{"id":39852,"date":"2016-10-05T23:12:07","date_gmt":"2016-10-06T04:12:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-febrero-de-1984-celebracion-del-jubileo-de-las-iglesias-orientales\/"},"modified":"2016-10-05T23:12:07","modified_gmt":"2016-10-06T04:12:07","slug":"5-de-febrero-de-1984-celebracion-del-jubileo-de-las-iglesias-orientales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-febrero-de-1984-celebracion-del-jubileo-de-las-iglesias-orientales\/","title":{"rendered":"5 de febrero de 1984, Celebraci\u00f3n del Jubileo de las Iglesias Orientales"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DEL JUBILEO DE LAS IGLESIAS ORIENTALES<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">LITURGIA BIZANTINA CONCELEBRADA <br \/>POR EL PATRIARCA M&Aacute;XIMOS V HAKIM<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Domingo 5 de febrero de 1984<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &laquo;Ecce quam bonum et qua m iucundum habitare in unum&raquo;. &laquo;Ved cu&aacute;n bueno y deleitoso es convivir juntos los hermanos&raquo; <i>(Sal <\/i>133, 1)<i>. <\/i> <\/p>\n<p>La exclamaci&oacute;n del Salmista es la primera expresi&oacute;n que me viene a los labios en este momento de la liturgia bizantina que concelebran ahora, en el marco majestuoso de esta Bas&iacute;lica Vaticana. Su Beatitud el Patriarca greco-melquita cat&oacute;lico M&aacute;ximos V, junto con obispos y presb&iacute;teros de varias Iglesias cat&oacute;licas de rito bizantino.<\/p>\n<p>A ellos va mi saludo cordial que se extiende tambi&eacute;n a los numerosos fieles presentes. <\/p>\n<p>La multiplicidad de componentes &eacute;tnicos de esta solemne liturgia parece acercar Roma a Jerusal&eacute;n el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s cuando, seg&uacute;n la descripci&oacute;n de los Hechos de los Ap&oacute;stoles, &laquo;se hallaban en Jerusal&eacute;n varones piadosos de cuantas naciones hay bajo el cielo&raquo; <i>(Act <\/i>2, 5). El pensamiento vuelve espont&aacute;neamente a las autorizadas expresiones del Concilio Vaticano cuando, tras recordar que la Iglesia &laquo;consta de fieles que se unen org&aacute;nicamente en el Esp&iacute;ritu Santo por la misma fe, los mismos sacramentos y el mismo gobierno&raquo;, afirmaba que, no obstante la distribuci&oacute;n en varias Iglesias particulares de distinta tradici&oacute;n lit&uacute;rgica, &laquo;entre ellas rige una admirable comuni&oacute;n y as&iacute; la variedad en la Iglesia, lejos de ir contra su unidad, la manifiesta mejor&raquo; (Decr. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_orientalium-ecclesiarum_sp.html\">Orientalium Ecclesiarum<\/a>, <\/i>2). Esta Eucarist&iacute;a en la que juntos participamos, constituye la prueba elocuente de esta solemne declaraci&oacute;n, adem&aacute;s de ser expresi&oacute;n de la gran estima de la Iglesia cat&oacute;lica entera hacia las instituciones, ritos lit&uacute;rgicos, tradiciones eclesi&aacute;sticas y disciplina de la vida cristiana de las Iglesias orientales, ilustres por su venerable antig&uuml;edad (cfr. <i>ib.<\/i>, 1)<i>. <\/i><\/p>\n<p>Al mismo tiempo la Liturgia de hoy acrecienta el deseo y aumenta la nostalgia de la uni&oacute;n perfecta de todos los cristianos por la que hemos celebrado hace poco, como todos los a&ntilde;os, la Semana de Oraci&oacute;n. El logro de la unidad plena es una de las tareas confiadas por el Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II de modo muy especial a las Iglesias orientales cat&oacute;licas. En efecto, dice el Decreto conciliar &laquo;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_orientalium-ecclesiarum_sp.html\">Orientalium