGELIZACI&Oacute;N DE LOS P<\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b>UEBLOS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <b><i><a><\/a> <font color=\"#663300\" size=\"4\">&nbsp;<\/font><\/i><\/b><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL<\/font><\/i><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">&Iacute;A<\/font><\/i><\/b><\/font><b><i><a><\/a><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN&nbsp;PABLO II <\/font><\/i><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Santo Domingo &#8211; &nbsp;Jueves 11 de octubre de 1984<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201c<i>El mismo Dios que dijo: de las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones<\/i>\u201d (<i>2 Cor<\/i>. 4, 6). <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia comienza hoy, queridos hermanos en el Episcopado, amados hermanos y hermanas, una novena particular. <i>Es el per&iacute;odo de nueve a&ntilde;os<\/i> que nos separa de la fecha del descubrimiento de Am&eacute;rica. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esta fecha \u2014una de las m&aacute;s importantes de la historia de la humanidad\u2014 marca tambi&eacute;n la del <i>comienzo de la fe y de la Iglesia <\/i>en este continente. <\/p>\n<p align=\"left\"> Llegado a esta Isla, en la que hace casi 500 a&ntilde;os se celebr&oacute; la primera Misa y se plant&oacute; la primera cruz, como Obispo de Roma y Sucesor del Ap&oacute;stol Pedro deseo inaugurar esta novena de a&ntilde;os, junto con el Episcopado y con toda la Iglesia en Am&eacute;rica Latina, as&iacute; como con los representantes de los obispos de Espa&ntilde;a, de Portugal, Filipinas, Estados Unidos y Canad&aacute;, especialmente vinculados, por diversos t&iacute;tulos, a esta celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cEL mismo Dios que dijo: de las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante la expedici&oacute;n guiada por Crist&oacute;bal Col&oacute;n <i>se abrieron tierras desconocidas y apareci&oacute; un Nuevo Mundo<\/i>. Y a la vez, el mismo Dios que a los descubridores, rodeados por el abismo del inmenso oc&eacute;ano, permiti&oacute; un d&iacute;a dar el grito de &iexcl;tierra!, El mismo \u201cha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que est&aacute; en la faz de Cristo\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Este fue el principio salv&iacute;fico del conocimiento<i> de la gloria de Dios que est&aacute; en la faz de Cristo<\/i>: el comienzo de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, el comienzo de la fe y de la Iglesia en el Nuevo Mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Todos vosotros que constitu&iacute;s esta Iglesia, <i>dese&aacute;is conmemorar esa fecha con profunda gratitud <\/i>al Todopoderoso, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, al Dios que es amor y verdad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para ello, ya desde ahora, durante esta novena preparatoria de a&ntilde;os, dese&aacute;is <i> seguir las huellas<\/i> de todos aquellos <i>mensajeros de la fe<\/i>, que viniendo hasta aqu&iacute; desde finales del siglo XV, han dado testimonio como el Ap&oacute;stol Pablo: \u201cNo nos predicamos a nosotros mismos, sino <i>a Cristo Jes&uacute;s como Se&ntilde;or<\/i>, y a nosotros como siervos vuestros por Jes&uacute;s\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 4, 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> Ese testimonio vivido y predicado de Cristo Jes&uacute;s como el Se&ntilde;or, como luz para la vida, como principio y fin de la existencia humana, como hermano del hombre en el plan salvador de Dios, es la gran novedad que mueve a sucesivas generaciones de misioneros. Ellos llegan sobre todo de la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica: franciscanos, mercedarios, dominicos, agustinos, jesuitas, capuchinos y otras &oacute;rdenes religiosas. Luego se asocian tambi&eacute;n los procedentes de otras naciones. As&iacute;, a&ntilde;o tras a&ntilde;o en el decurso de varios siglos, hasta nuestros d&iacute;as, hasta que la fe en Cristo se consolida con ra&iacute;ces propias en la nueva cristiandad. <\/p>\n<p align=\"left\"> La fe en Cristo Salvador y el servicio a la misma, es lo que atrae a los predicadores del Evangelio; es lo que los hace servidores del hombre que encuentran en las nuevas tierras, en quien su fe les hace descubrir al hombre hermano, al redimido por Cristo, al hijo del &uacute;nico Padre, Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Qu&eacute; profundo estupor produce todav&iacute;a hoy la gesta de aquellos mensajeros de la fe! Siendo pocos para tan inmenso territorio, sin los medios