{"id":39846,"date":"2016-10-05T23:11:38","date_gmt":"2016-10-06T04:11:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-1984-encuentro-con-el-colegio-de-los-cardenales-con-los-colaboradores-de-la-curia-romana-y-con-las-varias-administraciones-de-la-santa-sede\/"},"modified":"2016-10-05T23:11:38","modified_gmt":"2016-10-06T04:11:38","slug":"28-de-junio-de-1984-encuentro-con-el-colegio-de-los-cardenales-con-los-colaboradores-de-la-curia-romana-y-con-las-varias-administraciones-de-la-santa-sede","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-1984-encuentro-con-el-colegio-de-los-cardenales-con-los-colaboradores-de-la-curia-romana-y-con-las-varias-administraciones-de-la-santa-sede\/","title":{"rendered":"28 de junio de 1984, Encuentro con el Colegio de los Cardenales, con los colaboradores de la Curia Romana y con las varias administraciones de la Santa Sede"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\">V<font color=\"#663300\">IGILIA EN LA SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO<\/font><\/p>\n<p> <\/font><br \/>\n<font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font><br \/>\n<font color=\"#663300\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"> <b>&nbsp;<\/b><\/font><i><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/b> <\/font> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <br \/>Jueves 28 de junio de 1984<\/font><\/i><\/font><br \/>\n<font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">Celebraci&oacute;n de la Palabra con los cardenales, prelados, sacerdotes <br \/>y seglares que trabajan en la Curia Romana, <br \/>en el Estado de la Ciudad del Vaticano y en el vicariato de Roma<\/font> <\/b> <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&quot;Sim&oacute;n, hijo de Juan, &iquest;me amas&#8230;? Apacienta mis corderos&#8230; Pastorea mis ovejas&#8230; S&iacute;gueme&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 21, 15ss.19).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerados cardenales, <br \/>hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, <br \/>hermanos y hermanas de la Curia Romana:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Las palabras del Evangelio, escuchadas en este momento de plegaria como preparaci&oacute;n para la solemnidad de los Santos Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo, que ve a todos reunidos conmigo, querid&iacute;simos colaboradores de mi ministerio cotidiano, tocan lo m&aacute;s profundo de mi coraz&oacute;n. Aqu&iacute; resuenan con un eco incomparable que, como un escalofr&iacute;o, recorre todas las fibras de nuestro ser: nos encontramos sobre la <i>tumba de Pedro, no lejos del lugar mismo en que tuvo lugar<\/i> aquella muerte con la que &Eacute;l <i>glorific&oacute; a Dios<\/i> (cf. <i>Jn<\/i> 21, 19). Aqu&iacute; habla con toda su elocuencia el testimonio extremo del amor de Pedro hacia Cristo Jes&uacute;s. Aqu&iacute; la continuidad de la Iglesia de los or&iacute;genes y la que est&aacute; ya en los umbrales del tercer milenio encuentran el eslab&oacute;n que las une, la garant&iacute;a de su fidelidad y autenticidad, la seguridad de cimentarse siempre sobre la misma Piedra querida por Cristo y fundamento de su Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Por ello he querido que este encuentro nuestro tan significativo \u2014encuentro de afecto rec&iacute;proco, de reflexi&oacute;n, de mutua animaci&oacute;n\u2014 se realizase tambi&eacute;n este a&ntilde;o en la Bas&iacute;lica Vaticana: el a&ntilde;o pasado, con motivo de la solemne celebraci&oacute;n comunitaria para el Jubileo del A&ntilde;o de la Redenci&oacute;n; hoy, en un marco de recogimiento, como preparaci&oacute;n a la solemnidad lit&uacute;rgica que deseamos vivir al un&iacute;sono con la Iglesia universal, pero que consideramos especialmente <i>nuestra<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Gracias por haber venido. Gracias a usted, se&ntilde;or cardenal Decano, por las palabras tan nobles con que interpreta los sentimientos de los hermanos cardenales y de todos los presentes.<\/p>\n<p align=\"left\">2. El encuentro \u2014 ya tradicional en la v&iacute;spera de la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo \u2014 entre el Papa y sus inmediatos colaboradores en el &aacute;mbito de la Curia Romana, del vicariato de Roma, de las varias Administraciones de la Santa Sede y del Gobierno para la Ciudad del Vaticano, tiene para m&iacute; un significado especial al que atribuyo gran importancia: efectivamente, este encuentro me ofrece la posibilidad de expresaros mi gratitud y de confortaros en el cumplimiento de un deber, &uacute;nico por sus aspectos, si se considera su cercan&iacute;a a la Sede de Pedro y la contribuci&oacute;n que brinda al <i>ministerio petrino<\/i>, que me ha sido otorgado por supremo mandato.