{"id":39855,"date":"2016-10-05T23:13:35","date_gmt":"2016-10-06T04:13:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1985-solemne-conclusion-de-la-asamblea-extraordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-en-la-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-de-la-bienaventurada-virgen-maria-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:13:35","modified_gmt":"2016-10-06T04:13:35","slug":"8-de-diciembre-de-1985-solemne-conclusion-de-la-asamblea-extraordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-en-la-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-de-la-bienaventurada-virgen-maria-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1985-solemne-conclusion-de-la-asamblea-extraordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-en-la-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-de-la-bienaventurada-virgen-maria-2\/","title":{"rendered":"8 de diciembre de 1985, Solemne conclusi\u00f3n de la Asamblea extraordinaria del S\u00ednodo de los Obispos en la solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">SOLEMNE CONCLUSI&Oacute;N DE LA ASAMBLEA EXTRAORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n<br \/>Domingo 8 de diciembre de 1985<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>1. &laquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti, y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&raquo; <i>(Lc <\/i>1, 35). <\/p>\n<p><i>La Iglesia mira a Mar&iacute;a, <\/i>la Madre de Dios, como a su &laquo;prototipo&raquo;. Esta verdad ha sido expresada por el Concilio en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>. <\/p>\n<p>Hoy una vez m&aacute;s somos conscientes de esta verdad: <\/p>\n<p><i>\u2014 ante todo, <\/i>porque celebramos la liturgia de la solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n; <\/p>\n<p><i>\u2014 y luego, <\/i>porque deseamos en cierto modo <i>coronar <\/i>los trabajos del <i>S&iacute;nodo Extraordinario, <\/i> que se ha reunido en Roma con ocasi&oacute;n del XX aniversario de la conclusi&oacute;n del Concilio Vaticano II. <\/p>\n<p><i>Hace veinte a&ntilde;os, <\/i>este mismo d&iacute;a 8 de diciembre, los padres conciliares, bajo la presidencia del Papa Pablo VI, ofrec&iacute;an a la Sant&iacute;sima Trinidad, por medio del coraz&oacute;n de la Inmaculada, el fruto de su trabajo de cuatro a&ntilde;os. El tema central del Concilio hab&iacute;a sido la Iglesia. <\/p>\n<p>&laquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti, y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&raquo;. A la luz de estas palabras del Evangelio de hoy, la Madre de Dios, &iquest;no aparece tal vez como <i>el modelo y la figura de la Iglesia? Efectivamente, <\/i>la Iglesia naci&oacute; tambi&eacute;n en la historia de la humanidad <i>mediante la venida del Esp&iacute;ritu Santo. <\/i>Naci&oacute; el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, cuando el Esp&iacute;ritu Santo descendi&oacute; sobre los Ap&oacute;stoles, reunidos en el Cen&aacute;culo con Mar&iacute;a, para protegerlos de sus debilidades, y, al mismo tiempo, de la contradicci&oacute;n que ocasionar&iacute;a el mensaje evang&eacute;lico: la verdad sobre Cristo crucificado y resucitado. <\/p>\n<p>2. Hoy, en la solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n, la liturgia nos induce a volver al <i>principio <\/i>de la historia de la creaci&oacute;n y de la salvaci&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, nos pide remontarnos a <i>antes de este principio. <\/i><\/p>\n<p>En el Evangelio de Lucas, Mar&iacute;a escucha: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&raquo; (<i>Lc <\/i> 1, 28), y estas palabras le vienen, como indica la Carta a los Efesios, <i>del eterno pensamiento de Dios. <\/i>Estas palabras son la expresi&oacute;n <i>del eterno Amor; <\/i>la expresi&oacute;n de la elecci&oacute;n &laquo;en los cielos, en Cristo&raquo;. &laquo;El nos eligi&oacute; en la persona de Cristo \u2014antes de crear el mundo\u2014 para que fu&eacute;semos santos e irreprochables ante El&raquo; (<i>Ef <\/i>1,4). <\/p>\n<p>La Virgen de Nazaret oye: &laquo;Salve, llena de gracia&raquo;, y estas palabras hablan <i>de su particular elecci&oacute;n en Cristo: <\/i><\/p>\n<p>En El, el Dios y Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, <\/p>\n<p><i>te ha elegido, <\/i>hija de Israel, para que tu seas santa e inmaculada. <\/p>\n<p>Te ha elegido, &laquo;antes de la creaci&oacute;n