modernos de transporte y comunicaci&oacute;n, con pocos recursos m&eacute;dicos, van cruzando imponentes cordilleras, r&iacute;os, selvas, tierras &aacute;ridas e inh&oacute;spitas, planicies pantanosas y altiplanos que van del Colorado y la Florida, a M&eacute;xico y Canad&aacute;; de las cuencas del Orinoco y del Magdalena, al Amazonas; de la Pampa, al Arauco. &iexcl;Una verdadera epopeya de fe, de servicio a la evangelizaci&oacute;n, de confianza en la fuerza de la cruz de Cristo! <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. En la misma Carta a los Corintios, el Ap&oacute;stol escribe: \u201c<i>Investidos de este misterio<\/i>, no desfallecemos. Antes bien, hemos repudiado el silencio vergonzoso, no procediendo con astucia, <i>ni falseando la Palabra de Dios<\/i>; al contrario, mediante la manifestaci&oacute;n de la verdad <i>nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia<\/i> humana delante de Dios\u201d (<i>2 Cor<\/i>. 4, 1-2). <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Cu&aacute;ntas gracias hemos de dar a Dios, porque los predicadores del Evangelio cumplieron su misi&oacute;n <i>en este esp&iacute;ritu<\/i>! Ellos, en efecto, realizaron su tarea con libertad e intrepidez, sin c&aacute;lculos sugeridos por astucias humanas. Por ello predicaron en toda su integridad la Palabra de Dios. Sin ocultar con el silencio las consecuencias pr&aacute;cticas que derivan de la dignidad de cada hombre, hermano en Cristo e hijo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y cuando el abuso del poderoso se abat&iacute;a sobre el indefenso, no ces&oacute; esa voz que clamaba a la conciencia, que fustigaba la opresi&oacute;n, que defend&iacute;a la dignidad del injustamente tratado, sobre todo del m&aacute;s desvalido. &iexcl;Con qu&eacute; fuerza resuena en los esp&iacute;ritus la palabra se&ntilde;era de Fray Antonio de Montesinos, cuando en la primera homil&iacute;a documentada, la de Adviento de 1511 \u2014al principio de la evangelizaci&oacute;n\u2014 alza su voz en estos mismos lugares, y denunciando valientemente la opresi&oacute;n y abusos cometidos contra inocentes, grita: \u201cTodos est&aacute;is en pecado mortal . . . Estos, &iquest;no tienen &aacute;nimas racionales?, &iquest;no sois obligados a amarlos como a vosotros mismos?\u201d. Era la misma voz de los obispos, cuando asumieron en todo el Nuevo Mundo el t&iacute;tulo de \u201cprotectores de los indios\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Adem&aacute;s, con la ayuda y ense&ntilde;anza al ind&iacute;gena, el mensajero del Evangelio se convierte \u2014 por encima del pecado presente aun entre cristianos \u2014 en solidaridad con los d&eacute;biles. Con raz&oacute;n podr&aacute; decir un cronista que a los religiosos \u201cno s&oacute;lo se les debe la doctrina sobrenatural, sino tambi&eacute;n . . . ense&ntilde;aron las costumbres morales y pol&iacute;ticas: en fin, todo aquello que es necesario para la vida humana\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Durante esta novena de a&ntilde;os, la Iglesia en Am&eacute;rica Latina quiere prestar a esta doble dimensi&oacute;n del Evangelio una gran atenci&oacute;n. Lo pide el sentido integral de la fe del Pueblo de Dios, que se expresa en la madura convicci&oacute;n cristiana y en las diversas formas de \u201creligiosidad popular\u201d, testimonio del hondo arraigo de los misterios de Dios en la conciencia y en la vida de grandes muchedumbres de seres humanos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante ello, damos fervientes gracias al \u201cDue&ntilde;o de la mies\u201d por todos los beneficios dispensados a los mensajeros de la Buena Noticia, desde el principio hasta hoy. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. El Evangelio de esta Misa nos recuerda la <i>visitaci&oacute;n de Mar&iacute;a<\/i>, despu&eacute;s de la anunciaci&oacute;n, a la casa de Isabel. <\/p>\n<p align=\"left\"> Am&eacute;rica Latina se ha convertido en la <i>tierra de la nueva visitaci&oacute;n<\/i>. Porque sus habitantes han acogido a Cristo, tra&iacute;do en cierto sentido en el seno de Mar&iacute;a, cuyo nombre llevaba ya una de las tres carabelas de Col&oacute;n. Y se ha unido de modo particular <i>a Cristo mediante Mar&iacute;a<\/i>. Por ello este continente es hasta hoy testigo de una particular presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/i>, c. VIII, 52-65). Aun externamente, las tierras de la nueva evangelizaci&oacute;n denotan esa presencia singular de Mar&iacute;a, con su cerca de 2.000 nombres de ciudades, villas y lugares referidos a los misterios y advocaciones de la Virgen Sant&iacute;sima. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cuando Isabel, saludando a la Virgen de Nazaret, pronuncia las palabras: \u201cFeliz la que ha cre&iacute;do\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 45), esas palabras pueden aplicarse <i>a los habitantes de vuestro continente<\/i>: felices vosotros, porque hab&eacute;is cre&iacute;do. <\/p>\n<p align=\"left\"> En el decurso de la novena de a&ntilde;os que iniciamos, queremos meditar sobre esta bienaventuranza, <i>dando gracias a Dios por la fe de las diversas generaciones que<\/i>, con la antorcha de Cristo en sus manos y en su coraz&oacute;n, han atravesado cada uno de los pa&iacute;ses del continente americano. Y porque contin&uacute;an encontrando en esa fe la <i>fuente de la vida y de la santidad<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Prepar&eacute;monos, pues, a cantar con Mar&iacute;a el <i>Magn&iacute;ficat<\/i> por las \u201cmaravillas que ha hecho\u201d, por los grandes dones de Dios, que convierten la vida de los hombres sobre la tierra en una \u201cvida nueva\u201d en plenitud; y que abren ante ella<i> la perspectiva de la eternidad en Dios<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cSanto es su nombre y su misericordia alcanza de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n a los que le temen\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 1, 49-50). Es nuestro canto de agradecida alabanza al Se&ntilde;or por su constante misericordia, y que se hace en nosotros reconocimiento de su grandeza y de nuestra indigencia, reverencia y amor de hijos, promesa de fidelidad a sus mandamientos, porque el temor de Dios es el principio de la sabidur&iacute;a\u201d (<i>Sal<\/i> 110 (111), 10). <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. En el <i>Magn&iacute;ficat<\/i> de Mar&iacute;a resuenan tambi&eacute;n estas palabras: \u201c(Dios) despleg&oacute; la fuerza de su brazo, dispers&oacute; a los soberbios en su propio coraz&oacute;n. <i>Derrib&oacute; a los potentados de sus tronos y exalt&oacute; a los humildes. A los hambrientos colm&oacute; de bienes<\/i> y despidi&oacute; a los ricos sin nada\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 51-53). <\/p>\n<p align=\"left\"> La Palabra revelada muestra aqu&iacute; la benevolencia de Dios, que se derrama sobre los humildes y peque&ntilde;os, a quienes El revela los secretos del reino (<i>Mt<\/i> 11, 25), y llena de sus bienes y esperanza. El es el Dios de todos, pero otorga su primera misericordia a los despose&iacute;dos de este mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas palabras del <i>Magn&iacute;ficat<\/i> son un eco anticipado de las bienaventuranzas: \u201cBienaventurados los pobres de esp&iacute;ritu, porque de ellos es el reino de los cielos . . . Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos ser&aacute;n saciados\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 5, 3-6). Esa realidad b&iacute;blica halla su fundamento en la identificaci&oacute;n que Cristo establece con el necesitado: \u201cCuanto hicisteis a uno de estos hermanos m&iacute;os m&aacute;s peque&ntilde;os, a m&iacute; me lo hicisteis\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 25, 40). <\/p>\n<p align=\"left\"> El ejemplo de Cristo de amor al menesteroso, se ha concretizado para la Iglesia en Latinoam&eacute;rica, sobre todo a partir de Medell&iacute;n y Puebla, en la llamada <i> opci&oacute;n preferencial por los pobres<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> En la perspectiva del ya cercano medio milenio de evangelizaci&oacute;n, la Iglesia en Am&eacute;rica Latina se halla ante esa<i> tarea important&iacute;sima<\/i>, que hunde sus ra&iacute;ces en el Evangelio. No cabe duda que la Iglesia ha de ser &iacute;ntegramente fiel a su Se&ntilde;or, poniendo en pr&aacute;ctica esa opci&oacute;n, ofreciendo su generoso aporte a la obra de \u201cliberaci&oacute;n social\u201d de las muchedumbres despose&iacute;das, a fin de lograr para todos una justicia que corresponda a su dignidad de hombres e hijos de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pero esa importante y urgente tarea ha de realizarla en una l&iacute;nea de fidelidad al Evangelio, que proh&iacute;be el recurso a m&eacute;todos de odio y violencia: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 ha de realizarla manteniendo una opci&oacute;n preferencial por el pobre que no sea \u2014como yo mismo he dicho en diversas ocasiones\u2014 <i>exclusiva y excluyente<\/i>, sino que se abra a cuantos quieren salir de su pecado y convertirse en su coraz&oacute;n; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 ha de realizarla sin que esa opci&oacute;n signifique ver al pobre como clase, como clase en lucha, o como Iglesia