<\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, la organizaci&oacute;n central de la Iglesia, mediante todos sus organismos diversificados, es, i<i>nstrumento indispensable para el Papa en orden a llevar adelante el enorme peso de este ministerio<\/i>. Y, puesto que &eacute;ste abarca toda la vida de la Iglesia, en el desarrollo del deber imprescriptible del &quot;Confirma fratres&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32), confiado a Pedro y a sus sucesores, <i>vuestra actividad<\/i> en la Curia Romana y en las varias Administraciones centrales de la Sede Apost&oacute;lica <i>se extiende con una dimensi&oacute;n tan amplia como la Iglesia misma<\/i>. Vosotros, en efecto, me ayud&aacute;is en mi deber de Pastor, en orden al bien de las almas y a la comuni&oacute;n de las Iglesias locales en la caridad.<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto os he querido aqu&iacute;, a mi lado, junto al sepulcro de San Pedro. Os saludo uno a uno; y me es grato mencionar por su nombre a cada uno de los organismos en los que trabaj&aacute;is porque as&iacute; se despliega ante mis ojos la entera panor&aacute;mica de la vida eclesial, a la que la Sede de Pedro dirige sus cuidados. <i>Vosotros sois mis brazos<\/i>: todos en general y cada uno en particular.  <\/p>\n<p align=\"left\">Saludo, por tanto, con particular afecto a los responsables, a los oficiales y a todos los que cooperan en los distintos sectores de este cuerpo vivo que es la Curia Romana: S&iacute;nodo de los Obispos; Secretar&iacute;a de Estado y Consejo para los Asuntos P&uacute;blicos de la Iglesia; Congregaciones para la Doctrina de la Fe, para los Obispos, para las Iglesias Orientales, para los Sacramentos, para el Culto Divino, para el Clero, para los Religiosos e Institutos Seculares, para la Evangelizaci&oacute;n de los Pueblos, para las Causas de los Santos, para la Educaci&oacute;n Cat&oacute;lica; Penitenciar&iacute;a Apost&oacute;lica, Signatura Apost&oacute;lica, Rota Romana; Secretariados para la Uni&oacute;n de los Cristianos, para los no Cristianos, para los no Creyentes; Consejo para los Laicos; Comisiones &quot;Iustitia et Pax&quot;, para la interpretaci&oacute;n aut&eacute;ntica del C&oacute;digo de Derecho Can&oacute;nico, para la Revisi&oacute;n del C&oacute;digo de Derecho Can&oacute;nico Oriental, para las Comunicaciones Sociales, para Am&eacute;rica Latina, para la Pastoral de las Migraciones y el Turismo; Consejo &quot;Cor Unum&quot;, Consejo para la Familia, Consejo para la Cultura; Comisi&oacute;n Teol&oacute;gica internacional, B&iacute;blica, de Arqueolog&iacute;a sacra, Comit&eacute; para las Ciencias Hist&oacute;ricas, Comisi&oacute;n para los Archivos Eclesi&aacute;sticos de Italia, Comisi&oacute;n central para el Arte sacro en Italia, Comisi&oacute;n cardenalicia para los santuarios de Pompeya, Loreto y Bari; C&aacute;mara Apost&oacute;lica, Prefectura de los Asuntos Econ&oacute;micos de la Santa Sede, Administraci&oacute;n del Patrimonio de la Sede Apost&oacute;lica, Prefectura de la Casa Pontificia, Oficina para las Ceremonias Pontificias, Servicio Asistencial, Oficina para las Relaciones con el personal, F&aacute;brica de San Pedro, Biblioteca Apost&oacute;lica Vaticana, Archivo Secreto Vaticano. Saludo al vicariato de Roma por el servicio pastoral directo a mi di&oacute;cesis; saludo asimismo a la Pontificia Comisi&oacute;n y al Gobierno para el Estado de la Ciudad del Vaticano, y, fuera de Roma, unidas m&aacute;s estrechamente a esta C&aacute;tedra de Pedro con una fisonom&iacute;a &uacute;nica y peculiar, mi pensamiento se dirige a las Nunciaturas y Delegaciones Apost&oacute;licas en todas las latitudes del mundo: ellas me representan ante las Iglesias locales y las autoridades de los diversos Estados, con una fisonom&iacute;a &uacute;nica de servicio y de uni&oacute;n entre esta Sede de Pedro y los distintos pueblos del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">He querido citar a todos los organismos, no s&oacute;lo por deber de cortes&iacute;a, sino precisamente porque, con el simple hecho de enunciar las diferentes partes de esta estructura org&aacute;nica y compleja, que veo hoy reunida conmigo en oraci&oacute;n, se ofrece un cuadro elocuente de todas las actividades y afanes de la Iglesia, de todo el conjunto de su vida,<i> hacia las cuales va dirigida la solicitud del ministerio petrino<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\"><i><b>Servicio de amor al hombre, a la unidad eclesial y a la fe <\/b><\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">3. El Evangelio que hemos escuchado juntos con emoci&oacute;n nos recuerda las l&iacute;neas maestras de este ministerio. Se hallan indicadas en las palabras de Jes&uacute;s de Nazaret, Verbo del Padre: &quot;Sim&oacute;n, hijo de Juan, <i>&iquest;me amas?<\/i>&quot;: tres veces resuena esta pregunta que conmueve, con una intensidad creciente, el coraz&oacute;n de Pedro: &quot;<i>Apacienta<\/i> mis corderos, mis ovejas&quot;: y tres veces resuena este mandato universal de solicitud pastoral por toda la Iglesia confiado a Pedro tras su triple confesi&oacute;n de amor. <i>&quot;S&iacute;gueme&quot;<\/i>, es la conclusi&oacute;n: una invitaci&oacute;n a no pararse en ninguna otra consideraci&oacute;n que no sea la de la voluntad divina que llama hasta el mismo martirio. Si os invito a reflexionar sobre ello es porque en estas palabras encuentra tambi&eacute;n vuestra actividad su <i>verdadero marco en su significado profunda y sustancialmente ontol&oacute;gico y teol&oacute;gico<\/i>, y en la perspectiva escatol&oacute;gica.