{"id":39845,"date":"2016-10-05T23:11:30","date_gmt":"2016-10-06T04:11:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-octubre-de-1984-celebracion-de-la-palabra-en-zaragoza\/"},"modified":"2016-10-05T23:11:30","modified_gmt":"2016-10-06T04:11:30","slug":"10-de-octubre-de-1984-celebracion-de-la-palabra-en-zaragoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-octubre-de-1984-celebracion-de-la-palabra-en-zaragoza\/","title":{"rendered":"10 de octubre de 1984, Celebraci\u00f3n de la Palabra en Zaragoza"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE AP<font face=\"Times New Roman\">OST&Oacute;LICO<\/font> A ZARAGOZA, <br \/>SANTO DOMINGO Y PUERTO RICO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <b><i><a><\/a> <font color=\"#663300\" size=\"4\">&nbsp;<\/font><\/i><\/b><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL<\/font><\/i><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">&Iacute;A<\/font><\/i><\/b><\/font><b><i><a><\/a><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN&nbsp;PABLO II <\/font><\/i><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Explanada de la &laquo;Avenida de los Pirineos&raquo; (Zaragoza)<br \/>&nbsp;Mi&eacute;rcoles 10 de octubre de 1984<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> \u201c<i>Id y ense&ntilde;ad a todos los pueblos, bautiz&aacute;ndoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo, y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que os he ense&ntilde;ado. Y mirad: yo estar&eacute; con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin de los siglos<\/i>\u201d (<i>Mt<\/i> 28, 19-20). <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Estas palabras me parecen particularmente vivas y apropiadas para este encuentro que tengo con vosotros, queridos hermanos obispos, amados hermanos y hermanas de Espa&ntilde;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> El mandato misionero de Jes&uacute;s en las riberas del Tiber&iacute;ades, resuena hoy con fuerza a orillas del Ebro, donde desde hace tantos siglos alienta un eco de los afanes apost&oacute;licos de Santiago y de Pablo. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cId y ense&ntilde;ad a todos los pueblos\u201d. Son esas palabras del Maestro las que me empujan hoy hacia tierras de Am&eacute;rica, en un viaje que tiene mucho que ver con su mandato misionero. <\/p>\n<p align=\"left\"> En efecto, se aprestan ahora los pueblos e Iglesias de Am&eacute;rica a celebrar el V centenario de su primera evangelizaci&oacute;n, de su bautismo en la fe de Jesucristo. Una tarea ingente y secular que tuvo su origen aqu&iacute;, en tierras ib&eacute;ricas. Una siembra generosa y fecunda la de aquellos misioneros espa&ntilde;oles y portugueses que sembraron a manos llenas la Palabra del Evangelio, en un esfuerzo que llega hasta hoy, y que constituye una de las p&aacute;ginas m&aacute;s bellas en toda la historia de la evangelizaci&oacute;n llevada a cabo por la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cuando se trata de dar gracias a Dios por los frutos tan abundantes de aquella siembra, y de profundizar en los compromisos actuales y futuros de la evangelizaci&oacute;n en todo el continente, el Papa, que quiere ser \u201cel primer misionero\u201d, no pod&iacute;a estar ausente. Cuando hace casi dos a&ntilde;os, en esta misma ciudad de Zaragoza tuve la alegr&iacute;a de postrarme a los pies de la Virgen del Pilar, y de evocar aqu&iacute;, ante la Patrona de la Hispanidad, la proximidad del centenario del descubrimiento y evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, os dije que tal conmemoraci&oacute;n era \u201cuna cita a la que la Iglesia no puede faltar\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1982\/documents\/hf_jp-ii_hom_19821106_saragozza.html\">Acto mariano nacional en honor de la Virgen del Pilar<\/a><\/i>, 3; 6 de noviembre de 1982). <\/p>\n<p align=\"left\"> A la luz de esta promesa y del prop&oacute;sito misionero que anima mi nuevo viaje a Iberoam&eacute;rica, bien pod&eacute;is entender el sentido de la escala que he querido hacer en Zaragoza. En el umbral de un viaje eminentemente