del mundo&raquo;. <\/p>\n<p>Te ha elegido, <i>para que seas inmaculada <\/i>desde el primer momento de tu concepci&oacute;n, a trav&eacute;s de tus padres humanos. <\/p>\n<p>Te ha elegido <i>en consideraci&oacute;n de Cristo, <\/i>para que, en el misterio de la Encarnaci&oacute;n, el Hijo de Dios encontrase a la Madre del &laquo;benepl&aacute;cito divino&raquo; en toda su plenitud; la Madre &laquo;de la divina gracia&raquo;. <\/p>\n<p>Por esto, el Mensajero dice &laquo;llena de gracia&raquo;. <\/p>\n<p>3. La liturgia de la Inmaculada Concepci&oacute;n nos lleva al mismo tiempo dentro de este misterio, que puede ser llamado <i>el misterio del Principio. <\/i>En efecto, la primera lectura est&aacute; tomada del libro del G&eacute;nesis. <\/p>\n<p>En el contexto del &laquo;misterio del Principio&raquo; est&aacute; inscrito <i>el pecado del hombre. <\/i><\/p>\n<p>Est&aacute; inscrito tambi&eacute;n en &eacute;l el Proto-Evangelio: el primer <i>anuncio del Redentor. <\/i><\/p>\n<p>Yav&eacute; Dios dice al que se esconde bajo la figura de una serpiente: &laquo;Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herir&aacute; en la cabeza, cuando tu le hieras en el tal&oacute;n&raquo;<i> <\/i>(<i>G&eacute;n <\/i>3, 15). <\/p>\n<p>De esta manera la Inmaculada Concepci&oacute;n es <i>presentada mediante este contraste. <\/i>Este contraste es el pecado: el pecado original. La Inmaculada Concepci&oacute;n significa la libertad de la herencia de este pecado. La liberaci&oacute;n de los efectos de la desobediencia del primer Ad&aacute;n. <\/p>\n<p><i>La liberaci&oacute;n viene como precio de la obediencia <\/i>del segundo Ad&aacute;n: <i>Cristo. <\/i>Precisamente por este precio, en virtud de la muerte redentora de Cristo, la muerte espiritual del pecado no ata&ntilde;e a la Madre del Redentor en el primer instante de su existencia terrena. <\/p>\n<p>Sin embargo, al mismo tiempo, la Inmaculada Concepci&oacute;n <i>no significa solamente <\/i>una elevaci&oacute;n de Mar&iacute;a, como una transferencia suya hacia afuera de todos los que han <i>recibido <\/i>como herencia el pecado de sus primeros padres. <\/p>\n<p>Al contrario, significa una <i>inserci&oacute;n <\/i>en el mismo centro de la lucha espiritual, <i>&laquo;de esta enemistad&raquo; <\/i>que, en el curso de la historia del hombre, contrapone el &laquo;pr&iacute;ncipe de las tinieblas&raquo; y &laquo;padre de la mentira&raquo;, a la Mujer y a su descendencia. <\/p>\n<p>A trav&eacute;s de las palabras del libro del G&eacute;nesis vemos a la Inmaculada con todo el realismo de su elecci&oacute;n. La vemos <i>en el momento culminante de esta &laquo;enemistad&raquo;: bajo la cruz de Cristo <\/i>en el Calvario. <\/p>\n<p>&laquo;Ella te herir&aacute; en la cabeza, cuando t&uacute; le hieras en el tal&oacute;n&raquo;. Como precio del anonadamiento de s&iacute; mismo, Cristo consigue la victoria sobre Satan&aacute;s, el pecado y la muerte en el transcurso de la historia. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a \u2014la Inmaculada\u2014 se encuentra al pie de la cruz: &laquo;padeciendo con su Hijo &#8230; <i>cooper&oacute; <\/i>en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad, en la restauraci&oacute;n de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia&raquo; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>61). As&iacute; ense&ntilde;a el Concilio. <\/p>\n<p>4. Y por esto la Madre de Dios &laquo;est&aacute; tambi&eacute;n intima mente unida con la Iglesia. Como ya ense&ntilde;&oacute; San Ambrosio &#8230;,<i> <\/i> &laquo;es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la uni&oacute;n perfecta con Cristo. Pues en el misterio de la Iglesia, que con raz&oacute;n es llamada tambi&eacute;n <i>madre y virgen, <\/i>precedi&oacute; la Sant&iacute;sima Virgen, present&aacute;ndose de forma eminente y singular como modelo, tanto de la virgen como de la madre&raquo; (<i>ib.<\/i>, 63).