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>a)<\/i> &quot;<i>&iquest;Me amas?<\/i> T&uacute; sabes que te amo&quot;. El ministerio petrino es esencialmente <i>ministerio de amor<\/i>, servicio de amor como respuesta al amor eterno y misericordioso de Dios que, como en una vertical directa, se ha manifestado a los hombres en el Hijo encarnado, ha sido derramado en sus corazones con el don del Esp&iacute;ritu Santo (cf. <i>Rom<\/i> 5, 5), ha congregado a su Iglesia de entre todos los pueblos de la tierra, haciendo que se cimiente sobre la Roca que es Pedro. Servir a este designio de amor es un acto, un deber de amor: &quot;&#8230;Sit amoris officium, pascere dominicum gregem&quot; (&quot;Que sea un deber de amor pastorear la grey del Se&ntilde;or&quot;, S. Agust&iacute;n, <i>In Io. Ev<\/i>. 123, 5; <i>PL<\/i> 35, 1967).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>b)<\/i> &quot;Apacienta mis corderos&quot;. El ministerio petrino es <i>solicitud pastoral<\/i> hacia toda la Iglesia: el mandato de Cristo, <i>apacienta<\/i> forma una &uacute;nica unidad con el &quot;confirma a tus hermanos&quot; de la noche de la &uacute;ltima Cena (<i>Lc<\/i> 22, 32), y, m&aacute;s hacia atr&aacute;s, con las palabras de Cesarea de Filipo: &quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta Piedra edificar&eacute; mi Iglesia&#8230; Te dar&eacute; las llaves del reino de los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 18). Es un servicio.<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Servicio <i>al hombre<\/i>: porque la vertical que desciende desde el coraz&oacute;n de Dios a trav&eacute;s de Jesucristo hasta la investidura conferida a Pedro para la Iglesia, se dirige &uacute;nicamente al hombre: a la salvaci&oacute;n del hombre, obrada por la Redenci&oacute;n, a la integridad del hombre que vive y act&uacute;a como persona individual, pero inserida en el conjunto social de la familia, trabajo, profesi&oacute;n, sociedad civil; a la libre expansi&oacute;n del hombre, que debe tender hacia su destino eterno en la convivencia entre los pueblos, asegurada por la paz, que es la &quot;concordia ordenada entre los hombres&quot; (S. Agust&iacute;n, <i>De Civ. Dei<\/i>, 19, 13, 1; PL 41, 640; cf. Sto. Tom&aacute;s, <i>Summa c. Gentes<\/i>, III, 128, 3003).<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Servicio a la <i>unidad<\/i> de la Iglesia, porque el ministerio de Pedro es garant&iacute;a de estabilidad y de cohesi&oacute;n para toda la Iglesia y de la vinculaci&oacute;n &iacute;ntima con cada uno de los Pastores para el bien del Pueblo de Dios. Como ha subrayado el Vaticano II; &quot;para que el mismo episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles al bienaventurado Pedro e instituy&oacute; en la persona del mismo el principio y fundamento perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comuni&oacute;n&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 18). &quot;Unus pro omnibus, quia unitas est in omnibus&quot; (&quot;Uno s&oacute;lo \u2014Pedro\u2014 est&aacute; en lugar de todos, porque la unidad existe en todos&quot;), hab&iacute;a comentado realistamente San Agust&iacute;n (<i>In. Io. Ev.<\/i>, 118, 4; <i>PL<\/i> 35, 1949).<\/p>\n<p align=\"left\">\u2014 Servicio a la <i>fe<\/i>, como subraya San Pedro Cris&oacute;logo: &quot;Beatus Petrus, qui in propria sede et vivit et praesidet, praestat quaerentibus fidei veritatem&quot; (&quot;el bienaventurado Pedro, que contin&uacute;a viviendo y gobernando en su sede, otorga la verdad de la fe a cuantos la buscan&quot;: <i>Ad Eutichem, inter ep. S. Leonis Magni<\/i>, 25, 2; <i>PL<\/i> 54, 743 s). Firmemente consciente de la necesidad de este servicio, mi predecesor Juan XXIII, deseaba &quot;un resurgir de fe fuerte y ardiente; la plena conciencia de toda la doctrina cristiana, desde el primero hasta el &uacute;ltimo art&iacute;culo del Credo, y una fidelidad cada vez m&aacute;s viva a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre&quot; (<i>Audiencia General<\/i>, 6 de agosto de 1960; <i>Discorsi Messaggi Colloqui<\/i>: II, p&aacute;g. 733); y Pablo VI proclamaba ante toda la Iglesia &quot;<i>El Credo del Pueblo de Dios&quot;<\/i>, como conclusi&oacute;n del a&ntilde;o de la fe (30 de junio de 1968: <i>Insegnamenti<\/i>, p&aacute;gs. 292-310).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>c)<\/i> <i>S&iacute;gueme<\/i>: Si la vida de todos los cristianos es <i>seguimiento de Jesucristo<\/i>, &eacute;ste es prerrogativa, deber y programa principal del ministerio petrino. Pedro sigui&oacute; verdaderamente a Cristo. Su historia personal estuvo extraordinariamente marcada por una doble vocaci&oacute;n, y esto constituye otro rasgo peculiar que lo distingue de los otros Ap&oacute;stoles: de hecho, Jes&uacute;s lo llama, tanto al inicio de su propia misi&oacute;n mesi&aacute;nica, como relata el Evangelio de Lucas: &quot;Desde ahora ser&aacute;s pescador de hombres&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 10), como al final de la misma, con una llamada singular, seg&uacute;n las palabras del Cuarto Evangelio que hoy hemos escuchado juntos. Y en los dos casos, Pedro sigue a Jes&uacute;s, confi&aacute;ndose plenamente a &Eacute;l hasta aventurarse hacia lo desconocido, guiado siempre por aquella doble llamada, llegando a Roma, de la que fue el primer obispo y donde dio el testimonio extremo de la sangre sobre esta colina del Vaticano.