misionero, y en nombre de toda la Iglesia, he querido venir personalmente <i>para agradecer a la Iglesia en Espa&ntilde;a la ingente labor de evangelizaci&oacute;n<\/i> que ha llevado a cabo en todo el mundo, y muy especialmente en el continente americano y Filipinas. <\/p>\n<p align=\"left\"> En muchos de mis viajes he podido constatar el fruto actual de esa labor. Quer&iacute;a por ello, en esta ocasi&oacute;n tan se&ntilde;alada, repetir aqu&iacute; en Zaragoza lo que ya tuve la oportunidad de decir en Madrid, apenas iniciada mi visita apost&oacute;lica: \u201c&iexcl;Gracias, Espa&ntilde;a; gracias, Iglesia de Espa&ntilde;a por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo\u201d! (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1982\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19821031_arrivo-spagna.html\">Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto Barajas de Madrid<\/a><\/i>, 4; 31 de octubre de 1982). A la hora, pues, de iniciar los preparativos del V centenario de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, he querido hacer un alto en el Pilar de Zaragoza, para subrayar precisamente las dimensiones que este viaje lleva aparejadas. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Brilla aqu&iacute;, en la tradici&oacute;n firme y antiqu&iacute;sima del Pilar, <i>la dimensi&oacute;n apost&oacute;lica<\/i> de la Iglesia en todo su esplendor. El Papa es el que por designio y misericordia del Se&ntilde;or encarna y perpet&uacute;a de forma eminente esa tradici&oacute;n apost&oacute;lica, que tiene en Roma una hist&oacute;rica e inquebrantable relaci&oacute;n con la figura y el ministerio de Pedro. Pero el Papa quiere llevar a las Iglesias en Am&eacute;rica no s&oacute;lo la firmeza de la fe que Pedro representa, sino tambi&eacute;n la audacia misionera de los otros ap&oacute;stoles, que obedeciendo al mandato del Maestro, pusieron sus talentos y sus mismas vidas al servicio de la difusi&oacute;n del Evangelio en el Nuevo Mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> La fe que los misioneros espa&ntilde;oles llevaron a Hispanoam&eacute;rica, es una fe apost&oacute;lica y eclesial, heredada \u2014seg&uacute;n venerable tradici&oacute;n que aqu&iacute; junto al Pilar tiene su asiento secular\u2014 de la fe de los Ap&oacute;stoles. Desde la misma fuente vigorosa y aut&eacute;ntica de la fe de los Ap&oacute;stoles, quiere ahora el Papa llevar un nuevo impulso a las Iglesias en Am&eacute;rica y a vuestra propia Iglesia espa&ntilde;ola. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Aqu&iacute;, en Zaragoza, luce tambi&eacute;n esta tarde la <i>dimensi&oacute;n misionera<\/i> de la Iglesia y, bien en concreto, de la Iglesia en Espa&ntilde;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hace unos instantes he podido encontrar en el templo del Pilar a las familias de los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares que sirven hoy al Evangelio en las Iglesias hermanas en Am&eacute;rica. Ha sido un encuentro breve, pero intenso. &iexcl;No se ha extinguido en la Iglesia en Espa&ntilde;a el aliento misionero! &iexcl;No hab&eacute;is dejado de cumplir el \u201cid y ense&ntilde;ad a todos los pueblos\u201d! <i>Cerca de diez y ocho mil misioneros espa&ntilde;oles<\/i> perpet&uacute;an hoy en aquellas tierras, tan hermanas vuestras, la tradici&oacute;n misionera que yo deseo se acreciente, como una de las glorias m&aacute;s altas de esta Iglesia. &iexcl;Que el Se&ntilde;or bendiga los pasos y las manos de los espa&ntilde;oles que en todo el mundo, y especialmente en Am&eacute;rica, evangelizan y bautizan en su nombre! <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Que el Se&ntilde;or premie la generosidad de las familias espa&ntilde;olas que saben dar sus hijos a la tarea de \u201cir y ense&ntilde;ar\u201d que nos leg&oacute; el Maestro! &iexcl;Que el Se&ntilde;or conceda y aumente a esta Iglesia el talante misionero que distingui&oacute; su pasado, que forma parte de su vida presente y que debe estimular y enriquecer su futuro! <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Hay todav&iacute;a una tercera