<i> <\/i><\/p>\n<p>5. <i>La Iglesia dirige pues la mirada hacia la figura <\/i>virginal y a la vez materna. Mira tambi&eacute;n a trav&eacute;s del prisma de la Inmaculada Concepci&oacute;n. As&iacute; lo hicieron los padres del Concilio Vaticano II el 8 de diciembre de 1965. Y as&iacute; lo hacemos tambi&eacute;n nosotros, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de aquella fecha ya hist&oacute;rica. <\/p>\n<p>Escuchando las lecturas de la liturgia de hoy <i>llegamos <\/i>de nuevo<i> al misterio de la Iglesia, <\/i> que el Concilio proclam&oacute; en el primer cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>primero no s&oacute;lo en el orden cronol&oacute;gico, sino sobre todo en importancia. En efecto, en este eterno misterio est&aacute; contenido <i>el origen del ser mismo de la Iglesia. <\/i>Esta no existir&iacute;a sin el eterno &laquo;amor del Padre&raquo;, sin &laquo;la gracia de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&raquo;, sin &laquo;la comuni&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo&raquo;. Sin la comuni&oacute;n divina, trinitaria, no existir&iacute;a aqu&iacute;, en la tierra, la comuni&oacute;n creada, humana, que es la Iglesia. Esta comuni&oacute;n de la que el Concilio habla en muchos lugares. <\/p>\n<p>Escuchando pues las palabras de la liturgia de hoy, al final de esta Asamblea sinodal, tenemos que postramos en actitud de adoraci&oacute;n y repetir: <\/p>\n<p>&laquo;<i>Bendito sea Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo<\/i>&#8230;&nbsp; El nos eligi&oacute; \u2014en la persona de Cristo\u2014 antes de crear el mundo &#8230; y nos ha destinado en la persona de Cristo \u2014por pura iniciativa suya\u2014 a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya&raquo; (<i>Ef <\/i>1, 3-6). <\/p>\n<p>As&iacute;, pues, el saludo <i>&laquo;llena de gracia&raquo;, <\/i>pronunciado durante la Anunciaci&oacute;n a la Inmaculada, resuena con eco incesante tambi&eacute;n en el alma de la Iglesia: la gracia de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo est&eacute; con todos nosotros. <\/p>\n<p><i>La gracia pertenece al misterio de la Iglesia, <\/i>porque pertenece a la vocaci&oacute;n del hombre. En este sentido el hombre es la v&iacute;a de la Iglesia (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html\">Redemptor hominis<\/a>,<\/i> 14).<i> <\/i><\/p>\n<p>6. Pero <i>la historia de la gracia est&aacute; vinculada, <\/i>de manera dram&aacute;tica en la vida de la humanidad, con la <i>historia del pecado. <\/i>El Concilio dijo muchas cosas sobre este tema, especialmente en la Constituci&oacute;n pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Al comienzo de ella leemos: <\/p>\n<p>&laquo;El mundo que (el Concilio) tiene ante s&iacute; es la entera familia humana &#8230; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos <i>creen <\/i>fundado y conservado <i>por el amor del Creador esclavizado bajo la servidumbre del pecado, <\/i>pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme seg&uacute;n el prop&oacute;sito divino y llegue a su consumaci&oacute;n&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>, <\/i>2). <\/p>\n<p>As&iacute;, pues, el Concilio <i>funda <\/i>su ense&ntilde;anza sobre la misi&oacute;n de la Iglesia en el mundo (actual) <i>en el misterio del principio de la humanidad, <\/i>como si leyese el fragmento del libro del G&eacute;nesis de la liturgia de hoy. Al mismo tiempo, el Concilio profesa en toda su plenitud y profundidad <i>el misterio de la redenci&oacute;n <\/i> \u2014del mundo y del hombre en el mundo\u2014 realiza mediante la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. <i>Toda la Iglesia se apoya sobre el fundamento de este misterio. <\/i>Est&aacute; impregnada de la fuerza de la redenci&oacute;n. Vive de ella. Y en ella vence a la &laquo;fuerza del maligno&raquo;. <\/p>\n<p>Por lo tanto, la Iglesia, la verdadera Iglesia de Cristo, <i>sufre <\/i>aquella<i> &laquo;enemistad&raquo; <\/i>de la que habla el proto-Evangelio, y \u2014por gracia de Dios\u2014 no le teme. <\/p>\n<p>Forma parte de la vocaci&oacute;n de la Iglesia <i>participar en esta liberaci&oacute;n <\/i>fundamental realizada por Cristo. Participar con humildad y confianza. <\/p>\n<p>Del mismo modo que particip&oacute; la Inmaculada: &laquo;la que crey&oacute;&raquo;. <\/p>\n<p>7. En el Evangelio de hoy, respondiendo al anuncio del &aacute;ngel, Mar&iacute;a dice de S&iacute; misma: <i>&laquo;Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or; <\/i>h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 38). <\/p>\n<p>Estas expresiones han entrado profundamente en el vocabulario de la Iglesia. <\/p>\n<p>Hoy deseamos <i>aplicar estas palabras a nosotros mismos, <\/i>queridos hermanos en el ministerio episcopal, y a todos vosotros que hab&eacute;is participado en el S&iacute;nodo con ocasi&oacute;n del vig&eacute;simo aniversario del Vaticano II. <\/p>\n<p>Deseamos pues <i>salir del S&iacute;nodo para servir <\/i>a