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Venerados hermanos y querid&iacute;simos hijos:<\/p>\n<p align=\"left\">Al hablaros del ministerio petrino, he subrayado, entre otras cosas, que es <i>servicio a la fe<\/i>. En esta perspectiva, que caracteriza nuestro trabajo com&uacute;n, desear&iacute;a abriros mi esp&iacute;ritu sobre un tema que me preocupa de un modo especial: se trata de la <i>cuesti&oacute;n de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica de la juventud<\/i>. Dicho tema interesa expresa, y ciertamente, al Dicasterio que se ocupa de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica, pero nos toca de cerca a todos nosotros, obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas que deseamos vivir intensamente el momento actual, con todos los retos que comporta; os toca de cerca a vosotros, seglares, padres y madres de familia, cuyo principal problema es precisamente el de la formaci&oacute;n cristiana integral que quer&eacute;is dar a vuestros hijos. La cuesti&oacute;n no es, pues, extra&ntilde;a, bajo esta luz de la fe, a ninguno de nosotros los que trabajamos por la vida de la Iglesia en el mundo, y en sinton&iacute;a y al servicio de cada una de las Iglesias locales. Precisamente los Episcopados de varios pa&iacute;ses se hallan empe&ntilde;ados profundamente en las dificultades inherentes a la educaci&oacute;n cristiana de la juventud, que en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os atraviesa un momento delicado. Los obispos trabajan, dedicando energ&iacute;as y recursos a esta cuesti&oacute;n que comprende varios aspectos y esperan una palabra sobre los principios que la regulan para el bien de la comunidad eclesial civil.<\/p>\n<p align=\"left\">La educaci&oacute;n cat&oacute;lica de la juventud sit&uacute;a a la Iglesia frente a una responsabilidad m&uacute;ltiple que se extiende ante todo a la catequesis evangelizadora, la cual comprende tambi&eacute;n la ense&ntilde;anza religiosa en la escuela, tambi&eacute;n en la p&uacute;blica; y finalmente en la escuela cat&oacute;lica como lugar de educaci&oacute;n cristiana y de formaci&oacute;n integral del ni&ntilde;o o del joven bajo el signo de la fe y de una visi&oacute;n del hombre y del mundo que se inspira en el hombre y no contradice la fe. Todo ello respetando los derechos fundamentales de los padres, primeros responsables de la educaci&oacute;n de los hijos, y como corresponde a la misi&oacute;n espec&iacute;fica de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">No ser&aacute; inoportuno detenerse en los principios que deben mantener viva la conciencia de este problema en el mundo de hoy, frente a las m&uacute;ltiples dificultades que se presentan aqu&iacute; y all&iacute; y ante las cuales no es posible cerrar los ojos o callar.<\/p>\n<p align=\"left\">5. La catequesis es una realidad amplia que comprende muchas cosas en relaci&oacute;n con la misi&oacute;n que Cristo confi&oacute; a la Iglesia: &quot;Id, pues; ense&ntilde;ad a todas las gentes&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 19). El Hijo de Dios mand&oacute; a los Ap&oacute;stoles a ense&ntilde;ar y la Iglesia ha tenido siempre fe en este encargo, ejercitado por el magisterio del Papa y de los obispos, con un empe&ntilde;o que no pocas veces ha exigido incluso el testimonio de la sangre. La Iglesia ense&ntilde;a para comunicar al mundo la palabra de la salvaci&oacute;n: y en esta misi&oacute;n, en su sentido estricto, encuentran su &aacute;mbito esencial de realizaci&oacute;n, sea el anuncio de la Buena Nueva, es decir, la evangelizaci&oacute;n, de cuyo contenido, m&eacute;todos y protagonistas habl&oacute; mi predecesor Pablo VI, en el gran documento &quot;<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>&quot; de 1975, sea la catequesis en todas sus formas, de las que ha hablado el S&iacute;nodo y mi Exhortaci&oacute;n &quot;<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/i>&quot;, en particular en la preparaci&oacute;n a los sacramentos.