dimensi&oacute;n, muy entra&ntilde;able y muy especial, en esta mi escala en Espa&ntilde;a y en Zaragoza:<i> la dimensi&oacute;n mariana<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Mis &uacute;ltimas palabras cuando me desped&iacute; de vosotros en Compostela, despu&eacute;s de diez d&iacute;as de convivencia de los que guardo grat&iacute;simo recuerdo, fueron &eacute;stas: \u201cHasta siempre, Espa&ntilde;a; hasta siempre tierra de Mar&iacute;a\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1982\/november\/documents\/hf_jp-ii_spe_19821109_commiato-spagna.html\">Ceremonia de despedida en el aeropuerto de Santiago de Compostela<\/a><\/i>, 4; 9 de noviembre de 1982). En su compa&ntilde;&iacute;a y bajo su amparo os dejaba entonces y junto a ella, junto a este Pilar de Zaragoza que simboliza la firmeza de la fe de los espa&ntilde;oles y de su gran amor a la Virgen Mar&iacute;a, os encuentro ahora de nuevo. <\/p>\n<p align=\"left\"> No es indiferente ni casual este encuentro. La fe mariana de los misioneros espa&ntilde;oles cuaj&oacute; bien pronto en aquellas latitudes en devociones y advocaciones que siguen siendo norte y estrella de los creyentes de aquellos pa&iacute;ses. <i>Decir Espa&ntilde;a, es decir Mar&iacute;a<\/i>. Es decir el Pilar, Covadonga, Ar&aacute;nzazu, Montserrat, Uju&eacute;, el Camino, Valvanera, Guadalupe, la Almudena, los Desamparados, Lluch, la Fuensanta, las Angustias, los Reyes, el Roc&iacute;o, la Candelaria, el Pino. <i>Y decir Iberoam&eacute;rica, es decir tambi&eacute;n Mar&iacute;a<\/i>, gracias a los misioneros espa&ntilde;oles y portugueses. Es decir Guadalupe, Altagracia, Luj&aacute;n, la Aparecida, Chiquinquir&aacute;, Coromoto, Copacabana, el Carmen, Suyapa y tantas otras advocaciones marianas no menos entra&ntilde;ables. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Conferencia de Puebla, en su reflexi&oacute;n sobre la evangelizaci&oacute;n, dijo expresamente: \u201cElla tiene que ser cada vez m&aacute;s pedagoga del Evangelio en Am&eacute;rica Latina\u201d (<i>Puebla<\/i>, 290). S&iacute;, la pedagoga, la que nos lleve de la mano, la que nos ense&ntilde;e a cumplir el mandato misionero de su Hijo y a guardar todo lo que El nos ha ense&ntilde;ado. El amor a la Virgen Mar&iacute;a, Madre y Modelo de la Iglesia, es garant&iacute;a de la autenticidad y de la eficacia redentora de nuestra fe cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Vuestros hermanos de Am&eacute;rica, que quieren celebrar hondamente el V centenario de la llegada del Evangelio a aquellas inmensas tierras, se debaten en un largo y complejo esfuerzo de afirmaci&oacute;n social, cultural y espiritual. Esa Am&eacute;rica tensa y esperanzada, joven y doliente, esquilmada y generosa, su futuro humano y religioso, <i>yo quiero ponerlo esta tarde a los pies de la Virgen en son de s&uacute;plica.<\/i> &iexcl;Que Ella, Mar&iacute;a, la Madre de la Iglesia, siga guiando y alumbrando la fe y el camino de los pueblos de Am&eacute;rica! &iexcl;Que encuentren siempre en vosotros, cat&oacute;licos espa&ntilde;oles, el consuelo de <i>un testimonio ferviente y la ayuda de vuestra colaboraci&oacute;n humilde y generosa! <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> Pero si nuestro encuentro y nuestra plegaria de hoy tienen una dimensi&oacute;n <i> apost&oacute;lica, misionera y mariana <\/i>en funci&oacute;n de mi viaje a Santo Domingo y Puerto Rico, no quisiera que consideraseis este alto en Zaragoza <i>como una mera escala en el camino hacia Am&eacute;rica<\/i>. Me urg&iacute;a reconocer y agradecer ante toda la Iglesia vuestro pasado evangelizador. Era un acto de justicia cristiana e hist&oacute;rica. Pero me urge tambi&eacute;n <i>estimular vuestra capacidad misionera de cara al futuro<\/i>. \u201cRecordad siempre \u2014como os dije hace dos a&ntilde;os\u2014 que el esp&iacute;ritu misionero de una determinada porci&oacute;n de la Iglesia es la medida exacta de su vitalidad y de su autenticidad\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1982\/november\/documents\/hf_jp-ii_spe_19821102_religiosi-istituti-secolari.html\">Encuentro con los religiosos en