separada de la comuni&oacute;n y obediencia a los Pastores puestos por Cristo; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 ha de realizarla mirando al hombre en su vocaci&oacute;n terrena y eterna; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 ha de realizarla sin que el imprescindible esfuerzo de transformaci&oacute;n social exponga al hombre a caer tanto bajo sistemas que <i>le privan de su libertad<\/i> y le someten a programas de ate&iacute;smo, como de materialismo pr&aacute;ctico que lo expolian de su riqueza interior y trascendente; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 ha de realizarla sabiendo que la primera liberaci&oacute;n que ha de procurarse al hombre es la liberaci&oacute;n del pecado, del mal moral que anida en su coraz&oacute;n, y que es causa del \u201cpecado social\u201d y de las estructuras opresoras. <\/p>\n<p align=\"left\"> Son &eacute;stos algunos <i>puntos b&aacute;sicos de referencia<\/i>, que la Iglesia no puede olvidar en su acci&oacute;n evangelizadora y promocional. Ellos han de estar presentes en la pr&aacute;ctica y en la reflexi&oacute;n teol&oacute;gica, de acuerdo con las indicaciones de la Santa Sede en su reciente \u201cInstrucci&oacute;n sobre algunos aspectos de la &quot;teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n&quot;\u201d, emanada de la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe. <\/p>\n<p align=\"left\"> En este momento solemne deseo reafirmar que el Papa, la Iglesia y su jerarqu&iacute;a <i>quieren seguir presentes en la causa del pobre<\/i>, de su dignidad, de su elevaci&oacute;n, de sus derechos como persona, de su aspiraci&oacute;n a una improrrogable justicia social. Por ello, con tal que act&uacute;en con los criterios antes indicados y en uni&oacute;n con sus Pastores, las personas e instituciones eclesiales que trabajan con encomiable generosidad en la causa de los pobres, han de sentirse hoy <i>no frenadas, sino confirmadas y alentadas en su prop&oacute;sito<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Al terminar la primera mitad del milenio evangelizador, Am&eacute;rica Latina est&aacute; <i>ante una gran prueba hist&oacute;rica<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por ello, la Iglesia ve en este jubileo un llamamiento <i>a un nuevo esfuerzo creador<\/i> en su evangelizaci&oacute;n. Ella que va profundizando constantemente en el Evangelio. Ella que <i>busca toda la verdad y el amor que el Evangelio encierra<\/i>, quiere ser fiel al programa de Pablo: \u201cHemos repudiado el silencio vergonzoso . . . <i>no falseando la Palabra de Dios<\/i>; al contrario, mediante <i>la manifestaci&oacute;n de la verdad<\/i> nos recomendamos . . . a toda conciencia humana delante de Dios\u201d (<i>2 Cor.<\/i> 4, 2). <\/p>\n<p align=\"left\"> Mas la Palabra de Dios necesita labios humanos para ser proclamada. <i>Nosotros debemos prest&aacute;rselos a Cristo<\/i>. Se precisan por eso, en primer lugar, abundantes o por lo menos suficientes vocaciones sacerdotales y religiosas. Es necesario que,<i> en el silencio de esa oraci&oacute;n fecunda<\/i> que brota de la lectura de la Palabra divina, muchos hombres y mujeres latinoamericanos escuchen la llamada de Dios, que invita a dejar las redes de los propios intereses, para seguir de cerca a Cristo, para asociarse con total entrega a su estilo de vida, a su donaci&oacute;n desinteresada a todos y cada uno de los hombres encontrados en el camino. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ser&aacute;n esos hombres y mujeres especialmente consagrados quienes, formando con los actuales agentes de la pastoral los fuertes mudos de la red apost&oacute;lica constituida por todos los bautizados, den vigor <i>al ilusionado esfuerzo catequ&eacute;tico<\/i> que deber&aacute; constituir la mejor preparaci&oacute;n al V centenario de la proclamaci&oacute;n del Evangelio en Am&eacute;rica. &iquest;Qu&eacute; mejor homenaje se podr&aacute; rendir a los primeros misioneros de Am&eacute;rica Latina que el de seguirles en su entrega total a Cristo, y el de organizar \u2014 a escala diocesana, nacional y continental \u2014 una intensa acci&oacute;n catequ&eacute;tica que lleve a un mejor conocimiento de la Palabra revelada y a un mayor empe&ntilde;o en traducirla en vida? <\/p>\n<p align=\"left\"> Tal acci&oacute;n deber&aacute; tener, entre otros objetivos prioritarios, el de la promoci&oacute;n de una <i>sana moral familiar y p&uacute;blica, de una pr&aacute;ctica sacramental siempre m&aacute;s consciente<\/i> y orientada a la puesta en marcha del dinamismo santificador y apost&oacute;lico propio del bautismo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. El esfuerzo de la Iglesia por ser fiel a Cristo, a s&iacute; misma y al hombre, <i> no es algo que nace en nuestros d&iacute;as<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Me he referido antes al esp&iacute;ritu con el que ejercieron su tarea evangelizadora tantos misioneros venidos a este continente, y que fueron a la vez elementos activos de promoci&oacute;n social. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Cu&aacute;nto se debe a ellos, incluso humanamente, gracias a la labor desplegada en el esp&iacute;ritu evang&eacute;lico de amor a todo hombre! Una tarea que prosigue fecundamente en nuestros d&iacute;as, en tantas formas y lugares. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Cu&aacute;ntas otras iniciativas concretas han salido \u2014a lo largo y a lo ancho de Am&eacute;rica\u2014 de la inspiraci&oacute;n que tantos hombres y mujeres consagrados a Dios, o desde su condici&oacute;n de laicos cristianos, han sacado y sacan de las ense&ntilde;anzas de la Iglesia! <\/p>\n<p align=\"left\"> En la m&aacute;s reciente historia eclesial, un punto importante de llegada est&aacute; constituido por las Conferencias de Medell&iacute;n y de Puebla. <\/p>\n<p align=\"left\"> La primera recogi&oacute; las orientaciones del Concilio Vaticano II. La segunda asumi&oacute;, 10 a&ntilde;os despu&eacute;s, todas las orientaciones ideales de aqu&eacute;lla, precisando interpretaciones incorrectas de sus conclusiones, para mejor responder a la misi&oacute;n de la Iglesia y a su empe&ntilde;o en favor del hombre. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Cu&aacute;ntos no han sido asimismo los esfuerzos de los Episcopados de cada naci&oacute;n del continente, para elevar al hombre latinoamericano a trav&eacute;s de una evangelizaci&oacute;n renovada! <\/p>\n<p align=\"left\"> El CELAM, por su parte, ha continuado su labor de animaci&oacute;n, de servicio y comuni&oacute;n por medio de numerosas iniciativas. No puedo dejar de mencionar, como m&aacute;s reciente, su \u201cMensaje ante los 500 a&ntilde;os del descubrimiento y evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina\u201d. En &eacute;l aboga para que se lleve al hombre latinoamericano la luz de Cristo, se reconozca su dignidad, se d&eacute; premio a su paciencia y satisfacci&oacute;n a sus derechos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Teniendo todo esto ante los ojos, como Obispo de Roma <i>me postro de rodillas<\/i> ante la majestad del Dios vivo, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante Ti, Rey de los siglos y Se&ntilde;or de los se&ntilde;ores. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y junto con vosotros, hermanos en el Episcopado, con vosotros sacerdotes y familias religiosas, con vosotros, hijos e hijas de Am&eacute;rica, con la generaci&oacute;n adulta y joven, <i>quiero inaugurar esta gran novena de a&ntilde;os<\/i>, que sea <i>una nueva evangelizaci&oacute;n, una extensa misi&oacute;n<\/i> para Am&eacute;rica Latina, una intensa movilizaci&oacute;n espiritual. <\/p>\n<p align=\"left\"> En esta novena deseamos, mediante el Coraz&oacute;n Inmaculado de la Madre de Dios y en el umbral del V centenario de la fe y de la Iglesia, renovar en estas tierras la alianza entre bautismo y Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\"> La alianza contigo, Cristo, Padre del siglo futuro, que eres nuestro Redentor y Se&ntilde;or. Contigo que vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Esp&iacute;ritu Santo por los siglos de los siglos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> &copy; Copyright 1984 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ZARAGOZA, SANTO DOMINGO Y PUERTO RICO MISA PARA LA EVANGELIZACI&Oacute;N DE LOS PUEBLOS &nbsp;HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN&nbsp;PABLO II Santo Domingo &#8211; &nbsp;Jueves 11 de octubre de 1984 &nbsp; 1. \u201cEl mismo Dios que dijo: de las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones\u201d (2 Cor. 4, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-octubre-de-1984-misa-para-la-evangelizacion-de-los-pueblos-en-santo-domingo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab11 de octubre de 1984, Misa para la evangelizaci\u00f3n de los pueblos en Santo Domingo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39844","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39844","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39844"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39844\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39844"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39844"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39844"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}