<\/p>\n<p align=\"left\">Por ello la Iglesia tiene <i>el deber y el derecho innato de ense&ntilde;ar<\/i> a los hombres, a todos los hombres, la verdad revelada, como ha confirmado claramente el nuevo <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/ESL0020\/__P2F.HTM\">C&oacute;digo de Derecho Can&oacute;nico<\/a><\/i> (canon 747, 1), que ha dedicado todo el Libro III a los problemas inherentes al &quot;munus docendi&quot;, confiado a la Iglesia por Cristo. El Concilio Vaticano II ha ilustrado ampliamente esta misi&oacute;n, sobre todo en la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica sobre la Iglesia, en el Decreto sobre la funci&oacute;n pastoral de los obispos y en la Declaraci&oacute;n sobre la libertad religiosa. &quot;Entre los principales oficios de los obispos \u2014se halla escrito en la <i>Lumen gentium<\/i>\u2014 se destaca la predicaci&oacute;n del Evangelio. Porque los obispos son los pregoneros de la fe que ganan nuevos disc&iacute;pulos para Cristo y son los maestros aut&eacute;nticos, o sea tos que est&aacute;n dotados de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado la fe que ha de ser cre&iacute;da y ha de ser aplicada en la vida, y la ilustran bajo la luz del Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>25; cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a><\/i>, 12; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/i>, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia no debe, por consiguiente, encontrar obst&aacute;culos en el ejercicio de este deber primordial, exigido, despu&eacute;s de todo, por la tendencia innata del hombre a la b&uacute;squeda de la verdad: dicho deber se inserta, por lo tanto, en el &aacute;mbito general, del respeto a la libertad religiosa.<\/p>\n<p align=\"left\">6. En cuesti&oacute;n de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica conlleva adem&aacute;s, como he dicho, <i>la ense&ntilde;anza religiosa<\/i> en el &aacute;mbito m&aacute;s general de la escuela, bien sea cat&oacute;lica o bien estatal. A esa ense&ntilde;anza tienen derecho las familias de los creyentes, las cuales deben tener la garant&iacute;a de que la escuela p&uacute;blica \u2014 precisamente por estar abierta a todos\u2014 no s&oacute;lo no ponga en peligro la fe de sus hijos, sino que incluso complete, con una ense&ntilde;anza religiosa adecuada, su formaci&oacute;n integral.<\/p>\n<p align=\"left\">Este principio se encuadra en el concepto de la libertad religiosa y del Estado verdaderamente democr&aacute;tico que, en cuanto tal, es decir, respetando su naturaleza m&aacute;s profunda y verdadera, se pone al servicio de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, respetando sus derechos, sus convicciones religiosas.<\/p>\n<p align=\"left\">Vista en esta convergencia de principios religiosos, filos&oacute;ficos, pol&iacute;ticos, <i>esta ense&ntilde;anza religiosa es considerada un derecho<\/i>: derecho de las familias creyentes, derecho de los j&oacute;venes y de las j&oacute;venes que quieren vivir y profesar su fe; y ello en cualquier tipo de escuela, incluso en aquella que no acepta las instancias de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica propia de la Iglesia. Una escuela que quiera ser digna de este nombre debe conceder espacio y ofrecer su disponibilidad a las instancias de los ciudadanos con el acuerdo y la colaboraci&oacute;n de las confesiones interesadas. <\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>Orientaciones de los Papas y del S&iacute;nodo de los Obispos <\/i> <\/b> <\/p>\n<p align=\"left\">7. En el amplio tema de la evangelizaci&oacute;n y de la misi&oacute;n confiada a la Iglesia en orden a la educaci&oacute;n cat&oacute;lica de la juventud, entra, adem&aacute;s,<i> la cuesti&oacute;n de la escuela cat&oacute;lica<\/i> cuya raz&oacute;n de ser m&aacute;s profunda se deduce precisamente de la evangelizaci&oacute;n, en cuanto que &eacute;sta es la que avala cualquier esfuerzo orientado a defender y reforzar la instituci&oacute;n y la funci&oacute;n de ese tipo de escuela.<\/p>\n<p align=\"left\">Este problema me preocupa de un modo especial, pues toca de cerca a la Iglesia, la cual no ha dejado de dar, en varias ocasiones, claras directrices al respecto. Recuerdo la Enc&iacute;clica program&aacute;tica <i>Divini illius Magistri<\/i>, de mi predecesor P&iacute;o XI, de v.m., y las diversas intervenciones de los Romanos Pont&iacute;fices, P&iacute;o XII, Juan XXIII y Pablo VI; el Concilio Vaticano II le ha dedicado su atenci&oacute;n, especialmente en la Declaraci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_gravissimum-educationis_sp.html\">Gravissimum educationis<\/a><\/i> en el marco general de la educaci&oacute;n cristiana; la Congregaci&oacute;n para la Educaci&oacute;n Cat&oacute;lica difundi&oacute; en 1977 un documento precisamente sobre <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/ccatheduc\/documents\/rc_con_ccatheduc_doc_19770319_catholic-school_sp.html\"> La Escuela cat&oacute;lica<\/a><\/i>; tampoco han faltado las alusiones, seg&uacute;n las ocasiones, tanto en los documentos publicados por m&iacute;, de modo especial en las Exhortaciones Apost&oacute;licas <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/i> (n. 69) y <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i> (nn. 36-40), como en mis viajes pastorales; y, como se sabe, del tema se ocup&oacute; la Asamblea del S&iacute;nodo de los Obispos de 1980.