Madrid<\/a><\/i>, 8;&nbsp; 2 de noviembre de 1982. <i>Es lo que esta tarde os repito con intensidad nueva<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Conozco vuestros esfuerzos, vuestras aspiraciones y dificultades. Mi visita de hace dos a&ntilde;os me ense&ntilde;&oacute; a conocer mejor vuestra tradici&oacute;n religiosa y a apreciar vuestros empe&ntilde;os presentes. Entonces pude decir con toda sinceridad a vuestros obispos: \u201cA pesar de los claroscuros, de las sombras y altibajos del momento presente, tengo confianza y espero mucho de la Iglesia en Espa&ntilde;a\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1982\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19821031_conferenza-episcopale.html\">Discurso a la Asamblea plenaria de la Conferencia episcopal espa&ntilde;ola<\/a><\/i>, 8; Madrid, 31 de octubre de 1982). <\/p>\n<p align=\"left\"> Mantengo hoy, acrecentadas, la misma confianza y esperanza. S&eacute; bien que vuestros Pastores han dise&ntilde;ado un amplio y exigente programa de \u201cservicio a la fe del pueblo espa&ntilde;ol\u201d basado en la predicaci&oacute;n que hace dos a&ntilde;os desarroll&eacute; en tantos lugares de esta querida naci&oacute;n. Esa predicaci&oacute;n no era sino el cumplimiento por mi parte como \u201cprimer misionero\u201d, del mandato de Jes&uacute;s: \u201cId y ense&ntilde;ad\u201d. Pido al Se&ntilde;or que su recuerdo y meditaci&oacute;n produzca los frutos deseados en el Pueblo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> El modo m&aacute;s natural de concluir este grato encuentro con vosotros es ratificar ahora mi predicaci&oacute;n de aquellos d&iacute;as, record&aacute;ndoos el mandato de Jes&uacute;s: Id y ense&ntilde;ad todo lo que yo os he ense&ntilde;ado. Ense&ntilde;ad no s&oacute;lo de palabra, sino tambi&eacute;n con el ejemplo de vuestra vida. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Sed firmes en la fe como este Pilar de Zaragoza! <i>Sed coherentes en vuestro comportamiento<\/i> personal, familiar y p&uacute;blico con las ense&ntilde;anzas y ejemplos de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo! Dad testimonio pr&aacute;ctico de la grandeza y de la bondad de Dios ante aquellos que no le conocen o, conoci&eacute;ndole, parecen avergonzarse de El, en p&uacute;blico o en privado. Superad la tentaci&oacute;n de las desconfianzas y las divisiones est&eacute;riles, viviendo con gozo y generosidad la unidad de la fe y la comuni&oacute;n del amor de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> A ello os guiar&aacute; el esforzado ministerio de vuestros obispos, mis hermanos, cuya comuni&oacute;n entre s&iacute; y con el Sucesor de Pedro es garant&iacute;a de una fiel transmisi&oacute;n de la fe, base primera de un futuro evangelizador rico en frutos de vida cristiana, en sinton&iacute;a con el glorioso pasado antes evocado. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Sobre nuestra vida social, vuelve a mi mente lo que os dije desde el Nou Camp de Barcelona: \u201cVivid vosotros e infundid en las realidades temporales la savia de la fe de Cristo\u201d. \u201cDemostrad ese esp&iacute;ritu en la atenci&oacute;n prestada a los problemas cruciales. En el &aacute;mbito de la familia, viviendo y defendiendo el respeto a toda vida desde el momento de la concepci&oacute;n. En el mundo de la cultura, de la educaci&oacute;n y de la ense&ntilde;anza, eligiendo para vuestros hijos una ense&ntilde;anza en la que est&eacute; presente el pan de la fe cristiana\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1982\/documents\/hf_jp-ii_hom_19821107_barcellona.html\">Homil&iacute;a en Barcelona<\/a><\/i>, 8; 7 de noviembre de 1982). Ojal&aacute; tenga as&iacute; plena efectividad en vuestro pa&iacute;s el derecho de los padres a elegir el tipo de educaci&oacute;n que prefieren para sus hijos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sed ejemplares en vuestra vida c&iacute;vica y en la capacidad de convivencia, contribuyendo a una mayor justicia social para todos. Con el debido respeto a las leg&iacute;timas opciones ajenas, \u201cesforzaos porque las leyes y costumbres