Ecclesiarum<\/a>&raquo;: &laquo;Corresponde a las Iglesias orientales en comuni&oacute;n con la Sede Apost&oacute;lica Romana la especial misi&oacute;n de promover la unidad de todos los cristianos, especialmente de los orientales, seg&uacute;n los principios del Decreto de este Santo S&iacute;nodo sobre el ecumenismo: en primer lugar con la oraci&oacute;n, con el ejemplo de vida, con la religiosa fidelidad a las antiguas tradiciones orientales, con un mutuo y mejor conocimiento, con la colaboraci&oacute;n y fraternal estima de instituciones y mentalidades&raquo; (n. 24). <\/p>\n<p>En la l&iacute;nea de estas directrices conciliares, tambi&eacute;n nosotros queremos elevar esta ma&ntilde;ana nuestra plegaria a Dios para que se aceleren los tiempos de la unidad perfecta de acuerdo con el anhelo del Divino Redentor: &laquo;Ut unum sint&raquo; <i>Jn <\/i>17, 11), y as&iacute; se pueda saborear plenamente cu&aacute;n bueno y deleitoso es convivir juntos los hermanos&raquo;. <\/p>\n<p>2. A esta nota de unidad parece referirse San Pablo en el pasaje de la segunda Carta a los Corintios que se acaba de proclamar. El califica al Pueblo de dios de &laquo;templo de Dios vivo&raquo; y destaca tres caracter&iacute;sticas del mismo: <\/p>\n<p>\u2014 la inhabitaci&oacute;n de Dios y el camino con Dios: &laquo;Habitar&eacute; y andar&eacute; en medio de ellos, y ser&eacute; su Dios y ellos ser&aacute;n mi pueblo&raquo; (6, 16); <\/p>\n<p>\u2014 la separaci&oacute;n de la realidad y de la impureza: &laquo;Salid de en medio de ellos y apartaos, no toqu&eacute;is cosa inmunda&raquo; (6, 17); <\/p>\n<p>\u2014 el amor paterno de Dios y el amor filial de los fieles: &laquo;y ser&eacute; vuestro padre, y vosotros ser&eacute;is mis hijos y mis hijas&raquo; (6, 18), <\/p>\n<p>En la exhortaci&oacute;n final del Ap&oacute;stol aparecen luego con singular evidencia los objetivos de la celebraci&oacute;n de este A&ntilde;o Jubilar de la Redenci&oacute;n. Efectivamente dice: &laquo;Pues que tenemos estas promesas, car&iacute;simos, purifiqu&eacute;monos de toda mancha de carne y de esp&iacute;ritu, acabando la obra de la santificaci&oacute;n en el temor de Dios&raquo; <i>(ib., <\/i>7, 1). <\/p>\n<p>Y, &iquest;qu&eacute; otra cosa exige la Iglesia para obtener de la indulgencia del Jubileo sino esta purificaci&oacute;n total de la sensibilidad y del esp&iacute;ritu, con la que los fieles pueden llegar a la purificaci&oacute;n moral que consiste en desapego del pecado incluso venial, y es signo del &laquo;cumplimiento de santificaci&oacute;n&raquo; a que nos exhorta San Pablo: &laquo;Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificaci&oacute;n&raquo; (1 <i>Tes <\/i>4, 3)? <\/p>\n<p>Es consolador saber que las Iglesias orientales cat&oacute;licas han manifestado un singular fervor de iniciativas en la celebraci&oacute;n del Jubileo a nivel de Iglesias locales y tambi&eacute;n con peregrinaciones a las bas&iacute;licas y catacumbas de esta Alma Ciudad. <\/p>\n<p>Siempre ha sido motivo de gran alegr&iacute;a y suma complacencia para m&iacute; recibirles aqu&iacute; junto al sepulcro de Pedro. Y la celebraci&oacute;n de hoy quiere se el v&eacute;rtice luminoso de esta animaci&oacute;n espiritual, signo de mi afecto especial, auspicio de gracias y dones celestiales, y prenda de nuevo fervor en la fe, la esperanza y la caridad. <\/p>\n<p>3. El pasaje del Evangelio propio de esta Liturgia, por singular coincidencia tiene como escenario de acci&oacute;n el L&iacute;bano, tierra b&iacute;blica santificada por el paso del Redentor en su vida terrena. <\/p>\n<p>Seg&uacute;n la narraci&oacute;n del Evangelista