<\/p>\n<p align=\"left\">Efectivamente, la escuela cat&oacute;lica <i>se inserta a t&iacute;tulo pleno en la &quot;misi&oacute;n salv&iacute;fica&quot; de la Iglesia<\/i>, como ha subrayado el documento de la Congregaci&oacute;n para la Educaci&oacute;n Cat&oacute;lica ya mencionado (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/ccatheduc\/documents\/rc_con_ccatheduc_doc_19770319_catholic-school_sp.html\">nn. 5-9<\/a>). Desde esa perspectiva, el &quot;munus docendi&quot; de la Iglesia comprende, tambi&eacute;n, por su propia naturaleza, las diversas formas y grados de la ense&ntilde;anza a la juventud. La escuela cat&oacute;lica no pretende presentar una doctrina propia, en el campo de la ciencia o de la t&eacute;cnica, ni ejercer ning&uacute;n tipo de presi&oacute;n; sino que <i>propone<\/i> a los alumnos las verdades que se refieren al hombre, a su naturaleza y su historia a la luz de la fe. <i>El Evangelio es el alma de la escuela cat&oacute;lica<\/i>, la norma de su vida y de su doctrina.<\/p>\n<p align=\"left\">La escuela cat&oacute;lica quiere ofrecer, en efecto, todas las garant&iacute;as \u2014y &eacute;ste es un principio que se deba subrayar fuertemente, frente a ciertas orientaciones actuales\u2014 para ser palestra tanto de formaci&oacute;n cristiana como de una buena educaci&oacute;n en las diversas materias. Presenta la concepci&oacute;n de la vida y del mundo, los grandes problemas que han ocupado el esp&iacute;ritu humano en el curso de los siglos, seg&uacute;n la visi&oacute;n cristiana, en una gran s&iacute;ntesis en la que se combinan todos los datos de la historia y de la antropolog&iacute;a cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">Por ello, la escuela cat&oacute;lica reviste un aspecto primario de cultura, indispensable para la plena formaci&oacute;n de los j&oacute;venes creyentes. Es m&aacute;s, precisamente este aspecto de s&iacute;ntesis universal cultural la hace plausible incluso para quien no comparta la fe cat&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo no recordar aqu&iacute; el prestigio que tienen las escuelas cat&oacute;licas incluso en pa&iacute;ses prevalentemente no cristianos, donde con frecuencia la mayor&iacute;a de los j&oacute;venes pertenecen a otra confesi&oacute;n o religi&oacute;n? Todo esto debe hacer reflexionar seriamente sobre la funci&oacute;n de tales instituciones, que no debe ser obstaculizada ni disminuida, porque dichas escuelas contribuyen a la formaci&oacute;n seria y concienzuda de las futuras promociones de los distintos pa&iacute;ses. Este punto ha sido subrayado perfectamente por el reciente documento de la Conferencia Episcopal Italiana, &quot;La Escuela cat&oacute;lica hoy, en Italia&quot;, donde se afirma desde el principio: &quot;La Iglesia es enviada a anunciar y a encarnar la Alegre Noticia que comporta la realizaci&oacute;n de la plena dignidad y libertad del hombre. Por ello, se ha mantenido siempre atenta y sol&iacute;cita hacia aquellas experiencias e instituciones en las que \u2014como ocurre en la escuela\u2014 se configura la humanidad del ma&ntilde;ana y se delinea lo que ser&aacute; el mundo futuro&quot; (25 de agosto de 1983: 1). <\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia tiene, por consiguiente, el derecho de tener sus escuelas. <i>Pero ello supone tambi&eacute;n un deber<\/i>. Este nace tanto \u2014y sobre todo\u2014 de su &quot;munus docendi&quot; fundamental, como de la convicci&oacute;n sobre la gran utilidad que la escuela cat&oacute;lica presta a la promoci&oacute;n humana y al progreso de los pueblos. En este contexto, el Vaticano II ha dicho claramente: &quot;Siendo pues, la escuela cat&oacute;lica tan &uacute;til para cumplir la misi&oacute;n del Pueblo de Dios y para promover el di&aacute;logo entre la Iglesia y la sociedad humana en beneficio de ambas, conserva su importancia trascendental tambi&eacute;n en los momentos actuales. Por lo cual, este sagrado Concilio proclama de nuevo <i>el derecho de la Iglesia a establecer y dirigir libremente escuelas de cualquier orden y grado<\/i>&#8230; y recordando al propio tiempo que el ejercicio de este derecho contribuye en gran manera a la libertad de la conciencia, a la protecci&oacute;n de los derechos de los padres y al progreso de la misma cultura&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_gravissimum-educationis_sp.html\">Gravissimum educationis<\/a><\/i>, 8).<\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>Un derecho de la Iglesia y de las familias cristianas <\/i> <\/b> <\/p>\n<p align=\"left\">8. La Iglesia entra a fondo en la cuesti&oacute;n de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica de la juventud y, de modo especial, pide libertad e igualdad para las escuelas cat&oacute;licas, porque est&aacute; convencida de que son <i>un derecho de las familias cristianas<\/i>, como han subrayado repetidamente tantas afirmaciones del Magisterio de esta Sede de Pedro. Si la Iglesia insiste tanto en este derecho es precisamente pensando en las familias, a quienes incumbe fundamental y ontol&oacute;gicamente el deber de la educaci&oacute;n cristiana de los hijos. Los padres son los primeros educadores de sus hijos; es m&aacute;s, <i>en el servicio de la transmisi&oacute;n de la f<\/i>e, son <i>&quot;los primeros catequistas de sus hijos&quot;<\/i> como afirm&eacute; en la catedral de Viena (12 septiembre, 1983; <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, Edici&oacute;n en Lengua Espa&ntilde;ola, 25 septiembre, p&aacute;g. 8). La familia, querida por Dios por su propia naturaleza, es la primera