no vuelvan la espalda al sentido trascendente del hombre ni a los aspectos morales de la vida\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 1212). <\/p>\n<p align=\"left\"> No caig&aacute;is en el error de pensar que se puede cambiar la sociedad cambiando s&oacute;lo las estructuras externas o buscando en primer lugar la satisfacci&oacute;n de las necesidades materiales. <i>Hay que empezar por cambiarse a s&iacute; mismo<\/i>, convirtiendo de verdad nuestros corazones al Dios vivo, renov&aacute;ndose moralmente, destruyendo las ra&iacute;ces del pecado y del ego&iacute;smo en nuestros corazones. Personas transformadas, colaboran eficazmente a transformar la sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Vosotros que fuisteis capaces de aquella empresa gigantesca que hoy hemos evocado, <i>sed fieles a vuestra historia de fe<\/i>. Tened confianza en vosotros mismos. Vivid con integridad vuestra fe, en un contexto en el que se la respete plenamente o en el que se le puedan crear algunos obst&aacute;culos. Caminad juntos hacia el futuro. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ten&eacute;is delante una gran empresa: preparar ya desde ahora la Iglesia en Espa&ntilde;a, renovada, fiel y generosa del a&ntilde;o dos mil, para que vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos encuentren en ella la gracia de Dios y las riquezas de sus dones, para que Espa&ntilde;a pueda seguir siendo<i> fiel a s&iacute; misma y punto de apoyo en la difusi&oacute;n del Evangelio<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Os convoco a vosotros, mis queridos j&oacute;venes, con el recuerdo del Bernab&eacute;u siempre vivo en mis o&iacute;dos y en mi coraz&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Convoco a las familias cristianas, que veo a&uacute;n en ellas la imponente Eucarist&iacute;a de la Castellana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Convoco a las religiosas del claustro, que con su vida hecha plegaria y su entusiasmo, pusieron una nota de calor en la fr&iacute;a ma&ntilde;ana de Avila. <\/p>\n<p align=\"left\"> Convoco a los seglares cat&oacute;licos, a los educadores en la fe, a los ni&ntilde;os, a los obreros cristianos, hombres del campo y del mar, a los hombres de la cultura y de la ciencia, a los que tengo bien presentes en los diversos lugares de nuestros inolvidables encuentros. <\/p>\n<p align=\"left\"> Convoco, en fin, a todos los cat&oacute;licos espa&ntilde;oles, cuya vitalidad de fe me es bien conocida. <\/p>\n<p align=\"left\"> Que la Virgen Mar&iacute;a, bajo cuya protecci&oacute;n materna nos hemos reunido esta tarde para cantar y rezar, bendiga copiosamente a todos vosotros, bendiga las familias de Espa&ntilde;a y bendiga esta Iglesia querida, <i>apost&oacute;lica, misionera y mariana<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con este deseo os doy a vosotros, Pastores y fieles, en especial a los enfermos de toda Espa&ntilde;a y a cuantos sufren, mi Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> &copy; Copyright 1984 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ZARAGOZA, SANTO DOMINGO Y PUERTO RICO &nbsp;HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN&nbsp;PABLO II Explanada de la &laquo;Avenida de los Pirineos&raquo; (Zaragoza)&nbsp;Mi&eacute;rcoles 10 de octubre de 1984 &nbsp; \u201cId y ense&ntilde;ad a todos los pueblos, bautiz&aacute;ndoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo, y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-octubre-de-1984-celebracion-de-la-palabra-en-zaragoza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de octubre de 1984, Celebraci\u00f3n de la Palabra en Zaragoza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39845","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39845","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39845"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39845\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39845"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39845"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39845"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}