la causa a la que ha estado totalmente dedicado, del mismo modo que hace veinte a&ntilde;os salimos del Concilio. <\/p>\n<p>El S&iacute;nodo ha logrado los objetivos para los que fue convocado: celebrar, verificar y promover el Concilio. <\/p>\n<p>Al salir del S&iacute;nodo deseamos <i>intensificar los esfuerzos pastorales <\/i>para que el Concilio Vaticano II sea m&aacute;s amplia y profundamente conocido; para que las orientaciones y las directrices que nos ha dado sean asimiladas en la intimidad del coraz&oacute;n y traducidas, en la conducta de vida de todos los miembros del Pueblo de Dios, con coherencia y amor. <\/p>\n<p>Salimos del S&iacute;nodo con el intenso deseo de difundir cada vez m&aacute;s en el organismo eclesial el clima de aquel <i>nuevo Pentecost&eacute;s <\/i>que nos anim&oacute; durante la celebraci&oacute;n del Concilio y que en estas dos semanas hemos experimentado felizmente una vez m&aacute;s. <\/p>\n<p>Saliendo del S&iacute;nodo deseamos ofrecer <i>a toda la humanidad, <\/i>con renovada fuerza de persuasi&oacute;n, el anuncio de fe, esperanza y caridad que la Iglesia saca de su perenne juventud, con la luz de Cristo vivo, que es &laquo;camino, verdad y vida&raquo; para el hombre de nuestro tiempo y de todos los tiempos. <\/p>\n<p>Al final de esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica ser&aacute; proclamado en varias lenguas el <i>Mensaje <\/i>que los padres sinodales dirigen a la Iglesia y al mundo. Abrigo la esperanza de que este mensaje toque los corazones, reforzando el empe&ntilde;o de todos para llevar a cabo, de forma coherente y generosa, las ense&ntilde;anzas y las directrices del Concilio Vaticano II. <\/p>\n<p>8. Con estos deseos e intenciones nos encontramos en esta gran solemnidad de la Iglesia: <i>la Inmaculada Concepci&oacute;n. <\/i><\/p>\n<p>La Iglesia mira a Mar&iacute;a como a su &laquo;modelo y figura&raquo; en el Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p>&laquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra; por esto el santo que va a nacer, se llamar&aacute; Hijo de Dios&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 35). <i>Estas son las palabras que escucha Mar&iacute;a en la Anunciaci&oacute;n. <\/i><\/p>\n<p>Recibir&eacute;is el poder del Esp&iacute;ritu Santo, que vendr&aacute; sobre vosotros, y ser&eacute;is mis testigos en Jerusal&eacute;n, en toda Judea, en Samaria y hasta el extremo de la tierra&raquo; (<i>Act <\/i>1, 8). Estas son las palabras que los Ap&oacute;stoles escucharon de Jes&uacute;s resucitado y constituyen el preanuncio del nacimiento de la Iglesia el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s. <\/p>\n<p>En este final del segundo milenio despu&eacute;s de Cristo, <i>la Iglesia <\/i>desea ardientemente una sola cosa: <i>ser la misma Iglesia <\/i>que naci&oacute; del Esp&iacute;ritu Santo, <i>cuando los Ap&oacute;stoles perseveraban un&aacute;nimes en la oraci&oacute;n <\/i>junto con Mar&iacute;a en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n (cf. <i>Act <\/i>1, 14). En efecto, desde el principio ellos contaron en su comunidad con Aquella que &laquo;es la Inmaculada Concepci&oacute;n&raquo;. Y la miraban como a su modelo y figura. <\/p>\n<p>Al final del segundo milenio la Iglesia desea vivamente ser &laquo;<i>la Iglesia del mundo contempor&aacute;neo&raquo;<\/i>;<i> <\/i>desea con todas sus fuerzas servir, de tal manera, que la vida humana sobre la tierra sea cada vez m&aacute;s digna del hombre. <\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, la Iglesia es consciente \u2014quiz&aacute;s m&aacute;s que nunca\u2014 de que puede realizar <i>este ministerio solamente en la medida en que es, <\/i>en Cristo, <i>sacramento <\/i>de la &iacute;ntima uni&oacute;n con Dios y, por ello, es tambi&eacute;n sacramento de la unidad de todo el g&eacute;nero humano (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>1)<i>. <\/i><\/p>\n<p><i>En Jesucristo. <\/i><\/p>\n<p><i>Por obra del Esp&iacute;ritu de la Verdad. <\/i><\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1985 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNE CONCLUSI&Oacute;N DE LA ASAMBLEA EXTRAORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;nDomingo 8 de diciembre de 1985 &nbsp; 1. &laquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti, y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra&raquo; (Lc 1, 35). 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