y natural comunidad educadora del hombre que viene al mundo. Debe poder gozar, por consiguiente, sin discriminaci&oacute;n alguna por parte de los poderes p&uacute;blicos, de la libertad de escoger para los hijos el tipo de escuela que se adecue a las propias convicciones y no debe ser obstaculizada por grav&aacute;menes econ&oacute;micos demasiado pesados, porque todos los ciudadanos poseen una igualdad intr&iacute;nseca, tambi&eacute;n y sobre todo en este campo. El Concilio Vaticano II, incluso en la Declaraci&oacute;n sobre la libertad religiosa ha dicho expl&iacute;citamente: &quot;A cada una de las familias, en cuanto sociedad que goza de un derecho propio y primordial, tiene derecho a ordenar libremente su vida religiosa dom&eacute;stica bajo la direcci&oacute;n de los padres. A &eacute;stos corresponde el derecho de determinar la forma de educaci&oacute;n religiosa que se ha de dar a sus hijos de acuerdo con su propia convicci&oacute;n religiosa. As&iacute; pues, <i>el poder civil debe reconocer el derecho de los padres a elegir, con aut&eacute;ntica libertad las escuela u otros medios de educaci&oacute;n<\/i>, sin imponerles ni directa ni indirectamente cargas injustas por esta libertad de elecci&oacute;n&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\">Dignitatis humanae<\/a><\/i>, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">En el ejercicio del derecho a elegir para los propios hijos el tipo de escuela que se adecue a las propias convicciones religiosas, la familia no debe ser obstaculizada de ning&uacute;n modo, sino favorecida por el Estado, que no s&oacute;lo tiene el deber de no lesionar los derechos de los padres cristianos, ciudadanos suyos a todos los efectos, sino adem&aacute;s el de colaborar al bien de las familias (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 52).<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia no se cansar&aacute; nunca de mantener estos principios que tienen una cristalina l&oacute;gica y claridad, pero que, en caso de ser negados o desentendidos, pueden empobrecer la convivencia civil y social, basada en el respeto de las libertades fundamentales de los miembros que la componen, y de los cuales la familia constituye el primer n&uacute;cleo.<\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>Solicitud pastoral por la formaci&oacute;n de los j&oacute;venes <\/i> <\/b> <\/p>\n<p align=\"left\">9. En esta vigilia de la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, maestros y columnas de la fe, siento por consiguiente el deber de hacer llegar desde aqu&iacute; a la Iglesia entera <i>la invitaci&oacute;n a realizar todo tipo de esfuerzos para mantener eficientes las estructuras de la escuela cat&oacute;lica<\/i>; que, en particular, se sientan responsables de ello los obispos, los sacerdotes, y, sobre todo, las benem&eacute;ritas congregaciones religiosas, masculinas y femeninas, para las que, los santos y santas fundadores han querido el carisma de la educaci&oacute;n, deben custodiar con el m&aacute;ximo empe&ntilde;o, como la pupila de sus ojos, este grande e incomparable servicio a la Iglesia. Me dirijo tambi&eacute;n a los profesores, a los seglares comprometidos en la escuela cat&oacute;lica, a los padres, a los querid&iacute;simos alumnos y alumnas, para que consideren un grand&iacute;simo timbre de honor la pertenencia a dichas escuelas. Todos los sectores de la Iglesia han de sentirse empe&ntilde;ados en mantener muy en alto el prestigio de las escuelas cat&oacute;licas, incluso a costa de sacrificios, convencidos del gran papel que desempe&ntilde;an para el futuro de las diversas comunidades eclesiales y civiles.<\/p>\n<p align=\"left\">Con estos votos me dirijo en particular a todos mis hermanos en el Episcopado que, en diversas naciones de Europa y del mundo, se encuentran en situaciones de especial dificultad que deben ser afrontadas con serenidad y firmeza: les digo que comparto muy viva y profundamente sus preocupaciones, sus esfuerzos, y su actividad en este campo, as&iacute; como las de los sacerdotes, religiosos y religiosas que les ayudan. Comparta, sobre todo, la solicitud de los <i>primeros responsables<\/i> de este problema delicado y grave, es decir, las familias cat&oacute;licas y la querid&iacute;sima juventud \u2014profundamente abierta hoy a los interrogantes y los compromisos de la fe\u2014 que frecuenta estas escuelas y sabe sacar de ello un provecho incomparable para el propio futuro. Me siento cercano a todos y les auguro lo mejor en el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">10. Al detenerme en el problema de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica de la juventud, refiri&eacute;ndome de un modo especial a la escuela cat&oacute;lica, me ha inducido tambi&eacute;n saber que vosotros, mis colaboradores, dese&aacute;is corresponder plenamente a mi solicitud pastoral por toda la Iglesia. Vosotros am&aacute;is a la Iglesia y &eacute;ste es el motivo que os anima en el ejercicio del trabajo cotidiano. Mis ansias son ciertamente las vuestras. En este esp&iacute;ritu os pido que continu&eacute;is ayud&aacute;ndome con la participaci&oacute;n viva en los problemas de la Iglesia de hoy, y que me sosteng&aacute;is con vuestra oraci&oacute;n y, sobre todo, con el amor. Estoy seguro de que, en vuestro empe&ntilde;o, quer&eacute;is repetir conmigo: <i>Caritas Christi urget nos!