Mateo, Jes&uacute;s &laquo;se dirigi&oacute; hacia los lugares de Tiro y Sid&oacute;n&raquo;, y en estas regiones cur&oacute; a distancia a la hija de una mujer cananea (cfr. <i>Mt <\/i>15,21 ss.) El pensamiento, vuela espont&aacute;neamente y angustiosa mente a esta naci&oacute;n celebrada muchas veces como tierra encantadora por la Sagrada Escritura y que ahora, tras un tiempo de tranquilidad serena y fecunda, desde hace a&ntilde;os sufre el martirio de un cruel guerra civil, como en los tiempos m&aacute;s dif&iacute;ciles de su historia. <\/p>\n<p>Es bien sabido que esta Sede Apost&oacute;lica lo ha intentado todo para devolver la paz a este noble y querido pa&iacute;s. &iexcl;Cu&aacute;ntas .veces parec&iacute;a que volv&iacute;a definitivamente la paz! Pero se trataba solo de breves pausas en este conflicto que renace siempre. <\/p>\n<p>Deseo repetir mi apremiante llamamiento a la paz del L&iacute;bano; con la Liturgia de hoy quiero pedir ardientemente &laquo;tiempos de paz&raquo; para el L&iacute;bano y extender la s&uacute;plica de la paz &laquo;que viene de lo alto&raquo; a todas las otras tierras desvastadas por la guerra o aplastadas por la persecuci&oacute;n religiosa. Nos apremia la caridad de Cristo (cfr. 2 <i>Cor <\/i>5, 14), Y el mismo San Pablo advierte: &laquo;Non enim dissensionis Deus, sed pacis&raquo; (1 <i>Cor <\/i>14, 33). <\/p>\n<p>En el comentario del pasaje evang&eacute;lico, nos acompa&ntilde;a el fondo del L&iacute;bano, que tiene por protagonista a una pobre mujer de esta tierra, objeto de la infinita misericordia del Se&ntilde;or, y el coraz&oacute;n se abre a la esperanza. Lo que m&aacute;s impresiona del comportamiento de esta mujer es la fe. <i>Una fe orante y laboriosa. <\/i>Dice San Mateo: &laquo;Entonces una mujer cananea se puso a gritarle: &laquo;Ten compasi&oacute;n de m&iacute;, Se&ntilde;or, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo&raquo;. <i>Una <\/i>fe <i>perseverante. <\/i>En efecto, no obstante el rechazo razonado del Se&ntilde;or, &laquo;ella se postr&oacute; ante El diciendo: &quot;Se&ntilde;or, soc&oacute;rreme&quot;&raquo;. <i>Una <\/i>fe <i>ingeniosa. <\/i>Habi&eacute;ndole hecho notar Jes&uacute;s: &laquo;No est&aacute; bien echar a los perros el pan de los hijos&raquo; (es decir, a quienes no pertenecen al pueblo elegido), ella respondi&oacute; enseguida: &laquo;Tienes raz&oacute;n, Se&ntilde;or, pero tambi&eacute;n los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos&raquo;. <\/p>\n<p>y de este modo tenemos <i>una fe victoriosa. <\/i>&laquo;Jes&uacute;s contest&oacute;: Mujer, &iexcl;qu&eacute; grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas. En aquel momento qued&oacute; curada su hija&raquo;. <\/p>\n<p>Si en la mujer cananea encontramos una &laquo;fides firma&raquo; acompa&ntilde;ada de una &laquo;spes invicta&raquo;, hallamos en el Se&ntilde;or la &laquo;caritas effusa&raquo; y vemos hasta qu&eacute; punto el Redentor es &laquo;dives in misericordia&raquo;, como he querido destacar para consuelo de todos en la <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html\">Enc&iacute;clica del mismo nombre<\/a>. La Liturgia bizantina que estamos celebrando contiene un t&eacute;rmino al efecto que no puede menos de impresionar. Pues llama a Jes&uacute;s &laquo;fil&aacute;ntropo&raquo;, es decir, &laquo;lleno de amor al hombre&raquo;. &iexcl;Ojal&aacute; los hombres supieran comprender esta &laquo;filantrop&iacute;a&raquo; de Cristo y se dirigieran a El con plena confianza, abriendo el coraz&oacute;n a la escucha de su palabra! La historia del mundo andar&iacute;a por caminos mejores de los que est&aacute; recorriendo y volver&iacute;a a florecer la esperanza en muchos corazones. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s. el episodio evang&eacute;lico tiene valor ejemplar por preanunciar la dimensi&oacute;n universal de la salvaci&oacute;n. A la luz de la ense&ntilde;anza fundamental que nos ofrece, quisiera repetir lo que dije en la Bul&aacute; <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/jubilee\/documents\/hf_jp-ii_doc_19830106_bolla-redenzione.html\">Aperite portas Redemptori<\/a> <\/i>indicando uno de los objetivos primarios de la convocaci&oacute;n del A&ntilde;o Jubilar: &laquo; &#8230; para que el acontecimiento de la Redenci&oacute;n pueda ser anunciado a todos los pueblos y para que en cada naci&oacute;n los creyentes en Cristo Redentor puedan profesar libremente su propia fe&raquo; (n. 11, A). Que a cuantos est&aacute;n impedidos de manifestar libremente su fe, la celebraci&oacute;n del Ano Jubilar les consiga constancia interior en medio de las dificultades, caridad generosa con los opresores y confianza invencible en el triunfo final de Cristo. <\/p>\n<p>4. Y ahora, al reanudar la celebraci&oacute;n de la Divina Liturgia y asintiendo a la invitaci&oacute;n del <i>himno quer&uacute;bico: <\/i>&laquo;Dejemos toda preocupaci&oacute;n mundana para acoger al Rey del universo escoltado invisiblemente por las falanges ang&eacute;licas&raquo;, <\/p>\n<p>Y&nbsp;con las misma Liturgia entonemos el himno: &laquo;Dignum est te laudare&raquo; a la Theotokos, siempre Virgen Madre de Dios, &laquo;m&aacute;s honorable que los querubines e incomparablemente m&aacute;s gloriosa que los serafines&raquo;. <\/p>\n<p>Y&nbsp;repit&aacute;mosle con emoci&oacute;n filial: &laquo;Protectora de los cristianos, siempre escuchada, T&uacute; que intercedes continuamente ante el Creador, no desprecies la voz suplicante de los pobres pecadores, sino T&uacute;, que eres buena, acude en nuestra ayuda. <\/p>\n<p>&laquo;Apres&uacute;rate a interceder por nosotros, s&eacute; sol&iacute;cita en orar por nosotros, oh Madre de Dios, que siempre velas por los que te honran&raquo;.<\/p>\n<p>Y mientras en la uni&oacute;n de la fe y de la comuni&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo nos encomendamos mutuamente a Cristo, Dios, confesemos: <\/p>\n<p> &laquo;Porque T&uacute; eres Dios bueno y lleno de amor al hombre, nosotros te damos gloria a Ti, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Am&eacute;n&raquo;. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> &copy; Copyright 1984 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL JUBILEO DE LAS IGLESIAS ORIENTALES LITURGIA BIZANTINA CONCELEBRADA POR EL PATRIARCA M&Aacute;XIMOS V HAKIM HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 5 de febrero de 1984 &nbsp; 1. &laquo;Ecce quam bonum et qua m iucundum habitare in unum&raquo;. &laquo;Ved cu&aacute;n bueno y deleitoso es convivir juntos los hermanos&raquo; (Sal 133, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-febrero-de-1984-celebracion-del-jubileo-de-las-iglesias-orientales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de febrero de 1984, Celebraci\u00f3n del Jubileo de las Iglesias Orientales\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39852","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39852","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39852"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39852\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39852"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39852"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39852"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}