<\/i> Es el amor lo que os gu&iacute;a en vuestra acci&oacute;n cotidiana. Amor tanto m&aacute;s precioso y fecundo cuanto que, la inmensa mayor&iacute;a de vosotros realiza su trabajo callada y discretamente, con fidelidad que somete hasta el l&iacute;mite las fuerzas f&iacute;sicas y la misma vida, conscientes como sois de ese car&aacute;cter &quot;espec&iacute;fico propio&quot; de la colaboraci&oacute;n para la que hab&eacute;is sido &quot;llamados a participar en la misma misi&oacute;n que el Papa desarrolla en el servicio a la Iglesia&quot;, como os dec&iacute;a en la vigilia de la solemnidad de los Santos Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo de hace dos a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Y os doy las gracias por tantas cosas! He esperado este d&iacute;a precisamente para repetiros mi agradecimiento por la participaci&oacute;n que, a t&iacute;tulo muy particular, me ofrec&eacute;is en el ejercicio del ministerio petrino; quer&eacute;is corresponder as&iacute; al don de Dios, que os ha llamado a esto, con la pureza de la fe profesada y la integridad de vuestra vida sacerdotal, religiosa o seglar, vivida en la participaci&oacute;n en el triple ministerio sacerdotal, prof&eacute;tico y real de Cristo y con la conciencia irreprensible de que vuestro trabajo edifica el Pueblo de Dios, se halla inserto en los intercambios invisibles y fecundos de la comuni&oacute;n de los Santos, y es sostenido a su vez por las ayudas espirituales y materiales que las Iglesias locales ofrecen a la Iglesia de Roma, seg&uacute;n la antigua costumbre.<\/p>\n<p align=\"left\">Para expresaros mi agradecimiento conmovido, hago m&iacute;as las palabras del Ap&oacute;stol Pablo, que han resonado aqu&iacute; esta ma&ntilde;ana: &quot;Siempre que me acuerdo de vosotros, doy gracias a mi Dios; siempre, en todas mis oraciones, pidiendo con gozo por vosotros, a causa de vuestra comuni&oacute;n en el Evangelio&#8230; As&iacute; es justo que sienta de todos vosotros, pues os llevo en el coraz&oacute;n&#8230; sois todos vosotros participantes de mi gracia. Testigo me es Dios de cu&aacute;nto os amo a todos en las entra&ntilde;as de Cristo Jes&uacute;s. Y por esto ruego que vuestra caridad crezca m&aacute;s y m&aacute;s&quot; (<i>Flp<\/i> 1, 3-9).<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, venerados cardenales, hermanos en el Episcopado y en el sacerdocio, personas consagradas, hermanas y hermanos todos: <i>doy gracias a mi Dios y os llevo en el coraz&oacute;n<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Que los Santos Pedro y Pablo os obtengan la perseverancia en el empe&ntilde;o com&uacute;n, ellos que se entregaron enteramente a la causa del Evangelio hasta la muerte.<\/p>\n<p align=\"left\">Que la Virgen Sant&iacute;sima, &quot;Virgen fiel&quot;, est&eacute; en medio de nosotros, como en el Cen&aacute;culo y en los albores de la Iglesia naciente, para animarnos con su amor de Madre en nuestro esfuerzo de fidelidad a su Hijo, haci&eacute;ndonos comprender cada vez m&aacute;s que, por esto mismo, tenemos un puesto especial en su Coraz&oacute;n inmaculado. A Ella le conf&iacute;o, ahora y siempre, vuestras personas, vuestro trabajo, vuestras queridas familias, sobre todo si hay en ellas penas, preocupaciones, sufrimientos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y en nombre de la Trinidad Sant&iacute;sima, a quien va &quot;la gloria, el honor y la potencia&quot; (<i>Ap<\/i> 4, 11), as&iacute; como la intenci&oacute;n &uacute;ltima de nuestro servicio, imparto a todos mi particular bendici&oacute;n apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> &copy; Copyright 1984 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIGILIA EN LA SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO &nbsp;HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Jueves 28 de junio de 1984 Celebraci&oacute;n de la Palabra con los cardenales, prelados, sacerdotes y seglares que trabajan en la Curia Romana, en el Estado de la Ciudad del Vaticano y en el vicariato de Roma &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-1984-encuentro-con-el-colegio-de-los-cardenales-con-los-colaboradores-de-la-curia-romana-y-con-las-varias-administraciones-de-la-santa-sede\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de junio de 1984, Encuentro con el Colegio de los Cardenales, con los colaboradores de la Curia Romana y con las varias administraciones de la Santa Sede\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39846","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39846","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39846"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39846\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39846"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39846"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39846"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}